"Emperor Of Sand" de MASTODON

El cáncer, el paso del tiempo y la redención en la nueva obra maestra de los de Atlanta.

PILLORIAN, de las cenizas de AGALLOCH

John Haughm vuelve a la carga con uno de los mejores discos del año, "Obsidian Arc"

KREATOR, el olor del buen thrash alemán por la mañana...

Su intención era continuar la senda de "Phantom Antichrist" pero han parido un nuevo monstruo aún más feroz...

TRENT REZNOR y ATTICUS ROSS mantienen las expectativas

Publicando un EP de NINE INCH NAILS bastante tibio pero que ameniza la espera del nuevo álbum...

El emotivo lanzamiento de LAMB OF GOD

"The Duke" es la historia de una estoica lucha contra el cáncer pero también de una amistad...

ESPECIAL NICK CAVE

Un repaso a la discografía principal de NICK CAVE; un viaje turbulento a través del blues, los asesinos en serie, la biblia y los esqueletos de los árboles...

THE DILLINGER ESCAPE PLAN se despiden a lo grande

Anuncian su separación pero firman "Dissociation", quizá su mejor disco hasta la fecha...

Fenriz y Nocturno Culto han vuelto con "Arctic Thunder"

Crítica y fans siguen ladrando al paso de DARKTHRONE, luego cabalgan...

Ese genio llamado DEVIN TOWNSEND

Nueva dosis de grandilocuencia, sobreproducción y exceso creativo del canadiense en "Transcendence"...

ALEMANIA no levanta cabeza...

Primero nos decepcionaron DESTRUCTION con "Under Attack" y ahora son SODOM con "Decision Day", por suerte tenemos a KREATOR.

NAILS: "Nunca serás uno de los nuestros"

Si este álbum se hubiese publicado en los ochenta estaríamos hablando de todo un disco de referencia, una obra seminal en la que muchos artistas se mirarían y buscarían para definir su propio sonido.

HARAKIRI FOR THE SKY regresan con "III:Trauma"

Los austríacos parecen firmar el final de un trilogía con su mejor álbum hasta la fecha.

¿Un disco de thrash progresivo, conceptual y ambientado en el espacio?

VEKTOR han firmado uno de los grandes álbumes del año. Tan técnico y apabullante como emocionante y épico que te deja con ganas de más.

La escapada a ninguna parte de RED HOT CHILI PEPPERS...

Aquellos que esperan reencontrarse con los Chili Peppers de siempre se darán de bruces con un disco atípico y con canciones poco inspiradas o indignas de unos músicos que podrían dar mucho más de sí y parecen haber perdido la frescura.

El irregular regreso de DARK FUNERAL

Los suecos aciertan de pleno en el título de su nuevo álbum en el que, en efecto, sólo hay sombras, poca luz y menos oscuridad...

"Magma" de GOJIRA: el disco de la polémica.

Para muchos es una obra maestra, para otros el primer paso en falso de los de Bayona. Los hermanos Duplantier, por primera vez, no cumplen las expectativas.

La decepción de DESTRUCTION...

Tras muchas escuchas, el último álbum de los thrashers alemanes muestra su gran punto débil en la composición.

ROB ZOMBIE repite la misma fórmula...

Resulta complicado evaluar un álbum que ya hemos escuchado un millón de veces a lo largo de los últimos veinte años pero con título diferente, Rob Zombie produce discos como una cadena hamburguesera; sacian al instante pero no alimentan a la larga...

La piscina con forma de luna de RADIOHEAD

Cincuenta y dos minutos y once canciones es lo único que le hace falta a la banda para demostrar que siguen siendo tan geniales como sorprendentes tras cinco años de ausencia...

Así es "Dreamless" de FALLUJAH

Mejorando el sonido en el estudio tras "The Flesh Prevails" pero con una segunda cara regular, electrónica y repleta de altibajos.

AMON AMARTH: nunca des la espalda a un vikingo

"Jomsviking" es el mejor álbum de los suecos desde "Twilight of the Thunder God", Odín vuelve a estar con ellos...

¡Nos largamos de nuevo al HELLFEST!

Nos llena de orgullo y satisfacción; otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo... le meilleur festival du monde!!

Jesse Leach se abre en "Incarnate" de KILLSWITCH ENGAGE

Y publican un álbum sólido y coherente pero la sombra de "Alive Or Just Breathing" es alargada…

"Phenotype" de TEXTURES; ¿tendremos que esperar a escuchar su genotipo?

Los holandeses vuelven con un álbum bajo el brazo para el que deberemos esperar a su segunda parte para saber si han acertado en el blanco...

IGGY y HOMME; la extraña pareja...

"Post Pop Depression" ha sido una de las grandes sorpresas de este año y el mejor desde "American Caesar"

ABBATH es el auténtico rey de Blashyrkh

El noruego demuestra que hay vida después de Immortal y se lo pone difícil a Demonaz con un álbum repleto de fuerza y frío invernal...

El púrpura de BARONESS es la mezcla perfecta del rojo y el negro...

John Baizley ha conseguido con "Purple", su cuarto álbum, mezclar lo mejor de "Red" y "Blue", regalándonos uno de los grandes discos del año.

Mucho color, poco curry y menos canciones; así es "A Head Full Of Dreams" de COLDPLAY

Un regreso forzadísimo al colorismo más exagerado con alguna influencia étnica, pop de celofán y una escasez de ideas tan abrumadora que asusta.

PERFECTAMUNDO y lo que pudo ser y no fue....

BILLY GIBBONS aparca temporalmente a ZZ TOP y se estrena en solitario con un álbum lleno de ritmos afrocubanos, altibajos y, por desgracia, el dichoso autotune.

CASPIAN; cuando la música puede ser arte.

Los de Massachussets han parido su mejor álbum hasta la fecha; arriesgando sin perder su identidad y conservando toda su emoción.

Las alas de cera de DAVID GILMOUR

El guitarrista de PINK FLOYD vuelve con un disco nuevo bajo el brazo, "Rattle That Lock", exquisito pero falto de unión y con demasiados altibajos.

AHAB queman las barcas...

Los alemanes han grabado un auténtico monstruo con canciones de más de diez minutos capaces de mantener tu atención y tu alma en vilo…

La mecánica de fluidos de TAME IMPALA

Kevin Parker, en constante cambio, se disculpa por ello en sus canciones pero firma uno de los discos del año.

Y al séptimo disco, CRADLE OF FILTH resucitaron…

Nueva formación y las canciones más inspiradas que Dani Filth ha escrito en los últimos quince años...

THE DARKNESS se hacen mayores...

Pero consiguen grabar un buen disco, menos histriónico y serio que los anteriores pero igual de inspirado...

Sueñan los drones con guitarras eléctricas

Primer paso en falso de MUSE, con "Drones" nos encontramos ante un disco sin rumbo, coherencia ni buenas canciones.

BLUR contraataca con un regreso por todo lo alto

Doce años después, los ingleses publican "The Magic Whip" y consiguen el aplauso unánime de crítica y público con un disco diferente.

La catarsis de BJÖRK

La islandesa encuentra la liberación a través de la palabra en su mejor disco en años.

DYLAN por SINATRA, en estado de gracia.

El auténtico placer de cumplir años es no tener ni Dios ni amo; decidir a quién se le da la mano...

ROYAL BLOOD vuelven a España...

Y nosotros rescatamos nuestra crítica de su álbum para ir calentando motores.

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

Han logrado que WEEZER publique uno de sus mejores discos en años, "Everything Will Be Alright In The End".

¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

PINK FLOYD se despiden...

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"Reflektor" es el nuevo disco de los canadienses y la crítica lo ha encumbrado a lo más alto en apenas unas horas.

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Conociendo a DAVE MUSTAINE...

Tuvimos la gran suerte de poder conocerle con motivo de su visita a España en su gira con Slayer hace dos años y ahora lo recordamos, breve pero intenso.

Crítica: Ghost Bath “Starmourner"

No hay nada más triste que cuando uno se empeña en ver las bondades de una banda, en este caso, escucharlas. Y se fuerza uno a sí mismo a que le gusten. Ghost Bath me engañaron con “Funeral” (2014) porque una banda como Deafheaven me había roto por la mitad con “Sunbather” (2013) y cuando los de Minot publicaron aquella preciosidad de “Ofelia” (1852) de Millais (quizá uno de mis cuadros favoritos) a modo de portada, ya casi no tenía argumentos para rebatirles porque hacía años que bandas de todo el globo intentaban romper con éxito los convencionalismos del black metal y lo fusionaban con éxito y belleza con el post-rock o el shoegaze. Era imposible negarse a esos Morrissey y Marr que son George Clarke y Kerry McCoy como no aceptar la belleza de Harakiri For the Sky o de “Souvenirs d'un autre monde” (2007) o “Écailles de lune” (2010) con el sensibilísimo Neige al frente; definitivamente el subgénero ya no pertenecía a los fríos fiordos sino a todo aquel que supiese mezclar con un mínimo de sensibilidad los acelerados blast beats con evocadoras capas de guitarras repletas de efectos evocando las atmósferas de Cocteau Twins o My Bloody Valentine, el dream pop al servicio del black.

Pero cuando publicaron “Moonlover” (2015), el que es su mejor disco hasta la fecha y contiene algún que otro momento de gran inspiración, sí que comencé a olerme lo que Ghost Bath se traían entre manos. No es que me diese cuenta de su poca pericia musical o su complicado esfuerzo por caricaturizar los elementos que hacían grandes a otras bandas como sus complicados títulos o desarrollos, sus absurdas entrevistas, el descubrimiento de que aquellas letras chinas con las que se nos vendieron procedían del traductor del célebre buscador de Menlo Park, California, no; tan sólo me bastó ver una actuación de la banda para entender que, como en el caso de Myrkur, Ghost Bath son un producto hecho a la medida de unos seguidores hambrientos de emociones nuevas, ensamblados como un meccano en el que han sabido juntar las piezas de todo aquello con lo que disfrutamos los aficionados. 

En su concierto me encontré con una banda carente de fundamento, con unos músicos justitos y sin pericia, un sonido y una puesta en escena muy pobre, además de una forzadísima actitud que causaba risa entre los asistentes, algo inaudito en un concierto de metal extremo. He visto a Manson simular un corte con una cuchilla durante la gira de “Antichrist Superstar” (1996) y teñir de tinta roja sus manos, a Mayhem jugar con la memoria de Euronymous, a Niklas Kvarforth errante sobre las tablas, a unos Dark Funeral en horas bajas, a Taake seguir el ritmo del banjo en “Myr” o a Sunn O))) reventarnos los oídos con el zumbido de una misma nota durante más de diez minutos y hacernos creer que aquello era, en efecto, una canción pero nunca, en mi vida, he visto tanto descojone como en la actuación de Ghost Bath en la que mis peores miedos se hicieron realidad; esta gente son los Steel Panther de lo extremo pero mientras que aquellos pretenden hacernos pasar un buen rato, estos quieren hacerte creer que lo suyo es de oficio, algo serio a lo que prestar atención y eso resulta intolerable. Me encantaría volver a entrevistar a Fenriz de Darkthrone para preguntarle qué opina de ellos…

Que lo más bonito de “Starmourner” sea su introducción, “Astral”, dice mucho de un álbum del que salvaremos poco más que su apertura y la llamativa portada. La guitarra de “Seraphic” es bonita a secas pero, sinceramente, he escuchado más complejidad en los riffs de Jon Buckland de Coldplay así que imaginémonos por dónde van los tiros; batería machacona de Taylor y Donovan dejándose la garganta entre alaridos y ninguna letra, sólo gritos en segundo plano, caricaturizando algunos de los mejores momentos del post-black metal.

“Ambrosial” fue el adelanto y es más y más de lo mismo que “Seraphic”, pistas de guitarras repletas de reverb con el mismo compás de batería y Donovan debatiéndose entre el berrido del arce en ritual de apareamiento y la parodia de cualquier banda seria de black. “Ethereal” es dream pop de bajo octanaje, inofensivo y repetitivo, como la horrorosa “Celestial” o la innecesaria “Angelic” que nos descubre a unos guitarristas a los que ni siquiera la producción de la todopoderosa Nuclear Blast puede salvar de la mediocridad, lo mismo que “Luminescence” y lo poco original de su planteamiento y posterior desarrollo.

Lo más interesante, si es que podemos decir tal cosa, es “Thrones” en la que la sobreactuación de Donovan es un horror o esos primeros segundos de “Elysian” que pronto se ven devorados por lo absurdo de la propuesta de la banda. En “Cherubim” la voz es de nuevo completamente ininteligible como lo mucho que tarda en arrancar “Principalities” o esa despedida tan desastrosa que es “Ode” en la que ni siquiera son capaces de lograr que la minimalista mezcla resultante de un piano o una batería conmueva una sóla celúla de nuestro cuerpo.

Este verano volveremos a verles en directo pero ya no esperamos nada de su actuación ni de la presentación de las canciones que componen “Starmourner”, habrán compartido cartel con gigantes como Opeth, Emperor o Coroner y lo suyo quedará poco menos que convertido en un chiste sin gracia, a su lado Steel Panther parecen Poison.

© 2017 Jim Tonic

Crítica: Suffocation "…Of The Dark Light"

Mi mayor miedo ante el nuevo álbum de Suffocation era la ausencia de Guy Marchais y Kevin Talley pero tras escuchar "…Of The Dark Light" me ha quedado más que claro que el cambio de formación no ha afectado demasiado al sonido de una banda y entiendo que sus pilares fundamentales son Terrance Hobbs y Frank Mullen y, cómo no, un auténtico monstruo como el bajista Derek Boyer y su inconfundible forma de tocar. Entran en escena Charlie Errigo y Eric Morotti a la guitarra rítmica y la batería y sería terriblemente injusto acusarles del leve cambio en el octavo disco de los neoyorquinos o incluso a Joe Cincotta, responsible de la producción, porque ni es algo tan dramático ni supongo que tan premeditado; nada más que simplemente una evolución que espero no eclosione en sus futuros lanzamientos. "…Of The Dark Light" no defraudará a sus seguidores y hará levantar la ceja a aquellos más recalcitrantes pero tampoco les convertirá en la banda de cabecera de miles de fans del deathcore porque, a pesar de algún tempo más cercano al subgénero (como ocurre en la inicial “Clarity Through Deprivation") la verdad es que el álbum remonta el vuelo en su segunda cara a pesar de sus defectos.

Una banda que regresó tras nueve años de silencio con el notable “Souls To Deny” (2004) y cuyo cambio se dejó notar en “Suffocation” (2006) y más en concreto en “Blood Oath” (2009), un álbum que fue atacado sin piedad y del que se supieron desquitar con “Pinnacle Of Bedlam” (2013). No caeré en la tentación de sugerir que me habría gustado que "…Of The Dark Light" sonará ni remotamente parecido a “Effigy Of The Forgotten” (1991), “Breeding the Spawn” (1993) o “Pierced From Within” (1995) porque tal logro está al alcance de muy pocos artistas y ni ellos, ni yo mismo somos las mismas personas; han pasado más de veinte años entre aquellos y este "…Of The Dark Light" pero sí que me habría gustado una continuación lógica a su esfuerzo del 2013 en un álbum que comienza de manera decepcionante.

Templémonos, Suffocation siguen sonando casi igual de brutales y técnicos, que nadie se lleve las manos a la cabeza que cuando escuche “Clarity Through Deprivation” no se encontrará a otra banda pero sí me sorprende ese puente más cercano a cualquiera banda de deathcore o el fraseo de “The Warmth Within The Dark”, como echo de menos a Kevin Talley o incluso a Mike Smith (sí, por qué no, así están las cosas…) cuando siento que la batería de Morotti suena demasiado sintética y no sé si culpar al músico o al productor pero como oyente tengo claro lo que me gusta y lo que no, no necesito nada más que pinchar el vinilo, escucharlo y saber lo que espero y lo que no de Suffocation.

Pero si extraña ha sido esta primera toma de contacto con lo nuevo de Suffocation, más lo será el cambio que sufre todo el álbum en “Return To The Abyss” en el que parecemos haber cambiado por completo la tónica con canciones como “The Violation” o la brutal y aceleradísima “Some Things Should Be Left Alone” porque “...Of The Dark Light” (aquella que da nombre al álbum) posee el riff y las ganas pero, una vez más, no me gusta ese toque quizá más modernete y que cuando evitan, como ocurre en “Caught Between Two Worlds”, les hace ganar enteros.

Para acabar, regraban “Epitaph Of The Credulous” de su “Breeding the Spawn” que suena agradecida pero en la que descubrimos que Suffocation han crecido sustancialmente como músicos y quizá la producción sea infinitamente mejor en nuestros días pero el sonido oscuro y agobiante de Paul Bagin y una banda que devoraba crudos a sus competidores e imitadores, es imposible de igualar.

Suffocation siguen sonando como Suffocation, es cierto, pero “Atonement” y “Syncretism” se lo han puesto difícil, los toques más actuales en la producción de Cincotta además de una batería que suena tan artificial que podrían haber utilizado una digital, la voz de Mullen (quizá no tan profunda como antaño) y la horrenda portada a cargo de Colin Marks hacen que “...Of The Dark Light”, aún siendo un buen álbum, nos haga permanecer en alerta a sus próximos pasos. Seguiremos informando…

© 2017 Lord Of Metal


Crítica: Deep Purple “Infinite”

Me produce cierto reparo, lástima si preferimos, este mundo que nos ha tocado vivir en el que la juventud ha dejado de ser una condición o estado para convertirse en un atributo; como si el que la posee tuviese el talento y el que no es poco menos que apartado. Un mundo en el que se le concede más espacio a artistas vergonzosamente jóvenes que no tienen nada en absoluto que decir mientras se obliga a las viejas a glorias a teñir sus canas y hacerse pasar por lo que no son, haciéndoles ocultar su experiencia, premiándoseles cuando son forzados a reinventarse rememorando épocas pretéritas, ignorando su magnífico presente. Y digo esto porque parece que esta octava encarnación de Deep Purple (Mark VIII) tengan que demostrar que tras cincuenta años de carrera y habiendo dejado su huella en la historia de la música, siguen estando de plena actualidad grabando grandes discos cuando no es así. Y es que me parecen un chiste todas o casi todas las críticas que estoy leyendo de este “Infinite”, producido por Bob Ezrin, en el que los Purple suenan magníficos, compactos y con vida pero tan carentes de chispa como en anteriores entregas. No me considero ningún fundamentalista pero, a mi gusto, el último disco verdaderamente interesante de la banda fue “Perfect Strangers” (1984) y lo que ha venido después de él ha sido toda una peregrinación por el desierto de la que tan sólo soy capaz de salvar “Purpendicular” (1995) y los moderados pero muy regulares “Bananas” (2003), “Rapture Of the Deep” (2005) y “Now What?!” (2013) del que este “Infinite” es digno heredero porque que nadie se espere ningún sobresalto, en él nos encontraremos a unos músicos magníficos pero a los que le falta algo de aquello que nos dieron en el pasado; unos años tan míticos con los que es imposible no entrar en comparaciones, títulos como “Come Taste The Band” (1975), “Stormbringer” (1974), el magnífico “Burn” (1974), “Who Do We Think We Are” (1973), o los inmortales “Machine Head” (1972), “Fireball” (1971) y, por supuesto, “Deep Purple In Rock” (1970), por no hablar de sus tres primeros discos.

¿Queréis que os cuente que Gillan canta mejor que nunca, que este es uno de los mejores discos de la banda y quizá del año? Os habéis equivocado de crítica porque en “Infinite” he encontrado lo que personalmente buscaba (quizá con más conocimiento pero más templanza que aquellos plumillas que aseguran haber orgasmado con él); un álbum correcto en el que mis Purple suenan dignos y punto. No les pido nada más, ni que Gillan haga lúbricos movimientos de pelvis con el micrófono como Coverdale con su ya bronca garganta, la pretendida dosis de entusiasmo de Glenn Hughes o el regreso de unos Rainbow en lo que, por muy bien que suenen en directo, tan sólo soy capaz de ver el músculo financiero de un huraño Ritchie Blackmore al que su escarceos medievales sólo le han llevado a ese ostracismo que él mismo parecía buscar en compañía de la sosísima Candice Night .

Que “Time For Bedlam” es un buen single con un sonido claramente reconocible es una obviedad; Glover, Paice, Morse y Airey son unos grandísimos músicos que suenan engrasados y con estilo. Magnífico el trabajo de Airey porque cuando pulsa sus teclas tenemos la sensación de haber recuperado a los Purple de siempre. En “Hip Boots” o “Birds Of Prey” (excelente, como siempre, el gran Steve Morse) probarán a calzarse las botas, nunca mejor dicho, de Zeppelin como en “All I Got Is You” y su comienzo más jazzy es en donde encontraremos algo de riesgo en este “Infinite” a pesar de que es en las que Gillan, mal que me pese, apunta más el paso del tiempo en su tono.

“One Night In Vegas”, a pesar de Airey y su toque boogie, se queda como una curiosidad como “Get Me Outta Here” en la que parece que quieren hacer algo diferente pero consiguen sonar más rígidos y menos imaginativos que nunca, algo que parecen solventar con la ligeramente exótica “The Surprising” o la radiofórmula con sabor añejo que es “Johnny’s Band” en la que nos haremos la inevitable pregunta; ¿era necesario? Suenan muy bien pero es predecible hasta el aburrimiento y, todo hay que decirlo, el riff parece un robo al ahora olvidado por muchos Bill Bartlett. Mientras que “On The Top Of The World” es el auténtico descenso a los abismos del aburrimiento con la canción más floja de todo “Infinite”.

Como aliciente a un final tan descafeinado y sosito, una versión del clásico de The Doors, “Roadhouse Blues” con un titubeante comienzo en un compás diferente evocando a Dave Brubeck, un Gillan que parece no querer elevar la voz para no despertar a los vecinos y Glover, Paice y Morse demasiado contenidos, tan sólo con Airey dando algo de juego. ¿Sabéis lo que viene a mi mente siempre que escucho “Roadhouse Blues” de The Doors? Me imagino a Morrison y Alice Cooper bebiendo cerveza para calmar la resaca de una noche sin fin, recuerdo el concierto de Krieger con un Manzarek que tuve la suerte de tener a escasos tres metros de mí, golpeando su teclado con el tacón de su zapato, poseído por el propio Lewis, no esta versión ñoña y conservadora de Purple.

En efecto, en “Infinite” buscaba tan sólo dignidad pero, seamos sinceros, tampoco habría estado de más algo de inspiración. Recuerdo la primera vez que les ví en directo y cómo Jon Lord me voló la cabeza con su interpretación en “Hush”, no estaban en su mejor época pero al menos la sangre parecía seguir corriendo por sus venas.


© 2017 Conde Draco

Crítica: Pallbearer “Heartless”

Pocos casos se dan en el mundo de la música similares al de Pallbearer ahora que la industria ha aprendido la lección a fuerza de palos y lo que nos ofrecen son artistas de rápido crecimiento y digestión a los que hay que prestarles la atención justa porque nadie tiene tiempo de escuchar un álbum como se merece. El cuarteto de Arkansas publicó un debut que pasó desapercibido para el gran público pero que a muchos nos hizo levantar la vista. “Sorrow And Extinction” (2012) era un álbum a la altura de los más grandes y unas canciones con vocación de convertirse en clásicos bajo una producción cálida y orgánica en la que el único inconveniente que puedo encontrar es la voz de Brett Campbell. La gran pregunta que todos nos hacíamos era, ¿podrían superar el tan cacareado síndrome del segundo álbum? Por todos es sabido que habitualmente esto se explica cuando uno entiende que las bandas han tenido toda la vida para componer e interpretar las canciones de su primer álbum pero no para las de un segundo que suele venir arreado por las prisas de una discográfica que pretende continuar rentabilizando el éxito del primero (esta situación suele generar segundas partes forzadas, sin rastro de inspiración y con descartes del primer álbum o canciones compuestas con la mirada puesta en aquel, de ahí el supuesto temor, la gran prueba de fuego de una segunda entrega a contrarreloj). Pues bien, dos años más tarde Pallbearer se sacaron de la manga “Foundations Of Burden” (2014), uno de los grandes discos de una década que todavía no ha acabado, una colección de canciones en la que, si bien perdíamos algo de esa producción que tanto me gustaba en “Sorrow And Extinction” y que antes señalaba, ganábamos en unas composiciones en las que parece ser que Billy Anderson tuvo mucho que ver. ¿Por qué iniciaba esta crítica señalando lo excepcional del caso de Pallberar? Porque, con “Heartless” aún girando en mi reproductor, no es habitual que una banda madure a este ritmo y se le permita seguir creciendo con tranquilidad, con tan sólo el apoyo de los más incondicionales. Una banda que ha firmado tres grandes discos y, a pesar de todo, siguen siendo grandes desconocidos tanto para aquellos que creen estar de vuelta de todo como para esos que mentan el nombre de Pentagram o Saint Vitus en vano. Y es que menciono a estos artistas porque Pallbearer son habitualmente catalogados como una banda de doom cuando honestamente creo que su propuesta musical trasciende casi todas las etiquetas.

Si temíamos un segundo álbum que finalmente resolvieron con “Foundations Of Burden” no es de extrañar que también temiésemos su continuación pero conservásemos la esperanza de un tercer salto mortal sin red. Así, tres años más tarde, Pallbearer han vuelto a dar en la diana con este “Heartless” que nos ocupa y en el que parece ser que han escuchado mis ruegos y han decidido regresar a esa producción más cálida de “Sorrow And Extinction” pero obviamente con la mejora sustancial de un Brett Campbell al que se le siente mucho más suelto en las tareas vocales.

La cadencia con la que abre “I Saw The End” es doom, en efecto, pero las guitarras son tan melancólicas y melódicas que evocan el encanto del post-rock, uno de los defectos quizá más acuciantes en “Heartless” (por suerte, el único, si queremos entenderlo como tal) es la tendencia natural de Pallbearer a conceder más espacio a esa vertiente en detrimento de la más pesada y que desdibuja ligeramente su propuesta, al igual que a muchas bandas de post-metal y su obsesión por el shoegaze. Como también resulta evidente la influencia de Adam Jones y Tool en esa guitarra (3:45).

Más gruesa se torna “Thorns” aún con los aullidos de las seis cuerdas de Devin Holt mientras Campbell leva todo el peso aunque está claro que las canciones ganan cuando se las deja respirar, como es el caso de “Lie Of Survival” y su magnífica progresión con ese constante tejer de las guitarras como “Dancing In Madness” suena por todos los Pink Floyd del mundo, siendo no sólo una de las mejores composiciones de “Heartless” y Pallbearer sino quizá del año; tan galáctica y emotiva como densa, capaz de desarmar al corazón más huraño.

A pesar de no contener ni una sóla canción mediocre, “Heartless”, también tiene sus puntos débiles; la épica “Cruel Road” con tintes de hard hace sufrir el espíritu de un álbum con otra vocación muy distinta. Mientras que aquella que da nombre al disco y, fundamentalmente, a “Plea For Understanding” le hacen recobrar el vuelo, en especial esta última; casi trece minutos de pura emoción entre guitarras repletas de reverb, Mark Lierly dejándo caer las baquetas sobre los parches y Campbell más sentimental que nunca en su tono.

Un álbum tan bonito y emocionante como repleto de buen gusto, Pallbearer puede que cada vez suenen menos a ese doom en el que muchos siguen empeñados en encasillarles y se inclinen por la melodiosa melancolía con clase de la que en “Heartless” hacen gala pero nadie dijo que el arte, el buen arte, estuviese exento de riesgo. Quizá no llegue a la gloria de “Foundations Of Burden” pero doy fe de que han colmado mis expectativas y facturado también otro de los grandes discos de este año.


© 2017 Jim Tonic

Concierto: Ghost (Madrid) 14.04.2017

SETLIST: Square Hammer/ From the Pinnacle to the Pit/ Secular Haze/ Con Clavi Con Dio/ Per Aspera ad Inferi/ Body and Blood/ Devil Church/ Cirice/ Year Zero/ Spöksonat/ He Is/ Absolution/ Mummy Dust/ Ghuleh-Zombie Queen/ Ritual/ Monstrance Clock/

La verdad es que si la puesta de largo de “Meliora” (2015) ha terminado siendo tan espectacular ha sido debido a las nuevas canciones que integran el nuevo Ep, “Popestar” (2017) y que no han hecho más que confirmar que, tras la inicial llamada de atención de su imagen, si Ghost pueden presumir de algo es de un repertorio compuesto de grandísimas canciones, una habilidad innata para mezclar pop y hard rock de influencias setenteras sin despeinarse, composiciones con vocación de himnos que, sin embargo, han visto empañado su lustre por el resurgimiento de Magna Carta Cartel y las acusaciones de Simon Söderberg a un supuestamente desemascarado Tobias Forge como Papa Emeritus. La pregunta que se me viene a la cabeza es, ¿ya estamos todos contentos, ya disfrutamos más de la música de Ghost, hay alguien en la sala que todavía tenga la poca vergüenza de asegurar que disfrutaba de MCC y Tobias Forge mucho antes de “Opus Eponymous” (2010) o siquiera haber escuchado su nombre? Personalmente, cada vez me importa menos el nombre de los músicos que escucho y me ciño a su obra y si algo han demostrado Ghost o Tobias es un talento desmesurado para la melodía, para componer grandes estribillos repletos de magia, el resto es anecdótico pero imposible negar que el producto lo forma el todo; las canciones y la imagen y, por desgracia, si nunca hubiese aparecido en escena un personaje tan siniestro pero tan socarrón como Emeritus, puede que nadie hubiese prestado atención a una canción como “Cirice” de ser firmada por Magna Carta Cartel, como ocurre con las que integran el bello “Goodmorning Restrained” (2009)

Así pues, Ghost visitaban de nuevo España con un Palacio de Deportes con el aforo reducido pero mostrando una generosa entrada y un varopinto público en el que no faltaban heavys de vieja alcurnia, pandillas de chavales, moteros, blackmetaleros y familias; porque Emeritus y sus Ghouls sin nombre no sólo quieren recuperar el encanto del shock rock sino que aspiran a la conquista del mundo a través de toneladas de merchandising con camisetas, plugs anales y vibradores, máscaras y, por supuesto, atraer a los niños a sus conciertos; una imagen curiosa fue la de un pequeño y simpático Emeritus a hombros de su padre (¡bien por él!) o un matrimonio regalándole a su niña una enorme camiseta en la que el Papa lucía como Marilyn Monroe. ¿Qué hay de malo en ello? Para todos aquellos que hayan nacido hace poco y no conozcan lo ocurrido en la cultura norteamericana de los setenta, tan sólo recordarles que Kiss lograron seducir a millones de niños que ahora son parte de su fiel Kiss Army con bonitas y metálicas fiambreras con su efigie, quizá a nosotros nos suene remoto pero Emeritus sabe bien lo que se trae entre manos y tan sólo hacía falta echar un vistazo a la abarrotada pista para ser testigo del exagerado crecimiento de una banda no apta para aquellos que se toman la vida demasiado en serio, lo suficiente como para perderse esas canciones en directo porque Tobias Forge no sea realmente un demoníaco Papa venido de otra dimensión. Pobres diablos...

La polémica de esta última visita era también comprobar de primera mano como funcionaban los nuevos Nameless Ghouls y reírse en la cara de aquellos que aseguran que Ghost han perdido lustre con la ausencia de los antiguos músicos, esos siempre cambiantes a los que Emeritus no sólo se ha negado siempre a darles nombre propio sino tan sólo el de elementos alquímicos y que incluso cuando firman sus propios discos lo hacen con un sello o dibujándolo ante la atenta mirada de un Papa que no dudará en bromear con todo el mundo sin perder ojo a todo lo que ocurre a su alrededor.

Zombi (Steve Moore y Anthony Paterra) venían presentando de manera tardía “Shape Shift” (2015) y esa mezcla de space rock progresivo que tan bien funciona para un rato de THC en tu dormitorio pero que se resiente en una actuación de cuarenta y cinco minutos. Los roadies preparan el ritual y descubren la batería mientras suena Jocelyn Pook y recuerdo la primera vez que escuché “Opus Eponymous” en un viaje a Londres, Ghost eran la gran sorpresa pero todavía una banda minoritaria, ahora me encuentro a pocos segundos de mi sexta actuación y me resulta imposible negarme a canciones como “Square Hammer”, un clásico inmediato, o el entrecortado riff de “From the Pinnacle to the Pit”, ninguna tiene más de dos años pero resuenan en mi cabeza como si fuesen clásicos y por la respuesta de la gente, entiendo que les está ocurriendo lo mismo.

De poco importa que “Secular Haze” sea un calco de “Shapes Of Black” de King Diamond porque aquel “Give Me Your Soul...Please” (2007) no era ni será nunca de lo mejor del danés y, nos guste o no, su impacto siempre será inferior al que tuvo “Infestissumam” (2013) en su homenaje. La imagen de Emeritus III envuelto entre humo y luces rojas es tan atractiva como plástica, han sabido crear una estética tan brutal como el poderoso riff de bajo que abre “Con Clavi Con Dio” y hasta su puente causa simpatía con miles de manos, entre ellas las de muchos niños, cantando aquello de; “Sathanas, we are one. Out of three; Trinity!”“Per Aspera ad Inferi” y llega uno de los momentos más pop con “Body and Blood” y las bromas de Emeritus III a las primeras filas como tras la intro de “Devil Church” llega “Cirice”; otro punto álgido de una noche que se hizo breve. “I can feel the thunder that’s breaking in your heart. I can see through the scars inside you” canta Emeritus sobre un piano verdaderamente mágico y ese riff que hace morir de envidia al mismísimo Kerry King. “Year Zero” levanta a todo el pabellón como “He Is” arrancará un inusitado clamor, una de las grandes composiciones de “Meliora”, sin duda.

¿Estáis preparados para algo de metal? –pregunta nuestro Papa y se asegura de nuestra respuesta antes de atacar “Mummy Dust” en un ritual en el que disfruté hasta de “Ghuleh” y ese estrambótico pero delicioso experimento surf de Los Monster que es “Zombie Queen”. Parece mentira pero “Ritual”, la canción, ocupa la importante posición antes de los bises, no olvidemos de que hubo un tiempo en el que era su single más claro (irónico, dada la cantidad de temas que poseen con semejante naturaleza) pero, claro, es que acabar un concierto con las luces encendidas cantando; “Come together, together as a one. Come together for Lucifer’s son…” no puede tildarse de otra forma que de todo un éxito. Caras felices y en un lateral se sitúa una larga cola de chavalas que, sin duda, requieren audiencia privada con Papa Emeritus III, pero vuelve a sorprenderme porque también hay padres y madres con niños y más Papas de apenas diez años; Ghost siguen su imparable ascenso y me siento orgulloso de haberlo visto desde el principio, desde luego que sí...

© 2017 Jim Tonic

Crítica: The Jesus And Mary Chain “Damage And Joy"

Ahora que no hay mayor tendencia para estar a la última que odiar sistemáticamente y sin motivo alguno es justo cuando, por no ser parte de esa corriente, me empeño en que las cosas me gusten y, por Bobby Gillespie y los hermanos Reid, que empleo todas mis fuerzas en ello pero no funciona. Me puedo dar golpes en el pecho porque yo estuve allí, porque cuando comencé a coleccionar discos y marcar mi asistencia a conciertos como muescas en una culata, no había mejor banda y más cool sobre la faz de la tierra a primeros de los noventa que Jesus And Mary Chain, con permiso de los Pixies, claro. Podrá parecer antiguo pero en mi walkman sonaban con insistencia “Pyschocandy” (1985) y, por la otra cara, “Darklands” (1987); en menor medida, “Automatic” (1989) y “Honey’s Dead” (1992), además llevaba una flamante chapa con su logo y asistí a una eléctrica y siniestra actuación de la gira de “Stoned & Dethroned” (1994); no había adolescente más en sintonía con el feedback, la música alternativa, los pedales de distorsión, Jesús y la Vírgen María que yo. Y, de pronto, los hermanos Reid firmaron el epitafio de la banda con “Munki” (1998) pero no pasaba nada, absolutamente nada; ya eran parte de la mitología musical y cinco años más tarde su preciosa “Just Like Honey” sería la banda sonora del clímax de “Lost In Translation” de Sofia Coppola, descubriéndoles a un público sediento de leyendas que fuman imperturbables y lucen gafas Ray Ban Wayfarer incluso cuando es de noche, muy de noche. Me sentía orgulloso, como me había ocurrido con otras grandes bandas de la época, había sido testigo de todo aquello, nadie me podría robar aquello, excepto ellos mismos…

Diecinueve años más tarde, ¿quién necesita nuevos discos de Jesus And Mary Chain si no van a estar a la altura de los anteriores? El ejemplo más significativo lo tenemos con Pixies, ¿de verdad hay alguien en este mundo que no crea que “Indie Cindy” (2014) o “Head Carrier” (2016) no han hecho otra cosa sino empañar el legado de la banda de Boston? Podríamos hablar de My Bloody Valentine o Ride, grandes nombres que nos llevan a otra época pero cuyo presente no sirve para nada más que comparar y servir de reclamo a todos esos treintañeros más cercanos a la cuarentena que acuden, camisa de franela en mano, a sus conciertos con la esperanza de volver vivir la magia que ni unos ni otros ya poseen. Menos mal que el resentimiento y el éxito de su carrera sirven como repelente de cualquier intento de reunión de The Smiths porque puedo escuchar este “Damage And Joy” pero no soportaría ver a los Smiths convertidos en unos dinosaurios de corte indie paseando por los escenarios de los festivales de verano e intentando igualar en el estudio logros como “Meat Is Murder” (1985) y “The Queen Is Dead” (1986)

Y es que no hay mejor vara para medir las necesidades económicas o la nostalgia (en realidad, el vil metal de nuevo) que con insospechadas reuniones, giras conmemorativas o extrañas alianzas y nuevas amistades. En el caso de los Reid estaba claro que su relación era todo los disfuncional y más que se mostraba sobre el escenario; es más, pude conocerles hace veinte años y doy fe de que aquella pose sobre el escenario era, si puede, aún más tibia que la frialdad con la que se trataban en las distancias cortas por lo que aunque agradecí su reunión y consiguientes giras (¿quién puede negarse a escuchar “Psychocandy” en directo?), cada vez que leía en la prensa sobre la posibilidad de un nuevo álbum un sudo frío recorría mi espalda.

Pero aquí estamos, con “Damage And Joy” sobre la mesa mientras escribo y esa horrenda portada plagiada del álbum de The Mentalettes o evocando también al inmortal “Soup” (1994) de Blind Melon y he de reconocer que no es tan malo pero tampoco es tan bueno como para servir de justificación, como poco tiene de nuevo si entendemos que la mayoría de sus canciones son regrabaciones o refritos y aceptamos que lo que los Reid nos han vendido como un regreso por todo lo alto es tan sólo una mentirjilla a medias en la que debemos consolarnos con baladas destempladas, ralentizadas, pretendidamente épicas, poca distorsión y menos acoples chirriantes, además de socorridas invitadas cuyas voces femeninas intentan insuflar algo de vida y emoción a discretas composiciones con unos músicos que parecen haberse olvidado de quienes han sido para abrazar una madurez lejos de la genialidad que les caracterizaba. He intentado que me guste por todos los medios, lo he escuchado hasta la saciedad y pese a que puedo aceptar que se cumple el tópico y gana con escuchas sucesivas, no hay disco sobre el universo que requiera de tanta dedicación con tan buenos avales y ganas como yo he depositado en la que ha sido una de mis bandas favoritas.

“Amputation” seduce por el reencuentro y su tono pero en ella comenzamos a vislumbrar esa sensación de vacío que nos acompañará durante todo el álbum porque en él falta algo y nuestro corazón lo siente. “War On Peace” es una revisión libre de emoción y el calado de “Darklands” ¿Y si corremos, dónde iríamos? -repiten una y otra vez contagiándonos de desgana más que de la desesperación que quiero imaginar que pretendían en un principio. “All Things Pass” funcionaba mejor hace ocho años, en este “Damage And Joy” ha perdido robustez como “Always Sad” carece de fuerza y peligrosidad hasta convertirse en una tonadilla irritante en la voz de Bernadette Denning.

Al rescate acudirá Isobel Campbell en ese intento de rondar la imperturbable emoción de sus primeros singles en “Song For A Secret” o “The Two Of Us” y sólo “Los Feliz (Blues And Greens)” con Linda Fox nos romperá por la mitad, uno de los grandes momentos de este “Damage And Joy”, que los tiene pero hay que buscarlos y desear encontrarlos con las mismas ganas. “Mood Rider” nos aletargará mientras que la vacía “Presidici (Et Chapaquiditch)” o la simple e infantilona “Get On Home” nos revelarán, sobre todo a esta última, que lo que a estas canciones les falta es algo de mala leche, de esa toxicidad que ni siquiera son capaces de transmitir con toda la mordacidad de la letra de “Facing Up To The Facts” en la que literalmente cantan; “no puedo encontrar un agujero en el que meter mi erección/ odio a mi hermano y él me odia a mí, así es como son las cosas”

La absurda referencia a la muerte de Kurt Cobain por la que claman ser autores ficticios o meterse en la piel del siniestro personaje y supuesto sicario que era El Duce (The Mentors), llega veintitrés años tarde para que suene tan polémica como pretenden como la aburridísima “Can’t Stop The Rock” o esa “Black And Blues” con Sky Ferreira que podría haber dado mucho más de sí. Un álbum en el que no podremos quejarnos ni llevarnos a la sorpresa porque pistas nos han dado a lo largo de todos estos años y, más en concreto, en estos últimos cincuenta y tres minutos para que afrontemos la dura realidad; ni ellos ni nosotros nos merecíamos este “Damage And Joy” porque no había necesidad de él. ¿Catastrófico, atroz, una atentado contra el buen gusto? Nada de eso, tan sólo intranscendente, aburridito, como aquellos cincuentones que después de una comilona se regalan una perlita de sacarina en el café, con el mismo riesgo y ganas de cambiar, tan sólo un parche.


© 2017 Jim Tonic



Crítica: The Obsessed “Sacred”

Una muestra más de que la verdadera autenticidad de algunos artistas es a prueba de cualquier sustanciosa cantidad de dinero con la que se les pueda tentar es el caso que nos ocupa; ahora que el doom vive una segunda o tercera juventud y bandas que no tienen nada que ver con el subgénero se atreven a ralentizar su tempo y añadir algo de pesadez a sus canciones, Scott “Wino” Weinrich ha decidido finiquitar Saint Vitus para centrarse en la carrera de The Obsessed. Pero la verdad es que el bueno de Wino no lo ha tenido fácil nunca y, adicciones aparte, su relación con Dave Chandler dificultaba la continuidad del proyecto quizá más exitoso de su vida. Es verdad que Wino siempre ha aprovechado a Saint Vitus como ariete para entrar por los ojos a los sellos y terminar publicando su material con The Obsessed pero estamos hablando de una discografía que desde su debut en 1990, “Lunar Womb” (1991) o “The Church Within” (1994), se ha mostrado increíblemente sólida en esa amalgama de hard rock, stoner y rock a secas que seguramente le hará sentir a Wino mucho más libre que el férreo corset doom al que la carrera de Saint Vitus le somete (esa tan oscura, sórdida y siniestra, como él mismo asegura).

Una carrera truncada, la de The Obsessed, cuando Columbia les pidió que su siguiente disco fuese más comercial y tras grabar el que quizá sea su punto álgido, “The Church Within”, no se les ocurrió otra cosa que hacerles un corte de manga y publicar aquellas canciones en el primer álbum de Spirit Caravan, “Jug Fulla Sun” (1999). Pero el camino a “Sacred” ha sido tan serpenteante como su portada ya que a pesar de los intentos de Weinrich por insulflarle vida a su proyecto, este fracasaba cuando era incapaz de encontrar compañeros que le secundasen y tras perder a su propia pareja, Sara Seraphim, como segunda guitarra, la nueva reencarnación de The Obsessed incluye a Redi Raley al bajo y el bueno de Brian Constantino (antiguo técnico de Eddie Gulli, primer batería de la banda); un trío en el que Weinrich vuelve a la guitarra (recordemos que en Saint Vitus se vió literalmente obligado a abandonarla por un problema de ego de Dave Chandler) en un álbum producido por Frank Marchand en el que las guitarras suenan escandalosamente bien; olvídate de las procesadísimas distorsiones de las últimas producciones de moda y prepárate para escuchar ese sonido orgánico de varias guitarras (en concreto, Les Paul) rugiendo como nunca.

Un disco que se siente especialmente variado y como un puente entre pasado y presente cuando escuchamos “Sodden Jackal”, un riff que ya le venía rondando a Weinrich por su cabeza, y cuyo musculoso desarrollo o abrasivos solos, son una excelente bienvenida para “Sacred”, quizá la única canción con algo de sabor doom pero no más que stoner o hard. El disco toma cuerpo con “Punk Crusher” y ese sonido más cercano a Motörhead que a Pentagram (no es de extrañar que Scott “Wino” Weinrich les recuerde a muchos a Lemmy), casi cuatro minutos de rock urgente que verán su contrapunto en la más calmada y setentera “Sacred”, que da nombre al disco o ese sonido tan puro de The Obsessed y que nos recordará también a los mejores The Cult en “Haywire”. “Perseverance of Futility” es quizá la más pegadiza de todo “Sacred” mientras que la versión de Thin Lizzy, “It's Only Money”, le sienta como un guante a Wino y al sonido del álbum. “Cold Blood” es una instrumental que, según Weinrich, se quedó fuera del debut “The Obsessed” (1990) y tiende ese lazo imaginario con el pasado que antes mencionaba. “Stranger Things” rompe la tónica del álbum, de hecho me recuerda mucho a los Pentagram de Victor Griffin con ese toque más AOR, igual que “Razor Wire” aunque quizá con más rabia y nervio.

Pena que “My Daughter My Son” sea quizá la menos acertada de todo “Sacred” antes de ese interludio que supone su despedida y los dos regalos; uno en forma de viaje psicodélico que es “On So Long”, una larga jam de estética setentera, o el acercamiento al blues -padre de todo- que es “Crossroader Blues” (magnífico slide, por cierto; van a tener razón las malas lenguas que aseguran que Wino es infinitamente mejor guitarrista que Dave).

“Sacred” es hard, que nadie te engañe, pero hard del bueno; de ese que te hace pisar el acelerador o querer sentir el viento en tu cara, un álbum repleto de grandes riffs y mejores intenciones, una maravilla atemporal por la que debemos darle las gracias a Wino y su magnífica idea de resucitar a The Obsessed.

© 2017 Jack Ermeister

Crítica: Memoriam "For The Fallen"

Son contadas las veces que siento tanta excitación ante un nuevo lanzamiento pero qué demonios; ¡no estamos hablando de cualquier álbum sino de uno de Karl Willets! Para aquellos más despistados, tan sólo recordarles que Willets es el cerebro tras Bolt Thrower, una banda que nunca nos defraudó y que si desapareció tras el repentino fallecimiento de su batería, Martin “Kiddie” Kearns, es porque Willets nunca ha vendido su carrera al mejor postor y en Bolt Thrower había tanta pasión como compañerismo y amor por sus seguidores; un músico auténtico y honesto que firmó algunos de los mejores trabajos del death metal de toda la historia de la música, puede sonar muy rotundo pero así es. Por tanto, no es de extrañar que mi corazón diese un vuelco al enterarme de la noticia del regreso de Willets y Andre Whale (el primer batería de Bolt Thrower) con el bajista de Benediction, Frank Healy, y Scott Fairfax (Cerebral Fix, Life Denied) a las guitarras. Un primer EP, “The Hellfire Demos” (2016) que sirvió para probar las aguas y ver la reacción de un público que no dudó en agotar las primeras copias que de él se pusieron a la venta, un single como “Surrounded by Death” y a hacernos esperar con la publicación de este, su primer álbum, “For The Fallen”.

Pero, ¿qué podemos esperar de Memoriam? Buen death metal, mezclado con un poquito de doom y mucha potencia, honestidad y ganas. Aquí no hay experimentos ni lugar para la improvisación; que nadie se espere un disco aperturista, tan sólo grandes canciones y un sonido denso y pesado como pocos. Por ejemplo, en “Memoriam”, la canción que da nombre al disco, la guitarra de Fairfax creará un infranqueable muro sobre el que Willets cantará con su peculiar tono y un puntito quizá más arenoso que de costumbre en una producción que le sienta como un guante y unos riffs verdaderamente adictivos, una excelente carta de presentación de apenas tres minutos que sirve para sumergirnos en el mundo de este nuevo proyecto con una magnífica portada del también mítico Dan Seagrave (responsable de cientos de las ilustraciones de grandes de bandas del género como Morbid Angel, Suffocation, Gorguts o Entombed) en unos tonos verdosos y sepias en un mundo que nos remitirá inequívocamente al de la imaginación del malogrado artista polaco Zdzisław Beksiński.

El ardor de campo de batalla tendrá lugar en “War Rages On”, una de las grandes canciones de este “For The Fallen” que ya conocíamos junto a “Resistance”. “Reduced To Zero” resulta mucho más efectiva en el contexto del disco más que como single y de ella me gusta su riff y el poder que desprende pero, al igual que en la apertura, no tanto la constante presencia de armónicos artificiales de Fairfax; no tengo nada en contra de un recurso expresivo que funciona a la perfección en otros géneros pero que me sorprende por la espalda en un disco de death metal de una leyenda como Willets. Aún así, es sacarle punta de manera gratuita porque Scott hace un gran trabajo a lo largo y ancho del álbum.
“Corrupted System” comienza de manera arrolladora con auténtico espíritu punk pero son seis minutos y, aunque posee las maneras, me hace perder rapidamente el interés cuando no encuentro lo que busco; todo lo contrario que la magnífica “Flatline”, una barbaridad de siete minutos que no sólo nos transportará al extraño mundo de la portada de Seagrave, capturando por completo nuestra imaginación, sino en la que será imposible que nos aburramos gracias a sus constantes cambios y uno de los mejores riffs de todo “For The Fallen”

Para concluir un álbum breve que nos deja con ganas de más, mucho más, la sencilla pero brutal “Surrounded By Death” con la que todos los seguidores de Willets estuvimos amenizando la espera y una épica “Last Words” de más de siete minutos; majestuosa y pesada, evocadora en sus tempos más lentos pero salvaje y despiadada cuando se encabrita.

Puede que muchos no vean más que una continuación de Bolt Thrower bajo las coordenadas de Benediction pero sería absurdo negarle el esfuerzo a Willets, Fairfax, Whale y Healy de un trabajo que posee y resume lo mejor del death. Un álbum sin grandes alardes técnicos y gran poderío que, sin embargo, también nos golpeará en el pecho cuando traiga a nuestra memoria el recuerdo de Bolt Thrower y Martin “Kiddie” Kearns, esos caídos a los que parecer hacer alusión el título del álbum y con los que nos despedimos en pleno fragor de la batalla en los últimos segundos de “For The Fallen” y en el que el talento de Willets sigue brillando con luz propia.

© 2017 Lord Of Metal

Crítica: Me And That Man “Songs Of Love And Hate”

Porque el black metal es un subgénero adolescente (que nadie se escandalice a estas alturas), surgido en la fría noruega de manos de unos chavales fascinados por los bosques, la literatura fantástica y los ancestrales mitos paganos, treinta años después de su formación es necesario el reciclaje de algunos de sus ‘popes’ cuando muchos de sus fans hemos tenido que crecer y dejar atrás los parches justo ahora que el black está más que asimilado en nuestra cultura, se venden camisetas en grandes superficies y cuesta más caro cualquier disco en su lujosa edición que el último lanzamiento de la nueva boy band. De los altos señores noruegos, Ihsahn fue el primero en desmarcarse de todo aquello con la oportuna defunción de Emperor y el rechazo a todo lo que oliese a incendio adolescente de iglesias medievales de madera, para Vegard Sverre Tveitan fue relativamente sencillo que la comunidad más prog le asimilase y aceptase (su genio está fuera de toda duda) pero no para el resto de compañeros de generación quizá con menos talento y aún menos vista que fueron sorprendidos a traición, por la espalda y con la cara pintada de blanco por el sonido alternativo de la contracultura norteamericana y las cenizas de Cobain aún flotando en el Wishkah; había sido un fenómeno tan efímero como tardaron en encarcelar a Varg Vikernes. Pero los espíritus del black y el death ya corrían por el viejo continente, inoculados como un virus, a través de cientos de demos grabadas en cintas que tendrían que llegar a las manos del polaco Adam Michał Darski que encontraría en aquel intercambio y aquella cultura un vehículo para expresar su arte. No fue fácil y por el camino no han sido pocos los que han creído atisbar la prostitución del metal underground en una discografía que desde “…From The Pagan Vastlands” (1994) ha ido evolucionado, dando bandazos que dirán otros, para concluir en un “The Satanist” (2014) con el que llevan tres años de gira y parecen haber firmado su obra maestra definitiva.

Pero Darski, que no es tonto, se acerca peligrosamente a la cuarentena y ahora que disfruta de un nuevo estatus, no duda en abrirse nuevas vías porque envejecer como Alice Cooper o King Diamond parece más complicado que nunca cuando lo que has pretendido durante años es hacernos creer a todos que eras la reencarnación polaca del auténtico dios sumerio-babilonio de los muertos y así, dándonos pistas de sus auténticos gustos musicales, Adam ha pasado los últimos meses en sus redes sociales, alabando al maestro Cohen y proclamando a los cuatro vientos su pasión por el artista más oscuro que todos los pobres diablos noruegos; el australiano, amante de Elvis y Cash, antiguo consumidor de speed y heroína a partes iguales, fascinado por los asesinos en serie, Nick Cave.

El problema es que perdí la virginidad demasiado pronto con sus discos, con catorce años me compré “Let Love In” (1994) y nada fue igual, disfruté de los Bad Seeds en directo tres años después y devoré su discografía con fruición, por lo tanto, todo lo que aquí me quiere contar Nergal en este proyecto con John Porter me suena como una innecesaria imitación, un cruce de influencias mezcladas de manera burda. Un cocktail de Nick Cave -al que le roba la voz sin ningún tipo de rubor- mezclado con Cash, King Dude y un título con el que ha bautizado a esta nueva aventura directamente prestado del tercer álbum de Leonard Cohen, “Songs of Love and Hate” (1971) con el que aumentan aún más las comparaciones de un disco en el que no hay nada, absolutamente nada original, genuino o auténtico y todo suena tan forzado y mal como su primer single, ese “My Church Is Black” que es quizá una de las canciones más vergonzosas que podría haber firmado Nergal en toda su carrera.

¿Mal? Sí, en efecto, la producción de “Songs of Love and Hate” de Me An That Man es horrorosa con todos los instrumentos saturando el canal, al mismo volumen unos de otros, con demasiada reverberación y carencia de matices, un horror acústico que no, que por mucho que algunos se empeñen, un vampiro musical pero de gusto exquisito como T-Bone Burnett nunca elegirá para una hipotética nueva temporada de “True Detective”.

El robo es tal que si el oyente conoce mínimamente a Nick Cave, sentirá que “My Church Is Black” es un auténtico timo y los beneficios de este álbum deberían ir a parar al de Warracknabeal. Lo que sorprende es que Nergal se haya dejado llevar por su pasión y no haya caído en la cuenta de que las comparaciones son odiosas porque allá donde uno invierte años en sus letras, este ha firmado una propia de un chaval de dieciséis años y donde la voz de Cave retumba con toda su negrura, la del polaco zozobra y se presenta fuera de tono e impostada en la gran mayor parte de sus canciones. Tanto es así que agradecemos la presencia de Porter aunque “Nightride” también sea un robo a mano armada a Warren Zevon pero sin el ácido sentido del humor de este, claro.

“On The Road” está tan buscada como esa aproximación tan barata a “Henry’s Dream” (1992) que es “Better The Devil I Know”. Canciones simples y ramplonas, con un envoltorio artificial, sirva como ejemplo “Of Sirens, Vampires And Lovers” o esa “One Day” en la que parecen Mumford & Sons con Porter cantando sobre un banjo y Nergal haciendo las segundas voces al canto de; “Oh my Lord, Oh my Lord”. Algo tan ridículo y poco natural que hace que me pregunte si cuando canta esos versos de “I believe in Satan who rend both heavens and earth and in the Antichrist his dearly misbegotten” está simplemente utilizando los elementos del metal pagano más extremo para grabar el disco que le apetece o si de verdad lo siente; si cuando graba en el estudio su voz y recurre a esa mezcla de cereales y batido (como se enseña en el DVD de “Evangelia Heretika” del 2010, cualquiera puede comprobarlo) es todo tan de mentirijilla como aquí parece.

En “Shaman Blues” se calzará los zapatos de Mark Lanegan con desigual resultado pero la tomadura de pelo más absoluta llegará con “Voodoo Queen” intentando emular a The Handsome Family y su “Far From Any Road”; por favor, si es que hasta la guitarra es igual, ¿puede alguien escucharlas y confirmar mis sospechas? Para rematar, “Get Outta This Place” y “Ain t Much Loving”, dos chistes por Muddy Waters y Cave que le harán bastante poca gracia a aquellos que ya los hayan escuchado antes.

Imposible descifrar qué se le ha pasado por la cabeza a Nergal para grabar semejante engendro en el que todo suena tan sobado que parece un disco de versiones de segunda, en el que su voz convence tan poco como gusta y por el que tan sólo los nuevos e irredentos seguidores de Behemoth (aquellos con menos criterio, perspectiva o experiencia musical) creerán que Nergal está inventando la rueda y tilden de valiente a un proyecto que posee de todo menos arrojo y parece regurgitado por completo. Un horror desde la primera hasta la última canción, una tomadura de pelo del peor gusto musical posible…


© 2017 Conde Draco