SABATON y la Primera Guerra Mundial.

Los suecos regresan con su nuevo álbum, "The Great War", fieles a la cita y su estilo. Sin novedades en el frente...

BARONESS: "Gold And Grey"

Y la importancia de la contención en el minutaje y una producción que hubiese dejado apreciar las canciones tras su criba.

METALLICA en Madrid...

Un concierto con tantas luces como sombras, pésimo sonido y repertorio irregular.

"The Valley" de WHITECHAPEL.

Consigue agarrarte por los huevos pero también encogerte el corazón, todo un logro...

El adiós de CHROME DIVISION...

"One Last Ride" de CHROME DIVISION (Shagrath, DIMMU BORGIR), digno canto del cisne de una banda que se despide.

Así es "Hexed" de CHILDREN OF BODOM.

Laiho y los niños del lago BODOM regresan con un álbum diferente, pero dinámico y mágico.

"Songs For The Dead Live": KING DIAMOND sigue siendo el rey.

Así es el nuevo directo del danés, gira de la que fuimos testigos....

"amo" de BRING ME THE HORIZON: el estrógeno es bello...

...o cómo Oli Sykes pierde el norte y trollea a su público.

HIGH ON FIRE, Mastodon en estado crudo.

Con "Electric Messiah" estamos de enhorabuena, han vuelto a firmar otra joya.

GRETA VAN FLEET: The song remains the same

Cuando el hype se traduce en premiar la escasez de originalidad...

"The Sacrament Of Sin", hacen falta más bandas como POWERWOLF

cuyos estribillos resuenen una vez la canción ha concluido...

OBSCURA lo han logrado...

Su nuevo álbum, "Diluvium", es más directo y superior que “Akróasis”

IMMORTAL: Los dioses del norte han vuelto...

Negro, crudo y gélido, el nuevo disco de los noruegos demuestra que hay vida después de ABBATH.

"Viktoria" de MARDUK

No es "Panzer Division Marduk" pero sitúa a Morgan y Mortuus de nuevo en el mapa...

A PERFECT CIRCLE: La larga digestión del elefante…

El aperitivo perfecto para amenizar la espera de lo nuevo de TOOL…

BLACK LABEL SOCIETY en MADRID: la pentatónica es bella...

Testosterona, amplificadores, calaveras y cadenas para presentar en directo "Grimmest Hits"

"Down Below" de TRIBULATION

Suena a vampiros y fantasmas, a goticismo urbano y crímenes y pasiones desatadas bajo un cielo pintado con los colores de un corazón desangrándose...

TAAKE: El rey del invierno

Ha vuelto y, en ausencia de IMMORTAL, Hoest reclama su trono.

"Mirror Reaper" de BELL WITCH o la eterna sensación de ausencia...

Especial, sencillamente especial, y no apto para todos los gustos pero sí para aquellos que buscan una experiencia vital a través de la música…

"Nightbringers" de THE BLACK DAHLIA MURDER; joder si tiene encanto...

Nadie suena como ellos en un álbum que bien podría entenderse como el mejor de su carrera hasta la fecha.

Crítica: Suicidal Angels “Years Of Aggression"

Las consecuencias de acostarte con tu madre, amigo Marty, serían funestas porque, de hecho, en la foto estas desapareciendo… Si Robert Zemeckis, en lugar de ser el director de "Back to the Future" ("Regreso al futuro" o "Volver al futuro" para los hispanohablantes...), fuese el productor de “Years Of Agression”, seguramente le habría espetado algo similar a Nick y Orfeas de Suicidal Angels, algo del estilo; “¡Pero, Nick, si tenéis sexo con Mille Petrozza y Gary Holt, es posible que vuestra banda comience a desaparecer en la foto de The Metal Archives…!” y razón no le habría faltado. Está claro que los griegos aceptan sin complejos el haber nacido en una época en la que el thrash es simplemente un recuerdo y las bandas que actualmente lo practican, tienen tan poquitas formas de dar el salto y abandonar el underground, como remozarlo con algo más actual, recurrir al mestizaje con otros subgéneros o, mucho más infantil, recuperar de manera artificial la estética más retro y kitsch para esos chavales desmemoriados, de la secta wikipediana. Mientras que Suicidal Angels parecen estar viviendo directamente en el pasado y, por mucho que el mítico Ed Repka ilustre sus portadas, uno tiene la sensación de que Melissourgos y Tzortzopoulos son tan honestos como para no recurrir al cliché parodiando el thrash de los más grandes y, con todo, cuando uno escucha sus discos, se encuentra elementos de unos y otros, riffs de guitarra y galopes de batería que nos remiten a otras bandas, sin que parezca mediar homenaje. ¿Es algo malo? Para nada, pero estamos hablando del séptimo álbum de una banda que no ha vuelto a firmar nada parecido a "Sanctify the Darkness" (2009) o "Eternal Domination" (2007) y, a cambio, parecen haber entrado en un bucle de thrash en el que han eliminado por completo la originalidad en su fórmula.

Mejor que "Bloodbath" (2012) o "Divide and Conquer" (2014), mezclado por el también mítico Jens Bogren, “Years of Aggression” no logrará que Suicidal Angels den el salto definitivo pero contiene los suficientes ganchos como para que cualquier seguidor se enamore de inmediato, “Endless War” es la brillante apertura de un álbum irregular y serpenteante como pocos, en el que las luces brillan mucho pero los momentos de oscuridad logran que uno pierda rápidamente el interés. “Born Of Death” o la propia “Years Of Agression” elevan la velocidad, el tono de Nick es evocador del mejor Araya e incluso de Souza pero no posee la versatilidad suficiente y se hace ligeramente monótono cuando parece lucir un único color, mientras que la guitarra de Drax sí dibuja fraseos más actuales en “Born Of Hate” (que acaba con un odioso ‘fade out’, amigos, así es…) en una banda que parece dar todo de sí en “Bloody Ground” y “The Roof Of Rats”, basando su propuesta en sus marcadas e inmovilistas señas de identidad pero también en la melodía, saliendo victoriosos en ambas canciones.

Pero, como antes indicaba, si “Years of Aggression” tiene sus puntos positivos, los negativos parecen pesar más cuando sus argumentos suenan tan sobados (“D.I.V.A”), cuatro minutos son capaces de parecer eternos cuando la canción no los requiere, tal es el caso de "From all the One" o la final y lentísima "The Sacred Dance with Chaos", y la eterna sensación de estar escuchando prácticamente la misma canción una y otra vez, "Order of Death", algo que no me ha ocurrido nunca en discos como "Dead Again" (2010) y "Division Of Blood" (2016) que he escuchado con fruición durante los últimos tres años.

La portada de Repka es magnífica, como siempre, Bogren y Lindgren han hecho un magnífico trabajo y el cuarteto griego está soberbio en la ejecución y las ganas pero no es suficiente. No lo es cuando lo que les pedimos es que se superen a sí mismos y, sin abandonar su pasión por el thrash, intenten al menos dar un paso al frente y hacernos creer que, aparte de un disco honesto de metal, hay ganas de saltar a la palestra y comerse vivas a otras bandas con menos talento pero más inteligencia. Suicidal Angels progresan adecuadamente pero no es suficiente cuando parecen incapaces de superar a chavales que hace cuarenta años, componían canciones con más riesgo y valentía, con más cojones, haciendo llorar sangre al mismísimo cielo o llevándote al sur de este, sea en Huntington Park, California, o Essen...


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Crítica: Hammerfall “Dominion"

Hay un tipo de lector, muy particular, que únicamente se fija en las puntuaciones. Para ellos, esta web es todo un sufrimiento ya que no otorgamos números decimales y cada banda tiene su propia vara de medir, así como cada redactor o estado de ánimo. Pretender buscarle una fórmula a la evaluación de un gusto es casi algo más complejo que la verdadera alquimia de los druidas. Así, hay algunos que lloran sangre cuando ven que el mejor álbum de una banda recibe la misma puntuación que el peor de otra, pero ¿acaso debemos pedirles lo mismo a todos los artistas? Esto me recuerda a una tira cómica en la cual se juzgaba el actual sistema de evaluación en la educación y un profesor, en aras de la justicia, pedía a sus alumnos la misma prueba; subir a un árbol, entre ellos había un mono, un elefante, un pavo, un león, una serpiente…

Como con casi todo, cuando se escucha o se escribe sobre un disco de power (porque los suecos son más power que heavy, aunque contengan ambos elementos casi en la misma proporción), hay que prevenirse y saber de antemano todos los excesos de los que vamos a ser testigos. En el caso de Hammerfall tengo más que claro que no van a grabar de nuevo un álbum a la altura de “Glory To The Brave” (1997) y tampoco “Legacy Of Kings” (1998) pero, por suerte, tampoco uno como “Infected” (2011), con lo que esperaba justo lo que he escuchado en “Dominion” y es que su discografía, salvando esos tres casos, transita la zona media; no graban discos gloriosos (aunque ellos crean lo contrario) pero tampoco graban discos horrendos, Joacim y su banda parecen haber entendido lo que sus seguidores desean y no me parece mal en absoluto; lo que nos lleva a la conclusión de que tras su patinazo con “Infected”, han tomado la directa con “(r)Evolution” (2014), “Built to Last” (2016) y este último que nos ocupa. ¿Malos discos? Nada de eso, todo lo contrario si lo que uno busca es escuchar lo mismo pero con melodías diferentes y cero riesgo. ¿Es una crítica negativa? Por supuesto que no, es verdad que Joacim, Fredrik y Oscar pueden no estar atravesando su mejor momento creativo pero, a cambio, parecen haber entendido su lugar y eso, por otra parte, los honra.

Sé que no es su mejor disco, pero suena "Never Forgive, Never Forget" y me engancha, Wallin aprieta y Joacim Cans reza su estribillo a toda velocidad hasta la propia “Dominion” y nos echan por tierra la etiqueta de power para interpretar una canción puramente metal, con un título más que apropiado, puramente Hammerfall. Me gustan las guitarras de Oscar Dronjak y Pontus Norgren en “Dominion” porque parecen menos procesadas, más crudas y directas. “Testify” podría ser interpretada por los actuales Accept sin problemas y lo único que no termina de convencerme son esos coros tan varoniles, derrochando tanta testosterona que podría hacerle crecer pelo en el pecho a una vírgen, esos mismos de “One Against the World” en la que tampoco me gusta nada el tratamiento de la batería de Wallin y me arruinan un poco la experiencia cuando siento estar escuchando un disco muy diferente al que había comenzado. Como tampoco me termina de gustar el single que es "(We Make) Sweden Rock" porque me parece obvio, fácil y rozando el puntito más kitsch. Por el contrario, hay que reconocerles su mérito, siendo una canción bien compuesta e interpretada, sonando más que nunca a ellos y con un puente que debería hacer despegar su estribillo como un cohete. Lo que me ocurre es que no puedo tomarme en serio semejante declaración, cantada con toda la bravuconería pirata de sus coros, lo que es una pena porque el solo suena verdaderamente bien.

Joacim se luce en “Seconds To One”, una balada que nos demuestra una vez más lo bonito de su timbre y lo mucho que gana cuando interpreta canciones menos pueriles. Ponen remedio al momento más lacrimógeno de “Dominion”, con "Scars of a Generation" (de nuevo, las guitarras y Joacim hacen el resto) y ponen algo de huevos en “Dead By Dawn” y “Bloodline”, tras la intro que es “Battleworn”, dejando bien claro que las tres canciones de la primera cara son indignas de “Dominion” y una segunda parte en la que se crecen y rozan con la yema de los dedos la gloria noventera, esa misma que pretenden evocar con la repetición de estribillo en “Chain Of Command”, por Accept o Maiden en “And Yet I Smile” en lo que claramente parece un homenaje.

Mejor que los mencionados “(r)Evolution” (2014), “Built to Last” (2016) o, por lo menos, en el apartado más puramente compositivo y con el único punto negativo de la gran diferencia entre sus mejores y peores momentos. Soy incapaz de predecir el futuro pero si Hammerfall quieren recuperar la gloria de los más valientes, este es el camino…

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Crítica: Destruction “Born To Perish"

Algo se está cociendo en Alemania -o eso quiero creer- cuando, de golpe y porrazo, Tom Angelripper decide finiquitar el contrato de Bernd "Bernemann" Kost y Markus "Makka" Freiwald, reformando Sodom y transformándolo en un cuarteto con la incorporación del mítico Frank "Blackfire" Gosdzik pero también Yorck Segatz y Stefan "Husky" Hüskens. Y el entrañable Schmier decide no quedarse atrás y hacer lo propio con Destruction; largando a Wawrzyniec "Vaaver" Dramowicz y fichando a Damir Eskic y Randy Black en lo que parece una ensalada de nombres pero que me ha hecho pensar si Schmier, Angelripper, Petrozza y Gerre no estarán pensando en volver a poner en marcha la alianza del Big Four del thrash teutón y Schmier y Angelripper lo único que han querido hacer a sus respectivas bandas es todo un ‘upgrade’ para medirse con la auténtica maquinaria pesada que sigue y seguirá siendo Kreator, por lo menos en directo o una explicación más sencilla, Schmier ha sentido cierta envidia del lavado de cara de Angelripper…

Así, la remozada versión de Destruction graba un álbum como ”Born To Perish”, bajo la producción de V.O. Pulver (con quien también trabajaron en la reedición de los clásicos "Infernal Overkill", "Release from Agony" y "Eternal Devastation" pero cuya colaboración viene de lejos, desde "Metal Discharge" de 2003) e imagino que es una elección más que justificada, basada en la confianza pero también en la velada promesa de recuperar algo de aquel sonido que les hizo famosos, elevándolo a la enésima potencia. Destruction abandonan la excitante formación del trío para ser un cuarteto que, por lo menos en álbum, no se deja sentir tanto como debería ya que, si bien “Born To Perish” suena fantástico, las guitarras carecen de la fuerza que debieran; es un álbum que suena potente pero no es ese muro eléctrico que Schmier parecía prometer, mientras que -sin tanto bombo, valga el contrasentido- Randy Black sí que justifica su fichaje cuando escuchamos las canciones de este álbum y sentimos ese doble bombo golpeando con milimétrica precisión, como si fuera un verdadero pistón, imprimiéndole la energía que Destruction necesitaban, sin menospreciar el trabajo de Dramowicz.

Sin embargo, si mucho esperaba de esta nueva formación de Destruction, poco esperaba del álbum ya que la decepción fue mayúscula con “Under Attack” (2016), confirmando la mala racha tras el notable “Day of Reckoning” (2011) y por todos es bien sabido que pocos cambios de ruta plantean Destruction, que si estamos hablando de su formación actual es precisamente por ese cambio. Pero “Born To Perish”, tras esa declaración de intenciones y, aún mejorando “Under Attack” (que no era un mal álbum, en absoluto, pero no lo que esperábamos de ellos), no termina de cumplir con mis expectativas. Black está magnífico y las guitarras solean, desde las iniciales “Born To Perish” o “Inspired By Death”, está claro que Destruction se han puesto las pilas en unas canciones que, como no podía ser de otra manera, tratan las habituales temáticas sociales pero a las que ronda cierto espíritu infantil cuando escuchamos “Betrayal” y sobre todo “Rotten” y sentimos haberlas escuchado un millón de veces. No se trata de que los ripios y frases hechas sean tan manidas, es que los gañidos de Schmier o los riffs no podrían ser más genéricos. ¿Son malas canciones? Para nada, funcionan a la perfección y en directo seguramente más aún, pero creo que no son las más inspiradas, las más originales que Destruction podrían haber escrito. Esa es mi impresión cuando escucho “Filthy Wealth” y siento que es puro relleno, o la vulgar “Ratcatcher”, mala a rabiar…

“Butchered For Life” me recuerda a Testament y el experimento funciona, pero son casi siete minutos y, honestamente, Destruction no pueden mantener la atención de nadie en tantos segundos, más aún cuando su naturaleza debería ser la de tres minutos de thrash al cuello y poco más. Hay buenos momentos, como “Tyrants of the Netherworld” o el chute de rabia que es “We Breed Evil” e incluso “Fatal Flight 17” en la que no sólo triunfan en la letra o las guitarras, sino que logran atraparte en esos cuatro minutos, aunque transite caminos ya de sobra conocidos por todos y se dibuje un bostezo en todo aquel que la escuche.

“Born To Perish” (bajo su horrenda portada) aprueba por los pelos, es mejor que “Under Attack” pero por unas pocas décimas y, cuando termina, creo que Schmier se ha precipitado, que el cuarteto funciona y la potencia es evidente, pero que quizá debería haberse dado más tiempo con las canciones sobre el papel, que una banda no es un coche al que cambiarle un par de piezas y seguir tirando, que la química ha de crearse y las canciones son tan importantes como el envoltorio, los peligros de la potencia sin control que un perro viejo como Schmier ya debería conocer…

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Crítica: Killswitch Engage “Atonement"

Ocurre pocas veces, pero ocurre. Ese momento exacto en el cual, uno se sienta a escuchar un nuevo álbum y siente placer. Ocurre por muchos motivos, con “Atonement” de Killswitch Engage he sentido ese placer porque no esperaba más, porque ha sido el reencuentro con una de mis bandas favoritas del metalcore y, por cierto, una de las pocas que conserva su única e intacta su identidad, libres de modas y forzados discos de madurez que tan sólo esconden falta de ideas o reniegos al pasado. Killswitch Engage no buscan nada más que hacértelo pasar bien, tanto en directo; como en estudio, fundamentalmente a través de su buen saber hacer instrumental, su actitud distendida y divertida en contraste con la amargura y desequilibrio emocional de Jesse Leach. Poco esperaba porque, pese a que “Incarnate” (2016) no es su mejor álbum, y no supera a "Disarm the Descent" (2013), a mí me caló y se convirtió en uno de esos discos que, pese a uno saber que no son obras maestras, se funden con uno mismo y sus canciones suenan en bucle, asociándolas a momentos de tu propia vida. Es por eso que de “Atonement” esperaba tan sólo el reencuentro, consciente quizá de que no superarían "Disarm the Descent" y tampoco la emocionalidad, el sentimiento rasgado pero a flor de piel, de “Incarnate”. Además, por qué no decirlo, sigo creyendo que algunas bandas poseen su cara pero también su cruz y a los de Adam Dutkiewicz les ha tocado lidiar con Jesse Leach. Y digo todo esto, amando su música, que ningún fiera se me eche encima antes de tiempo…

Odio hablar de cotilleos, no creo que la vida personal de los artistas que admiro tenga que verse reflejada en la crítica a su obra pero, sin embargo, también soy consciente de que una es el reflejo de la otra o, por lo menos, en muchas ocasiones. Y Jesse Leach, el bueno de Jesse Leach, a pesar de que él y la banda quieran vendernos que este disco comenzó a gestarse al año siguiente de la publicación de “Incarnate” y uno de los puntos de inflexión fue la operación del pólipo de Leach, lo bien cierto es que si lo sigues a través de redes sociales ( y yo hasta hace poco lo hacía) sabrás que, en los últimos meses, tras dejar una larga relación sentimental, Leach se ha enfrascado en otra a las pocas horas, ha dividido su propia cuenta o perfil en dos con la excusa de dedicar una a los negocios y su banda, y la otra para su vida privada. El resultado, tratándose de Leach ha sido un auténtico caos; mezclando música con vida, publicando entradas que luego, a las pocas horas borraba, llorando y hablando de las enfermedades mentales para, a los pocos segundos, pedir matrimonio; enfrascarse en un viaje de soledad para encontrarse a sí mismo, cambiarse el peinado, dedicarle poesía a su amada y volver a caer en los infiernos para, en un santiamén, asegurar que esta en el mejor momento de su vida, in love con su casa...

Esto, que carece de interés para el amante de la música, dice mucho de Leach como artista y esa constante oscilación entre el lado derecho e izquierdo de su cerebro, entre la euforia y el ánimo más maníaco-depresivo y todo esto, como adivinará el lector más avezado, tiene más importancia que la extirpación de un pólipo porque escuchando “Atonement”, uno tiene la sensación de que la banda ha compuesto la música por un lado y Leach, cuando su vida se lo ha permitido, escrito unas letras que ahondan en los mismos caminos comunes de siempre y la contradicción constante del vocalista. El resultado es razonablemente bueno, quizá no tan enfocado como en “Incarnate”, pero el balance general entre música y letra si bien no se ve resentido, no se puede decir lo mismo de la inspiración en la composición porque, llámenme romántico, pero sigo creyendo en la tensión creativa de cinco músicos sudando en una sala de ensayo y no la dinámica compositiva a lo The Postal Service (y me refiero al binomio compositivo de Ben Gibbard y Jimmy Tamborello, que parieron el extraordinario “Give Up” hace ya dieciséis años y toman su nombre de ese intercambio de emails para componer un álbum que, aunque distante del metalcore que practican los de Westfield, marcó la inevitable manera de escribir música en el nuevo milenio).

Así pues, “Atonement” me produce placer porque me reencuentro con Killswitch Engage y está magníficamente producido, suena de verdad robusto, además estoy convencido de que, como banda, han alcanzado el clímax a nivel musical; es pincharlo y saber quiénes son, la unión entre Dutkiewicz y Stroetzel es excepcional, igual que entre D'Antonio y Foley pero, según comienza a sonar “Unleashed”, uno ya sabe que esto no es más que la continuación de “Incarnate”, a las cargas de profundidad musicales, a esos riffs entrecortados hay que sumarles la melodía de Leach en una composición que quiero pensar que sirve de bienvenida por lo poco imaginativa que es. Caso aparte es “The Signal Fire” en la cual somos testigos de que no hay que elegir, que uno siempre puede escoger ambas opciones; así, cuando escuchamos a Jesse Leach con Howard Jones, sentimos que estamos ante uno de los mejores momentos de la primera parte de “Atonement” y la loca idea de lo que sería Killswitch Engage con dos vocalistas fijos, uno dedicado a las voces más guturales y rasgadas, el otro a las melódicas. “Us Against The World” es horriblemente predecible, pero me gusta su melodía, me gusta su tempo y su balanceo, como el acelerón en “The Crownless King” en la que también entendemos su porqué cuando escuchamos a la bestia que sigue siendo Chuck Billy de Testament, un auténtico monstruo ante el que, obviamente, Leach palidece.

“I Am Broken Too” es un single fácil pero, ¿acaso no todos los singles deberían ser fáciles? De nuevo, disfruto de las guitarras de Dutkiewicz y Stroetzel, como también hago lo propio con el cambio de registro en “As Sure as the Sun Will Rise” o el trallazo que supone “Know Your Enemy”, sin rodeo alguno. Demostrando que Killswitch funcionan a la perfección cuando se libran del compromiso melódico, ese mismo que libran con éxito en “Take Control” y que hace que también me dé cuenta de los pocos solos que hay en “Atonement” en lo que seguramente es un claro intento de lograr el groove, el músculo; del chug sorteando el breakdown. "I Can't Be the Only One" es quizá la menos agraciada, más si tenemos en cuenta el dignísimo final que es "Bite The Hand That Feeds" en lo que no es un mal disco en absoluto, sino un producto muy apetecible (impresionante portada de Richey Beckett), pero sin el poso de “Discarnate” o la inspiración de "Disarm the Descent", encontrando Killswitch Engage el difícil equilibrio en el desequilibro de Leach pero no logrando dar un paso al frente...

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Crítica: Slipknot “We Are Not Your Kind"

A veces, pienso que Slipknot, como tal, es una broma que se le ha ido de las manos a Shawn Crahan. Una banda que, pese a lo que aseguraban en sus entrevistas hace veinte años (como cuando Chris Fehn prometía la dominación mundial, con la publicación de su primer álbum), nunca pensaron que tendría la relevancia mediática que ha ido adquiriendo con el paso del tiempo. Si somos críticos y echamos un vistazo a esa discografía que hemos ido viviendo en cada publicación, entre "Slipknot” (1999) y "Iowa” (2001) pasan tan sólo dos años, hasta "Vol. 3: (The Subliminal Verses)” (2004) tres años, de ahí a "All Hope Is Gone” (2008), cuatro años. Seis para ".5: The Gray Chapter” (2014) y cinco para "We Are Not Your Kind” (2019), dando la sensación de que, conforme va pasando el tiempo, a los de Des Moines cada vez les cuesta más entrar al estudio, teniendo en cuenta que las musas se les resisten desde "Vol. 3: (The Subliminal Verses)” y cada álbum desde aquel (sí, has leído bien) ha contenido algún que otro buen momento o single pero que, en conjunto, han zozobrado (y no, no me olvido de todas sus canciones, de algunas escondidas). Así pasó con "All Hope Is Gone” (2008), del que podemos extraer "Psychosocial" como rompelistas, o la pegadiza "Dead Memories" pero con el que todos fruncimos el ceño cuando escuchamos “Snuff” y, pese al suspiro adolescente o veinteañero de muchos nuevos seguidores, para aquellos que les conocimos con su debut y disfrutamos de “Iowa” (2001) era un jarrazo de agua fría porque parecía la constatación de que Slipknot eran incapaz de hacer un cortafuegos con la nadería de Corey Taylor y sus Stone Sour de pacotilla. Con ".5: The Gray Chapter” (2014), pasa algo parecido, potenciado por lo emocional de la pérdida de Paul Gray y la salida del necesario Joey Jordison; "The Devil in I" funcionaba a medias pero lo hacía, frente a la clara constatación de una nominación a los Grammy en la categoría de “mejor álbum de rock”, Slipknot lo habían logrado; poco a poco abandonaban el metal para convertirse en una banda con más momentos melódicos que riffs, más dulcificados, domesticados, en directo su propuesta seguía resultando porque está tan medida como una receta de alta cocina pero, cuando se metían en el laboratorio, ni toda la producción del mundo podía maquillar que tras "Vol. 3: (The Subliminal Verses)” (2004) algo parecía no cuajar.

Cinco años después, y la pérdida del carismático Chris Fehn por el maldito dinero (y la evidencia de que esto es más viejo que el mundo, que pocas amistades hay que no puedan ser cortadas por el pelo de una mujer -que reza el aforismo- pero también por el vil metal, como demuestra la práctica), la negativa a concederle la existencia a Jay Weinberg o Alessandro Venturella a través de un número y la publicación de "We Are Not Your Kind” (2019), producido por Greg Fidelman, tras una gira europea de festivales en la que tuve la suerte de verles en dos ocasiones; una durante el primer Knotfest europeo en Francia y otra, más desastrosa y con peor sonido aún, en la que quizá sea la última edición del Download Fest de Madrid, me ha terminado descubriendo que "Unsainted" no era una elección tan descabellada como primer single, tras escuchar un álbum tan desastroso y deslavazado, tan perdido, como es "We Are Not Your Kind”.

El relleno comienza pronto con la introducción que es “Insert Coin” y ecos de "Solway Firth", siendo “Unsainted” la primera en abrir realmente el nuevo álbum, los coros iniciales recuerdan en tono a “You Can’t Always Get What You Want” pero me parece brillante la forma en la que la banda entra, solapándose con la voz de Corey. ¿Me parece digna de Slipknot? Quizá de Slipksour, pero no de la banda que parió “Iowa”, aun así y a tenor de lo que sigue, es posiblemente la mejor elección como single porque “Birth Of The Cruel” hace perder el ritmo al álbum desde bien pronto y el estribillo, como ocurre con la propia “Nero Forte”, desgracian por completo ambas canciones. Caso aparte es el relleno puro y duro, estopa al fin y al cabo, de cortes como "Death Because of Death", “What’s Next”, “Spiders” (un auténtico horror, insalvable) o el interludio que es “My Pain”. Entre medias, canciones pasables, algunas más grises que otras; “Critical Darling” y lo desesperante de ese no arrancar (algo parecido ocurre con "Not Long for This World", en un álbum en el que abundan las introducciones o los desarrollos que no llegan a ninguna parte y, habitualmente, enmascaran canciones mediocronas), el aburrimiento de la lentísima “A Liar’s Funeral” en la que Corey podrá vendernos su interpretación que, ni con esas, llega al aprobado. “Red Flag” comienza de manera interesante pero, como todo en este álbum, parece un refrito en el que Root parece reciclar sus propias ideas y riffs o Corey sus propios fraseos (como en “Orphan”) hasta una “Solway Firth” que, como ocurre con “Unsainted”, parece mejor de lo que es en amargo contraste con la purrela anterior y sirve para enlazar con “Insert Coin”, aunque cualquier oyente medio sepa adivinar que no es un álbum que cuente una historia y Slipknot tan brillantes como para meternos en un bucle de tal dimensión, limitándose a un arreglillo estético.

Recuerdo aquella dulce sensación de cuando tu banda, mi banda, o una de tus favoritas, publicaba un álbum y el mundo parecía detenerse o, por lo menos, el de uno mismo. Ahora, Slipknot han regresado tras cinco años y no siento nada en absoluto por "We Are Not Your Kind” a excepción de un par de conciertos que sí he disfrutado moderadamente, sorprendiéndome a mí mismo con su nuevo álbum; deseando que acabase antes de tiempo. Quizá sea tan sencillo como achacarlo a esa inspiración, a esa hambre saciada, a todo o nada; a la pérdida de Joey, la muerte de Paul, el navajazo a Chris, la ilusión de Jay o Alessandro pero su poco peso en el estudio, la aparente pasividad de Jim Root y su no querer enfrentarse por no perder el empleo o la indiferencia de Mick, la sensación de poca relevancia de Sid o Craig (tanto en estudio, como en directo), la tendencia a la melodía y a dulcificarlo todo por parte de Corey y la posible pero amarga constatación de que esto es la banda de Shawn y, aparte de un negocio familiar del que comer y enchufar a tu hijo, no es nada más que una empresa; que los maggots no existen y The Knot es una elucubración de Matrix, una paja mental, que sólo existe en la mente de miles de seguidores incapaces de aceptar que la banda adolescente lo dijo todo con “Slipknot” (1999) y “Iowa” (2001) y la sobras congeladas del día anterior que fueron "Vol. 3: (The Subliminal Verses)” (2004). Una pena, pero es lo que es…

© 2019 James Tonic


Crónica: Hellfest (Clisson, Nantes) 21.06.2019

Séptimo año consecutivo en el flamante Hellfest, esta edición con el añadido de poder ser testigos del primer Knotfest europeo, ¿qué más podríamos haber pedido? Nuestra primera jornada oficial, tras la estupenda noche anterior con Slipknot cerrando o, mejor dicho; abriendo el festival, nos depararía muchas actuaciones para el recuerdo y algún que otro encontronazo con artistas, además de viejos amigos de esta web. Un menú que se abriría con Demons And Wizards de Schaffer y Kürsch, y cerraríamos con King Diamond, alejado del escenario principal, resultando una actuación aún más especial que la anteriormente vista en el mismo festival, con la puesta de largo de su emblemático “Abigail” en el escenario principal.

La amistad entre Schaffer y Kürsch viene de lejos, pero poder ver en directo a ambos sobre el mismo escenario, bajo el nombre de Demons And Wizards en pleno 2019, es una auténtica oportunidad de oro que no hay que desaprovechar. Más aún porque han reeditado y revisado "Demons And Wizards" (1999) y "Touched by the Crimson King" (2005), y se hacen acompañar en directo de Marcus Siepen y Frederik Ehmke, además de Jake Dreyer y Joost van den Broek, en lo que quizá sea una reunión única. Es verdad que el sol golpeaba con fuerza y que una actuación de Demons And Wizards agradece la oscuridad y recogimiento de una sala, pero no seré yo quien se queje cuando, miles de aficionados como yo, aguantan a pie de escenario. Tras la consabida introducción, “Rites of Passage”, abría la actuación el riff de “Heaven Denies” y, desde el primer momento, reinó la química entre Schaffer y Hansi y las tres cuartas partes de Blind Guardian, una elección magnífica para comenzar su actuación. Siguieron la ruta de su debut con “Poor Man’s Crusade” hasta “Crimson King” en la que la presencia de Van Den Broek a los teclados fue más que necesaria en los arreglos de la canción. La voz de Hansi sonó magnífica en directo, flanqueado por Schaffer a la guitarra y Siepen al bajo; siempre he creído que, de toda la escena de los noventa, quizá sea Hansi uno de los que mejor conserven su garganta, además de la magia que su tono trae consigo.

La más que apropiada “Burning Times” de Iced Earth y su “Something Wicked This Way Comes” (1998) entró con fuerza y Hansi animando a las primeras filas, tanto como “Welcome To Dying” de Blind Guardian (“Tales From The Twilight World”, 1990) en la que pisaron el acelerador y sonaron francamente bien. De regreso al mundo de Schaffer/Hansi, interpretaron “The Gunslinger” y enlazaron con “Terror King”, ambas de "Touched by the Crimson King" (2005), para cerrar con “Blood On My Hands” y, por supuesto, de manera más romántica, medieval y emocionante con “Fiddler On The Green”, perfecta para finiquitar un gran concierto como el de Schaffer, Hansi, Siepen, Frederik, Dreyer y Joost.

Del metal de Demons And Wizards a otro regreso como el de Pestilence, que muchos asegurarán que no es tal ya que tan sólo Patrick Mameli permanece en la banda, erigiéndose como amo y señor del legado de Pestilence. Seis años han pasado desde el maltratado por la crítica “Obsideo” (2013) y “Hadeon” (2018) ha demostrado que Mameli posee el talento cuando se sienta a componer y se olvida de absurdos proyectos paralelos o esos otros que no llegan siquiera a cuajar. Mameli es un gran músico y había ganas de verle, no sólo por reverdecer la gloria de Pestilence, sino por vivir de primera mano las canciones de “Hadeon” en un festival, ante una gran audiencia, tras su paso por las salas europeas, en las cuales se centró en su material más clásico. Acompañado de Rutger van Noordenburg a la guitarra, Edward Negrea al bajo y Septimiu Hărşan en la batería, Mameli no tuvo demasiada dificultad para meterse al público en su bolsillo con un concierto en el que tan sólo interpretó “Non Physical Existent” de “Hadeon” y enloqueció a todos con “Suspended Animation” del mítico “Consuming Impulse” (1989) y “Dehydrated” (aunque falte la voz de Martin Van Drunen), repartiendo la actuación entre el mencionado “Consuming Impulse” y “Testimony of the Ancients” (1991). Una pena no escuchar ningún tema más de “Hadeon” o, claro, “Spheres” (1993) pero, a cambio, Mameli nos regaló "The Secrecies of Horror", "Twisted Truth" y “Land of Tears” de su álbum del 91 o clásicos incontestables como “The Process of Suffocation”, “Chronic Infection”, “The Trauma”, "Reduced To Ashes", "Out Of The Body" y "Land Of Tears", todas de “Consuming Impulse”. Por supuesto que habría disfrutado si Mameli hubiese decidido incluir canciones más recientes de su discografía, pero parece consciente del peso de su pasado y esas voces que, si incluyese más canciones posteriores a "Spheres"(1993), quizá no apoyarían a los actuales Pestilence. Una pena, pero un gran concierto.

Mientras tanto, Dream Theater nos aguardaban en los escenarios principales y rompían el tempo del festival con la etérea “Untethered Angel” y ese riff musculoso que la abre. Amando a Dream Theater y pareciéndome digno "Distance over Time"(2019), no soy de los que piensan que estemos ante uno de los mejores discos de Dream Theater y, aunque parezca un tópico, creo que algo se perdió con Portnoy por el camino. Que nadie me malinterprete, Mangini es un auténtico monstruo, pero la banda no parece la misma; está la guitarra de Petrucci, los teclados de Rudess y el magistral bajo de Myung, por no mencionar que LaBrie parece en mejor forma, pero falta esa sensación de riesgo, de loca genialidad que les rondaba cuando Portnoy se sentaba tras los platos. Me sorprendió escuchar “As I Am” de “Train Of Thought” (2003), supongo que Petrucci y LaBrie quieren empeñarse en demostrar que están atravesando una etapa más directa, más contundente y menos pretenciosa como es de la que salen con "The Astonishing" (2016). Petrucci sonó fantástico y crudo, llevando el peso constantemente en canciones como “Fall Into The Light”, imaginativo en “Barstool Warrior” (aunque no sea precisamente lo mío; tan blanda, tan complaciente…) y tengan que ser “Peruvian Skies” o “The Dance Of Eternity” las que, sin duda, nos recuerden un pasado más glorioso (esta última con un Rudess estupendo), como ocurre con “Lie” de “Wake”, antes de despedirse con la machacona, pero por momentos aburrida “Pale Blue Dot”, canciones que suenan en directo porque hay talento, pero que pierden en amarga comparación con las anteriores.

La variedad de un festival como el Hellfest se traduce en salir corriendo de ver a Dream Theater para acabar en las primeras filas de un concierto de Impaled Nazarene, imposible perdérselo, por nada del mundo. Slutti666 sigue teniendo el mismo aspecto y personalidad impredecible, él y Repe Misanthrope siguen siendo el núcleo duro de Impaled Nazarene, junto a Arc v 666 y Tomi UG Ullgren al bajo y guitarra, respectivamente. Un concierto agresivo y oscuro pero magnético, “Apolokia”, “My Blessing (The Beginning of the End)” o “Damnation (Raping the Angels)” nos castigaron con rapidez, mientras Slutti666 parecía constantemente en trance, “The Crucified”, “1999: Karmageddon Warriors” y “Penis Et Circes” son escupidas con rabia, “Enlightenment Process”, “Ghettoblaster” o “The Burning” no nos dan respiro, estamos cumpliendo el sueño de ver en directo a Impaled Nazarene y nos están dando lo que buscábamos, “The Horny And The Horned” y “Zero Tolerance” encarrilan una actuación sin concesión alguna, para noquearnos del todo con “Sadhu Satana” o “Total War - Winter War”. Impaled Nazarene se comieron a muchas bandas de The Temple y The Altar, así de sencillo…

Kvelertak parecen estar viviendo una segunda juventud; recuerdo que cuando escribí la crítica de “Nattesferd” (2016), muchos fueron los que me respondieron asegurándome lo equivocado que estaba. Disfruto mucho del álbum, me encantan sus canciones, pero algo fallaba, no parecía la continuación de “Kvelertak” (2010) o “Meir” (2013), y tras once años y girar con Metallica, tras disfrutarles de nuevo en sala, Erlend Hjelvik salía por la puerta de atrás, sin mucha explicación, y los más agoreros volvían a estar seguros de que los noruegos estaban muertos, pero llegó Ivar Nikolaisen y todos se tuvieron que callar cuando le vieron sobre un escenario. Ivar es diferente a Erlend, es pura energía, impredecible, desafectado, un cruce entre metal y hard rock, actitud punk, sudor, cuero y un chute de optimismo, espontaneidad… “Åpenbaring” arrancó un concierto fulgurante que estoy orgulloso de haber presenciado entre sus primeras filas, el regreso de Kvelertak al Hellfest con Ivar al frente no podría haber sido más espectacular, “Åpenbaring” no sólo desató el caos en las primeras filas sino que Landa y Rolland la enlazaron con “Bruane Brenn” y potenciaron el histerismo, “Nekroskop” templó los ánimos, esos que ellos mismos se encargaron de enardecer con “Berserkr” (me encantan sus guitarras) y, claro, “1985”. Puños en alto, “Evig Vandrar” entra como un tiro, Ivar de desgañita y todos coreamos, vuelan minis, teléfonos en mano, empujones y avalanchas, las botas de aquellos que se suben sobre nuestras cabezas; “que acabe pronto porque vamos a morir, pero que no acabe nunca…” Suena “Fossegrim” y el pulso nervioso de “Offernatt” para poner las cosas aún más tensas, “Blodtørst” y “Mjød” se unen a “Månelyst” y la festiva y obvia “Kvelertak”. En este punto, en este jodido punto, la marea humana no quiere devolver Nygaard y su bajo al escenario, Ofstad y Landa sonríen sudorosos mientras Ivar Nikolaisen parece haberse dejado parte de su vida en otro directo más. ¡Muy grandes, enormes, gigantescos, Kvelertak siguen en pie de guerra! Ya no hay búho disecado, pero hay huevos de sobra…

Echo de menos a Abbadon y siempre será así, lo echo de menos porque Venom Inc. tiene menos sentido sin él, porque lo recuerdo tras los parches y la sensación de venganza de Mantas y Dolan contra Cronos era brutal porque uno tenía la sensación de estar viendo a los auténticos Venom (dos terceras partes y un Dolan salvaje), pero con Kling (The Absence) siento estar ante otra encarnación más de los Venom originales. Por otra parte, en los Venom actuales tan sólo sobrevive Cronos y La Rage o Dante son tan sólo reemplazos de Mantas y Abbadon, por los que sí romperé una lanza y es que ambos músicos llevan ya una década o más acompañando a Cronos. ¿Quién tiene la razón? Problablemente ninguno y, como llevo haciendo ya años, lo más inteligente es disfrutar de ambos.

"Avé" (2017) me pareció un buen disco, y tras ver a la banda en salas, ya tocaba enfrentarse a ellos en un festival, “Ave Satanas” abría un concierto que ni siquiera Nergal de Behemoth se quiso perder y así lo vimos, grabando con su móvil “Rip Ride” de "At War With Satan" (1984), Mantas y Dolan no dudaron en incluir canciones como “Forged In Hell” (realmente contundente en directo), “War” o “Metal We Bleed” en su repertorio (sabia decisión pero también muy valiente) demostrando que siguen vivos y con ganas de seguir su propio camino (de hecho, ya están trabajando en su nuevo álbum) pero fueron las canciones de Venom las que hicieron que aquellos comenzase a hervir; “Lady Lust” o “Witching Hour”, “Bloodlust”, “Countess Bathory” o “Live Like an Angel (Die Like a Devil)” y, por supuesto, “Black Metal” y su mítico estribillo; “Black metal… Lay down your souls to the gods rock 'n roll!” y Mantas recordándonos que somos lo más importante en la ecuación de la banda. Echo de menos a Abbadon, sí, pero Dolan y Mantas siguen siendo parte de la historia del metal y de la mía propia.

No acudo a ver a Possessed por su nombre, no estoy en su directo porque Jeff Becerra sea un artista damnificado, si tuve el placer de verlos dos veces en la misma semana (sala y festival) es porque Becerra todavía tiene algo que decir, es un artista vivo cuya llama creativa sigue quemando y una auténtica lección de vida para todos nosotros, Becerra conserva la pasión por el metal intacta. A diferencia de otros artistas del festival, Becerra basa el repertorio de la banda en toda la discografía de Possessed, lo que quiere decir que incluirá canciones de "Revelations of Oblivion" (2019) pero también de “Beyond The Gates” (1986), por supuesto, de “Seven Churches” (1985) e incluso su EP “The Eyes of Horror” (1987). Respeto a aquellos artistas que hacen lo contrario y disfruto de sus actuaciones, pero eso no quiere decir que lo de Becerra no sea digno de elogio. Con los ya conocidos Daniel González, Robert Cardenas, Emilio Márquez y Claudeous Creamer (con ellos desde 2016), Becerra comenzó con “No More Room In Hell”, de su último trabajo, y nos regaló a la primera de cambio “Pentagram” del mítico “Seven Churches” en una actuación en la que hubo constantes viajes al pasado, como “Tribulation”, pero también gloriosas interpretaciones, “Demon”, en las que Becerra nos demostró que no ha perdido la voz y que su característico tono rasposo es más crudo que nunca. “Evil Warriors” y “The Heretic” sonaron con magia y nos sorprendió por la retaguardia con con “Storm In My Mind” de “The Eyes of Horror” y la homónima de aquel EP, en un final de fiesta en la que interpretó la habitual “Graven” (una de mis favoritas de "Revelations of Oblivion") y, claro, “The Exorcist”, “Fallen Angel” y la legendaria “Death Metal”. Becerra se mostró amable con todo el que se acercó a saludarle, tuvimos el honor de estrechar su mano y disfrutó del resto del festival como un seguidor más, viviendo la actuación de King Diamond con la misma ilusión de todos; un ejemplo de perseverancia, lucha, honestidad y cercanía.

De una leyenda a otra, porque Hellhammer regresaban, de la mano de Triumph Of Death, y es indescriptible la sensación de privilegio cuando, en los últimos años, he podido disfrutar de Tom Warrior en tres encarnaciones muy distintas; con Triptykon, interpretando las canciones de "Melana Chasmata" (2014), en la reciente gira en la que Warrior ha decidido volver a cantar las canciones de Celtic Frost y esta última, revisitando el pasado de Hellhammer junto a Andre Mathieu, Alessandro Comercio y la bajista Mia Wallace. Un acople, “ugh!” y suena el riff machacón de “The Third of the Storms (Evoked Damnation)” y cumplimos el sueño, “Massacra” y “Maniac”, nos vamos de viaje al pasado y la celebración del black metal, del sueño de Warrior, del nacimiento de Celtic Frost. Mia inicia “Blood Insanity” y “Decapitator” con su bajo, está magnífica, igual que Mathieu en “Crucifixion”, Warrior disfruta y, en algún momento de la actuación, sonríe. La lentísima “Buried and Forgotten” da paso a la rápida “Revelations of Doom” y la caótica “Agressor”, antes del regalo definitivo; "Visions of Mortality" de Celtic Frost y la propia “Triumph Of Death” dejan claro que a Warrior le debemos todos mucho más de lo que creemos.

Carcass ya están trabajando en su nuevo álbum, la continuación de "Surgical Steel"(2013) y, en vista de lo ofrecido de nuevo en directo, la formación de Jeff Walker y Bill Steer no podría estar en mejor forma. Doce canciones de puro death metal, iniciando la actuación con “1985” y “316L Grade Surgical Steel” para cogernos por el cuello con la mítica “Buried Dreams” del celebérrimo "Heartwork"(1993). Me gusta la formación actual con Tom Draper a la guitarra, pero he de reconocer que, en cuanto a las seis cuerdas, mi corazón pertenece a Bill Steer, un guitarrista atípico en el death metal pero con mucha personalidad. “Exhume to Consume” sonó brutal, igual que “Reek of Putrefaction“ o “Unfit for Human Consumption”, así como las canciones de "Surgical Steel"(2013), “Cadaver Pouch Conveyor System”, se integran perfectamente en un repertorio ya clásico y uno llega a sentir algo de vértigo cuando se da cuenta de que ya han pasado seis años desde su publicación. “Genital Grinder”, “This Mortal Coil” y “Death Certificate” fueron las encargadas de cerrar una actuación tan directa y contundente como siempre.

Decir que uno de los grandes motivos para asistir a este o cualquier festival es King Diamond no es andar demasiado desencaminado. El mítico Bendix está atravesando una buena época en cuanto a salud y reconocimiento, además de haber salido triunfante de una gira como fue la del aniversario de “Abigail” (1987), haber reeditado todo su catálogo y publicado un nuevo directo, tener en ciernes su próximo álbum (recordemos que el último fue "Give Me Your Soul... Please" en 2007, y de eso hace ya doce años. Aunque, he de reconocer que, siendo correcta, la carrera de Diamond no es todo lo que debería desde "Voodoo", 1998) y ahora, según escribo esta crónica, ha saltado la noticia de la reunión de Mercyful Fate que, sin saberlo, el propio Bendix nos dio una pista. Así fue cuando nos lo cruzamos en la zona de prensa, la tarde/noche previa a su actuación y, nerviosos, le dimos nuestra copia de "Fatal Portrait"(1986), “King, ¿visitarás España el próximo año?” a lo que respondió; “Quizá pero no a solas…” y nos devolvía su debut con su firma estampada… La formación actual en directo sigue siendo espectacular con el imprescindible Andy LaRocque, Mike Wead, Potus Egberg y Matt Thompson, además de la propia Livia Zita en los coros. 

Un gótico escenario serviría de contexto para que King Diamond interpretase un repertorio inusual, sin centrarse en ningún álbum en concreto, sino picoteando de aquí y de allá; “The Wizard”, “St. Lucifer's Hospital” o el regalo que sigue siendo escuchar “The Candle” en directo, me sorprendió escuchar “Voodoo”, no me la esperaba y tuvo la desgracia de compartir segundos entre la anterior mencionada y “Funeral” o “Arrival”, auténticos clásicos no sólo de Diamond sino de la historia del metal. El estado de Diamond es envidiable y vocalmente sigue siendo impresionante, aunque en algunos de los tonos más altos se apoye en las voces de apoyo, “A Mansion In Darkness” o “Let It Be Done” y su siniestra introducción consiguieron introducirnos en la asfixiante mansión del escenario, mientras que espero escuchar en estudio “Masquerade Of Madness”, canción que estrenó en el Hellfest y ha formado parte de toda la gira, “Halloween”, “Out from the Asylum” y “Welcome Home” conforman una triada a la que es difícil resistirse, pero las sorpresas que King Diamond nos tiene reservadas son “The Invisible Guests”, el golpe con la pegadiza y famosa “Sleepless Nights”, “The Lake” (canción que no interpretaba en directo desde mediados de los ochenta), “Burn” y el estreno en directo de “Behind These Walls” de “The Eye”, rematando la actuación con “Black Horsemen”. Casi nada, sencillamente, impresionante…

Caras de satisfacción tras la primera jornada y la actuación de Diamond, jalonada por un día en el que fuimos testigos de actuaciones, quizá más exclusivas, de Impaled Nazarene, Hellhammer, Possessed, Carcass o King Diamond y que estamos seguros que, dentro de un tiempo, miraremos con la nostalgia de haber presenciado algo de verdad histórico e irrepetible. Tan sólo era el primer día, tras siete años de rock y metal en Clisson…


Texto © 2019 Blogofenia/ J.Cano/ Albert Gràcia
Fotos IMPALED NAZARENE © 2019 Philippe Bareille 
Fotos VENOM © 2019 Evelyn Steinweg
Fotos KING DIAMOND © 2019 Matthis - Photography



Crítica: Volbeat “Rewind, Replay, Rebound"

Me encontré un domingo cualquiera, escuchando el promo del nuevo álbum de Volbeat y llegué a la conclusión de que la vida no merecía la pena; al habitual bajón anímico del último día de la semana, se le sumaba el tener que escuchar a una de las bandas más intrascendentes y sobrevaloradas de los últimos años, mientras el responsable de esta humilde web me aseguraba, “hazlo tú porque a mí se me repiten”, y mi novia me decía; “si no te gustan, ¿para que los escuchas?” Lo cierto es que Volbeat me gustaban hasta "Beyond Hell / Above Heaven" (2010) y después murieron de éxito o poca inspiración, de un público que cree que tatuarse un micrófono cromado retro, estilo años cincuenta, es lo más y asegura que lo de Poulsen es la verdadera cuadratura del círculo entre Johnny Cash, Elvis y el metal, cuando no es así. “Rewind, Replay, Rebound" suena plano e hiperproducido, sabe a plástico y su sonido está tan domesticado para la FM que es un auténtico crimen, la producción corre a cargo del propio Poulsen, Caggiano y Jacob Hansen porque, ¿para que complicarse cuando tu público es tan poco exigente? ¡Dale más de lo mismo! Lo peor, si es que puede haber algo peor, es que Volbeat nos llevan de viaje a los ochenta, perdiendo sus señas de identidad; cada vez hay menos metal y rockabilly, convirtiéndose en un imposible cruce entre Nickelback y Huey Lewis And The News en un single como “Last Day Under The Sun” para, tras cinco interminables y aborrecibles minutos, masacrarse a sí mismos en “Pelvis On Fire”, a través de “Pool of Booze Booze Booza” y “Sad Man's Tongue” cuando quieren meter la directa; no, no es rockabilly, son Volbeat haciendo de Volbeat y Poulsen, con menos voz, imitándose a sí mismo. ¿Es malo? Es peor, amigo mío, pero a la gente le encantará, estoy convencido de ello… 

“Rewind The Exit” es puro rock de arena (me refiero al tipo de recintos de capacidad media/alta, que en nuestro país denominamos pabellones), complaciente a más no poder, libre de la afectación de Poulsen pero rica en mediocridad, rock sencillo e inofensivo, con un puente sin emoción. Neil Fallon es el invitado de lujo en “Die To Live” de Clutch, un tema con sabor a punk pop adolescente que ni siquiera Fallon es capaz de salvar, ¿es pegadiza? Como un puto chicle, pero no se trata de eso, sino de que los daneses nos den algo de aquello que supieron recetarnos en “Guitar Gangsters And Cadillac Blood” (2008), por ejemplo, y se libren de los tics y la parodia. Me gustan los arreglos de metal y el piano, pero no la falsa espontaneidad, ¿qué le vamos a hacer?

El horror es el diablo, dirán muchos, lo insondable, asegurarán otros, para mí es encontrarme con una canción como “When We Were Kids” y que alguien defienda un álbum como “Rewind, Replay, Rebound" o pretenda colarme a Billie Eilish por la escuadra, como la gran promesa del pop actual. “When We Were Kids” es un verdadero horror, como “Sorry Sack Of Bones”, u otra balada (otra más); “Cloud 9” y más acústicas, de esas que huelen a Pro Tools. Lo más increíble de todo es que hayan convencido a Gary Holt (Exodus, Slayer) para participar en una canción propia de Avril Lavigne, "Cheapside Sloggers", en la que quizá lo único que merezca la pena sea el solo del norteamericano, en un disco en el que muchos acusarán su variedad cuando la cruda realidad es la ausencia de dirección, pasando del punk inocuo de mentirijilla en “Parasite”, el medio tiempo tontorrón de “Maybe I Believe” y la sobreproducción vocal en una canción como “Leviathan” en la que, sin más contemplación, el macho cabrío debería bajar y caer transformado en rayo sobre la cabeza de Poulsen, por utilizar su nombre en vano. Ridiculeces como "The Awakening of Bonnie Parker" en la que no sólo hay castañuelas sino solos de dos deditos recorriendo el mástil, arreglos ochenteros y la voz de Poulsen pidiendo a gritos sonar en las radios, y así lo demuestran en el pequeño robo al sonido de Metallica en “The Everlasting” o el pastel con todo el azúcar del mundo en “7:24”, muerte por empacho.

“Está claro que no te gusta la banda”, ¿acaso si me apasionasen sería más objetiva esta crítica? Disfruté de sus primeros trabajos, los aborrecí con los últimos, solo que, para colmo, Poulsen y los suyos parecen haber perdido la chispa y ya no sé si Caggiano es un pez fuera del agua en el mundo de Volbeat o es un pájaro de mal agüero que gafa y desgracia toda banda por la que pasa, si la mujer de Poulsen es de verdad quien manda en el seno de Volbeat y quien les obliga a grabar y girar, girar y grabar, cuando las musas no han llamado siquiera a su puerta porque el agotamiento que el propio Poulsen acusa no es solamente físico sino también mental ya que “Rewind, Replay, Rebound", gustos personales aparte, resulta tan poco inspirado como “Seal the Deal And Let's Boogie” (2016) y, en vista del éxito del que gozan, dudo mucho que quieran volver a grabar algo remotamente parecido a su material más antiguo. Con la crítica del anterior álbum, muchos fueron los que se me echaron encima para, tres años más tarde, darme la razón. Con “Rewind, Replay, Rebound" pasará lo mismo. Volbeat, junto a otras no menos ilustres bandas, son el colesterol del rock y metal actual…


© 2019 Conde Draco

Crítica: Thy Art Is Murder “Human Target"

Dos años después de publicar el contundente “Dear Desolation” (2017), parece que las aguas han vuelto a su cauce y Chris McMahon puede presumir, por el momento, de cierta estabilidad emocional, ahora que parece haber dejado atrás sus problemas personales, logrando que Thy Art Is Murder se hayan centrado más que nunca en el trabajo y, tras una extenuante gira, regresen con un nuevo álbum bajo el brazo, como es este “Human Target”, de nuevo con Will Putney tras los mandos y la portada ilustrada por el auténtico genio que es Eliran Kantor; lo que para muchos no significará absolutamente nada (¡vamos, escribe sobre música!) y, para otros, evidenciará que, pese a las críticas recibidas, Thy Art Is Murder prosiguen su camino creyendo que es el correcto y, por otra parte, tampoco anden muy equivocados. “Human Target” es la continuación de “Dear Desolation” pero puliendo aquello en lo que el anterior podía fallar; la producción de Putney es brutal, tal y como se esperaba, bombástica y tan agresiva como la propia banda se merece, todo un chute de esteroides para los australianos, esos que siguen sintiéndose orgullosos de su deathcore, todo lo contrario que muchos compañeros de filas. Y aquello que más criticaba de “Dear Desolation” y era la clara influencia de algunas bandas que Thy Art Is Murder no disimulaban en absoluto, en “Human Target” está mucho más cuidado, el borrado de las huellas en la arena es mucho más pulcro que en el anterior pero, por el contrario, el trabajo de composición no me parece tan brillante, a pesar de tener algunas buenas canciones.

Las guitarras de Delander y Marsh suenan sucias y polvorientas, "Human Target" abre con un riff lo suficientemente pesado como para evocar la portada de Kantor y todos los cuerpos siendo aplastados, Thy Art Is Murder parecen haberse convertido en una máquina y McMahon juega con voces más rasgadas y llenas de grano o profundísimos guturales. Desde luego, si queríamos agresividad, los autralianos no podrían haberse mostrado más cafres que con “New Gods”, el doble bombo de Beahler nos retumba en el pecho y la sensación de estar siendo golpeados sin piedad, es constante, como ocurre con "Death Squad Anthem" en la que las cosas parecen ponerse serias por completo y Thy Art Is Murder arrancan definitivamente con un riff rítmico y machacón en un álbum que se abre de manera brillante y continúa a lo largo de su primera cara, en la que no faltan momentos memorables o, por supuesto, la “crítica maga” en "Make America Hate Again" (magníficas las guitarras dobladas) y, con todo, se siente natural.

De “Eternal Suffering” no me gusta especialmente la introducción, no por nada; sino porque creo haberla escuchado un millón de veces, aproximadamente. Sí me gustan los riffs y como una de las guitarras frasea, mientras la otra parece convertirse en toda una corriente eléctrica, tras la voz de McMahon. Algo parecido me ocurre con "Welcome Oblivion" y su introducción con esas voces pregrabadas o “Atonement”, buenas canciones que evolucionan mucho mejor de cómo arrancan, mucho mejor me parecen "Voyeurs Into Death" con toda su violencia y riff lleno de groove o cómo progresa “Eye For An Eye” y la despedida con "Chemical Christ", en la que parecen propulsarse a sí mismos, rompiendo, por completo, la barrera del deathcore (en la que, sin embargo, si no lo digo reviento; odio su final con ese insidioso “fade out”, ese fundido tan horroroso…)

Quizá, lo mejor de “Dear Desolation” y ahora “Human Target” sea la constatación de que Thy Art Is Murder siguen vivos y McMahon en forma, que se han convertido en una banda tan fiable en el estudio, como en directo y que, sin resultar todo lo brillantes que podrían ser, parece que tenemos banda para rato. Ahora que lo pienso, firmaba aquí y ahora mismo si Thy Art Is Murder siguen grabando discos como estos dos últimos, desde luego que sí…


© 2019 Lord Of Metal


Crítica: Lingua Ignota "Caligula"

“Caligula” de Lingua Ignota no es un disco más de metal, ni siquiera estamos hablando de un producto, Lingua Ignota es el proyecto personal de Kristin Hayter, aquella que escribió su tesis doctoral, “Burn Everything, Trust No One, Kill Yourself” (“Quema todo, no confíes en nadie, suicídate”), parió el corrosivo "All Bitches Die" (2017), y ha logrado el equilibrio perfecto entre la música y la denuncia porque ni una es el vehículo de la otra, ni la otra es una excusa vacía para presentar un producto pobre sino que ha sido capaz de unir la rabia de Diamanda Galás y el noise, el industrial y sí, cómo no, el metal pero el grind o el black, el sludge, como si Tori Amos cantase en Full Of Hell. “Caligula” trasciende el metal. Kristin Hayter, como ya todo el mundo parece saber, fue una víctima más de los abusos y se sirve de Lingua Ignota pero no para lograr la tan popular catarsis sino a modo de venganza para poder hacer música, en lugar de la destrucción, apuesta por la construcción, por la creación; “No puedo promulgar violencia alguna o pretender asesinar a aquellos que abusaron de mí; tengo la oportunidad de hacer música y esto ha sido una venganza fantástica. Si todo terminase mañana, ya he ganado…"

En un mundo tan sumamente machista como es el de la música (que nadie me diga lo contrario, ni tampoco me malinterprete), tal declaración me recuerda a mi querido Chuck Schuldiner cuando, tras su mítico debut “Scream Bloody Gore” (1987), explicaba el brusco giro conceptual de su música hacia temáticas infinitamente más maduras porque, como Schuldiner remarcaba, lo verdaderamente temible, los auténticos monstruos, no son zombies que quieren devorar tu cerebro o brutalísimos pero absurdos crímenes con los que ilustrar aberrantes portadas, sino que caminan entre nosotros y son más reales que cualquier diablo que quiera devorar tu corazón y eso, Kristin Hayter (como miles de personas, por desgracia), lo ha experimentado en primera persona pero, en lugar de utilizarlo como excusa o la música como refugio para lamerse las heridas, procede al ataque con creatividad, denunciando la misoginia y machismo reinante en la música extrema con música aún más extrema.

La experiencia de escuchar "Faithful Servant Friend of Christ" entre arreglos de cuerda y un desarrollo cinemático, a medio camino entre la música sacra y el dolor, la desesperación de “Do You Doubt Me Traitor” para concluir en un auténtico aquelarre o rompernos con la lírica de “Butcher Of The World” es la clara demostración de que Lingua Ignota no es para todo el mundo pero, sin duda, Hayter posee una mente genial, en la que conviven la agresión más underground y la belleza de Amos o las inflexiones de Keenan, “May Failure Be Your Noose”, el sonido industrial y las capas y más capas de noise, dando paso a la delicadeza parcial de “Fragrant Is My Many Flower'd Crown” en esa capacidad innata de Hayter para pasar de la herida a la sensibilidad más devastadora, de Full Of Hell a una versión femenina de Bon Iver, de Amos al cabaret de Palmer, del folk a las cabriolas orientales y el timbre introspectivo, "If the Poison Won't Take You My Dogs Will", como una Kate Bush de la música extrema. Canciones que te atraviesan el corazón y poseen la magia, "Day of Tears and Mourning", de aquella que no le debe nada a nadie y tampoco va a perder un solo segundo en pensar si lo que está haciendo es estéticamente correcto o no porque para ella no existen los estilos sino la libre expresión y disfruta llevándonos al inicio de los tiempos en piezas como "Sorrow! Sorrow! Sorrow!" en las que no sólo exhibe un dominio vocal aplastante sino una versatilidad acrobática para pasar del lamento al consuelo o convertirse en un monstruo que nos devorará al final del pozo en “Spite Alone Holds Me Aloft”, conducirnos a un salón oriental de comedores de opio con “Fucking Deathdealer” y despedazarnos en “I Am The Beast” pidiéndonos que nos rindamos ante ella porque ha sido capaz de encarnar todos los horrores.

Como Wes en Leviathan y aquel breve pero amargo “True Traitor, True Whore” (2011) cuando fue falsamente acusado de violación, Kristin Hayter logra incomodarnos sobremanera, pero lo que en uno se quedaba en una oscura pero brillante respuesta, Hayter es capaz de elevar a la categoría de obra maestra en “Caligula” y elevarse por encima de aquellos que la hicieron daño. Esto no es únicamente venganza, esto es arte…


© 2019 Jota