FOO FIGHTERS regresan con "Concrete And Gold"

Qué razón tenía Neil Young en "Hey Hey, My My (Into The Black)", es mejor arder que desvanecerse poco a poco...

STEVEN WILSON sonríe en "To The Bone"

Pero no en su portada sino en algunas de sus canciones y es entonces cuando sus seguidores tuercen el gesto...

Jacksonville en Madrid...

El triunfo de RYAN ADAMS en su paso por nuestro país, con "Prisoner" bajo el brazo. Esos grandes para los que a veces parece que sí hay un reemplazo...

"Hydrograd" de STONE SOUR no es lo que parecía

Le guste o no a Corey Taylor, STONE SOUR siempre será el proyecto paralelo del cantante de SLIPKNOT...

ROGER WATERS ha vuelto, nunca se fue...

Su mejor álbum desde "Amused To Death", atrevido pero también nostálgico...

El regreso de KARL WILLETS con MEMORIAM

Un álbum de death sin alardes técnicos pero que trae a nuestra memoria el legado de Bolt Thrower...

"Emperor Of Sand" de MASTODON

El cáncer, el paso del tiempo y la redención en la nueva obra maestra de los de Atlanta.

PILLORIAN, de las cenizas de AGALLOCH

John Haughm vuelve a la carga con uno de los mejores discos del año, "Obsidian Arc"

KREATOR, el olor del buen thrash alemán por la mañana...

Su intención era continuar la senda de "Phantom Antichrist" pero han parido un nuevo monstruo aún más feroz...

TRENT REZNOR y ATTICUS ROSS mantienen las expectativas

Publicando un EP de NINE INCH NAILS bastante tibio pero que ameniza la espera del nuevo álbum...

El emotivo lanzamiento de LAMB OF GOD

"The Duke" es la historia de una estoica lucha contra el cáncer pero también de una amistad...

ESPECIAL NICK CAVE

Un repaso a la discografía principal de NICK CAVE; un viaje turbulento a través del blues, los asesinos en serie, la biblia y los esqueletos de los árboles...

THE DILLINGER ESCAPE PLAN se despiden a lo grande

Anuncian su separación pero firman "Dissociation", quizá su mejor disco hasta la fecha...

Fenriz y Nocturno Culto han vuelto con "Arctic Thunder"

Crítica y fans siguen ladrando al paso de DARKTHRONE, luego cabalgan...

Ese genio llamado DEVIN TOWNSEND

Nueva dosis de grandilocuencia, sobreproducción y exceso creativo del canadiense en "Transcendence"...

ALEMANIA no levanta cabeza...

Primero nos decepcionaron DESTRUCTION con "Under Attack" y ahora son SODOM con "Decision Day", por suerte tenemos a KREATOR.

NAILS: "Nunca serás uno de los nuestros"

Si este álbum se hubiese publicado en los ochenta estaríamos hablando de todo un disco de referencia, una obra seminal en la que muchos artistas se mirarían y buscarían para definir su propio sonido.

HARAKIRI FOR THE SKY regresan con "III:Trauma"

Los austríacos parecen firmar el final de un trilogía con su mejor álbum hasta la fecha.

¿Un disco de thrash progresivo, conceptual y ambientado en el espacio?

VEKTOR han firmado uno de los grandes álbumes del año. Tan técnico y apabullante como emocionante y épico que te deja con ganas de más.

La escapada a ninguna parte de RED HOT CHILI PEPPERS...

Aquellos que esperan reencontrarse con los Chili Peppers de siempre se darán de bruces con un disco atípico y con canciones poco inspiradas o indignas de unos músicos que podrían dar mucho más de sí y parecen haber perdido la frescura.

El irregular regreso de DARK FUNERAL

Los suecos aciertan de pleno en el título de su nuevo álbum en el que, en efecto, sólo hay sombras, poca luz y menos oscuridad...

"Magma" de GOJIRA: el disco de la polémica.

Para muchos es una obra maestra, para otros el primer paso en falso de los de Bayona. Los hermanos Duplantier, por primera vez, no cumplen las expectativas.

La decepción de DESTRUCTION...

Tras muchas escuchas, el último álbum de los thrashers alemanes muestra su gran punto débil en la composición.

ROB ZOMBIE repite la misma fórmula...

Resulta complicado evaluar un álbum que ya hemos escuchado un millón de veces a lo largo de los últimos veinte años pero con título diferente, Rob Zombie produce discos como una cadena hamburguesera; sacian al instante pero no alimentan a la larga...

La piscina con forma de luna de RADIOHEAD

Cincuenta y dos minutos y once canciones es lo único que le hace falta a la banda para demostrar que siguen siendo tan geniales como sorprendentes tras cinco años de ausencia...

Así es "Dreamless" de FALLUJAH

Mejorando el sonido en el estudio tras "The Flesh Prevails" pero con una segunda cara regular, electrónica y repleta de altibajos.

AMON AMARTH: nunca des la espalda a un vikingo

"Jomsviking" es el mejor álbum de los suecos desde "Twilight of the Thunder God", Odín vuelve a estar con ellos...

¡Nos largamos de nuevo al HELLFEST!

Nos llena de orgullo y satisfacción; otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo... le meilleur festival du monde!!

Jesse Leach se abre en "Incarnate" de KILLSWITCH ENGAGE

Y publican un álbum sólido y coherente pero la sombra de "Alive Or Just Breathing" es alargada…

"Phenotype" de TEXTURES; ¿tendremos que esperar a escuchar su genotipo?

Los holandeses vuelven con un álbum bajo el brazo para el que deberemos esperar a su segunda parte para saber si han acertado en el blanco...

IGGY y HOMME; la extraña pareja...

"Post Pop Depression" ha sido una de las grandes sorpresas de este año y el mejor desde "American Caesar"

ABBATH es el auténtico rey de Blashyrkh

El noruego demuestra que hay vida después de Immortal y se lo pone difícil a Demonaz con un álbum repleto de fuerza y frío invernal...

El púrpura de BARONESS es la mezcla perfecta del rojo y el negro...

John Baizley ha conseguido con "Purple", su cuarto álbum, mezclar lo mejor de "Red" y "Blue", regalándonos uno de los grandes discos del año.

Mucho color, poco curry y menos canciones; así es "A Head Full Of Dreams" de COLDPLAY

Un regreso forzadísimo al colorismo más exagerado con alguna influencia étnica, pop de celofán y una escasez de ideas tan abrumadora que asusta.

PERFECTAMUNDO y lo que pudo ser y no fue....

BILLY GIBBONS aparca temporalmente a ZZ TOP y se estrena en solitario con un álbum lleno de ritmos afrocubanos, altibajos y, por desgracia, el dichoso autotune.

CASPIAN; cuando la música puede ser arte.

Los de Massachussets han parido su mejor álbum hasta la fecha; arriesgando sin perder su identidad y conservando toda su emoción.

Las alas de cera de DAVID GILMOUR

El guitarrista de PINK FLOYD vuelve con un disco nuevo bajo el brazo, "Rattle That Lock", exquisito pero falto de unión y con demasiados altibajos.

AHAB queman las barcas...

Los alemanes han grabado un auténtico monstruo con canciones de más de diez minutos capaces de mantener tu atención y tu alma en vilo…

La mecánica de fluidos de TAME IMPALA

Kevin Parker, en constante cambio, se disculpa por ello en sus canciones pero firma uno de los discos del año.

Y al séptimo disco, CRADLE OF FILTH resucitaron…

Nueva formación y las canciones más inspiradas que Dani Filth ha escrito en los últimos quince años...

THE DARKNESS se hacen mayores...

Pero consiguen grabar un buen disco, menos histriónico y serio que los anteriores pero igual de inspirado...

Sueñan los drones con guitarras eléctricas

Primer paso en falso de MUSE, con "Drones" nos encontramos ante un disco sin rumbo, coherencia ni buenas canciones.

BLUR contraataca con un regreso por todo lo alto

Doce años después, los ingleses publican "The Magic Whip" y consiguen el aplauso unánime de crítica y público con un disco diferente.

La catarsis de BJÖRK

La islandesa encuentra la liberación a través de la palabra en su mejor disco en años.

DYLAN por SINATRA, en estado de gracia.

El auténtico placer de cumplir años es no tener ni Dios ni amo; decidir a quién se le da la mano...

ROYAL BLOOD vuelven a España...

Y nosotros rescatamos nuestra crítica de su álbum para ir calentando motores.

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

Han logrado que WEEZER publique uno de sus mejores discos en años, "Everything Will Be Alright In The End".

¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

PINK FLOYD se despiden...

David Gilmour y Nick Mason rinden homenaje a Richard Wright en "The Endless River", un disco bello y tranquilo.

Ocho ciudades, ocho canciones y ninguna que justifique un disco

Foo Fighters vuelven con un disco mediocre que hará las delicias de sus fans más recientes y menos exigentes.

Con máscaras y a lo loco...

Cuando uno piensa en SLIPKNOT, piensa en esa descarga de adrenalina, en ese caos en el que se convierten sus directos...

MORRISSEY en ESPAÑA: "Todo lo que necesitas soy yo"

Moz estuvo en nuestro país y recuperamos nuestra crónica de su paso por Madrid.

Cuarenta minutos de abstracción

Un disco fascinante, extraño, menor pero extrañamente bonito, diferente y excitante...

Bonamassa contra el mundo

Porque discos así no se escuchan todos los días y, por desgracia, no se graban tan a menudo como debiera...

El Quadrophenia de U2, según The Edge

Podemos seguir echando de menos el pasado más glorioso de U2 y dejar de disfrutar del presente; “You glorify the past when the future dries up” que decían ellos mismos...

BRIAN FALLON, tocado pero no hundido…

Tras diez años de matrimonio ha decidido exorcizar todos los demonios internos de su ruptura en el nuevo disco de su grupo, THE GASLIGHT ANTHEM.

THE NATIONAL en España y nosotros nos refugiamos en su último disco...

Como dice Chuck Palahniuk, "la mejor venganza de todas es la felicidad. No hay nada que vuelva más loca a la gente que ver a alguien teniendo una vida jodidamente maravillosa" y nosotros somos felices con la música de los de Cincinnati.

IN UTERO: un viaje sin retorno

Analizamos en profundidad la grabación del último gran disco de NIRVANA y quizá de los noventa...

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¡Hemos visto a BLACK SABBATH en París!

Y te contaremos casi todo lo que Ozzy, Iommi y Butler han hecho en Bercy...

ARCADE FIRE van al Primavera, nosotros al HELLFEST

"Reflektor" es el nuevo disco de los canadienses y la crítica lo ha encumbrado a lo más alto en apenas unas horas.

PEARL JAM: Rayos y centellas

Un disco de Pearl Jam tiene sentido en pleno 2013 porque estamos hablando de ROCK con mayúsculas, de una banda auténtica que sigue estando muy viva...

¡AMÉN, hermanos, WATAIN han vuelto!

Estamos ante el mejor disco de METAL del año y Erik lo celebra invitándonos a una misa negra muy especial con "The Wild Hunt"...

Conociendo a DAVE MUSTAINE...

Tuvimos la gran suerte de poder conocerle con motivo de su visita a España en su gira con Slayer hace dos años y ahora lo recordamos, breve pero intenso.

Crónica: Mayhem (Madrid) 13.10.2017

SETLIST: Funeral Fog/ Freezing Moon/ Cursed In Eternity/ Pagan Fears/ Life Eternal/ From The Dark Past/ Buried By Time And Dust/ De Mysteriis Dom Sathanas/

No me sorprendió nada en absoluto que la sala se mostrase tan abarrotada para ver a una banda como Mayhem que, hace diecisiete años, no era capaz de llenar ni la quinta parte del aforo de una aún más pequeña.  Tampoco que hubiese tal mezcla de público en una pista en la que se encontraban fans del género con camisetas de Bathory pero también algún despistado vistiendo de In Flames o Sabaton. Es lo que tiene el black metal como fenómeno cultural (habiendo ya trascendido hace mucho el musical; un curioso e inequívoco efecto que suele ocurrir cuando las manifestaciones artísticas suelen haber muerto) en unos años en los que su popularidad se ha visto jalonada por las redes sociales, los memes, la popularización de sus postulados y la ascensión de sus principales protagonistas de la mano de libros y artículos que banalizan la escena noruega de finales de los ochenta y primeros de los noventa hasta convertirla en una cinematográfica producción hollywoodiense, camisetas en tiendas de moda y jugosas reediciones al alcance de algunos. Tampoco podemos escandalizarnos, nos guste o no (y en mi caso, amo realmente el género), el black metal no deja de tener ese puntito hilarante tan bien retratado por Beste en sus fotografías.

Malos tiempos, por lo tanto, para aquellos más auténticos que tienen que refugiarse en los hipotéticos bosques nórdicos de Bandcamp para descubrir bandas que aún conserven cierta dosis de integridad o autenticidad frente a un público para el que ya no tiene sentido alguno hablar o no de "posers", como tal, cuando nueve de cada diez asistentes a un concierto de black metal no sabían siquiera de su existencia hace unos años o desconocen sus principales obras, por no hablar de que son incapaces de mencionar más de dos canciones de Varg Vikernes. Divertido, por lo tanto, que los seminales Mayhem hayan decidido llevar justo ahora al directo su obra más icónica (con permiso de “Deathcrush”, 1987) y que no es otra que “De Mysteriis Dom Sathanas” (1994), aunque sobre el escenario tan sólo continúen dos quintas partes de las que grabaron aquellas canciones.

Un escenario pequeño, muy pequeño, con escasa decoración a excepción de algo de atrezo y, por supuesto, las intensísimas luces azules y moradas que requieren la ocasión, además de toneladas y más toneladas de humo. Mayhem tampoco necesitan mucho más (algo muy diferente si atendemos a las delirantes indicaciones que Dead, Per Yngve Ohlin, le hubiese gustado llevar sobre las tablas) y he de reconocer que de la actual puesta en escena de Mayhem no entiendo tampoco que vayan encapuchados, quizá es influencia de Attila Csihar y su colaboración con Sunn O))), cuya presencia escénica es verdaderamente impactante (como también pudimos comprobar en su última gira) pero no me cuadra en una banda como Mayhem, de los cuales tan sólo Attila ha sido el único que siempre ha ido cambiando de imagen cada noche, como si de un siniestro y macabro Peter Gabriel se tratase, ante la atónita mirada de sus compañeros que le han visto aparecer vestido de coronel, Papa, sacerdote o incluso árbol momificado…

Quizá porque las conozco de memoria, quizá porque me parece una cita histórica, pero “Funeral Fog” o “Freezing Moon” me supieron a gloria. Es verdad que el sonido no fue el mejor (costaba realmente diferenciar las guitarras de Teloch y Ghul cuando atacaban las estrofas) pero nada que asuste a un auténtico seguidor del género que haya tenido que enfrentarse a grabaciones de tan baja calidad como son algunas de las mejores obras de la historia del black metal. Disfruté muchísimo de “Cursed In Eternity” y, sobre todo, de “Buried By Time And Dust” mientras Attila gesticulaba y escenificaba, cantando las, a veces ininteligibles, letras de unas canciones que parecieron ser compuestas para ser cantadas al revés o en lenguas surgidas de las profundidades de los relatos más oscuros de Lovecraft. No faltó el teatrillo más puro, el toque shock rock, un altar improvisado con velas de mentirijilla o la calavera con la que Attila parece dialogar cada noche, como esa letanía en “De Mysteriis Dom Sathanas” y que nos demuestra lo infravalorado de Csihar como intérprete.

Ocho canciones y a volar, que nadie se olvide de la gira y el disco al que pretenden honrar, nada de bises con temas de otro álbum, ni una sola petición o concesión, tampoco creo que nadie de los que allí estuvo se sintiese decepcionado por la brevedad a juzgar por la riada de gente subiendo a comprar camisetas y parches; pocas veces he visto tal éxito y una mano más llena de billetes que la de aquel que despachaba camisetas y chapas sin parar. Un detalle en el que pocos se fijaron y aún menos compraron; entre los diferentes modelos de camisetas con la célebre catedral de Nidaros, había una blanca más morbosa aún que rezaba “I Love Transylvania” como la que llevaba Per Ohlin aquel fatídico 8 de abril en el que decidió quitarse la vida.

A la salida del concierto, ya en la calle; división de opiniones entre aquellos que acuden a un concierto de estas características como aquel que asiste a uno de Dream Theater y esos otros más noruegos que los noruegos, más auténticos que Fenriz y para los que parece que la vida poco ya tiene que ofrecerles. Una noche histórica para aquellos que sí la supimos apreciar y que dejó a Mayhem un recuerdo en forma de multa por estacionar su larguísimo autobús de gira ocupando veinte metros de vía pública en un fin de semana en el que el protocolo de contaminación se había activado en el interior de la ciudad. Y es que el Ayuntamiento no respeta ni al diablo siquiera…

© 2017 Jim Tonic

Crítica: Wolves in the Throne Room “Thrice Woven”

Que muchos se sintieran decepcionados con “Celestite” (2014), a pesar de las necesarias explicaciones de Aaron (descacharrante su desnortado razonamiento por el cual la música electrónica puede ser más oscura que el black parido en un fiordo noruego), era lógicamente proporcional al hype pero también al miedo ante el nuevo álbum de la banda de los hermanos Weaver con un productor como Randall Dunn (Master Musicians of Bukkake, no es broma, pero también Earth, Sunn O))), lo último de Myrkur y, cómo no, “Two Hunters”, “Black Cascade”, “Celestial Lineage” pero también “Celestite”) que, depende cómo queramos verlo, puede significar la fe en el camino andado y la cordura de continuar con aquel que comparte la visión estética de la banda o, por el contrario, el poco arrojo para cambiar de productor y que ello suponga un nuevo punto de partida. Pero en esa esa extraña ecuación resultante entre el artista, su obra y el público, quizá no fue este último el que más decepcionado pudo sentirse con un álbum que se sentía tan artificial en sus influencias alemanas como la mismísima banda cuando escucho “Thrice Woven” y adivino el aire embotellado, nada fresco, de unas canciones que parecen querer reencontrarse con todos aquellos que orgasmaron con “Diadem Of 12 Stars” (2006) o “Two Hunters” (2007), una especie de concesión a ese público que hizo que a los Weaver les pitasen los oídos durante los últimos tres años cuando les dieron por muertos y maldijeron su nombre y los parches de sus chaquetas por atreverse a publicar composiciones instrumentales de base electrónica.

Y es que, a pesar de lo bonito de algunas de sus canciones y el reencuentro con los de Olympia, tras las primeras semanas –justo cuando la euforia de escuchar el nuevo lanzamientose apacigua- me he ido encontrando con un álbum que entra de golpe; inusualmente bien. Y esto que en cualquier otro artista o disco sería sinónimo de éxito, con Wolves In The Throne Room me extrañaba hasta que, una vez digerido, días después, me sentía plenamente capacitado a poder escribir una crítica con un mínimo de fundamento y no una firmada por la urgente agonía de aquellos que se ven obligados a reseñar discos en apenas veinticuatro horas con tal de arrancar unas pocas visitas de más a sus blogs, cuando las canciones todavía no han creado poso alguno en uno mismo, cuando todavía no huele a café recién hecho siquiera.

Abrir con la canción más robusta en términos compositivos, "Born from the Serpent's Eye" (con la ayuda de Anna Von Hausswolff), es siempre una buena opción cuando las que continúan el álbum están a su misma altura. Sin embargo, eso no ocurre en “Thrice Woven”, "Born from the Serpent's Eye" es un comienzo mágico pero el ejercicio tras el blast beat se siente un poquito forzado. Están las señas de identidad de Wolves In The Throne Room, hay black metal y mala leche (pero vestida con tintes otoñales, de batita de cuadros y chimenea, nada demasiado hiriente), capas y capas de atmósferas gracias a Aaron sobre las que las Nathan y Kody frasean pero todo ello ya lo hemos escuchado con anterioridad en su obra y con mucha más inspiración. De la composición me gusta su riff principal, su puntito de ruptura poco antes del cuarto minuto y cómo toda la canción parece transformarse en una criatura muy diferente pero, aunque Anna Von Hausswolff sirve para articular las dos partes de la canción, su momento rompe demasiado el ritmo hasta el clímax final. Con todo y como antes señalaba, "Born from the Serpent's Eye" es una buena composición, trabajada y mimada a pesar de la tremenda concesión que supone.

La guitarra de Steve Von Till (Neurosis) se deja sentir en "The Old Ones Are With Us", una buena canción en la que hay predominancia de sintetizador (a muchos nos recordará a Vangelis por su fría textura) sobre la distorsión de las guitarras y la acústica de Steve, además de poseer uno de los estribillos más melódicos de la banda y, de nuevo, otro puente –esta vez acústico- que repetirá su consabido esquema y el usado, por supuesto, en "Born from the Serpent's Eye". ¿Entiende ahora el lector lo que quería decir al comienzo de esta crítica?

Un poquito de ruido controlado en “Angrboda” en lo que parece un cliché blacker, además de otro puente, como en las dos anteriores o, de nuevo, el encanto de Anna Von Hausswolff en una medieval “Mother Owl, Father Ocean” que nos prepara para la batalla final en "Fires Roar in the Palace of the Moon" y sus ecos de “Celestite” en el uso del sintetizador además del robo a Emperor en el sabor del riff no son avales suficientes para sostener todo el peso de un álbum de, tan sólo, cinco canciones (cuarenta y dos minutos de duración), tras seis años desde “Celestial Lineage” y es que da toda la sensación de que si con “Celestite” quisieron rizar el rizo con un trabajo que les hacía dar un giro de ciento ochenta grados tras reinventar durante la última década un subgénero como el black metal, parece que con “Thrice Woven” han intentado contentar a todos y hacer un “back to basics” que gustará a los menos exigentes pero plantea un escenario mucho aún peor para una banda que se caracterizaba por la innovación. Cuando un lobo deja de tener hambre es que está enfermo…


© 2017 Jim Tonic


Crítica: The Black Dahlia Murder "Nightbringers"

Son pocas las veces en las que uno es testigo del crecimiento de una banda, con The Black Dahlia Murder, sin embargo, creo que la sensación es generalizada y los de Michigan han hecho los deberes durante los últimos diez años. Sin hacer mucho ruido, sin levantar demasiado polvo, siendo considerados por muchos como una banda más de death metal, con un toque simpático, aires de deathcore en algunos momentos y una actitud distendida que a muchos ha confundido porque tras esa máscara, Black Dahlia Murder están logrando convertirse en una reconocida marca de death, fiable en estudio pero también cada noche. Quizá sea el logo y los bonitos diseños de sus portadas o merchandising (ese por el que sus seguidores son capaces de vender a sus parejas e hijos y que alenta a la banda a vender desde las clásicas camisetas y sudaderas a llaveros del mítico Cecil Hotel por el que pasó el asesino, tangas, pipas e incluso carne desecada), quizá sea su habilidad y solvencia como músicos en directo o una carrera que a partir de “Nocturnal” (2007) -y con la excepción de “Deflorate” (2009)- nos ha dado alegrías del tamaño de “Everblack” (2013), “Abysmal” (2015) o este “Nightbringers”. Lo cierto es que no sé exactamente cuándo fechar mi afición por su música, quizá fue tras la gira de “Everblack” -un álbum que crece dentro de uno con cada escucha y cuya gira está tomando tintes de leyenda cuando muchos de sus seguidores literalmente se derretirían por escuchar de nuevo sus canciones en directo- o quizá es algo tan sencillo como que a menudo recurro a su música cuando quiero escuchar algo de calidad, sin grandes pretensiones o alardes (lo más importante), pero con buenas canciones.

Así, de manera contundente y ligeramente pesada, arranca “Widowmaker”, recordándome a “Miasma” pero con mejor producción. Trevor Strnad, chilla hasta el desquicie, hasta parecer un gañido, el tempo es pulsado como si de una ametralladora se tratase por un Alan Cassidy verdaderamente intratable en perfecta comunión con Lavelle. Nada es casualidad, The Black Dahlia Murder pueden parecer divertidos pero no dan tregua ni en directo ni en estudio. Algo que se siente en “Of God And Serpent, Of Spectre And Snake”, más machacona y pasada de revoluciones pero más melódica gracias a su riff. “Matriarch” hunde sus raíces en “Nocturnal”, de hecho no sería chocante escucharla en aquel álbum como “Nightbringers” recuerda a los suecos In Flames pero con más arrojo y desgarro, con más estómago y menos azúcar, como les está ocurriendo desde hace muchos años.

En “Jars” las cosas se ponen serias; The Black Dahlia Murder pueden presumir de una propuesta tan técnica como el que más a pesar de ese sentimiento deathcore o el regusto melódico, una tendencia que en “Kings of the Nightworld” llevarán al extremo gracias al magnífico trabajo de Eschbach y Ellis y uno de los riffs más pegadizos de todo “Nightbringers” hasta la monstruosa perfección de tres minutos y medio que es “Catacomb Hecatomb”.

Para un cierre acorde a “Nightbringers”, “As Good as Dead” con ese comienzo más groovy hasta el vendaval de mala leche en el que se convierte o “The Lonely Deceased” tirando de una épica inaudita en el encanto de serie B que posee la banda de Strnad, haciendo sonar su gruesísimo riff por Amon Amarth pero con más ferocidad, más riesgo y, claro, más velocidad que nuestros queridos vikingos (sin contar con ese brillante puente acústico que, siento de nuevo repetirme, hará las envidias de los de Fridén y sus seguidores)

Un álbum que sabe bien y atruena aún mejor y que bien puede entenderse, sin duda, como el mejor de la banda hasta la fecha sino fuese porque sabe a continuación de “Everblack” y “Abysmal” (pese a la buscada frescura de su sonido y esa producción tan orgánica) y esto, que sin ser tampoco un defecto, por otro lado produce un grato sentimiento de reencuentro; porque nadie suena como The Black Dahlia Murder. Un placer reencontrarse con ellos en “Nightbringers”, seguiremos informando desde la pista de sus próximos conciertos en nuestro país (junto a Cannibal Corpse, ni más ni menos), una banda capaz de sumirte en ese placentero estado de espera que precede a Halloween, da igual la fecha en la que suenen sus canciones, The Black Dahlia Murder tienen encanto, joder si lo tienen…


© 2017 Lord Of Metal

Crítica: Mastodon "Cold Dark Place"

Debemos estar agradecidos de que exista una banda como Mastodon y que esté atravesando semejante momento de creatividad. Aquellos que siguen bramando sobre “Emperor Of Sand” (2017) asegurando que es quizá su peor trabajo no sólo tienen que lidiar con canciones como “Jaguar God” y tragarse sus palabras sino encontrarse con los de Atlanta en directo y ser testigos de cómo se las siguen gastando sobre las tablas y ahora, para colmo, digerir un EP tan breve pero toda una delicatesen como “Cold Dark Place” (2017), dejando bien claro el gran estado creativo del que disfrutan. Estoy seguro de que a cualquier seguidor que siga a la banda en redes sociales no se le pasó por alto aquella foto de Brent Hinds sentado frente a su flamante pedal steel, un Sho-Bud de 1954, como si de Daniel Lanois se tratase. ¿Dónde estaban aquellas canciones en “Emperor Of Sand”, un álbum cuya naturaleza fue doble al comienzo de su grabación? Las respuestas están contenidas en las cuatro canciones que integran este EP que, sin embargo, cuyas ideas parecen proceder de los últimos dos esfuerzos discográficos y tienen más que ver con Hinds que con Mastodon aunque finalmente haya sido asumido por la banda. Si en “Emperor Of Sand” teníamos a la banda envuelta en la travesía de la vida con el tiempo como emperador y el desierto como escenario del drama de un enfermo de cáncer, en “Cold Dark Place” el sentimiento es más íntimo, de recogimiento y quizá sea debido al anteriormente mencionado pedal Steel de Hinds, tan presente en “North Side Star”, creando ese suave e infinito colchón -a modo de arreglo- más cercano a una atmósfera (de ahí que a mi memoria acuda Lanois) que al infinito slide con el que se nos castiga en el country, no sólo demostrando la inusual pericia de Hinds sentado frente al pedal steel sino también su buen gusto. 

Si “North Side Star” enamora es por su intensidad, por su emocionalidad, por ese desgarro propio del maullido más roto de Hinds que incluso cuando Dailor toma las riendas y la canción parece eclosionar, es incapaz de perder su intensidad porque quizá lo mejor de toda ella es el momento más psicodélico, cercano a una jam propia de The Grateful Dead cuando se vuelve más musculosa y humeda, cercana al ritmo más negroide. Como sorprendente es que el productor Nick Raskulinecz sea responsable de tres de las canciones del EP y sean justo esas las que sea cardinalmente opuestas a las grabadas en “Once More ’Round The Sun” pese a ser un material que se pergeñó en ese estudio.

Será precisamente Dailor quien continúe la senda en “Cold Dark Place” con “Blue Walsh”, un medio tiempo abierto con cierta tendencia a la psicodelia y aires de “Once More ’Round The Sun” en el que las dobles voces del batería y Hinds se acoplan a la perfección en esos estribillos con sabor a puente hasta que toda la composición parece encabritarse como el mismísimo mar que alberga en su seno a la Gran Ballena Blanca o esa demencia acuática tan propia suya. He de reconocer que la primera vez que escuché “Toe To Toes” me recordó a “Octopus Has No Friends” pero aquí la sensación es más dulce quizá por las palmas, por la buena vibración que transmite el sentimiento pop, la forma liberadora de cantar de Hinds  tras la rotundidad de Sanders y el propio desarrollo, ese que parece vertebrar el riff principal.

Quizá la más llamativa por lo alejado del universo de los de Atlanta es precisamente la que titula el EP porque posee más de Hinds que de Kelliher, Dailor y Sanders, porque hurga en esa herida y en esa faceta más secreta y recóndita del corazón del guitarrista a la que quizá hace referencia el título. Lo que podemos tener claro es que, pudiendo gustar más o menos, es difícil que Mastodon decepcionen en este viaje a la madurez artística en el que nos han embarcado a todos.

© 2017 Jim Tonic

Crítica: The Killers “Wonderful Wonderful”

Es pensar en la discografía de The Killers y sentir una pena tremenda por lo que pudo ser y no fue, por el constante descenso de ingenio, calidad, chispa, inspiración e incluso ganas que uno siente según va avanzando o profundizando en ella. “Hot Fuss” (2004) nos sorprendió a todos con un álbum fresco y lleno de energía, con singles que funcionaban como si prendieses la mecha de cualquier concierto o festival en el que sonase y, para qué negarlo, aunque “Sam’s Town” (2006) era un suave descenso, poseía las canciones y la fuerza (sólo bastaba con verles en aquella gira para entenderlo). Al fin y al cabo, ¿qué es lo que se le pide a una banda como la de Flowers? ¡Canciones que rompan las listas, que te hagan saltar en directo! Ese chute de energía que las actuales no poseen. “Day And Age” (2008) suponía el auténtico descenso a los infiernos de la mediocridad pero muy bien camuflado con un single que reventó las listas y no es otro que “Human” pero es que incluso “Losing Touch” o “Spaceman” resultaban en sus conciertos. Tras aquel subidón de color, plumas y chicle llegó la carrera en solitario de Flowers tras las soterradas malas relaciones en el seno de la banda y aquello nos descubrió el que debería haber sido el verdadero cuarto álbum de Killers, “Flamingo” (2010), que no fue lo que se esperaba pero descubría a un artista capaz de componer bien, muy bien, canciones incluso superiores a las que facturaba en su banda. Y así se demostró en “Battle Born” (2012), todo un pinchazo a pesar de la épica de “Runaways”, algo que también se sintió en sus conciertos con repertorios deslavazados y noches sin ritmo con una banda que parecía el acompañamiento de Flowers y ellos lo sabían tanto como los que estábamos en la pista pero aquella introducción trotona de “Runaways” garantizaba la satisfacción a todos los asistentes, con minis en alto, pulseritas de plástico y tabaco de liar de universidad privada.

Brandon publicaba nuevo disco, “The Desired Effect” (2015), pero aquel intento ochentero de hombrera y laca le salía por la culata, las canciones eran inferiores a “Flamingo” en cuanto a composición y el maquillaje era demasiado para una generación que en los noventa todavía llevaba pañales y para los que los ochenta es lo más parecido al Cretácico. Pero, no esperando nada de un nuevo álbum de The Killers a estas alturas, sí que me parece chocante el pequeño suicidio cometido. Canciones anodinas, arreglos aburridos, producción artificial y letras salpicadas de relaciones mormonas, aburridonas, sentimientos inofensivos e inocentes, ningún drama o tensión tampoco en el apartado lírico excepto algún sermoncito velado.

Una llamada, supongo que la de la caracola de la portada, así comienza el horror que es “Wonderful Wonderful” en la que lo que mejor suena es el bajo de Mark Stoermer por todos los “Bullet The Blue Sky” del mundo y en la que la voz de Flowers está excesivamente tratada sobre un tempo demasiado pastoso de Ronnie Vannucci Jr.

En "The Man" roban con descaro a Daft Punk pero con menos inspiración hasta un estribillo que es puro Moloko y en el que poco falta para imaginarse a Brandon vestido de bola de espejos. La épica en “Wonderful Wonderful” es como un calambrillo que no termina de llegar, como un latido que no termina de convertirse en una sacudida, así es “Rut” y ese intento de Flowers por trascender, por convertirse en el compositor que ansía ser mientras Dave Keuning emula a The Edge sin éxito sobre la letra narrada. El mismo intento, el mismo orgasmo arruinado en “Life To Come” o lo que parece una balada que termina convertida en un medio tiempo o el toque postpunk allá donde Interpol se lo dejaron en “Run For Cover”, quizá el único momento de tensión de todo el álbum antes de llegar a otro de los puntos más bajos que es “Tyson Vs Douglas”, la etérea “Some Kind Of Love” y la tristona “Out Of My Mind”, justo esos números que uno no quiere escuchar cuando va a un concierto de The Killers.

Lo peor es que nada parece ya funcionar en esos U2 descafeinados que son en “The Calling” o la final “Have All The Songs Been Written?” en la que conviene aclararle a Flowers que todas no pero que las buenas, las verdaderamente buenas canciones -esas que a él todavía se le escapan- parecen estarlo. Por mucho menos que esto, por discos infinitamente superiores a “Wonderful Wonderful”, colgábamos del palo más alto a Duran Duran hace ya muchos años y de ahí al ostracismo. The Killers están advertidos; van camino del olvido, incluso en festivales, incluso por aquellos que se dejaban la garganta cantando “Human”, más les vale vestirse de nuevo con plumas y dejar los dramones y las grandes historias para aquellos que sí saben escribirlas…

© 2017 Jim Tonic

Crítica: Satyricon “Deep Calleth Upon Deep”

El mayor temor que muchos albergamos es terminar pareciéndonos en lo malo a nuestros padres o hermanos mayores. Que levante la mano el que no se haya descojonado en algún momento de aquellos tan auténticos que lloraban amargamente porque “Rebel Extravaganza” (1999) o “Volcano” (2002) no estaban a la altura de la trilogía inicial, aquella formada por “Dark Medieval Times” (1994), “The Shadowthrone” (1996) o el genial “Nemesis Divina” (1996). Aquellos hermanos mayores (más noruegos que la Neutrogena y más divinos que Odín) para los que un corte de pelo o todo lo que no sonase a blastbeat era poco menos que una herejía en un subgénero musical tan mestizo, controvertido, supuestamente rebelde (en sus orígenes) y precisamente hereje como el black metal.

Y, sin embargo, los años van pasando y no es que uno se radicalice pero es inevitable sentir que aquellos que nos causaban tanta risa cuando nosotros éramos adolescentes, puede -sólo puede- que tuviesen algo de razón y a uno se le erice cada poro cuando suena “Mother North” pero debamos aceptar que tras aquellos tres primeros discos algo se perdió por el camino en una discografía tan regular y con tan pocos sobresaltos agradables como para que un disco como “Deep Calleth Upon Deep” (2017) sea quizá uno de sus títulos más coherentes en años, lo que no quiere decir que sea un hito o vaya a convencer a aquellos para los que ya Satyricon son un caso perdido.

Tras el irregular “Satyricon” (2013) y su gira de presentación, llegó el inexplicable y sempiterno esfuerzo de mezclar metal con un género clásico y de ello salió “Live At The Opera” (2015) un álbum que tuvo un buen acogimiento y gustó a las generaciones más jóvenes pero poco nos decía a aquellos más veteranos y menos aún aportaba a la discografía de los noruegos. Y, tras ello, el auténtico horror -siempre tan alejado de la parafernalia que creamos para olvidarnos de la única verdad- y el diagnóstico de la enfermedad de Satyr (Sigurd Wongraven) y el miedo a no escuchar nunca más un álbum de Satyricon -por mucho o poco acertado que fuese- y la certeza de que todo tiene un final e incluso los modernos dioses nórdicos -aquellos supervivientes a los noventa- no caminarán por siempre entre nosotros…

Por tanto, la noticia de que Satyr y Frost (Kjetil-Vidar Haraldstad) estuviesen trabajando en un nuevo álbum nos cogió a todos por sorpresa y, más aún, que planeasen una gira. Pero supongo que aquellos más grandes son los que miran de cara a la muerte y prefieren que esta les sorprenda mientras hacen lo que más aman a estar esperándola en la cama. Y la única verdad es que la gira de “Deep Calleth Upon Deep” nos servirá para reencontrarnos con esa bestia bicéfala en directo, formada por Satyr y Frost, porque el álbum -aún con buenos momentos- y esa sensación de ir calando en uno tras posteriores escuchas cuando, en el noventa por ciento de los casos, suele ser el eufemismo para referirnos a discos que no merecen la pena, no es más que un álbum de transición o un título más a sumar en una discografía en la que cualquiera podrá entender que el Do de pecho lo dieron hace ya más de dos décadas.

"Midnight Serpent", por ejemplo, sí transmite ese lento y sinuoso movimiento de un ofidio pero sólo cuando la canción se vuelve más pesada, más cercana al doom, que al black (emulando el espíritu de “Now Diabolical”) como ocurre con la pegadiza “To Your Brethren in the Dark” que resulta tan poco oscuro como acertadísimo el riff de “Blood Cracks Open The Ground” y la ayuda vocal en el ascenso al estribillo o “Deep Calleth Upon Deep”, otro casi igual de pegadizo, que continúa la senda abierta por el anterior álbum, “Satyricon”, pero quizá con más épica.

El giro, la ruptura, llega con ese intento -no siempre acertado hasta la fecha- de mezclar el black con el rock, en ese mal llamado black n’ roll, que es “The Ghost Of Rome” pero, si en ella nos sorprenden por estar más cerca de unos Rolling Stones noruegos, en “Dissonant” y esa manía de muchos artistas de mezclar metales con el metal (nunca mejor dicho), llegará uno de los momentos más flojos del álbum de la mano del saxo y ese nuevo matiz en la mezcla de la voz de Satyr. Aquellos que amamos el black metal no podremos quejarnos con el siguiente corte, “Black Wings and Withering Gloom”, al que -sin embargo- le falta toda la inspiración que estética le sobra o esa conclusión que es “Burial Rite”, tan sencilla y tan poco efectiva, como simple y anodina.

“Deep Calleth Upon Deep” es un álbum en el que las buenas canciones no lo son tanto y, para colmo, se ven deslucidas en el resultado final cuando este pierde lustre a causa de una segunda cara menos agradecida en la Satyricon en algunos momentos parecen querer desmarcarse de un género como es el black pero con el que todavía siguen coqueteando, estando actualmente en tierra de nadie. Pensar que este álbum ganará con el paso de los años es un ejercicio tan absurdo como aferrarse al presente de una banda a la que se la lleva justificando ya muchos años, como a tantas otras pero quizá con menos polémica y más gracia…


© 2017 Lord Of Metal

Crítica: Melvins “A Walk With Love & Death”

La gran mayor parte de las bandas suelen domesticarse con el paso del tiempo, sin embargo, Melvins parecen querer volverse más y más pesados, cáusticos y auténticos con cada disco. Quizá porque, a pesar de su relativa fama mundial (¿quién le iba a decir a Buzz que su banda estaría girando por todo el mundo y publicando discos a estas alturas de la película?), nunca accederán a un público masivo por el que tampoco sienten el mayor interés, quizá porque Kurt Cobain les mencionó junto a otras influencias en mil y una ocasiones y su nombre ha entrado a formar parte inevitable de ese panteón mitológico underground que junto a Black Flag, Mudhoney o Husker Dü fueron el caldo de cultivo perfecto a finales de los ochenta para una escena que tendría que eclosionar en los noventa, situando a Seattle en el punto de mira. Por todo o por nada, pero Melvins siguen entre nosotros y es hasta cierto punto reconfortante encontrarse casos como el suyo en el que no importan las ventas frente a una parroquia que te sigue allá donde vayas y quizá no llenes un estadio pero es que eso es algo que tampoco necesitas.

Recuerdo la caótica pero también frenética actuación de Melvins en el Hellfest de hace un par de años, a pesar de la lluvia el ambiente era asfixiante en un escenario como The Valley y recuerdo que minutos más tarde Buzz paseaba tranquilamente entre la gente, no pude evitar acercarme a él y compartir unos segundos con alguien a quien admiro y de quien tanto he escuchado. Por arte de magia y mientras el resto de personas parecían ajenas a lo que estaba sucediendo, tenía frente a mí a Dale Crover (Melvins pero también Nirvana), Buzz Osbourne y a Dylan Carlson (Earth), que también había dado un maravilloso concierto en el festival francés. Tres personas clave (entre otras muchas, claro está) para entender el fenómeno Seattle, el grunge, la música de los noventa; tres personas que formaron parte -quizá sin quererlo- del auge y caída de un chaval que se convertiría en el abanderado de una generación y terminaría abandonando este mundo demasiado pronto. Buzz, como muchos otros artistas, se mostraba cercano pero perdido en su galaxia, como si el sudoroso concierto -mezcla de stoner y sludge- que acababa de dar junto a Steven McDonald de Redd Kross hubiese sido tan casual y natural como el respirar.

Entender “A Walk with Love And Death” como un disco doble es pretender oírlo sin escucharlo y romper esa naturalidad de Melvins porque mientras que su primera cara, “Death”, es una mezcla de rock alternativo con ese punto dulzón que aporta la voz de Steven en algunos momentos frente a la esquizoide de Buzz, “Love” no puede ser entendido como una segunda cara sino como lo que realmente es; la banda sonora de la futura película del director Jesse Nieminen y seguramente, dentro de su rareza, tendrá algo más de sentido dentro del contexto de una escena y, por lo tanto, no debería ser criticado como parte de un álbum y a “A Walk with Love And Death”, en ningún caso, como uno doble que le haga perder puntos en su valoración general.

“Black Heath” es puramente hipnótica pero no demasiado pesada, la voz de Buzz sigue conservando ese puntito de inestabilidad y el riff nos hace entrar en una especie de trance con su repetición y quizá lo que más me gusta es esa transición con “Sober-delic (acid only)” que me hace sentir que estoy en un concierto y ambas canciones están unidas, como una especie de jam. "Euthanasia" regresa a ese sonido sludge con Buzz elevando levemente el tono, puede parecer una locura pero la melodía me recuerda muchísimo a “Birth Ritual” de Soundgarden y el sonido es puramente SubPop, como en "What's Wrong with You?" y ese yeyeísmo en el que claramente se nota la mano de Steven McDonald. “Edgar The Elephant” transmite esa sensación de ligera torpeza o pesadez y suena a Melvins por los cuatro costados al igual que “Flaming Creature” posee un fuerte sentimiento y una emoción que ninguna de las anteriores es capaz de transmitir o Buzz volverá a su clásico e inestable forma de cantar en “Chris Hammer” que transmitirá también a la guitarra en la atropellada “Cactus Party” o la asfixiante “Cardboa Negro”.

A partir de aquí, la música ambiental de ese proyecto cinematográfico en ciernes de Nieminen, la ambiental “Aim High”, la ruidosa “Queen Powder Party” (ese noise tan propio de Cobain), extractos como "Street Level St. Paul" o la lynchniana "The Hidden Joice" se alternan con marcianadas de divertidos títulos como “Chicken Butt” o “Eat Yourself Out”, la jazzy “Scooba” o experimentos como “Halfway To the Bakersfield Mall" o "Track Star", fragmentos que servirán para apoyar la imagen en la pantalla. Un segundo disco que debemos aceptar como un regalo, una curiosidad y nada más.

Con todo, la primera cara de “A Walk with Love And Death” es de lo mejorcito que Melvins han firmado en años en una formación que parece haber encontrado cierta estabilidad con el genial Steven McDonald. Un lujo preparado para el paladar de unos pocos pero un lujo, al fin y al cabo.


© 2017 Conde Draco

Crítica: Septicflesh "Codex Omega"

Imposible negarles a Septicflesh que con “Communion” (2008) reescribieran toda su historia tras lo que creíamos que sería su obra maestra, “Sumerian Daemons” (2003). Desde entonces, los griegos no han hecho más que deleitarnos con esa mezcla de metal y grandilocuencia, de contundentes riffs y arreglos sinfónicos, “The Great Mass” (2011) o “Titan” (2014) son grandes discos que, aunque no llegan a la inmensa altura de “Communion”, sitúan a Septicflesh en primerísima primera línea, por no hablar de sus fortísimos directos en los que son capaces de replicar todos los sonidos y matices de sus álbumes. De nuevo en Prosthetic Records y tras la marcha de Fotis Bernardo, con Kerim Lechner tras los platos, si su nuevo álbum, “Codex Omega”, no llega a la sublime altura de “Communion” no es por la calidad de la producción o la propia habilidad de la banda sino porque esa densidad majestuosa de sus canciones parece algo buscado, esa carencia de estribillos que perduren en la memoria en favor de una propuesta más barroca, con constantes cambios en los desarrollos con una estética tan abigarrada que le ha sentado siempre tan bien a la banda pero no seré yo el que se queje mientras Septicflesh siga firmando obras maestras en una discografía en la que cuesta encontrar un título que no esté la altura. Es, por lo tanto, sorprendente que “Dante’s Inferno”, sin embargo, tenga un estribillo tan bombástico con esos arreglos asfixiando la melodía mientras Krimh nos golpea sin descanso y la guitarra de Christos parece dispararnos como también llama la atención el poderoso y profundo rugido de Spiros, surgido de las profundidades de la mismísima Acrópolis. Un comienzo a la altura de lo que esperamos de Septicflesh en un álbum en el que no necesitan renovarse o inventar nada, una banda con una propuesta tan definida y buscada a lo largo de todos estos años.
El comienzo frenético de “3rd Testament” pronto derivará en un épico desarrollo en el que, además de los arreglos orquestales, los coros añadirán aún más cuerpo -si cabe- a la mezcla. Aunque mi favorita quizá sea “Portrait Of A Headless Man” precisamente por la sonoridad de la orquesta con ese dramatismo tan acentuado y Spiro y Sotiris en las dobles voces, logrando un diálogo espectacular o esas partes más narrativas que nos recordarán a unos Behemoth pero, lógicamente, más engolados y, claro, sinfónicos. Con todo, muy al contrario de lo que suele ocurrir cuando los artistas sitúan sus primeros grandes golpes al principio de cada álbum, “Codex Omega” gana aún más cuando el propio disco parece haber entrado en calor, como si de una actuación se tratase; “Martyr” es la más épica del conjunto, quizá por su tempo más pausado con el doble bombo de Krimh, o la más potente de todas; “Enemy of Truth”, inteligentemente situada en el ecuador del álbum, quizá estos sean los verdaderos motivos por los que “Codex Omega” está tan bien equilibrado y una canción tan robusta sea capaz de articular, de manera increíble, las dos partes que lo componen.
De esta forma se alivia la pesada digestión de escuchar un álbum tan excesivo de golpe ya que “Dark Art”, con Sotiris como voz principal, es todo lo refrescante que se podría esperar y sirve como introducción a la lovecraftiana “Our Church Below The Sea” en la que Septicflesh vuelven a la carga de profundidad antes de enfrascarse en ese vendaval que es “Faceless Queen”, con un final verdaderamente dulce y sorprendente gracias a las cuerdas, que recuerdan en su dinámica a “Portrait Of A Headless Man” y en la que jugarán no sólo con diferentes tempos sino también atmósferas, con un trabajo magnífico de Antoniou y otra vez Sotiris dotando de más melodía a esos pasajes narrados, lejos de la brutalidad devoradora de Siro.
Como no cuesta nada en absoluto imaginarse el grandioso comienzo de una superproducción cinematográfica con esos primeros segundos de “The Gospels Of Fear” o sentir la exótica melancolía de “Trinity” y el bajo de Siro en perfecta comunión con Kerim.
Un álbum que no decepcionará a sus seguidores y que seguro será un auténtico festín en directo (donde siempre son cita obligada), no hay duda de que los griegos han llegado hasta aquí gracias a su esfuerzo y talento, quizá únicamente necesiten dar un pequeño giro a la composición para lograr que la continuación de “Codex Omega” no ahonde en lo mismo y suponga un nuevo punto y aparte, como ocurrió con “Communion”, por lo demás, es imposible sacarle pega alguna a un álbum tan elaborado y trabajado, hecho con tanto mimo y cuidado…

© 2017 Lord Of Metal

Crítica: Marilyn Manson “Heaven Upside Down”

Ya lo dijo Madonna Wayne Gacy (Stephen Bier), Marilyn Manson debería pegarse un tiro y desaparecer para así poder mantener su integridad intacta. Que conste que soy de los que opinan que Gacy exageraba, siendo como es, tan dado a la provocación y estoy convencido de que, si puede llegar a considerarse tal declaración, siempre será en un sentido figurado (en el ámbito artístico), no faltándole razón entonces. Con todo y con ello, el que fuese teclista de Manson en su época dorada, tampoco puede presumir de una carrera precisamente gloriosa tras su expulsión (ahora que se dedica a vender chucherías y recuerdos de su pasado a través de Internet) y es que, aunque de manera prematura, vivió el comienzo del fin de primera mano con aquel “The Golden Age Of Grotesque” (2003) cabaretero-berlinés, en el que él mismo participó (otro cerebro en la sombra considerado por muchos, como Ramírez, teoría que el tiempo se ha encargado de desmontar, todo sea dicho) que nos depararía una década de fiascos como “Eat Me, Drink Me” (2007), con un auténtico fracaso de gira con gradas medio vacías, o el despecho amoroso hecho álbum, el cacareado regreso de Twiggy y un “back to basics” fallido como “The High End Low” (2009) o un álbum como “Born Villain” (2012) que el tiempo ha puesto en su sitio; una de las insondables simas abisales en la carrera de Manson que, consciente de su desnortado rumbo, se ponía en manos de Tyler Bates; un extranjero en el Valle de las Sombas de Brian Warner, alguien tan agresivo, oscuro y gótico-americano como John Mayer o Billy Ray Cyrus, cualquiera podrá percibir mi fina ironía…

De aquella extraña unión nació un disco muy bien pensado pero muy mal ejecutado como “The Pale Emperor” (2015), en el cual la transmutación de Manson en el personaje de predicador y pobre diablo paseando por la soleada acera norteamericana podría haber dado mucho más de sí. La estética era magnífica, blanco y negro con mucho grano a golpe de blues pero fallaban las canciones y es que, lo queramos aceptar o no, Marilyn Manson hace mucho que perdió el favor de las musas. Analizar el porqué es sencillo; hace tiempo que no existe como banda sino como artista y este es su proyecto (no hay autocensura, no hay consenso, no hay lucha o tensión en esta dictadura), el papel actual de Ramírez es nulo, no existe un adorable yonki como Gacy aportando sus fantasmagóricos teclados y tampoco hay un honorable mercenario como Ginger Fish pero sobre todo; falta un gurú como Reznor al que Manson, sabedor de ello, no para de lanzar indirectas en todas las entrevistas promocionales clamando por una posible colaboración en un futuro cercano. Honestamente, cuesta imaginarse a Reznor, ahora envuelto en otra aventura muy diferente junto a Atticus Ross, enamorado de un posible proyecto con una estrella en clara decadencia como Manson (con el que precisamente no acabó nada bien) al que le sobra el acomodo burgués de millones y millones en su cuenta, para alguien al que su naturaleza de “basura blanca de clase media” le sentaba tan bien para acrecentar su hambre de éxito y nutrir sus canciones con toda la imaginería propia de ese escenario.

El décimo álbum, por lo tanto, alberga pocas sorpresas y aún menos expectativas o esperanzas para la carrera de Manson a corto plazo; prosigue el binomio con Tyler Bates y, aunque levemente más crudo y -por suerte- menos bluesy que “The Pale Emperor”, tampoco es el regreso a “Antichrist Superstar” (1996) que Manson aseguraba y, pese a que en algún momento nos engañe con algo más descarnado que no resulta tan horroroso como el material de “Born Villain”, compite en mediocridad creativa con aquel. Por ejemplo, “Revelation #12” podrá engañarnos en sus primeras escuchas con ese sentimiento de urgencia punky (a pesar de la ausencia de pegada de un simplísimo Gil Sharone) pero termina evidenciando un tema poco trabajado en el que toda la importancia reside en la producción, como una cada vez menos potente voz por parte de Manson que necesita ser tintada con más y más distorsión y una innecesaria reverb.

Pero lo auténticamente descorazonador de "Heaven Upside Down" es su prematura rendición ya en su segundo tema, "Tattooed In Reverse", con un envoltorio plenamente r&b a medio cocer con dance de mentirijilla que, a pesar de su letra pretendidamente provocativa, es un auténtico tostón y punto de inflexión prematuro de un álbum con tan sólo diez composiciones que no, no mejorará con "WE KNOW WHERE YOU FUCKING LIVE" en la que claramente intentan recuperar algo de la visceralidad mostrada a mediados de los noventa cuando la bestia aún no había sido esterilizada con dinero.

"SAY10", cuyo título fue provisionalmente el del álbum que nos ocupa, incide en esa misma violencia pero, a pesar de ese fuerte sentimiento de “Antichrist Superstar”, es tan sólo un medio tiempo en el que las cosas no terminan de funcionar. Pero, con todo y con ello, podríamos estar refiriéndonos a un álbum moderadamente superior si no cayese en el más absoluto de los ridículos cuando Manson se calza los zapatos de bailar y hace el ridículo en "KILL4ME" por todas las hombreras y cardados de los ochenta, haciendo parecer a Soft Cell una banda de grindcore. A partir de este momento el álbum entra en otro punto muerto, uno aún más profundo y comatoso; la cinemática "Saturnalia" resulta tan sólo inversamente proporcional al aburrimiento que produce escucharla hasta el final para descubrir que no nos ha llevado de viaje a ninguna parte, como parecía sugerir Manson en las entrevistas.

"JE$U$ CRI$I$" o la lentísima y soporífera “Blood Honey” ahondan en la pesadísima recta final de “Heaven Upside Down” (cuya canción tampoco puede salvarse de la quema) y un final tan forzado como la romanticona "Threats of Romance" con Manson vestido de crooner en una canción que, no nos engañemos, es tan sólo pop del malo; de ese que da dolor de cabeza la mañana siguiente. Un paso más de una carrera que debería haber acabado -y siendo muy generosos, tras “Mechanicals Animals”- hace diecisiete años y que muchos se niegan a aceptar, incluido el propio Manson. Nunca un artista con tantísimo talento se había empeñado tanto, tantísimo en demostrar con tanto empeño su lento e inexorable declive. Malo es decir poco, intrascendente, un sufrimiento innecesario a estas alturas...


© 2017 Conde Draco