THE DARKNESS se hacen mayores...

Pero consiguen grabar un buen disco, menos histriónico y serio que los anteriores pero igual de inspirado...

Sueñan los drones con guitarras eléctricas

Primer paso en falso de MUSE, con "Drones" nos encontramos ante un disco sin rumbo, coherencia ni buenas canciones.

BLUR contraataca con un regreso por todo lo alto

Doce años después, los ingleses publican "The Magic Whip" y consiguen el aplauso unánime de crítica y público con un disco diferente.

El fiasco de MONTAGE OF HECK

"Todo está en la música", decía KURT COBAIN. ¿Entonces qué necesidad hay de un documental que no aporta nada a ésta?

¡Entrevista a Maurice Swinkels de LEGION OF THE DAMNED!

Con motivo de su próxima visita a nuestro país, hemos podido entrevistar a Maurice Swinkels, vocalista del potente combo holandés.

La catarsis de BJÖRK

La islandesa encuentra la liberación a través de la palabra en su mejor disco en años.

DYLAN por SINATRA, en estado de gracia.

El auténtico placer de cumplir años es no tener ni Dios ni amo; decidir a quién se le da la mano...

Perdidos en el río con BOB...

Uno de los grandes discos del año pasado; con buenas intenciones y lleno de mejores canciones.

ROYAL BLOOD vuelven a España...

Y nosotros rescatamos nuestra crítica de su álbum para ir calentando motores.

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

Han logrado que WEEZER publique uno de sus mejores discos en años, "Everything Will Be Alright In The End".

¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

PINK FLOYD se despiden...

David Gilmour y Nick Mason rinden homenaje a Richard Wright en "The Endless River", un disco bello y tranquilo.

MACHINE HEAD en caída libre...

En apenas veinticuatro horas muchos dijeron que era el mejor disco de metal del año, lamentamos llevarles la contraria; es quizá uno de los peores.

Ocho ciudades, ocho canciones y ninguna que justifique un disco

Foo Fighters vuelven con un disco mediocre que hará las delicias de sus fans más recientes y menos exigentes.

Con máscaras y a lo loco...

Cuando uno piensa en SLIPKNOT, piensa en esa descarga de adrenalina, en ese caos en el que se convierten sus directos...

Cantos de sirena de IN FLAMES en Madrid

Llegaban nuevamente a la capital para presentarnos un magnífico álbum por mucho que algunos se dediquen a dilapidar y a criticar con argumentos carentes de criterio.

MORRISSEY en ESPAÑA: "Todo lo que necesitas soy yo"

Moz estuvo en nuestro país y recuperamos nuestra crónica de su paso por Madrid.

Cuarenta minutos de abstracción

Un disco fascinante, extraño, menor pero extrañamente bonito, diferente y excitante...

Bonamassa contra el mundo

Porque discos así no se escuchan todos los días y, por desgracia, no se graban tan a menudo como debiera...

El Quadrophenia de U2, según The Edge

Podemos seguir echando de menos el pasado más glorioso de U2 y dejar de disfrutar del presente; “You glorify the past when the future dries up” que decían ellos mismos...

BRIAN FALLON, tocado pero no hundido…

Tras diez años de matrimonio ha decidido exorcizar todos los demonios internos de su ruptura en el nuevo disco de su grupo, THE GASLIGHT ANTHEM.

THE NATIONAL en España y nosotros nos refugiamos en su último disco...

Como dice Chuck Palahniuk, "la mejor venganza de todas es la felicidad. No hay nada que vuelva más loca a la gente que ver a alguien teniendo una vida jodidamente maravillosa" y nosotros somos felices con la música de los de Cincinnati.

IN UTERO: un viaje sin retorno

Analizamos en profundidad la grabación del último gran disco de NIRVANA y quizá de los noventa...

MASTODON: La vuelta al sol en ochenta días

Si lo que Mastodon pretende es llevarnos a otra dimensión, el experimento se queda a medio gas y es que sólo en la segunda parte de su disco seremos testigos de ese viaje...

Tenemos carta de Neil Young...

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Con su nuevo disco los suecos consiguen posicionarse en un buen puesto dentro de los grandes grupos de Power Metal...

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Nuestro amigo Joe no ha dejado de acompañarnos y, muchos años después de que se haya ido, su voz sigue sonando con la misma fuerza. Repasamos su discos en solitario…

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¡Hemos visto a BLACK SABBATH en París!

Y te contaremos casi todo lo que Ozzy, Iommi y Butler han hecho en Bercy...

ARCADE FIRE van al Primavera, nosotros al HELLFEST

"Reflektor" es el nuevo disco de los canadienses y la crítica lo ha encumbrado a lo más alto en apenas unas horas.

PEARL JAM: Rayos y centellas

Un disco de Pearl Jam tiene sentido en pleno 2013 porque estamos hablando de ROCK con mayúsculas, de una banda auténtica que sigue estando muy viva...

¡AMÉN, hermanos, WATAIN han vuelto!

Estamos ante el mejor disco de METAL del año y Erik lo celebra invitándonos a una misa negra muy especial con "The Wild Hunt"...

Conociendo a DAVE MUSTAINE...

Tuvimos la gran suerte de poder conocerle con motivo de su visita a España en su gira con Slayer hace dos años y ahora lo recordamos, breve pero intenso.

Concierto: Limp Bizkit (Clisson, Hellfest) 21.06.2015

SETLIST: Full Nelson/ Thieves (Ministry)/ Hot Dog/ Rollin' (Air Raid Vehicle)/ Gold Cobra/ My Generation Livin' It Up/ Re-Arranged/ Killing in the Name (Rage Against the Machine)/ My Way/ Break Stuff/ Take a Look Around/

Todos estamos de acuerdo en que Limp Bizkit son únicos y saben sonar como sólo ellos son capaces, su sonido les distingue del resto de bandas y es reconocible de inmediato pero es la última vez que un servidor se acerca a verles en un festival. Ir a los aseos, tomarse una cerveza en la zona Vip, comer o, simplemente, cargar el móvil son formas de perder una hora de tu tiempo de manera mucho más productiva que volver a ver a Fred Durst sobre un escenario. Realmente no sé siquiera porque les he concedido el beneficio de la duda, quizá porque Wes Borland siempre me ha parecido un tipo genial; todo un artista y un guitarrista con un sonido tan peculiar como los vistosos disfraces y maquillajes que luce en el escenario. Quizá porque cuando publicaron "Significant Other" (1999) -tras "Three Dollar Bill, Yall$" un par de años antes-  lo tenían todo de su parte y supieron dar el salto definitivo al mainstream más absoluto con "Chocolate Starfish and the Hot Dog Flavored Water" (2000). Fred Durst era un bocazas polémico y generaba titulares (algunos graciosos, otros no tanto) y sobre Borland recaía todo el peso musical. Lo que vino después es tan antiguo como el mundo; el clásico síndrome del grupo al que supera su propio éxito, el cantante es un ser insoportable y cargante y Wes abandona la nave para volver poco más tarde y, por el camino, pierden tantos seguidores como inspiración y ventas.  Pero hace cuatro años, tras la publicación de "Gold Cobra" y una magnífica actuación en el Sonisphere de Basilea, en Suiza, nos engañaron de nuevo. Parecía que se habían reformado y se lo estaban tomando en serio pero no era cierto. El principal problema de Limp Bizkit es Fred Durst y una incapacidad total y absoluta para, actualmente, grabar discos con un mínimo de consistencia; justo como sus, cada vez más desnortadas, actuaciones.
Lo que vimos en Francia sólo puede considerarse como un desastre, un total aburrimiento, un concierto que hizo aguas desde los primeros minutos y acabó de manera insospechada, pasen y lean porque no tiene desperdicio alguno. Tras la introducción de rigor, el grupo ataca "Full Nelson" de su celebrado "Chocolate Starfish and the Hot Dog Flavored Water" y parece que lo que vamos a presenciar es una buena actuación de los de Florida. Durst, vestido de blanco y con su sempiterna gorra, barbudo y divertido canta y nos lleva a través de los agresivos estribillos de la canción mientras Borland, vestido de una manera indescriptible -como siempre-, escupe el contundente riff de la canción, retumba el bajo de Rivers y Otto golpea con fiereza la batería. El primer síntoma es que el final de "Full Nelson" pierde en agresividad y Durst no se deja la garganta como debería pero quería pensar que todavía no habían entrado en calor, primer error; nunca subestimes la capacidad para el desastre de Limp Bizkit porque puede llegar a sorprenderte. Seguidamente suena un riff conocido…  ¡"Thieves" de Ministry! ¿Cómo se las arreglarán con el clásico de Al Jourgensen? Pues mal, tremendamente mal porque lo que en "The Mind Is a Terrible Thing to Taste" (1989) sonaba subversivo, ácido y retorcido con una guitarra zumbando como una Uzi aquí es un chiste. Dos minutos de Borland tocando una y otra vez el mismo riff mientras Durst hace el ridículo más espantoso dirigiéndose constantemente al público como si fuese el animador de un hotel de verano en pleno hall, rodeado de jubiletas con daikiri en mano; "Es muy pronto para estar cansado, amigo" -le dice a las primeras filas, "cuando yo diga en pie vosotros me mandáis a tomar por culo al estilo Bizkit" y grita; "La gente de atrás ¿podéis sentirlo? No os creeré hasta que lo vea" y vuelve a la carga; "Todo el Hellfest en pie, en pie, en pie" para terminar dando las gracias con un "merco beaucoup!". Ni rastro de la letra o cualquier parecido con la canción de Ministry, tan sólo dos minutos absurdos en bucle, no se le puede llamar versión siquiera.

Vuelven al mundo Bizkit con "Hot Dog", de nuevo de su disco del 99, y terminarán por perder definitivamente el rumbo tocando unos segundos de "Master Of Puppets" de Metallica no sin antes volver a "Hot Dog" por segunda vez. Intento ser positivo y pensar que si tocan la pesadísima y vulgar "Rollin' (Air Raid Vehicle)" en tercer lugar es que no acabarán con ella pero, por desgracia, ésta será el último tema antes del dislate que viene a continuación; Durst perdido parece totalmente ajeno a la actuación y baila mientras Carino pincha bases, Borland vuelve al ataque con "Master Of Puppets" y lo peor de todo es que Otto se anima y comienzan a tocarla una vez más. Suena la mediocre "Gold Cobra" y, de nuevo, otro fragmento de los de San Francisco, esta vez es "Seek   &   Destroy" a la que sigue "Holy Wars" de Megadeth mientras Durst se aburre, arroja botellas de agua o se queda con la mirada perdida en algún punto del infinito, ¿no están demasiado alto en el cartel para ser simplemente un grupo de versiones?. Dos segundos más de Metallica y tocan "My Generation" y "Livin' It Up" pero ya hemos perdido la paciencia hace tiempo y, para colmo, la interpretación de ambas deja mucho que desear. Borland se larga unos segundos del escenario, Rivers se va a un lateral para besar a una chica y Durst hace el canelo mientras suena el remix de "Back Porch" para tomar de nuevo el enésimo descanso y "Re-Arranged". Por increíble que parezca, hacen un horrible versión de "Killing In The Name" de Rage Against The Machine a modo de karaoke, "My Way" y, de nuevo, otro descanso más para dar por finiquitada la actuación con "Take a Look Around" con fragmentos de "All Apologies" de Nirvana, "Hurt" de Nine Inch Nails u "Opiate" de Tool sin ninguna coherencia o gracia y sorprendernos con un abrupto final a ritmo de "Stayin' Alive" de los Bee Gees y Durst bailando mientras atrona la grabación original de los hermanos Gibb por todo el festival y nos pregunta de nuevo; "¿podéis sentirlo?", cuando lo único que siento es haber perdido una hora de mi vida viendo quizá la peor actuación en mucho, mucho tiempo. Lamentable, un jodido horror sin sentido, una tomadura de pelo; Limp Bizkit están muertos y nosotros vivos. Nunca más.

© 2015 Jim Tonic
Fotos por © Insane Motion


Concierto: In Flames (Clisson, Hellfest) 21.06.2015

SETLIST: Only For The Weak/ Everything's Gone/ Bullet Ride/ Where The Dead Ships Dwell/ Paralyzed/ Deliver Us/ Cloud Connected/ Drifter/ The Quiet Place/ Delight And Angers/ The Mirror's Truth/ Take This Life/ My Sweet Shadow/
Tras el desastroso concierto de Limp Bizkit en el primer MainStage era necesario asistir al concierto de In Flames en el escenario paralelo con el fin de borrar el mal sabor de boca que nos había dejado la actuación de los de Fred Durst y Wes Borland. Durante la sesión de firmas que habían realizado unas horas antes en el stand ubicado para ello en el Hellfest, a In Flames se les había visto muy risueños e ilusionados ante el hecho de volver a actuar en el festival de rock más grande que hoy por hoy tiene Europa. Durante más de media hora Niklas, Daniel, Peter, Bjorn y Anders no dejaron de sonreír y firmar a todos (y no eran precisamente pocos) los fans que se presentaban ante de ellos con el fin único de conseguir un autógrafo o una foto con sus ídolos… Es en estas situaciones cuando te das cuenta de que en España somos medio tontos (por no utilizar palabras más despectivas), dedicándonos a criticar a una banda de la talla de In Flames por el simple hecho de no hacer death metal o no querer editar otro disco como “Clayman” o “Colony”. Es penoso ver este tipo de comportamientos dirigidos a una banda como In Flames pero, claro, mientras eso sucede en España, en otros países están como locos con ellos, deseando verles en directo y queriendo escuchar temas como “Take This Life”, “Cloud Connected” o “Drifter”, ¿acaso estos temas no son death metal?... Pero claro, aquí somos los más listos y los más heavys y criticamos a una banda como In Flames por el mero hecho de hacer la música que les da la gana, cuando nadie (o casi nadie, por aquello de no generalizar) en este país conocía a la banda con anterioridad a la edición de “Whoracle” (1997) por Nuclear Blast, justamente en el año en el que la potente discográfica alemana cumplía su décimo aniversario. Vamos, que quitando algunos adelantadillos, la mayoría han conocido a In Flames con la llegada del nuevo milenio y más concretamente a partir de “Reroute To Remain” (2002), justo cuando empezaron a caerle palos y a compararles con bandas como Korn o Limp Bizkit.

A las 22:05h y tras la correspondiente intro aparecen en escena Anders Fridén y compañía a ritmo de la frenética “Only For The Weak”. El clásico de “Clayman” (2000) raramente suele faltar en sus directos, aunque no es menos raro que haga acto de presencia tan pronto. A eso se le llama empezar fuerte y meterse a la gente en el bolsillo desde el primer segundo, justo desde el momento que las guitarras de Niklas y Bjorn empiezan a intoxicarnos con el riff más juguetón y dócil de su disco más laureado. Para rompernos la cintura y ponernos a bailar tiran de uno de los singles del que es su último trabajo hasta la fecha, “Siren Charms” (2014)… No podemos decir otra cosa, “Everything´s Gone” sonó brutal, mostrando a una banda totalmente entregada a sus fans, con un Anders pletórico haciendo palidecer a otros artistas con sus voces y gritos desesperados.
A continuación, llega una de las sorpresas del setlist, sinceramente no me esperaba para nada que “Bullet Ride” sonase aquella noche sobre la arena de Clisson. El tema que abría “Clayman” siempre ha sido uno de mis favoritos de la ya dilatada discografía de In Flames, se daba la situación de que hasta ese momento nunca lo había escuchado en directo "in situ", a excepción obviamente de aquella desastrosa grabación que realizaron en la gira de “Clayman” allá por el año 2001 y que, finalmente, decidieron editar bajo el nombre de “The Tokyo Showdown” en Agosto de dicho año. Recuerdo que las tres primeras canciones del setlist que allí se incluían coincidían con los tres primeros cortes de los tres últimos trabajos que tenían editados hasta entonces, es decir; así como quien no quería la cosa te caían de sopetón “Bullet Ride” (Clayman), “Embody The Envisible” (Colony) y “Jotun” (Whoracle). Por desgracia el sonido de aquella grabación no era ni mucho menos el esperado para una banda de la talla de In Flames. Ellos trataron de defenderse (pero aquello era indefendible) diciendo que no querían retocar el master, que querían recoger el sabor y la frescura del directo sin retoques ni cambios. Querían plasmar en  un disco el sonido y la esencia de In Flames; pero es que aquel master no cumplía con las condiciones mínimas de calidad para ser editado como un álbum en directo de los suecos…
Sin respiro llega uno de los grandes temas de  "Sounds of a Playground Fading"  (2011), “Where The Dead Ships Dwell” sin ser uno de sus clásicos deja a la gente muy contenta ya que, desde hace un tiempo la llevan insertando en su setlist, y guste más o guste menos, hay que reconocer que les está funcionando de maravilla, ya que sin ser un single propiamente dicho tal y como pueda ser “Deliver Us” -que, por cierto, también sonaría más tarde- tiene el “push” y el empuje suficiente para que los pits no cesen durante su entera ejecución. “Paralyzed” nos devuelve con su continúo galope a los cantos de sirena de “Siren Charms”, lo mismo que “Deliver Us” de su disco del 2011; aunque otro de los momentos álgidos de la noche llegó cuando caen los dos temas de “Reroute To Remain” (2002) que nos tenían preparados en el setlist de aquella noche; “Cloud Connected” y “Drifter”, fueron las dos que mejor sonaron, las que más hondo calaron y las que más disfrutamos. Desde lejos se podían divisar los contínuos circle pits que se formaban con cada remetida de Svensson e Iwers, logrando crear varias de las bases más despiadadas del death metal melódico. Sin duda, dos temas que marcaron la diferencia y que un servidor disfrutó muchísimo. Así da gusto.

De su disco “Soundtrack To Your Escape” (2004) también sonaron dos piezas; en un primer lugar “The Quiet Place”, que esta vez se presentó algo escasa y anodina (siempre me ha parecido su disco más flojo), y el cierre con “My Sweet Shadow”, otro de los singles de dicho álbum que, no siendo ni de lejos una de mis favoritas, no puedo negar que como epitafio a su actuación les quedó jodidamente brutal. Estaba claro que los temas aquella noche caían “de dos en dos”, así que, siguiendo el orden establecido, el par elegido para representar “A Sense Of Purpose” (2008) fueron la inconmensurable “Delight And Angers”, donde podemos saborear uno de los mejores estribillos de la discografía de In Flames y el que fuera su single de lanzamiento; “The Mirror´s Truth”, una canción magnífica con el que logran empequeñecernos con varias de las partes más melódicas de su noveno álbum. Muchos podrán decir lo que quieran, pero lo cierto es que estas dos canciones fueron de las más aclamadas en el Hellfest… Dos canciones de “Clayman”, dos de “Reroute To Remain”, dos de “Soundtrack To Escape”, dos de “A Sense Of Purpose”, dos de “Sounds Of The Playground Fanding”, dos de “Siren Charms” y una única de “Come Clarity”. ¿Cuál? Pues la de siempre, aquí pienso que no hay lugar para la sorpresa, es la pieza esencial que nunca falta en su setlist y que normalmente marca el epitafio de sus conciertos…”Take This Life”, que en esta ocasión ocupó el penúltimo lugar aunque no por ello desmereció en absoluto. Sonó a gloria bendita, cayó como maná del cielo demostrando una vez más que In Flames son una de las bandas más importantes del metal actual…
© 2015 Lord Of Metal


Concierto: Motörhead (Clisson, Hellfest) 19.06.2015

SETLIST: Shoot You in the Back/ Damage Case/ Stay Clean/ Metropolis/ Over the Top/ The Chase Is Better Than the Catch/ Rock It/ Lost Woman Blues/ Doctor Rock/ Orgasmatron/ Going to Brazil/ Ace of Spades/ Overkill/

Si Lemmy no fuese Lemmy, si no llevásemos escuchando sus canciones más de veinte años, si no nos hubiese hecho pasar tantísimos buenos momentos y fuésemos unos desagradecidos podríamos afirmar que la actuación de Motörhead fue una de las más flojas de todo el festival para lo que se esperaba de ellos, para el nivel al que siempre nos han tenido acostumbrados. Y es que,  Lemmy ha decidido poner la directa y asumir el romántico destino del juglar, del bluesman del camino polvoriento, del rockero impenitente que morirá con las botas puestas sobre un escenario y ese fatalismo puramente filosófico sería lo más lógico para alguien como él sino fuese porque la vida, tras tanto exceso, le ha propinado un buen zarpazo. Lemmy sigue siendo poderoso, su presencia es auténtica, un sólo verso cantado con su cazallera voz macerada a base de whisky y cigarrillos durante años es más que suficiente para destilar cuatro décadas de rock 'n' roll pero a los que le queremos, a los que le sentimos como algo más, nos produce una pena enorme sentirle desubicado en muchas ocasiones, perdido o falto de fuerza; verle con la boca abierta balbuceando o con las manos temblorosas es demasiado doloroso como para entender que necesita descansar, necesita reponerse y lo que estamos presenciando no es la enésima gira de Motörhead sino la despedida personal de Lemmy que seguramente habrá desatendido los consejos de los médicos lanzándose a la carretera para ganarle unos minutos a la vida y escribir su epitafio tocando el bajo y cantando una vez más "The Chase Is Better Than the Catch". A todos esos chavales que acuden a ver a Motörhead y es su primera vez me gustaría decirles que lo que están viendo  no es digno de su leyenda. Sin ir mucho más lejos, hace cinco años ver Lemmy en directo era completamente diferente. ¿Habéis visto el tren de la portada de "Orgasmatron"? ¿Sabéis a lo que me refiero, verdad? Cuando el bajo de Lemmy sonaba y la guitarra de Phil y la batería de Mikkey le secundaban parecía que se encendiera un motor a reacción parido en el mismísimo infierno o esa infernal y traqueteante locomotora que inmortalizó Petagno cuando aquel disco del 86 iba a llamarse "Ridin' With The Driver". Estoy seguro de que cualquiera que haya visto a Motörhead en directo hace años entenderá lo que quiero decir y si no es que no tienes ni puta idea de quiénes son y poco importa lo que intente explicarte desde la pasión.

La misma rueda de prensa sin su presencia y sólo con el bueno de Mikkey Dee ya nos hizo temernos lo peor. No pasa nada, no es la primera vez que ocurre y Dee es un auténtico profesional en todos los sentidos; no sólo es uno de los baterías más contundentes y salvajes del rock sino que es un encanto que responde con infinita paciencia y amabilidad a todo aquel que le preguntó por su próximo disco, la gira o la salud de Lemmy para luego atender a todos los periodistas de medio mundo cuando se le acercaban para un autógrafo o una foto. Siempre que acudimos a una rueda de prensa o tenemos una entrevista; siempre escuchamos los mismos tópicos sobre la prensa especializada y la supuesta falta de profesionalidad de los blogs y webzines, irónicamente todos los medios se acercaron a los músicos de la zona de prensa buscando un selfie o un autógrafo. No hay nadie tan idiota o con tan poca sangre en las venas como para no estrecharle la mano en persona a Rob Halford, Phil Anselmo o Mikkey Dee.

¿Cómo estáis, Francia? -nos pregunta nada más salir al escenario pero aquella declaración de principios que servía de introducción; "We are Motörhead..." suena desgastada cuando hace una pausa para soltar un cansado… "...and we play Rock 'N' Roll" y atacan "Shoot You in the Back" del célebre "Ace Of Spades" (1980). Dee golpea los parches como si no hubiese mañana y Phil está en una forma estupenda, se nota que ambos disfrutan tocando al cien por cien. La sigue "Damage Case" en la que Lemmy cambia ligeramente la letra y nos damos cuenta de dos cosas importantes en su actuación; la voz está alta pero no se escucha como debería siendo tapada por los instrumentos y apenas vocaliza. Entre canción y canción, las típicas bromas simpáticas entre Phil y él con el público nos muestran a Lemmy desconectado y, honestamente, no nos gusta verle así. "Stay Clean" les hace poner la directa, suena sólida y contundente con un final apoteósico a cargo del incansable Dee.

La genial "Metropolis" quizá no sea la más acertada para un festival pero es de las que mejor suenan gracias a su tempo, Phil está soberbio y hará las delicias de todos los que nos encanta su forma de tocar con un solo tras la acelerada "Over The Top". Y volvemos a "Ace Of Spades" con  la genial "The Chase Is Better Than the Catch" en la que, aunque Lemmy sigue acusando la misma falta de potencia, suena más caliente y metido en el concierto que antes. Otra cosa que me ha llamado la atención es que, lógicamente, con su estado de salud también se ha resentido su forma de tocar el bajo y ahora, esas cuatro cuerda con distorsión y los agudos disparados, se emborronan demasiado en directo cuando no ataca la tercera y cuarta sino que rasga las cuatro como una guitarra rítmica.

"Rock It" sube las revoluciones aún más y nos lleva a "Another Perfect Day" (1983) mientras que la preciosa " Lost Woman Blues" de su "Aftershock" (2013) hace pinchar la actuación cortando directamente el rollo, a plena luz del día y con alevosía, a todos los asistentes pero seguramente le da un respiro al propio Lemmy que se siente especialmente cómodo en ella y alarga las estrofas. "Doctor Rock" recupera músculo para la actuación y será rematada por un impactante, como no puede ser menos, solo de batería de Mikkey Dee; es digno de elogio cómo toca el sueco, es un auténtico animal. La gran sorpresa es la olvidada "Orgasmatron" que, personalmente agradezco, y que le sienta como un guante a la oxidada garganta de Lemmy. "Going To Brazil" de "1916" (1991) no es de las mejores de su repertorio pero me encanta, su riff es puro rock 'n' roll y la letra siempre me ha parecido tan divertida como frenética; "Here we go again on a 747. Looking at the clouds from the other side of heaven. Smoking and drinking. Never gonna stop. Reading magazines, stop me looking at the clock. Wanna watch the movie, can't sit still. Flying down to Rio, Going to Brazil!" pero todavía les quedan un par de ases en la manga y son, nada más y nada menos, que "Ace of Spades" la más coreada de todo el festival (y esos versos; "You know I'm born to lose, and gambling's for fools but that's the way I like it baby, I don't wanna live forever!") y la inmortal "Overkill" que cerraron el concierto más concurrido de las tres jornadas y, sin embargo, uno de los más descafeinados para tratarse de un cabeza de cartel.

Abandonamos el escenario principal con un sabor amargo, hemos escuchado la mítica "Orgasmatron" o una de mis preferidas; la rocanrolera "Going to Brazil".  Han sonado "Damage Case", "Metropolis" y, por supuesto, han acabado con "Ace Of Spades" y Overkill" pero no, esto no es Motörhead tal y como lo conocíamos y preferiríamos habernos perdido este concierto y saber que Lemmy se está reponiendo que ver cómo anuncia una interminable gira llena de fechas y saber que un día nos levantaremos con la triste noticia de que el mundo es un lugar mucho menos excitante sin él. Esto no fue un concierto; sonó a despedida.

© 2015 Tommy Gun
Fotos por © OZIRITH


Concierto: Slipknot (Clisson, Hellfest) 19.06.2015

SETLIST: XIX/ Sarcastrophe/ The Heretic Anthem/ Psychosocial/ The Devil In I/ AOV/ Vermillion/ Wait And Bleed/ Before I Forget/ Duality/ Eyeless/ Spit It Out/ (Sic)/ Surfacing/

Slipknot eran, sin duda alguna, el grupo estrella del décimo aniversario del Hellfest. Para la mayoría de asistentes del festival galo estaba claro que si en la edición 2015 había una banda que resaltase sobre el resto; ésa era Slipknot. Los de Corey Taylor, Mick Thomson y Jim Root eran los encargados de encabezar la primera jornada del festival, poniendo el cierre al Mainstage 2 tras la actuación de Judas Priest. Las 0:45 era la hora estipulada por la organización para que los de Iowa hicieran presencia en el escenario y, según se acercaba el horario, muchos empezaban a impacientarse. Recuerdo cuando hace no muchos años Slipknot era un grupo odiado y repudiado por muchas personas, debido sobre todo a sus continuos guiños y similitudes con el Nu metal o con el denominado "Chándal metal", como comúnmente se conoce. Pero es realmente sorprendente ver lo que ha crecido esta banda, lo bien que han sabido jugar su cartas y ponerlas de su lado y cómo han sabido convertir algo, en principio perjudicial, en todo un acierto y una ventaja. Si hace cinco o seis años, Slipknot a duras penas conseguían una entrada digna en salas y pabellones (recordemos que en Julio del 2009, en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid, apenas fueron capaces de llenar la pista y eso que venían acompañados por, nada más y nada menos, que Machine Head), hoy por hoy se erigen como el principal reclamo de todos los grandes festivales del mundo. En la actualidad son una de las bazas más sólidas y seguras para llenar lo que comúnmente se conoce como un "open air", poniéndolo a reventar y sin nada que envidiar a bandas tan importantes como puedan ser Metallica, Kiss, Iron Maiden o Muse…

Concierto: Kiss (Madrid) 19.06.2015

SETLIST: Detroit Rock City/ Deuce/ Psycho Circus/ Creatures of the Night/ I Love It Loud/ War Machine/ Do You Love Me/ Hell or Hallelujah/ Calling Dr. Love/ Lick It Up/ God of Thunder/ Cold Gin/ Love Gun/ Black Diamond/ Shout It Out Loud/ I Was Made for Lovin' You/ Rock and Roll All Nite/ 

Ver a KISS en directo significa mucho más que acudir a un simple concierto y de ahí que hiciese el pequeño esfuerzo de bajarme de un avión y aparecer, pocos minutos después, en pleno centro de Madrid con ganas de ver a "la banda más caliente del mundo" una vez más. Y es que mucha gente se sorprende cuando les digo que Gene, Paul, Ace y Peter forman parte de mi ADN musical pero así es; no crecí en los Estados Unidos de los setenta y nunca tuve un "lunchbox" con sus caras, nunca probé sus cereales, ni vi ninguna de aquella giras de los ochenta pero mis dos recuerdos musicales más antiguos pertenecen a los Beatles y a KISS. Corría el año ochenta y dos cuando mis padres me pusieron la actuación de KISS en el mítico programa "Aplauso", mi madre pensó que me haría gracia ver a cuatro tipos maquillados (más tarde repetiría la jugada con "The Yellow Submarine" y sus psicodélicas imágenes, nunca le estaré lo suficientemente agradecido aunque en aquel momento fuesen pequeños traumas a superar en forma de pesadillas) y creyó que me encantaban porque aquel niño no podía despegar los ojos del televisor y los abría de par en par mientras atronaba "Love It Loud". Muchos años después se percató de que Gene Simmons me daba pavor, me horrorizaba… ¡como debe ser, por algo es The Demon! Aquella iniciación con KISS marcó mi niñez porque siempre que sonaba alguna canción en la pequeña pantalla, mis padres podían olvidarse de que había un niño en casa. Pero volviendo a nuestros días, no puedo negar lo evidente y la situación de KISS ahora… Odio a Tommy Thayer. Bueno, no es que le odie pero yo soy de "Space Ace" y no puedo concebir a otro músico (por muy solvente que resulte sobre las tablas) vestido y maquillado como Ace, sencillamente se me atraganta (la única licencia que le han permitido a Thayer es la de llevar su propia guitarra signature y no la Gibson Les Paul de tres pastillas dobles de Ace). Pero este año ha sido bueno conmigo y mi locura por KISS porque aparte de haber podido contactar con el mismísimo Peter Criss, dos días antes tenía la inolvidable oportunidad de ver al mismísimo Ace Frehley tocando en el monstruoso festival francés HELLFEST, presentando su último y dignísimo trabajo; "Space Invader" (2014). Por tanto, en menos de veinticuatro horas vería a Gene Simmons, Paul Stanley y Ace Frehley pero, por desgracia, no sobre el mismo escenario, aún así puedo decir con orgullo que he escuchado "Love Gun" o "Deuce" cantada por los tres en apenas dos días y eso ya es suficiente para mí y para cualquier fan del grupo. No milito en la KISS Army, no se me ocurre pagar el Kiss Kruise (un crucero con tus héroes, conciertos, concursos y demás actividades, además de toneladas de merchandising para los más fanáticos) o los carísimos meet and greet aunque respeto y entiendo a todos aquellos que sueñan con ellos y pueden permitírselos pero tampoco me llevo a engaños a estas alturas con KISS y critico todo lo que les hace grandes y también humanos en un alarde de hipocresía. Entiendo que son una empresa, una enorme y admiro profundamente el sentido empresarial de Gene y la inteligencia de Paul, son dos tipos trabajadores, dos genios musicales y de la mercadotecnia que han consagrado su vida a lo que más aman. Por tanto, no criticaré los precios de sus entradas, no atacaré a Stanley y sus problemas de voz (algo normal y ya habitual para los que les seguimos) ni sus mismas bromas de siempre (o le amas o le odias y punto; ¡no es un prodigio de originalidad pero es Paul Stanley!) porque ver a KISS en directo es una jodida experiencia en sí misma y se adapta a todos los bolsillos; desde los más humildes a los más pudientes. Un show excesivo para todos los públicos, edades y carteras, porque así debe ser el rock 'n' roll. ¿Qué puede salir mal en una noche que se abre con "Detroit Rock City"? Nada.

Lo primero que me llama la atención al entrar en el palacio de deportes madrileño (ahora Barclaycard Center, a la moda de los estadounidenses arenas) es lo familiar que resulta todo cuando llegas a un concierto de KISS; da igual en qué ciudad o país estés que siempre te sientes como en casa. El público es tan variopinto como de costumbre en un evento de estas características; desde chavales a padres y familias enteras que vuelven a ver a Simmons, a fanáticos con las bolsas de la KISS Army a grupos que no tienen ni la más remota idea de lo que van a ver pero tienen que estar porque es lo que toca y "Parasite" les sonará tan ajena como mentar a Vinnie Vincent (el entrañable Ankh Warrior), Bruce Kulik o Eric Carr, no pasa nada, KISS son un grupo enorme y es normal que atraigan a todo tipo de público, desde expertos a legos (esos mismos que acuden a ver a AC/DC, Judas Priest o Motörhead porque son estandartes del rock, sin sentir la más mínima emoción o conocer algo de su carrera). Por otra parte, no es difícil ver a todos aquellos que se han maquillado como Simmons o Stanley (algunos con mayor pericia que otros) y sonríen ante las cámaras; ¡un concierto de KISS no sería lo mismo si uno no viese a The Demon o The Starchild entre el público! Tras una actuación simplemente correcta por parte de The Dead Daisies, el telonero escogido (que no buscan otra cosa que divertirse ellos mismos y hacer pasar un buen rato a la gente, sin más trascendencia), con un entrañable John Corabi al frente y una corta espera que a muchos se nos hizo eterna, se apagan las luces y en las pantallas aparecen las brutales botas de Simmons, los cuatro músicos comienzan a andar por el backstage, vemos a Paul Stanley y finalmente la kilométrica lengua de Gene, se dirigen al escenario y todo el pabellón se queda a oscuras mientras sentimos su presencia tras una lona con su logo y, entre el murmullo de excitación del público, resuena una de las introducciones más famosas de la historia del rock, una voz bronca anuncia; "You wanted the best, you got the best! The hottest band in the world… KISS!!!" y mientras cae esa lona, el escenario arde en llamas.

Paul Stanley se conserva en una forma estupenda y Gene Simmons devora por completo cualquier concierto y audiencia con tan sólo su presencia. Es completamente imposible describir lo que uno siente cuando les tiene a pocos metros. Tommy cumple su función y Eric Singer aporrea su batería con firmeza. De viaje al 76 y su "Destroyer" con "Detroit Rock City" y uno de esos solos que te ponen los pelos de punta y que en pocas notas son capaces de sintetizar el élan vital del rock; "Get up! Everybody's gonna move their feet. Get down! Everybody's gonna leave their seat… You gotta lose your mind in Detroit Rock City" y uno se siente totalmente desbordado. Da igual cuántas veces hayas estado en un concierto de KISS, la esencia; la emoción es la misma, siempre es la primera vez. Uno de los riffs más famosos y reconocibles nos traen a "Deuce", ¿cuántas veces la he escuchado, cuántas veces le he dado vueltas y vueltas a un directo como es el mítico "Alive!" (1975), Simmons canta; "Baby, if you're feeling good. And baby if you're feeling nice. You know your man is workin' hard. He's worth a deuce" y de vuelta a ese riff machacón y directo. Un tipo al lado mío está con la boca abierta, es su primera vez viendo a KISS y le dice a su amigo; "tío, esto es como un circo, qué pasada". No lo sabes bien...

Precisamente, como si le hubiesen escuchado, continúan con "Psycho Circus" de su homónimo disco del 98. Personalmente, creo que tienen decenas de canciones más interesantes que la mencionada o "Hell Or Hallelujah" de su resultón "Monster" (2012) pero en el caso de "Psycho Circus" he de reconocer que me encanta y siempre me pareció un comienzo aplastante para un disco de regreso como aquel con la formación original (aunque nunca sepamos a ciencia cierta cuánto de Peter Criss y Ace Frehley hay en aquel álbum y me da en la nariz que poco o nada). "The make-up runnin' down my face… We're exiled from the human raaaaace. You're in the psyyyyyyyyy. You're in the psycho circuuuuus" y llega el momento para que The Starchild nos diga que es la última noche de la gira europea, que la anterior estuvieron en Barcelona y que "comprende nuestros sentimientos" pero quiere que demostremos que somos mejores que la audiencia de la última noche. Ok, lo hemos escuchado mil millones de veces, como sus "Guantanamera" y "Cucurrucucú Paloma" pero amo a Stanley no puedo evitar sonreír como la primera vez.

Es "Creatures Of The Night" precisamente la que me lleva de viaje a aquella actuación que mencionaba al principio de esta crónica. Es verdad que el álbum del 82 fue un intento de recuperar el trono comercial perdido tras "Unmasked" (80) y el injustamente menospreciado y conceptual "Music From The Elder" (81), pero años después ha demostrado ser una gran obra y "Creatures Of The Night" reina pesada sobre Madrid como "I Love It Loud", del mismo disco, que engancha con sus coros y logra que todo el pabellón la coreé pero antes habremos pasado por una dura "War Machine" con Simmons escupiendo fuego. "Te gusta mi limusina y cómo suenan sus ruedas, mis tacones de siete centímetros e ir a todos los conciertos pero, ¿me quieres, realmente me quieres?" cantan en el clásico "Do You Love Me" mientras las pantallas escupen imágenes del grupo de todas sus épocas y Stanley juega más que nunca con el tono festivo de su voz. "Hell Or Hallelujah" cae como una losa y me sorprende especialmente ver a un Thayer más suelto que en el resto de temas, ¿quizá porque es la grabación de la que se siente más cercano? El tono hard rock y su acelerado tempo, además de los coros a tres voces le dan cierto dinamismo aunque la sigue la socarrona "Calling Dr. Love" y uno entiende que por muy bien que puedan sonar KISS actualmente, nada como viajar al "Rock and Roll Over" del 76 y escuchar a Simmons cantar; "tengo la cura en la cual estás pensando, así que ponte de rodillas, no hay facturas, sé cuál es tu problema, el primer paso para la cura es un beso, me llaman el Doctor Amor", sencillamente genial.

"Lick It Up", de su primer disco sin maquillaje y con el simpático Vinnie Vincent, consigue de nuevo que todas las gargantas allí presentes se unan en el estribillo, ligeramente más acelerada que la original, en su parte central Stanley y Thayer subirán un par de metros sobre el escenario gracias a una plataforma ascendente y lograrán que todos le sigamos con palmas mientras se entremezcla con "Won't Get Fooled Again" de The Who. Tanto brillo  y luz encuentran rápidamente su contrapunto en el demoníaco solo de bajo de Gene Simmons, la oscuridad se cierne sobre Madrid y Gene vomita sangre una vez más entre luces verdes y azuladas y ascender a lo más alto del escenario para interpretar "God Of Thunder", ¿hay algo más excitante que ver a Simmons convertir un concierto en el mismísimo infierno?

Produce cierta nostalgia escuchar "Cold Gin" sin Frehley y ver a Thayer tocándola, ¿qué le vamos a hacer? Personalmente no la entiendo sin Ace sobre el escenario, como tampoco me gustaría escuchar a Singer cantar "Beth" de Peter Criss. "Love Gun" es y siempre será una de mis favoritas (quizá es por eso que el único disco que tengo firmado por la formación original de KISS; Gene, Paul, Ace y Peter, sea su vinilo del 77), en ella Paul subirá sobre su tirolina hasta avanzar a una plataforma giratoria situada al final de la pista y en los últimos compases consigo su púa. Volvemos de nuevo al primer disco de KISS con "Black Diamond" que devolverá a The Starchild al escenario principal y "Shout It Loud" de "Destroyer" vuelve a hacer que todos aquellos que perdieron el hilo en "Black Diamond" (lógica y tristemente esos mismos que no conocen demasiado al grupo) se recuperen en el archifamoso estribillo del 76 pero todavía hay más, mucho más; "I Was Made For Lovin' You" convertirá el pabellón en una discoteca setentera y cerrarán una noche de exceso con "Rock and Roll All Nite" y toneladas de confeti y fuego para acabar, como siempre, Paul rompiendo su guitarra -de mentirijilla que todo hay que decirlo para que a uno no le tomen por inocente- contra las tablas.

Excesivos, monstruosos, geniales, históricos, leyenda viva del rock. Pocas cosas hay más excitantes y rejuvenecedoras que ver a KISS sobre un escenario, tienen la capacidad de devolverte la ilusión y hacer que te olvides de todo. Sencillamente eternos.

© 2015 Jim Tonic
Fotos de ©Ross Halfin y ©Matt Giles

Concierto: Lamb Of God (Clisson, Hellfest) 19.06.2015

SETLIST: Desolation/ Ghost Walking/ 512/ Walk With Me In Hell/ Ruin/ Set To Fall/ Still Echoes/ Hourglass/ Now You´ve Got Something To Die For/ Laid To Rest/ Redneck/ Black Label/

A veces, reconozco que me cuesta mucho entender a determinadas personas; todos sabemos que no es en absoluto raro leer en las redes sociales comentarios extraños y fuera de lugar sobre bandas que llevan una trayectoria limpia e intachable. Lamb Of God son, hoy por hoy, una de las bandas más importantes y con más futuro dentro del panorama del rock y metal, uno de esos grupos de los que, por desgracia, salen muy pocos cada muchos años y que, con mucho trabajo y dedicación (también lo han pasado mal, hasta el punto de que el grupo estuvo a punto de disolverse con todo el tema del juicio y la imputación de homicidio involuntario de Randy Blythe), han logrado llegar realmente alto y posicionarse en una zona de seguridad envidiable e imposible de alcanzar para muchos otros grupos. A Lamb Of God se les podrá tachar de muchas cosas (sólo faltaría, para eso está la crítica), pero no por ser una banda con escasez de ideas, ya que disco tras disco han logrado llevar su sonido a un nivel superior, han logrado colorear de tonos alegres y primaverales los sonidos tristones y apagados del groove metal moderno. Actualmente ninguna banda es capaz de sonar como ellos, son diferentes y se comportan como tal cuando se suben a un escenario. Pero, por si esto fuese poco (para algunos parece que sí que lo es), como valor añadido deberíamos decir que Lamb Of God son músicos realmente humildes, para nada altivos e intratables como muchos otros, que todo sea dicho, están muy por debajo suyo. No es difícil ver pasear y tomarse una cerveza en las zonas VIP de los festivales a músicos como Mark Morton o Chris Adler, charlando con la gente o pasando totalmente inadvertidos, dependiendo del momento. La verdad que da gusto toparse con músicos así, personas normales, que actúan como tal, sin pájaros en la cabeza que terminan por sesgar sus personalidades y sus principios más básicos…

Sólo tendrías que haber estado el pasado 19 de Junio en el Mainstage 2 de Clisson para cerciorarte de una vez y por todas de que Lamb Of God es actualmente uno de los valores más seguros en los que invertir tu tiempo. No éramos pocos los que teníamos puesto en los de Richmond unas altas expectativas (yo el primero), teníamos muchas ganas de volver a verles encima de un escenario, escuchar como suenan los nuevos temas y sentir el poder y la fuerza que pueden transmitir estos cinco músicos en un show de una hora escasa. Un concierto de Lamb Of God comienza cuando Randy Blythe abre una botella de agua y se la arroja por encima, ése es el momento clave que marca el pistoletazo de salida y el momento en que la cordura se transforma por arte de magia en locura. Es uno de esos momentos que al menos hay que vivir una vez en la vida, que no te puedes perder si te gusta el rock en estado puro y con mayúsculas. La intro de “Desolation”, con un Chris Adler pletórico y feliz (pienso que la colaboración con Megadeth le está viniendo como anillo al dedo, al fin y al cabo no podemos olvidar que la banda de Mustaine es uno de sus grupos favoritos desde niño), transmite entrega y profesionalidad, logrando poner patas arriba a todo un señor Hellfest. Es por eso que no entiendo como todavía hay personas que se atreven a meterse o tan siquiera a dar consejos a músicos como Randy Blythe, Mark Moton o a los hermanos Adler, ¿les habrán visto alguna vez en directo?, ¿conocen de verdad cómo se las gasta este quinteto cuando se suben a un escenario?, ¿habrán escuchado con un mínimo de rigor y detalle alguno de sus discos? Mucho me temo que las respuestas a todas estas preguntas serían negativas, o simplemente estarían distorsionadas por tipos subjetivos y por qué no decirlo; “ridículos”. Éstas son las típicas personas que no dan nunca su brazo a torcer, que se creen conocedoras de la verdad absoluta (curiosamente éstos son los mismos que nos critican a nosotros por ser subjetivos, cuando no se puede actuar de otra forma en una crítica), pero es que una cosa es que una crónica sea subjetiva y otra muy diferente negar que dos más dos son cuatro.

“Ghost Walking”, single que también se incluía en su último trabajo editado hasta la fecha, “Resolution” (2012), fue la segunda en dejarse escuchar entre los viñedos de la Bretaña francesa, haciendo exprimir hasta la última gota de sudor de nuestros cuerpos. “Ghost Walking” es un tema con mucho groove y con mucha fuerza, y así se percibe en directo, logrando sonar realmente impresionante gracias a los malabares que hace Campbell sobre su bajo totalmente distorsionado. Un músico que me sorprendió mucho, y para bien, fue Willie Adler… Hasta ahora siempre que lo había visto en directo me había pasado totalmente inadvertido o al menos yo no le había prestado demasiado caso; pero es que en el Hellfest le he visto como un devora-escenarios, manejando su signature con una habilidad pasmosa y defendiéndose como gato panza arriba de los continuos ataques que dispara desde el lado contrario del escenario su socio Mark Morton. Las guitarras sonaron increíblemente bien durante todo el concierto, con un sonido perfecto y a un volumen brutal tal y como pudimos comprobar con el último adelanto de su futuro álbum (VII)… “512” no es tan llamativa, o al menos pegadiza como “Still Echoes”, que más tarde también se dejaría ver por el repertorio de los de Virginia, alcanzando uno de los momentos más álgidos de la tarde, pero es que “512” sí que cayó en gracia y fue muy coreada entre los asistentes al festival, que no se quisieron perder una de las mejores actuaciones de la jornada del viernes.

El primer clásico llegaba como agua bendita procedente del infierno tras una breve introducción por parte de Randy Blythe. “Walk With Me In Hell” del álbum que marcó un antes y un después en cuanto a la popularidad de la banda, “Sacrament” (2006), muestra la calidad y calidez con la que trabaja esta banda los directos, te podrán gustar más o menos, pero lo que es innegable que este tema es una jodida maravilla. Lo mismo ocurre con “Set To Fail” de su injustamente criticado “Warth” (2009), donde Chris Adler muestra su mejor mano y su increíble pericia tras su batería rodeada de enormes amplificadores. “Ruin”, que abría su fantástico “As The Palaces Burn” (2003), hizo las delicias de los seguidores más clásicos, ya que era tan querida como a la vez esperada por los mismos. “Hourglass” de “Ashes Of The Weak” (2004) fue una de las que más me gustó, nunca la había escuchado en directo hasta entonces y he de reconocer que me dejó encantado, con un Blythe dejándose la voz en cada uno de los envites de su pegadizo estribillo. “Redneck”y “Laid To Rest” no dieron lugar para el descanso, fueron otras de las más aclamadas, con un Willie Adler implacable en la ejecución de sus solos, moviendo sus largos y finos dedos a mil por hora por el mástil de su ESP.

Sin duda, Lamb Of God dieron uno de los mejores conciertos del Hellfest 2015, con un repertorio lleno de grandes éxitos, porque aunque haya gente que no lo quiera ver, “Still Echoes” ya es todo un clásico.

© 2015 Lord Of Metal 
Fotos por © OZIRITH

Crítica: Lindemann "Skills In Pills"

Si esta crítica logra que todos esos jovencitos defensores de la libertad de expresión -irónica y paradójicamente- dejen de seguirnos en alguna red social o se enfaden con nosotros ya me doy por satisfecho por dos motivos; se quedarán con esta crítica y no con la del resto de webs en las cuales todo es "chachi" y demostrará que la tolerancia debe aplicarse en todo ámbito y esta crítica es tan sólo mi opinión porque, como decía Oscar Wilde; "la crítica está por encima de la razón, la sinceridad y la imparcialidad, es necesariamente subjetiva". Y no puedo ser menos que subjetivo con un grupo como Rammstein que descubrí en 1997 con "Sehnsucht" gracias a David Lynch (debido a la banda sonora de "Lost Highway", todo hay que decirlo) y es por eso que cuatro años más tarde estuve en la gira de presentación de "Mutter" cuando los alemanes literalmente quemaron la Sala Macumba de Madrid y sus roadies se encargaban de repartir pases backstage a todas las chicas de la sala para una fiesta "sólo para hembras" después del concierto. Para mí, lo que vino después de "Mutter" fue un chiste de mal gusto (del que tan sólo salvo "Reise, Reise" del 2004), Rammstein irónicamente comenzaron a ser más populares que nunca y, aunque seguían componiendo singles que funcionaban, habían perdido la magia. Pero, ¿por qué un chiste? No puedo tomarme en serio, ni tampoco en broma porque carece de gracia, a un grupo alemán de metal industrial capaz de grabar una ranchera absurda como "Te Quiero Puta!" de su "Rosenrot"  (2005) o componer una mierda como "Pussy" de "Liebe ist für alle da" (2009), ¿saben por qué lo hicieron? Porque ellos mismos fueron conscientes de lo fácil que era contentar a su nuevo público y pasaron de ser un "rara avis" del panorama metálico, los "alemanes industriales y la pirotecnia" y terminaron mutando en un grupo pueril y sin fondo en busca de público mayoritario que fuese fácil de satisfacer y no pidiese demasiado. No dudo de que "Pussy" sea divertida en directo (es más, me ha tocado vivirla en dos ocasiones) o que no me ría con el lado macabro y retorcido de "Mein Teil" pero escucho "Sehnsucht" y la diferencia es tan grande que me hace despreciar todo lo que ha venido después. A mí no me escandaliza la sexualidad más oscura, retorcida o supuestamente bajuna con la que Lindemann parece disfrutar a tenor de las letras y títulos de su primer paso en solitario, este "Skills In Pills" y sus constantes referencia al sexo, los ladyboys o la lluvia dorada, puedo llegar a entender todo este tipo de gustos y prácticas. No me río con sus ripios fáciles ("I like to fuck, but no french letter. Without a condom, the sex is better") y su burda apología, ironía sobre el sexo sin protección o crítica a toda esa gente que tiene hijos de manera irresponsable para traerlos a este mundo, no entiendo su asociación con un músico serio como Peter Tägtgren y su papel aquí (por mucho que toque todos los instrumentos y produzca el álbum), tampoco entiendo por qué romper con una de sus grandes señas de identidad que era cantar en alemán y ahora hacerlo con un acento tan inglés como el chucrut o una estética tan pobre y forzada para provocar e impactar supongo que en un público adolescente o veinteañero; el artwork de "Skills In Pills" es un desastre digitalmente hablando (cualquier estudiante con un mínimo de pericia en Photoshop habría sido capaz de casar las luces, sombras, texturas y perspectivas con más atino) y, por último, el video de "Praise Abort" es un desastre estético con el que siento auténtica vergüenza ajena cuando veo a Lindemann vestido de blanco; con capa y sombrero, haciendo mal el "moonwalk" de Jackson en un tema que se me hace eterno. Sólo esto ya son motivos suficientes para defenestrar el disco pero las canciones tienen lo suyo…

"Skills In Pills" es quizá un buen comienzo, la guitarra y sus armónicos no son típicos de Rammstein pero sí el riff aunque bastante más acelerado, la voz de Lindemann no está demasiado alta en la mezcla y está filtrada con efectos con lo que tampoco se aprecia su horroroso acento, la coral con la que se abre y le acompaña en el estribillo es evocadora de tiempos antiguos de los alemanes y, en general, cumple su función a la perfección abriendo de manera explosiva pero el desaguisado comienza pronto con "Ladyboy" y una letra sonrojante como pocas y no por su temática (en la cual, Lindemann, da forma a una oda sobre su amor a estos curiosos, y habitualmente asiáticos, travestis cosificándoles y declarando que "arde en deseos por sus pollas y agujeros", no lo digo yo, lo dice él en la canción) sino por sus escasos recursos, su patéticas rimas y lo obvio de la temática. Musicalmente es simple como un botijo y en ella no hay nada original que nos sorprenda y no hayamos escuchado hasta la saciedad en la discografía de su grupo. "Fat" suena épica por su tempo, sus arreglos de cuerda y coros pero la canción es un horror aunque presuma de mejor gusto que la anterior. En "Fish On" tirará del techno y es la que más nos recuerda a los primeros Rammstein aunque nos encontremos, de nuevo, al Lindemann más chusco y vulgar, ése que va a cazar mujeres por la noche; "Catching ladies is my delight so I go fishing by shiny night" y vuelvo a hacer hincapié en lo mismo; no me escandaliza, tan sólo me aburre y deprime por lo poco que me pide como oyente y saber que Lindemann espera tan poco de su público que cree poder cautivarnos con canciones tan mediocres como éstas.

"Children Of The Sun" es puro Rammstein, interesante pero, como al resto del disco, sigo sin verle el sentido, no entiendo por qué elaborar un disco en solitario que suena como una copia de tu propia banda si no es por disputas internas con tus compañeros. La canción, por lo demás, es bastante corriente; no tiene un riff memorable, ni un ritmo trepidante, ni un estribillo explosivo y la letra es más de lo mismo. Pero llegamos al momento menos creíble y petardo de "Skills In Pills", la acústica "Home Sweet Home" en la que no sentimos absolutamente nada, para ser una balada carece de emoción y, por eso, suspende. "Cowboy" es el típico desbarajuste con aroma a techno ruso (no bromeo, su introducción suena a lo que podríamos escuchar en una discoteca soviética a altas horas de la madrugada) y la única novedad es la inclusión de un banjo tocado por Jonas Kjellgren, en ella Lindemann nos deleitará con una descripción ramplona del estereotipo del vaquero macho que consigue a todas las chicas, no siente dolor alguno, tiene una gran polla y monta grandes caballos (escrito tal cual en la canción). 

¿Hay algo peor que dedicarle una canción a la lluvia dorada? Sí, hacerlo de una manera tan tristona con una base musical tan mala, un estribillo tan ridículo y unos recursos poéticos tan manidos. ¿Cuántas veces tendremos que escuchar o leer una imagen tan sobada como es la de comparar una vulva con una flor o hablar del pis como si fuese champán? Sencillamente deprimente por lo obvio, lo forzado de incluir esta perversión dentro del catálogo de "Skills In Pills" y el concepto que puede llegar a tener Lindemann de nuestra exigencia a la hora de malgastar cuatro minutos escuchando semejante nadería. La melodramática "Yukon" es sencillamente infumable; "You hate the sun but rain is nice. You love the snow but you are afraid of ice" como ridículo el single "Praise Abort" cuyo sonido es imponente pero, como canción, es un horror en sí misma y, por mucho que me rompa la cabeza, no consigo ver en ella la crítica social, no me hace gracia, no me sorprende, no me entretiene y me siento completamente gilipollas escuchándola, como supongo que le pasará a mucha gente cuando escucha ese estribillo tan infantilón y esa letra que no da para más y sonroja por lo idiota que resulta. Cuando llega "That's My Heart" hemos sufrido muerte por empacho de Lindemann y nos percatamos de que, aparte de un horrendo escritor ("your heart is a diamond…") como cantante es aún más limitado de lo que nos podíamos suponer y cuando abandona su rango de barítono es incapaz de mantener correctamente la afinación o sonar creíble.

En definitiva, no me extraña que Rammstein estén en punto muerto y parezcan tener fecha de caducidad, que Kruspe haya hecho alguna que otra alarmante declaración sobre el grupo y su único interés económico, que Lindemann grabe un disco en solitario que suene como Rammtein pero sin el gusto de los primeros discos de éstos y que cada vez les cueste más grabar un álbum y se apoyen en la pirotecnia pero no los fuegos y bengalas que usan en directo, sino ésa otra con la que pretenden llamar la atención y alejar nuestra mirada de lo que de verdad importa como son las grandes canciones, esas que llevan sin escribir muchos años. "Te gustará si te gusta Rammstein", error; "te gustará si te gusta la caricatura en la que se han convertido los alemanes en sus últimos discos y te conformas con poco". Para niños o consumidores de música como comida basura; sacia hasta cargar pero ni alimenta ni se disfruta y se digiere bastante mal.


© 2015 Donnie Darko

Crítica: The Darkness "Last Of Our Kind"

Todos nos hacemos mayores pero si alguien me hubiese dicho que The Darkness dejarían de ser un grupo divertido para tomarse su propia propuesta en serio me habría descolocado como al que más y no lo habría terminado de entender sino fuese por todo ese tipo de tópicos que todo crítico ha de escribir, por lo menos, media centena de veces cada mes; han madurado y es un disco de varias escuchas. Pero con The Darkness me cuesta asumirlo especialmente porque siempre les he tenido mucho cariño desde que pudiese verles, por primera vez, en su primera gira. Y no, no se trata de la típica crítica en la que yo estaba antes que vosotros y por ello todo lo que digo está escrito en piedra y los seguidores más veteranos tenemos la razón ante el resto porque el grupo de Justin Hawkins es todavía demasiado joven como para presumir de galones en sus filas y haber tenido una carrera tan accidentada. Vayamos poco a poco para intentar entender este "Last Of Our Kind". "Permission to Land" (2003) fue vapuleado por toda la crítica especializada; esa con tan poco sentido del humor y tan cerrada de miras que fue incapaz de digerir la excesiva propuesta del grupo y aseguraban que eran un "hype" mientras  los músicos colgaban el cartel de "todo vendido" en cada actuación y Justin reinaba por todo lo alto con sus monos, su histrionismo y sus imponentes falsetes. "One Way Ticket to Hell... and Back" (2005) redondeaba su propuesta y, aunque lógicamente menos resultón que el anterior, contenía grandes canciones pero, claro, también fue vapuleado por la crítica que, de nuevo, no veía con buenos ojos al grupo y, sin embargo, ahora ensalzaba "Permission to Land", el mundo es complicado cuando uno no ve más allá del teclado en el que escribe… Pero es cierto que "One Way Ticket to Hell... and Back" supuso un buen fiasco para el grupo en cuanto a ventas y respuesta de su público. Eso sumado a las adicciones de Justin y las lógicas tensiones internas acabaron con su salida y proyectos como Stone Gods o Hot Legs. Y, cuando ya creíamos que The Darkness habían muerto, firmaron un disco como "Hot Cakes" (2011) que, por mucho que disguste a algunos, es un regreso por la puerta grande y quizá, sólo quizá, sea su disco más sólido y equilibrado hasta el momento y con permiso, nunca mejor dicho, de "Permission To Land" y sus maravillosos singles o la innecesaria versión de Radiohead. ¿Y la gira de "Hot Cakes"? Pues una maravilla, en plena forma y dejándose la piel en el escenario, como siempre.

Y ahora llega  "Last Of Our Kind" con uno sonido auténticamente imponente, responsabilidad de Dan Hawkins y la grabación en su propio estudio casero en Irlanda pero sin esa chispa propia del grupo. Mientras en "Hot Cakes" sonaban tórridos y lúbricos con canciones redondas, en "Last Of Our Kind" suenan más… ¿adultos, serios, sobrios? "Barbarians" abre de manera brutal el álbum, es la típica canción que, quizá por temática, nunca esperarías en The Darkness pero ahí están sus riffs, la batería de estadio y el estribillo con Hawkins subiendo a notas imposibles, como siempre, pero que ésta sea la más divertida del disco dice mucho de él. En "Open Fire", quizá una de las más redondas, puro hard rock, cuesta reconocer la voz de Justin en un tono tan grave pero le sienta igualmente bien y la canción es pura dinamita aunque en vez de Dan Hawkins me imagine a Billy Duffy con su Gretsch Falcon en mitad de la gira del "Love" (1985) de The Cult. Aún así, el estribillo es demasiado brillante para Ian Astbury aunque Hawkins rasque sus cuerdas vocales y suene bronco justo antes de volver a su clásico falsete. 

"Last of Our Kind" es un cohete, tan exagerada como que a uno no le cuesta en absoluto imaginársela en concierto entre un mar de brazos y palmas, Justin vuelve a subir y subir y subir y todo en ella encaja, desde la estrofa al estribillo, todo perfectamente equilibrado para convertirse en un himno. Hasta aquí todo correcto en cuanto a su propia marca (con algún que otro momento como la mencionada "Open Fire" en la que parece que escuchemos a unos Stone Gods pero inspirados, claro) pero llega una salvajada como "Roaring Waters" y nos divide; sus guitarras son francamente estupendas, el riff y las solistas son puro rock n' roll pero el estribillo no acaba de despegar al más puro estilo The Darkness; es bueno y el puente es brutal pero cuando lo escucho no tiro el ordenador y me pongo a hacer "air guitar", no cae confeti del techo de mi salón y no me entran ganas de montar un tigre albino marcando paquete embutido en un mono con lentejuelas y una Gibson del 59 rugiendo a través de un plexi con las válvulas crepitantes de calentitas; cosas que pienso pero, por desgracia, siento…

"Wheels of the Machine" es la balada errónea situada en la posición equivocada, no voy a citar a Nick Hornby pero a nadie se le ocurriría situar la balada del disco en el quinto lugar de tu nuevo álbum. Pero amo a The Darkness y, claro, media docena de escuchas después le encuentro su puntito a los falsetes y dobles voces de Justin. "Mighty Wings" es quizá lo más complejo que han grabado en su carrera pero esto no quiere decir que sea buena necesariamente, es una canción entretenida pero siento decirlo; no es lo que espero de The Darkness ni resulta ser una exhibición de lo que pueden llegar a ser porque la gracia de ser ellos mismos era, simplemente, tener esa chispa y frescura, en el estribillo escucho a Queen pero nada que me haga querer volver a querer escucharla una y otra vez.

Algo muy distinto a lo que me ocurre con el trío formado por "Mudslide", "Sarah O'Sarah" y "Hammer & Tongs". "Mudslide" es de lo mejorcito del disco junto a la supuesta primera cara y sí; sus guitarras me gustan muchísimo. "Sarah O'Sarah" es puro setentas, un medio tiempo bonito y resultón, con un estribillo que entra al galope aunque no termine de cuajar como debería mientras que la simpática "Hammer & Tongs" sí consigue hacérnoslo pasar bien aunque sin estridencias, tampoco vayamos a exagerar. Se agradece el cambio de "Conquerors" con el entrañable Frankie Poullain queriendo sonar en las notas altas como Justin (algo imposible) pero cerrando el disco de manera más que digna y de manera bonita, muy bonita.

Resumiendo; un disco que suena como pocos, con diez canciones de las cuales, al menos siete, son buenos temas y enganchan con cada escucha pero, por desgracia, menos sólido que "Hot Cakes" y, por supuesto, menos divertido que "Permission to Land" y "One Way Ticket to Hell... and Back" aunque siga siendo infinitamente mejor que el resto de álbumes publicados en lo que va de año. The Darkness aprueban con nota a pesar de que "Last Of Our Kind" no deje de parecer un disco de transición.

© 2015 Jim Tonic

Concierto: Flamin Groovies (Madrid) 11.06.2015

A menudo suele ocurrir que lo más grande, lo realmente grande, suele gestarse en lugares y ámbitos pequeños. He visto cientos de grupos en directo, en salas pequeñas y en estadios; la gran mayoría de artistas que vi despuntar en bares rara vez dieron el salto a las grandes ligas pero encontré gran satisfacción en aquellos que así lo hicieron y pude ser testigo de ese crecimiento aún cuando el tiempo, poco después, les colocó de nuevo en su sitio. En el caso de los Flamin Groovies, quizá una de las mejores bandas de rock 'n' roll con mayúsculas de todos los tiempos; no ocurrió ni una cosa ni la otra. Nunca dieron el verdadero salto y dejaron de ser pequeños para ser grandes ni tampoco  el tiempo ha colocado en su sitio, merecido o no. Los Groovies son auténticos obreros del rock, aquellos que lo supieron fusionar de manera natural con el blues, reinventándolo y garajeándolo (permítanme el palabro) para susto de sus mismísimas satánicas majestades, aquellos que publicaron discos históricos, nunca han dado el salto a la realeza y, sin embargo, pasarán a los libros del género y se codearán con Jagger y Richards de la mano, los groovies juegan en otra liga al margen de todo. Pero siempre me ha causado cierta tristeza ver cómo algunos de los más grandes (Wilko Johnson, por ejemplo, quién recientemente ha visitado nuestro país) son supuestamente ninguneados e ignorados por los medios de mayor difusión y deben aceptar la triste realidad, cargar con sus propios amplificadores sobre el escenario y derrochar ilusión ante unos pocos, dormir en el autobús y girar una y otra vez pero, por otro lado; ¿estamos seguros de que músicos tan puros, honestos y entregados serían mucho más felices si llegasen en limusina a cada fecha de una interminable gira mundial y sus canciones fuesen coreadas por todos los chavales? ¿Cuántas veces hemos escuchado aquello de que hay más lágrimas derramadas por las plegarias concedidas que por las no atendidas? ¿Que la gran tragedia de la vida no es no conseguir lo que uno más desea sino conseguirlo?¿Por que les queremos tan mal, entonces? Ni Santa Teresa ni Oscar Wilde, Jagger; "no siempre puedes conseguir lo que deseas pero si lo intentas, a veces consigues lo que necesitas". El éxito masivo no siempre es bueno, no siempre produce felicidad y no creo que el entrañable Cyril y Chris, George o Victor fuesen a ser mucho más felices sobre un escenario si, en vez de llenar hasta los topes una sala pequeña en Madrid, abarrotasen un estadio lleno de hinchables, pantallas en alta definición, cañones y salvas, confeti o fuegos artificiales. Cyril cargó su legendaria guitarra Ampeg Dan Armstrong de Plexiglas con toda la normalidad del mundo, paseando tranquilamente, ignorando su propia leyenda y la de ese instrumento y su peso fundamental en la historia del rock, como un fontanero que lleva una llave inglesa o un carpintero su martillo. Cyril desenfundó, afinó y se largó para, poco más tarde, volver al escenario con el resto de los groovies; George, Chris y Victor. Miles Davis no fue cool, Cyril Jordan es cool.

Lo que se nos vino encima a continuación fue un curso avanzado de buen gusto, ganas, esfuerzo y entrega en Madrid; "Feel A Whole Lot Better" abría la noche de manera clásica, seguida de "You Tore Me Down", primeras sonrisas, euforia de los asistentes y Chris con su Telecaster celeste comienza a calentar, anuncian "I Can't Hide" y la sala entera se viene abajo, estamos viajando décadas atrás con cada golpe de Victor, George sigue el ritmo y "I Want You Bad" no ayuda a recuperar la calma. "Please Please Girl" y Cyril acude a las primeras filas bromeando pero ninguno de los groovies es consciente de la exagerada fascinación que despiertan en su público; ellos disfrutan tocando y sudando la camisa haciendo lo que mejor saben hacer, los allí presentes, sin embargo, estamos en una suerte de éxtasis que durará hora y media, como si estuviésemos en el Marquee. "Yes I Am", "Tallahassee Lassie" o "S.t Louis Blues" y vuelvo porque me toca a los Stones de la mano de "She Said Yeah" en la que todo terminó por descontrolarse y el techo de la sala voló en mil pedazos.

"Nunca os enganchéis con una mujer casada, a menos que sea la vuestra" advierte Chris (quien no parará en toda la noche y se dejará los dedos sobre las cuerdas) y disparan "Married Woman", el volumen parece que sube aún más, los ánimos se tensan; la felicidad se traduce en empujones, aplausos, chillidos, el que no saltó con "Between The Lines", se emocionó con "Slow Death" o berreó ese; "Now can't you hear me caaaaaaaaaaaaaaaaaaall?" para cantar hasta el fin del mundo el machacón estribillo; "Shake some action's what I need, to let me bust out at full speed. I'm sure that's all you need, to make it all right" fue porque estaba emocionado, pañuelo en mano, con el mágico fraseo de Cyril en su Ampeg mientras Greil Marcus lloraba de envidia por no estar en Madrid esa noche. 

"Soy un monstruo" cantan en la pantanosa "Teenage Head" y las guitarras suenan gordas, llenas de grano, fuzz y mala baba bluesy mientras Mick y Keith sufren desconsolados, en algún lugar del mundo, por no haberla compuesto ellos. "Jumpin' In The Nite", un mar de abrazos y una última concesión con un "Jumpin' Jack Flash" tan macarra, callejero, acelerado, crudo, urgente y sangrante que nos deja a todos con ganas de más. Una buena amiga mía dice que sabes cuando un artista de verdad te llega en un concierto porque al acabar, en mitad del subidón, compras de nuevo todos sus discos y camisetas; el pequeño y humilde puesto de merchandising de los groovies se vio literalmente asaltado y arrasado por todos aquellos que querían llevarse a casa un trocito de historia pero, no contentos con eso; Cyril, George y Chris salieron a conocer a su público y con infinita paciencia, amabilidad y cercanía firmaron, se hicieron fotos y charlaron con todo aquel que quiso acercarse. Conciertos así no se ven todos los días, artistas así es lo que nos faltan y no; no hay reemplazo para los grandes, confirmado.

© 2015 Jack Ermeister

Crítica: Florence + The Machine "How Big, How Blue, How Beautiful"

Tres semanas escuchando sin descanso este "How Big, How Blue, How Beautiful", no porque sea el mejor álbum de Florence sino porque es, en sí mismo y sin tener la necesidad de compararlo con "Lungs" (2009) o "Ceremonials" (2011), pura y llanamente; un gran disco, una pequeña maravilla que estalla desde "Ship To Wreck" a "Mother"/ "Hiding", atemporal en su sonido. Aquella que nos deslumbró con "Lungs" y dos años después repitió con un gran segundo disco (rompiendo por completo con aquel "Ceremonials" la célebre maldición del segundo paso en toda carrera musical) regresa más personal que nunca, tocando -quizá sin quererlo- la ansiada madurez de todo artista con las yemas de sus dedos. Fue precisamente el éxito de aquellos dos discos y sus constantes giras lo que supuestamente desestabilizó a Florence y la hizo caer en un espiral descendente con crisis nerviosa incluida que casi acaba con ella, por lo que tras la gira de aquel decidió darse un año sabático y trabajar con tranquilidad en las nuevas canciones, su discográfica no le puso problema alguno. Florence no encontraba estabilidad y, según ella; quizá ese sentimiento haya dejado poso en las nuevas canciones, convirtiéndose "How Big, How Blue, How Beautiful" en su disco más personal, si "Ceremonials" hablaba de escapar y llegar a trascender aunque fuese a través de la muerte, en su nuevo disco Florence admitirá, a través de sus textos, que no hay lugar donde marchar sino que la verdadera felicidad podría estár en encontrar las herramientas para vivir y amar en un lugar como este mundo; la tarea más difícil.

Sin embargo, pese a todo esto, sorprende lo claro que lo ha tenido a la hora de elegir los ingredientes para su tercer álbum, quizá mi favorito hasta la fecha. La elección de Markus Dravs en los mandos de la producción no es por casualidad; con el afamado productor de "Sigh No More" de Mumford And Sons, Florence no sólo encontrará el sonido orgánico y básico, que no simple, de éstos sino también lo compacto de un disco como "The Suburbs" de Arcade Fire y, lo más importante; los arreglos de una obra maestra como "Homogenic" (1997) de Björk porque en "How Big, How Blue, How Beautiful" suenan acústicas con extraordinaria claridad, líneas de bajo vibrantes y redondas pero también todo tipo de arreglos que embellecen el resultado final y pueblan las canciones de detalles conformando un disco trabajado y exuberante pero cuya escucha no sobrepasa y empacha al oyente. Sí, claro que sí; aquí están presentes el tono melodramático de siempre, la exageración y el gusto por el exceso de sobra conocido por cualquiera que haya escuchado a Florence, pero tamizado de manera sobria y elegante (como la portada, que podría pertenecer a cualquier disco publicado por Island Records en los ochenta).

Por ejemplo, "What Kind of Man" podría ser firmada por Adele pero lo que en una cansa por lo impostado de su carácter, en la canción de Florence las inflexiones en su voz antes del estribillo ("And with one kiss you inspired a fire of devotion that lasted 20 years, what kind of man loves like this") y esa guitarra de Robert Ackroyd rompiendo como si fuese la de Martin Gore (por cierto, Markus Dravs también trabajó con Depeche Mode; ¡oh, sorpresa!) y las palmas hacen del primer single de este "How Big, How Blue, How Beautiful" una maravilla llena de energia. Pero, ¿quién se pudo resistir a "Ship To Wreck" como segundo sencillo? Markus Dravs le dijo a Florence Welch que no escribiese ni una sola canción más sobre el agua y no deja de resultar irónico que justo el corte que abre el disco se descorche con "Don't touch the sleeping pills, they mess with my head, dredging the Great White Sharks, swimming in the bed" en los primeros versos. "Ship To Wreck" es tan vital que asusta a pesar de que en ella se narre el final de una relación y los lógicos reproches que uno mismo se suele lanzar; "And oh my love remind me, what was it that I said? I can't help but pull the earth around me, to make my bed and oh my love remind me, what was it that I did? Did I drink too much? Am I losing touch? Did I build this ship to wreck? To wreck, to wreck, to wreck, did I build this ship to wreck?" ¿Acaso bebió demasiado, acaso perdió algo de su toque, acaso contruyó aquella relación para hundirla como un barco? La canción es perfecta, sencillamente perfecta y el clímax de Welch cuando rompe su garganta y arrastra la vocal abierta en "to wreeeeeeeeeeeeeeeeck" es soberbio.

"How Big, How Blue, How Beautiful" pretende reclamar su parte del pastel, esa que han logrado otros artistas con mucho menos que decir e infinitamente menos talento pero cuando la escuchamos, a pesar de su apetitoso envoltorio, encontramos a una artista abriéndose; "Now there's a few things we have to burn, set our hearts ablaze and every city was a gift, and every skyline was like a kiss upon the lips and I was making you a wish in every skyline. How big, how blue, how beautiful" y la canción se despliega como un árbol en flor entre arreglos y una coda final que nos llevará, esta vez sí y de manera inequívoca, al "Homogenic" de la islandesa más famosa. "Queen Of Peace" es iresistible desde su ritmo a la voz de Welch y es que si algo confirma este álbum es la capacidad de Florence para crear magníficas melodías. "Queen Of Peace" se resuelve con un estribillo magnífico tras el que las trompetas se desatan; "Suddenly I'm overcome dissolving like the setting sun, like a boat into oblivion 'cause you're driving me away". "Various Storms & Saints" es su contrapunto perfecto, la calma tras la batería machacona de Lloyd Hayden y un verso que Welch dispara a bocajarro; "You sing it out loud, "who made us this way?" I know you're bleeding, but you'll be okay. Hold on to your heart, you'll keep it safe. Hold on to your heart, don't give it away" antes de atacar la recta final, doblarse su voz y subir la intensidad de los arreglos para confundirse con ella mientras la canción se desvanece con su garganta. En "Delilah" esperará a que su chico la llame e incluso beberá tan sólo por pasar el tiempo, y encontramos que el título de la canción no es por casualidad sino una referencia bíblica (no será la única, cuando no mitológica) cuando al final de la segunda estrofa canta; "Never knew I was a dancer 'Till Delilah showed me how". 

En "Long & Lost" se mostrará de nuevo vulnerable; "Without your love I'll be, so long and lost, are you missing me?" mientras Mark Saunders convierte la percusión en un cálido latido y la voz de Welch se torna en lamento gracias a su falsete; "Is it too late to come on home? Are all those bridges now old stone?Is it too late to come on home? Can the city forgive? I hear its sad song". "Caught" parece comenzar de manera más ligera hasta que prestamos atención a la letra y en ella encontramos a la chica enamorada; ésa que se vuelve para mirar a esa otra persona y le encuentra en cada libro que lee para, de nuevo, llegar a un estribillo delicioso; "And I'm caughtI forget all that I've been taught I can't keep calm, I can't keep still pulled apart against my will" en el que la tensión la llevará el bajo, en primer término, junto a la voz de Welch en varias pistas. "Third Eye"suaviza la carga de la segunda cara de "How Big, How Blue, How Beautiful" con pop lleno de buen gusto y todos sus ingredientes; de nuevo la voz de Welch doblada, palmas y Saunders en la percusión, palmas y los brillantes arreglos de Will Gregory bajo la producción de Dravs.

"St. Jude" ahonda en la desolación de una relación ya perdida; "Another conversation with no destination, another battle, never won and each side is a loser so who cares if I have grown? And I’m learning, so I’m leaving and even thought I’m grieving. I’m trying to find the meaning, let loss reveal it let loss reveal it. St. Jude, the patron saint of the lost causes. St. Jude, we were lost before she started. St. Jude, we lay in bed as she whipped around us. St. Jude, maybe I’ve always been more comfortable in chaos" en la que Florence Welch dejará de sonar como Tori Amos, PJ Harvey, Björk o una Adele con fondo y forma para hacerlo como Annie Lennox en solitario cuando entre verso y verso apenas toma aire y parece convertir el estribillo en un salmo.

"How Big, How Blue, How Beautiful" se cierra con "Mother" y en ella que se puede apreciar perfectamente el cambio de sonido ya que está producida por Paul Epworth y suena más cortante, más cruda, más directa y más colérica cuando estalla con violencia en el estribillo. Pero todavía queda una sorpresa más y es la escondida; "Hiding", que supone un auténtico regalo con el que esta vez sí, acabar el álbum de manera excitante y coherente con el sonido de las diez primeras canciones (sin olvidar que la edición especial contiene grandes temas como "Make Up Your Mind", con un ritmo adictivo, o "Which Witch" en la que nos deleita con una auténtica exhibición vocal). Tan excitante como pasional, inspirado y repleto de grandes momentos; si alguna vez un hombre tuvo de verdad curiosidad por saber en qué piensan ellas, quizá este álbum sea una magnífica oportunidad de pasar una hora en la cabeza de Florence Welch.

© 2015 Conde Draco