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Perdidos en el río con BOB...

Uno de los grandes discos del año pasado; con buenas intenciones y lleno de mejores canciones.

ROYAL BLOOD vuelven a España...

Y nosotros rescatamos nuestra crítica de su álbum para ir calentando motores.

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

Han logrado que WEEZER publique uno de sus mejores discos en años, "Everything Will Be Alright In The End".

¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

PINK FLOYD se despiden...

David Gilmour y Nick Mason rinden homenaje a Richard Wright en "The Endless River", un disco bello y tranquilo.

MACHINE HEAD en caída libre...

En apenas veinticuatro horas muchos dijeron que era el mejor disco de metal del año, lamentamos llevarles la contraria; es quizá uno de los peores.

Ocho ciudades, ocho canciones y ninguna que justifique un disco

Foo Fighters vuelven con un disco mediocre que hará las delicias de sus fans más recientes y menos exigentes.

Con máscaras y a lo loco...

Cuando uno piensa en SLIPKNOT, piensa en esa descarga de adrenalina, en ese caos en el que se convierten sus directos...

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MORRISSEY en ESPAÑA: "Todo lo que necesitas soy yo"

Moz estuvo en nuestro país y recuperamos nuestra crónica de su paso por Madrid.

Cuarenta minutos de abstracción

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Crítica: Björk "Vulnicura"

La principal virtud de "Vulnicura" es la de habernos demostrado que Björk es humana. Principalmente por dos motivos; ha sufrido una ruptura sentimental y, como cualquier persona, ha sufrido, se ha lamido las heridas y ha afrontado su duelo encerrándose y volcándose en su música y en segundo lugar porque, por primera vez en toda su discografía, su nuevo disco no ha supuesto un paso más o una vuelta de tuerca al anterior sino que con él ha vuelto al punto de partida en el que comenzó toda esta locura de vanguardia, ha vuelto a 1997 y "Homogenic". Podría buscar cualquier excusa para defender o suavizar mi opinión sobre su anterior álbum, "Biophilia" (2011), pero soy incapaz porque con él me sentí estafado y, por primera vez, entendí que todo el mundo se sentía igual cuando hablaba con la gente y nadie, absolutamente nadie, lo había entendido, volvía a él o soportaba más de pocas escuchas. Por mucho que queramos verle más fondo a lo que hace la islandesa, no es más que pop, puto pop. Y podemos enmascararlo llamándolo pop de vanguardia, electrónico, dance, avant-garde o pop alternativo experimental que, al final, el gran público la recordará por "Hunter", "Human Beaviour", "Venus As A Boy", "Violently Happy", "Jöga", "Bachelorette" o, mucho peor, "It's Oh So Quiet" del 95 y de eso hace la friolera de veinte años. Al pop se le denomina así porque deviene del término "popular" y cuando uno tiene que hacer una ingeniería o estudiar biofísica del CBC para creerse capaz de entender un disco de pop sin manual de instrucciones pero pop al fin y al cabo… Es que algo está haciendo mal el artista. Tampoco vayamos a pensar que la brusca caída de Björk a la tierra hará que este "Vulnicura" suene a todo trapo en los Starbucks y discotecas de nuestros bonitos pueblos de España. Sigue sonando tan peculiar y personal como el resto de su producción pero se agradece el retorno a un terreno común como es "Homogenic" y sus fastuosas cuerdas sustentados por beats, en él sigue muy presente la electrónica pero no como en el anterior; las bases y los arreglos no son tan abstractos o sintéticos que desestructuren las canciones, lo que en "Biophilia" se caía por forzado, en "Vulnicura" suena natural con los magníficos arreglos llevándonos de la mano e incluso en una canción con un claro latido rave como es "Black Lake" en su segunda partes, las cuerdas suben de volumen hasta casi comerse la mezcla y le arrebata el pulso al oyente y, por suerte, al ordenador.

Pero resulta que Björk era humana;  la bilis negra, inherente a los artistas, la afecta como al que más y la separación de su pareja, Matthew Barney, nos la ha devuelto a la tierra. Un disco emocional e intenso en el que se despacha a gusto; "Who is open chested and who has coagulated? Who can share and who has shut down the chances? Show me emocional respect. I have emocional needs" de una manera sorprendente en ella. Pero podríamos ser aún más venenosos y decir que Björk por primera vez ha sangrado cuando se ha dado cuenta de que sus amados tiempos modernos le han arrebatado a su retoño, "Vulnicura", antes de tiempo como a cualquier artista terráqueo porque la filtración del disco que inicialmente estaba previsto para marzo junto con el libro "Björk: Archives" y la exposición en el MoMA de Nueva York forzó una maniobra a la desesperada. Ella quería publicar el disco lo antes posible dado su carácter emocional, intenso y personal (como la que quiere desprenderse de lastre tras la creación, quizá una forma exorcizar el dolor de su ruptura) y su representante quería orquestarlo todo sincronizando la exposición y el libro con la del nuevo disco; "no te preocupes, borraremos cada filtración que detectemos en la web". Lo que  Derek Birkett no se esperaba era levantarse de la cama y encontrar el disco en todos los rincones del mundo cibernético. Lógicamente, entró en pánico y se colapsó, no pensemos que por su promesa a Björk sino porque -como él mismo declaró- vio como perdían una enorme cantidad de dinero que se les escapaba entre los dedos. Así que no se le ocurrió otra cosa que llamar a su colega Scott Rodger (representante de Arcade Fire y Paul McCartney) que, ni corto ni perezoso, le aconsejó hacer una preventa de varias canciones a través de iTunes . Björk se negó a ello; ofrecerían el disco entero. El consejo de Rodger fue el más inteligente pero ahora Birkett tenía que lidiar con las distribuidoras del disco físico que veían como sus posibilidades de hacer caja se reducían drásticamente. El caso de U2 y su "Songs Of Innocence" no parecía consolarles, los irlandeses -al margen de toda polémica- habían conseguido aumentar sus ventas en soporte físico respecto al anterior a pesar de haberlo regalado a millones y millones de usuarios pero Björk no es U2 y las ventas de la islandesa se verían mermadas por lo que Birkett tuvo que renegociar con nuevos distribuidores no sin antes lamentarse de las "implicaciones políticas" de haberle pedido ayuda a la todopoderosa Apple y darles la exclusiva a cambio de mostrar el álbum en el mayor escaparate del mundo.

En "Vulnicura", Björk se hace acompañar de Arca y Bobby Krlic (conocido como The Haxan Cloak) pero, aunque muchos crean que en la conjunción de los tres músicos reside el secreto del nuevo álbum, según Björk, a ella le gusta trabajar a solas y cuando Arca llegó ya estaban todas las canciones acabadas con sus cuerdas y estructuras, su llegada fue vista como una celebración, un encuentro porque, según la islandesa; "Arca es magia, es muy divertido estar a su lado". Una canción larga como un río pero contenida en casi siete minutos es lo que es "Stonemilker" que parece anticiparse al final de su relación de pareja. La letra fue escrita mucho antes que la música y en ella parece recriminarle a su compañero la falta de compromiso, sus necesidades y el esfuerzo que requiere superar los problemas. Una canción calmada pero enorme, épica en su presentación (que no en su desarrollo o estructura) y con unos arreglos que se mezclan con su voz y ensalzan, por ejemplo, cuando pide respeto a su compañero, dejando sobrecogido al oyente.

"Lionsong" comienza a solas con su voz en la cual podemos apreciar un cambio; ya no es el piolet que era en el 97 -como decía Bono- cuando recordaba en el 97 cómo teloneaba a U2 a princicios de los noventa. Ahora es ligeramente más grave pero, aunque ya no se clave como antaño, encuentra otros recursos. Es una maravilla de canción en la cual Björk enfatiza cada frase, cada palabra y hace que se claven dentro de uno por lo que supone escuchar la exposición de sus propios sentimientos, lo que remueve sus tripas; "Maybe he will come out of this living me. Maybe he won't I'm not taming no animal. Maybe he will come out of this", pero ninguna tan jodidamente  íntima o comprometida como "History Of Touches" en la que relata hasta sus momentos de cama y cómo era cuando follaban; "I wake you upIn night feeling , this is our last time together. Therefore sensing all the moments. We've been together being here at the same time. Every single touch we ever touch each other. Every single fuck we had together is in a wondrous time lapse with us here at this moment" y, aunque la canción en sí misma no sea de lo mejor de "Vulnicura" nada más que por el desarrollo obsesivo de los sintetizadores dando cobijo a una letra de su calado, con Björk desahogándose y susurrándola, ya hace que todo el disco merezca la pena porque lo que estamos escuchando en esos pocos segundos es a una artista sangrando en su propia obra con la esperanza de hallar la cura en la catarsis. Pero si íntima resulta "History Of Touches", en "Black Lake" nos desgarramos con ella, una auténtica oda dolorosa, diez minutos de herida abierta; "Our love was my womb but our bond has broken. My shield is gone, my protection is taken I am one wound. My pulsating body, Suffering being, my heart is enormous lake. Black with potion I am blind. Drowning in this ocean. My soul torn apart. My spirit is broken into the fabric of all, he is woven" y pasamos de pomposos arreglos de cuerda a secas bases electrónicas que suben su ritmo, como un pulso desbocado, hasta convertir la canción en una pequeña rave y volver, de manera más templada, a un medio tiempo para acabar, sin aliento y con su voz  convertida en un alarido contenido que se desvanece entre los arreglos que acaban la canción.

En "Family" no sólo nos corta con la letra sino con la electrónica, quizá es la menos agraciada del conjunto, aunque aquí lo que importe de nuevo es la letra, a pecho abierto; "Is there a place where I can pay respects for the death of my family. Show some respect" y no deja de sorprender que Björk pida, una vez más pero no la última aunque de manera velada, respeto para sí misma. En "Notget" encontramos cierta calma tras la tormenta emocional que ha supuesto la primera mitad del disco, quizá incluso ella misma se sintiese así a tenor de los resultados en todos los sentidos, el acompañamiento es soberbio logrando un medio tiempo que se encabrita cuando sube la voz y al que logra poner al galope cuando la canción despega entre cuerdas de tinte oriental. "Atom Dance" cuenta con la participación de Antony y vaya si se nota la ayuda del inglés; sobre todo en la segunda parte de la canción, cuando ésta se desestructura por completo y se convierte en una pequeña locura que nos recuerda que estamos en un disco de Björk y que, por mucho que suponga un regreso a patrones anteriores, no deja de tener su puntito de vanguardia; ésa que a veces le sienta tan mal y logra empachar. Aún con esas, cuando Björk vuelve a entrar y se entremezcla con Antony, la canción gana enteros. "Mouth Mantra" es la más valiente de todo "Vulnicura" y ya encontramos a una Björk cantando de manera menos íntima, ¿supone el registro de la superación del duelo? Mientras que "Quicksand" supone el broche final en el que todo parece florecer; la sangre vuelve a correr de manera cálida y no agriada, los arreglos son menos grandilocuentes, el ritmo se acelera, las voces se doblan y los coros la envuelven a buen ritmo, olvidándose de los grises medios tiempos o la densidad que supone revisar el dolor con cuerdas, aunque sean enlatadas.

Un disco que, sin duda, gustará a todos aquellos que la disfrutaron en los noventa y servirá, por supuesto, de punto de partida para la propia artista. De concepto pero lleno de rabia, pasión y corazón. A veces es necesario echar a patadas a alguien con quien has compartido lecho, ¿qué mejor que librarse del dolor a través de tu arte? Estamos de enhorabuena y algo me dice que ella también.
© 2015 Hal Incandenza

Crítica: José González "Vestiges & Claws"

La música de José Gonzalez es la típica que bailarías con una chica, a altas horas de la madrugada, en la cocina de su casa. Creo que con esta descripción tan críptica, pero evidente por lo que implica la situación en sí misma y lo que ha ocurrido u ocurrirá, se puede llegar a entender la calma pero sobre todo el intimismo que derrocha la música del sueco. Ocho años ha tardado desde "In Our Nature" (2007) pero seamos justos; González no estaba muerto, estaba tocando palmas. Bien echando una mano en el proyecto Goteborg String Theory, con su grupo Junip (y dos discos excepcionales; "Fields" y el homónimo "Junip" del 2010 y 2013, respectivamente) y trepar en las listas de singles con la emocionante "Stay Alive" de la banda sonora del remake de Ben Stiller, "La vida secreta de Walter Mitty" (2013) que, sin duda, le ha acercado a un público que desconocía a González. Está bien, nos alegramos por él. 

Es verdad que José González no inventa la rueda y, mucho me temo, que con "Vestiges & Claws" tampoco da un paso de gigante como si pareció hacer con el tema principal de la citada banda sonora. Me explico, la canción resultaba, tenía pegada, era grandilocuente, sensible e intensa y, además, se pegaba como un chicle pero no quiere decir que esté entre lo mejor del músico. Lo que sí es verdad es que con ella todos creímos que González había llegado a un lugar y que con "Vestiges & Claws" se confirmaría el punto de inflexión pero nada más lejos de la realidad. Pero, ¿por qué no decirlo? Por un lado nos alegramos que siga con lo suyo, que siga su camino sin grandes estridencias y este disco sea una más que digna continuación de "In Our Nature", que no parezca que haya pasado el tiempo y se confirme que González es tozudo como una mula y su estilo, su personalidad, es ésta aunque a veces nos muestre otras caras. "With The Ink Of A Ghost" es una brillante apertura y con su calma, sus dejes colombinos en la guitarra e incluso toques latinoamericanos, no pierde esencia. Resulta curioso escuchar el disco y sentir que, a pesar de verse acompañado por más músicos, la quietud que transmite es propia de la sensación de un disco básico de guitarra y voz. Los arreglos son tan suaves y están tan bien encajados que uno no echa de menos nada y, lo mejor; uno tampoco echa de más ningún instrumento o músico. "Let It Carry You" es marcada por unas claves, a veces las voces dobladas y esa soledad que se respira nos llevará a Elliott Smith, es cierto, pero donde el estadounidense se regodeaba, José, a pesar de la introspección, parece celebrar.

"Stories We Build, Stories We Tell" suena libre mientras José repite "Wondering what's on your mind. Wondering what's driving you" y, por primera vez en todo el disco, la guitar acústica satura levemente el canal. Este tipo de detalles me encantan; es como la nota estridente de pulgar en la introducción de versión del "Hallelujah" de Jeff Buckley, porque dotan de nervio, de expresividad a la interpretación y te hacen sentir que el artista no sólo está grabando la canción en un estudio sino que la está sintiendo y, por mucho que la esté registrando, los pequeños subidones de euforia inherentes a estar disfrutando y viviendo lo que uno canta son una pura delicatessen.

En "The Forest" los arreglos de viento sí que suben en la mezcla pero no la opacan. Otro motivo por el cuál me gusta este disco es por lo vivo que se siente, todos los instrumentos parecen respirar en la misma habitación. Unas palmas suaves y lo que parece una coral, "Leaf Off / The Cave", es curioso cómo González es capaz de aunar varios estilos folkies y hacerte sentir que canta un madrigal, una canción de hoguera o a la naturaleza de Nick Drake (pero sin la culpa existencial de éste), la canción sirvió como adelanto y aunque no sea toda una novedad en su repertorio, entra de manera cálida, además la repetición del mantra "Let the life lead you out", hasta ocho veces seguidas, hace que parezca un salmo y se meta en tu cabeza para sorprendente, en cualquier momento, repitiéndolo una y otra vez; "Let the life lead you out, let the life lead you out, let the life lead you out, let the life lead you out". Quizá, la auténtica joya sea "Every Age" que podría haber cantado perfectamente "a capella" o apoyándose en la escueta percusión a modo del "Pressing On" más góspel. Una auténtica maravilla de canción. De "What Will" podríamos destacar claramente dos partes, en la primera; González no se sale ni un ápice de su camino, mientras que en la segunda sube levemente la intensidad y nos hace recobrar levemente el pulso. La instrumental "Vissel" ahonda en el sentimiento del disco y la carrera de González en general, una "outro" perfecta con una única guitarra y en "Afterglow" sentiremos estar teniendo un flashback de todo este "Vestiges & Claws" al ritmo de un "shaker". Por suerte y para no sentir que el impacto se diluye, se saca de la chistera "Open Book" que cierra el disco de manera sobresaliente con su voz en primer plano, sin ningún tipo de efecto, como si la cantase a tu oído. Espectacular.

Es complicado evaluar un disco así porque uno agradece que el artista continúe por una senda reconocible para su público y además contiene algunas de las mejores composiciones de su cancionero; emotivas, sentidas, íntimas y con la capacidad de desarmar a cualquier corazón pero, a pesar del esfuerzo y sacar nota, el músico no sólo debería progresar adecuadamente sino comenzar a mostrar síntomas de avanzar de manera evidente a algún lugar. Por otro lado, no sé qué coño le estamos pidiendo a González; o te gusta o no y a mí me encanta.

© 2015 Jack Ermeister

Crítica: Mark Lanegan Band "Phantom Radio"

Ponte los cascos y túmbate en la cama, es una orden; ponte los cascos y túmbate en la cama. Afuera suenan los coches circulando a toda velocidad en mitad de la noche, de fondo resuena el lejano ladrido de un perro que no callará en toda la madrugada, tus vecinos discuten y a lo lejos, más aún, escuchas el llanto de un bebé para, acto seguido, sumergirte en el mayor de los silencios. Es de noche en tu ciudad y el frío, poco a poco, va dejando paso a la tibiedad de una primavera que terminará por llegar aunque ahora tan sólo sea un deseo que erróneamente creas ya intuir. Abres la ventana y entra algo frío, se pega a tus sábanas. ¿La recuerdas? Ten por seguro que ella a ti también. Túmbate en la cama, te he dicho; ponte los cascos y sube el volumen del nuevo disco de Mark Lanegan, "Phantom Radio", lo suficiente como para no escuchar si alguien entra en tu dormitorio. Olvídate de todo lo que has leído, olvídate de aquellos que dicen que ese sonido levemente electrónico de los ochenta no le sienta bien porque cuando pinchamos en vena un disco de Lanegan, lo de menos son las baterías o los sintetizadores, las crujientes guitarras o los rotundos bajos, lo que importa es su voz y en "Phantom Radio" es inevitable no sentir un escalofrío cuando canta; "Now black is the color, black is my name and I used to burn it up, we chased the devil away!" y así comienza su último disco, con "Harvest Home", una canción que transmite nocturnidad por todos y cada de uno de sus segundos gracias a la guitarra de Alain Johannes y el golpear seco en la batería de nuestro viejo conocido, Jack Irons, a pesar de que esa primera toma de contacto sea tan sólo un espejismo y el disco se diluya a su mitad. Lanegan repite con Alain Johannes a la producción porque, como dijo en su entrevista a The Quietus en agosto del año pasado; "Hacer música era mucho más duro antes de conocerle, estos últimos diez años ha sido facilísimo" y sorprende escuchar a un Lanegan, tan poco dado al elogio en público, deshacerse con su productor y decir de él que es un verdadero artista. No deja de llamarme la atención que casi todos esos blogueros metidos a críticos de medio pelo que pretenden convertirse en prensa especializada algún día acusen lo sintético de un disco como "Phantom Radio" gracias a la declaraciones de Lanegan sobre la música que escucha actualmente y titulares del de Washington que más que eso parecen sentencias ("esperé hasta mis cuarenta para poder destripar la influencia de los ochenta") y se imaginen a Lanegan escuchando al completo la discografía de Ian McCulloch y forrar las paredes de su dormitorio con pósters del post-punk más rancio de hace tres décadas, además de acusar a un disco de transición como fue "Funeral Blues" (2012) y no se den cuenta que el auténtico cambio de Lanegan vino precisamente de la mano de Alain Johannes en una grabación como fue la de "Bubblegum" (2004) porque ése -sí, ése- fue el verdadero comienzo de la aventura en la que Lanegan se ve envuelto ahora. ¿Por qué a quién no le sorprendió escuchar un EP como "Here Comes That Weird Chill" del 2003? ¿Acaso aquellas bases en "Methamphetamine Blues" eran todo lo puras que se debían permitir al rey en la sombra de los noventa? Hace once años le preguntamos en mitad de la noche de Madrid, ¿vas a experimentar con más sonidos electrónicos en tus próximos discos? Y su gruñido y mirada nos hizo entender que era algo obvio. Era la gira de "Bubblegum" y nos sorprendió un Lanegan más oscuro que nunca, incluso en su trato directo. 

Pero, claro, resumir un cambio como el suyo y achacárselo únicamente a Johannes es tan ingenuo como absurdo porque es la mezcla de muchos ingredientes y, cómo no, no podemos dejar de lado sus aventuras con Homme, Soulsavers, sus colaboraciones con otros artistas como Harvey, el disco-deuda con su amigo del alma; Greg Dulli y, por supuesto, su aventura musical con Isobel Campbell. ¿Es "Phantom Radio" un buen disco? Por supuesto que sí pero con mucha precaución; entiendo que defraude a todos aquellos que buscan en Lanegan esa oscuridad basada en el acompañamiento más orgánico y básico de guitarra, bajo y batería y puedan incluso llegar a rasgarse las vestiduras cuando leyeron que había utilizado una aplicación de su iPhone llamada "FunkBox" para componer algunas de las canciones del disco y que incluso la ha usado en la grabación. Entiendo que haya pillado con el paso cambiado a todos esos treintañeros que le siguen pidiendo "Borracho" o "Pendulum" en directo y haya exasperado a esos otros que únicamente se acercan a su música para elaborar críticas sobre las últimas novedades del mes y así conseguir más visitas en sus blogs de actualidad musical. Supongo que sí, que entonces habrá decepcionado a unos pocos…

"Now black is the color, black is my name and I used to burn it up, we chased the devil away!" decía que gritaba Lanegan en "Harvest Home", quizá la canción que más nos recuerda a su material de siempre. Es, sencillamente, una maravilla. Una genialidad atrapada en tres minutos.  Pero, ¿entonces cómo puede defraudar una canción como "Judgement Time"? El estribillo es puramente suyo cuando canta; "Ooh, Judgement time is near" y usan un armonio para darle el toque perfecto, entre un lamento y una plegaria, y así conseguir el toque oscuro que necesita. Quizá la que más haya chocado a su público haya sido "Floor of the Ocean" pero tampoco debería ser así y más después de un álbum como "Blues Funeral" pero el uso de sintetizadores y de un Prophet sigue siendo una novedad, mal que nos pese, en un artista como Lanegan. La canción me gusta y es cierto que derrocha magia de los ochenta y sus guitarras, filtradas y coloreadas en su señal a más no poder, pueden recordamos a las de esa década pero es tan interesante como "The Killing Season" en la que, a pesar de subir el ritmo y resulte algo exótico escuchar a Lanegan a medio camino entre el soul y el trip-hop, "Phantom Radio" pierde algo de gas...

"Seventh Day", si embargo, no engaña y el Wah de la guitarra acompañado del Moog y de la ayuda de Shelley Brien (a quien ya pudimos ver en la gira de "Bubblegum" haciendo las partes de PJ Harvey en "Hit The City", por ejemplo) la hacen sonar genial a pesar de la calma en la que termina instalándose. "I Am The Wolf" (firmada a medias con Duke Garwood) suena atemporal, podría haberla interpretado en "Phantom Radio" o "Whiskey For The Holy Ghost" (1994) y derrocha soledad en su mezcla de acústica con las alargadas notas del Ebow. Pero lo que sorprende es escuchar a Lanegan en registros como "Torn Red Heart" y sentirle arropado entre sintetizadores pero, por desgracia, no termina de cuajar, la canción parece querer llegar a un clímax que nunca alcanza. Como "Waltzing in Blue" en la que se apoya de nuevo en Shelley con un resultado ya familiar pero en el que quizá lo que falle es la canción en sí misma, seguramente ganará en directo gracias a su sinuoso e hipnótico ritmo. "The Wild People" es preciosa pero debería haberla interpretado a solas con la guitarra y obviar los arreglos de cuerda prefabricados que no añaden prácticamente nada al resultado final y, para cuando Lanegan ha recuperado parte de su maldad, llega el final de "Phantom Radio" con "Death Trip to Tulsa" en la que el trabajo de Jean-Philippe De Gheest (que ya había ayudado en "The Wild People") hace que sintamos ir en un tren dirigiéndonos a Oklahoma con Lanegan sentado enfrente y mirándonos fijamente..

La sensación o el poso que deja "Phantom Radio" es ligeramente amargo y se soluciona, en parte, con el EP "No Bells On Sunday" del que podemos salvar "Sad Lover" y "Jonas Pap" para pasar de puntillas y con sumo cuidado sobre "Smokestackmagic" (de cita obligada por contener el título del álbum en sus estrofas) debido a su acompañamiento y las naderías que son "Dry Iced" (con su ritmo obsesivo) o la homónima "No Bells On Sunday" que pierde fuelle a pesar de tener una de las mejores melodías de los dos discos. El problema de este álbum no es el envoltorio, son las canciones. La voz de Mark suena tan bien como nos acostumbra, sus letras y sus broncos graves siguen transmitiendo como siempre pero las que acusan falta de intensidad son las composiciones. ¿A mí que más me da que use un Moog o una guitarra eléctrica? Pero el camino de Lanegan no ha acabado aquí y seguro que en próximos discos vemos dónde nos llevaba el tren a Tulsa, dónde nos prometía llevarnos ese coche con la "Phantom Radio" sonando a todo trapo y el por qué de "Funeral Blues" pero, mucho me temo que al final de ese camino llegaremos tan sólo unos pocos, quizá los mismos que compramos el billete allá por el 94...

© 2015 Jim Tonic


Crítica: Steven Wilson "Hand. Cannot. Erase."

No puedo evitar reír de manera socarrona leyendo algunas de las experiencias místicas que la gente dice sentir en apenas unas escuchas de éste "Hand. Cannot. Erase." y me gustaría responder -de manera ordenada- a todos y cada uno pero si lo hago le daré la razón a una de nuestras mejores lectoras en la sombra cuando dice eso de "se te ve demasiado el plumero con Steven Wilson" pero lamento contradecirla porque seguramente me guste tanto el inglés como a ella pero quizá con lo que definitivamente no puedo es con sus nuevos seguidores y, por supuesto, no me refiero a ella, faltaría más. Y es que con Wilson he descubierto un nuevo espécimen desconocido de público y es el "fanático carroñero"; aquel que aprovecha el presente de un artista y pretende enarbolar sus obras actuales como si atravesase un extraño y eterno estado de gracia pero desconoce el verdadero clímax de su carrera y, por supuesto, abandonará la militancia en sus filas con el siguiente hype de turno pero durante un tiempo y periódicamente, en reunión con otros visionarios se felan unos a otros. Se les llena la boca con adjetivos y expresiones la mar de cursis y parecen vivir experiencias vitales, orgasmos místicos, con cada escucha. Amenazan con escuchar el disco más veces y juran y perjuran "sumergirse" en él y no escucharlo como cualquier otro ser humano porque Dios (en este caso, Steven Wilson) les apunta con su dedo progresivo (que queda entre el corazón y el índice) y ellos se sienten iluminados, especiales y chachis con los cascos en el metro. 

Crítica: Noel Gallagher "Chasing Yesterday"

Cuando un artista es incapaz de cerrar la boca e intentar dejar huella con supuestamente incendiarias declaraciones es porque no puede dejarla con su propia música. Durante estas últimas semanas, Noel Gallagher no ha parado de intentar provocar tocando viejos palos como el de Oasis y su reunión por dinero, Liam Gallagher y la disolución de Beady Eye o los contínuos escaqueos de su hermano para no pagar la pensión de su hija, Morrissey, tocar o no en Glastonbury, reavivar la polémica de U2 sobre regalar música o cualquier cosa que se le pase por la cabeza mientras amigos suyos como Johnny Marr aseguraban que el próximo disco de Noel Gallagher's High Flying Birds sería el mejor de la carrera del hermano mayor de los Gallagher. A estas alturas es imposible no adjudicarle a Noel el lugar que se merece en las últimas dos décadas de pop, tiene buen gusto y una habilidad innata para componer grandes melodías, tiene talento pero eso no quiere decir que siempre acierte y si en su primer disco tras Oasis, "Noel's Gallagher High Flying Birds", nos demostraba que se había guardado bajo la manga un puñado de singles resultones, en "Chasing Yesterday" tendrá que acudir al baúl de los recuerdos de Oasis con "Lock All The Doors" o intentar el acercamiento a nuevas sonoridades como "The Mexican" que, lejos de resultar divertidas como debieran y así proclame la prensa inglesa, aburren tras la primera estrofa. Pero, antes de que te lleves las manos a la cabeza, resaltemos lo positivo de "Chasing Yesterday" que es mucho; es un buen segundo disco (para un artista que lleva ya tiempo en esto, todo hay que decirlo), supone un paso más allá (no sabemos en qué dirección o si es una escapada sin rumbo y a la desesperada) y una pequeña evolución (más de lo mismo) que confirma la buena salud compositiva de Noel (tras cuatro años de sequía) aunque, y ya no puedo seguir estirando de donde no hay y me hagáis caer de nuevo; se eche de menos la sal y la pimienta que Liam aportaba en Oasis y, por qué no, la sensación de tocar en un grupo y no estos High Flying Birds que no son otra cosa que una banda de acompañamiento sin entidad ni trascendencia. Una puta banda de acompañamiento que sólo queda bien sobre el papel y serigrafiada sobre el parche del bombo. 

Y es que cuatro años son muchos para volver con este disco tan tibio bajo el brazo en el que Noel dice disfrutar del proceso de producción como si éste fuese Alan Parsons tras los mandos de la grabación de "The Dark Side of the Moon" (1973) y producir un "Chasing Yesterday" con unos colores tan básicos y paliduchos requiriese algo de experiencia o habilidad y así ocurre, una producción plana y en ocasiones oscura en la que a veces las canciones se ahogan y los arreglos en vez de estallar y adornar, colorear (para que me entendáis), se "apaisajan" con el resto de los instrumentos. Incluso las canciones más barrocas suenan igual de simples y aburridas que las más sencillas pero quizá no debiéramos cargar las tintas contra la producción cuando lo que simplemente ocurre es que no hay canciones, aunque sea inevitable pensar que quizá, sólo quizá, un poquito más de inteligencia en el estudio habría hecho despegar algún que otro tema. No, no estoy exagerando, tened en cuenta que hasta los singles de este "Chasing Yesterday" suenan a todo menos a singles, lo que me lleva a pensar que la mano de Dave Sardy en el anterior álbum fue más que necesaria y el productor no se limitó a ayudar a Noel sino que utilizó algo de su varita en una profesión que cada vez está más devaluada por culpa de esos músicos que, sin ninguna pericia, se dedican a autoproducirse; como es el caso...

Supongo que, si eres fan de Oasis, a estas alturas querrás cogerme del cuello y pegarme pero déjate llevar y házme caso; pincha este disco mientras lees esta crítica y no te quedará otra opción que darme la razón. Si al final de ésta sigues pensando que el disco de Noel es el mejor álbum de este año, que le sitúa a la altura de los más grandes, que es un paso más que digno y que su momento creativo de gloria no pasó hace quince años, quizá y sólo quizá podamos tomarnos una cerveza juntos porque, aunque te duela, la carrera de Noel está a la deriva y esto es sólo música, ahora respira...

Abre el disco o sitúa el cursor sobre la carpeta que lo contiene (menudo fan estás hecho si has elegido la segunda opción...), como prefieras; haz que suene "Riverman" y siente esa guitarra. ¿No la has escuchado antes? Sí, claro que sí. Es la misma acústica que has escuchado hasta la saciedad en todos y cada uno de los discos de Oasis. ¿Es bueno? Seguramente creas que sí porque interpretarás que es una seña de identidad pero no, no lo es. Es un artista copiándose a sí mismo y descubrirás que lo único bueno de "Riverman" es el puente y su bajo en el que parece que todo va a despegar pero Noel remata con un estribillo tristón y un "hey, hey, hey" en el que seguramente no habrá sabido qué escribir. La guitarra solista aquí, sin embargo, sí es grande pero, craso error, nos lleva a otro puente con un saxo y tardaremos en recuperar algo de pulso. Aún así es una canción bonita, típicamente inglesa con algún tinte interesante. ¿Pasamos a la siguiente? Hazme caso.

"In The Heat Of The Moment" es un robo pero, aunque Damon Albarn se pueda enfadar, el ritmo dominante lo lleva el bajo y eso es inusual para los Gallagher tan acostumbrados a tirar de su Gibson ES o sus Epiphone semihuecas. ¿Sientes el bajo? Bom, bom, bom, bom.. Lo único que sobran son esas insoportables campanas. ¿Nadie le dijo a Noel que las campanas son propias de los ochenta? Por favor... Con todo y con eso es bastante más interesante que la siguiente, "The Girl with X-Ray Eyes". No tengas miedo, vamos a escucharla. ¿Te das cuenta de una cosa? Es la canción equivocada porque está en el lugar equivocado y seguramente Nick Hornby te lo podría explicar mejor que yo pero situar esta "The Girl with X-Ray Eyes" en tercer puesto es todo un bajón para el disco a pesar de que contenga quizá el mejor estribillo de todo él. Situarla más adelante habría supuesto descubrir una piedra preciosa, en tercer lugar es todo un escollo a salvar. Aún así, ¿te gusta, verdad? Claro, porque los arreglos de cuerda son un autoplagio de Oasis.

Pasemos sin miedo a "Lock All the Doors". Aquí sí, aquí es donde te crees que me estoy equivocando porque ese comienzo con tanto rock 'n' roll es matador, ¿verdad que sí? ¡Nadie había pasado una púa a contrapelo por la sexta cuerda y te crees que la velocidad te va a despeinar! Hazme un favor, canta conmigo durante los dos primeros compases la canción "Morning Glory" de "(What's the Story) Morning Glory?" del 95. Siento el "coitus interruptus", estas cosas pasan cuando escuchas mucha música y no dudaba, ni por un segundo, de que tú, querido lector, ya habías reparado en ello...

¿Te queda algo de ánimo? Escuchemos juntos "The Dying Of The Light" que supone otro auténtico bajón y con él se anuncia el final del disco. ¿A la quinta canción? Sí porque, mira, si pasas a la siguiente te darás cuenta de que "The Right Stuff", por mucho que Noel quiera compararla con los Rolling Stones y a pesar de que meta un saxo, es auténticamente infumable (no hay nada de "Under My Thumb" en ella, que no te engañen) y si unes ésta y "The Dying Of The Light" te darás cuenta de que llevamos más de diez minutos tediosos que no funcionan en disco y mucho me temo que tampoco lo harán en directo sin arrancar bostezos o hacer que las barras se inflen de servir cervezas cuando el público aproveche para ir a los aseos y así evite la parte central del concierto.

Como aburrida es la intro de "While the Song Remains the Same", escúchala conmigo, sin miedo... Setentera y con sonido stoniano en algunas ocasiones pero se vuelve lánguida en las estrofas y verás que lo único excitante ocurre en el minuto tres (adelántalo, hazme el favor) en el que parece que se va cernir sobre nosotros alguna descarga eléctrica que se ve tamizada por, de nuevo, el aburrimiento más absoluto. ¿Te das cuenta de que acaba como comienza? ¿De verdad crees que esto es lo mejor que puede hacer Noel? Vamos a por la siguiente, no suframos escuchando de nuevo las mismas canciones.

Sí, el comienzo te recuerda a un riff de Queens Of The Stone Age y muchos, incluídos él mismo, la comparan con T-Rex de Marc Bolan pero te voy a contar por qué... Porque hay algunos paletos que cuando escuchan un cencerro (el instrumento, ¿lo conoces?) en una canción no pueden dejar de mentar a Bolan y el glam en vano y, por mucho que Noel meta arreglos de metales y algún que otro coro, esta estupidez de "The Mexican" no suena ni a Richards ni Jagger, ni a Bolan ni a Homme y lo sabes.

A ver, ya estás cansado de leerme y, aunque sabes que tengo razón, tu pequeño corazoncito inglés pertenece a los hermanos Gallagher y nunca vas a darme la razón pero, si me acompañas hasta el final, verás como no todo es malo. "You Know We Can't Go Back" suena como debería haber sonado todo el disco, ésta sí es vibrante y tiene gancho, animada y sería capaz de levantar a cualquier fan de Oasis. De nuevo el bajo es el protagonista y es refrescante escuchar a Noel en este registro. ¿Por qué no ha hecho algo parecido antes? Y, para confirmar mi teoría, tienes "Ballad of the Mighty I" en la que.... ¡Sorpresa, sorpresa, el bajo vuelve a ser quien lleve la voz cantante! Esto quiere decir que Noel debería olvidarse de experimentos, de rasguear con desgana su guitarra y de verdad experimentar lo que supone estar en un grupo y no en estos High Flying Birds de mentirijilla. Además, en "Ballad of the Mighty I" cuenta con la ayuda de Johnny Marr y, aunque sea toda una labor de investigación escuchar su guitarra y creer entender que ha sido tan decisiva en la canción como el propio Noel asegura, posiblemente haya dotado de algo de frescura a la canción o a la grabación, quién sabe...

Un disco entretenido, de dos escuchas, fácilmente olvidable y en el que se plantean caminos interesantes para un posible álbum en el que, por fin, Noel nos calle la boca a todos o, mejor aún, en el que él mismo la cierre y, por una vez, entendamos que cuando un Gallagher calla es porque tiene algo interesante que decir con su música, como antiguamente. No te preocupes, estas cosas pasan hasta en las mejores familias.

© 2015 Piero Bambini

Crítica: Diana Krall "Wallflower"

¿Cuál es tu disco favorito de Diana Krall? ¡Ése en el que sale ella en la portada! Fuera de bromas y chistes fáciles (porque, obviamente, aparece retratada en todos), lo cierto es que estuve enamorado de Diana Krall desde aquel homenaje al Nat King Cole Trio con aquella portada de "All For You" en la que aparece, en blanco y negro, sentada al piano después de haber tocado, mirando; no se sabe si con gesto de desaprobación, media sonrisa, ironía o -simplemente y lo más plausible- sin saber muy bien cómo posar debido a su gran timidez. Aquello fue en el 96 y casi veinte años después no veo el motivo por el cual romper nuestro idilio aunque se haya casado con Elvis Costello y su matrimonio no haya hecho más que florecer su carrera y, en vez de anquilosarse o terminar haciendo easy-listening jazz para adultos (como ocurrió en "The Look Of Love" del 2001) ha explorado diversas sonoridades, desde la suya propia en "The Girl in the Other Room" (2004), el ya clásico disco de villancicos un año después (algo que es toda una tradición y casi un deber para casi cualquier artista fuera de nuestro país), el más orquestal "From This Moment On" (2006), el exótico "Quiet Nights" (2009) o el elegante y más adulto "Glad Rag Doll" (2012), en el que rendía homenaje a la música que sonaba en la vieja gramola de su casa cuando era pequeña. Pero lógicamente en esta ecuación faltaba uno; el disco de versiones de clásicos pop que la aleje de los estándares del jazz y le permita oxigenarse e interpretar las canciones que realmente le apetecen al piano y con un acompañamiento mínimo. Muchos, los más críticos y fundamentalistas, dirán que eso es precisamente lo que lleva haciendo siempre pero no es verdad, además Elvis Costello quien realmente la animó a hacer un disco como el que nos ocupa tras organizar un concierto benéfico en Londres y contar con ella para cantar "Sorry Seems To Be The Hardest Word" de Elton John.

Crítica: Hate "Crusade: Zero"

Como si de una entrega de medallas se tratase y en nuestras inocentes manos quedara la elección de los tres puestos del cajón, en el caso de las bandas polacas lo tendríamos relativamente claro, más bien deberíamos decir cristalino. Creo que no hay duda que el puesto de honor debe ocuparlo su armada más internacional y por ende más importante en cuanto a legado e historia musical; estamos hablando sin duda de Behemoth. La banda de Nergal, Orion e Inferno (todavía no entendemos a que está esperando Adam para incluir de una puñetera vez a Seth como miembro oficial de su line up...) deben ocupar por derecho propio el primer puesto y un lugar de honor en un país donde el metal extremo parece moverse como pez en el agua. El segundo puesto también lo vemos bastante lógico y cabal; por años,  por experiencia y por bagaje pensamos que Piotr es el señalado para colocar a sus Vader en el segundo peldaño de nuestro supuesto atril. El espíritu old school de sus canciones combinado con la fuerza bruta y el sonido envolvente de sus composiciones dan como resultado un little boy lleno de rabia y de dolor al cual resulta muy difícil resistirse…

Es a partir de aquí cuando se abre más el juego y se empiezan a destapar y barajar determinados nombres; hasta ahora hemos visto que los dos primeros puestos del ranking parecen claros, y pienso que no muchos son los que se atreverían a tocarlos y menos aún a eliminarlos o bajarle un escalón. Otra cosa muy diferente surge a la hora de asignar el último puesto de nuestro hipotético listado. En ese sentido pensamos que Hate es la banda idónea y más preparada para ocupar dicho puesto, ya que por entrega, por obra y por sonido son merecedores de alzarse con tal premio, llevándose por delante a otras bandas bien posicionadas como puedan ser Riverside, Crystal Viper o incluso los cada vez más notorios, Vesania (con Orion de Behemoth a los mandos, ocupándose de la guitarra y de las labores vocales). 

Hate son unos trabajadores natos, llevan muchos años luchando y breando contra viento y marea por alzarse con una posición de relativo reconocimiento a nivel internacional. Son unos tipos que me caen bien, gente luchadora y trabajadora a la que deseo lo mejor. Es cierto que todavía les faltan cosas por mejorar y pulir, pero están muy bien posicionados y se están ganando a pulso colocarse entre las mejores bandas de blackened death metal europeas. Obviamente todos sabemos quiénes son los maestros en esta disciplina, y Hate los conocen mejor que ninguno de nosotros, por lo que es relativamente frecuente ver el alma de Behemoth en muchas de sus canciones. Después de un fantástico álbum como fue "Solarflesh", Adam Buszko (por cierto, comparte nombre con Nergal), el alma y espíritu de Hate, sigue en proceso de progresión, llevando el sonido de la banda a un punto más cálido y notorio para aquellos que todavía ven en la vertiente extrema del death y black metal un mercado angosto e incluso no apto. A favor de "Solarflesh" tenemos que decir que fue un disco más directo y más certero, iba dirigido a la yugular, diseñado desde un principio para morder y hacer daño. Adam no quiso entonces andarse con chiquitas, tampoco lo hace con "Crusade:Zero", pero bien es cierto que en esta ocasión pierde parte de la oscuridad y penumbra de "Solarflesh", punto éste que ya vemos desde su portada, mucho más simple y fría de aquella fantástica obra del horror que dibujaba y adornaba su octavo disco.

Curiosamente, y por otro lado algo bastante extraño en el metal extremo, el álbum comienza con dos intros muy dispares entre sí. La primera, "Vox Dei (A Call From Beyond)", con un ambiente muy sinfónico detrás, advenido por los instrumentos de viento en ella empleada. Una composición que hace las veces de obertura para "Lord, Make Me An Instrument Of Thy Wrath!", una intro más en primera persona, con la banda al completo trabajando sobre sus instrumentos y convirtiendo en realidad la ficción abstracta de "Vox Dei". No serán éstas las únicas piezas instrumentales de "Crusade:Zero", a estas dos tenemos que añadirle otro par más; por un lado la mágica y astral "The Omnipresence", más propia de bandas de power o de metal sinfónico como pudiera ser Lost Horizon, y por otro "Black Aura Debris", dos minutos lamentables, que todavía no he logrado entender y que son totalmente desechables…

La cosa empieza a ponerse seria con "Death Liberator", un tema que arranca con decisión y coraje pero que curiosamente va perdiendo fuelle y empaque según los segundos avanzan, debido sobre todo a un riff excesivamente corto y repetitivo, que hace que las estrofas se te hagan bola. A su favor juega el excelente sonido que han sacado en las guitarras, muy claro y pulido, con una producción de auténtico lujo. Ya quisiera cualquier grupo español sonar la mitad de bien que Hate.

"Crusade:Zero" es el noveno larga duración de los polacos, y esa experiencia se nota y se hace valer en "Leviathan", desde mi punto de vista uno de los cortes más completos y vitales. Adam saca su mejor versión, virando su registro hacia un tono abrupto y demoledor, tirando de guturales radiactivos e infernales y dibujando las estrofas más serias y compactas del nuevo trabajo. "Doomsday Celebrities" es una de las más "marchosas", incitan al movimiento y dejarse llevar por los alocados graznidos del señor de las tinieblas, encarnado por un Adam que se hace gigante y se sobredimensiona. Bestial la batería de "Pavulon", golpeando como alma en pena desde el segundo uno al último (y son unos cuantos). Toda una lección de maestría y coraje... Con "Hate Is The Law" pisan a fondo en una composición muy "Solarflesh" y por ende muy Behemoth, dejándonos un gran sabor de boca a los que aún tenemos un paladar exigente. Punteos jugosos y sabrosos harán las delicias de los amantes de los sonidos melódicos y claros.

"Valley Of Darkness" es uno de los cuatro temas que superan los seis minutos de duración de "Crusade:Zero" y el segundo más largo de dicha obra. Es la canción elegida por la banda y por Napalm Records para ser lanzada como single y hacer de la misma uno de los videoclips más auténticos y vistosos de la historia de la banda polaca. De tempo lento y corte pesado se erige como la piedra angular del sonido "Hate", donde la velocidad pierde posiciones en detrimento de los sonidos densos y opulentos. "Crusade:Zero" continúa por la vertiente más afilada y cortante del death metal, con un Adam que parece sentirse más cómodo y ligero en los registros "death" que en los "blacker", todo lo contrario que "Rise Omega The Consequence!" e incluso con "Dawn Of War", dos temas relativamente melódicos que se acercan más a los sonidos paganos y oscuros del black metal, con una batería más propia de unos voluptuosos Marduk y una guitarra que podría estar firmada por el mismísimo Morgan.

Hate siguen por el camino correcto, "Crusade:Zero" es un buen disco que hará disfrutar a los amantes de los sonidos más extremos del metal. Nosotros ya contamos los días para verles en directo a finales del mes de Marzo junto a Vader. Será grande, muy grande...

© 2015 Lord Of Metal


Concierto: Amon Amarth (Madrid) 08.02.2014

SETLIST: Father Of The Wolf/ Deceiver Of The Gods/ Live For The Kill/ Free Will Sacrifice/ Asator/ For Victory Or Death/ As Loka Falls/ Bleed For Ancient Gods/ Death In Fire/ The Last Stand Of Frej/ Guardians Of Asgaard/ Shape Shifter/ Cry Of The Black Birds/ War Of The Gods/ Victorious March/ Twilight Of The Thunder God/ The Pursuit Of Vikings/

Da gusto ver como un grupo evoluciona, madura y se hace grande. Lo de Amon Amarth no es flor de un día, eso es evidente, pero sin duda que estamos ante uno de los grupos que más relevancia y peso ha cogido en la última década, por no decir en los últimos cinco o seis años. Ya he pedido la cuenta de las veces que he visto a los suecos en directo, ya que por suerte para nosotros es una de las pocas bandas que raramente deja a España fuera de sus giras europeas, teniendo como mínimo a Madrid y Barcelona entre sus fechas programadas además de algún que otro festival veraniego. Lo que no cabe a discusión alguna es la afirmación de que Amon Amarth son unos currantes natos, no son de esas banda que tienden a dormirse en los laureles, invernando durante años antes de decidirse a componer material nuevo. Ted Lundström lo decía recientemente en una entrevista, si quieres seguir tocando en directo tienes que seguir componiendo nuevas canciones y grabar nuevos discos; no queda otra, es así de simple y de sencillo...

La línea ascendiente de Amon Amarth es vertiginosa, recuerdo una de las primeras veces que les vi con un aforo de público que difícilmente superaba el centenar de personas. Fue en la sala Copérnico de Madrid hace menos de ocho años. Los de Johan Hegg llegaban entonces a la Capital para presentarnos su sexto álbum "With Oden On Our Side" (2006), un fantástico trabajo que ya dejaba entrever que Amon Amarth no iba ser una moda pasajera y menos aún pan para hoy y hambre para mañana. La banda ya se presentaba por aquellas fechas con un sonido espectacular , canciones como "Valhall Awaits Me", que abrió aquel concierto o "The Pursuit Of Vikings", que sirvió entonces (y al igual que ahora) como epílogo, nos dejaron más de un destello de soberanía y grandeza; el death metal melódico de corte épico empezaba a tener unos dignos defensores y valedores. Amon Amarth pedían paso a marchas forzadas y estaba claro que llegaban para quedarse...

Al igual que en su último paso por Madrid (en Junio de 2012 junto a Cannibal Corpse), el quinteto sueco volvía a recaer en La Riviera. La famosa sala madrileña estaba preparada para un Domingo que se presumía cargado de momentos épicos y sonidos hímnicos. Con un gran ambiente, aunque con el piso superior cerrado, Johan Hegg y sus vikingos saltaban al foso madrileño con el segundo single de su último trabajo, "Deceiver Of The Gods" (2013). "Father Of The Wolf" ya nos dejó desde un primer momento muy buen sabor de boca, con una banda entregada a la causa y presumiendo de un sonido espectacular desde el segundo uno. Johan, al igual que Fridén de In Flames, es uno de esos tipos que caen genial, bonachón y dicharachero que sabe ganarse al personal, metiéndoselo en el bolsillo gracias a la enorme bondad que transmite con su presencia y su predisposición...

Si "Father Of The Wolf" se ganó al 80% de los asistentes, el otro 20% cayó rendido con la soberana "Deciver Of The Gods", donde la banda prefirió tocar en directo su intro en vez de meterla enlatada. Un dato curioso es que Soderberg ha ido ganando presencia e importancia en la banda con el tiempo; recuerdo que en los primeros años de Amon Amarth la figura del guitarrista principal recaía sobre la Explorer de Olavi, siendo este último quien ejerciese un mayor protagonismo en los punteos y solos de la banda. Pero de un tiempo a esta parte el otro Johan (Soderberg) ha ganado relevancia en una banda en la que todo parece ir sobre ruedas. Vimos a Hegg en un gran estado de forma, en esta ocasión su voz aguantó perfectamente la hora y cuarenta minutos que duró la actuación, cosa que no sucedió en su último paso por Madrid, donde el vocalista mostraba un cansancio bastante severo y agudo fruto de la enorme paliza de conciertos que arrastraba por entonces…

Los momentos épicos no tardan en llegar gracias a la rápida "Live For The Kill" y la bella "Free Will Sacrifice", ambas de su séptimo trabajo, "Twilight Of The Thunder God" (2008). Esta pareja de ases suenan espectaculares y saben a gloria bendita, con una banda que nos hace perder la cabeza con su potencia y con su música legendaria, tirando de dos de las guitarras más melódica que jamás haya gestado el death metal. Con el paso de los años Amon Amarth han ido cediendo, y porque no decirlo, perdiendo aquel componente old school que codimentaba y alineaba sus primeros trabajos, haciendo de la melodía su principal eje de fuerza y empuje. Los momentos épicos se reproducen sucesivamente en un concierto de Amon Amarth, aunque la furiosa "Asator", el que fuera segundo single de su sexto álbum (recordad que el primero fue "Runes To My Memory"), rompe el hielo y marca distancia con el resto de cortes de su setlist, con un Hegg espectacular, desgarrando su garganta con los guturales más sobresalientes y notorios de la noche, para posteriormente despacharse a gusto con uno de mis temas favoritos..."For Victory Or Death" de su octavo redondo, "Sutur Rising" (2011), hermanó a todos los allí presentes, con una de las melodías más emocionantes y directas que tienen los suecos. Soderberg y Olavi fantásticos en sus solos, turnándose y relevándose como deben hacer los buenos compañeros. Todo un lujo para nuestros sentidos.

El concierto coge cuerpo y músculo con dos de sus clásicos, por un lado con "Bleed For Ancient Gods", tema de apertura de su segundo álbum, "The Avenger" (1999), y del que un servidor enamoró cuando lo escuché por primera vez con todo lujo de detalles en el dvd "Warth Of The Norsemen", aquel fantástico triple trabajo en directo que cualquier fan de la banda nórdica debería tener para ver cómo se las empezaba a gastar la banda en la gira de su quinto trabajo, "Fate Of Norns" (2004). Por cierto, "Fate Of Norns", otro de sus discos fetiches, ya que de allí salieron temas tan importantes e incunables como "The Pursuit Of Vikings" o su tema homónimo, que por entonces abría todos y cada uno de sus conciertos, pero que con el paso del tiempo ha sido relegado a un segundo plano (una lástima).

El ritmo bailón y cachondo de "Guardians Of Asgaard" pone a saltar a media Riviera, y aunque reconozco que no soporto las canciones con aires y tintes folk, he de confesar que "Guardians Of Asgaard" sonó de auténtico lujo, con una nitidez y una fuerza digna de resaltar. "War Of The Gods" vuelve a subir los decibelios y la mala hostia del quinteto, con un combo totalmente revolucionado, castigando sus cuellos con continuos y eternos headbangings. Tras la poco golosa y dulzona "Shape Shifter" y la radicalmente tuneada "Cry Of The Black Birds" llegaba la hora de finalizar el cuerpo principal de su actuación. Una vez más la encargada de ejercer dicho honor fue "Victorious March", de su primer trabajo "Once Sent From The Golden Hall" (1998). Una canción que destila talento épico por todas partes y que puso el listón muy alto para lo que vendría posteriormente. Toda una suerte poder disfrutarla una vez más en directo...

Tras un breve descanso Johan Hegg aparece sobre el escenario cargando un Mjolnir (martillo de Thor) de considerables dimensiones y al cual no duda en castigar contra el suelo cuando "Twilight Of The Thunder God" empieza a coger cuerpo y carrerilla. Estamos ante uno de sus temas que más gustan y complacen, y donde nuevamente la banda al completo vuelve a mostrarse sobresaliente con un Fredrik atronador cuando sus pies disparan sobre los bombos la rabia contenida por este gran batería... ¿Y el fin de fiesta? Pues como ya os podéis imaginar la juerga y la algarabía llega de la mano de su tema más representativo y emblemático. A nivel personal considero "The Pursuit Of Vikings" muy lejos de sus mejores composiciones, no obstante estamos ante una de esas piezas que invitan al asueto y al desenfreno. Una vez más nuestros vikingos favoritos lograron convencernos para estar entre el público en futuras funciones...¿Y a quién no?

© 2015 Lord Of Trve Metal

REVÓLVER: "Mi reto es seguir convenciéndote"


Revólver, Carlos Goñi, publica "Babilonia", su nuevo disco tras cuatro años en los que, sin embargo, no ha permanecido quieto y estuvo dos años con la gira de "Argán" (2011) y luego más electrificado que nunca de nuevo sobre los escenarios. Pero Goñi no es sólo uno de los mejores músicos de nuestro país sino un artista que se reinventa en cada álbum y sigue, después de todos estos años, intentando convencer con sus canciones y la misma ilusión. Un compositor honrado y trabajador que no duda en dejarse la piel en cada concierto y después atender a todo aquel que quiera conocerle.

Las siguientes respuestas pertenecen al encuentro digital que Carlos Goñi amablemente concedió a través de la Fnac y en el cual, el equipo de nuestra web, le pudo hacer algunas preguntas...

¿Cómo surgió la idea de "Babilonia"? ¿Tiene que ver el formato y la electricidad de "EnJoy" en directo para ser un trío?
Imagino que sí, el concepto de trío lo contamina todo para bien.

A estas alturas de tu carrera, en la que ya no tienes que demostrarle nada a nadie excepto a ti mismo, ¿qué retos le quedan a un músico de tu trayectoria?
El seguir convenciéndote, por ejemplo, y hablo de ti.

¿Cuál es el disco de Revólver del que estás más orgulloso?
Si tuviese que elegir un sólo álbum pensando en lo que puede haber aportado a la música, me quedo con "Argán".

¿Qué música escuchas cuando lo haces por placer; sigues recurriendo a los clásicos, has descubierto algo nuevo?
¡Absolutamente de todo, cuando está bien hecho prácticamente todo merece la pena!

¿Qué te ha parecido el último disco de Bob Dylan? ¿Has pensado alguna vez en hacer un disco únicamente de versiones interpretando a los artistas que más te gustan?
Aún no lo he escuchado y sí tengo en mente hacer un disco de versiones... 

Si tuvieras que elegir una sola guitarra, una sola herramienta; ¿Hummingbird, Stratocaster, Telecaster o Les Paul? ¿Cuál es el equipo básico con el que tocas habitualmente; algún pedal o ampli en particular? Nos encanta tu manera de tocar.
Si tuviese que elegir una en concreto me quedo con la Stratocaster y la Les Paul. En cuanto a pedales; me gusta para distorsiones el Fulltone. En cuanto a amplis llevo años trabajando con los Bigtone que son valencianos y no tienen nada que envidiar a lo mejor que pueda haber por ahí fuera… Agradecido por tus palabras.

¿Cómo compones habitualmente? ¿Guitarra acústica y cuaderno, a solas y tranquilo o mejor en el local de ensayo con tus músicos?
Solo, siempre solo. Me sería imposible componer con los músicos, esto no es un grupo... jajajaja

¡Chicos, ha sido un placer, gracias por vuestro interés, me largo corriendo al escenario, un beso para todos!

Crítica: Battle Beast "Unholy Savior"

Tras su debut discográfico con "Steel" y su segundo trabajo homónimo, la banda finesa Battle Beast vuelve a estar de actualidad por la edición de su tercer vástago, "Unholy Savior". La banda del guitarrista Anton Kabanen regresa con un álbum muy del estilo de sus dos anteriores trabajos, que no aporta grandes novedades a un género ya manido y un tanto obsoleto. "Unholy Savior" es un disco que divierte, y a unas malas sirve para arreglarte una tarde de Domingo de frío invierno, pero que al igual que ocurrió con sus dos predecesores, tampoco formará parte de los mejores, dentro de las infinitas listas que a todo el mundo le da por hacer a final de año. Y esto es así por dos motivos muy básicos; el primero, porque aún estamos en Enero, y con la cantidad de discos que presumiblemente este año verán la luz, cuando estemos en Diciembre nadie se acordará de "Unholy Savior" (recordemos que muy pocos se acordaron de "Bloodstone & Diamonds" de Machine Head, un grupo que cuentan con un infinito reconocimiento mayor que los fineses. Y eso que el álbum de los de Oakland se editó en Otoño). Y en segundo lugar, por una razón de peso objetivo, ya que no creo que el tercer álbum de Battle Beast porque tampoco es un disco para tirar cohetes. Es un trabajo con el que cumplen, y ya está...

Bien es cierto que Battle Beast cuenta con muy buenos músicos. En una entrevista, tras la edición de su debut ("Steel), escuchábamos a Anton Kabanen, guitarrista y principal compositor, describir el estilo de la banda como 100% heavy metal, sencillo y pegadizo, donde los riffs melódicos y las guitarras old school, acompañados por los gritos de su vocalista (de aquella, Nitte Valo) forman los ingredientes de una receta de sobra conocida por todos nosotros, y que tiene más bien poco de secreto. Tampoco podía resultar extraña y menos aún coger por sorpresa dicha descripción si tenemos en cuenta los gustos musicales de los que siempre ha "presumido" Kabanen; vamos, los de casi todo el mundo: Judas Priest, Iron Maiden, Wasp, Black Sabbath o los teutones Accept. Battle Beast empezó a ganar repercusión y auge tras la victoria del "Metal Battle" de Wacken en el año 2010, es decir, antes de que "Steel" fuera tan siquiera un proyecto en la mente de seis jóvenes músicos, que apenas fantaseaban con hacerse un hueco en el jodido mundo de la música. Battle Beast, al igual que la mayoría de bandas que ganan dicho evento, vieron crecer el número de fans y de compañías discográficas que a partir de entonces empezaron a interesarse por su música y por su trabajo. 

Tras asentarse con su debut, "Steel" (2011), la banda pierde a su vocalista, Nitte Valo, y los miembros deciden fichar como frontwoman a Noora Louhimo. A nivel vocal la diferencia entre el mencionado "Steel" y su segundo álbum, "Battle Beast", son más bien mínimas e insignificantes, no tanto porque Nitte y Noora tengan rasgos vocales similares (que también), sino porque el mecanismo y la hoja de ruta es exactamente la misma en ambos casos. Posiblemente la forma de cantar de Noora sea más fina y adornada que la de Nitte, por otro lado más tosca y embarullada. Noora quizá sea menos bruta, más sencilla, con un timbre más femenino, y que humildemente pienso encaja mejor en Battle Beast. Conclusión que podemos sacar si escuchamos un tema como "Lionheart", posiblemente el mejor del álbum, donde el componente épico dibuja un papel esencial en la voz de Louhimo y en las manos de Janne. La combinación de voz y teclado dan un resultado jugoso y aceptable, con el que no resulta difícil sentirse bien, siendo en ocasiones agradable e incluso hasta bonito. La reposada voz con la que Noora trata las estrofas y estribillos de "Lionheart" le otorgan al tema un atributo de medio tiempo más que de speed metal, roto mínimamente en su parte final, donde la diva decide embravecerse.

Curioso que Kabanen no mencione entre sus gustos muchas bandas de power metal, ya que las campanas "avantasianas" de los preliminares de "Unholy Savior", así como sus teclados, perfectamente podrían estar firmados por Perspicacious Protector de los suecos Lost Horizon, en varios de los temas de "A Flame To The Ground Beneath" o incluso "Awakening The World"...eso sí, ya quisiera Noora tener un halo de la prodigiosa voz de Daniel Heiman. El que también fuera vocalista de Heed demostró que su registro está muy por encima de la media y que sus dotes no están al alcance de cualquiera. "Unholy Savior" además de ser un tema excesivamente estático y cortado por el mismo patrón que el 70% del resto de los temas de Battle Beast, flojea en su parte final cuando salen a escena unas desdichadas flautas, ambientando una atmósfera "folk" con la que no es difícil torcer el gesto.

Con "I Want The World... And Everything In It" al igual que ocurre más tarde con "Speed And Danger" la frontwoman tira de ovarios en dos de los temas más convulsos y revolucionarios de "Unholy Savior", y donde la oscura voz de Kabanen (en el primero de ellos) cobra cierto protagonismo y relevancia al asociarse en determinadas ocasiones con la Noora. Los rápidos teclados de su solo podrían estar perfectamente encuadrados en el perfil de Wirman (Children Of Bodom) o incluso de un principiante Alex Staropoli (Rhapsody Of Fire). Su single "Madness", del cual gestaron un bonito videoclip, es sota, caballo y rey; es decir, estrofa, estribillo, estrofa, estribillo, solo, puente y estribillo. Bueno, es verdad que estamos ante un single, y no le podemos pedir peras al olmo, y aunque no sea un tema para tirar voladores, debemos decir que es medianamente aceptable, que no desagrada en absoluto, y que más de uno pondrá a saltar y bailar con ese revoltoso "My Name Is Madness..."

Otro tema distinto es "Sea Of Dreams"...con ese título ya os podéis imaginar que tenemos por delante una balada dulzona y empalagosa hasta decir basta, con unos teclados que parecen estar sacados de un Casio PT10 (yo creo que el mío sonaba hasta mejor) y con una Noora operística (lo reconozco, nunca me gustó este tipo de metal), el tema se hace insufrible e insoportable. No sé a quién coño se le ha ocurrido la feliz idea de introducir una balada en la quinta canción; si ya en la séptima y en la octava se torna muchas veces como indigeribles, ya os podéis imaginar en la primera mitad de un disco...Para más inri, los instrumentos de corte folk fluyen a sus anchas por una canción excesivamente predecible...Curiosamente la gente pone a parir uno de mis temas favoritos, y es que "Touch In The Night" entra de primeras gracias a ese ritmo primigenio que Alphaville ya introdujera en su clásico "Big In Japan". Sin duda, un tema fantástico con el que bailar una y otra vez hasta el amanecer.

Las instrumentales "The Black Swordsman" (en verdad no lo es, pero para nuestros efectos como si lo fuera) y "Hero's Quest" os las podéis saltar, porque no aportan nada nuevo a un género más quemado que la moto de un hippie. La cosa se pone un poco más emocionante en "Far Far Away" con una Noora que modula su voz, dándole un corte más rasgado y bronco (algo parecido a Lzzy Hale), y que en esta ocasión adiciona y no descuenta, al contrario de lo que ocurre con "Angel Cry"...No os hagáis ilusiones, ya que el único parecido que tiene esta canción con el clásico de Angra es justamente su título en versión singular. El clásico de 1993 de André Matos abría de forma brillante uno de los mejores discos de power metal, mientras que veintidós años después cierra de forma dramática un disco que se salva por los pelos...
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