NAILS: "Nunca serás uno de los nuestros"

Si este álbum se hubiese publicado en los ochenta estaríamos hablando de todo un disco de referencia, una obra seminal en la que muchos artistas se mirarían y buscarían para definir su propio sonido.

HARAKIRI FOR THE SKY regresan con "III:Trauma"

Los austríacos parecen firmar el final de un trilogía con su mejor álbum hasta la fecha.

¿Un disco de thrash, conceptual y ambientado en el espacio?

VEKTOR han firmado uno de los grandes álbumes del año. Tan técnico y apabullante como emocionante y épico que te deja con ganas de más.

La escapada a ninguna parte de RED HOT CHILI PEPPERS...

Aquellos que esperan reencontrarse con los Chili Peppers de siempre se darán de bruces con un disco atípico y con canciones poco inspiradas o indignas de unos músicos que podrían dar mucho más de sí y parecen haber perdido la frescura.

El irregular regreso de DARK FUNERAL

Los suecos aciertan de pleno en el título de su nuevo álbum en el que, en efecto, sólo hay sombras, poca luz y menos oscuridad...

"Magma" de GOJIRA: el disco de la polémica.

Para muchos es una obra maestra, para otros el primer paso en falso de los de Bayona. Los hermanos Duplantier, por primera vez, no cumplen las expectativas.

La decepción de DESTRUCTION...

Tras muchas escuchas, el último álbum de los thrashers alemanes muestra su gran punto débil en la composición.

ROB ZOMBIE repite la misma fórmula...

Resulta complicado evaluar un álbum que ya hemos escuchado un millón de veces a lo largo de los últimos veinte años pero con título diferente, Rob Zombie produce discos como una cadena hamburguesera; sacian al instante pero no alimentan a la larga...

La piscina con forma de luna de RADIOHEAD

Cincuenta y dos minutos y once canciones es lo único que le hace falta a la banda para demostrar que siguen siendo tan geniales como sorprendentes tras cinco años de ausencia...

Así es "Dreamless" de FALLUJAH

Mejorando el sonido en el estudio tras "The Flesh Prevails" pero con una segunda cara regular, electrónica y repleta de altibajos.

AMON AMARTH: nunca des la espalda a un vikingo

"Jomsviking" es el mejor álbum de los suecos desde "Twilight of the Thunder God", Odín vuelve a estar con ellos...

¡Nos largamos de nuevo al HELLFEST!

Nos llena de orgullo y satisfacción; otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo... le meilleur festival du monde!!

Jesse Leach se abre en "Incarnate" de KILLSWITCH ENGAGE

Y publican un álbum sólido y coherente pero la sombra de "Alive Or Just Breathing" es alargada…

"Phenotype" de TEXTURES; ¿tendremos que esperar a escuchar su genotipo?

Los holandeses vuelven con un álbum bajo el brazo para el que deberemos esperar a su segunda parte para saber si han acertado en el blanco...

IGGY y HOMME; la extraña pareja...

"Post Pop Depression" ha sido una de las grandes sorpresas de este año y el mejor desde "American Caesar"

ABBATH es el auténtico rey de Blashyrkh

El noruego demuestra que hay vida después de Immortal y se lo pone difícil a Demonaz con un álbum repleto de fuerza y frío invernal...

El púrpura de BARONESS es la mezcla perfecta del rojo y el negro...

John Baizley ha conseguido con "Purple", su cuarto álbum, mezclar lo mejor de "Red" y "Blue", regalándonos uno de los grandes discos del año.

Mucho color, poco curry y menos canciones; así es "A Head Full Of Dreams" de COLDPLAY

Un regreso forzadísimo al colorismo más exagerado con alguna influencia étnica, pop de celofán y una escasez de ideas tan abrumadora que asusta.

PERFECTAMUNDO y lo que pudo ser y no fue....

BILLY GIBBONS aparca temporalmente a ZZ TOP y se estrena en solitario con un álbum lleno de ritmos afrocubanos, altibajos y, por desgracia, el dichoso autotune.

CASPIAN; cuando la música puede ser arte.

Los de Massachussets han parido su mejor álbum hasta la fecha; arriesgando sin perder su identidad y conservando toda su emoción.

Las alas de cera de DAVID GILMOUR

El guitarrista de PINK FLOYD vuelve con un disco nuevo bajo el brazo, "Rattle That Lock", exquisito pero falto de unión y con demasiados altibajos.

AHAB queman las barcas...

Los alemanes han grabado un auténtico monstruo con canciones de más de diez minutos capaces de mantener tu atención y tu alma en vilo…

La mecánica de fluidos de TAME IMPALA

Kevin Parker, en constante cambio, se disculpa por ello en sus canciones pero firma uno de los discos del año.

Y al séptimo disco, CRADLE OF FILTH resucitaron…

Nueva formación y las canciones más inspiradas que Dani Filth ha escrito en los últimos quince años...

THE DARKNESS se hacen mayores...

Pero consiguen grabar un buen disco, menos histriónico y serio que los anteriores pero igual de inspirado...

Sueñan los drones con guitarras eléctricas

Primer paso en falso de MUSE, con "Drones" nos encontramos ante un disco sin rumbo, coherencia ni buenas canciones.

BLUR contraataca con un regreso por todo lo alto

Doce años después, los ingleses publican "The Magic Whip" y consiguen el aplauso unánime de crítica y público con un disco diferente.

La catarsis de BJÖRK

La islandesa encuentra la liberación a través de la palabra en su mejor disco en años.

DYLAN por SINATRA, en estado de gracia.

El auténtico placer de cumplir años es no tener ni Dios ni amo; decidir a quién se le da la mano...

ROYAL BLOOD vuelven a España...

Y nosotros rescatamos nuestra crítica de su álbum para ir calentando motores.

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

Han logrado que WEEZER publique uno de sus mejores discos en años, "Everything Will Be Alright In The End".

¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

PINK FLOYD se despiden...

David Gilmour y Nick Mason rinden homenaje a Richard Wright en "The Endless River", un disco bello y tranquilo.

Ocho ciudades, ocho canciones y ninguna que justifique un disco

Foo Fighters vuelven con un disco mediocre que hará las delicias de sus fans más recientes y menos exigentes.

Con máscaras y a lo loco...

Cuando uno piensa en SLIPKNOT, piensa en esa descarga de adrenalina, en ese caos en el que se convierten sus directos...

MORRISSEY en ESPAÑA: "Todo lo que necesitas soy yo"

Moz estuvo en nuestro país y recuperamos nuestra crónica de su paso por Madrid.

Cuarenta minutos de abstracción

Un disco fascinante, extraño, menor pero extrañamente bonito, diferente y excitante...

Bonamassa contra el mundo

Porque discos así no se escuchan todos los días y, por desgracia, no se graban tan a menudo como debiera...

El Quadrophenia de U2, según The Edge

Podemos seguir echando de menos el pasado más glorioso de U2 y dejar de disfrutar del presente; “You glorify the past when the future dries up” que decían ellos mismos...

BRIAN FALLON, tocado pero no hundido…

Tras diez años de matrimonio ha decidido exorcizar todos los demonios internos de su ruptura en el nuevo disco de su grupo, THE GASLIGHT ANTHEM.

THE NATIONAL en España y nosotros nos refugiamos en su último disco...

Como dice Chuck Palahniuk, "la mejor venganza de todas es la felicidad. No hay nada que vuelva más loca a la gente que ver a alguien teniendo una vida jodidamente maravillosa" y nosotros somos felices con la música de los de Cincinnati.

IN UTERO: un viaje sin retorno

Analizamos en profundidad la grabación del último gran disco de NIRVANA y quizá de los noventa...

MASTODON: La vuelta al sol en ochenta días

Si lo que Mastodon pretende es llevarnos a otra dimensión, el experimento se queda a medio gas y es que sólo en la segunda parte de su disco seremos testigos de ese viaje...

Tenemos carta de Neil Young...

El canadiense graba su último disco en una antigua cabina del 47, una de las experiencias más low-tech que ha tenido, un experimento interesante pero desigual...

¿Qué haríamos sin la música de STRUMMER?

Nuestro amigo Joe no ha dejado de acompañarnos y, muchos años después de que se haya ido, su voz sigue sonando con la misma fuerza. Repasamos sus discos en solitario…

PIXIES en Madrid; benditos los SMITHS...

Black Francis pasaba por nuestro país sin apenas dirigirse a su público y esbozando una sonrisa con trabajo.

¡Hemos visto a BLACK SABBATH en París!

Y te contaremos casi todo lo que Ozzy, Iommi y Butler han hecho en Bercy...

ARCADE FIRE van al Primavera, nosotros al HELLFEST

"Reflektor" es el nuevo disco de los canadienses y la crítica lo ha encumbrado a lo más alto en apenas unas horas.

PEARL JAM: Rayos y centellas

Un disco de Pearl Jam tiene sentido en pleno 2013 porque estamos hablando de ROCK con mayúsculas, de una banda auténtica que sigue estando muy viva...

¡AMÉN, hermanos, WATAIN han vuelto!

Estamos ante el mejor disco de METAL del año y Erik lo celebra invitándonos a una misa negra muy especial con "The Wild Hunt"...

Conociendo a DAVE MUSTAINE...

Tuvimos la gran suerte de poder conocerle con motivo de su visita a España en su gira con Slayer hace dos años y ahora lo recordamos, breve pero intenso.

Crítica: Inquisition "Bloodshed Across The Empyrean..."

Aunque pueda parecer lo contrario, gracias a las redes sociales con todo su humor y el seguimiento que está recibiendo en nuestros días, la verdad es que, a pesar de su popularidad, y por mucho que le pueda molestar a algunos, el black metal cómo subgénero está muerto. Puede que en cuanto a venta de camisetas o como fenómeno goce de mejor salud que nunca; ahí tenemos a Abbath recibiendo más atención de la que nunca recibió Immortal, Mayhem reinterpretando en directo su clásico “De Mysteriis Dom Sathanas” (1994), Emperor volviendo a la vida por enésima vez y celebrando ahora el aniversario de “Anthems to the Welkin at Dusk” (1997), Darkthrone publicando nuevo álbum, Satyricon a punto de entrar al estudio y toda una horda de fans que suspiran por Jon Nödtveidt y coleccionan compulsivamente vinilos de Xasthur, se pelean cuando afirman conocer a bandas que ni llegaron a existir y miles de chavalas luciendo canalillo tras una camiseta de Bathory en Instagram. No es que, el que escribe, sea más auténtico que ninguno de ellos y vaya paseando por la vida desenmascarando a impostores con camisetas de Marduk o ataque a Behemoth y su creciente popularidad es que, atento a lo que te voy a contar porque esto es de manual; cualquier estilo, género o subgénero firma su sentencia de muerte cuando, consciente de lo finito, comienza su propio mestizaje. ¡Así claro que el black metal está más vivo que nunca! Hay decenas, cientos y miles de bandas que toman sus elementos y los mezclan con post-rock, folk, doom, drone, punk, ópera, arreglos sinfónicos, electrónicos, prog y todo lo que se nos ocurra pero, amigos míos, eso –aunque me guste y lo disfrute- ya no es black metal, el experimento puede resultar soberbio (como de hecho ocurre a veces) pero, claro, pierde pedigrí y esta postura que parece tan criticable en mí, nos hace también mucha gracia cuando vemos a un japonés que, fascinado por España, se dedica a bailar unas sevillanas; imaginemos lo que piensa un noruego de un latino hablando de Tyr, Æsir y Vanir u Odín (por suerte, esto no ocurre en el caso de Inquisition) pero sirve perfectamente como ejemplo para entender mi punto de vista y dónde quiero ir a parar con la carrera de Dagon e Incubus.

Así, los colombianos (porque el proyecto toma forma en Santiago de Cali, muy importante, a pesar de que la promotora que los trae a nuestro país junto a Rotting Christ los anunciase, con insistencia y aún más ignorancia, como norteamericanos. Incubus sea Thomas Stevens, ex-Pregasm, y ahora residan en Seattle; a modo de base de operaciones) han ido evolucionando de un sucísimo y oscuro thrash a un black metal místico, cósmico y mitológico en su temática, y han sido incapaces de grabar un mal álbum hasta la fecha. Inquisition son quizá uno de los “nuevos nombres” (a pesar de que lleven en esto más de veinte años, siendo “Forever Under” de 1993 su primer paso) que están resonando con más y más fuerza dentro del metal por su calidad y fidelidad a los postulados. A priori puede resultar irónico que dos colombianos (Dagon e Incubus) sean los más fieles representantes de un subgénero que nació en el norte de la fría Europa y para el que el clima, la acomodada economía de su sociedad, la historia y su mitología juegan un papel tan decisivo en su creación como escena pero, tras un magnífico “Into the Infernal Regions of the Ancient Cult” (1998), firmaron “Invoking the Majestic Throne of Satan” (2002) –por no hablar de "Magnificent Glorification of Lucifer" o "Nefarious Dismal Orations"- y quizá su obra cumbre “Ominous Doctrines of the Perpetual Mystical Macrocosm” (2010) que les situó definitivamente en el mapa.

Pero, ¿qué podíamos esperar de ellos tras “Obscure Verses for the Multiverse” (2013)? ¿Serían capaces de repetir la acrobacia y continuar su propia leyenda? La respuesta es sí. Inquisition se han convertido en una de las bandas a las que, sin descubrirnos nada nuevo, hay que prestarles atención. Si hace meses nos dejaban boquiabiertos con las preciosas ediciones de Season Of Mist de toda su discografía y en directo tras su arrollador paso por el Hellfest francés, con “Bloodshed Across the Empyrean Altar Beyond the Celestial Zenith” (respiremos hondo si queremos volver a repetir el título en voz alta sin llegar a desfallecer) se han vuelto a superar. Puede que no esté a la altura de “Ominous Doctrines…” o “Invoking the Majestic…” pero han vuelto a grabar el que, sin duda, es uno de los grandes álbumes de metal del año.

Vaya por delante quizá lo más superficial del trabajo y es que, habiendo mencionado las magníficas ediciones de Season Of Mist, no me gusta demasiado la portada de “Bloodshed Across the Empyrean Altar Beyond the Celestial Zenith” a cargo de Vincent Fouquet (Tsjuder, Melechesh o Susperia), nada en contra de su arte pero palidece frente a la magníficas estampas, paridas directamente desde el infierno, de Paolo Girardi. Basta echarle un vistazo a cualquiera de las ediciones con Girardi al frente para sentir algo en el estómago que la de Fouquet es incapaz de transmitir.

Tras la introducción “Intro: The Force Before Darkness” llega el momento de la verdad con “From Chaos They Came” y ya nos percatamos del primer cambio, la voz de Dagon está más alta en la mezcla, lo cual es algo positivo porque, a lo largo de toda su discografía, el tono de ésta siempre me ha parecido el principal punto negativo de la música de los colombianos. El black metal debe ser infecto, sonar despreciable, gélido, como una constante negación y la voz de Dagon (quizá porque tendía a subirla demasiado) no poseía el tono. Aquí está en su punto perfecto, ése que escuchamos en directo. “From Chaos They Came” me recuerda demasiado al debut de Abbath en solitario pero con más mala leche y fiereza. Incubus está magnífico (como en todo el álbum) y Dagon soberbio en su lugar. “Wings Of Anu” es, por increíble que parezca, pegadiza y resuena majestuosa y “Vortex From The Celestial Flying Throne Of Storms” es un auténtico torbellino de rabia y oscuridad (por favor, que alguien preste atención al trabajo de Incubus porque es para quitarse el sombrero) mientras que en “A Black Aeon Shall Cleanse” tomarán algo de descanso para electrizarnos con unas guitarras que parecen traernos al anticristo desde otra dimensión, abriendo un agujero en el mismísimo cielo.

Dramática es “The Flames Of Infinite Blackness Before Creation” con una tensión verdaderamente hiriente y “Mystical Blood” parece la primera parte o introducción al ardiente himno “Through The Divine Spirit Of Satan A Glorious Universe Is Known” en la que Dagon e Incubus optan por un tempo más clásico para revolucionarlo en la épica “Bloodshed Across The Empyrean Altar Beyond The Celestial Zenith” o volverse aún más violentos, a pesar de la contención, en “Power From The Center Of The Cosmic Black Spiral” y tan sólo volver a recuperar algo de la rapidez del principio en “A Magnificent Crypt Of Stars” porque tanto “Outro: The Invocation Of The Absolute, The All, The Satan” como “Coda: Hymn To The Cosmic Zenith” son sólo pasajes para ambientar un álbum que entra de un sólo tiro y en el que, a pesar de la calma en algunas canciones, no nos dará respiro.

Pocos experimentos en un trabajo que supone la puesta de largo de Inquisition y en el que, sin perder crudeza, suenan mejor que nunca, otra obra maestra en una carrera, por ahora, sin mácula. Ya estamos contando los días para volver a verles en directo…


© 2016 Lord Of Metal


Crítica: Dinosaur Jr. "Give a Glimpse of What Yer Not"

¿No puedo ser especialmente caústico con Dinosaur Jr. porque son una de mis debilidades o es así porque, hasta el momento, no han sido capaces de publicar un sólo álbum mediocre en treinta años de carrera? Y no exagero, ninguno de sus discos baja del notable y podemos entender a este “Give a Glimpse of What Yer Not” como, estilísticamente, el hermano de “Beyond” (2007), aquel regreso por todo lo alto de Mascis, Barlow y Murph que les situó de nuevo en el mapa y resultó ser su mejor trabajo desde “Bug” (1988) y “Where You Been” (1993) o creer, sin profundizar demasiado, que es el menos inspirado desde su última reencarnación y marca línea descendente desde “Farm” (2009) cuando posteriores escuchas denotan un gran trabajo de composición y la clásica coherencia de cualquiera de sus álbumes en los que no sobra ninguna canción, ni encontramos valle alguno que repercuta en el resultado final siendo éste quizá en el que mejor se siente a Barlow.


Y es justo ahora cuando Lou ha tenido que recordarnos a todos, a través de una entrevista, que su relación con Mascis, aunque cordial, no podría ser menos gélida y no intercambian palabra alguna en días o semanas cuando están de gira en el mismo autobús. ¿Qué esperábamos? Ya lo contaba Michael Azerrad en su libro “Nuestro grupo podría ser tu vida” (Editorial Contra) y de aquello hace más de veinte años y fue lo que llevo a Barlow a abandonar el grupo y entrar en escena Mike Johnson en lo que podríamos entender como la segunda etapa de la banda.

Mascis es un genio pero por todos es sabido que siempre ha tenido problemas para relacionarse y Barlow (otro genio que tuvo que demostrar su talento en Sebadoh, alejado del reinado Mascis) no es precisamente un tipo de carácter fácil, siendo el bueno de Murph el que parece tener que lidiar entre los dos amigos. Pero debemos sentirnos afortunados de poder disfrutar de las actuaciones de Dinosaur Jr. y de que, de vez en cuando, se acuerden y vuelvan con un disco bajo el brazo mientras Mascis sigue publicando estupendos trabajos en solitario (brillante “Tied To A Star” del 2014), con Sweet Apple “Wish You Could Stay (A Little Longer)” o “The Golden Age of Glitter” y mi favorito “In a Dutch Haze” de Heavy Blanket, esa interminable y psicodélica jam con Earthless.

Pero es que es pinchar el nuevo álbum y sentirse como en casa con “Going Down” y quizá una de las cualidades (uno de los superpoderes de Mascis y Barlow) sea el de ser capaces de crear estupendas melodías que funcionan por sí solas sin necesidad de saquear su pasado y sin que éstas entren en constante comparación o competición con aquellas. “Going Down” posee todo aquello que nos gusta de Dinosaur Jr. como es la crujiente Jazzmaster de Mascis (con esa acción tan alta, altísima, que podría hacer las veces de arco que de guitarra) gracias a los pedales Electro Harmonix (Mascis es un coleccionista compulsivo y quizá posea la colección más grandes de Big Muffs del mundo), la acelerada batería de Murph, el cabalgante bajo de Barlow y, por supuesto, esa voz nasal y suave que siempre le ha valido las comparaciones con Neil Young y que de tan dulce hace de la banda de Amherst algo único. “Tiny” es puro chicle, aún más pegadiza que la anterior pero posee un puente mágico que termina estallando en un sólo aún más increíble (1:45) y es que en “Give a Glimpse of What Yer Not” nos encontramos de nuevo a un Mascis más que inspirado en las seis cuerdas y prueba de ello es la recopilación de todos sus solos que la banda ha puesto a disposición de todos sus seguidores.

Que “Be A Part” sea una de mis favoritas tiene mucho que ver con la composición, no es sólo el toque tristón y ese sentimiento bluesy que tan bien maneja Mascis sino que, obviamente compuesta en un tono menor, la canción es una nueva genialidad marca de la casa: melancólica y nostálgica desde su letra con Mascis evocando a todos los corazones rotos hasta su guitarra y esos fraseos. Quizá “I Told Everyone” parezca la menos inspirada sino prestamos especial atención a su solo (uno de los mejores de todo el álbum) pero no es algo que importe porque la gran sorpresa es “Love Is...” de Barlow. No es ninguna novedad que el bajista cuele, de vez en cuando, dos composiciones propias desde su regreso con “Beyond” y, si somos observadores, nos daremos cuenta de que siempre suelen ser al final de las caras de cada álbum (en posición cuarta o quinta, cerrando la primera parte; y al final de cada disco) pero si “Love Is...” es llamativa es por el ejericicio que supone; a Barlow se le siente cómodo en una canción que poco o nada tiene que ver con el sonido de la banda y, por supuesto, con el del disco. El resultado es refrescante, la canción es acústica, lejos de la electricidad característica, con Barlow en primer término y Mascis a los coros.

Tan bien funciona “Love Is...” que la enfebrecida “Good to Know” se siente como si hubiese regresado para unos bises. “I Walk for Miles” es la más extensa de “Give a Glimpse of What Yer Not”, en ella Mascis convierte su guitarra en un muro, saturando y tiñendo por completo la señal de ésta. Si hay alguna reminiscencia al mal llamado grunge, bien podría ser “I Walk for Miles” por su suciedad y ese enfurecido solo que es pura electricidad con Mascis, Barlow y Murph haciendo honor a cualquier comparación con Crazy Horse. Y así ocurre, “Lost All Day” suena inusualmente amable y optimista, pudiendo haber formado parte de cualquiera de los dos últimos discos acústicos en solitario de Mascis mientras que “Knocked Around” es tan sólo una etérea transición a la repetitiva “Mirror” que sí hacen bajar la nota del disco hasta esa más que merecida despedida de Barlow con “Left/Right” y otra vez el bajista acertando en el blanco con un estribillo de altura.

Pocas bandas de los ochenta/ noventa viven con tanta dignidad y creatividad como Dinosaur Jr. sin abandonar ese supuesto underground que tan bien les cobija. Podemos sentirnos afortunados de estar escuchando un nuevo disco suyo a estas alturas y seguir viajando en el tiempo o aislarnos del mundo durante unos minutos. Siguen siendo grandes y nosotros compartimos mundo con ellos…


© 2016 Conde Draco


Crítica: Sabaton "The Last Stand"

Es muy complicado escribir una crítica no del todo positiva ante un lanzamiento así, tan blanco e inocente, en el que ninguno de los miles de chavales que van a comprar el álbum o una entrada para ver a Sabaton de nuevo en directo podrá sentirse defraudado y sí hipersensible ante cualquier comentario o crítica más templada que entenderán, sin duda, como un ataque; porque la música nos toca muy adentro y cuando alguien se mete con nuestras canciones o artistas favoritos parece estar abriéndonos en canal pero, a cambio y como consuelo, también les diré que es algo que se pasa con la edad y uno aprende a enfriarse y entender que no todo lo que nos gusta es genial y tiene que encajarle a todo el mundo, que la crítica –positiva o negativa- nos ayuda a tener más de una visión de la misma obra y que, al margen de éstas, el gusto de cada uno es el que es.

Crítica: Carnifex "Slow Death"

Que el deathcore no es un género que goce de especial popularidad es una estupidez que basta refutar viendo la afluencia a sus conciertos o la cada vez más creciente base de fans pero sí que es verdad que no goza de especial buena fama o quizá de ese respeto que otros subgéneros, lo que termina convirtiéndolo en todo un ‘guilty pleasure’ (expresión anglosajona para catalogar a esos ‘placeres culpables’ que disfrutamos en la intimidad pero que rara vez se admiten en público). En mi caso, me está ocurriendo algo muy curioso; porque según voy cumpliendo años me voy abriendo más y más. ¿Por qué no disfrutar de los discos de Whitechapel o Carnifex? ¿Acaso es incompatible escuchar de nuevo a Bathory o Darkthrone y, acto seguido, pinchar “Beast” de Despised Icon? Es echar un vistazo a los mentideros de internet, leer redes sociales o los, cada vez más decrépitos, foros para entender que cuanto más música escucho menos parezco saber ya que me encuentro a chavales que apenas llegan a la veintena recomendándome artistas de bandcamp o, risas de fondo, a Sodom en lugar de lo último de Veil Of Maya o Periphery. Críos que parecen haber descubierto a Devin Townsend ahora y critican a Suicide Silence ignorando que, al final del día, cuando uno llega a casa debe escuchar lo que más le guste y haga feliz, lejos del qué pensarán con el que muchos parecen alimentar sus perfiles sociales. Puede ser Yob, Meshuggah, Deafheaven o Carach Angren…

En el caso de Carnifex, los de San Diego pueden darse por satisfechos porque con “Slow Death” han grabado el que quizá sea el disco más oscuro y agresivo del deathcore, rozando por segundos el más puro black (aunque, efectivamente, siga teniendo algunos de los defectos más execrables del core); “Slow Death” está repleto de rugidos afilados, acelerados blastbeats, crujientes y agudos riffs. Queridos míos, como ocurre con el último de Despised Icon; esto no es deathcore (que sí, que vale…), es sencillamente metal con el que disfrutar y al que sacar el mayor provecho porque “Slow Death” le ha ganado, por desgracia, la partida al último de Whitechapel y es superior a “Die Whithout Hope” (2014), “Until I Feel Nothing” (2011) por no hablar de “Hell Chose Me” (2010), el perdidísimo “The Diseased and the Poisoned” (2008) y aquel debut que fue “Dead In My Arms” (2007). No estoy afirmando que el álbum que nos ocupa sea un sobresaliente ni un clásico instantáneo como ocurre con “You Will Never Be One Of Us” del trío de powerviolence Nails pero sí que es lo mejor que han grabado Carnifex y estoy seguro de que, de no arrastrar una discografía tan irregular tras de sí y el consiguiente San Benito del deathcore, muchos de aquellos que los critican se desharían en elogios.

Algo parece haber cambiado en Carnifex desde su misma portada (o el chaleco de Dissection que ahora luce Lewis); mucho más cruda, con apenas dos colores sobre fondo negro y el sinuoso comienzo de “Dark Heart Ceremony” que pronto se convierte en una descarga de odio y agresión con ese toque siniestro que tan bien les ha sentado en este disco. Shawn Cameron y Fred Calderon están tremendos mientras Arford y Lockrey tejen ese ambiente tan lúgubre y Scott Lewis se deja la voz en sus estrofas o nos descerraja un tiro con sampleado de gatillo y percutor incluído. Es precisamente Cameron el que abre aquella que da título al álbum, “Slow Death”; con más groove y pegada que la anterior pero sin llegar a lo que se convierte “Drown Me in Blood” en la que se atreven a incluir texturas de sintetizador que vician aún más la atmósfera de la canción. Llamativo es el caso de “Pale Ghost” en el que nos recordarán a los Cradle Of Filth (como lo lees, aunque cueste digerirlo y más aceptarlo a la primera…) más básicos y menos engolados en las estrofas con Scott Lewis logrando ese tono chillón, blasfemo y más propio de una bruja histérica que a veces lograba Dani Filth.

Pero todavía habrá más oscuridad, como ocurre en “Black Candles Burning” y ese dúo de voces entre los guturales y la principal con Lewis y Arford dando lo mejor de sí antes de que Cameron se encabrone y se los lleve a toda velocidad o la gótica “Six Feet Closer to Hell” en la que parecen desmarcarse por completo del deathcore y volver a entrar en ese black sinfónico que, de no ser por los robustos riffs de Arford y los solos de Lockrey, habrían logrado la transformación completa de Carnifex. ¿Por qué este cambio? Es verdad que desde aquel regreso con “Die Without Hope”, Carnifex han endurecido su propuesta pero en “Slow Death” no sólo se trata de una cuestión de agresividad sino también de oscuridad y aquí hay mucha…

“Necrotoxic” saca las cosas aún más de quicio, siendo la más frenética de todo el conjunto, mientras que “Life Fades to a Funeral” es únicamente una introducción instrumental para la negrísima “Countess of the Crescent Moon”, en la que vuelven a experimentar dentro de esos ambientes violentos y góticos que tan bien suenan a lo largo de todo “Slow Death” además de poseer uno de los mejores estribillos del álbum y “Servants to the Horde” despide el disco con el mismo nivel de furia y mala leche con el que lo abrían gracias a “Dark Heart Ceremony”.

Dudo mucho que todos los que odian el deathcore vayan a cambiar de opinión en un mes en el que tanto Despised Icon como Carnifex han publicado sus mejores trabajos y, en el caso de estos últimos, ha habido una evolución auténticamente notable en su sonido, alejándose de los postulados del deathcore para incorporar nuevos elementos en su música, adentrándose en el metal más extremo pero también estoy seguro de que muchos se sorprenderían si lo escuchasen y abandonasen sus estúpidos prejuicios…


© 2016 Mick Brisgau

Crítica: Rival Sons "Hollow Bones"

Somos una sociedad carroñera que disfruta devorando productos de segunda y sucedáneos en busca de nuevos ídolos que reemplazen a los caídos en combate; así escuchamos a Airbourne sin rubor alguno porque AC/DC hace tiempo que están agonizantes, toleramos en su momento que se nos comparase a Prince o, agarrémonos fuerte: Lenny Kravitz con Jimi Hendrix debe ser que tan sólo por su color de piel, llevamos veintidós años anunciando a los “próximos Nirvana” como si la fórmula fuese tan sencilla como mezclar unas Converse All Star con un poco de camomila, compramos los vaqueros ya rotos y las guitarras perfectamente desgastadas de fábrica porque, indudablemente, ‘molan’ más, nos gusta Bonamassa a falta de Gary Moore, preferimos escuchar a Gary Clark, Jr. o Wolfmother y si tenemos que elegir es mejor ver sobre el escenario a una banda tributo que tener al mismísimo Axl Rose en persona porque nosotros, sin duda, sabemos lo que es bueno y “Guns N’ Roses sólo tienen un álbum que merezca la pena”.

Cada vez que alguien me menciona a Rival Sons como la gran promesa del rock, esos tipos grises salidos de un anuncio de Levi’s y la barbería Murdock de Londres o la Bullfrog Modern Electric Barber de Milán que no tienen el empaque suficiente para entretener al público abriendo los conciertos de unos respetables y todavía gloriosos septuagenarios en retirada como Black Sabbath, me dan ganas de arrancarme la piel a tiras pero, claro, luego miro a quien tengo enfrente, asiento y me largo. Si lo tuyo son las camisetas vintage, los bigotes italianos y las Gibson Firebird más horteras, si lo que te gusta son ese tipo de bandas que tiran del más puro revival desde el logo hasta las botas que calzan y crees que Vintage Trouble o Black Stone Cherry son genuinos y no son productos con una obsolescencia programada y una imagen tan estudiada que roza el disfraz ¿qué le vamos a hacer? Rival Sons es tu banda, disfrútalos...

A su favor, también alegaré que “Pressure And Time” (2011) me parece un buen disco; que la voz de Jay Buchanan posee la suficiente calidad como para poder cantar las canciones de Bad Company y emular a Rodgers, que podría estar en una banda tributo de The Black Crowes sin despeinarse demasiado, que Scott Holiday toca magníficamente el slide (no sobresaliente que para eso tenemos a Derek Trucks aunque éste no pose y no sepa vestir) y que la producción de Dave Cobb es sobresaliente como la portada de Martin Wittfooth que luce maravillosa en vinilo pero también que, cada vez que coincido con Rival Sons en un festival, prefiero irme a comprar algo de comida.

¿Es así como se hacen los discos? ¿como una receta? No tardarán en surgir esas voces procedentes de algún inframundo que aprovecharán el anonimato de internet para, como morlocks, defender a Rival Sons y asegurar que el que escribe no tiene ni idea porque sea quizá una de las pocas voces que se atrevan a escribir, lejos del halago gregario, del piropo gratuito que Rival Sons me aburren y no necesito ser un fan para escribir sobre ellos o sus discos pero tú, como seguidor, si deberías cuestionarte si lo que se te está vendiendo es lo que aseguran y si te gusta per se o porque te recuerda a otras bandas. Por qué prefieres escuchar a Rival Sons en lugar de Led Zeppelin o Free, Lynyrd Skynyrd, Johnny Winter, Canned Heat, Savoy Brown, John Mayall, Blind Faith, Jeff Beck, The Allman Brothers e incluso los más recientes y también ya difuntos The Jon Spencer Blues Explosion o si, por el contrario, ensalzas la discografía de los de Long Beach y desconoces las de los artistas mencionados pero luego manejas términos como rootsy, bluesy y demás gilipolleces por el estilo, porque creo conocerte…

Si “Pressure And Time” (2011) era bueno, con “Head Down” (2012) llegaban al clímax y con “Great Western Valkyrie” (2014) perdían consistencia con un disco disfrutable pero falto de la inspiración de los anteriores (las canciones, bien ejecutadas; no están a la altura) y, lo peor, el autoplagio; el saqueo a sí mismos que ya no de los demás. Pero el gran problema que se encuentra en “Hollow Bones” (y que parece haber enraízado en la banda) es que las canciones de éste suenan como un pastiche de Zeppelin, Sabbath y Purple. Seamos honestos, a estas alturas de la película es francamente difícil encontrar a un artista que no haya sido influído por alguno de los grandes nombres de la historia del rock pero hay una pequeña gran diferencia entre la influencia, el homenaje, la falta de ideas, el robo o el plagio más flagrante.

Eso algo que se siente en la apertura con “Hollow Bones Pt. 1” en la que sí es cierto que la energía se palpa conforme pasan los segundos y creemos estar en un concierto gracias a esa escalada de emoción pero, si has escuchado suficiente música; el sonido se te hará tan familiar y la estructura de la composición tan ramplona y previsible que te aburrirá sin excepción. Quizá lo peor de todo no es que el sonido de Rival Sons sea un robo mal perpetrado para fans desmemoriados sino que, por ejemplo, en “Tied Up” deciden asaltar el banco de Dan Auerbach y Patrick Carney sonando más a The Black Keys que los de Akron (algo que repetirán en más de una, dos y tres ocasiones en un álbum de, tan sólo, nueve temas...) ¿Nadie se ha dado cuenta de ello? ¿De verdad que, como oyente, eres incapaz de aceptarlo o no habías caído hasta ahora? Los arreglos y la guitarra de Holiday (el caso más llamativo) o la base rítmica de Miley y Bestle; todo está ya escrito y grabado con mejores resultados.

En “Thundering Voices” decidirán tomar prestado de su propio armario las mejores ropas para conformar una canción flojita como ocurre en “Baby Boy” y esos fraseos de Buchanan por Chris Robinson como en “Pretty Face” nos recordará, lejos de su tono más rasgado, incluso a Chris Cornell (aunque el de Seattle, estilísticamente, no pueda estar más alejado de las influencias de los californianos) pero el órdago de Rival Sons llega con “Fade Out” y ese robo sin ningún pudor al “I Want You (She's So Heavy)” de los Beatles (“Abbey Road” de 1969) y, por supuesto, a los casi olvidados y ahora ninguneados Kula Shaker y su “Winter’s Call” de “Pilgrims Progress” (2010) que tampoco eran/son un dechado de originalidad pero, visto lo visto, Crispian Mills sí poseía más que Jay Buchanan y Scott Holiday juntos.

“Black Coffee” es una versión y está magníficamente interpretada pero ¿qué sentido tiene volver a grabar una canción exactamente igual que otra versión? Resumiendo: ¿por qué debo alucinar con la de Rival Sons teniendo la de Humble Pie que sí es absolutamente orgásmica y llena de sentimiento? “Hollow Bones Pt. 2” suena robusta y Buchanan está impresionante (ojo, ¡nadie duda de su garganta, de su tono y de su fuerza!) pero la canción, como ‘reprise’, poco aporta a su primera parte y menos aún a un álbum que se despide con “All That I Want” y Buchanan sonando como Ryan Adams mientras Holiday y Miley se meten con calzador en el último minuto cuando deberían haber dejado a los arreglos de cuerda hacer el resto; nueve canciones, una versión y ocho robos.

Ni son malos músicos ni éste es un mal disco pero tampoco son el grupo más infravalorado del mundo por no llenar estadios o no ser más conocidos. Son otra banda más, tirando del mismo carro que Wolfmother, White Stripes, Black Keys, Clark Jr, Blues Traveler o Healey y con menos cuidado por disimular sus huellas en la arena. Podrían llegar lejos, muy lejos, si encontrasen su propio camino pero no creo que les preocupe cuando no les va tan mal haciendo lo que hacen, cuando los que les escuchan parecen no recordar, no conocer o no les importa lo más mínimo estar escuchando a una banda de versiones de lujo que a ellos, con la misma retención que un pez de colores, escuchan siempre por primera vez…


© 2016 Jim Tonic


Crítica: Revocation "Great Is Our Sin"

Con el último álbum de los norteamericanos hay que partir de la base de que “Deathless” (2014) es, sin lugar a dudas, su mejor álbum en un carrera, hasta ahora, claramente ascendente por lo que “Great Is Our Sin” ha tenido la desgracia de crecer bajo la sombra del anterior (por lo tanto, las expectativas eran altas) pero también la suerte de ser la confirmación del excelente estado de una banda que no defrauda y está construyendo, poco a poco y sin mucho ruido alejada de la publicidad gratuita, una discografía sólida y coherente; lo que no es tema baladí en los tiempos que corren. Pero es que, si lo pensamos bien; desde “Empire Of The Obscene” (2008), su debut, hasta “Deathless” (2014) la banda –o mejor dicho; David Davidson, el único miembro permanente de Revocation, aunque Dan Gargiulo lleve a su lado ya seis años- ha ido evolucionando como compositor y ello ha impregnado la música del cuarteto que ha pasado de un death metal bruto a uno más técnico, con tintes progresivos y ese sabor thrash que aquí, en “Great Is Our Sin”, termina de cuajar por completo gracias a esos riffs que antes eran tan sólo un elemento más para ser ahora la espina dorsal de unas canciones que, claro, gracias a esto se vuelven más melódicas. ¿Repercute negativamente en la contundencia de los de Boston? En absoluto, estamos hablando de una banda robusta con canciones repletas de pasajes y desarrollos que, lejos del tedio de muchos artistas que se han subido al carro del progresivo en los últimos años, aligeran la mezcla de géneros con ese puntito macarra, pegadizo –y a veces veloz como un torbellino- para que las canciones no resulten tan pesadas.

Estilísticamente, aparte de esos fabulosos riffs y la tendencia melódica de las nuevas composiciones, “Great Is Our Sin” es una clara continuación de “Deathless” y si no alcanza el sobresaliente es porque las canciones, sencillamente, no son tan brillantes como las de aquel pero que ello no nos lleve a confusión alguna porque este álbum sigue estando a un nivel extraordinario y muy por encima de la media actual. Ash Pearson se sienta a la batería para ocupar el lugar de Dubois-Coyne y tras los mandos está Zeuss, un productor que cada vez resuena con más insistencia gracias a su trabajo con Rob Zombie, Queensrÿche, el salvaje “The Concrete Confessional” de Hatebreed y otros grandes nombres como Kataklysm, Crowbar, Soulfly, Oceano, Whitechapel y, por supuesto, “Pinnacle Of Bedlam” de los eternos Suffocation. Punto negativo es la horrorosa portada de Tom Strom (ilustrador y tatuador personal de David Davidson) que ya ilustró su anterior “Deathless” y que si aquí fracasa no es por su estilo o la temática (que a nadie le provoca ni sorprende ya una calavera o unas cuantas ratas en un álbum de metal extremo) sino por su escasa inspiración y es que basta contemplar la ilustración de este “Great Is Our Sin” junto a la de “Shadows” de Valkyrie o entre otras muchas como, por ejemplo, también la de “Pillars Of Ash” de Black Tusk o muchas del sello Relapse (aunque “Great Is Our Sin” esté publicado en la legendaria Metal Blade, que nadie se confunda) que tan bien se manejan en esa fusión de metal, groove, death y stoner que tan buenos resultados les está dando para entender que lo de Strom es simplemente falta de ideas en una escena saturada por una imaginería finita que cada vez resulta más y más repetitiva.

Por suerte, la música poco o nada tiene que ver con el encorsetamiento del ‘artwork’ y “Arbiters of the Apocalypse” nos golpea con fuerza gracias a esos latigazos y la musculosa presencia de los riffs de Davidson y Gargiulo o la brutalidad de Pearson que demuestra con creces su valía en la batería. Algo que siempre me ha llamado la atención es la versatilidad de Davidson en las voces de las que él se encarga en su totalidad o esos diálogos entre su mástil y el de Gargiulo que, cuando se doblan, nos recordarán a los últimos discos de Death. “Theatre of Horror” resulta aún más desgarrada, cambiando constantemente de tempo, y con “Monolithic Ignorance” entramos ya de lleno en un álbum en el que, hasta ahora, no habíamos encontrado un cambio tan claro como en esta canción; el doble bombo y el bajo luchan por llevar el ritmo y Davidson se lanza de lleno a un estribillo en toda regla mientras las guitarras cabalgan al más puro estilo thrashero (como la crítica social presente en su letra) pero lo mejor, sin duda, es el magnífico solo en el que se alejan por completo del death o del thrash para llegar al terreno más ‘free’ (no utilizo el anglicismo de manera gratuita o por esnobismo sino porque la estructura y el modo de éste se acerca más al prog e incluso a esa sonoridad jazzy tan atrevida para un álbum de death).

“Crumbling Imperium” fue su adelanto y es una auténtica locura y tiene ese toque siniestro, oscuro, tan novedoso en Revocation y que tan buenos resultados les dan en “Communion”, ese huracán en el que la batería es tan abigarrada en la estrofa que casi se sincopa junto las guitarras o ese puntito progresivo que antes mencionaba y que en “The Exaltation” ya es tan claro y disfrutable por el magnífico trabajo de una banda engrasada y a punto con la colaboración estelar de Marty Friedman en el solo. “Profanum Vulgus” baja ligeramente el nivel, no por calidad sino porque no me termina de convencer y se me hace excesivamente plana (claro, después de “The Exaltation”, es normal…) y terminaré rápidamente de olvidarme de ella cuando suena “Copernican Heresy”; ese magnífico trallazo a medio camino entre el thrash y el progresivo u “Only the Spineless Survive” en la que Pearson se luce junto a Brett Bamberger y Davidson parece que va e engullirnos con su registro más monstruoso.

“Cleaving Giants of Ice” es todo un himno que suena solemne en su estribillo -quizá la más melódica de todo el disco- y la machacona “Altar Of Sacrifice” es todo un manjar para los amantes de las seis cuerdas con esas guitarras que parece que vayan a romperse por la tensión sobre el puente; salvaje. Uno de los mejores álbumes de metal del año en el que Revocation vuelven a no defraudarnos y se convierten en una apuesta segura, impresionante desde su primer segundo…


© 2016  Jack  Ermeister

Crítica: Sinsaenum "Echoes Of The Tortured"

Lo primero que pensé al comprar este vinilo fue; ¿por qué doble? Lo siguiente al pincharlo fue; pero, ¿por qué doble, por qué? ¡Veintitrés canciones son demasiadas! No habría tiempo suficiente en la vida si todas las bandas publicasen discos con más de una veintena de canciones y, menos aún, si se trata de un debut. Es más, hundamos más nuestros dedos en la herida; no hay sello discográfico que aconseje, aguante, financie y promueva a una banda desconocida que quiera estrenarse con un álbum de más de diez o doce canciones y no hay aficionado a la música que sea tan generoso como para darle tal oportunidad a un artista en un formato que, de no ser por sus protagonistas, no nos habría llegado nunca. Pero, claro, todo cambia cuando uno menciona que Joey Jordison (exbatería de Slipknot) forma parte del proyecto y, además; Frédéric Leclercq (Dragonforce), Attila Csihar (Sunn O))) y, por supuesto, Mayhem) a las voces junto a Sean Zatorsky (Dååth), Heimoth y Stéphane Buriez. En mi caso, gracias a Leclercq y, por supuesto, Attila Csihar llegué a tomarme en serio a esta formación que toma su nombre de la contracción de “Sin” e “Insane”; ellos han sido definitivos para que haya prestado atención al primer álbum de Sinsaenum. Además, a esto debía sumarle la noticia de que estaban trabajando con el famosísimo Jens Bogren (Opeth, Katatonia, Paradise Lost, Bloodbath, Amon Amarth, Soilwork, Haken...), los espectaculares adelantos que fueron "Army Of Chaos" y "Splendor And Agony" y además el regalo de su primer EP firmado por toda la banda. ¿Cómo iba a resistirme a escuchar este “Echoes Of The Tortured?

Y, sin embargo, la sensación no podría ser más agridulce, el álbum produce sentimientos encontrados; es un buen disco, hay grandes canciones y la producción es magnífica (recomiendo, si es posible, escucharlo en vinilo) pero sigo sin entender qué les ha llevado a incluir once canciones instrumentales salteadas entre tema y tema que estropean la experiencia como tal de la escucha del disco porque, a pesar de que pueda llegar a comprender el frenesí creativo que debieron vivir este grupo de amigos en el estudio, el propio Bogren, Attila, Leclercq o Jordison deberían pensar en este álbum como un todo y no un soporte en el que registrar, sin ningún tipo de autocensura o contención, el mayor número de canciones posible para su propio disfrute y no del oyente medio que no encontrará gran coherencia en esos constantes saltos entre el brutote metal que practican (sin querer etiquetarlo todavía) y esas piezas más propias de una banda sonora que de un disco de estas características. Imagínese el lector de estas líneas su álbum favorito de metal y un tema instrumental de poca duración, a cada cual más variopinto, rompiendo por completo el clímax, logrando el interruptus, sintiéndonos constantemente en un juego sexual de ‘tease and denial’

Si eliminamos esas canciones (mal que me pese porque hay algunas excepcionales como “Excommunicare” que deberían haber dignas introducciones o desarrolladas con cordura logrando temas de verdad y no fragmentos), “Echoes Of Tortured”, cuando conseguimos comernos el pescado tras retirar todas las espinas, es sólido y coherente en su estilo, con unos músicos solventes dando lo mejor de sí pero sonando naturales. “Splendor And Agony” es una forma salvaje de abrir un álbum y su retorcido puente rezuma maldad, “Inverted Cross” es un torbellino que nos recordará, por supuesto, a Behemoth mientras “Army Of Chaos” es la más directa de todo el disco, un single en potencia (dentro de los parámetros del metal extremo y sus consecuentes limitaciones comerciales). Las pesadísimas “Army Of Chaos” o “Final Curse” son buenos ejemplos de ese metal más maduro (lejos del histrionismo, lo fácil) que no pierde consistencia o dureza con unas magníficas líneas vocales y unas dobles voces muy trabajadas y marcan, sin saberlo, el cariz del álbum. Canciones en las que, pese al excelente trabajo de Leclercq y Buriez (sencillamente geniales), me sobran esos armónicos artificiales y estrangulamientos de las cuerdas con la barra del trémolo en un género tan salvaje como el del death metal más oscuro (como ese innecesario e impropio ‘tapping’ en “Final Curse”).

En “Condemned To Suffer” volvemos a ponernos serios con la que quizá sea la mejor canción del álbum y cuya magnífica introducción nos demuestra que todo ese material sobrante, todas esas piezas instrumentales que tanto he criticado, debería haber sido utilizado con cabeza como es el caso de “Condemned To Suffer” en la que conviven todos los aciertos de Sinsaenum y, claro, logran un gran tema. O la exhibición rítmica de “Sacrifice” en la cual parecen sacarle filo a todo su potencial como grande resuena “The Forgotten One” con su tinte heroíco y ese doble bombo como una Uzi. En “Anfang Des Albtraumes” (‘Beginning Of The Nightmare”) tendremos al Attila más teatral recitando la apertura de las mismísimas puertas del infierno y, a estas alturas, del álbum uno agradece algo de la inherente maldad que desprende la exótica garganta del Húngaro cuando se pone místico.

Aquella que da título al álbum es puro death metal con sabor clásico, repleta de grandes riffs y un genial solo de Buriez antes del broche de oro que supone “Gods Of Hell” en la que, como en la anterior, son capaces de fusionar con éxito el pasado con el presente; ese toque ‘old-school’ con la ilusión de seis músicos que, como ellos dicen, siempre que se cruzaban en la carretera hablaban de una colaboración que parecía que nunca iba a ocurrir. Como regalo, “Death Is The Beginning”, ya conocida por todos y que es una auténtica bomba de relojería; pasada de revoluciones y salvaje que nos deja con ganas de más, mucho más.

Un disco estupendo cuya nota final baja considerablemente por su exceso de minutaje y, dígamoslo sin miedo; puro y duro relleno. Por lo menos es bastante más digno que Murderdolls o Scar The Martyr pero mucho me temo que, más que un acierto, es debido a que Jordison aquí es uno más y se limita a cumplir su papel tras los parches más allá del lógico reclamo que todavía supone su nombre. Si hubiese una continuación (que lo dudo debido a sus agendas pero lo cuestiono a raíz del éxito y las buenas críticas), por favor, que se limiten a un álbum sencillo y olvíden la épica forzada y la grandilocuencia de las bandas sonoras de serie B…


© 2016 Lord Of Trve Metal

Crítica: Nails “You Will Never Be One of Us”

Que Nails nos golpearon a todos con aquel “Abandon All Life” (2013) y así, escarbando en su pasado, nos encontramos con el también soberbio “Unsilent Death” (2010) no es ninguna sorpresa para todos los amantes de lo extremo pero nunca creí que tres años más tarde aumentarían en fuerza y agresividad. “You Will Never Be One of Us” no sólo es un serio candidato a uno de los grandes álbumes de metal del año sino una sorpresa que no lo es tanto cuando comenzamos a escucharlo; Todd Jones, John Gianelli y Taylor Young se han superado a sí mismos en cuanto a composición, es innegable que como banda han conseguido una unión que convierte a Nails en máquina poderosa y perfectamente engrasada y, por último, Kurt Ballou (Converge) ha hecho un magnífico trabajo en el que, sin perder ni un ápice de contundencia, las voces suenan cristalinas, los riffs más gruesos y musculosos que nunca y la batería completamente atronadora; todo bajo un ambiente completamente insano de distorsión y mala leche que estoy seguro de que echará para atrás a todos aquellos que no estén acostumbrados a esa mezcla de grindcore, hardcore, punk o si preferimos llamarlo powerviolence llevado al extremo por una banda que, sin pretenderlo y con humildad, deja pequeños a Dismember o Entombed, los primeros Morbid Angel y su death en cuanto a términos de agresión; parece inevitable nombrar a alguna de estas bandas para intentar hacerle una idea al lector a lo que se va a enfrentar si se decide a pinchar “You Will Never Be One of Us”, al margen de cualquier estilo o subgénero, en un álbum de diez canciones en el que ocho de ellas no pasan del minuto y medio y las más extensas son “Violence Is Forever” y el épico cierre de ocho minutos que es “They Come Crawling Back” en el que se permiten hacer lo que les viene en gana y salir victoriosos tras habernos tumbado en los nueve asaltos anteriores.

Ya causó revuelo ver a John Baizley de Baroness, entre otros, en el videoclip del single “You Will Never Be One of Us”. ¿Qué querían decirnos con ese título? Repasando las canciones de Nails; esas que hablan de desesperación, de tocar fondo y no ser capaz de encontrar una salida o ver algo de esperanza, no era nada extraño pensar que “You Will Never Be One of Us” tuviese un significado claramente excluyente pero, como casi siempre suele ocurrir, las cosas son más sencillas del enrevesado sentido con el que, muchas veces, nuestra mente quiere dotarlas. Nails son unos currantes, no viven de su música y Todd Jones explicaba que dedica todo su tiempo a ésta, tan sólo la aparca para ir a su trabajo (ése que le paga las facturas) y estar con su familia siendo ese “Nunca serás uno de nosotros” el pensamiento que tiene cuando se cruza con cualquier músico que, a diferencia de él, se ha metido en el negocio por otro tipo de cuestiones que se escapan a su pasión más pura por la música. Y ahora sí que tiene todo el sentido del mundo ver cómo algunos compañeros, John Baizley o Kurt Ballou, se lo dicen a la cámara antes de que Nails arremetan con la canción que da título a su álbum…

Un golpe sobre la mesa, un empujón y Taylor Young golpeando sin descanso su doble bombo mientras la voz de Todd Jones suena tan desgarrada como un rugido en el que la potencia de su garganta parece saturar el canal, sencillamente bestial. “Friend To All” se encabrona de mala manera, son cuarenta y seis segundos de mala ralea, con John Gianelli y su bajo en la parte central hasta que Jones vuelve a gruñir y Young la remata al doble de tempo.

Comparada con la anterior, “Made to Make You Fail” (ojo, tan sólo cincuenta y cinco segundos de descarga) es más pesada hasta que vuelven a pisar el acelerador y, por primera vez, Jones tirará del puente de su guitarra y agitará el trémolo como si fuese un caballo desbocado e inevitablemente nos acordamos de Slayer; lo que pasa es que Nails son una versión hipervitaminada de éstos y allá donde Araya y King siguen con su thrash, Nails lo elevan a la séptima potencia. Si hace décadas el death o el grind fueron la respuesta lógica al thrash, Nails baten todos los subgéneros y los llevan al extremo con robustez.

Obviamente, esa mencionada agresión sigue presente, no sólo en su música, sino en las propias letras que escriben; no es raro encontrarse con canciones como “Life Is a Death Sentence”, “Violence Is Forever”, “In Pain” o la mencionada “Made to Make You Fail” que ahondan en lo peor de la naturaleza humana y nos sirven a todos de catalizador. Precisamente, “Life Is a Death Sentence” comienza entre el hardcore y el punk, ese powerviolence famoso, para convertirse en death y, dos segundos más tarde en puro grind pero la sorpresa es que saben pisar el freno y hacerla ganar en cuanto a groove.

No se puede decir que “Violence Is Forever” esté más trabajada que el resto porque sean tres minutos ya que todo el álbum, a pesar de su buscada escasa duración, denota dedicación. Pero “Violence Is Forever”, por supuesto, posee más partes y desarrollos que la engrandecen y nos muestra a unos Nails cómodos en sus constantes cambios mientras Jones vuelve a abusar de su guitarra. “Savage Intolerance” es pura rabia, no hay otra forma de describirla, mientras que “In Pain”, aunque continúa su estela, es aún más directa y cruda o “Parasite” logra transmitir tanta desesperación que, entre la voz de Jones, el bajo de Gianelli y la fuerza de Young consiguen que llegue a convertirse en una pieza abstracta de apenas un minuto como “Into Quietus” que suena absolutamente temible tras esas líneas de bajo y esa voz que parece que va a devorarnos antes de que surja uno de los mejores riffs del álbum y estoy seguro que del año.

Por último, la más extensa; “They Come Crawling Back” que podría resumir las nueve piezas que la preceden y en la que Nails se permiten el lujo de crear atmósferas con el feedback de la distorsión, cambiar de tempo varias veces e incluso añadir algunos efectos que tiñen la guitarra de Jones tan sólo cómo excusa para guiarnos a través del argumento de una canción que sirve como brillante cierre a “You Will Never Be One of Us”.

Es pronto para asegurarlo pero el álbum de Nails es una maravilla y estoy seguro que es uno de los grandes títulos de este año. Pena que no puedan dedicarse por completo a la música y tengan que, como muchos otros artistas, luchar pluriempleados, además de la triste noticia de la cancelación de su gira por Inglaterra y un parón indefinido que esperemos que no acabe con su carrera. Si este álbum se hubiese publicado en los ochenta estaríamos hablando de todo un disco de referencia, una obra seminal en la que muchos artistas se mirarían y buscarían para definir su propio sonido. No dejes que sea el tiempo el que te haga descubrirlo y escúchalo ahora, apoya a la banda y disfruta de este clásico instantáneo con apenas pocos días de vida. Inspirados y más salvajes que nunca, recuérdalos, que no te lo cuenten…


© 2016 Lord Of Metal

Crítica: Motörhead "Clean Your Clock"

El 28 de diciembre del 2015 nos dejaba Lemmy Kilmister, como si de una broma pesada se tratase, en semejante día y tan sólo cuatro más tarde desde la celebración de su setenta cumpleaños; a nadie le sorprendió dado su estado de salud y los constantes achaques que sufrió durante los últimos años pero a todos se nos hacía un nudo en la garganta pensando que nunca más veríamos su estampa sobre un escenario o podríamos escuchar más canciones de Motörhead y nunca más nos reiríamos con su inteligente sentido del humor y su actitud ante la vida porque, permitidme que os diga, el mundo (para todos aquellos que de verdad amamos a Motörhead) es un lugar mucho más triste sin Lemmy, sin duda alguna…

No soy quien para valorar o escribir sobre la vida de alguien a quien tanto admiro y quien ha conseguido más que la mayor parte de los que escuchamos su música, no creo estar a la altura de juzgar las carreras de artistas como Dio, Lemmy, Ozzy o Bowie y tampoco lo pretendo pero es inevitable preguntarse, ¿por qué era tan grande Lemmy, por qué causaba esa simpatía a todo tipo de público, cómo llegó a convertirse en un icono aún en vida? Muchos me hablarán de “Ace Of Spades” (1980) u “Overkill” (1979) y por supuesto que sí; son grandes logros al igual que, en menor medida y otras ligas, “Black Magic” (2015) o “Motörizer” (2008) porque, personalmente, disfruto de todos y cada uno de sus discos sin complejo alguno. Pero la respuesta a todo lo anterior se puede resumir en algo tan sencillo como que Ian Fraser Kilmister, aparte de echarle valor a la vida y no rendirse ni en el último segundo, llegó a convertirse en Lemmy siendo él mismo; era genuino, auténtico, en un mundo tan vacío como en el que nos movemos actualmente en el cual parece que vivimos de cara al resto, en una constante exhibición de quiénes no somos, mintiéndonos a nosotros mismos; Lemmy no engañaba a nadie.

Es por eso que no mentiré cuando confiese que no quería comprar este directo, “Clean Your Clock”, me resistía a caer en la trampa de la mercadotecnia y los lanzamientos póstumos que se sirven de mis emociones para jugar con mi bolsillo pero la cruda realidad era otra; no quería admitir que esto era una despedida e inevitablemente pasé por caja, como tú (porque me gustaría pensar que si uno tiene la posibilidad y el respeto de apoyar a quien admira, no hay descarga que valga), para comprarme el directo de una gira que disfruté y me tocó vivir muy de cerca.

Mi concierto del “40th Anniversary Tour” de Motörhead tuvo lugar en Nantes, Francia, en el monstruoso marco del Hellfest y, tras una rueda de prensa en la que fue Mikkey Dee quien nos atendió con simpatía y paciencia a todos los medios, fui testigo de un concierto muy descafeinado de la banda; allí no había posibilidad de buscar culpables, Mikke y Phil estuvieron magníficos y solventes como siempre, más pendientes de su amigo que otra cosa y Lemmy, aunque soberbio, digno y cumpliendo de sobra, lucía débil y titubeante. Aparte de sus múltiples desajustes que paliaba con todo tipo de pastillas y medicación, tenía tres tipos diferentes de cáncer acabando con su vida, algo que ni nosotros ni él mismo sabía. Pero, lo que hubiese matado a cualquier ser humano, él lo sobrellevaba cantando las canciones de su banda y tocando su Rickenbacker sin mucho esfuerzo. Lemmy quería morir sobre un escenario, en plena carretera y vaya si lo consiguió.

Es por todo esto que enfrentarme al que es, por ahora, el último directo oficial de la banda y quizá la despedida de un amigo, se hacía bastante doloroso. Grabado en los dos días que Motörhead tocó en Munich, 20 y 21 de noviembre, grabado por UDR Records y mezclado por el habitual Cameron Webb, “Clean Your Clock” no pretende ser “No Sleep 'til Hammersmith” (1981), que nadie te los compare porque entonces identificarás a un impostor, a un memo que no te está hablando desde el corazón. “Clean Your Clock” es tan sólo el documento de la última gira de la banda, el único directo grabado con calidad profesional y tampoco prestes demasiada atención a aquellos que te hablen de producción y sandeces por el estilo; esto es Motörhead en directo, hay acoples, ruido de fondo, sonido de estática, los desafines lógicos, cambios de ritmo, grandes momentos y algunos más templados; magníficas interpretaciones y la voz afónica y cazallera de Lemmy, un tipo que está luchando por sobrevivir y tú lo estás escuchando. Si quieres una producción inmaculada y aséptica, si quieres evitarte el dolor de escuchar al último Lemmy y privarte del disfrute de escuchar una vez más “Bomber”, ni siquiera te plantees escuchar este álbum, no te hace falta…

Las sirenas que abren “Bomber” y la interpretación son espectaculares; Mikkey es un fuera de serie que imprime entusiasmo con su fortísima pegada y Phil es puro rock n’ roll. Lemmy canta la canción y ahí esta su bajo distorsionado, con los agudos a tope, galopando de nuevo. Así es… “Stay Clean” no nos da respiro y se les siente calientes, ¿lo sientes? “Metropolis” apacigua los ánimos en ese medio tiempo afilado que es, hay un acople permanente… ¡es un jodido directo, sin maquillaje! ¿Qué esperabas? Mucho sabor con Phil disfrutando de su guitarra y su Wah en los solos y Mikkey marcando el paso de Lemmy. Con “When the Sky Comes Looking for You” y “Over the Top” el concierto se empieza a acelerar y hace ya un rato que se han convertido en una banda al rojo vivo pero es con la icónica “The Chase Is Better Than the Catch” con la que terminamos de sonreir porque parece que Lemmy ha vuelto a estar entre nosotros, suena más vivo que nunca.

En “Lost Woman Blues” se convierten en una sucísima banda de blues y marca una pequeña pero bonita inflexión en el concierto que volverá a coger algo de velocidad con “Rock It” o la marcial y oscura “Orgasmatron” (una de mis favoritas). La emoción se siente en la voz de Lemmy cuando dedica “Doctor Rock” a su amigo Phil "Philthy Animal" Taylor que había fallecido diez días antes y “Just 'Cos You Got the Power” y “No Class” cerrarán el cuerpo central de unos conciertos que acababan de manera gloriosa y eléctrica con ese himno que es “Ace of Spades” (con ese cambio profético en el verso más famoso de la canción; “You know I'm born to lose, and gambling's for fools but that's the way I like it baby,I’m gonna live forever…”) y la brutalidad que siempre fue “Overkill” en directo no sin antes incluir la curiosidad acústica de “Whorehouse Blues” que suena realmente fantástica…

Vuelvo a mirar otra vez la bonita edición del vinilo con el escenario desplegable (pop-up) en su carpeta interior, toco los acetatos grises, pego un sorbo y miro mi copia de la primera edición del vinilo de “Overkill” firmada por el propio Lemmy, enmarcada y colgada de la pared junto con la entrada del concierto que nunca llegaría a celebrarse en España. Va por ti, amigo…


© 2016 Jim Tonic