TRENT REZNOR y ATTICUS ROSS mantienen las expectativas

Publicando un EP de NINE INCH NAILS bastante tibio pero que ameniza la espera del nuevo álbum...

El emotivo lanzamiento de LAMB OF GOD

"The Duke" es la historia de una estoica lucha contra el cáncer pero también de una amistad...

ESPECIAL NICK CAVE

Un repaso a la discografía principal de NICK CAVE; un viaje turbulento a través del blues, los asesinos en serie, la biblia y los esqueletos de los árboles...

THE DILLINGER ESCAPE PLAN se despiden a lo grande

Anuncian su separación pero firman "Dissociation", quizá su mejor disco hasta la fecha...

Fenriz y Nocturno Culto han vuelto con "Arctic Thunder"

Crítica y fans siguen ladrando al paso de DARKTHRONE, luego cabalgan...

Ese genio llamado DEVIN TOWNSEND

Nueva dosis de grandilocuencia, sobreproducción y exceso creativo del canadiense en "Transcendence"...

ALEMANIA no levanta cabeza...

Primero nos decepcionaron DESTRUCTION con "Under Attack" y ahora son SODOM con "Decision Day", por suerte tenemos a KREATOR.

NAILS: "Nunca serás uno de los nuestros"

Si este álbum se hubiese publicado en los ochenta estaríamos hablando de todo un disco de referencia, una obra seminal en la que muchos artistas se mirarían y buscarían para definir su propio sonido.

HARAKIRI FOR THE SKY regresan con "III:Trauma"

Los austríacos parecen firmar el final de un trilogía con su mejor álbum hasta la fecha.

¿Un disco de thrash progresivo, conceptual y ambientado en el espacio?

VEKTOR han firmado uno de los grandes álbumes del año. Tan técnico y apabullante como emocionante y épico que te deja con ganas de más.

La escapada a ninguna parte de RED HOT CHILI PEPPERS...

Aquellos que esperan reencontrarse con los Chili Peppers de siempre se darán de bruces con un disco atípico y con canciones poco inspiradas o indignas de unos músicos que podrían dar mucho más de sí y parecen haber perdido la frescura.

El irregular regreso de DARK FUNERAL

Los suecos aciertan de pleno en el título de su nuevo álbum en el que, en efecto, sólo hay sombras, poca luz y menos oscuridad...

"Magma" de GOJIRA: el disco de la polémica.

Para muchos es una obra maestra, para otros el primer paso en falso de los de Bayona. Los hermanos Duplantier, por primera vez, no cumplen las expectativas.

La decepción de DESTRUCTION...

Tras muchas escuchas, el último álbum de los thrashers alemanes muestra su gran punto débil en la composición.

ROB ZOMBIE repite la misma fórmula...

Resulta complicado evaluar un álbum que ya hemos escuchado un millón de veces a lo largo de los últimos veinte años pero con título diferente, Rob Zombie produce discos como una cadena hamburguesera; sacian al instante pero no alimentan a la larga...

La piscina con forma de luna de RADIOHEAD

Cincuenta y dos minutos y once canciones es lo único que le hace falta a la banda para demostrar que siguen siendo tan geniales como sorprendentes tras cinco años de ausencia...

Así es "Dreamless" de FALLUJAH

Mejorando el sonido en el estudio tras "The Flesh Prevails" pero con una segunda cara regular, electrónica y repleta de altibajos.

AMON AMARTH: nunca des la espalda a un vikingo

"Jomsviking" es el mejor álbum de los suecos desde "Twilight of the Thunder God", Odín vuelve a estar con ellos...

¡Nos largamos de nuevo al HELLFEST!

Nos llena de orgullo y satisfacción; otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo... le meilleur festival du monde!!

Jesse Leach se abre en "Incarnate" de KILLSWITCH ENGAGE

Y publican un álbum sólido y coherente pero la sombra de "Alive Or Just Breathing" es alargada…

"Phenotype" de TEXTURES; ¿tendremos que esperar a escuchar su genotipo?

Los holandeses vuelven con un álbum bajo el brazo para el que deberemos esperar a su segunda parte para saber si han acertado en el blanco...

IGGY y HOMME; la extraña pareja...

"Post Pop Depression" ha sido una de las grandes sorpresas de este año y el mejor desde "American Caesar"

ABBATH es el auténtico rey de Blashyrkh

El noruego demuestra que hay vida después de Immortal y se lo pone difícil a Demonaz con un álbum repleto de fuerza y frío invernal...

El púrpura de BARONESS es la mezcla perfecta del rojo y el negro...

John Baizley ha conseguido con "Purple", su cuarto álbum, mezclar lo mejor de "Red" y "Blue", regalándonos uno de los grandes discos del año.

Mucho color, poco curry y menos canciones; así es "A Head Full Of Dreams" de COLDPLAY

Un regreso forzadísimo al colorismo más exagerado con alguna influencia étnica, pop de celofán y una escasez de ideas tan abrumadora que asusta.

PERFECTAMUNDO y lo que pudo ser y no fue....

BILLY GIBBONS aparca temporalmente a ZZ TOP y se estrena en solitario con un álbum lleno de ritmos afrocubanos, altibajos y, por desgracia, el dichoso autotune.

CASPIAN; cuando la música puede ser arte.

Los de Massachussets han parido su mejor álbum hasta la fecha; arriesgando sin perder su identidad y conservando toda su emoción.

Las alas de cera de DAVID GILMOUR

El guitarrista de PINK FLOYD vuelve con un disco nuevo bajo el brazo, "Rattle That Lock", exquisito pero falto de unión y con demasiados altibajos.

AHAB queman las barcas...

Los alemanes han grabado un auténtico monstruo con canciones de más de diez minutos capaces de mantener tu atención y tu alma en vilo…

La mecánica de fluidos de TAME IMPALA

Kevin Parker, en constante cambio, se disculpa por ello en sus canciones pero firma uno de los discos del año.

Y al séptimo disco, CRADLE OF FILTH resucitaron…

Nueva formación y las canciones más inspiradas que Dani Filth ha escrito en los últimos quince años...

THE DARKNESS se hacen mayores...

Pero consiguen grabar un buen disco, menos histriónico y serio que los anteriores pero igual de inspirado...

Sueñan los drones con guitarras eléctricas

Primer paso en falso de MUSE, con "Drones" nos encontramos ante un disco sin rumbo, coherencia ni buenas canciones.

BLUR contraataca con un regreso por todo lo alto

Doce años después, los ingleses publican "The Magic Whip" y consiguen el aplauso unánime de crítica y público con un disco diferente.

La catarsis de BJÖRK

La islandesa encuentra la liberación a través de la palabra en su mejor disco en años.

DYLAN por SINATRA, en estado de gracia.

El auténtico placer de cumplir años es no tener ni Dios ni amo; decidir a quién se le da la mano...

ROYAL BLOOD vuelven a España...

Y nosotros rescatamos nuestra crítica de su álbum para ir calentando motores.

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

Han logrado que WEEZER publique uno de sus mejores discos en años, "Everything Will Be Alright In The End".

¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

PINK FLOYD se despiden...

David Gilmour y Nick Mason rinden homenaje a Richard Wright en "The Endless River", un disco bello y tranquilo.

Ocho ciudades, ocho canciones y ninguna que justifique un disco

Foo Fighters vuelven con un disco mediocre que hará las delicias de sus fans más recientes y menos exigentes.

Con máscaras y a lo loco...

Cuando uno piensa en SLIPKNOT, piensa en esa descarga de adrenalina, en ese caos en el que se convierten sus directos...

MORRISSEY en ESPAÑA: "Todo lo que necesitas soy yo"

Moz estuvo en nuestro país y recuperamos nuestra crónica de su paso por Madrid.

Cuarenta minutos de abstracción

Un disco fascinante, extraño, menor pero extrañamente bonito, diferente y excitante...

Bonamassa contra el mundo

Porque discos así no se escuchan todos los días y, por desgracia, no se graban tan a menudo como debiera...

El Quadrophenia de U2, según The Edge

Podemos seguir echando de menos el pasado más glorioso de U2 y dejar de disfrutar del presente; “You glorify the past when the future dries up” que decían ellos mismos...

BRIAN FALLON, tocado pero no hundido…

Tras diez años de matrimonio ha decidido exorcizar todos los demonios internos de su ruptura en el nuevo disco de su grupo, THE GASLIGHT ANTHEM.

THE NATIONAL en España y nosotros nos refugiamos en su último disco...

Como dice Chuck Palahniuk, "la mejor venganza de todas es la felicidad. No hay nada que vuelva más loca a la gente que ver a alguien teniendo una vida jodidamente maravillosa" y nosotros somos felices con la música de los de Cincinnati.

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Analizamos en profundidad la grabación del último gran disco de NIRVANA y quizá de los noventa...

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"Reflektor" es el nuevo disco de los canadienses y la crítica lo ha encumbrado a lo más alto en apenas unas horas.

PEARL JAM: Rayos y centellas

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¡AMÉN, hermanos, WATAIN han vuelto!

Estamos ante el mejor disco de METAL del año y Erik lo celebra invitándonos a una misa negra muy especial con "The Wild Hunt"...

Conociendo a DAVE MUSTAINE...

Tuvimos la gran suerte de poder conocerle con motivo de su visita a España en su gira con Slayer hace dos años y ahora lo recordamos, breve pero intenso.

Crítica: As Lions “Selfish Age”

Soy el primero al que le irritan las simples menciones a los parentescos por parte de la crítica y los seguidores pero cómo negar que si Austin Dickinson no fuese hijo de una leyenda viviente como Bruce Dickinson no es que no le hubiésemos prestado atención a As Lions (y antes a Rise To Remain) sino quizá, tan sólo quizá, ni siquiera se hubiera publicado el álbum que nos ocupa o, mucho mejor, todos los anteriores. No es que “Selfish Age” sea una continuación de aquel metalcore blandurrio que firmaron Rise To Remain a pesar de que As Lions sea las tres quintas partes de aquellos con Will Homer, Conor O'Keefe y el propio Austin en sus filas, es que “Selfish Age” es mucho más inconsistente y tiene dos grandes defectos que desarman casi cualquier posible defensa; la música que As Lions han grabado aquí es tan inofensiva y vacía que no plantea ningún riesgo al oyente y, lo peor de todo, posee tanta peligrosidad y arrojo como el algodón de azúcar. El segundo gran defecto es que habiéndose amparado en una producción complaciente y excesivamente relamida (algunas a manos de Kane Churko, hijo del también mítico Kevin Churko), “Selfish Age” no posee ni un sólo single, ni una sola canción que se pegue como un chicle pero, por contra, tampoco ninguna que posea una calidad tal que sirva como excusa para esa falta de accesibilidad; es como si la banda hubiese decidido vender su alma al diablo de la FM y este les hubiese concedido el sonido pero no la genialidad, la creatividad para que a pesar de las formas sean capaces de llegar al público con ese talento del que por supuesto carecen.

“Aftermath” es puro pop revestido con algunos de los elementos metálicos que todos reconocemos en otras producciones que sí funcionan y resulta chocante por su melodía y lo prefabricado del producto además del intento de colarnos una vulgar cancioncilla pop adolescente con el maquillaje de la música por la que intentan hacerse pasar As Lions. “The Suffering” o “Bury My Dead” son pop infantiloide sin pretensiones e incluso la voz de Austin suena como si sus gónadas hubiesen encogido más de la cuenta tras Rise To Remain; si aquello ya era blando, As Lions nos engañará con algunos arreglos pero esconde una naturaleza con la misma consistencia que el guano. Austin aseguraba en las entrevistas que con As Lions ha podido librarse de las ataduras (desconocemos cuáles…) y se lo ha pasado genial grabando “Selfish Age”, pena que nada de esa supuesta diversión y libertad se traduzca en canciones como la sintética y artificial “Deathless”, la impostada épica de baratillo que domina la que da nombre al disco o intentonas en balde como “White Flags” o “Pieces”.

El colmo llega con la balada “World on Fire” transformada en un medio tiempo de estructura clásica entre estrofas más calmadas con arreglos de piano y estribillos de rabia contenida que no transmiten absolutamente nada. “One By One”, “The Fall” (horrorosa de principio a fin, desde su producción hasta su interpretación) y “The Great Escape” acaban con el suplicio de un disco que se hace demasiado largo a pesar de estar compuesto tan sólo de once canciones.

Es cierto que la genética es a veces cruel y caprichosa y mientras que era más fácil que Liv Tyler heredase la belleza de Bebe Buel, Austin Dickinson sencillamente no posee la genialidad, el carisma y las dotes artísticas de su padre pero lo que sorprende es su empeño por grabar una nadería tras otra cuando debería darse cuenta de que lo suyo no es la música y si lo es tiene un gran problema sobre su cabeza porque la interminable sombra de Bruce Dickinson siempre nublará casi cualquier intento de triunfar. 

Mucho tienen que cambiar las cosas para que As Lions sea el proyecto definitivo de Austin; qué duda cabe que siempre es más fácil llegar si tu padre es quién es pero que verdad también es lo jodido que resulta demostrar y mantenerse. “Selfish Age” es otra decepción más en el vasto “universo Maiden” en donde parece que todo lo que rodea a un monstruo como es Eddie es tan insignificante que asusta; bien sean los leones de Austin o el británico de Steve Harris. As Lions se han gastado el dinero en grabar unas canciones que podrían haber permanecido por eones flotando en el éter, ahora sólo tienen que gastarse un poco más promocionando un producto que saben que no merece la pena, quedamos a la espera del siguiente proyecto fallido de Austin Dickinson, corto y cambio…


© 2017  Jack Ermeister

Crítica: Animals As Leaders “The Madness Of Many”

¿Estamos capacitados como oyentes para juzgar el trabajo de Tosin Abasi? Según la inquebrantable teoría de muchos músicos y algunos aficionados, no es posible criticar de ninguna de las maneras (positiva o negativamente) la labor de ningún profesional si no somos capaces de ser mejor que ellos en sus respectivos campos. El dislate es tan exagerado como divertido ya que nos sitúa como diletantes en una tercera regional por la cual y llevado al extremo de la caricatura para su mayor comprensión; deberíamos conducir un coche de caballos, ver partidos de fútbol de patio de colegio, asistir a teatro de guiñoles en vez de superproducciones cinematográficas millonarias y conformarnos con un mundo en el que el deleite por lo sublime nos es prohibido al no poseer el talento suficiente como para ser los mejores ingenieros, deportistas, actores o virtuosos licenciados en Berklee. Pero la pregunta es aún más peleaguda; si partimos de la base de que puedo escuchar lo que me venga en gana independientemente de mis capacidades, ¿cuál es la vara con la que puedo medir la inspiración de Abasi en este último disco de Animals As Leaders? Exacto, seguramente el lector haya llegado a la misma conclusión; si me gusta o no, si lo he disfrutado o, por el contrario, no me ha convencido y me ha decepcionado. En este caso, “The Madness Of Many” me ha decepcionado notablemente respecto al anterior, “The Joy Of Motion” (2014), ¿cuál es el motivo?

Está claro que Abasi, Reyes y Garstka son grandes músicos y que la producción de la banda en este “The Madness Of Many” no decepcionará a ninguno de los que seguimos con interés el proyecto de Abasi desde hace ya casi siete años; el nuevo disco de Animals As Leaders suena cristalino y dinámico, una producción calculada al milímetro en la que se les siente sueltos y, a pesar del aparente encorsetamiento de un estilo tan marcado y una señas de identidad tan profundas, uno entiende que Reyes asegurase que es el disco que más suena a ellos y en el que más cómodos se han sentido. En efecto, en “The Madness Of Many” hay math, hay djent y esos pasajes más jazzy que les siguen convirtiendo en algo único con un Abasi que indudablemente atrae las miradas (y las orejas) de todo aquel que le escuche con su peculiar manera de atacar y pulsar las cuerdas, con toda la cantidad de recursos expresivos y sonido característico que es capaz de sacarle a su Ibanez de ocho cuerdas pero tras las primeras y orientales notas de “Arithmophobia” envuelta en electrónica y los sincopados fraseos de Reyes y Abasi, uno se percata de que a pesar de la supuesta fluidez y libertad en la ejecución del trío, algo huele a embotellado en un álbum como “The Madness Of Many” en el que es imposible echarles en cara que no innoven pero en el que parece que hemos escuchado todas las canciones previamente y no hay ninguna sorpresa en sus surcos lo que, sin duda, afecta al resultado global del disco.

“Ectogenesis” o la formulación del funky mezclado con el jazz y el slap de Abasi o su vibrante golpe junto con las descensos a todas velocidad por el mástil producen tanto vértigo como emoción cuando bajan las revoluciones y se llenan de feeling pero ni esta, ni la venusiana “Cognitive Contortions” o esa ametralladora en “Inner Assassins” con la ayuda de Travis Stewart producen en mí un sentimiento ni remotamente parecido a "Ka$cade" o “CAFO”.

Me gusta la elegancia de “Private Visions of the World” o el arrebato de la peculiar “Backpfeifengesicht” pero quedan muy lejos de la inmediatez de “The Joy Of Motion” y cuando encuentro algo de sentimiento el tono de las guitarras me recordará siempre e inequivocamente al del eterno Steve Vai. Con “Transcentience” entramos en una melodía ligeramente más emocionante en la que destacarán los contrapuntos en los que Garstka parece dejarles más espacio a Abasi y Reyes para dialogar y llenar esos espacios que en las más aguerridas y puramente math sencillamente no tienen como en la más tradicional “The Glass Bridge” que sirve de cierre antes de dos pequeñas maravillas en las que la acústica toma un papel preponderante que recibiremos con las manos abiertas tras tanta homogeneidad. Ecos de bossa nova en “The Brain Dance” y un clasicismo e intimismo en “Aepirophobia” que situan la sensibilidad de Abasi en un primer término siendo una digna despedida de un disco de dientes de sierra en el que han faltado auténticas cimas con las que emocionarnos.

Al final, te gusta o no te gusta y “The Madness Of Many” nos gustará a los amantes de Abasi pero es indudable que a pesar de todo el talento y la indiscutible calidad, suspende frente a “The Joy Of Motion” y sitúa a Animals As Leaders en un callejón del que deben de salir lo antes posible si no quieren firmar una y otra vez el mismo trabajo pero cada vez con menos capacidad de sorpresa aunque pocos se atrevan a asegurarlo por el qué dirán y el incuestionable talento de Oluwatosin Ayoyinka Olumide Abasi. Quizá no podía esperar nada mejor pero si algo más…

© 2017 Jim Tonic

Crítica: Sepultura “Machine Messiah"

Si al comienzo de esta crítica aseguro que soy de los hermanos Cavalera, muchos entenderán que no haya apreciado “Machine Messiah” como debiera y que el último esfuerzo de la banda que considere como una verdadera obra maestra sea “Roots” (1996) pero, siendo así en parte, no es del todo cierto. Veréis, mi problema es que viví los noventa y Sepultura, hasta mediados de aquella década, no fueron grandes sino enormes; quizá no llegaron a alcanzar el reconocimiento que de verdad se merecían pero sí se convirtieron en la banda brasileña de metal a tener en cuenta, eran valientes y arriesgados, innovadores y agresivos, contundentes y robustos, aquello era thrash y death, sonaban tan internacionales como étnicos, Sepultura eran únicos y mágicos pero tras la salida de Max algo se perdió y fue mucho más que la ausencia del vocalista y principal compositor. Reconozco que seguí con interés la carrera de la banda hasta “Nation” (2001) –lo que demuestra mucho estómago y paciencia tras haber vivido su mejor época (como me ocurre también con Max)- y recuperé ciertas ganas de volver a su universo con “The Mediator Between Head And Hands Must Be The Heart” (2013) quizá porque la ausencia también de Igor se me hacía imperdonable (tras “Dante XXI”), quizá porque “Roorback” (2003), “Dante XXI” (2006), “A-Lex” (2009) se me hacían infumables a pesar de algún que otro momento y con “Kairos” (2011) pensé que habían encontrado algo del norte perdido. Sepultura, como muchas otras bandas, deberían dejar de llamarse Sepultura y dedicarse a hacer la música que les plazca ya que técnicamente siguen siendo geniales y como músicos no hay duda alguna de su pericia pero el espíritu y la filosofía de la banda se fue definitivamente con los hermanos Cavalera (que, por otro lado, siendo también honesto han tenido tantos aciertos como traspiés, demostrándose que tanto Kisser como ellos se necesitan mutuamente para volver a parir un monstruo del calibre de cualquiera de sus obras anteriores)

Pero es algo que también se deja sentir en directo y es que si bien Derrick Green es imponente, sus últimas giras me han dejado un sentimiento agridulce con un vocalista excesivamente pesado e inmóvil (quizá damnificado por alguna que otra lesión, quizá…) y unos guturales en los que, por fin, no se le nota tan forzado como antaño pero en unas canciones en las que sigo sin encontrarle todo lo cómodo que debiera tras casi veinte años en la banda y unas canciones de los hermanos Cavalera que cada vez que son interpretadas suenan como la versión karaoke de una banda tributo homenajeando su legado. Reto a cualquiera de los lectores a escuchar en directo, in situ, la interpretación de “Territory”, “Slave New World”, “Roots Bloody Roots” o, mucho más evidente, “Ratamahatta” en manos de los Cavalera o los propios Sepultura para adivinar que los hermanos, además de llevarse el apellido, también se llevaron los cojones como cuando Lemmy fue expulsado de Hawkind.

“Machine Messiah”, la canción, es tan atípica como para que no echemos en falta a Igor o Max porque Casagrande suena compacto y con personalidad propia como Derrick en un registro muy alejado de lo que podríamos esperar de Sepultura y Kisser más cercano al hard rock con tintes bluesy llenos de sentimiento y dramatismo, dándonos una pequeña pista de por dónde tirará un álbum en el que los brasileños parecen ahondar en su faceta más progresiva; con largos desarrolloso y constantes cambios, mezclando sabiamente thrash, death pero también folk y rock.

“I Am The Enemy” es todo lo obvia que debe ser; sirvió como adelanto y suena fresca y excitante en sus primeros segundos pero pronto nos damos cuenta del pretendido regusto ‘old school’ que Kisser parece haber buscado en los Sepultura más clásicos. Sorprendente por sus arreglos orientales es “Phantom Self” y, aunque no termine de funcionar, hay que reconocer que es una de las más adictivas de un disco en el que precisamente faltan canciones que se alojen en tu memoria. “Alethea” es quizá la que más tenga que ver con la temática general del disco en la cual se nos cuenta la alienación del ser humano frente a la tecnología y el mundo virtual pero aunque conceptualmente hablando sea arriesgada y Kisser haya echado el resto en ella, la canción carece de la presencia que le presuponemos a un disco de Sepultura.

Sin embargo, por irónico que parezca, la mejor del álbum (lejos de las coordenadas del thrash más puro) es la instrumental “Iceberg Dances” en donde de verdad entenderemos el elemento progresivo de la banda en “Machine Messiah”, incluyendo fraseos de free jazz, palmas e incluso una sección flamenca y, por supuesto, mucho influjo setentero prog tras los sucísimos riffs de guitarra. Quizá la más valiente de todo “Machine Messiah” y la que nos demuestra que, aparte de grandes músicos, Sepultura siguen siendo una banda a tener en cuenta aunque poco o nada tengan ya que ver con lo que fueron.

“Sworn Oath” es la más épica del conjunto con Derrick devorando al oyente en cuanto tiene ocasión como “Silent Violence” y “Vandals Nest” añadirán la velocidad necesaria a un álbum que había perdido tempo a cada segundo mientras la irónica “Cyber God” despide “Machine Messiah” como lo habían abierto, a medio gas, de manera pesada e inusual. Como extras, “Chosen Skin” o la curiosa versión “Ultraseven No Uta” (un minuto) que como su naturaleza indica; no aportan demasiado al conjunto excepto servir de regalo.

“Machine Messiah” es un buen disco, uno muy ambicioso, tanto que pierde la fuerza por la boca y hace suya la célebre frase de la potencia sin control (de la ambición sin un objetivo claro) porque sin poder considerarse mediocre, queda lejos de “The Mediator Between Head And Hands Must Be The Heart” con unas canciones que te costará recordar porque ninguna es memorable ni destacable, con una amalgama de ideas que, como la impresionante y bonita portada de Dela Rosa ("Deus Ex-Machina"), llama poderosamente la atención pero cuesta quedarse con algo en particular, un detalle. Imposible acudir a la razón cuando hablamos de un gran músico como Kisser pero también imposible no dejarse llevar por el corazón y la decepción cuando lo que suena poco o nada tiene que ver con la genialidad que una vez fueron Sepultura. Aceptable pero no reseñable, un paso más, tan sólo eso, con todo lo bueno y todo lo malo que ello trae consigo, como le pasa a Max sin Kisser y a Kisser sin Max…

© 2017 Lord Of Metal

Crítica: Dunsmuir "Dunsmuir"

Dunsmuir o lo que es lo mismo; Vinny Appice, Brad Davis y Dave Bone vienen a demostrar que las musas son caprichosas y que no todos los proyectos son exitosos, que Clutch siguen funcionando contra viento y marea a pesar de que “Psychic Warfare” (2015) sea la clara demostración de que la renovación es necesaria y que Dunsmuir es quizá el golpe de suerte más grande que ha tenido Neil Fallon en los últimos años firmando un disco que no hace agua en ningún momento y cuyas canciones entran desde la primera escucha y te harán mover la cabeza desde el primer segundo. Y es que Dunsmuir lo tenían todo para ser un pinchazo y no por la valía de sus integrantes. Puede que muchos deseen mi lapidación si afirmo que de las carreras de Dave Bone (The Company Band) y Brad Davis poco se espera ya (maldita sea la mala suerte de Fu Manchu por no alcanzar mayor reconocimiento) y no me gustan las últimas declaraciones de Vinny Appice, un músico al cual admiro y con un currículum espectacular pero cuyos últimos pasos no me han gustado demasiado y parecen la eterna bísqueda de un artista perdido (Kill Devil Hill, Martiria, Toehider, Joels Hokestra’s 13, Stonehand o Resurrection Kings) haciéndome pensar que no ha sido capaz de encontrar su lugar tras la infinita sombra de Dio o Sabbath y por supuesto que tampoco me gusta su extraña alianza con el insidioso Vivian Campbell en los oportunistas Last In Line que claro que tienen todo el derecho de hacer lo que les plazca pero cuyo debut, “Heavy Crown” (2015), es tan forzado como mediocre. Y tenemos a Neil Fallon al que respeto tanto como en estima siempre he tenido la discografía de Clutch a los que gustándome como me gustan, parecen sumidos en una línea descendente desde “Blast Tyrant” (2004) en una carrera en la que si bien poco nos decepcionan, “Strange Cousins From The West” (2009) y el mencionado “Psychic Warfare” (2015) sí que nos demuestran que son humanos; bien es cierto que muchas bandas ya los querrían para sí y firmarían con el mismísimo diablo por grabar discos así pero también que a Clutch hay que pedirles más, mucho más porque sabemos de lo que son capaces.

Y nos encontramos con el caso de Dunsmuir, uno de esos en los que más vale que no decidan repetir la jugada por aquello de no tentar a la suerte. Un álbum que gustará a fans del metal pero también del stoner, del hard rock o del rock a secas porque sus canciones tienen vocación de grandes y son las justas para que nos enamoren desde el primer momento, conformando un disco casi perfecto (casi porque algunas de ellas no llegan a la excelencia y otras zozobran levemente) en el que bastan sólo diez para convencernos. “Hung on the Rocks” nos golpeará con inmediatez, suena a Clutch; es verdad, en parte por el característico tono de Fallon –ese que a veces es capaz de lastrar las canciones dada su poca versatilidad- pero la base es más clásica, más cercana al hard y Appice lo constata con ese cencerro y su clásica pegada o esos licks tan pegadizos de Dave Bone. Lo que enamora de Dunsmuir es el crisol de influencias bajo una señas de identidad tan marcadas que les permiten el mestizaje entre la NWOBHM o el mismísimo punk en “Our Only Master” o la pegadiza y oscura “The Bats (Are Hungry Tonight)”; quizá una de las mejores de este debut .

“What Manner of Bliss?” suena a Sabbath y es imposible negarlo tanto como inútil porque es grande que haya una pizca de los de Birmingham con forma de medio tiempo si somos capaces de alejarnos de las extrañas comparaciones y disfrutar de lo que Dunsmuir nos ofrecen sin ninguna pretensión más.

Más cómodos y sueltos se les siente en “Deceiver” en la que Fallon intenta cambiar de registro tratando su voz con una leve ‘reverb’ en los recitados que nos llevará directos a los ochenta o de viaje a los setenta y Judas Priest con “...And Madness”. Ese influjo hard de Appice llevará a Fallon y Bone a un cierto sabor angelino en “Orb of Empire” mientras “Church of the Tooth” es una revisión doom a la que le falta una mayor presencia del bajo de Davis para darnos el gusto (algo imperdonable y es que le falta mucho cuerpo) y “The Gate”, sin ser de las más inspiradas, es un solidísimo tema que deberían haber elegido para cerrar en lugar de “Crawling Chaos!” en la que Fallon se atreve de nuevo con la narración sobre una repetitiva base en lugar de lanzarse al galope como en anteriores temas.
Neil buscaba oxígeno y ha encontrado la inspiración que quizá Clutch deberían haber lucido en “Psychic Warfare” mientras Appice ha firmado un disco que seguramente venda infinitamente menos que Last In Line pero que suena indudablemente más auténtico que sus últimos diez años de carrera. Casos así se dan poco y mejor no volver a intentarlo mientras entre nosotros nos preguntábamos, ¿por qué no habremos escrito antes sobre Dunsmuir? (se publicó en verano). Todo un acierto, modesto y alejado de los focos pero sólido y adictivo en su sencillez.

© 2017 Conde Draco

Crítica: Gone Is Gone “Echolocation"

Castigarme a mí mismo al más puro estilo masoquista escuchando el debut de Gone Is Gone no entraba en mis planes y más tras haberme aburrido con su insípido debut pero mi pasión por Mastodon es superior a mi razón. Sé que muchos me dirán que es una estupidez escuchar a Gone Is Gone esperando encontrarse con algo de lo que hizo famosos a los de Atlanta pero si a ello le sumamos mi afición a Queens Of The Stone Age desde aquel 1998 o a At The Drive-In, no es de extrañar que sí tuviese algo de curiosidad por ver cómo se manejaban Gone Is Gone en un larga duración (muy al contrario que todos esos que seguramente les disfrutarían de la misma manera si sus protagonistas no tuviesen a sus espaldas el jugoso currículum del que hacen gala) tras el aperitivo que supuso aquel EP con duración de LP y la verdad es que la mejora es sustancial. No es que “Echolocation” sea la piedra filosofal y nos haya descubierto algo o vaya a tener más en cuenta a esta formación que, como Giraffe Tongue Orchestra (aunque con mucha menos gracias), nada en las aguas del lapso de tiempo que podríamos considerar como descanso para sus integrantes, es que “Echolocation” –a pesar de una mayor coherencia- sigue resultando tan intrascendente como las primeras canciones que parieron y vieron la luz hace unos meses. Pero el problema del álbum es su carencia de chispa; es cierto que podríamos decir que han acertado y han conseguido fusionar todas sus influencias y algo (¡muy poco!) del sabor original de sus respectivas formaciones bajo el hipnótico tratamiento de unas guitarras que se superponen entre capas y capas de efectos, que son capaces de crear texturas al más puro estilo de Deftones (por el contrario, sin la explosión de rabia contenido de los de Chino) pero también que la inspiración parece haber pasado de puntillas por el estudio cuando una introducción como la de “Sentient” se hace tan extensa como para provocarnos el bostezo en sus casi seis minutos de repetición y matarnos casi cualquier atisbo de curiosidad por lo que sigue.

Es por eso que agradeceremos “Gift” o “Resurge” pero deberemos obviar “Dublin” si querremos que este primer álbum se queden grabado en nuestro cerebro y no lo desechemos a la papelera de reciclaje tras sus primeras escuchas. “Ornament” es interesante, claro que sí, pero sigue sin eclosionar; sin romper, como le ocurre a la más nerviosa “Pawns” o ese medio tiempo más propio de la atmósferas opresivas de Mánchester en los ochenta que de Norteamérica. Agradezco la investigación, las ansias de trascender, de innovar y sorprender el camino no es el aburrimiento de “Roads” o las forzadísimas “Slow Awakening” y “Fast Awakening” (en la que, por lo menos, nos desvelarán ligeramente del extraño sopor en el que nos han querido sumergir en las nueve canciones anteriores).

La nana que es “Resolve” posee más magia que todo el álbum junto pero tampoco suficiente de ella como para hacerla inolvidable o siquiera tengamos la absurda tentación de darle de nuevo al botón del reproductor y escucharla otra vez mientras que (¡oh, maravilla!), “Echolocation”, sí que sorprende y parece resumir a a perfección lo que quizá Gone Is Gone querían buscar a lo largo de un álbum que ha zozobrado entre el tedio y la nadería, entre la conjunción de buenas ideas y la incapacidad para llevarlas a cabo; de intentar capturar en el estudio lo que los músicos seguramente tengan en su cabeza, lo que quiera que sea, para justificar un proyecto así. “Echolocation” es valiente y más arriesgada, con una melodía clara y un sonido refrescante, con más emoción y sentimiento que ninguna; una pena que sea la última, aunque una despedida así nos haga entrar de nuevo en el disco e intentar encontrar sin éxito las trazas que tanto nos han gustado en ella.

Veinte canciones (entre su EP y este álbum) son demasiadas para un experimento que no termina de cuajar y son la evidencia de que Gone Is Gone no merece más oportunidades que cualquier otro proyecto de Sanders y, por supuesto, que un disco de cualquiera de las bandas que le han llevado a la fama a él pero también a Troy Van Leeuwen, Tony Hajjar y Mike Zarin. Así no es de extrañar que muchos creyeran que “Broken Lines” era una maravilla, “Echolocation”, aunque muestre señales de mejoría respecto a su antecesor, nos demuestra que Gone Is Gone son igual de indigestos en un formato como en otro; debería haber sido un EP o directamente no haber sido publicado tras el fiasco anterior y un álbum de Mastodon en ciernes que nos haga olvidarnos de esto. De obsolescencia programada.


© 2017 Jack Ermeister

Crítica: Crowbar "The Serpent Only Lies"

Imagínate que la banda de metal más popular del mundo te encarga la realización de la portada de su primer álbum de estudio en ocho años y tú, no se sabe cómo, terminas entregando el diseño que otra banda –mucho menos popular- ideó para su propio disco hace dieciocho años y solventas el desaguisado riéndote de todo y de ellos, evidenciendo aún más tu falta de profesionalidad.; ¿quién coño conoce a Crowbar? Eso es lo que le ocurrió decir a Dimitri Scheblanov de Herring & Herring, cuando justificó su trabajo y el de Turner Duckworth para el esperadísimo “Hardwired... to Self-Destruct” de Metallica y su más que razonable parecido con “Odd Fellows Rest” (1998) de Crowbar en uno de esos momentos en lo que merece más la pena callarse a abrir la boca y disipar cualquier duda sobre tu estulticia ante la mirada de Lars Ulrich, sabedor de que cada paso de Metallica será examinado con lupa por millones de personas. Por suerte para algunos, parece que la sangre no llegó al río y Crowbar decidieron no tomar acciones legales, ¿se imagina alguien si hubiese ocurrido al revés? Por todos es sabido el celo de los abogados de Metallica cuando enviaron un aviso a la banda tributo canadiense Sandman por utilizar la tipografía de los de San Francisco…

Pero vayamos a lo que nos importa porque amar la música –y más en concreto un subgénero como es el metal- y no conocer a Crowbar carece de todo sentido y más cuando Kirk Windstein parece haberse empeñado en recordarnos a todos que había vida tras Phil Anselmo y Down, tras un “Lifesblood For The Downtrodden” (2005) y los seis años que lo separaron de “Sever The Wicked Hand” (2011) que, aunque correcto, no fue más que un simple calentamiento para el notable “Symmetry In Black” (2014) y este “The Serpent Only Lies” (2016) que continúa su senda y, aunque a Windstein le hubiese gustado dar un pasito más, es imposible negar que a pesar de no haberse alejado de las coordenadas de Crowbar y su anterior trabajo, es uno de los trabajo más sólidos del año pasado aunque inevitablemente siempre quede a la sombra de “Sonic Excess In Its Purest Form” (2001). Por otra parte, ¿quién quiere que Crowbar innoven o evolucionen más allá de lo estrictamente necesario?

Junto a Matthew Brunson, Tommy Buckley y de nuevo Todd Strange en sus filas, Windstein (junto a Duane Simoneaux en las mezclas) han decidido presentar un disco robusto en el que los asfixiantes guitarrazos de monolítico sonido vuelven a ser la seña de identidad de unos riffs pantanosos que, por desgracia, colmarán de envidia a Phil Anselmo; quien ha decidido revivir a Superjoint Ritual (ahora simplemente Superjoint) y ha firmado un “Caught Up in the Gears of Application” que si nos ha llegado a gustar es porque ya son muchos años amando el sonido Nola y siguiendo la carrera de Anselmo más que por lo logros propios de un álbum con un sonido a veces pobre y tan sólo dos o tres canciones como auténticas valedoras mientras que Windstein puede presumir de que “The Serpent Only Lies” es capaz de devorar los últimos dos trabajos de su amigo Phil que parece estar pensándose demasiado la continuación de “Down III: Over the Under” (2007) desde que Kirk dejase el proyecto para centrarse en Crowbar y Bobby Landgraf haya sido su reemplazo.

“Falling While Rising” es una buena carta de presentación para todos aquellos que no conociesen a Crowbar hasta la fecha y los diseñadores de Metallica; un sudoroso riff que parece moverse como una enorme Titanoboa con un Kirk rugiendo al más puro estilo de Crowbar y Matthew, Todd y Tommy siguiéndole a lomos de la prehistórica serpiente, una canción que junto a “Plasmic And Pure” dejan poco a la imaginación pero nos dan lo que pedimos en un disco de los de Nueva Orleans. Es por eso que agradeceremos el cambio que supone la desgarradora “I Am The Storm” y ese acelerón tan refrescante y que tanto echaremos en falta en las asfixiantes “Surviving The Abyss” o “The Serpent Only Lies” (esta última es densa, en efecto, pero también posee un genial cambio de ritmo así como un lentísimo estribillo que atrapa al oyente). ¿Por qué digo todo esto?

Porque si un defecto podríamos echarle en cara a “The Serpent Only Lies” es lo homogéneo en la composición; pocas sorpresas habrá en sus surcos con una canciones en las que se repiten las estructuras más de lo deseado (como en “Embrace The Light”) y termina por agotar al oyente casual o a ese que no ponga demasiada atención en el disco y, sin embargo, agradecerá esos pequeños oasis en el desierto que son la épica “On Holy Ground” (tremendamente emocionante desde su introducción al último de sus segundos) o la ensoñadora “Song Of The Dunes” en la que se olvidan de sus cavernosos riffs para construir una canción más cercana al postpunk que al groove aunque la cabra tire al monte y Kirk Windstein prefiera despedir el álbum con “As I Heal”.

“The Serpent Only Lies”, en efecto, puede acusar una repetición constante en las estructuras de sus composiciones y eliminar casi cualquier factor sorpresa en su escucha pero también es verdad que es un álbum tan potente y satisfactorio como “Symmetry In Black”, además de salir victorioso en la inevitable comparación con “Caught Up in the Gears of Application”, además Kirk Windstein demuestra estar de lo más inspirado en sus letras y tener el excelente gusto de haber elegido al genial Eliran Kantor para la portada del álbum. El equipo de diseño de Metallica ya no tiene excusa para no saber quiénes son Crowbar, “The Serpent Only Lies” demuestra que hay vida tras “Sonic Excess in Its Purest Form”, Down y sí “Hardwired... to Self-Destruct”…

© 2017 Lord Of Metal


Crítica: Nine Inch Nails “Not The Actual Events"

Hay veces que uno escribe la crítica de un disco y parece que ha de justificarse desde la primera línea y es tremendamente agotador. Cuando así me ocurre y le cuento al lector sobre mi amor y desvelos por una banda o un artista no es por colgarme ningún premio o perder toda credibilidad por ser tachado como un fan sin criterio alguno. Es, simplemente, para que entienda que lo que va a leer a continuación está escrito por alguien para el que la música que ha escuchado significa realmente algo. En el caso de Nine Inch Nails, admito sin ningún tipo de complejo que mi primer toma de contacto fue “Fixed” (1992) y viví los noventa con “The Downward Spiral” (1994) como banda sonora porque aquel disco –aquel disco, amigos míos- es más grande que la propia vida; uno de esos momentos en el que el artista es tocado por una varita y sabe capturar el momento y a todas las musas que le rondan creando un mundo tan fascinante como para sumergirse en él y pasar los próximos años buceando en sus surcos, descubriendo los acertijos que plantean y juntando todas las piezas de un rompecabezas que debió gestarse en la calurosa noche del 9 de agosto de 1969 en que asesinaron a Sharon Tate en el 10050 de Cielo Drive. Después llegó la fragilidad, la calma y el apretar de dientes, el año cero y los remixes, los fantasmas del desierto, las heridas de la duda de los suicidas y, claro que sí, las bandas sonoras con Atticus Ross porque los genios como Reznor también cumplen años y, a veces, mueren de éxito. ¿Qué es lo que estoy queriendo decir? Pues que tras “The Downward Spiral” la vida de Reznor tampoco ha sido más fácil y bien por la muerte de su abuela, las decepciones con quienes creía amigos, la locura de algunos seguidores y el éxito, además de su coqueteo inicial con Lynch -que seguramente fue el inicio de su relación de amor con el septimo arte-, además de la superación de sus addiciones y su nueva vida sentimental, Reznor se planteó lo que todos aquellos que crean se llegan a cuestionar; ¿qué necesidad hay de Nine Inch Nails? Y con sus dudas y coqueteos con las bandas sonoras y Ross llegaron los descansos y los amagos de retirada pero también los regresos y, cómo no, este primer EP en más de veinte años junto con la reedición de su discografía y la promesa rota de haber publicado nuevo material a lo largo del pasado 2016 y que parece no haber querido abandonar con la noticia de este “Not The Actual Events” a una semana de acabar el año.

El resultado es irregular pero prometedor; irregular porque de cinco canciones tan sólo se pueden tomar dos o tres que de verdad merezcan la pena y hay que reconocer que no posee el espíritu aventurero e innovador con el que siempre es asociado casi cualquier proyecto de Reznor pero también prometedor porque, como EP, posee el suficiente valor como para servir de calentamiento para esos dos posibles trabajos que asegura se publicarán en este año en curso. “Not The Actual Events” posee el sabor -a pizcas, eso sí- de “The Downward Spiral”, rompiendo la senda de “Hesitation Marks”, en algunas de sus chirriantes guitarras –esas que antes parecían tan tóxicas como para poder perforar casi cualquier metal-, “She's Gone Away”, pero también el influjo electrónico de Ross y esas atmósferas más lúgubres.

“Branches/Bones” es el claro ejemplo de la influencia de Atticus Ross y podría ser la continuación de “Hesitation Marks” de no ser porque transita por terrenos habituales de Reznor desde 1994 y supondrá un reencuentro con nosotros, todos su seguidores, lo mismo le ocurre al colchón electrónico de “Dear World” que nos recordará a “Heresy” pero sin la mala leche herética de aquella, su percusión industrial y, por supuesto, muy alejada de su corrosivo estribillo, siendo cuatro minutos de auténtico letargo en el que nada nos despertará. Algo que confirmamos en la hipnótica “She's Gone Away” en la que transforman lo que podría haber sido una lisérgica canción sesentera en un mantra industrial que tampoco termina de estallar en nuestras narices.

Por suerte, “The Idea of You” desmonta la tónica del EP con Dave Grohl como invitado tras los parches que, por primera vez en mucho tiempo, puede presumir de una discreción de la que no suele hacer gala en el resto de colaboraciones. Constantes cambios de ánimo con dobles voces y un fortísimo riff enmascarado en media docena de efectos que, a pesar de ser lo mejor del disco, son incapaces de disimular una composición que por supuesto que funciona pero cuya estructura se hace repetitiva y elimina el factor sorpresa. “Burning Bright (Field on Fire)” transmite la clásica sensación crepuscular de Nine Inch Nails (sí, puede parecer ridículo pero no se me ocurre mejor adjetivo para describir esos momentos de increíble belleza que a veces Reznor ha sido capaz de crear bajo capas y capas de sintetizadores, frustración y “ruidismo”) con Dave Navarro a las guitarras y, de nuevo, todo un ejercicio de contención al más puro estilo de Grohl en “The Idea of You”, en el que parece que a ninguno de los dos músicos se les ha permitido que su insufrible ego se superponga a su talento en las canciones para las que sirven o al propio de Reznor.

Un lanzamiento, “Halo 29”, que gustará a completistas pero cuya mayor virtud es la de alimentar las ilusiones de un posible nuevo álbum que, aunque contenga la influencia de un pasado glorioso, mire de nuevo al frente. Reznor y su ahora inseparable colaborador, Atticus Ross, pueden sentirse orgullosos haciendo que todas las miradas se posen sobre ellos, aunque no sea por lo innovador de sus nuevas canciones y sí por el próximo regreso de Nine Inch Nails.

© 2017 Jim Tonic

Crítica: Superjoint “Caught Up In The Gears Of Application”

Vaya por delante que nunca podré estar de acuerdo con ninguna muestra de intolerancia, que nunca veré con buenos ojos la actitud de Phil Anselmo y su ya legendaría metedura de pata con el aprovechado de Robb Flynn arrimando el ascua a su sardina y esos seguidores mojigatos que aseguraban haberse quedado ojipláticos con el saludo nazi de Phil. ¿Es que acaso todas estas almas puras e inocentes han estado hibernadas los últimos veinte años? ¿Cómo es posible que varios chavales asegurasen haber tirado sus discos de Pantera tras el incidente? La respuesta quizá no resida tanto en un supuesto estado de letargo sino en la pura y supina ignorancia y quizá la edad. ¿Dónde estaban todos esos chavales ahora dolidos con Anselmo en los noventa? ¿Acaso miraban hacia otro lado cuando Dimebag lucía la bandera confederada en su célebre guitarra, ignoraban esos saludos neonazis de Anselmo o no conocían la polémica de ese “White Power” en “A New Level”? No, debe ser que no lo conocían o se fían de Vinnie Paul cuando en un ataque de fariseismo asegura que si lucían la bandera sureña era porque les gustaba como la lucían Lynyrd Skynyrd; lo peor no es haber hecho algo reprobable o haberse confundido, lo peor es tratarnos como idiotas a todos aquellos que les conocemos desde hace muchos, muchos años.


¿Apruebo la actitud de Anselmo? ¡Jamás, no podría encontrar algo más opuesto y asqueante a mi ideología y manera de entender la vida! Pero también creo que en un momento de intrascendentes ídolos pop, gente como Phil Anselmo o Axl Rose (dejemos a un lado a un descerebrado como Ted Nugent, por favor, que ya es caso aparte) siguen aportando la misma dosis de peligrosidad al mundo de la música sólo que hace muchos años no existía esta hipersensibilización que a veces impide la tabula rasa y juzga por igual absurdos traspiés –lógicamente cuestionables- con actitudes más perniciosas pero soterradas bajo el buenrollismo generalizado de aquellos que se permiten levantar la mano y apuntar. Lo que hizo fue deleznable, ¿pero nadie sabía de los antecedentes de Anselmo, por qué la sorpresa? ¡Sorprendente habría sido ver a Bono o Sting vestidos con el uniformes de las SS pero ver a Anselmo borracho como una cuba haciendo una estupidez de ese calibre es algo a lo que las generaciones que crecimos con Pantera estamos ya acostumbrados! Obviamente, que lo hiciese antes no le da carta blanca para seguir haciéndolo pero tampoco al gran público a tomar una actitud tan cínica y despreciar cualquier futuro trabajo de Anselmo. Podría citar decenas de cientos de músicos que han lucido con gallardía emblemas nazis, actitudes ‘redneck’, letras abiertamente sexistas, machistas, violentas hasta el paroxismo, racistas y tendenciosas, de mal gusto o clara y abiertamente de actitud extrema a los que el público (niños y niñas, queridos míos) parece amar y no reparar en nada de ello, tomándoselo como un chiste.

En su defensa y desde mi modesta posición, he de decir que he coincidido con él en persona en varias ocasiones y en todas me ha hecho sentir a mí y todo el que se ha acercado como si fuésemos bienvenidos, un tipo cariñoso y amigable que no duda en pasarte su email, hablar de discos y Pantera y tratarte con un cuidado y una cercancía inauditas para alguien de su leyenda. Sí, de su leyenda porque no nos olvidemos que Anselmo, por muy bocazas que nos pueda parecer, es vital para entender el metal en los noventa y, a pesar de seguir cumpliendo años, sigue teniendo la misma ilusión por la música y no duda en embarcarse en mil y un proyectos. Como anécdota, puedo recordar cuando hace casi cuatro años me llegó un email de su oficina pidiéndome mi dirección personal para mandarme un regalo y al cabo de casi un mes apareció un bonito póster de Down firmado por toda la banda o aquella vez que me vio en el mítico Hellfest francés con un disco de Pantera y me dio un enorme abrazo de oso sin conocerme de nada. Phil puede ser un patoso y un bocazas pero donde gana, sin duda, es en las distancias cortas y, por supuesto, en sus discos.

Superjoint (que no es otra cosa que la continuación de Superjoint Ritual) es la reencarnación de un proyecto que pareció morir justo cuando asesinaron al propio Dimebag pero también con la publicación de “A Lethal Dose Of American Hatred” y que ahora Kevin Bond, Jimmy Bower y el propio Anselmo se han empeñado en resucitar contra todo pronóstico. Resulta del todo imposible negar la enorme distancia que hay entre el virulento “Use Once And Destroy” (2002) o su continuación, ese más taimado “A Lethal Dose Of American Hatred” (2003), pero también que “Caught Up In The Gears Of Application” gustará a todos los devoradores de las anteriores entregas, del legado de Anselmo y, por supuesto, del sonido NOLA porque eso es lo que encontrarán en este álbum de Superjoint; rabia, suciedad y la fortísima humedad pantanosa y mestiza de Nueva Orleans. Quizá el menos agraciado de su discografía pero todo un puñetazo de auténtico metal norteamericano para aquellos que duden todavía de la integridad musical de Anselmo.

Acoples, retroalimentación y Phil narrando antes de atacar la canción con una rabia que hacía años que no sentíamos en sus cuerdas vocales, con una letra agresivísima y un empuje brutal desde el primer segundo, justo lo que necesitábamos los amantes de su música y que no echaremos en falta tampoco en el segundo corte, “Burning the Blanket”, rapidísimo hardcore marca de la casa, con Joey Gonzales aporreando duramente los parches y Bower y Taylor siguiendo a Anselmo con una voz rasgadísima y procesada, entre la cerveza y el whisky, la mala uva de “Use Once and Destroy” y “The Great Southern Trendkill” pero también evidencia algunos de los problemas de “Caught Up In The Gears Of Application” y son principalmente su sonido (con tanto ‘barro’ y suciedad de las orillas de Nueva Orleans que llega a parecer una maqueta por momentos) y el apartado lírico en el que Anselmo, aunque nunca haya sido Yeats, peca de brutote y simplista y como ejemplo de ello podrían ser “Ruin You” o “Asshole” pero también hay que entender el escatológico humor al que suele recurrir a veces.

Aquella que da título al disco es un buen ejericio de rabia con un riff resultón pero repetitivo como “Sociopathic Herd Dillusion” intenta bajar las revoluciones y acercarse a ese Hardcore & Roll tantas veces intentado pero tan pocas veces conseguido. Por suerte, en “Circling the Drain” logran llegar allá donde no lo han logrado en todo el disco pero acusa de una repetición que la termina condenando. “Clickbait” o “Mutts Bite Too” vuelven a meternos de lleno en un disco en el que si bien no podría haber mucha queja, tan sólo es sustentado por dos o tres canciones que de verdad supongan algo relevante en la discografía de Superjoint/ Superjoint Ritual y “Rigging The Fight” y “Receiving No Answer to the Knock” lo cierran con la misma suciedad, mayor actitud y agresividad pero las mismas ideas propuestas a lo largo de las nueve canciones anteriores.

No cambiará la opinión que muchos tienen de Anselmo y tampoco hará que Superjoint consiga nuevos seguidores pero tiene algún que otro momento que justifica su escucha y, por supuesto, su compra pero quizá lo más importante es que Phil Anselmo sigue vivo, creativamente hablando, y prefiere saltar de un proyecto a otro antes que aferrarse a un glorioso pasado y eso le honra, a pesar de que, de vez en cuando, lo siga estropeando cada vez que se toma unas cervezas y abre la boca.

© 2016 Jack Ermeister

Crítica: Bon Iver "22, A Million"

Al final resulta que era tan hipócrita como los lectores que aguantan, día tras día, algunas de mis críticas y, aunque escuchaba tanta música como siempre había afirmado, mis oídos no toleraban casi ningún sonido publicado posteriormente a los noventa y cuando quería encontrar algo de consuelo siempre recurría a los sesenta y, más en concreto, a los setenta. No es que no le vea el punto a Father John Misty y su pretendidamente original actitud vital –entre la jeta más apabullante del vividor y el desahogo esnob más surrealista y artie- a Bright Eyes hace muchos años, a un trobador como el gran Ryan Adams (al cual reconozco que verle en directo durante la gira de “Gold” fue casi una epifanía) o demás moderneces como Justice o Timbaland, no. Es que cada vez que buscaba refugio siempre acudía a Dylan –siempre Dylan-, Neil Young, Leonard Cohen o Tom Waits, buscaba en los surcos de “Tonight's the Night” y me amparaba en “Pink Moon” con el único capricho ya también rancio de un “Kid A” de madrugada. Es por eso que cuando descubrí “For Emma, Forever Ago” (2007), como casi todo el mundo que ahora adora o reniega de Bon Iver, y fue ascendido a los altares del indie folk por una parroquia de modernetes que siempre he repudiado y su definitiva consagración con “Bon Iver, Bon Iver” (2011), entendí que su música no era para mí. No sabía muy bien por qué sus canciones me gustaban pero no me habían terminado de llegar y, por muy esnob que suene; su audiencia me repelía tantísimo como el personaje, así que no tuve más remedio que alejarme y dejar que NME o Pitchfork se deshiciesen en elogios. Pero también es verdad que puedo prometer y prometo no reírme nunca más de un eufemismo tan absurdo como el del “disco de muchas escuchas” cuando en realidad queremos referirnos a una obra infumable o de difícil digestión porque es lo que me ha ocurrido con “22, A Million”.

El concepto de artista torturado es un cliché y en muchas ocasiones tan sólo sirve para transformar en personajes a seres humanos corrientes y molientes cuyas obras no poseen la suficiente enjundia por sí misma como para aguantar los envites del paso del tiempo y el juicio del propio público. ¿Justin Vernon sufriendo mal de amores, pánico escénico, aversión a la fama? ¿Disfrutando de eternos maratones de series como “Doctor en Alaska”, encerrado en una cabaña, perdida en el monte, devorando Häagen-Dazs de vainilla con nueces de Macadamia? ¡Vamos, contadme algo nuevo o no tan mundano porque esa podría haber sido mi propia historia o, posiblemente, la del lector que posa su vista sobre estas líneas! ¿Qué hay de nuevo en todo eso? Es más, cuando vi los títulos de las canciones; "22 (OVER S∞∞N)", "10 d E A T h b R E a s T ⚄ ⚄" o “21 M◊◊N WATER" y leí sobre el proceso de deconstrucción de estas o escuché algún adelanto con el dichoso Auto-Tune usado hasta el paroxismo como esos mediocres que creen que rociar cualquier carne con Pedro Ximénez es todo un signo de distinción o innovación, no pude sentir menos pereza por “22, A Million”.

Y, sin embargo, un buen día me encontré a solas en un hotel y aquel disco me llamaba poderosamente desde mi reproductor, me puse los cascos y, por muy cursi que pueda parecerle a cualquiera que me lea, sentí que esas canciones eran inoculadas en mi organismo y creía comprender lo que Vernon trataba de decirnos. ¿Me había vuelto loco? No, había llegado el momento de escuchar de verdad “22, A Million” y no de escribir una crítica a vuelapluma, con prisas y menos ganas, tan sólo para cubrir el lanzamiento y ganar algunas visitas con no sé muy bien qué propósito a estas alturas. Así pasé varios días, casi en completo aislamiento por motivos de trabajo, escuchando únicamente este disco y creédme que tengo un buen par de Teras con toda la obra de Young y Dylan entre otras toneladas de música pero no, mi corazón me pedía “22, A Million”.

Muchos colegas defenestraron el disco en pocas horas, ¿le dieron el tiempo que se merecía? La mayor parte de ese público que no ha sabido apreciar “22, A Million” porque no lo ha entendido o no ha querido arriesgarse es precisamente la que le pide riesgo al propio Bon Iver, ¿no es ridículo? “Esto terminará pronto” reza “22 (OVER S∞∞N)”, una canción que se despereza y que utiliza esa frase, a modo de mantra, para desbloquearnos. ¿Miedo a los efectos del éxito, a la ansiedad de la cantidad de expectativas puestas en uno mismo? Bon Iver las desmonta con esta primera canción; nos recuerda nuestra vulnerabilidad y lo temporal de todo hecho y, por todos es sabido, que una vez nos liberamos de casi cualquier opresión y entendemos la mortalidad de nuestra realidad es justo cuando no tenemos nada que perder.

Y así parece en “10 d E A T h b R E a s T ⚄ ⚄” con ese falsete oculto tras capas de percusión y el sampler de “Wild Heart” mientras el Dylan del “Blonde on Blonde” se viste con las ropas de Radiohead y Bon Iver tiñe a los de Oxford con los colores otoñales y la matería prima de los secretos de “Vespertine” (2001) de Björk. ¿Es Kanye West? No, es Bon Iver deconstruyendo su propio tono gracias a un masivo uso del Auto-Tune en “715 - CR∑∑KS” en la que logra parir una de las melodías más bonitas de todo el álbum mientras su voz intenta romper la burbuja tecnológica e incluso creemos sentir ese titubeo analógico inequívoco de una cinta de casette pasada de escuchas. Sin embargo, tras una genialidad de ese tamaño, “33 „GOD‰” nos romperá con su vulnerabilidad en una de las canciones más sensibles que le he escuchado a Bon Iver sino fuese por la continuación con “29 #Strafford APTS” o la minimalista y maravillosa “666 ʇ” con camplers de “Standing In The Need Of Prayer” y un ritmo construido con mimo por la intensidad.

“21 M◊◊N WATER” es puro ambient que servirá de pasaje a “8 (circle)”, puro soul, o el jazz de baratillo (dicho con todo el cariño del mundo) a 8 bites que parece “____45_____” y una despedida por todos los Neil Young del universo con “00000 Million” en la que parece que somos testigos del auténtico deshielo y entendemos aquello “esto terminará pronto…” de “22 (OVER S∞∞N)”. Leerme escribiendo que es un disco al que hay que darle tiempo o escuchas es tan absurdo o más que verme escuchándolo una y otra vez en diferentes ciudades y siempre esperando la próxima ocasión como si de un Bill Murray de segunda me tratase y estuviese permanentemente perdido en Tokio pero es la primera vez que conecto a un nivel emocional semejante con un álbum que soy capaz de escuchar de un tirón, sin saltarme ni una sola canción. Amigos míos, de canciones así es de lo que se componen los sueños o, mucho mejor, la vida…

© 2016 Jim Tonic