"private music" de DEFTONES

Un ejemplo más de la autenticidad y creatividad de los de Sacramento...

Crítica: Arcadea "The Exodus of Gravity"

Ocho años después de su álbum debut, Arcadea (formado por Brann Dailor, Mastodon, junto al sintetizador de Core Atoms y la ayuda de Raheem Amlani en los arreglos electrónicos) regresan con una propuesta renovada y vibrante en "The Exodus of Gravity" (2025), adentrándose en un territorio libre de guitarras, impulsado por murallas luminosas de sintetizadores modulares y una percusión impecable, como no podía ser de otra forma. Liberados de las expectativas convencionales del rock, Arcadea exploran una fusión ecléctica que evoca las raíces de los años setenta, con influencias de pioneros como Emerson, Lake & Palmer, Genesis o Yes, pero mirando hacia un futuro distópico con influencias dance y un toque retro delicioso. A diferencia de su primer álbum, que se sumergía en terrenos más introspectivo, este que nos ocupa se presenta como un subidón de euforia, con un toque nebuloso que invita al baile sin sacrificar la complejidad. El resultado es un álbum que desafía clichés, posicionándose como una explosión colorida de rock futurista, donde las voces de Dailor, cada vez más trabajadas, flotan sobre texturas electrónicas. 

"Dark Star" es un arranque repleto de energía donde los sintetizadores de Core Atoms construyen paisajes luminosos que la batería de Dailor impulsa, invitando a una inmersión inmediata en su universo. "Exodus of Gravity" profundiza en el concepto futurista con capas de electrónica que evocan un éxodo cósmico, destacando las voces de Dailor en un equilibrio perfecto entre intensidad y melodía. "Fuzzy Planet" emerge como una canción peculiarmente accesible, amalgamando elementos de pop con grooves de puro funk que parecen extraídos de sueños cósmicos, donde la interacción entre los sintetizadores modulares crea un ambiente de euforia. En "Lake of Rust", la banda explora texturas más introspectivas, con un toque astral que incorpora influencias progresivas clásicas, permitiendo que los aportes de Raheem Amlani añadan más profundidad, mientras que "Gilded Eye" ofrece un prog espacial donde los solos de teclado de Atoms brillan con una maestría técnica que eleva la canción. "2 Shells" es un interludio experimental, con ritmos rápidos que mantienen el clímax y preparan el terreno para "Galactic Lighthouse", una compisicón en la que la percusión de Dailor se impone con su característica fuerza, fusionando lo pesado con lo lúdico en una narrativa que resuena excéntrica pero repleta de sabor. La capacidad vocal de Dailor vuelve a brillar en "The Hand That Holds the Milky Way", mientras que "Starry Messenger" captura la esencia de la alegría de este proyecto con influencias progresivas. Finalmente, "Planet Pounder" cierra el álbum como un cataclismo cósmico con muros de sintetizadores que culminan en una explosión de rock bailable.

"The Exodus of Gravity" (2025) es un paso en firme respecto a "Arcadea" (2017), donde Brann Dailor y Core Atoms parecen lograr aquello que quedó cojo en su debut. Su narrativa, con toques de ciencia-ficción, aunque de serie B, enriquece la escucha, revelando matices en la producción que confirman la genialidad de los músicos involucrados. Es cierto, resulta imposible negarlo, que si no fuese por Dailor, este lanzamiento habría pasado desapercibido, pero una vez que uno se sumerge en "The Exodus of Gravity" (2025), hay que valorar el atrevimiento y las ganas de innovar por parte de un músico que podría dedicarse a explotar la carrera Mastodon, en lugar de divertirse saliéndose por la tangente.

© 2025 Don Diablo

Crítica: Deftones "private music"

Hablar de Deftones y mencionar una palabra como riesgo en la misma frase, dejó de cobrar sentido hace mucho cuando los de Sacramento han sabido mantener su posición y seguir atrayendo a nuevas audiencias con la complicada pirueta de seguir grabando discos en los que no pierden su esencia, pero parecen grabados para ellos mismos; sin atender lo que unos u otros queramos y, sin embargo, lograr que todos esperemos nuevas canciones que siempre nos demuestran su valentía, pero evocan la sensación adolescente de sus años dorados mezclada con la madurez actual. Si así descrito parece complicado, más difícil es grabar discos que suenen así. Y es que, con su décimo álbum de estudio, “private music” (2025), el quinteto liderado por Chino Moreno y Stephen Carpenter demuestra una vez más su capacidad para fusionar la brutalidad sonora con una sensibilidad melódica que trasciende los límites de los géneros musicales. Producido por Nick Raskulinecz, quien previamente colaboró con la banda en "Diamond Eyes" (2010) y "Koi No Yokan" (2012), este nuevo trabajo se presenta como una obra madura que no solo rinde homenaje a su legado, sino que también explora nuevas texturas sonoras, manteniendo la esencia que los ha distinguido desde su debut con "Adrenaline" (1995). La relevancia de Deftones en la actualidad, potenciada por una creciente popularidad en plataformas digitales y la difícil conexión con las nuevas generaciones, se ve reflejada en un álbum que equilibra la nostalgia con la innovación, logrando un impacto emocional y sonoro que resuena profundamente. “private music” (2025) llega tras un hiato de cinco años desde "Ohms" (2020), y se erige como un testimonio de la longevidad creativa de la banda, consolidando su posición como pioneros de un sonido que combina la visceralidad del metal con la introspección de géneros como el shoegaze y el post-rock.

El repertorio de “private music” (2025) destaca por su capacidad para entrelazar la intensidad característica de Deftones con una atmósfera etérea que evoca tanto la memoria como la trascendencia. "my mind is a mountain" establece el tono del álbum con una explosión de riffs pesados cortesía de Carpenter, complementados por la preciosa voz de Chino Moreno, que alterna entre susurros melancólicos y gritos viscerales, respaldada por la batería dinámica de Cunningham. "my mind is a mountain" captura esa dualidad de la banda: la agresividad y vulnerabilidad que define su identidad. "milk of the madonna" se presenta como uno de los puntos álgidos del disco, con una instrumentación densa y melodías que parecen flotar en un espacio onírico, reforzadas por los arreglos electrónicos de Frank Delgado. Mientras que canciones como "cut hands" y "~metal dream" recuperan la energía cruda de álbumes como "Around the Fur" (1997), con un enfoque más depurado que evita caer en la mera repetición, al igual que "cXz" introduce una dinámica rítmica cambiante que desafía cualquier expectativa gracias al trabajo preciso de Fred Sablan al bajo. 

En un registro más introspectivo, "i think about you all the time" explora un terreno melódico cercano al nu-shoegaze, con texturas que recuerdan a bandas contemporáneas como Wisp, pero impregnadas de la impronta única de Deftones, al igual que me parece un acierto la presencia de sintetizadores en muchos de sus pasajes, como la coda de “souvenir”, recordando a Vangelis. "departing the body" cierra el álbum con una atmósfera envolvente, donde la guitarra de Carpenter y los sintetizadores de Delgado crean un paisaje sonoro que invita a la contemplación, consolidando la capacidad de la banda para evocar emociones más profundas que la inmediata rabia asociada a sus habituales explosiones, gracias a su habilidad para tejer texturas. "private music" (2025) demuestra que, incluso tras tres décadas, la banda conserva una vitalidad creativa que pocos de sus contemporáneos pueden igualar. La producción de Raskulinecz realza cada elemento del sonido característico de Deftones; desde los monolíticos riffs de Carpenter hasta la emotividad lírica de Chino, pareciendo una celebración de la consistencia y evolución de Deftones, como un faro de autenticidad y creatividad, demostrando con este disco que su legado no solo perdura, sino que continúa creciendo con una fuerza imparable.

© 2025 Conde Draco

Crítica: Helloween "Giants & Monsters"

Helloween regresan con su decimoséptimo álbum de estudio, "Giants & Monsters" (2025), y sólo queda celebrarlo, tras la reunión con Kiske y la confirmación de la química recuperada, sus conciertos y la publicación del homónimo “Helloween” (2021). Con una trayectoria que abarca cuatro décadas, el septeto liderado por esa bestia de tres cabezas que son Michael Kiske, Andi Deris, Kai Hansen, y una banda engrasada y en estado de gracia, con Michael Weikath, Sascha Gerstner, Markus Grosskopf y Dani Löble Helloween demuestran una vez más su capacidad para combinar tradición y evolución. "Giants & Monsters" (2025) no sólo celebra los cuarenta años de la banda, sino que también ofrece una experiencia musical vibrante y diversa, manteniendo la esencia melódica y enérgica que los ha caracterizado desde sus inicios con el EP homónimo "Helloween" (1985) y su seminal "Walls of Jericho" (1986). La producción, a cargo de Charlie Bauerfeind y Dennis Ward, resalta la química única entre los músicos, con un sonido pulido, grabado en los prestigiosos Wisseloord Studios de Hilversum, Países Bajos, sonando como un testimonio de la longevidad y relevancia de Helloween, quienes logran equilibrar la nostalgia de sus raíces con un enfoque fresco y contemporáneo, consolidándose como la fuerza creativa inagotable en el metal que son.

Y es que "Giants & Monsters" (2025) despliega una variedad estilística que refleja la riqueza compositiva de la banda, con aportes de Hansen, Weikath, Deris y Gerstner desde su inicio con "Giants On The Run", donde Andi Deris y Kai Hansen comparten protagonismo vocal, entregando un estribillo melódico que captura la esencia power metal de Helloween, reforzado por un notable trabajo de teclados y un desarrollo instrumental dinámico. "Savior Of The World", compuesta por Michael Weikath, con Michael Kiske al frente, evocando la grandeza de clásicos como "Eagle Fly Free" del histórico "Keeper of the Seven Keys: Part II" (1988) brilla gracias a su estribillo épico, mientras que los guiños al bajo de Markus Grosskopf resaltan su potencial para convertirse en un himno en directo. "A Little Is A Little Too Much", firmada por Deris, introduce un matiz más propio del hard rock con un enfoque optimista y accesible, ideal para corear en conciertos. Por su parte, "We Can Be Gods", de Hansen, reúne a los tres vocalistas en un tema cargado de velocidad y melodía, con un estribillo que busca la épica y un solo de guitarra mágico. La balada "Into The Sun" (escrita por Deris para el anterior álbum) destaca por el emotivo dueto entre Kiske y Deris, acompañado de delicados arreglos de piano, ofreciendo un momento introspectivo y conmovedor. "This Is Tokyo", también de Deris, es un homenaje vibrante a Japón, con un enfoque rockero y un desarrollo instrumental que gana fuerza en su segunda mitad.  "Universe (Gravity For Hearts)", compuesto por Sascha Gerstner, supera los ocho minutos y combina ritmos frenéticos con coros majestuosos y un toque progresivo, destacando como uno de los puntos álgidos del álbum, contrastando con "Hand Of God", otra creación de Gerstner, que apuesta por melodías accesibles, mientras que "Under The Moonlight", de Weikath, recuerda al juguetón "Dr. Stein" de "Keeper of the Seven Keys: Part II" (1988), con Kiske brillando en un repleto de melodías y teclados. El cierre, "Majestic", firmado por Hansen, es un coloso de más de ocho minutos que reúne a los tres vocalistas en una pieza introspectiva y épica, con secciones instrumentales que rememoran los desarrollos de los discos "Keeper" de los años ochenta.

En conclusión, "Giants & Monsters" (2025) es una obra que reafirma el legado de Helloween como arquitectos del power metal, al tiempo que demuestra su capacidad para innovar dentro de su propio estilo. La diversidad vocal, con las contribuciones de Kiske, Deris y Hansen, junto con la solidez instrumental de Weikath, Gerstner, Grosskopf y Löble, crea un álbum que equilibra la tradición con un enfoque fresco y optimista. Aunque algunos temas, como "A Little Is A Little Too Much", puedan parecer más simples, el conjunto brilla por su cohesión y la pasión que la banda imprime en cada composición. Por último, la portada creada por Eliran Kantor, complementa la experiencia, de "Giants & Monsters" (2025), un álbum que no sólo sirve como celebración de su carrera sino que también les posiciona como una banda que, lejos de descansar en sus laureles y confiar en su pasado, continúan forjando un camino vibrante y relevante en el panorama del metal. Ya sólo queda esperar con entusiasmo su gira de aniversario, donde temas como "Universe (Gravity For Hearts)" y "Majestic" prometen brillar con luz propia sobre el escenario.

© 2025 Lord of Metal

Crítica: Unleashed "Fire Upon Your Lands"

En el panorama del death metal sueco, Unleashed representa una trayectoria consolidada y resiliente, marcada por la determinación de su fundador, Johnny Hedlund, quien, tras la disolución de Nihilist en 1989, forjó un camino independiente que lo llevó a establecer esta banda emblemática. Mientras sus antiguos compañeros optaron por formar Entombed, Hedlund canalizó su visión en un sonido que fusiona la crudeza del death metal con narrativas vikingas, anticipándose a grupos como Amon Amarth en la exploración de mitos nórdicos, guerreros y homenajes a deidades ancestrales. Desde su debut con "Where No Life Dwells" (1991), la banda ha evolucionado, incorporando riffs pesados, ganchos melódicos y un toque que equilibra la brutalidad con la accesibilidad. Tras altibajos en su discografía, la banda experimentó un renacimiento a partir de "Odalheim" (2012), consolidado en "No Sign of Life" (2021), donde la vitalidad y la agresividad se revitalizaron. Ahora, con "Fire Upon Your Lands" (2025), su decimoquinto álbum publicado bajo el sello Napalm Records, Unleashed demuestra que su legado no muestra ningún espadazo en su cota de malla. Con una duración de treinta y ocho minutos, mantiene las señas de identidad del grupo: composiciones concisas, riffs con peso y una actitud belicosa que evoca batallas épicas. El masterizado, aunque no especificado en detalle, contribuye a un sonido robusto y dinámico, ideal para capturar la esencia de un death metal que no envejece. Mientras que la formación actual, integrada por Hedlund en voz y bajo, Anders Schultz en batería, Tomas Måsgard en guitarra rítmica y Fredrik Folkare a la guitarra principal, infunde al disco una cohesión que refleja décadas de experiencia. 

"War Comes Again" encarna el espíritu clásico de Unleashed, con riffs urgentes y un ritmo que fluye como un río de sangre enemiga, donde la voz de Hedlund proyecta una autoridad imponente, respaldada por los precisos baquetazos de Schultz a la batería. Los toques de melodeath evocan la solidez de discos previos como "Midvinterblot" (2006), pero con una vitalidad renovada que la convierte en un himno para batallas imaginarias. Siguiendo esta línea, "A Toast to the Fallen" mantiene la pesadez, incluyendo homenajes a los caídos y saludos a Thor, transformándose en una canción festiva y etílica que invita a la camaradería guerrera; las guitarras de Fredrik Folkare y Tomas Måsgard tejen pegajosos riffs que elevan su atractivo sin comprometer la brutalidad o caer en la caricatura. En contraste, "Hold Your Hammers High" emerge como un himno cargado ejecutado con un espíritu cavernícola que lo hace irresistible, donde los riffs pesados y el estribillo elevan la experiencia a niveles épicos. La homónima "Fire Upon Your Lands", se presenta como una joya y endurecida por el combate, reminiscente de la era de "Midvinterblot" (2006), con una pesadez que deja huellas de martillo y una narrativa de destrucción vikinga que resuena con autenticidad. 

"Left for Dead" ataca sin piedad como un berserker enfurecido, recordando la crudeza de "Where No Life Dwells" (1991) antes de su giro vikingo, con Hedlund sonando colosal y agresivo, mientras los riffs de Folkare aportan el filo. "To My Only Son" ofrece un momento introspectivo, similar a un reboot de clásicos del heavy metal, donde un guerrero lega su sabiduría a su descendiente y cómo vivir con orgullo. Finalmente, "Unknown Flag" cierra el disco con temática pirata —un desvío del ethos vikingo—, manteniendo un nivel aceptable pese al bajón de calidad, pero añadiendo un cierre dinámico, convirtiendo a "Fire Upon Your Lands" (2025) en un logro notable en la extensa carrera de Unleashed, un álbum que, tras más de tres décadas de incursiones en el death metal, no muestra signos de fatiga sino una madurez que enriquece aún más su propuesta.

© 2025 Lord Of Metal

Crítica: Radiohead "Hail to the Thief (Live Recordings 2003-2009)"

Recuerdo perfectamente la noche de aquel concierto, en el que Radiohead presentaban las canciones de “Hail to the Thief” (2003) en Madrid, la excitación de la semana previa, lo que hice, lo que ocurrió aquella tarde y como viví lo que, para mí, era una noche histórica. Había estado en sus dos giras anteriores, pero el nuevo disco me había llegado muy adentro. Y cuál ha sido mi sorpresa cuando, tras más de dos décadas, han decidido sorprendernos y publicar de manera digital este “Hail to the Thief (Live Recordings 2003-2009)” (2025), un álbum que reúne interpretaciones en vivo de aquel álbum, capturando la esencia de las presentaciones de la banda en ciudades como Londres, Ámsterdam, Buenos Aires y Dublín, durante un periodo que abarca desde el lanzamiento del álbum original hasta el final de la gira de “In Rainbows” (2007). 
Mezclado por Ben Baptie y masterizado por Matt Colton, este lanzamiento no solo reafirma la capacidad de Radiohead para reinventarse en el escenario, sino que también ofrece una oportunidad única para redescubrir un álbum que marcó otro hito en su carrera. Thom Yorke, vocalista y líder de la banda, ha descrito este proceso como “catártico”, destacando cómo las grabaciones de archivo le permitieron reconectar con la energía visceral de esos conciertos y canciones. Además, por qué no, aprovechar el reciente éxito viral de “Let Down” (“OK Computer”, 1997) tras su aparición en la serie The Bear y la producción teatral “Hamlet Hail to the Thief “(2025), consolidando el legado de un disco que, aunque inicialmente polarizó opiniones por su densidad, hoy brilla con renovada intensidad.

Las versiones en directo de “Hail to the Thief (Live Recordings 2003-2009)” (2025) destacan por su capacidad para revitalizar las composiciones originales, dotándolas de una crudeza y espontaneidad que contrastan con la producción de estudio. Canciones como “2 + 2 = 5” y “There, There” emergen con una fuerza renovada, gracias a la interpretación apasionada de Thom Yorke y la precisión instrumental de Jonny Greenwood en la guitarra y Ed O’Brien en los coros y efectos. “Sit Down. Stand Up”, por ejemplo, adquiere una dimensión casi hipnótica en vivo, con transiciones dinámicas que realzan su intensidad emocional. Mientras que “Sail to the Moon”, interpretada con una delicadeza que resalta la sensibilidad lírica de Yorke, contrasta con la energía frenética de “Myxomatosis”, donde el bajo de Colin Greenwood y la batería de Phil Selway crean un pulso vibrante que captura la esencia del directo. “Where I End and You Begin” y “The Gloaming” exploran texturas electrónicas que, en el escenario, se entrelazan con arreglos más orgánicos, mostrando la habilidad de Radiohead para fusionar su etapa experimental de “Kid A” (2000) y “Amnesiac” (2001) con el rock de “OK Computer” (1997). “Go to Sleep” y “A Wolf at the Door” cierran el repertorio con un equilibrio entre introspección y urgencia, destacando la versatilidad vocal de Yorke y la cohesión de la banda en vivo. Aunque se echan en falta temas como “Backdrifts” y “A Punchup at a Wedding”, la selección de doce canciones refleja un esfuerzo consciente por condensar lo mejor de “Hail to the Thief” (2003), ofreciendo una experiencia que facilita la accesibilidad de algunas canciones respecto al álbum de estudio.

Además, también es cierto que para aquellos que pudimos estar en aquella gira, completaremos la experiencia mediante el recuerdo; la imagen de Yorke cantando a pocos metros, Jonny sampleando en directo las emisoras de radio locales en mitad de las canciones o la solvencia de una banda que en directo no parece querer replicar lo grabado en estudio sino volver a componerlo frente a miles de personas, con el puñetazo emocional que todo ello conlleva, viajar a través de la música en nuestra propia vida y recuerdo, sentir todo de nuevo y reencontrarnos con nosotros mismos. ¡Menudo viaje! Es por eso que este regalo no solo celebra el legado de “Hail to the Thief” (2003), sino que también subraya la relevancia perdurable de Radiohead como una fuerza innovadora en la música contemporánea. La energía cruda y la intensidad de estas grabaciones, capturadas en diversos momentos de su trayectoria, revelan una banda en constante diálogo con su propio arte, capaz de transformar canciones complejas en experiencias viscerales. La decisión de lanzar “Hail to the Thief (Live Recordings 2003-2009)” (2025) en formato digital, con una edición física prevista para el 31 de octubre de 2025, demuestra el compromiso de Radiohead con sus seguidores, ofreciendo un material que no solo apela a la nostalgia, sino que también invita a una reevaluación de un álbum que, en su momento, como no podía ser de otra forma, desafió las expectativas. La conexión entre este proyecto y la reciente producción teatral Hamlet Hail to the Thief (2025), donde Yorke reimaginó las canciones para una adaptación de Shakespeare, añade una capa de profundidad artística que enriquece la experiencia aún más auditiva. En un panorama musical saturado de lanzamientos efímeros, este álbum en vivo se erige como un testimonio de la capacidad de Radiohead para trascender en el tiempo y nuestras vidas.

Texto y disco firmado © 2025 Jota Jiménez

Crítica: Ethel Cain "Willoughby Tucker, I'll Always Love You"

Soy un tipo sencillo, del último coletazo de la Generación X, por lo que voz, guitarra y una producción cruda me hacen feliz llevándome a los noventa y Hayden Silas Anhedönia, bajo el seudónimo de Ethel Cain, ha tejido con su segundo álbum de estudio, ”Willoughby Tucker, I’ll Always Love You”(2025), una narrativa que se erige como un pilar de su ambiciosa trilogía sobre tres generaciones de mujeres, funcionando como precuela de su debut, “Preacher’s Daughter” (2022) y al margen de “Perverts” (2025), este no sólo profundiza en el universo sonoro y temático de Cain, sino que también desafía las expectativas de quienes buscan accesibilidad inmediata en la música pop, recordándome también a esa calma malsana repleta de electricidad estática. Con una mezcla de slowcore, folk polvoriento y toques de ambient, el disco se sumerge en la psicología de la adolescencia rural americana, explorando el amor, el trauma y la nostalgia con una intensidad que roza lo insoportable, como una especie de gótico sureño llevado a la música. La producción, liderada por la propia Anhedönia junto a Matthew Tomasi, convierte cada canción en un lienzo sonoro que evoca paisajes desolados y emociones crudas, aunque a veces cae en la trampa de la autocomplacencia, quizá mi única crítica respecto a “Preacher’s Daughter” (2022). Pero la ironía reside en cómo Cain, consciente de su propio mito, ofrece un trabajo que no pide permiso para ser denso, extenso y, en ocasiones, agotador, desafiando a los oyentes a sumergirse en su mundo sin promesas de una redención fácil.

El álbum se compone de diez canciones que, lejos de buscar la inmediatez de un single radiable, construyen un tapiz narrativo donde cada canción es un capítulo de una historia más grande. “Janie” abre el disco con una melancolía desgarradora, donde la voz de Anhedönia, cargada de vulnerabilidad, canta sobre la pérdida de una figura paterna con versos como “No pinta bien, pero ¿alguna vez lo hizo?”. La instrumental “Willoughby’s Theme” sigue, un paisaje sonoro propio de la banda sonora de una película de David Lynch, con un piano melancólico que prepara el terreno para la intensidad emocional que vendrá con “Fuck Me Eyes” y su guiño a la estética ochentera de Kim Carnes, quizá lo más cercano a un single en todo el álbum, pero incluso aquí Cain revierte las expectativas, tejiendo una crítica a la misoginia internalizada a través de una figura femenina idealizada. Por su parte, “Nettles”, coescrita con Tomasi, es un lamento slowcore que captura la toxicidad de un amor condenado, con Anhedönia comparándose con ortigas venenosas: “Amarme es sufrir por mí”. “Dust Bowl”, con guitarras pesadas de Tomasi y Ángel Díaz, evoca una relación marcada por la fatalidad, donde el sexo y la muerte se entrelazan en un escenario de autocine. La segunda mitad del álbum se torna más introspectiva: “A Knock at the Door” sume al oyente en una ansiedad ambiental, mientras que “Radio Towers” y “Tempest” —esta última desde la perspectiva de Willoughby— exploran la desesperación y el nihilismo con una crudeza que desarma. Para cerrar, “Waco, Texas”, un épico de quince minutos, es un tour de force emocional donde Cain, con una mezcla de fatalismo y esperanza rota, canta sobre sueños imposibles en la fría Nebraska, dejándonos exhaustos pero, a la vez, conmovidos.

En última instancia, ”Willoughby Tucker, I’ll Always Love You”(2025) no es un disco para los más impacientes (esos que creen escuchar discografías enteras mientras hacen otras cosas) ni para quienes buscan melodías digeribles. Hayden Anhedönia, con su visión intransigente, entrega un trabajo que exige dedicación, paciencia y una disposición a enfrentar la oscuridad sin garantías de alivio. A diferencia de “Perverts” (2025), que abrazaba una brutalidad ambiental, o “Preacher’s Daughter “(2022), con su narrativa más estructurada, este álbum flota en un lugar intermedio, a veces sacrificando dinamismo por atmósfera. No es perfecto: algunos pasajes se sienten redundantes, como si Cain se deleitara demasiado en su propia melancolía, de ahí esa automplacencia que antes mencionaba. Sin embargo, su habilidad para transformar experiencias personales en sentimientos universales, envueltas en una producción que equilibra lo etéreo con lo visceral, es innegable. La paradoja es que, mientras algunos críticos podrían acusarla de excesiva indulgencia, es precisamente esa audacia la que hace de este disco una obra singular, un testimonio de una artista que no teme perderse en su propio relato. Para los dispuestos a acompañarla en este viaje, “Willoughby Tucker, I’ll Always Love You” (2025) es una experiencia que hiere, consuela y, sobre todo, perdura.

© 2025 Jota Jiménez

Crítica: Halestorm "Everest"

Es cierto que siempre, en menor o mayor medida, la banda de Lzzy Hale nunca me ha llamado la atención, pero también es verdad que he escuchado sus discos y visto en directo en varias ocasiones y, aunque su sexto trabajo de estudio, "Everest" (2025), no llegue a la altura de “The Strange Case Of...” (2012) e incluso “Vicious” (2018), hay que saber reconocerle su audacia y versatilidad, mostrando una banda que no teme explorar más allá de los límites de su característico sonido. Con la producción de Dave Cobb, conocido por su trabajo con artistas de country, Halestorm logra un equilibrio entre su intensidad habitual y nuevas influencias que enriquecen su propuesta musical. Lzzy Hale, junto a su hermano Arejay Hale en la batería, el guitarrista Joe Hottinger y Josh Smith al bajo, entrega un álbum que refleja tanto la madurez personal como la evolución artística de la banda. A diferencia de sus trabajos anteriores, como "Back from the Dead" (2022), este álbum se escribió desde cero en el estudio y quizá sea eso lo que no permita esa frescura y espontaneidad que se percibe en cada pista. Es verdad que las letras abordan temas más introspectivos como la sobriedad de Lzzy, sus experiencias como mujer en el rock y su identidad bisexual, y añade una capa emocional que puede conectar con sus seguidores, pero a otros nos deja fríos por lo manido de algunos tópicos y la sensación de estar tirando las cartas a destiempo.

"Fallen Star" retoma la energía pesada de su predecesor "Back from the Dead" (2022), con un riff metálico que da paso a una interpretación vocal poderosa de Lzzy, mostrando su rango vocal característico. "Everest" se presenta como una pieza compleja, con una introducción serpenteante que evoluciona hacia un estribillo grandilocuente, destacando el trabajo de guitarra de Hottinger, marcando una diferencia notable con discos anteiores de la banda por su estructura cambiante; "Watch Out!"sorprende con un ritmo acelerado al estilo de Motörhead, donde Lzzy alterna entre un tono reminiscente de Alice in Chains y gritos viscerales, acompañada por la batería frenética de Arejay. Otra canción destacada es "K-I-L-L-I-N-G", con un coro que evoca la intensidad de las presentaciones en vivo de Halestorm. Mientras que "Darkness Always Wins", uno de los sencillos principales, comienza como una balada introspectiva que resalta la versatilidad vocal de Lzzy, antes de transformarse en un himno rock con un estribillo diseñado para unir a cientos de gargantas. Canciones como "Gather the Lambs", con su toque gótico, y "Rain Your Blood on Me", con un enfoque blues, aportan matices diversos, mientras que "How Will You Remember Me?" cierra el disco con un toque baladístico clásico de Halestorm, cargado de versos inspiradores que invitan a la reflexión.

"Everest" (2025) reafirma la capacidad de Halestorm para mantenerse fieles a su esencia y muestra a una banda dispuesta a tomar riesgos creativos. La influencia de Dave Cobb aporta una sensibilidad única, integrando elementos de soul, country y paisajes sonoros cinematográficos que enriquecen el disco sin desvirtuar su núcleo; hard rock. La pasión y entrega de Lzzy Hale, Arejay Hale, Joe Hottinger y Josh Smith se sienten en cada nota, aunque algunas canciones pueden parecer muy diferentes de lo que suelen grabar habitualmente y esa experimentación pueda no conectar con su público habitual. "Everest" (2025) es un testimonio del crecimiento de Halestorm, es verdad, una banda que no teme enfrentarse a nuevos desafíos mientras honra su legado, pero también puede sentirse como el intento de ampliar su visión y, a veces, se sienta que algunos disparos no dan en la diana y cuando sí lo hacen es porque recuerdan a lo grabado previamente. Es cierto que no soy un fan a muerte de Halestorm y muchos creerán entender en ello el desapasionamiento que causa “Everest” (2025) en mí, pero también me libro de la sospecha de hablar desde el fanatismo y el puro hype; cada uno arrimará la ascua a su sardina, pero nada terminará por arreglar “Everest” (2025), buenos momentos y otro reguleros.

© 2025 Lord Of Metal

Crítica: Harvested "Dysthymia"

Siempre resulta excitante cuando surge una nueva banda y lo hace con fuerza y es el ejemplo de este cuarteto canadiense, Harvested, originario de Ottawa, que irrumpe con ganas de dejar su impronta en la escena del death metal con su álbum debut “Dysthymia” (2025), una obra que no solo consolida su presencia, sino que redefine el género con una propuesta fresca y visceral. Publicado de manera independiente, marca una evolución significativa desde su EP homónimo de 2022, mostrando un enfoque más maduro y temáticamente profundo. Inspirados en gigantes como Cannibal Corpse, Suffocation y Deicide, Mitchi Dimitriadis (guitarra principal), Vitto Oh (guitarra), Eric Forget (bajo) y Jacob Collins (batería) combinan la brutalidad del death metal de los noventa con elementos modernos de slam y technical death metal. Mientras sus letras, centradas en la salud mental y la lucha interna, aborda temas como la depresión crónica (según Johns Hopkins, la distimia es una forma leve pero persistente de esta condición) y la relación destructiva de la humanidad con el entorno, como se refleja en “Unanchored”. La cubierra, creada por CJ Bertram, captura esta intensidad emocional, representando, según Dimitriadis, “un individuo en gran tormento mental” y recordando a otras bandas como, por ejemplo, Archspire. La producción de Joe Lyko en Darkmoon Productions intensifica aún más la experiencia, ofreciendo una mezcla clara y potente que permite brillar a cada instrumento con precisión quirúrgica, haciendo de “Dysthymia” (2025) un debut que no solo homenajea a los clásicos, sino que también pretende establecer un nuevo estándar en el género.

Pero la fuerza de “Dysthymia” (2025) radica en su capacidad para equilibrar la ferocidad old-school con la sofisticación técnica, creando canciones que suenan tan devastadoras como memorables. Por ejemplo, “Harvested”, da la bienvenida con riffs aplastantes y un ritmo implacable, donde la batería de Jacob Collins golpea con una precisión que recuerda a los mejores momentos de Suffocation. “Repressed Neurosis” canaliza una intensidad cruda, con las voces de Adam Semler alternando entre guturales profundos, recordando George Fisher, y alaridos agudos que evocan a Travis Ryan de Cattle Decapitation. “Gathered and Deluded”, uno de los puntos álgidos del álbum, destaca por su fusión de progresiones armónicas punzantes y un bajo de Eric Forget que marcha en perfecta sincronía con los fills de batería, creando un torbellino sónico que se queda grabado en la mente. “Designed Dilemma” destila la influencia de bandas como Soreption y The Zenith Passage y se hace aún más evidente en los últimos noventa segundos, donde los Mitchi Dimitriadis y Vitto Oh desatan un torbellino de riffs técnicos que parecen desafiar la gravedad. “Unending Madness” combina riffs galopantes con un bajo percusivo que invita al headbanging, mientras que “The Infestation” cierra “Dysthymia” (2025) con una explosión de energía, consolidando la cohesión de la banda, demostrando entre esos tres y cuatro minutos de cada canción un dominio del formato que mantiene la atención sin agotar al oyente, logrando un equilibrio perfecto entre agresividad y accesibilidad.

“Dysthymia” (2025) no es solo un álbum, es una declaración de intenciones de una banda joven que ya suena como una veterana, gracias a la química entre Dimitriadis, Oh, Forget, Collins y Semler. Con una duración de poco más de media hora, el disco es un ejemplo de cómo decir mucho con poco, entregando una experiencia que suena brutal. Por último, mencionar de nuevo la producción de Joe Lyko ya que merece un reconocimiento especial, logrando un sonido que es a la vez brillante y devastador, permitiendo que cada elemento, desde los solos vertiginosos de Dimitriadis hasta los redobles atronadores de Collins, ocupe su propio espacio con claridad, siendo este debut una carta de amor al death metal y una invitación a explorar temas profundos a través de su intensidad. Harvested no solo han plantado su bandera en la escena, sino que la hacen ondear con orgullo, prometiendo un futuro brillante. Para los amantes del metal extremo, “Dysthymia” (2025) es una joya, un trabajo que combina la furia del pasado con la innovación del presente, dejándonos ansiosos por lo que esta banda canadiense tiene preparado para su próximo álbum.

© 2025 Lord Of Metal

Crítica: Atomic Witch "Death Etiquette"

Atomic Witch, originarios de Ohio, han sabido buscarse su propio lugar en el death thrash desde su formación en 2012 como Bulk & Skull, adoptando su nombre definitivo en 2016. Tras varios sencillos y EPs, su primer álbum, “Crypt of Sleepless Malice” (2022), marcó la escena con su brutalidad y letras inspiradas en el horror. Mientras que este, su segundo trabajo, “Death Etiquette” (2025), publicado con Redefining Darkness Records y producido por Noah Buchanan en Mercinary Studios, refuerza su estilo con una mezcla de thrash, death metal y matices industriales. Compuesta por Greg Martinis (voz), Jesse Shattuck (guitarra y voz), Jonah Meister (guitarra), David McJunkins (bajo) y Nick Amato (batería), Atomic Witch no pretenden revolucionar el género, pero su energía cruda y su habilidad para combinar caos con precisión los hace destacar. Con poco menos de media hora de duración, este álbum es un asalto sonoro que refina su propuesta inicial, manteniendo una atmósfera de pesadilla alucinógena que atrapa desde el primer acorde.

Abren con “Morgue Rat”, un tema explosivo de poco más de dos minutos donde Nick Amato brilla con una batería frenética, acompañada por riffs veloces de Shattuck y Meister que alternan entre intensidad y ritmos pesados. La voz de Martinis, con su sarcástica entrega en “Let the bodies hit the morgue”, añade un humor macabro reminiscente de Drowning Pool, pero con un toque más crudo. “Worms & Dirt” sobresale por su coro pegadizo, con Martinis y Shattuck alternando vocales que recuerdan a David Sanchez de Havok. “Of Flesh & Chrome” incorpora una atmósfera compleja con influencias de death metal al estilo de Sentient Horror, donde Martinis, bajo el apropiado alias Gorg The Impaler, desata gritos demoníacos junto a riffs progresivos. “Dream Rot” aporta un matiz de black metal, creando un ambiente sombrío, mientras que “Skelecidal” y “Vicious Mistress” combinan la brutalidad del death metal con thrash, mostrando transiciones precisas. El clímax, “Death Edging”, es un torbellino de riffs que oscilan entre simplicidad letal y complejidad, respaldados por el bajo potente de McJunkins y la batería incansable de Amato. Cada canción, aunque breve, está estructurada con precisión, destacando la capacidad de Shattuck y Meister para crear temas concisos pero memorables.

“Death Etiquette” (2025) no intenta redefinir el death thrash, pero su ejecución impecable y su energía desbordante lo convierten en un trabajo notable. La producción de Buchanan, más cruda que la de Dan Swanö en “Crypt of Sleepless Malice” (2022), otorga al álbum un sonido visceral que realza la intensidad de las composiciones. Su brevedad, aunque podría dejar con ganas de más, es una fortaleza al evitar cualquier relleno y la combinación de las voces de Martinis y Shattuck, la solidez rítmica de McJunkins y Amato, y los riffs afilados de Shattuck y Meister crean una experiencia que equilibra lo familiar con lo único. Atomic Witch se posiciona entre Slayer, Forbidden y Xoth, con un humor negro y una actitud desenfadada que los hace irresistibles. Este álbum demuestra que la banda ha evolucionado desde su debut, consolidando su lugar en el metal extremo, siendo “Death Etiquette” (2025) es una escucha necesaria para los amantes del thrash. Un disco que, como dice su propia sello, te arrastra a un “viaje alucinante” imposible de ignorar.

© 2025 Conde Draco

Crítica: Grayceon "Then The Darkness"

Grayceon , la banda de San Francisco liderada por la Jackie Perez Gratz, ha forjado un camino único en el universo del metal progresivo durante casi dos décadas, fusionando la intensidad del metal con la expresividad de un chelo eléctrico. Su sexto álbum, “Then the Darkness” (2025), publicado con Translation Loss Records, es una obra ambiciosa que consolida su característico estilo, integrando riffs potentes, estructuras progresivas y una atmósfera cargada de emociones. En casi ochenta minutos, no sólo refleja la maestría técnica de la banda, formada por Gratz al chelo y voz, Max Doyle con la guitarra y Zack Farwell a la batería, sino también su capacidad para abordar temas profundos como el duelo, la injusticia y la lucha por la supervivencia. La producción de Jack Shirley en The Atomic Garden Recording Studios realza cada matiz, desde los crescendos explosivos hasta los pasajes más introspectivos, ofreciendo una experiencia que trasciende las convenciones del género. Pero la singularidad de Grayceon radica en su habilidad para entrelazar la delicadeza de un instrumento clásico con la ferocidad del metal, creando un sonido que es tan evocador como poderoso y “Then the Darkness” (2025) es una prueba rotunda de su evolución artística.

El álbum se despliega a través de once canciones que muestran la versatilidad y la profundidad emocional de la banda. “Thousand Year Storm” abre con un grito visceral, donde el chelo de Jackie Perez Gratz y la guitarra de Max Doyle se entrelazan en un torbellino de riffs urgentes y melodías cargadas de tensión, marcando el tono de un viaje emocional intenso. “One Third” continúa con una energía implacable, combinando ritmos dinámicos de Zack Farwell con armonías que resaltan la interacción entre los instrumentos. En “Velvet ’79”, la banda explora un terreno más melódico, con la voz de Gratz evocando una nostalgia conmovedora que contrasta con la furia inicial. “3 Points of Light” sorprende con un giro hacia un rock más accesible, casi jovial, que alivia la densidad emocional previa, mientras que “Mahsa”, un homenaje de veinte minutos a Mahsa Amini, es el corazón del álbum, con pasajes que evolucionan lentamente, tejiendo capas de chelo y guitarra que reflejan tanto la rabia como el luto. La pieza instrumental “Then the Darkness” actúa como un puente sereno hacia “Forever Teeth”, una composición extensa que profundiza en la introspección con acordes serpenteantes y ritmos complejos, mientras que “Song of the Snake” desata una energía caótica, con Farwell desatando blast beats y Gratz aportando líneas de chelo que cortan como cuchillas y “Holding Lines” cierra con un groove robusto y melodías que invitan a repetir la escucha. Finalmente, “(Untitled)” y “Come to the End” ofrecen un cierre contemplativo, con la voz de Gratz navegando entre tonos suaves y gritos desgarradores, dejando la sensación de haber vivido una auténtica catarsis.

“Then the Darkness” (2025) captura la esencia de Grayceon como una banda que desafía fronteras. Comparado con trabajos anteriores como “All We Destroy” (2011) o “Mothers Weavers Vultures” (2020), este álbumse siente más crudo y visceral, abrazando el peso de las emociones sin buscar resolución. La destreza de Jackie Perez Gratz para alternar entre voces melódicas y gritos que evocan su pasado en Ludicra es hipnótica, mientras que Max Doyle y Zack Farwell construyen un telón de fondo sonoro que es tan dinámico como cohesivo. Aunque su duración puede parecer intimidante, cada canción justifica su lugar, creando una narrativa que fluye como una obra teatral en la que la habilidad de la banda para equilibrar momentos de intensidad con pasajes más suaves, junto con la producción impecable de Shirley, invite a los oyentes a sumergirse en sus complejidades, ofreciendo una experiencia que es tan desafiante como gratificante.

© 2025 Lord Of Metal

Crítica: Alice Cooper "The Revenge Of Alice Cooper"

A sus setenta y siete años, Alice Cooper, junto a los supervivientes de la banda original; Michael Bruce en la guitarra, Dennis Dunaway en el bajo y Neal Smith en la batería, ha logrado un hito impresionante con el lanzamiento de su nuevo álbum, "The Revenge of Alice Cooper" (2025), el primero desde "Muscle of Love" (1973) que reúne a esta formación legendaria, haciéndome sentir afortunado y, muy seguramente, a todos los amantes de su primera época. Producido por el icónico Bob Ezrin, no solo marca el regreso de un sonido que definió el shock rock en los años setenta, sino que también rinde homenaje al difunto guitarrista Glen Buxton, cuya presencia se siente en la canción "What Happened to You" a través de grabaciones inéditas. Y es que la reunión de aquellos que forjaron clásicos como "School’s Out" (1972) y "Billion Dollar Babies" (1973) no es un simple ejercicio de nostalgia, cuando el álbum destila una energía fresca y una pasión que desafía el paso del tiempo. Con la incorporación de los guitarristas Gyasi Heus y Rick Tedesco, además de la aparición sorpresa de Robby Krieger de The Doors, "The Revenge of Alice Cooper" (2025) captura la esencia cruda y teatral que hizo de Alice Cooper una fuerza imparable en el rock, sintiéndose como celebración de la camaradería y el legado de una banda que, tras más de cinco décadas, sigue siendo relevante y poderosa, demostrando que el espíritu del rock and roll no envejece.

"Black Mamba" establece el tono del álbum con un riff serpenteante y la voz inconfundible de Alice Cooper, quien, con un guiño macabro, susurra versos que evocan los días de gloria de la banda en los setenta. Krieger aporta un solo de guitarra que destila el aroma de Detroit, mientras Dunaway y Smith sostienen una base rítmica que resuena con la intensidad de antaño. "Wild Ones", inspirada en la película de 1953 protagonizada por Marlon Brando, es un himno rebelde con guitarras afiladas y un ritmo que invita a la euforia, mostrando la habilidad de Michael Bruce para componer ganchos infecciosos. Por su parte, "Up All Night" combina un doble sentido lírico con una energía punk que recuerda a los momentos más desenfadados de la banda, mientras que "Kill the Flies" despliega una teatralidad excéntrica, con un torbellino de guitarras incendiarias que capturan la esencia del shock rock. "Crap That Gets in the Way of Your Dreams" es un punto destacado, con su humor mordaz y un groove punk que refleja la actitud irreverente de la banda, como da en la diana con "Inter Galactic Vagabond Blues" y su armónica y letras extravagantes, rindiendo homenaje a The Yardbirds, mientras que "What Happened to You" incorpora los riffs póstumos de Glen Buxton, creando un puente emocional entre el pasado y el presente. Finalmente, "See You on the Other Side" cierra el álbum con una nota melancólica y sincera, donde Cooper reflexiona sobre la mortalidad y la hermandad, dejando una impresión duradera de unión y legado.

"The Revenge of Alice Cooper" (2025) es más que un simple regreso; es una declaración de que la chispa creativa de Alice Cooper, Michael Bruce, Dennis Dunaway y Neal Smith sigue ardiendo con fuerza. La producción de Ezrin captura la esencia cruda de los setenta, pero con una claridad moderna que realza cada riff y cada matiz vocal. Aunque el álbum incluye dieciséis canciones, con dos regalos como "Return of the Spiders 2025" y "Titanic Overunderture", su cohesión y vitalidad lo convierten en un trabajo que no se siente excesivo, sino generoso. Este disco no solo honra el legado de la banda, sino que también demuestra que, incluso en sus setenta, estos músicos tienen la capacidad de sorprender y emocionar. Es un recordatorio de por qué Alice Cooper y su banda original se convirtieron en iconos: su habilidad para combinar humor, teatralidad y un rock visceral que sigue siendo inigualable. 

© 2025 Jota Jiménez

Crítica: Malevolence "Where Only The Truth Is Spoken"

Malevolence, la banda de metalcore procedente de Sheffield, Inglaterra, ha dado un salto monumental con su cuarto trabajo de estudio, "Where Only The Truth Is Spoken" (2025). Grabado en el icónico Studio 606 de Dave Grohl en California, representa un hito en la trayectoria de la banda, liderada por el carismático vocalista Alex Taylor y el guitarrista Josh Baines. La producción, que utiliza la legendaria consola Neve 8078, utilizada en la grabación de clásicos como "Nevermind" (1991) de Nirvana o "Rumours" (1977) de Fleetwood Mac, entre otros, es la constatación de la perseverancia de la banda en su propio proyecto: una mezcla de riffs pesados, dinámicas precisas y una actitud que destila confianza y autenticidad, reflejando no sólo la evolución musical del grupo, sino también su compromiso con valores como la honestidad, la lealtad y la integridad, que impregnan tanto las letras como la energía de cada tema. 

El álbum abre con "Blood To The Leech”, una canción que golpea con la fuerza de un martillo, donde los riffs afilados de Konan Hall y la batería implacable de Charlie Thorpe crean una atmósfera electrizante, mientras la voz de Alex Taylor, cargada de furia y precisión, establece un tono que no decae. "If It's All The Same To You" sorprende con su mezcla de agresividad y estribillos melódicos, acompañada de un videoclip que, con la actuación de Alan Ford (conocido por su papel en "Snatch") añade un toque narrativo que enriquece la experiencia; mostrando la habilidad de la banda para equilibrar intensidad y accesibilidad. "Trenches", por su parte, es un himno de pura actitud, con una letra desafiante y una instrumentación que captura la esencia de Malevolence en el escenario, con el bajo de Wilkie Robinson aportando una base rítmica sólida en una canción que explota con una energía visceral, destacando la arrogancia positiva del grupo, con Taylor gritando “¿Quién demonios eres? ¡Nunca había oído hablar de ti!”. La canción es un torbellino de riffs cortantes y dinámicas que reflejan la experiencia de MALEVOLENCE en innumerables presentaciones en vivo, con el guitarrista Konan Hall aportando un equilibrio perfecto entre técnica y emoción en un álbum en el que cada canción brilla por su autenticidad, abordando temas de resistencia y camaradería con una sinceridad que conecta directamente con el oyente, haciendo que el álbum sea tanto un desafío sonoro como una experiencia emocional.

"Where Only The Truth Is Spoken" (2025) no es solo un álbum, sino la cuarta declaración de intenciones de Malevolence, una banda que no pide permiso y que, con este trabajo, alcanza un nuevo nivel de excelencia. La producción, a cargo de ingenieros de primer nivel en Studio 606, captura la esencia de una banda que sabe exactamente lo que quiere: ser más grande, más pesada y más auténtica. La combinación de una instrumentación impecable, con el bajista Wilkie Robinson y el guitarrista Josh Baines tejiendo texturas sonoras robustas, y la pasión desbordante de Alex Taylor, hacen de este disco un puñetazo de metalcore, un testimonio del arduo trabajo de una banda que ha crecido desde los circuitos underground hasta convertirse en un nombre reconocido en la escena global, sin perder su esencia. Cumplen con las expectativas generadas por sus trabajos anteriores, como "Malicious Intent" (2022), y las superan, ofreciendo un sonido que es a la vez brutal y refinado, con una narrativa lírica que conecta con los oyentes en un nivel profundamente personal. Malevolence han creado una obra que no solo resonará en los escenarios, sino que se quedará grabada en la memoria de quienes buscan música que hable con verdad y fuerza. Un recordatorio de que no solo crean música, sino que construye un legado basado en la pasión, la verdad y un compromiso innegociable con su arte. Una invitación a sumergirse en un sonido que no pide permiso, sino que exige atención. 

© 2025 Lord Of Metal

Crítica: Born Of Osiris "Through Shadows"

El séptimo álbum de Born of Osiris, titulado "Through Shadows" (2025), marca un nuevo capítulo para esta banda de Illinois que ha sabido navegar entre las aguas del tech-metal, el djent y el metalcore moderno, con una trayectoria que abarca más de una década, el grupo liderado por el vocalista Ronnie Canizaro y el baterista Cameron Losch ha enfrentado altibajos, desde el impacto de "Soul Sphere" (2015) hasta el sólido pero menos innovador "Angel or Alien" (2021). Ahora, como cuarteto completado por los guitarristas Lee McKinney y Nick Rossi, Born of Osiris entrega un trabajo que busca equilibrar su legado técnico con un enfoque más directo y melódico, aunque no siempre logren destacar en un género saturado de propuestas similares. La banda parece decidida a revitalizar su sonido, pero el resultado, aunque correcto, no alcanza la grandeza de sus mejores momentos, quedándose en un terreno seguro que satisfará a lo más fundamentalistas, sin atraer nuevos oídos. 

"Through Shadows" (2025) arranca con "Seppuku", una canción que, tras un breve preludio electrónico, estalla con riffs afilados y una energía que recuerda los días más feroces de Born of Osiris, con Canizaro liderando con su característico rugido y un tono urgente, aunque su estructura resulta algo predecible. "Elevate” es más accesible gracias a sus elementos electrónicos que se entrelazan con un estribillo robusto, destacando la habilidad de McKinney para integrar texturas melódicas sin sacrificar la intensidad. Mientras que la pista homónima, "Through Shadows", apuesta por un enfoque más estándar, queriendo llegar a ser un himno pero sin serlo, con riffs técnicos que evocan un sonido pretendidamente futurista y un solo de guitarra que aporta un destello de emotividad. Por su parte, "The War That You Are" aumenta la agresión con un torbellino de riffs deathcore y una simplicidad melódica que, aunque efectiva, no innova. "Inverno", con su fusión de un metal y thrash con sabor a ciencia y ficción sorprende por su arriesgado cierre psicodélico, mientras que "A Mind Short Circuiting" explora disonancias y cambios de ritmo que desafían al oyente, con un trasfondo gótico que rinde homenaje a influencias como Gary Numan. La segunda mitad del álbum mantiene esta dinámica, con temas como "Burning Light" y "Torchbearer" que, aunque sólidos, no logran igualar la frescura de las primeras pistas y "Activated" (con la colaboración de Spencer Chamberlain) que aporta un toque moderno pero no memorable. En general, las canciones muestran un esfuerzo por parte de Born of Osiris por diversificar su sonido, pero algunas ideas se sienten reiterativas, como si la banda, liderada por Losch y Rossi, dudara entre innovar o aferrarse a su fórmula establecida.

"Through Shadows" (2025) es un álbum que cumple sin deslumbrar, un reflejo de una banda que conoce sus puntos fuertes pero no siempre logra cumplir con sus propias expectativas, demostrando que aún pueden ofrecer momentos de intensidad y creatividad, como en los destellos melódicos de Lee McKinney o la versatilidad vocal de Ronnie Canizaro, pero el disco carece de la chispa que hizo de trabajos como "The Simulation" (2019) un pequeño repunte, un paso al margen en lugar de un avance. En un panorama donde el metalcore y el djent luchan por mantenerse relevantes, Born of Osiris entregan un trabajo correcto, pero queda la sensación de que podrían haber arriesgado más para reclamar su lugar como líderes del subgénero, una pena.

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Crítica: Abigail Williams "A Void Within Existence"

La banda estadounidense de black metal Abigail Williams, liderada por el visionario Ken Sorceron, ha regresado con su sexto álbum de estudio, "A Void Within Existence" (2025), publicado a través de Agonia Records, un trabajo un hito en la evolución de la banda, que ha transitado desde sus inicios en el metalcore y el black metal sinfónico hasta consolidarse como una fuerza poderosa en el black metal atmosférico. Con una formación renovada que incluye a músicos de la talla de Mike Heller en la batería, Vance Valenzuela en la guitarra y John Porada en el bajo, el álbum ofrece una experiencia sonora que combina intensidad, atmósfera y una profundidad lírica que explora temas de pérdida, vacío existencial y desintegración. Producido por Sorceron y mezclado por el reconocido Dave Otero, "A Void Within Existence" (2025) se presenta como un testimonio de la capacidad de la banda para reinventarse y trascender las expectativas, manteniendo una conexión con su pasado mientras exploran nuevos horizontes sonoros, reafirmando la relevancia de Abigail Williams en la escena del black metal estadounidense, estableciendo un nuevo estándar para el subgénero con su enfoque cinematográfico y visceral.

"Life, Disconnected", es una canción que, desde los primeros segundos, establece un tono disonante y opresivo, con riffs pesados y una atmósfera cargada de melancolía; la batería de Mike Heller, conocida por su trabajo en bandas como Fear Factory y Ghost Bath, aporta una intensidad que eleva la composición, mientras que las líneas de bajo de John Porada añaden un peso que resuena en cada nota. "Void Within" destaca como una de las canciones más completas del disco, con sus casi seis minutazos de duración que combinan pasajes melódicos de black metal con riffs afilados y los característicos alaridos de Sorceron. Esta, con toques orquestales y un clímax que estremece, captura la esencia de la oscuridad que impregna el álbum. Mientras que "Talk to Your Sleep" se posiciona como una de las joyas del trabajo, con un enfoque liderado por el bajo y la batería creando un riff memorable y propicio para el headbanging. La inclusión de voces limpias, más prominentes en la mezcla que en el anterior "Walk Beyond the Dark" (2019), añade una dimensión emocional que contrasta con la ferocidad del black metal, para llegar a "No Less Than Death", el cierre del álbum, una canción épica de más de nueve minutos que combina voces melódicas con rasgueos hipnóticos y un solo de guitarra que deja una impresión duradera, evocando una sensación de liberación y catarsis. Un álbum en el que cada canción está cuidadosamente construida, invitando al oyente a sumergirse en sus múltiples capas sonoras tras sucesivas escuchas.

"A Void Within Existence" (2025) refleja la madurez artística de Abigail Williams y el talento de su alineación actual. La producción de Ken Sorceron, junto con la mezcla de Dave Otero, logra un equilibrio perfecto entre crudeza y claridad, permitiendo que cada instrumento brille sin sacrificar la atmósfera densa y sombría que define al género. La incorporación de elementos de bandas como Nachtmystium y Vale of Pnath, aportados por los músicos invitados, enriquece la paleta sonora, haciendo de este disco uno de los más destacados en la carrera de la banda. Un trabajo que resuena profundamente por su capacidad para transmitir emociones crudas y universales, como la soledad y el desamparo, a través de una ejecución impecable. Canciones como "Talk to Your Sleep" y "No Less Than Death" no solo demuestran la versatilidad de Abigail Williams, sino que también invitan a la reflexión sobre la condición humana. Este álbum es una prueba de que, tras más de dos décadas de carrera, Abigail Williams sigue siendo una fuerza innovadora en el black metal, capaz de emocionar y sorprender. 

© 2025 Lord Of Metal

Crónica: AC/DC (Madrid) 12/16.07.2025

SETLIST: If You Want Blood (You've Got It)/ Back in Black/ Demon Fire/ Shot Down in Flames/ Thunderstruck/ Have a Drink on Me/ Hells Bells/ Shot in the Dark/ Stiff Upper Lip / Highway to Hell/ Shoot to Thrill/ Sin City/ Dog Eat Dog/ Dirty Deeds Done Dirt Cheap/ High Voltage/ Riff Raff/ You Shook Me All Night Long/ Whole Lotta Rosie / Let There Be Rock/ T.N.T./ For Those About to Rock (We Salute You)/

Siete conciertos de AC/DC, como digo siempre; muchos para algunos, pocos para los que amamos a los australianos. El primero fue en aquella cita madrileña que luego inmortalizarían en uno de sus directos más queridos, en Las Ventas, presentando “Ballbreaker” (1995) y el último hace escasas horas, en el estadio Riyadh Air Metropolitano de Madrid, dos noches que han sido un hervidero de energía en el que AC/DC han demostrado que su legado sigue más vivo que nunca; atrás quedan las salidas polémicas de algunos de sus miembros o esos videos de redes sociales que, supuestamente, atestiguan el mal estado de forma de Brian o Angus. Tan sólo bastaba acercarse al Metropolitano para dar fe de que, si estamos ante la posible última gira de la banda, es tan sólo porque los años pasan, aunque no sea por ellos y su rendimiento sobre las tablas. 

Ambos estuvieron soberbios en las dos noches; bajo un cielo despejado, la cálida temperatura veraniega y un público, una marea de sesenta mil almas, que no dudó en subir un par de grados más gracias al fervor con el que los recibimos. Desde el momento en que las luces se apagaron y el rugido de los amplificadores Marshall resonó, la banda comandada por Angus Young y Brian Johnson desató una tormenta eléctrica que reafirmó su estatus como íconos inmortales del rock. The Pretty Reckless, liderados por la carismática Taylor Momsen, calentaron como pudieron el escenario con un set crudo, aunque genérico, interpretando temas como “Death by Rock and Roll”, “Make Me Wanna Die” o “Take Me Down” preparando el terreno para los australianos que, a la hora señalada,  irrumpieron con una puntualidad impecable, y la atmósfera se tornó en una comunión total: camisetas negras con el relámpago rojo, miles de cuernos luminosos entre el público, el rugido de miles de gargantas y una energía colectiva que vibraba en cada rincón del estadio. La pasión de todos los seguidores, desde adolescentes hasta veteranos que crecieron con “Highway to Hell”, era un testimonio vivo de la devoción que AC/DC sigue inspirando, uniendo generaciones en una celebración sin concesiones.

El repertorio fue un recorrido magistral por más de cuatro décadas de himnos, una cátedra del rock ejecutada con precisión y una pasión que desmentía cualquier crítica sobre la edad o salud de los músicos. Abrieron con “If You Want Blood (You’ve Got It)”, un arranque explosivo que hizo estallar al estadio, Angus Young, ataviado con su icónico uniforme, desatando riffs afilados como cuchillas y su característico y frenético paso, prestado de Chuck Berry, electrizando a la multitud. Brian, con su voz rasgada y llena de actitud, demostró que, a pesar de las habladurías, sigue siendo un frontman imponente, dejándose la garganta en “Back in Black” y “Thunderstruck” con una entrega que conectaba con cada rincón del estadio, simplemente asombroso. La banda, completada por Stevie Young en la guitarra rítmica, Chris Chaney en el bajo y Matt Laug en la batería, sonó compacta y poderosa, con un sonido nítido que hacía justicia a la producción de sus discos clásicos y dejaba en entredicho el sonido exhibido por Maiden una semana antes en el mismo lugar. “Have a Drink on Me” y “Sin City”, temas que no tocaban en directo desde hacía años, fueron sorpresas que avivaron la nostalgia y contentaron a los más exigentes, mientras que “Shot in the Dark” y “Demon Fire” del álbum “Power Up” (2020) mostraron que AC/DC sigue siendo relevante sin traicionar su esencia. El momento álgido llegó con “Let There Be Rock”, donde Angus Young se lanzó al clásico solo incendiario, corriendo por el escenario, subiendo a la plataforma elevada y tocando con una furia que parecía desafiar cualquier crítica; impagable verle durante dos horas marcar el compas con ambos pies. “Highway to Hell” o “You Shook Me All Night Long” fueron recibidas como los himnos sagrados que son, con el estadio cantando al unísono, erizando la piel de cualquier mortal, mientras “Hells Bells”, descerrajada en las primeras posiciones, trajo consigo la icónica campana gigante, que resonó como una llamada. “Dirty Deeds Done Dirt Cheap” y “Whole Lotta Rosie” mantuvieron la intensidad, con el público entregado a cada riff y cada grito de Johnson. El cierre con “For Those About to Rock (We Salute You)”, tras "T.N.T.", acompañado por los clásicos cañonazos retumbaron en el estadio, un espectáculo visual y sonoro que selló la noche con una grandiosidad épica, dejando al público en pleno clímax y la sensación de haber presenciado algo irrepetible, como así es.

La profesionalidad y la pasión de AC/DC en Madrid fueron un recordatorio rotundo de por qué son una de las bandas más grandes de la historia. A sus setenta años, Angus Young sigue siendo un torbellino sobre el escenario, tocando con la misma furia y alegría que hace cuatro décadas, desafiando cualquier comentario sobre su edad con una energía que muchos jóvenes envidiarían. Brian Johnson, con su carisma y entrega, demostró que su voz, macerada por el tiempo, sigue siendo un vehículo perfecto para transmitir la crudeza y la emoción del rock. La banda entera creó un muro de sonido que resonó con una claridad apabullante, haciendo que cada acorde se sintiera como un puñetazo al alma. Las críticas sobre su longevidad se desvanecen ante un espectáculo que no solo cumple, sino que supera cualquier expectativa, con una puesta en escena espectacular que incluyó pantallas gigantes, pirotecnia y una producción impecable, algo que no necesitan pero forma parte del idioma de los conciertos en estadios. AC/DC no solo tocó en Madrid; creó un momento inolvidable, un ritual que unió a seguidores de todas las edades en una celebración de su legado. En un mundo donde el rock a veces parece perder terreno, las dos noches de los australianos fueron una declaración de que AC/DC sigue siendo la chispa capaz de encender corazones. Cada riff, cada grito, cada cañonazo fue una prueba de que su música no envejece, y mientras Angus siga subiendo al escenario con su guitarra y Brian alce su voz, AC/DC continuarán siendo la banda que define lo que significa vivir y respirar rock. Como dice el meme; Angus y Brian, con setenta años, y en pijama tienen más rock en sus venas que todo su público, qué verdad es. Más grandes que la vida...

© 2025 Jota Jiménez
Libro firmado por Brian © 2025 Jota Jiménez