"Viktoria" de MARDUK

No es "Panzer Division Marduk" pero sitúa a Morgan y Mortuus de nuevo en el mapa...

A PERFECT CIRCLE: La larga digestión del elefante…

El aperitivo perfecto para amenizar la espera de lo nuevo de TOOL…

BLACK LABEL SOCIETY en MADRID: la pentatónica es bella...

Testosterona, amplificadores, calaveras y cadenas para presentar en directo "Grimmest Hits"

"Down Below" de TRIBULATION

Suena a vampiros y fantasmas, a goticismo urbano y crímenes y pasiones desatadas bajo un cielo pintado con los colores de un corazón desangrándose...

TAAKE: El rey del invierno

Ha vuelto y, en ausencia de IMMORTAL, Hoest reclama su trono.

"Mirror Reaper" de BELL WITCH o la eterna sensación de ausencia...

Especial, sencillamente especial, y no apto para todos los gustos pero sí para aquellos que buscan una experiencia vital a través de la música…

"Nightbringers" de THE BLACK DAHLIA MURDER; joder si tiene encanto...

Nadie suena como ellos en un álbum que bien podría entenderse como el mejor de su carrera hasta la fecha.

FOO FIGHTERS regresan con "Concrete And Gold"

Qué razón tenía Neil Young en "Hey Hey, My My (Into The Black)", es mejor arder que desvanecerse poco a poco...

Jacksonville en Madrid...

El triunfo de RYAN ADAMS en su paso por nuestro país, con "Prisoner" bajo el brazo. Esos grandes para los que a veces parece que sí hay un reemplazo...

"Hydrograd" de STONE SOUR no es lo que parecía

Le guste o no a Corey Taylor, STONE SOUR siempre será el proyecto paralelo del cantante de SLIPKNOT...

ROGER WATERS ha vuelto, nunca se fue...

Su mejor álbum desde "Amused To Death", atrevido pero también nostálgico...

"Emperor Of Sand" de MASTODON

El cáncer, el paso del tiempo y la redención en la nueva obra maestra de los de Atlanta.

PILLORIAN, de las cenizas de AGALLOCH

John Haughm vuelve a la carga con uno de los mejores discos del año, "Obsidian Arc"

KREATOR, el olor del buen thrash alemán por la mañana...

Su intención era continuar la senda de "Phantom Antichrist" pero han parido un nuevo monstruo aún más feroz...

El emotivo lanzamiento de LAMB OF GOD

"The Duke" es la historia de una estoica lucha contra el cáncer pero también de una amistad...

Fenriz y Nocturno Culto han vuelto con "Arctic Thunder"

Crítica y fans siguen ladrando al paso de DARKTHRONE, luego cabalgan...

Ese genio llamado DEVIN TOWNSEND

Nueva dosis de grandilocuencia, sobreproducción y exceso creativo del canadiense en "Transcendence"...

ALEMANIA no levanta cabeza...

Primero nos decepcionaron DESTRUCTION con "Under Attack" y ahora son SODOM con "Decision Day", por suerte tenemos a KREATOR.

NAILS: "Nunca serás uno de los nuestros"

Si este álbum se hubiese publicado en los ochenta estaríamos hablando de todo un disco de referencia, una obra seminal en la que muchos artistas se mirarían y buscarían para definir su propio sonido.

HARAKIRI FOR THE SKY regresan con "III:Trauma"

Los austríacos parecen firmar el final de un trilogía con su mejor álbum hasta la fecha.

¿Un disco de thrash progresivo, conceptual y ambientado en el espacio?

VEKTOR han firmado uno de los grandes álbumes del año. Tan técnico y apabullante como emocionante y épico que te deja con ganas de más.

La escapada a ninguna parte de RED HOT CHILI PEPPERS...

Aquellos que esperan reencontrarse con los Chili Peppers de siempre se darán de bruces con un disco atípico y con canciones poco inspiradas o indignas de unos músicos que podrían dar mucho más de sí y parecen haber perdido la frescura.

El irregular regreso de DARK FUNERAL

Los suecos aciertan de pleno en el título de su nuevo álbum en el que, en efecto, sólo hay sombras, poca luz y menos oscuridad...

"Magma" de GOJIRA: el disco de la polémica.

Para muchos es una obra maestra, para otros el primer paso en falso de los de Bayona. Los hermanos Duplantier, por primera vez, no cumplen las expectativas.

La decepción de DESTRUCTION...

Tras muchas escuchas, el último álbum de los thrashers alemanes muestra su gran punto débil en la composición.

ROB ZOMBIE repite la misma fórmula...

Resulta complicado evaluar un álbum que ya hemos escuchado un millón de veces a lo largo de los últimos veinte años pero con título diferente, Rob Zombie produce discos como una cadena hamburguesera; sacian al instante pero no alimentan a la larga...

La piscina con forma de luna de RADIOHEAD

Cincuenta y dos minutos y once canciones es lo único que le hace falta a la banda para demostrar que siguen siendo tan geniales como sorprendentes tras cinco años de ausencia...

Así es "Dreamless" de FALLUJAH

Mejorando el sonido en el estudio tras "The Flesh Prevails" pero con una segunda cara regular, electrónica y repleta de altibajos.

AMON AMARTH: nunca des la espalda a un vikingo

"Jomsviking" es el mejor álbum de los suecos desde "Twilight of the Thunder God", Odín vuelve a estar con ellos...

¡Nos largamos de nuevo al HELLFEST!

Nos llena de orgullo y satisfacción; otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo... le meilleur festival du monde!!

Jesse Leach se abre en "Incarnate" de KILLSWITCH ENGAGE

Y publican un álbum sólido y coherente pero la sombra de "Alive Or Just Breathing" es alargada…

"Phenotype" de TEXTURES; ¿tendremos que esperar a escuchar su genotipo?

Los holandeses vuelven con un álbum bajo el brazo para el que deberemos esperar a su segunda parte para saber si han acertado en el blanco...

IGGY y HOMME; la extraña pareja...

"Post Pop Depression" ha sido una de las grandes sorpresas de este año y el mejor desde "American Caesar"

ABBATH es el auténtico rey de Blashyrkh

El noruego demuestra que hay vida después de Immortal y se lo pone difícil a Demonaz con un álbum repleto de fuerza y frío invernal...

CASPIAN; cuando la música puede ser arte.

Los de Massachussets han parido su mejor álbum hasta la fecha; arriesgando sin perder su identidad y conservando toda su emoción.

AHAB queman las barcas...

Los alemanes han grabado un auténtico monstruo con canciones de más de diez minutos capaces de mantener tu atención y tu alma en vilo…

La mecánica de fluidos de TAME IMPALA

Kevin Parker, en constante cambio, se disculpa por ello en sus canciones pero firma uno de los discos del año.

Y al séptimo disco, CRADLE OF FILTH resucitaron…

Nueva formación y las canciones más inspiradas que Dani Filth ha escrito en los últimos quince años...

BLUR contraataca con un regreso por todo lo alto

Doce años después, los ingleses publican "The Magic Whip" y consiguen el aplauso unánime de crítica y público con un disco diferente.

DYLAN por SINATRA, en estado de gracia.

El auténtico placer de cumplir años es no tener ni Dios ni amo; decidir a quién se le da la mano...

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

Han logrado que WEEZER publique uno de sus mejores discos en años, "Everything Will Be Alright In The End".

¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

Cuarenta minutos de abstracción

Un disco fascinante, extraño, menor pero extrañamente bonito, diferente y excitante...

Crónica: Pearl Jam (Madrid) 12.07.2018

SETLIST: Release /Elderly Woman Behind the Counter in a Small Town /Given to Fly /Lukin /Corduroy /Why Go /Animal /Even Flow /Mind Your Manners /Lightning Bolt /Eruption/Jeremy /Can't Deny Me /Do the Evolution /Wasted Reprise /Better Man/Porch /Just Breathe /Sirens /Black /State of Love and Trust /Rearviewmirror /Alive /Rockin' in the Free World/

Mi amiga me pide que sea discreto, me asegura que debo estar en un hotel céntrico de la capital a la hora exacta y allí acudo, no me garantiza que pueda hablar con ellos pero sí estrecharles la mano. Llevo conmigo una copia de “Vitalogy” (1994) en vinilo, sé que para muchos es “Ten” (1991), para otros será “Vs” (1993) pero yo crecí con el escopetazo de Cobain y “Spin The Black Circle” formando un remolino en las primeras filas de sus conciertos, “Better Man” conmoviéndome e “Immortality” rozando precisamente la inmortalidad con las guitarras de Stone y McCready, imposible llevar conmigo otro disco que no sea ese. El milagro se produce y estrecho la mano de aquellos que me han acompañado cientos de noches, los autores de “Black” pero también “Rearviewmirror”, “Last Exit” y sí, también “I Got Id”, “State Of Love And Trust” y las más recientes “Pendulum” o “Sirens”. Pero nada se puede comparar al hecho de tener a Eddie Vedder frente a ti, firmándote “Vitalogy” y, cuando le dices lo mucho que amas esas canciones, preguntarte divertido por qué… Supongo que todos prefieren “Alive” o “Jeremy”, supongo que no todo el mundo se deja la voz hasta quedarse afónico con “Corduroy” con la amargura y negrura que destilan muchos de los surcos de aquel álbum de mediados de los noventa, cuando el mal denominado grunge estaba más que muerto pero muchos no lo sabíamos todavía. Él estampa su firma con cuidado, me mira, me da una palmada en el hombro y se pierde en su hotel, unas pocas horas después estará salvando del desastre, sin saberlo, a un festival, como es el Mad Cool, cuya edición del 2018 será recordada por mucho tiempo por su desastrosa organización, hasta casi nublar un cartel de infarto.

Para que nos entendamos; el Mad Cool es el festival de aquellos a los que no les gusta la música y se ve invadido de aquellos que la amamos y acudimos prestos al reclamo de Neil Young, The Who, Pearl Jam, Tame Impala, Justice, Queens Of The Stone Age o esa bonita máquina del odio que es Nine Inch Nails. El Mad Cool es ese festival que está copiando los peores tópicos del FIB de Benicassim y el prefabricado Rock In Río madrileño; guiris borrachos, sombreritos de paja, mojitos, malísima organización, chicas vestidas como en un Coachella del extrarradio, gafas de pasta y más sombreritos de paja, pulseras de neón, botas camperas y modernetes y modernetas tan falsos como el césped artificial que pisábamos. Pedir en las barras era imposible, los accesos a los acotados de los escenarios una lotería, los aseos sin iluminación, caos en los accesos, caos en las salidas, caos en los medios de transporte y un personal de producción que parecía sacado del Starlite de Marbella, pelete engominado, mocasines y una actitud impropia para estar de cara al público en un festival en el que se supone que amas la música y es una celebración de la misma. Honestamente, espero no repetir el año que viene tras dos ediciones a cada cual más exagerada pero desnortada que la anterior. Desconozco si es culpa de los promotores u organizadores, pero mi experiencia fue tan penosa como la de miles de asistentes.

Pearl Jam hace tiempo que abandonaron el terreno del rock alternativo, la fiereza desbocada de “Even Flow” o “Porch” para tocar con las yemas de sus dedos la eternidad pero también la tranquilidad y accesibilidad del rock más clásico, de ese del que siempre bebieron; mientras Nirvana lo hacía del punk, Soundgarden o Alice In Chains del metal, las fuentes de Pearl Jam eran The Who o Zeppelin y tras publicar precisamente “Vitalogy”, al borde de la separación, grabaron “No Code” en 1996 (tras girar con Young y grabar “Mirrorball”) o “Yield” (1998) en una discografía en la que muchos han querido ver una línea descendente, entendiendo que Pearl Jam son los de “Ten” o “Vs.” y no una banda que se ha ido transformando poco a poco y se sienten más cómodos en los terrenos de “Pearl Jam” (2006) o “Backspacer” (2009) y, por supuesto, “Lightning Bolt” (2013), último álbum y con el que nos han visitado, a falta de uno nuevo que, según Vedder, será tan excitante como siempre….

De cualquier forma, en donde Pearl Jam siempre se han crecido y nunca han defraudado es en sus directos; es verdad que la exhibición de fuerza de Ament, Gossard, McCready y, por supuesto, Vedder, ha dejado paso a la sabiduría, al buen hacer, al poso, y Pearl Jam ya no son aquellos capaces de comerse a la audiencia con fuerza física pero sí han crecido en intensidad y emoción. Así, abrieron con la suave brisa que es “Release” y la bellísima “Elderly Woman Behind the Counter in a Small Town” evocando el espíritu de sus dos primeros discos, además de servirles para calentar, como el medio tiempo “Given To Fly” de “Yield” o la punky “Lukin” de “No Code” (me sorprendió muchísimo su inclusión) hasta esa brillante introducción que es “Corduroy”; “I don't want to take what you can give. I would rather starve than eat your bread. I would rather run but I can't walk. Guess I'll lay alone just like before” con todo el público cantándola, hasta su puente; “Everything has chains absolutely nothings changed. Take my hand not my picture spill my tinctureeeee….”

“Why Go”, la fiereza de “Animal” e “Even Flow” formaron un solidísimo cuerpo central de un concierto que se asentaría con “Mind Your Manners” (aunque perdiese comba con la ligera “Lightning Bolt”) y en el que McCready nos sorprendió con su versión de Van Halen, “Eruption”, hasta un “Jeremy” que nos terminó de dejar afónicos. Es verdad que “Can't Deny Me” es uno de sus peores singles y nos trajo la presencia de Bardem (¿por qué los seguidores de Pearl Jam tenemos que tragarnos a Javier Bardem en persona o en pantalla en cada una de sus visitas, por qué ese precio en cada concierto de Vedder o Bono en nuestro país?). “Do The Evolution” (también de “Yield”) sigue funcionando en directo como la preciosa “Better Man” que unieron con versos de “Hunger Strike”, sin embargo, la nueva versión de “Porch” en directo no me termina de convencer…

Vedder, quizá la voz más bonita que ha dado el rock desde los noventa, nos deleitó con en acústico con “Just Breathe” hasta una versión de “Sirens” con toda la banda que supo a gloria pero, claro, cualquier canción de “Lightning Bolt” palidece frente a una obra como “Black” y todos cubiertos por una luz anaranjada y… negra, con Vedder alargando la emoción descarnada con “We Belong Together” hasta unos bises que se iniciaron con la intensidad de “State of Love and Trust” o “Rearviewmirror” y, de nuevo, todos afónicos en una marea humana; “Saw things, saw things, saw things so much clearer…” y Pearl Jam, ahora sí, entrando en combustión sobre el escenario mientras Vedder entra de nuevo en comunión con el público.

No será difícil, “Alive” y todo su drama entran en escena para unirse mágicamente con la enésima versión del clásico de Neil Young, “Rockin' in the Free World” y salvar definitivamente la primera noche del Mad Cool. Curioso escuchar a Eddie Vedder entonar algunos de sus versos más íntimos y auténticos en un festival de espíritu tan superficial pero qué razón tienes; “I don't want to take what you can give. I would rather starve than eat your breast. All the things that others want for me Can't buy what I want because it’s free. I ain't supposed to be just fun. Oh to live and die let it be done. I figure I'll be dammed… All alone like I began” A veces toda la vida de uno parece contenida en un concierto de Pearl Jam, que sea así por muchos años, nos dejaron los sentimientos a flor de piel y a mí un día que no olvidaré nunca. Gracias por todo, Eddie, Mike, Stone y Jeff….

© 2018 James Tonic
Foto © 2018 El  País


Crónica: Iron Maiden (Madrid) 14.07.2018

SETLIST: Aces High / Where Eagles Dare / 2 Minutes to Midnight / The Clansman / The Trooper / Revelations / For the Greater Good of God / The Wicker Man / Sign of the Cross / Flight of Icarus / Fear of the Dark / The Number of the Beast / Iron Maiden / Encore: The Evil That Men Do / Hallowed Be Thy Name / Run to the Hills /

Puede que a muchos les parezca un sacrilegio, pero tenía poca confianza en Maiden. El motivo no es su inmensa profesionalidad y sus directos, ¡es casi imposible salir defraudado de uno de ellos! Pero soy de esos a los que la eterna gira Maiden England y The Book Of Souls Tour no me terminaron de gustar y no puedo decir que no les diera la oportunidad, cinco veces en tan sólo dos giras es demasiado para alguien que ama la música en general y no dedica su cuerpo, alma y nómina en seguirles por cada ciudad en exclusiva. Sin embargo, amo a Maiden, y es por ello que seguiré asistiendo religiosamente a todas sus giras, comprando sus discos y devorando cada palabra que escriban (como es el caso de la biografía de Bruce, ¿Qué hace este botón? What Does This Button Do?). Pero, en efecto, aquellas dos giras no me convencieron, allí estaban Maiden (y, por suerte, un incansable Bruce que vencía al cáncer con la misma fuerza e ilusión con la que canta, escribe o pilota) pero algo no me terminaba de gustar y sí, soy de también esos a los que “The Book Of Souls” nunca le ha gustado desde el día de su publicación y escuchar en directo “Tears Of A Clown” o “The Red and the Black” suponía un auténtico coñazo, nadie me lo puede negar cuando en el concierto la gente aprovechaba para ir a los aseos, la barra, las camisetas o ensimismarse con el móvil. No digo que “The Book Of Souls” sea un mal álbum (eso es del todo imposible para Maiden) pero no el disco que quiero escuchar de ellos.

Por lo tanto, el anuncio de una gira como Legacy of the Beast pintaba muy bien gracias a ese reencuentro con las canciones de toda la vida y algunas rescatadas del baúl del tiempo que, sin embargo, luego en concierto deslucen frente a otras cuya sombra es enormemente larga. Habiéndoles visto en Francia, hace tan sólo dos semanas, la verdad es que la única pega que puedo ponerle a esta última gira es la falta de ese dinamismo en el repertorio que prometía Bruce, esas sorpresas. Soy consciente de que Maiden ejecutan con precisión el mismo concierto cada noche, que no son una banda que cambie y deje espacio a la interpretación, pero esperaba el regalo de una única canción diferente en cada ciudad y lo que vi hace dos semanas en esta gira fue exactamente lo mismo a la noche del sábado en Madrid. Por otra parte, ¿alguna queja? Ninguna.

Con dos invitados de lujo como Sabaton y Gojira, la noche prometía ser verdaderamente histórica en Madrid. Los de Joakim Brodén‎ gozan de mi respeto gracias a sus ganas, profesionalidad y esas canciones repletas de energía y épica, con “The Last Stand” (2016) aún como último álbum (en el que centraron su concierto) y un nuevo título prometido para este año, Sabaton desplegaron toda su artillería (nunca mejor dicho) y arrancaron con “Ghost Division” de “The Art of War” (2008), del que también interpretaron “Swedish Pagans”, o “Carolus Rex” (de su disco del mismo nombre), sin embargo, “The Last Stand” sigue siendo el protagonista y así se demuestra con “Winged Hussars”, “Shiroyama” o la homónima. De “Heroes” rescataron “Night Witches” y “To Hell And Back”, mostrando Brodén y Sundström que Sabaton están en plena forma, aún teniendo que abrir a plena luz del día y con un sol auténticamente abrasador para un verdadero monstruo como Maiden.

Sin embargo, a quien más ganas tenía de volver a ver era a Gojira, los de Bayona, con los hermanos Duplantier al frente han crecido de manera exagerada en los últimos años. También es cierto que “L'Enfant Sauvage” (2012) fue el empujón definitivo que necesitaban en una discografía en la que no veo fallo alguno. Es verdad que “Magma” (2016) es el más diferente y que no lo disfruto tanto como “The Way Of All Flesh” (2008) o “From Mars To Ruins” (2005) quizá porque las señas de identidad de Gojira quedan desdibujadas, pero en directo siguen siendo tan geniales como siempre. Joe Duplantier y Jean-Michel siguen queriendo comerse el escenario, igual que Christian Andreu y Mario que es, simplemente, uno de los mejores baterías del momento. “Toxic Garbage Island” y “L'Enfant Sauvage” tendieron un vigoroso puente de death metal con “Silvera” y “Stranded” que, en directo, aún no siendo el terreno en el que mejor se mueven, no desentonan frente al resto (que nadie me diga lo contrario, también estuve en la gira francesa de presentación de “Magma”, hace dos años, y sigo opinando lo mismo…). Precisamente, de su último álbum, interpretaron también “The Cell” y “The Shooting Star”, apoyándose en “Flyig Whales”, “Backbone” y “Vacuity” de “From Mars To Sirius” y “The Way Of All Flesh”, respectivamente. Disfruté muchísimo de los hermanos Duplantier (a pesar del extrañísimo cartel formado por una banda de power, una de death técnico y otra clásica de NWOBHM, para los que semejante etiqueta se les quedó pequeño hace ya mucho tiempo), no puedo decir lo contrario, y les sigo teniendo el mismo cariño de siempre, Gojira son grandes y lo demostraron.

Pero cuando suena el clásico de UFO, es difícil contener la emoción y más si el concierto se inicia con “Aces High” y un enorme avión sobre un Bruce Dickinson para el que semejante escenario se le queda pequeño, al igual que para el incombustible Steve Harris, ametrallándonos con su clásico bajo, cualquiera que les vea sobre el escenario no puede guardar duda alguna de que aman lo que hacen y lo contagian cada noche a miles de personas, quizá ese sea el secreto de su éxito (junto a su talento, genio y duro trabajo a lo largo de los últimos cuarenta años. Una receta sencilla, ¿verdad?). “Where Eagles Dare” y la histórica “2 Minutes to Midnight”, simplemente mágico. Como acordarse de “The Clansman” (la cual hacía que no escuchaba en la voz de Dickinson desde su gira “Give Me Ed... 'Til I'm Dead”, hace la friolera de quince años) y que sigue siendo igual de emotiva y cargada de fuerza.

Es verdad que hemos escuchado “The Trooper” hasta la saciedad pero, ¿a quién no se le sigue saliendo el corazón del pecho con ella en directo? De “Piece Of Mind” recuperan “Revelations” con acierto mientras que de “A Matter of Life and Death”, “For the Greater Good of God” que formará una dupla un tanto árida con “Sign of the Cross” de “The X Factor” (recuerdo aquella gira que presencié con el simpático y entrañable Blaze…) de la que rápidamente se recuperan con “The Wicker Man” (del gran álbum de regreso de Dickinson, “A Brave New World”) y “Flight Of Icarus” (también de “Piece Of Mind”).

De la recta final de infarto, me quedo con la magnífica interpretación de Bruce Dickinson en “Fear of the Dark”, sencillamente mágica, uno de los grandes momentos de esta gira que nos llevó a “The Number of the Beast” y la siempre punky “Iron Maiden” en unos bises a la altura de su leyenda con “The Evil That Men Do”, “Hallowed Be Thy Name” y “Run to the Hills” y miles de caras felices como niños en Navidad. De esta gira me quedo con la energía de Bruce y Steve, el buen saber hacer de Adrian y Dave, el carisma de Nicko y, por fin, un Janick mucho más participativo a las seis cuerdas. Una gira, un concierto, una noche histórica, que sirvieron para que me reconciliase con Maiden, si es que hacía falta después de veinticinco años en sus filas.

© 2018 Lord Of Metal

Crónica: KISS/ Megadeth (Madrid) 09.07.2018

Llegará un día en el que echemos de menos en directo a una banda como KISS, llegará el día en el que muchos volverán a entender lo que significan y abandonen los convencionalismos más absurdos para admitir que los que están fuera de lugar son ellos y no Simmons o Stanley. Y digo todo esto por la polémica de los últimos meses por la que muchos internautas bienpensantes pedían la cancelación de los conciertos de KISS o su actuación en el Resurrection Fest por la presencia de Simmons ante la denuncia pública de una mujer y que, como en muchos otros casos (Decapitated o Maynard Keenan, sin ir más lejos) la opinión pública había dictado sentencia antes de conocerse resolución alguna, habiéndose desestimado posteriormente. KISS pertenecen a otra época, es verdad, una mucho más salvaje (aquella en la que la sangre que lucía Simmons en el escenario no era de mentirijilla sino menstrual) y caduca pero necesaria para entender el devenir de la música actual y los años dorados del rock; ese que todo el mundo gusta de ponerse en una camiseta de Inditex pero poca gente conoce o entiende de verdad. Sin embargo, la vigencia de KISS es plena y asistir a uno de sus conciertos sigue siendo un ritual, una ceremonia a la que acudir, un bendito lujo en el que algunos ya nos hemos acostumbrado a Thayer o Singer y hemos asumido que Peter y Ace están fuera de la ecuación definitivamente. La llegada a Madrid se complicó y el montaje del escenario se demoró, retrasándose la apertura de puertas y las actuaciones de Megadeth y Kiss que tuvieron que correr y disparar sus clásicos a discreción. 

Crítica: Devildriver "Outlaws 'til the End: Vol. 1"

Hay algo especialmente atractivo en la mezcla de western y tecnología, de country con metal, es verdad. Hank Williams III lo ha hecho con especial ventura y pericia, de casta le viene al galgo, dirán muchos; no todos los músicos pueden presumir de un antepasado como el de Hank Williams, respeto eterno. Pero, sin embargo, hay algo extraño en el mestizaje de country con groove metal, no es que el experimento de DevilDriver no funcione, es más; una escucha apresurada con la inicial “Country Heroes” y Williams III a las voces junto a Fafara, además de ese efectista slide, hace presagiar un álbum mucho mejor del que termina resultando. Y es que lo que funciona en algunas canciones, se hace indigesto a lo largo de doce composiciones grabadas por Johnny Cash, Steve Earle, Hank Williams, George Jones o Dwight Yoakam, por los pocos matices y el aspecto prefabricado habitual de un subgénero como el groove metal que, bien entendido, es tan poderoso como cualquier otro pero, mal entendido, se traduce en descargas de vigorosos esteroides que suele caer en el ridículo, en la hipérbole.

De manos de Steve Evetts (The Dillinger Escape Plan, Havok, The Cure pero también lo peor de Sepultura, Butcher Babies o, por increíble que parezca; Berri Txarrak), los de Santa Barbara o, mejor dicho; Dez Fafara, rescatan del baúl todas aquellas canciones de maleantes, forajidos, polvo, arena, pólvora y whiskey, de aquellos artistas inmortales que, como Cash, vistieron de negro y tuvieron más huevos que toda la escena metal actual. El experimento, aunque no demasiado novedoso, resulta sobre el papel pero no aguanta repetidas escuchas sin que, como un plato fortísimamente condimentado, se repita y harte a las pocas cucharadas. “Whiskey River” (grabada y popularizada por Willie Nelson, de ahora en adelante tan sólo mencionaré aquellos que la popularizaron y no sus compositores para no convertir esta crítica en un batiburrillo de referencias), cuenta con la inestimable colaboración de Randy Blythe y Mark Morton de Lamb Of God que vienen de grabar un sólido y honesto álbum de versiones como Burn The Priest. La versión está repleta de detalles efectistas, de exceso y mala leche, de distorsión en las voces de Blythe o Fafara y, de nuevo, ese slide que, a la postre, será el único elemento que le confiera el toque de western o country a un álbum que, de no ser por las guitarras, sería uno más de groove en muchos de sus momentos.


“Oulaw Man” (The Eagles, recuerda; popularizaron, no compositores) golpea como un martillo pilón entre las guitarras de Spreitzer y Tiemann, buen estribillo e interpretación de Fafara, quizá una de las mejores del álbum, junto a "Ghost Riders in the Sky" con la presencia de los mismísimos John Carter Cash y Ana Cristina Cash, además de Blythe, en la que sí se entiende la idea de Fafara y se siente el respeto por el género, además de las ganas de hacer algo completamente diferente. Pero, a partir de "I'm the Only Hell (Mama Ever Raised)" o, más en concreto; "If Drinking Don't Kill Me (Her Memory Will)" con Wednesday 13, el album entra en punto muerto, uno del que solo será capaz de sacarnos el propio Johnny Cash con la inmortal “The Man Comes Around” (con Lee Ving), quizá la única concesión más accesible al gran público y el de otros países, no tan familiarizado con Wiliams, Blue o Yoakam (de este, precisamente, recuperan "A Thousand Miles From Nowhere")


“Copperhead Road” (con Brock Lindow de 36 Crazyfists) es una versión más pegajosa que las mostradas hasta el momento, la presencia de Lindow y su metalcore, favorece a la interpretación de DevilDriver como la de Burton C.Bell en "Dad's Gonna Kill Me" (una de las mejores voces y subestimadas del metal en los noventa). Para concluir, recurren de nuevo a la familia Williams pero esta vez a Hank Williams Jr. Con “A Country Boy Can Survive” o la poco afortunada de “The Ride” de nuevo con Lee Ving, en un álbum que, como señalaba al comienzo, puede llegar a engañar en las primeras escuchas a todo aquel que no le preste demasiada atención y termina desinflándose.

Es verdad que la idea de Fafara era mezclar groove con metal pero se echan de menos acústicas y armónicas que tan buenos resultados dan en el metal (que se lo pregunten si no a Al Jourgensen de Ministry y su manera de soplar) sin que su presencia restase un ápice de agresividad y es que “Outlaws 'til the End: Vol. 1” demuestra una vez más que la contundencia no siempre reside en la estética musical sino en el fondo de esta. Pero la gran duda es saber si, al revés de los de Virginia con su álbum de versiones, lo de DevilDriver es una huida hacia delante ante la falta de ideas para grabar nuevas canciones o un homenaje en toda regla en el que las ideas son buenas pero parecen del todo incapaces de llevarlas a buen puerto.

© 2018 Lord Of Metal



Crítica: Immortal “Northern Chaos Gods”

Soy de esos que creen que las rupturas habitualmente suelen traer también alegrías. Es verdad que no siempre se cumplen y devienen en discos menores por ambas partes, pero muchas veces traen grandes momentos. En el caso de Immortal, pese a que todo el mundo corrió presto a firmar su certificado de defunción, muy pocos cayeron en la cuenta de que había vida antes de Abbath y su salida de la banda podría ser tan trágica como Demonaz quisiese. Pasado el tiempo y con ambos discos en las manos, la evaluación de lo ocurrido parece más clara que nunca; mientras que Abbath nos deslumbró a todos con un estupendo álbum que parecía poner muy alto el nivel a sus antiguos compañeros, en directo todo se diluía y nos encontrábamos con conciertos, a veces vergonzantes, en los que Abbath y sus payasadas hacían perder el hilo conductor, repletos de clichés y bromas, el black metal (que ya de por sí posee un fuerte sentimiento caricaturesco cuando es elevado a su enésima potencia) convertido en el meme por antonomasia, además de una banda que, pese a la calidad de los involucrados, nunca terminó de cohesionarse. Lo exhibido por Olve Eikemo en “Abbath” (2016) perdía fuelle de manera peligrosa cuando lo llevaba a las tablas por culpa de su carácter, algo que parece confirmarse con las salidas de Kevin Foley y ahora King Ov Hell (este último alegando motivos religiosos), además de la de Silmeath (sustituido por Ole André Farstad), pareciendo subrayar las quejas de Apollyon, ahora Horgh y Demonaz, y lo difícil que es trabajar con Olve. Y es que, en efecto, hay que tener mucha sangre fría de Blashyrkh para aguantarle. A todo ello hay que sumarle el que parece ser otro proceso de desintoxicación y un pequeño cambio de dirección en la temática de las composiciones de su próximo segundo álbum, esas que King es incapaz de tolerar…

Mientras tanto, Demonaz y Horgh han vuelto a pintarse la cara con su mejor corpse paint y se han metido a componer un álbum como es el que nos ocupa, con la ayuda de Peter Tägtgren (Hypocrisy) no sólo tras los mandos sino también al bajo. Es por eso que ”Northern Chaos Gods” no se siente como el álbum de un dúo y puede presumir de ser un buen trabajo que obviamente tiene una pequeña desventaja con el de Abbath y es que mientras que aquel no tiene aparente comparación, el de Immortal tiene que lidiar con obras como “Diabolical Fullmoon Mysticism” (1992), “Pure Holocaust” (1993) o “Battles in the North” (1995). Obviamente, no es como aquellos (ni Demonaz, ni nosotros somos los mismos tampoco) pero sí que es verdad que ”Northern Chaos Gods” suena crudo hasta gotear sangre, es gélido y quizá el más negro (negrísimo) de los últimos años y, desde su portada, parece algo buscado deliberadamente. Si Abbath trajo el heavy metal y toda la NWOBHM con su incorporación a la banda, su salida ha dejado algunas señas de identidad pero también han recuperado el sentimiento más black de su música; la forma de componer y la guitarra de Demonaz es más directa, hay menos adorno y más rapidez, más acidez y mala leche, menos exaltación del sentimiento heavy rancio que suena tan anacrónico, como enternecedor a veces, en muchas de las producciones actuales o cuando recurrimos a discos del pasado y aseguramos que han envejecido mal. ”Northern Chaos Gods” suena atemporal, podría haber sido grabado en 1998, 2018 o dentro de diez años y el resultado sería el mismo.

El comienzo con la canción “Northern Chaos Gods” es espectacular, nadie puede decir lo contrario; el riff es seco y pegadizo, tanto o más que el estribillo, Horgh en plena forma y sus cuatro minutos se hacen tan breves que uno necesita volver a escucharla una y otra vez. La voz de Demonaz dista mucho del croar de Abbath y ese toque chillón que a veces imprimía a su voz pero, en cambio, recuerda más que nunca a Quorthon. Ese sentimiento de Bathory es el que impregna también “Into Battle Ride”, es verdad que carece de originalidad pero lo compensa con entrega y furia, es una auténtica descarga y el estribillo, en lugar de ser el acentuado staccato de la anterior, es puramente épico. La mejor, a mi gusto, es “Gates Of Blashyrkh”, no sólo por su original melodía sino también por el contraste entre la descarga más temperamental y la atmósfera de las guitarras, esas que despuntan en “Grim and Dark”, adoleciendo la rapidísima “Called To Ice” de exceso minutaje; casi cinco minutos son demasiados y puede hacer perder la paciencia a aquel no iniciado en el sonido de la banda; es verdad, posee el estribillo y la rabia, pero le sobran dos minutos.

Es por eso que el cambio en la introducción de “Where Mountains Rise” es tan agradecido y convierte su medio tiempo en otro de los grandes momentos del disco, repleto de emoción e intensidad. El trabajo de Demonaz en “Blacker Of Worlds” es estupendo (genial su interpretación y la letra cargada de veneno), como “Mighty Ravendark” es sencillamente magistral pero un poco de contención en su duración (más de ocho minutos), como le ocurre a “Called To Ice”, la habría convertido en un auténtico sobresaliente; el desarrollo, el puente y el estribillo, la instrumentación y la letra son de diez pero la tensión se pierde.

Un álbum que parece ser una clara respuesta a todos aquellos que pensaban que Abbath era sinónimo de Immortal y Demonaz había desaparecido de la ecuación. Es verdad que se echa de menos el tono de Eikemo (no perdamos la esperanza de un posible retorno; cosas más raras se han visto, aunque el corazón de Demonaz parezca arder en resentimiento. Aunque, bien pensado, ¿quién necesita ver a Abbath de nuevo con Immortal o a Gaahl con Gorgoroth?) pero el resultado es verdaderamente agradable para todos sus seguidores y nos sirve para recibir una doble ración de black metal. La última vez que vi a Immortal fue en su gira de “All Shall Fall” y, aunque el concierto fue espectacular (es difícil explicar cómo su música parecía helar y cubrir al público con una capa de frío tan intensa como el abundante humo que disparaban los cañones), algo parecía roto en el escenario y seguramente ya fuese la relación entre Abbath, Horgh y Apollyon, por lo que estoy deseando comprobar cómo se las gastan con Demonaz de vuelta, ahora que han anunciado la gira norteamericana y amenazan con actuar en Europa. ¡Larga vida a Blashyrkh! ¡Larga vida a Immortal!

© 2018 Lord Of Metal


Crónica: Ozzy Osbourne (Madrid) 30.06.2018

SETLIST: Bark at the Moon/ Mr. Crowley /I Don't Know/ Fairies Wear Boots/ Suicide Solution/ No More Tears/ Road to Nowhere/ War Pigs/ Miracle Man/ Crazy Babies/ Desire/ Perry Mason/ I Don't Want to Change the World/ Shot in the Dark/ Crazy Train/ Mama, I'm Coming Home/ Paranoid/

Suele ocurrirle a las nuevas generaciones de recién llegados a la música que valoran y emiten juicios lapidarios sobre artistas que llevan décadas ganándose el pan con su genio. No es extraño encontrarse en conciertos a chavales o cuarentonas que acaban de descubrir las bondades del rock (llámalo metal, grind, groove, thrash, death, black o hard, como gustes) en directo y toda su parafernalia, que menosprecian a KISS, AC/DC, Judas Priest por sus quizá poco acertados últimos lanzamientos (empero, “Firepower” de Judas es quizá lo mejor que han firmado en muchísimos años) o atacan despiadadamente a Axl Rose, Maynard Keenan o Phil Anselmo. Y yo, quizá es que soy más tonto que ninguno porque, habiendo asistido ya a más de mil conciertos (sí, has leído bien), habiendo conocido a muchos de mis ídolos y rindiendo devotamente mi nómina cada mes al santísimo vinilo, no puedo menos que agradecerle a Halford, Lemmy, Tipton, Brian Johnson y Angus Young, Anselmo, Dimebag, Vinnie Paul, Rex, Maynard, Downing, Dio, Roads o Wylde por todo lo que me han enseñado,  he disfrutado de sus canciones y lo mucho que me han acompañado. Lo contrario, negarle a Judas su importancia, reírse de Brian May por querer salir de gira sin nuestro eterno Freddie o aseverar que KISS son la banda más sobrevalorada de la historia, son cosas que tan sólo dicen más de la necedad y desconocimiento del que habla que del artista en sí mismo. 

El Download Festival madrileño pintaba bien sobre el papel pero en directo ha resultado ser de lo más irregular; desde los horarios o la purrela de bandas que competía en desigual desventaja con auténticos titanes, un escenario principal que no terminó de sonar todo lo bien que se esperaba y el horrendo hedor de las depuradoras durante todo el fin de semana. Para muchos, la gran cita era Guns N’ Roses (que jugaban fuera de casa, ante un público que, por increíble que parezca, preferirían ver a Moose Blood o Viva Belgrado antes que la ansiada reunión de Axl y Slash que paralizaron todo el festival con un innecesario set de más de tres horas, al que, por desgracia, el constante viento estropeó el sonido), para otros; Avenged Sevenfold o la accidentada actuación de A Perfect Circle que acortó su repertorio y, para muchos otros (y así se dejó ver en la asistencia), la segunda oportunidad de ver a Ozzy visitando nuestro país en solitario después de varias intentonas y cancelaciones.

Vale, estoy preparado para ello; ahora es el momento en el que el lector deberá elegir si sigue o no leyendo, porque vamos a desarmar a toda esa pandilla de haters que con sus estúpidos argumentos pretenden deslucir la carrera de John Michael Osbourne y reducirla a la nada. Esos que aseguran que todo el talento es cosa de Jake E. Lee, Randy Rhoads, Iommi y Geezer, esos otros que ven en Sharon como una zorra sedienta de dinero, atacan a Wylde por sus interminables solos y armónicos artificiales, lloran por Gus G, critican los últimos discos de Ozzy, su actitud por girar sin Ward y reclutar a Tommy Clufetos, anunciar otro No More Tours 2 después de aquel primero, regrabar sus clásicos o ser un paria sin talento al servicio del de otros, un vocalista mediocre al que le cuesta moverse por el escenario y solo tira cubos de agua. Ok, ¿hemos acabado ya con las estupideces? Sigamos…

El nombre de “Ozzy” se anuncia en las pantallas y ya es suficiente para sentirse parte de la historia y afortunado por lo que uno está a punto de presenciar, “Bark At The Moon” inicia el concierto; directo al tuétano, olvidémonos de cualquier otra canción, Ozzy no va a perder el tiempo arrancando los conciertos de esta gira de otra manera que no sea rozando la eternidad. Obviamente, es imposible no acordarse de Jake E. Lee, claro que sí, pero un enorme Zakk Wylde (con falda escocesa y una ‘bullseye’ de los Wylde Audio) nos lo borra del recuerdo con su gruesa forma de tocar; por Rhoads, por Lee, por Dimebag, Iommi y Hendrix, claro que sí.

Ozzy está en la misma forma de los últimos años pero su voz aguantará con firmeza la hora y media de actuación, en esa difícil pirueta en la que nadie es capaz de hacer sonar sus canciones como él, pese a sus limitaciones. Adam Wakeman interpreta la introducción de “Mr. Crowley” en mitad de la noche y caen algunas gotas del cielo, “Mr. Crowley, what went wrong in your head?”, canta Ozzy de manera dramática por Aleister, y sí, me emociono por todas las veces que he escuchado esa canción y la cantidad de noches que me ha acompañado, igual que “I Don't Know”, como la pista, el festival entero que corea su estribillo…

Es el momento de acudir al legado de Black Sabbath pero sin ser demasiado obvio y Ozzy rescata “Fairies Wear Boots”, Wylde la borda y Clufetos golpea como si le fuera la vida en ello, y de vuelta a “Blizzard Of Oz” con “Suicide Solution”, la emotiva e intensa “No More Tears” con un grandísimo trabajo de Rob Nicholson, y “Road To Nowhere”, del mismo álbum, en la que Wylde demuestra, lejos de sus tics más previsibles, su profunda sensibilidad hard en el sonido de su guitarra. No puedo decir lo contrario, “War Pigs” hace que todos cantemos; “Generals gathered in their masses. Just like witches at black masses. Evil minds that plot destruction. Sorcerers of death's construction In the fields the bodies burning. As the war machine keeps turning. Death and hatred to mankind Poisoning their brainwashed minds… Oh lord yeah!” y sintamos un escalofrío recorrer nuestra espalda, cuánto os debemos, Ozzy, Tony, Geezer y Bill…

El interludio formado por las instrumentales “Miracle Man”, “Crazy Babies” y “Perry Mason” (que nunca creí que escucharía en directo, de manos de Wylde), como el solo de Clufetos (idéntico al interpretado en las últimas giras de Sabbath) sirven para que Ozzy descanse y ataque de vuelta con la bonita “I Don't Want to Change the World”, quizá más vigente que nunca, o “Shot In The Dark” de “The Ultimate Sin”, cuyo sonido ochentero suena magnífico actualmente (pocas canciones de Ozzy capturan con tanta dignidad aquella década) e infeccioso estribillo nos hace acompañar a Ozzy de nuevo mientras su sonrisa de satisfacción es ampliada por las grandes pantallas del festival, hasta desatar la auténtica locura con “Crazy Train” por Rhoads y todos, absolutamente todos, cantándola. Si hubo alguien allí incapaz de ello, lo siento de verdad…

“Mama, I'm Coming Home” hace que Ozzy exceda la hora estipulada del festival y todos sabemos que aquello se está acabando, no sin que antes suene “Paranoid” y todas las luces encendidas para locura de todos, con un fin de fiesta tan esperado como impactante… ¡Eres jodidamente grande, Ozzy!


© 2018 James Tonic


Crítica: Marduk “Viktoria”

Resulta siempre muy complicado evaluar casi treinta años de carrera de una banda en función de su último álbum o, mucho peor, contrastar quiénes fueron y en lo que han devenido en la actualidad, sobre todo por la elucubración de complicadas y extrañas teorías que parecen querer decir más del que escribe y la justificación de su valoración, que del propio artista. En el caso de Marduk, tanto Devo como Morgan, han estado presentes desde sus comienzos y tan sólo Fredrik Widigs a la batería o Mortuus de Funeral Mist a las voces se han incorporado más tarde pero, en ambos casos, los dos músicos han encajado a la perfección, sin ir más lejos; Mortuus, desde el 2004 en la banda, puede considerarse como el mejor vocalista que ha tenido Morgan a su lado. Por lo tanto, ¿qué podíamos esperar de “Viktoria”? Quizá no se trate tanto de lo que nos esperábamos sino huir precisamente de las comparaciones, su nuevo álbum no está compuesto o grabado para competir con “Dark Endless” (1992) o “Panzer Division Marduk” (1999), por lo tanto; deberás evitar aquellas críticas que te aseguren que tiene mucho que ver con aquellos y también de aquellas en las que te juren y perjuren que Viktoria es su mejor o peor disco, porque nada de eso es verdad. Marduk hace tiempo que transitan esa complicada pero también poco agradecida zona propia en la que todos sus trabajos están a un gran nivel, pero ninguno despunta significativamente del resto, ni por ser inferior; ni por resultar una obra maestra que, por otra parte, redefina un subgénero que cada vez huele más a naftalina (de verdad de la buena…)

Vale como ejemplo “Frontschwein” (2015), un álbum que recibió tantos elogios desmedidos como críticas descarnadas, cuando la realidad es que no es una obra maestra (ni uno de sus mejores trabajos), pero tampoco el peor de su carrera. Es por eso que los seguidores de los polacos que amen la carne cruda, disfrutarán de “Viktoria” porque continuando el camino marcado por su predecesor, la producción del nuevo álbum es cáustica, básica y tan poco hecha y directa como uno espera del buen black metal, teniendo más que ver con “Rom 5:12” (2007) que con su anterior entrega.

Algo que se siente desde la inicial “Werwolf”, dos minutos de metal lleno de rabia y en la que la única queja que podemos tener es la inclusión de esos coros casi infantiles. Por lo demás, las guitarras parecen más afiladas que nunca, y la labor de Fredrik es tan reseñable como la garganta de Mortuus en “June 44”, que hará exhibición de sus dotes en esos coros que, sin embargo, hacen que la canción pierda puntos, restando credibilidad a su tono de cuchilla oxidada, caso aparte es el recitado final, al más puro estilo Nergal. En “Equestrian Bloodlust” recuerdan a Immortal gracias a las guitarras, además de elevar al álbum, junto a canciones como “Tiger I”, quizá la más sencilla y repetitiva, pero definitivamente aquella que termina dotando a “Viktoria” de un tono más serio y dramático (ocurre algo similar con “The Last Fallen”). “Narva” recuerda muchísimo, horrores, a “Werwolf” (estupendo el bajo de Devo) pero más oscura y menos inmediata, menos obvia.

La acelerada “Viktoria” se basa en la repetición del estribillo, en la claridad con la que Mortuus parece deletrear su título, y cómo cambian de ritmo (Morgan en segundo plano), dándole mayor importancia al bajo de Devo y la batería de Widigs. “The Devil’s Song” hereda la melodía y el sabor de Gorgoroth pero el trabajo de Mortuus es magnífico por lo que la canción tarda poco en cuajar en la memoria del oyente, gracias al traqueteante ritmo y la convicción del vocalista, que nos dejará un gran sabor de boca en la plomiza despedida que es “Silent Night”.

No es su mejor álbum y dista mucho de serlo pero, al margen de la horrorosa y poco cuidada portada, es tan sólido como cualquiera de sus referencias anteriores y consigue situar a Marduk de nuevo en el mapa, allá donde muchas bandas veteranas tan sólo necesitan una excusa para echarse a la carretera y bien está…

© 2018 Lord Of Metal

Crítica: Khemmis “Desolation”

Corre el rumor de que toda banda auténtica que firma con la todopoderosa Nuclear Blast, pierde fuelle, como si los de Donzdorf influyesen en la dirección de las nuevas canciones. Y lo que esa pandilla de trvues parece ignorar es que el sello alemán ha contribuido, como casi todas las “relativamente nuevas” discográficas, a la expansión de géneros menores y despertar, con mucho esfuerzo, el entusiasmo por bandas que, de no haber sido fichadas, estarían a merced de la autoproducción y unos canales de distribución inexistentes o, mucho peor, ya extintas y olvidadas. No es el caso de Khemmis que tienen tanto que demostrar, “Absolution” (2015) les hizo entrar con fuerza y “Hunted”, tan sólo un año después, fue la gran sorpresa, mostrando a una banda que había madurado a pasos agigantados y suplía los pequeños errores de su debut con canciones enormes y decisión. Es por eso que “Desolation” (2018) parece haber tardado en llegar, cuando dos años en los de Colorado parecen una eternidad. ¿Supone una decepción? Sí y no. ¿Tiene algo que ver la distribución de los alemanes? No, pero habrá quien quiera ver la búsqueda de la comodidad, la pérdida del factor sorpresa o la incorporación de algunos de los clichés del heavy metal más clásico allá donde antes había doom y emoción en las voces de Ben y Phil, en un álbum de tan sólo seis canciones que, sin embargo, se hace demasiado largo.

“Bloodletting” fue el primer adelanto que pudimos escuchar y la canción que abre este “Desolation”, desde sus primeros compases es innegable que algo ha cambiado en Khemmis, el doom ha dado paso al metal más rancio y, no siendo malo, desdibuja la personalidad de la banda. La gran sorpresa es la sustancial mejora de Phil a las voces, su timbre ha ganado en riqueza; las melodías son más emocionales, funcionando a la perfección, y la prueba de ello es una mayor presencia de su pista en la mezcla. “Bloodletting” es inminentemente melódica por lo que el trabajo de Phil le sienta maravillosamente bien, pero algo no termina de convencer en el resultado global.

“Isolation” evoca la década de los ochenta en las guitarras, podría haber sido grabada hace treinta años, pero en el crujido de las seis cuerdas de Phil y Ben quiero escuchar una referencia más reciente y es la de unos Kvelertak ralentizados y sin el sentimiento de goce cafre que los noruegos traen con sus canciones, mientras que en “Flesh to Nothing” la comparación con Týr es más que necesaria y así quiero entender el ramalazo de doom en “The Seer” en la que, por desgracia, siguen prefiriendo la melodía a la monolítica lentitud, el empacho de azúcar en lugar de un buen latigazo de vinagre.

Por lo menos, la despedida de “Desolation”, aunque distante a su estilo, resuena repleta de melancolía y oscuridad, “From Ruin”, en lo que parece un intento por compensar el exceso de luz, melodía y repertorio ‘jevilongo’ con el que parecen haber sazonado el álbum. Sin ser un mal disco, Khemmis han grabado su obra más floja, es innegable que han ganado en solidez como banda, pero también que parecen haber llegado a un punto de inflexión en el que probar algo diferente y se han dejado algunas de sus señas de identidad por el camino. Que vuelva el doom, por favor…

© 2018 Jack Ermeister

Crítica: Spurv “Myra”

Algo hizo que muchos prestásemos atención a “Skarntyde” (2015) en un mundo cuya oferta musical se ha multiplicado exponencialmente y, cada vez que uno descubre a una banda, encuentra mil referencias más; cientos de nombres de artistas desconocidos por el gran público pero, sin embargo, rebosantes de calidad. Es verdad, no puedo negarlo, estamos sufriendo una masiva sobreexposición de un tipo de música con tendencia a la introspección por parte de artistas nórdicos, bosques, mujeres en vaporosos camisones blancos, runas, tribales, cérvidos y, cuando las guitarras se encabritan con un Big-Muff; pechos y cuernos de más animales, huesos, nubarrones y títulos de canciones impronunciables que evocan el músculo del stoner. Negarlo es inútil, es toda una evidencia que en los últimos años la popularidad de subgéneros tradicionalmente minoritarios como el doom, el post-rock, el revival por lo progresivo, el black metal elevado a la categoría de cultura de masas de mano de Inditex y cientos de chavalas que han escondido bajo la alfombra sus discos de Taylor Swift o Vetusta Morla para ahora posar con vinilos de Profound Lore o Relapse es casi una plaga de tintes bíblicos. ¿Para qué negarlo?

Como también es verdad que Spurv son tan originales y complicados como un botijo; ninguna de sus canciones sorprende porque es el mismo camino trillado por cientos de bandas antes y será el de miles de millones de bandas después de ellos, no hay ni un solo segundo de originalidad en los surcos de sus, hasta ahora, dos discos. Ni “Skarntyde”, ni “Myra”, aportan nada al post-rock, a la música experimental con aires cinemáticos y conceptualización clásica; de mirarse al ombligo y llorar en días de lluvia, de dejarte en evidencia a ti mismo piropeando a tu crush a través de redes sociales y sentirte el más desgraciado del mundo con un Iphone X en el bolsillo y un café del Starbucks en la mano. Spurv son una gran banda, suenan magníficamente bien, pero son el estereotipo hecho música, perfectos para el estereotipo de almas sensibles, sentiditos y emocionalmente afectados de por vida que pueblan las redes sociales. A saber, “Myra”, es pura reverberación, guitarras dobladas en varias pistas, delays eternos que desbordarían al mismísimo The Edge, e-bows y arcos de violín, guitarras off-set, eternos trémolos y zapatillas, vaqueros y una emotividad a prueba de kleenex e Instagram.

A la ya clásica introducción de siempre, “Et løfte i fall” (agua, un cuerno y una ululante guitarra), le sigue “Og ny skog bæres frem” con un compás que sería el orgullo de Dave Brubeck. A la intensidad de Explosions In The Sky le han añadido más dramatismo y profundidad, Simon Ljung lleva la canción por donde quiere mientras las guitarras parecen quedar en un segundo plano, a modo de colchón. “Fra dypet under stenen” parece que va a estallarnos en plena cara pero no es el caso, Ljung no termina de dar ese platillazo, o ese golpe de parche, y cambio de tercio que tanto necesitan y la canción adolece de ello cuando el drama, la intensidad se vuelve algo irresoluto; hay tensión, pero no hay orgasmo.

Quiero dejar bien claro que “Myra” es un buen álbum y lo disfruto, pero la experiencia se ve empañada cuando uno detecta de dónde toman cada ingrediente. En un disco así, no pueden, faltar las canciones con una extensión que sobrepase la paciencia del oyente, en muchas ocasiones; “Fra dypet under stenen” o “Allting får sin ende, også natten” con más de ocho y diez minutos, respectivamente. Como tampoco puede faltar una composición como “Hviler bekkenes sang”, lo que parece una pieza a modo de interludio por culpa de las cuerdas o más y más delay en “Et blekt lys líder” que, pese a ello, podría ser la mejor de todo “Myra”, algo de experimentación de manos de la retroalimentación en y algo de ganancia en “Fra myrtemplet” pero sin dirección.

Es justo aquí donde “Myra” pierde comba, las atmósferas hace tiempo que ganaron la partida a las guitarras y la batería de Simon parece a medio gas, domada por las exigencias de unas composiciones plagadas de clichés en sus giros, en su estética, en su desarrollo y desenlace. Como no, el sampleado es de rigor y así es utilizado en la introducción de la larga “Allting får sin ende, også natten” en la que Herman Nilius, Gustav Jørgen, Hans-Jakob y Simon Ljung parecen ser conscientes del callejón en el que se han metido e intentan agitar las aguas; demasiado tarde, “Myra”, es al post-rock lo que un plato de microondas a la Nouvelle cuisine. La naturaleza de esta colección de canciones de los noruegos es fugazmente intrigante mientras que las influencias tan palpables que uno tiene la pesadez de un disco indigesto que no conduce a ningún sitio y cree haberlo escucha un millón de veces de manos de otros artistas que llegaron hace más de diez años. Spurv caminan por caminos ya de sobra transitados, esa es la auténtica pena y no su forzada languidez y melancolía.


© 2018 Conde Draco