"Welcome To Hel" de HJELVIK, KVELERTAK heavymetalizados.

Erlend tenía ideas, aportaba y no solamente era la imagen más representativa de la banda sino también parte del cerebro de esta...

"Endless Twilight of Codependent Love" de SÓLSTAFIR.

Mágico, intenso y descorazonador al que hay que dedicar tiempo, pero cuyo retorno de inversión es superior a todas las lágrimas vertidas...

"ANTI-ICON" de GHOSTEMANE, entre la depresión, el nihilismo y el paso de Caronte.

Chirriante, caótico o inarmónico para muchos, sin embargo, es la mezcla casi perfecta…

Crítica: Vreid "Wild North West"

Mientras que para muchos, Vreid, siempre serán un buen grupo de black, para mí son la segunda parte de Windir, tras la muerte de Valfar. Lo cual no es bueno, pero tampoco necesariamente malo si, por lo menos, fuesen capaces de volver a grabar discos como "I Krig" (2007), "Milorg" (2009) o "V" (2011) pero, por desgracia, no es el caso. Su bajista, Hváll, insiste en que “Wild North West" es un disco conceptual (como algunos de los mencionados, algo en lo que Vreid ya tienen práctica) en el que, más allá de una historia concreta, se refleja el serpenteante camino de la vida de cada uno; con sus subidas y bajadas a los infiernos. Esto, que podría ser la llave para llegar a todos nosotros, sus oyentes, se queda en nada cuando, aunque estupendamente interpretadas, las piezas de “Wild North West" pasan una tras otra sin que nos lleguen al alma. Quizá lo peor es la pérdida de identidad cuando los noruegos pasan del black al thrash e incluso al hard, sin rubor para ellos (sí para los que los escuchamos) e incluso el coqueteo con sonoridades más propias de Tobias Forge, tal y como lo lees, así es.

La homónima, “Wild North West", posee misterio, oscuridad y resuena fría cuando Sture hace gorjear su garganta, la calma malsana de las guitarras es puro black aunque tome tintes del gaze e incluso de Tribulation, algo que me irrita porque amo a ambas bandas y no entiendo que Vreid recurran a este tipo de artimañas si lo que quieren es llegar a un público mayor. Me gusta también trémolo de “Wolves At Sea” y cómo evoluciona a puro black. “The Morning Red” ralentiza demasiado el álbum, volviéndolo todo un “interruptus”, para llegar a “Shadows Of Aurora” que posee más de thrash que de black, lo que ahora muchos denominan blackened thrash o thrash ‘n’ roll, una estupidez de etiqueta, todo hay que decirlo. “Spikes Of God” me gusta por lo siniestro de su melodía, suena pérfida, suena genial y la guitarras parecen oscurecerse aún más para Vreid, sonando como debería haber sonado todo el álbum. Y aquí es cuando llegamos al chiste, ese que parecían habernos adelantado en los coros de “The Morning Red”…

“Dazed And Reduced” es puro Ghost, no solamente las guitarras de la apertura sino el tratamiento de las voces y la melodía. El porqué Vreid recurren a esto es algo que se me escapa; más si pienso en Windir y la poca necesidad que tienen de ello, más si escucho la épica “Into The Mountains” y ese final de diez minutos que es “Shadowland”. Vreid han grabado un disco con algunas canciones realmente buenas, a un nivel instrumental estupendo pero que parece desnortado en su orden, en el que los descalabros son inexplicables y, peor aún, la dirección que plantean. ¿Quieren Vreid llegar a otro público, al de Tribulation o Ghost? ¿Qué significan las canciones que no tienen nada que ver con el corpus de “Wild North West"? Misterios que dejan más preguntas que respuestas, que bajan más la nota que subirla, que plantean un futuro incierto y dejan con la mosca detrás de la oreja.


© 2021 Lord Of Metal 

Crítica: Gojira "Fortitude"

Si escribo una crítica sobre el nuevo disco de Gojira y lo ensalzo, muchos sonreirán con satisfacción; es lo que esperan y desean, buscan la aprobación que el cuarteto francés lleva recibiendo años. Sin embargo, si escribo lo que siento -como sabes que haré- y aseguro que Gojira han entrado en punto muerto, muchos más serán los que juren y perjuren que no tengo ni idea, comparen la crítica de esta humilde web con otras escritas al peso y no quieren complicaciones con seguidores, promotores, pases o llevar la contraria a nadie. Si digo que los nuevos seguidores de Gojira son parte del problema, estos se enfadarán conmigo; ¿por qué escribes sobre la gente que los escucha? ¿por qué no les dejas en paz? Si cuento cómo me gusta "The Link" (2003) o disfruté de su gira de "The Way of All Flesh" (2008) en Suiza, pensarán que voy de trve, cuando nada más lejos de la realidad, simplemente pretendo situar al lector; no quiero venderte este disco, no tengo ningún interés en pasar gratis a sus conciertos, en quedar por encima de nadie, como el aceite, pero tampoco soy un advenedizo que haya llegado ayer. 

Gojira lo hicieron bien, muy bien, hasta "The Way of All Flesh" (2008) y he de reconocer que "L'Enfant Sauvage" (2012) me parece un gran disco aunque, a la postre, evidencia algunos de los males que estamos sufriendo en su música, situándoles en un callejón sin salida en el que tuvieron que elegir; ¿plata o plomo? ¿vender o death? Y, claro, Gojira eligieron el cambio, abandonando el death más técnico y abrazando nuevas sonoridades en un disco como “Magma” (2016) que, por mucho que te lo quieran contar así; no fue un éxito, ni de ventas, ni de crítica. Pero Gojira llegaron a un nuevo público y de las tres veces que volví a verlos en directo en aquella gira (honradamente, los de Bayona siguen poniendo toda la carne en el asador sobre las tablas), la última vez fue teloneando a Iron Maiden, con un público entusiasmado ante sus canciones. ¿Por qué no seguir entonces la misma estela?

Si eres de esos que orgasman con Tool, Crippled Black Phoenix, Sleep y mamonadas por el estilo (con todo el respeto, por supuesto, porque amo a esas bandas pero no vivo por ellas), y te gusta subir tus vinilos de colores a Instagram, entre disco de Monolord y Pallbearer, estoy segurísimo de que subirás “Fortitude” con un pie de foto repleto de hashtags, asegurando que “lo han vuelto a hacer”, “death-prog para gourmets” o, como he leído por ahí e intento olvidar, afirmando que hay cierta influencia de los Sepultura de “Roots” (1996) en este nuevo disco, cuando no es verdad nada de eso. Insisto, llevo desde "The Link" (2003) defendiendo a esta banda, admitir que llevan dos discos errados cuando, paradójicamente, todo el público parece comulgar con ellos, me duele y agota más que a ti.

Han pasado cinco años desde “Magma”, lo que me parece una eternidad para una banda como Gojira, marcando unos tiempos que no les competen por juventud y ganas de comerse el mundo, más cuando el resultado que tenemos es este. El adelanto veraniego que fue “Another World” se repite una barbaridad, el riff de Andreu es poco imaginativo y la canción peca de la simplicidad de “Magma”. Gojira hace tiempo que no componen una canción con ganas, compleja, a la altura técnica de la que son capaces y este adelanto me puso en sobre aviso. Pero, más aún, cuando tras un single ligeramente resultón como "Born for One Thing", descubro que este es la apertura del nuevo álbum y la secuencia de todo el disco parece errónea. "Born for One Thing" me gustó más porque, aunque no sea death técnico, es más aguerrida que “Another World”, en la cual Joe parece querer sonar como Troy Sanders, además era un poquito más compleja, no es una maravilla, pero era lo mejor que podía echarme a la boca.

Pobre de mí si hubiese sabido lo que me esperaba con “Fortitude”, tras "Born for One Thing", “Amazonia” y su guitarra como un didyeridú se supone que es el toque étnico que recorre el nuevo disco, lo cierto es que es una composición repetitiva en la que nada ocurre, muy alejada de lo que ellos son capaces pero si “Fortitude” parece morir tras "Born for One Thing", con dos canciones tan flojas como “Another World” y “Amazonia”, es “Hold On” la que resulta agotadora, desde el comienzo hasta su simplísimo solo, su poco trabajo en los riffs, incluso Mario suena desgastado.

Algo parecido a lo que me ocurre con “New Found” y la sensación de que Andreu se ha quedado sin recursos en la guitarra, resulta particularmente irritante el uso del pedal en el riff, me gusta lo épico del puente, pero queda diluido al no tener un gran estribillo. Los dos minutos de “Fortitude” son una burla, cuando pincho un disco de Gojira no quiero escuchar esto y tampoco su segunda parte, “The Chant”, ¿de verdad puede alguien verle el encanto a que los hermanos Duplantier interpretan esta canción en directo tras “Flying Whales”, por ejemplo? “Sphinx” recupera algo de tensión y, personalmente, lo agradezco, aunque no aporte nada en absoluto. La broma prosigue con la tediosa “The Trails” y Duplantier susurrando o Andreu repitiendo el mismo efecto de “New Found” en “Grind”, siendo “Into The Storm” la única que puedo salvar de la quema o el trabajo de Mario en “Grind”, más allá de eso, siento que “Fortitude” está aún menos inspirado que “Magma”. Recuerdo que hace ya unos años, coincidí con ellos en la zona de prensa del Hellfest. Son encantadores y accesibles, me acerqué a Joe y le pedí que estampase su firma en “Magma”, se sorprendió porque había salido hace muy poco y aseguraba ser una de las primeras copias que autografiaba. Me preguntó: "¿Lo has escuchado, te ha gustado?" Respondí con honestidad, sé que le chocó, pero lo dije con educación y me entendió; “prefiero "L'Enfant Sauvage" o “The Link”..." Cinco años más tarde, me reafirmo; si has llegado ahora mismo o hace un par de años, “Fortitude” es tu disco, si amabas a Gojira, lo seguirás haciendo, pero no por sus nuevas canciones.

© 2021 J.Cano.

Crítica: Bodom After Midnight "Paint The Sky With Blood"

Resulta difícil escribir la crítica de este EP por el motivo obvio; Alexi ya no está con nosotros. Por un lado, no soy amigo de escribir sobre EPs, singles o splits, ya que no suelen reflejar el estado de la banda sino poco más que unas pocas canciones que, en el mejor de los casos, siempre mejoran en el conjunto de un álbum y, si es una colaboración, no son significativas de lo que los artistas son capaces de lograr. A mi cabeza llegan algunos splits que sí que han supuesto algo importante, como Blut Aus Nord, Full Of Hell o, mi favorito y auténtico Santo Grial del coleccionismo, la colaboración de Xasthur con Leviathan publicada en Profound Lore Records. Y tampoco puedo obviar el hecho de que, si Alexi siguiese en este mundo, seguramente, no habría escrito sobre "Paint The Sky With Blood". Además, he de ser plenamente honesto contigo, que lees esta crítica, el fallecimiento del guitarrista y compositor cambia por completo la percepción de estas canciones, me explico; si Bodom After Midnight estuviesen en su camino para publicar su primer álbum, este EP sería un pequeño alegato y tendrían que demostrar todo lo que son capaces tras la desaparición de Children Of Bodom. Por el otro lado, al haber desaparecido Alexi, este EP se convierte en el testamento de una brillante carrera en el metal. Resumiendo, son las mismas canciones, pero no son la introducción de una nueva banda, sino la despedida de un grandísimo músico que ha logrado incluir su nombre en el panteón del metal extremo y, por consiguiente, en la historia de la música. Respeto, respeto y respeto, por Alexi y los buenos momentos que nos ha traído él y su genio.

También resulta difícil porque en mi cabeza se agolpan todos esos dulces momentos; la primera vez que los vi en directo, la última, la decena de actuaciones entre medias, haberlos podido disfrutar en persona, haber comprado sus discos y haberlos escuchado incluso cuando muchos seguidores les dieron la espalda por haber cambiado (“Are You Dead Yet?”, 2005) y ese resurgimiento con "Halo Of Blood" (2013) con una gira estupenda que, por suerte, no sería la última que pude ver de la banda. Alexi era un músico inquieto, genial con la guitarra pero enorme en sus influencias, imposible pedirle que se estuviese quieto, imposible pedirle que grabase una y otra vez "Follow the Reaper" (2000) o "Hate Crew Deathroll" (2003) porque, creativamente, estaba vivo y sentía que tenía que seguir avanzando, a veces acertando, otras no tanto, despidiéndose con un disco como “Hexed” (2019), incomprendido por muchos, pero disfrutado plenamente por este, que escribe esta humilde crítica. 

Formado por Daniel Freyberg, Waltteri Väyrynen, Mitja Toivonen, Vili Itäpelto y el propio Alexi, Bodom After Midnight publican "Paint The Sky With Blood" que consiste en dos canciones originales, la homónima “Paint The Sky With Blood”, “Payback’s A Bitch” y la versión de los míticos Dissection, “Where Dead Angels Lie”. La primera muestra todos los signos de identidad de Children Of Bodom pero más aguerridos, como si Alexi quisiese dejar claro que la experimentación del último disco con aquellos ha dado paso al puro y duro death metal melódico en el que tan bien se desenvolvía. La canción, lógicamente, suena de escándalo; con Laiho haciendo lo que mejor sabe y Freyberg aportando el colchón sobre el que él desplegar toda su pirotecnia, además conviene señala que Itäpelto hace las veces de Janne Wirman. Un riff principal que recuerda a Metallica y una parte central o puente con sabor neoclásico a la que sucede un desarrollo aéreo de Wildchild. "Payback's A Bitch" es otro pequeño monstruo, suena más brutal gracias a un riff hipermusculado y, cuando Väyrynen entra como un elefante, la canción gana en encanto thrashy, tanto como su segunda parte, cuando es death metal sin complejos, mostrando el estupendo estado de salud musical del guitarrista y su banda.

La sorpresa es la versión de Dissection, "Where Dead Angels Lie", del enorme "Storm of the Light's Bane" (1995). Es cierto que las versiones eran algo conocido en el mundo de Bodom, pero casi siempre eran clásicos del rock, del hard e incluso del pop, nada tan oscuro y gélido como el clásico de Jon Nödtveidt. Alexi la resuelve con auténtica maestría, suena oscurísima y fría, suena magistral, atemporal y con gusto. No podría haberle pedido más a Laiho en un EP que se queda corto, que resulta insuficiente para adivinar cómo habría sido el resto de un álbum que jamás podremos escuchar y eso es lo que duele, todo lo que él y nosotros nos hemos perdido. Querido Alexi, ojalá hayas encontrado la paz que aquí no supiste disfrutar. Gracias por todo, amigo.

© 2021 Blogofenia

Crítica: Cannibal Corpse "Violence Unimagined"

El primer disco que escuché de Cannibal Corpse fue “The Bleeding” (1994) y todavía recuerdo a chavales con la camiseta de “Vile” (1996), luciéndola orgullosos en el instituto. Y escribo esto para entender lo que la banda de death metal por antonomasia (que me disculpen Autopsy, Death, Possessed, Morbid Angel, Immolation u Obituary entre otros mil) significa para mí, tras tantos años de locura, treinta y tres de carrera y quince discos. A la banda se ha unido el mítico Erik Rutan (quien no sólo aporta sus guitarras sino también su arte tras los mandos, logrando que el álbum suene tan potente como repleto de matices, siendo el disco que mejor suena, quizá, desde “Kill”, 2006), sustituyendo a Pat O'Brien y, aunque "Violence Unimagined" (2021) no sea la cuadratura del círculo y no vaya a lograr que crezca su base de seguidores, si lo tuyo es el buen death metal, interpretado por músicos profesionales a un altísimo nivel (sí, dejémonos de tonterías, Cannibal son grandes), además del consabido “buen gusto” para las letras, "Violence Unimagined" es uno de los lanzamientos del año.

 

"Murderous Rampage" es un comienzo brillante, atípico para Cannibal, con George dejándose la garganta, sonando mejor que nunca y, creedme, no son palabras gratuitas; le considero uno de los mejores vocalistas del metal, en un estado magnífico. En “Necrogenic Resurrection’s” nos encontramos a Rob Barrett y Rutan escupiendo riffs tan cortantes como la leyenda de la banda, los también míticos Alex Webster y Paul Mazurkiewicz suenan tan exactos como un reloj suizo, conformando una solidísima base rítmica. Además, hay una parte en que Barrett y Rutan parecen ir a destiempo; a un tempo más lento, pero entrando y saliendo hasta que llega el momento del solo y George parece que nos devora las tripas. No es casualidad que jueguen así con las guitarras, “Inhumane Harvest” recuerda a la época de “The Bleeding”, como también me gusta la progresión de acordes en “Condemnation Contagion” y parecen electrocutarnos con los armónicos. "Surround, Kill, Devour" es tan cruda y directa, tan gruesa en su riff que nos deja descanso, además me parece brillante cómo ponen la directa tras estrofas más lentas. 

 


"Ritual Annihilation" es una exhibición de Mazurkiewicz, por el que el tiempo parece no pasar, sin olvidarnos de George "Corpsegrinder" Fisher y esa voz que parece que fuese a romperse en cualquier momento, entre vibrantes graves. Otra de las grandes canciones del álbum es “Follow the Blood”, con tanto groove y mala leche como para justificar la compra de "Violence Unimagined". "Bound and Burned" y "Cerements of the Flayed" son buenas canciones y es innegable el esfuerzo melódico de la banda, pero desmerecen un poco el conjunto, como tampoco puedo decir gran cosa de una composición tan discreta como “Slowly Sawn”, no es horrenda, pero tampoco memorable, simplemente olvidable. Todo lo contrario que “Slowly Sawn”, quizá no su mejor canción, pero un auténtico torbellino de dos minutos y medio que, aunque no pretenda solventar la segunda mitad del álbum, deja un gran sabor de boca.

 

Criticar a Cannibal Corpse debería estar penado, puede que "Violence Unimagined” incluya algunas canciones menores, sobre todo en su recta final, pero escucharlo es un auténtico placer. Rutan esta magnífico y me alegro por la oportunidad que esto significa para él, Webster y Mazurkiewicz soberbios, Barrett en su punto justo y George "Corpsegrinder" Fisher tan enorme como siempre, incluso más. No es un disco sobresaliente, pero sigue siendo magnífico el reencuentro y la ejecución. Si los criticas, no eres digno de su música…


© 2021 Lord Of Metal

Crítica: While She Sleeps "Sleeps Society"

Recuerdo con claridad meridiana una noche, hace ya casi siete años, en un autobús justo antes de volar a Barcelona, en la que tuve un momento de clarividencia escuchando ‘’Trophies of Violence’’, el último single que acababa de soltar al mundo un grupo llamado While She Sleeps, del que sabía poco pero que acogí con los brazos abiertos y con la ilusión del que recibe una bocanada de aire fresco en pleno desierto. Por aquel entonces, los chicos de Sheffield ya llevaban más de ocho años luchando por hacerse un hueco en el mundo de la música. ‘’The North Stands for Nothing’’ (2011) era crudo, pesado, la voz de Loz Taylor se te encajaba hasta las entrañas y sus guitarras eran lo suficientemente errantes y desordenadas como para seducir a todo nuevo pasajero que decidiera darles una oportunidad a estos cinco veinteañeros que sangraban cada nota que tocaban. 

En 2012, de la angustia descarnada, la desesperación de una generación con terror al futuro, nació su primer álbum de estudio, ‘’This Is The Six’’ (2012) y su grito de auxilio marcó un antes y un después para ellos. Ese mismo año, el festival Kerrang! Relentless Energy Drink Tour los llevó por todo Reino Unido junto a SUM 41 y New Found Glory, dándose a conocer así en el país y descubriéndose como una de las bandas más prometedoras dentro de la escena. 

La rebeldía, las ganas de romper moldes, de hacerse oír, de mandar un mensaje esperanzador a todo aquel que los escuchara hizo de ‘’Brainwashed’’ (2015) su gran obra. Aquella en la que echaron el resto, se dejaron la piel, el alma, y se vaciaron tanto que nunca más volvería a ser lo mismo… Lo que vendría después no fue tan malo teniendo en cuenta la perspectiva actual, ‘’You Are We’’ (2017) sentaba las bases del camino que los británicos pensaban escoger a partir de aquel momento; las voces melódicas, los estribillos pegadizos, la simplicidad en las guitarras y las colaboraciones milimétricamente calculadas hicieron acto de presencia y lo demás es historia. 

‘’So What!’’ (2019) fue un tortazo con la mano abierta en el peor de los sentidos, una puñalada por la espalda acompañada como es habitual de un corte de pelo y un cambio de look por si a alguien le quedaba alguna duda que no eran los mismos. Ahí ya nos empezaron a meter la electrónica con calzador, a Loz Taylor le faltó la pandereta para escenificar que no pintaba nada ahí; Matt y Sean hacía mucho que habían tomado el mando haciéndolo, eso sí, peor que el capitán del Titanic. 

Con estos antecedentes es obvio intuir que no iba con demasiadas ilusiones en el momento en el que le di a play a ‘’Sleeps Society’’ (2021) y deseé con todas mis fuerzas ser objetiva con aquello que escuchaba y olvidarme de lo que había significado para mí este grupo y lo mucho que me había decepcionado en los últimos años. Pero no pude, no pude porque el disco es malo con ganas, no hay por dónde cogerlo y eso midiéndose con el bajo rasero de saber que hace mucho tiempo que While She Sleeps no valen más que para ser escuchados por aquellos que recurren a la música de usar y tirar, los que siempre afirman que el último disco de sus grupos favoritos es el mejor que han sacado nunca, careciendo totalmente de un mínimo criterio que te haga dudar por un segundo de si lo que dicen es verdad o no. 

Hace mucho que este grupo no tiene alma, pero lo que jode es que sí la tuvo, que tuvieron la oportunidad de cambiar las cosas dentro de un género obsoleto y tocado de muerte. Hay quienes nos hemos hartado ya de escucharlos gritar a los cuatro vientos que luchan diariamente contra una industria mercantilizada a la que solo le preocupa el dinero y que son independientes mientras firman con Universal. Que ya no se los cree nadie, con sus mensajes sobre revoluciones que se les quedan grandes, esa falsa preocupación por los problemas adolescentes mientras se colocan la gorra hacia atrás al más puro estilo Señor Burns. 

Habrá quien ya haya hecho arder su antorcha por esta crítica, quien crea que no tengo ni puta idea porque “Sleeps Society” es un discazo. Quien disfrute con su música y siga vibrando como el primer día. A todo aquel que haya sentido rechazo durante esta lectura solo puedo recordarle que yo también estuve ahí un día, no hace demasiado, y disfruté y sigo disfrutando de lo que fueron, como lo hice todas y cada una de las veces que los he visto en directo, porque fueron grandes y brillaron aunque a día de hoy nos quede la amarga sensación de que solo lo hicieron durante unos segundos. 

© 2021 Jena X

Crítica: Cryptosis "Bionic Swarm"

Si soy sincero, soy de esas personas que creen que los laureles del thrash nunca han terminado por reverdecer. No es que no haya buenas bandas que nos corten con su sierra en más de una ocasión, pero sí que las glorias son pretéritas y lo que alabamos actualmente no son más que meras copias, a excepción de algunas pocas bandas. Pero también seré sincero, lloré la muerte de Vektor. ¿Cómo que Vektor han muerto?, dirán algunos. Bueno, no es una muerte como tal pero sí cuando toda la banda se larga y te deja a solas, así que con la incertidumbre de si Disanto será capaz de llevar su thrash espacial allá donde lo lograron, ahora que también su gira europea ha sido cancelada por esta maldita pandemia, que una banda como Cryptosis debute y a este nivel no es tan sólo una buena noticia, sino una excepcional. Aquellos que fueron conocidos como Distillator, han decidido reinventarse y grabar un álbum publicado bajo la poderosa Century Media, "Bionic Swarm", que suena verdaderamente brutal, con Fredrik Folkare y Tony Lindgren a los mandos, además de una bonita portada del genial Eliran Kantor.  Cryptosis no inventan nada nuevo, pero su mezcla de thrash de tintes espaciales-cibernéticos, a un grandísimo nivel técnico, es comparable a lo experimentado cuando escuchas a Vektor con dos diferencias; los grandes arreglos rimbombantes y megalómanos de estos no existen en el mundo de Cryptosis y las composiciones son sustancialmente más breves, con lo que aumentan su impacto y evitan el exceso de atención por parte del oyente en su faraónica narración. En definitiva, Cryptosis te llevan más allá de la atmósfera y te asfixian en el momento, no esperan una opereta espacial para degollarte en la lejana Andromeda.

 

Me sobra la introducción, lo reconozco, “Overture 2149” no es representativa de lo que nos encontramos en el álbum, pero sí sirve para ambientarnos en los distantes mundos en los que Cryptosis pretenden jugar con nosotros y tampoco son los primeros compases de “Decypher característicos de su música, pero si cuando Marco aprieta y Laurens chilla como una rata sin oxígeno. Me gusta que tanto “Decypher” como la siguiente, “Death Technology”, sean puñetazos de tres minutos, puro thrash traqueteante y afilado, con pérfidos riffs que nos atraviesan, me gusta el torbellino y ese puntito ‘underground’ de la hoja de sus guitarras en una producción que no deja de sonar actual. Como también me gusta el experimento que es “Prospect of Immortality” y su ambientación más cercana al black que al thrash, seis minutos y medios para la composición más extensa del álbum que, sin embargo, pasa en un santiamén. Con “Transcendence" te noquean dos veces, cuatro minutos perfectament equilibrados entre riffs, estrofas y estribillo, siendo la envidia de Sodom o Kreator, de Voivod y sí, también de Vektor. 

 

“Perpetual Motion” es apenas un minuto de introducción que tampoco aporta nada, otra cosa muy diferente es “Conjuring the Egoist” y su sonido noventero, como unos Megadeth o Testament embrutecidos. Si algo hay que destacar es la sensación de que el trío, Cryptosis, están perfectamente engrasadas, suenan como una banda de cinco músicos que llevasen toda la vida actuando, hipervitaminados e hipervigorizados. “Game Of Souls” recuerda inevitablemente a mis queridos Coroner, pero se siente genuina y tampoco puedo poner ninguna queja de una banda que, en pleno 2021, suene como los de Royce y Vetterli. La apertura de "Mindscape" es puro black y su tempo más pausado también recuerda el influjo nórdico de aquellos, como tampoco tengo nada en contra de un final tan apabullante como “Flux Divergence” y Laurens gritando como Araya en sus primeros segundos, para cerrar el álbum al mismo ritmo con el que abrían, sin darnos un solo instante de calma.

 

"Bionic Swarm" es un debut aplastante, perfectamente ejecutado y compuesto al milímetro, ojalá que no me equivoque y este sea el comienzo de una larga carrera repleta de aciertos por parte de los holandeses, de los que lo único que no me gusta es el nuevo nombre escogido por su similitud con los canadienses del glorioso “None So Vile”. Por lo demás, absolutamente brillante.


© 2021 Lord Of Metal

Crítica: Humanity’s Last Breath "Välde"

¿Me arrepiento, nos arrepentimos de no haber escrito sobre “Abyssal” (2019)? Por un lado, sí, dado mi amor por Vildhjarta pero, por otro lado, me alegro porque hace un par de años hubo un verdadero hype con los suecos y no estaba dispuesto a ceder, a escribir sobre aquel disco que mucha gente quiso encumbrar -no sin motivo, ojo- pero me negué a formar parte de aquel pequeño circo de instagrammers posando con el vinilo, como ocurrió con mi queridísimo “Mirror Reaper” (2017) de Bell Witch y la prostitución de semejante belleza. Así que, con las aguas más calmadas, cuando se anunció el regreso de Humanity's Last Breath sentí algo remotamente parecido a emoción, ¿habrían sido capaces de superar “Abyssal”? Obviamente no, “Välde” es un buen álbum que palia algunos de los errores de “Abyssal”, esos que alejan a aquel del sobresaliente, pero aquí aparecen otros nuevos que sí son imperdonables. Por ejemplo, aquellos momentos de ensimismamiento e instrumentales, aquí son con cuentagotas y prefieren el desarrollo de lo monolítico a los pasajes que no llevan a ningún sitio en una banda de deathcore cuyo subgénero se le ha quedado pequeño y navegan a medio camino entre el death, djent y progresivo, mezclando un poquito de todo.

Bajo la portada del genial Mariusz Lewandowski, Humanity's Last Breath te golpean la cabeza con un muro de hormigón, tras la introducción que es “Dödsdans”. “Glutton” abre de manera brutal, Danielsson está enorme y la cohesión de la banda es tan clara como para que parezca haber pasado una década entre un álbum y otro. “Earthless” fue uno de los adelantos y se convierte en uno de los mejores momentos del álbum con Rosell golpeándonos contra los parches, esos mismos que castigará en “Descent” (genial la atmósfera creada) o “Spectre” por todo el djent del inframundo, mientras que en “Dehumanize” se pasan al death y en “Hadean” logran la cuadratura del círculo de “Välde”, como en “Tide” se demuestran a sí mismos y a nosotros que son una banda capaz de lo mejor, queriendo romper los límites del metal. Entonces, ¿qué es lo que ocurre en “Välde”? 

Muy sencillo, las cimas son enormes (por ejemplo, “Descent”, “Spectre”, “Tide” o “Hadean”) pero no todo está a la misma altura y el relleno es puro sebo y, para más inri, situado estratégicamente en la secuencia del álbum. “Väldet” es tan innecesaria que hiere, como “Siren” y sus constantes empujones, así como la sensación de estar escuchando metal alternativo, nada que tenga que ver con el extremo, hasta tal punto que una maravilla como “Futility” pierde pegada cuando deciden cerrar con algo tan pueril como “Vittring” y la sensación de una copiosa comida que se repite eternamente. “Välde” es un álbum al que le falta dirección o le sobran canciones que hacen parecer que la banda no tiene contención alguna y prefiere publicar un álbum con doce canciones de una duración no siempre justificada, en lugar de uno de seis u ocho que verdaderamente noqueé al oyente y aunque eso me joda, no abandono las esperanzas de que graben algo superior a “Abyssal” a tenor de algunas de las canciones incluidas en este álbum. Los suecos lo tienen todo, ahora sólo les queda soltar lastre y cribar hasta pulir verdaderamente el diamante que ellos y nosotros también sabemos que tienen entre las manos.

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Crítica: Abiotic "Ikigai"

Seis años han tardado los de Miami en volver tras dos discos como "Casuistry" (2015) o "Symbiosis" (2012) y lo hacen con un álbum como “Ikigai”, abandonando toda intención cósmico-espacial, para zambullirse de lleno en la existencia cotidiana y esa llamada que da sentido a nuestra vida con el concepto japonés que puede traducirse de muchas maneras pero que, en el fondo, significa el motor de nuestra existencia. Curioso es que la banda haya decidido emplear semejante término y complementarlo con una portada que representa el seppuku, harakiri, haraquiri o hara-kiri y el ya clásico ritual de suicidio japonés. Lo que está claro es que Abiotic han decidido mirar hacia abajo en lugar de a las estrellas con un álbum que, según Matos, tiene un poco para todos y también contiene la rabia y el sentimiento de aislamiento de los tiempos que, forzosamente, nos ha tocado vivir. Bajo la producción de su propio batería, Anthony Lusk-Simone, “Ikigai” nos trae a una banda que ha tenido tiempo para perfeccionar su estilo, sintiéndose su música mucho más rica y compleja que en trabajos anteriores, "Casuistry" (2015) o "Symbiosis" (2012, en una discografía que parece progresar en sentido ascendente. "Natsukashii" es una bonita introducción japonesa con la que dar un bocado a la propia “Ikigai”, en la cual pretenden mantener ese influjo oriental, pese a las guturales de Travis Bartosek y una canción en la que se sincopan y juegan a abandonar el deathcore para tocar con los dedos (nunca mejor dicho) el death más técnico, recordándonos levemente a Fallujah, pero sin el éxtasis atmosférico de estos. 

 

El influjo de The Black Dahlia Murder en "Covered the Cold Earth" es algo tan obvio como no escondido, cuando en la propia "Souvenir of Skin" está el mismísimo Trevor Strnad en un álbum en el que no faltan precisamente los invitados, en "Smoldered" está Chaney Crabb prestando su voz en un contrapunto interesantísimo con Bartosek, canción en la cual hay un momento muy free jazz, para rompernos con “The Wrath” y sus orquestaciones o “If I Do Die” con Brandon Ellis, guitarrista de The Black Dahlia Murder, aportando su toque y en la siguiente, la ya mencionada colaboración de Trevor. Mientras que en “Her Opus Mangled” es el dotadísimo Jared Smith de Archspire quien aporta su gracia en una banda, como es Abiotic, en la que por momentos siento que no están plenamente ubicados y mezclan conceptos cuando se quieren acercar a la locura que es el death más técnico (como es el caso de Archspire), el death técnico pero cafre de Black Dahlia y esos momentos para la ensoñación (como es en “Her Opus Mangled”) en la que parecen querer jugar en otro terreno, más cercano al gaze, algo que escrito puede sonar atractivo pero que cuando lo escuchamos resulta ligeramente extraño, no porque no estemos acostumbrados sino porque no suena natural.

 

Precisamente, otra de las referencias que antes citaba, es más que evidente cuando escuchamos "The Horadric Cube"y leemos en los créditos que Scott Carstairs de Fallujah suma su mástil a la canción e incluso John Carpenter de The Contortionist en “Grief Eater, Tear Drinker”, siendo imposible disimular las huellas en la arena o la trayectoria trazada de Abiotic para este “Ikigai”, que cierra con una dramática “Gyokusai” y el fuerte sentimiento de lo escrito anteriormente, cuando al escucharla no sabemos muy bien para dónde quieren tirar en la última canción del álbum y la sensación de que esa variedad, ese “querer incluirlo todo, para todos, un poco de aquí y de allá” no siempre es bueno y ha desdibujado el espíritu de un disco que, conteniendo minutos de calidad y siendo plenamente disfrutable, se queda en un notable muy bajo. Con todo, no hay que perder de vista a la banda, puede que afinen el ojo y en próximas ocasiones acierten con la hoja de ruta o, simplemente, se den cuenta de que no siempre hay que saldar deudas con todos que, aunque el sufrimiento existencial pueda ser justificado con un concepto, en la música no es lo mismo y no a todos nos vale el mismo remedio.


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Crítica: Dvne "Etemen Ænka"

Cuando uno escucha mucha música e insisto; mucha música, es inevitable escuchar y recordar, que algunas bandas no suenen tan frescas como ocurre en oídos nóveles y tener una cierta tendencia al hastío porque, nos guste o no, cada vez es más difícil sobresalir, innovar o, simplemente, hacer algo que suene bien y, a veces original. Es por eso que cuando escuché "Etemen Ænka" sentí verdadero placer, algo similar a lo que siento cuando hago lo propio con Imperial Triumphant pero sin intelectualizar tanto el proceso de escucha. Dvne son progresivos, tienen un toque stoner y, por supuesto también, algo de sludge, es quizá por eso que llegan a tus entrañas. Pero además, lo bueno de los escoceses es que ese estar en “tierra de nadie” no es algo forzado, no es algo buscado que chirríe y, tras sus canciones hay tantísimo buen gusto y denotan tanto trabajo de composición y mimo en el estudio que no es raro sentir aquello mismo que la primera vez que escuché a los de Nueva York, pero también a los de Atlanta o los de Oakland. Me gustaría decir que los descubrí con "Asheran" (2017), como todos esos esnobs que ahora jurarán haberse tatuado su logo en la muñeca, pero no, fue con los adelantos de "Etemen Ænka" que sentí curiosidad y, deslumbrado por lo escuchado, regresé a “Asheran” y lo que me encontré fue toda una sorpresa ya que su debut era sobresaliente y tras digerir, paladear y abusar de semejante festín como "Etemen Ænka", puedo afirmar que Dvne han grabados dos obras maestras. Si no los has escuchado, corre y enchúfate a sus canciones mientras lees esta humilde crítica, báñate en "Enûma Eliš" y la sensación de estar entrando en un templo, mientras las guitarras de Vicart y Barter mantienen la tensión y frasean recordando a Converge cuando lucen armónicos sobre los gruesísimos riffs, mientras se reparten tareas vocales. “Towers” exuda esfuerzo físico, músculo y rabia contenida, un pistón a todo rendimiento, un motor pasado de vueltas y Evelyn May llevándonos a Marte con su teclado, creando un fondo tan marciano pero necesario para que Dvne no sean puramente sludge sino que añade un puntito de complejidad a su fórmula. Tan sólo dos canciones y ya nos han llevado al cielo…

 

“Court of the Matriarch” contiene uno de los mejores riffs de todo el disco, no solamente al inicio sino, por favor, al final de la composición. La voz es más melódica, los guturales casi han desaparecido y nos recuerdan a los Mastodon de “Crack The Skye” (2009) pero también a los Opeth más melancólicos y a Tool en el puente cuando Dvne tiran de misticismo oriental pero es el riff, el puto riff con el que cierran “Court of the Matriarch”, el que es incapaz de salir de mi cabeza y siento estar escuchando algo tan diferente y especial a lo presenciado en los últimos meses que siento que Dvne nos transportan y son capaces de todo. “Weighing of the Heart” es Vangelis pero también Floyd, un “On The Run” moderno que desemboca en “Omega Severer” y un mar de sentimientos en una canción en la que el pulso se acelera y la garganta se quiebra, se rompe hasta la exageración cavernosa, mientras la música parece retorcerse de dolor para llevar a la banda a su límite emocional. “Adræden” ahonda en esos pasajes que en otras bandas sirven de puro relleno pero que aquí nos ubican, sonando a “Phaedra”, claro, pero también a Jarre. 

 

“Sì-XIV” fue uno de los adelantos y la primera vez que la escuché pensé que Dvne eran la mezcla perfecta entre Gojira, Mastodon y Opeth, que habían grabado seis de los minutos más bellos del metal de los últimos meses y así lo sigo sintiendo; seis minutos de puro sentimiento, de introspección, pero también cósmica, de vaivenes eléctricos y momentos de dulzura. Es esa capacidad de Dvne para tocar tu corazón la que exhiben en “Sì-XIV” pero también en “Mleccha” o la pieza “Asphodel”, tan angelical y etérea como sorprendente, rompiendo por completo todo el álbum y su recta final, para que una guitarra floydiana nos introduzca en los doce minutos de “Satuya”, una auténtica obra maestra que justificaría la compra de este álbum pero que, al tratarse de un brillante cierre a un álbum sobresaliente, sólo engrandece los casi setenta minutos de auténtica inspiración divina.

Pocas veces me entusiasmo tanto con un álbum, pero Dvne han grabado una auténtica maravilla que crece con cada escucha, que derrocha tanto gusto como inspiración, pareciendo que los escoceses han estado siempre entre nosotros porque cuando las musas entran por la ventana, lo que una artista pergeña parece atemporal. En mi más modesta opinión, el gran disco de este año.


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