"Halo" de AMORPHIS: puro oro finlandés.

Incapaces de defraudar, de grabar algo que baje del notable, conformando una discografía magnífica.

"Requiem" de KOЯN, aún con Fieldy y a lo loco...

El disco más luminoso sigue siendo el más oscuro de la banda.

"Torn Arteries" de CARCASS, quien tuvo, retuvo...

Los ingleses firman la continuación lógica tras "Surgical Steel", con menos frescura pero igualmente notable.

"Senjutsu" de IRON MAIDEN: bostezos progresivos de alto minutaje

Harris y su manía de larguísimas composiciones que lastran la capacidad de la banda para firmar grandes estribillos.

"Fortitude" de GOJIRA y la sombra de "Magma"

Quizá su material más flojo, aún menos inspirado que el anterior y con menos cohesión aún...

"Welcome To Hel" de HJELVIK, KVELERTAK heavymetalizados.

Erlend tenía ideas, aportaba y no solamente era la imagen más representativa de la banda sino también parte del cerebro de esta...

"Endless Twilight of Codependent Love" de SÓLSTAFIR.

Mágico, intenso y descorazonador al que hay que dedicar tiempo, pero cuyo retorno de inversión es superior a todas las lágrimas vertidas...

"ANTI-ICON" de GHOSTEMANE, entre la depresión, el nihilismo y el paso de Caronte.

Chirriante, caótico o inarmónico para muchos, sin embargo, es la mezcla casi perfecta…

Crítica: The Smile "A Light for Attracting Attention"

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Las ganas de tocar nueva música con otras personas o tocar con otras personas y sentir que quieres hacer nueva música? Me gustaría que se me entendiese bien; habitualmente, cuando un músico busca hacer nueva música con otros es porque en su banda habitual, esta no tiene cabida, pero en el caso de Thom Yorke, queriendo entender que sus escarceos musicales pudiesen no tener espacio en Radiohead, lo que nadie acaba de entender es que esta nueva aventura, la protagonice con el otro hemisferio de su aventura principal; Jonny Greenwood. Quizá pienso todo esto porque cuanto más escucho "A Light for Attracting Attention", más siento que este álbum es lo más cercano a Radiohead que Yorke ha hecho nunca; ni “The Eraser” (2006), “Tomorrow's Modern Boxes” (2014), “Anima” (2019), sus bandas sonoras o el afropop de Atoms For Peace tienen tanto que ver con lo grabado por la mítica banda de Oxford y, sin embargo, The Smile poseen todos los ingredientes de la música habitual de Radiohead: comienzo sinuosos, arreglos electrónicos, tortuosas melodías y bellos pasajes acústicos acompasados por el magnífico trabajo de Tom Skinner. 

Sin embargo, The Smile lleva ya un tiempo en activo, como cuando Yorke nos lo hizo saber y explico que su nombre no procede de la imagen hilarante que todos podríamos entender sino de la sardónica de aquellos que te miran a los ojos y te mienten, un envoltorio perfecto para entender la opresión que sentimos cuando escuchamos “The Same” y escuchamos a Yorke sonar como hacía tiempo que no le escuchábamos, en un álbum que suena tan bien como nos tiene acostumbrados, no sorprendiéndome cuando leo los créditos que mi querido Nigel Goldrich también está involucrado, aquel que podríamos entender como el sexto miembro de Radiohead; el sintetizador se estrangula y alcanza la tensión necesaria para llegar a “The Opposite”, que pase el siguiente, canta lánguidamente Yorke, mientras empezamos a entender que The Smile tienen tanto de Radiohead como poco que ver en una pieza que podría haber formado parte de cualquier trabajo desde “Kid A” (2000) pero con ingredientes muy diferentes de la paleta de colores habituales de los ingleses. Todo lo contrario a "You Will Never Work in Television Again" y su inmediatez, recuperándonos al Yorke más vehemente y aquel sonido de comienzo de los noventa con el que Radiohead arrancaron su carrera, Yorke canta a pleno pulmón de ironía, al ritmo de los días que nos han tocado vivir y la cultura de la cancelación, en una canción que nos lo devuelve con más energía que nunca. “Pana-vision” es piano y sinuosos arreglos de cuerda, más cercano a “Amnesiac” (2001) que a los primeros discos de la banda, con la batería de Skinner dibujando un pulso próximo al jazz, mientras acaricia los parches. 

“The Smoke” nos muestra una versión mucho más funk de The Smile, Yorke toca el bajo y usa el falsete como recurso, mientras Greenwood se une creando un rumor con su guitarra en la recta final de la composición. The Smile ahondan en esa vertiente melancólica a través de los versos de "Speech Bubbles" y el brillantísimo trabajo de Jonny sobre los arreglos de cuerda, logrando la sensación de ensimismamiento que sólo Radiohead parecían capaces de evocar. “Thin Thing” recupera el pulso del álbum de nuevo por “Amnesiac” (2001), mientras que The Smile demuestran que no son sólo capaces de excitarte cerebralmente sino también emocionalmente cuando sueltan una carga de profundidad como “Open the Floodgates”, similar a “Codex”, pero de un encanto minimalista gracias a los arreglos, difícil de olvidar, hasta llegar a la joya que es “Free In The Knowledge”, triste como una noche sin dormir o una vida sin sueños, amarga y esperanzadora, cruel, emocionante y sensible, una obra maestra capaz de hacernos viajar a través del túnel del tiempo. La distópica "A Hairdryer" consigue crearnos esa sensación de aceleración de “On The Run” o "Sit down. Stand up." ("Snakes & Ladders"), algo en lo que Yorke y Jonny son auténticos maestros, como también lo demuestran en "Waving a White Flag", aquella que hay que buscar en el synthpop de los setenta para poder entender, mucho más allá de la discografía de Radiohead, mientras que la manera de entrar de Skinner es verdadermente soberbia sobre el sintetizador. 

"We Don't Know What Tomorrow Brings" posee el encanto de "Jigsaw Falling into Place", Yorke canta con energía para llevarnos a uno de los mejores estribillos de un album que tiene el acierto de cerrar con la ya conocida "Skrting on the Surface", dando toda la sensación de que The Smile estaban sobrados de canciones para su disco debut y nos han mostrado tan sólo la punta del iceberg. No puedo afirmar que sea el mejor disco de Radiohead porque, sencillamente, no lo es y sería más un titular que otra cosa; tampoco puedo afirmar que sea el mejor disco de Yorke fuera de Radiohead porque, pudiendo ser verdad, su nivel de composición siempre ha estado a un nivel altísimo y no esperaba menos del binomio Yorke/ Greenwood, y sigo sin entender cuál es el verdadero misterio de esta banda y por qué no grabar esta música junto a con Colin, Ed o Philip. Ellos sabrán, lo único de lo que estoy seguro es que "A Light for Attracting Attention" es uno de los mejores discos del año y uno verdaderamente especial.

© 2022 Blogofenia

Crítica: Florence + The Machine "Dance Fever"

Cuando escucho “Dance Fever” siento lo mismo que cuando leo Orlando, escuchar a Welch, sumergirte en su mundo es atravesar tres siglos; de los cuadros de Waterhouse, de las flores de Woolf, las vaporosos vestidos ingleses del diecinueve, hadas y otoñales paisajes de la campiña inglesa mezclándose con olores y sabores y ese influjo modernista que la de Camberwell parece insistentemente querer representar no sólo en “Dance Fever”, con la ayuda del artista Autumn de Wilde, sino como constante en su carrera, desde “Lungs” (2009), pasando por el sintético “Ceremonials” (2011) y aquel en el que la estética parecía presentarnos a una artista muy diferente, pero en directo recuperábamos todo su sabor, "How Big, How Blue, How Beautiful" (2015) o el notable “High As Hope” (2018) que, a pesar de una obra de arte como “Hunger”, no caló en mi como debiera. Pues bien, la pandemia y la catarsis liberadora de querer bailar incluso cuando te quieres morir por dentro, ha logrado que, con sus defectos, Florence haya grabado quizá el álbum más completo de su carrera con The Machine. No afirmo que “Dance Fever” sea la obra por la que sea recordada o piedra angular de su discografía, mucho ojo, sino aquella en la que la inglesa agita sin mezclar, como Connery, todos los ingredientes que la hacen grande, a saber; su voz en primer lugar, su personalidad y unas letras que diseccionan nuestros problemas diarios pero capaz de empatizar con cualquier ser humano con un mínimo de sensibilidad, arreglos corales, palmas, susurros, estallidos de júbilo, rotundas percusiones, arreglos de cuerda y teclados, sintetizadores, la coreomanía como solución a los problemas del mundo y no un trastorno, las bolsas de té que se quedan frías pero da gusto beber igualmente, las coronas de flores, las composiciones de Alfons Mucha, un poema de Plath, Ofelia y Shalott, el prerrafaelismo y el simbolismo, claro, con coronas de flores en pelos enmarañados y campos de asfódelos, en un álbum cuya ensalada de productores ha logrado el efecto de un bonito collage y no el desnorte que se le podría haber presupuesto, logrando que cuando lo oigas sientas un auténtico orgasmo directo a tu membrana basilar.

“King” abre sobre una percusión magnífica, sencilla pero efectiva, sobre la que baila la voz de Florence, repitiendo insistentemente; “I am no mother, I am no bride, I am king”, redefiniendo un papel, pero también otorgándole uno sin género alguno. Una canción en la que su voz se muestra triunfante, no sólo cuando mantiene el clímax sino también cuando susurra y se muestra ronca, cuando vocaliza en voz baja, lejos de su altísimo y característico registro, cerrando entre arreglos de cuerda. Un comienzo magnífico que prepara para “Free” y su inicio con una batería que suena más cercana a una producida por Martin Hannett que a lo que estamos acostumbrado; la canción funciona como una auténtica bomba liberadora porque el crescendo es ella quien lo articula y sólo en la recta final, son The Machine quienes entran y logran acelerar la canción, además de dotarla de más pegada.

Es por eso que “Back In Town” parece desnuda, porque abre únicamente con la voz de Florence, cantando; “Never really been alive before, I always lived in my head and sometimes it was easier” y el único despegue de la canción sea coral, con arreglos sutiles hasta “Girls Against God” y un tono acústico que no abandonará el álbum; “Dream Girl Evil” peca de repetitiva, una pena porque la melodía de las estrofas parece construir algo muy diferente de lo que realmente es su estribillo, manteniendo la tensión pero sin encontrar su solución. Algo parecido a lo que ocurre en la lúgubre “Prayer Factory”, sometiendo a la parte central del disco a la tibieza de la que saldremos con la decimonónica “Heaven Is Here” y la sensación de estar en un aquelarre, a medio camino entre el folk y lo tribal, precedida de la bonita “Cassandra” o una delicada, pero inane, “Daffodil”.

Suerte que Florence parece resurgir con “My Love”, que podría haber formado parte de “Ceremonials” y contagia de ese espíritu dance a la recta final del álbum, mientras Welch parece cantar como un mantra; “So tell me where to put my love. Do I wait for time to do what it does? I don't know where to put my love”, último coletazo de “Dance Fever”, que parece desvanecerse entre “Restraint”, “The Bomb” y “Morning Elvis”, una triada a modo de coda que despide el álbum con gusto, pero lejos de lo que podríamos esperar. Consciente de las limitaciones, de las canciones que tardan en entrar y aquellas que no están al nivel de esas que deslumbran desde la primera escucha, me resulta imposible no volver una y otra vez al disco de Florence y no caer rendido ante su talento.

© 2022 Conde Draco

Crónica: Mayhem (Madrid) 14.05.2022

SETLIST:
Falsified and Hated/ To Daimonion/ Malum/ Bad Blood/ My Death/ Symbols of Bloodswords/ Voces Ab Alta/ Freezing Moon/ Pagan Fears/ Life Eternal/ Buried by Time and Dust/ Deathcrush/ Chainsaw Gutsfuck/ Carnage/ Pure Fucking Armageddon/

Acudir a un concierto de Mayhem es poco menos que una religión, no es posible amar el metal, que la banda noruega acuda a tu ciudad, y perderte semejante cita. En este caso, la falta era doble porque no acudir a esta gira significa haberse perdido el doble cartel de Mortiis con Mayhem, y semejante dupla no se ve todos los días. Sin embargo, la sensación fue ligeramente agridulce, el público lucía varopinto y soy consciente del gran momento que están atravesando los noruegos, a pesar de la parca entrada de una sala que no recibía un lleno indiscutible como sí ocurría con Soen o Leprous, por ejemplo. Sin embargo, Mayhem nunca han sido de grandes audiencias y no hace falta tener demasiada memoria para recordar una época en la que el black metal no estaba tan de moda, muchas bandas paseaban palmito por salas y bares de muchísima menos capacidad y los promotores se la jugaban literalmente por traerlos. Mayhem están viviendo una doble juventud, no sólo creo están en un gran estado de forma en el directo, sino que "Daemon" (2019) es un grandísimo disco en el que Teloch ha tenido mucho que ver. 

Así, Madrid recibía a la banda seminal del black metal y saludábamos a Mortiis cuyo directo no dejó indiferente a nadie. Håvard salió al escenario transfigurado como Mortiis y dirigió una sesión muy diferente a lo que nos tiene acostumbrado, en lugar de dar un concierto al uso, más centrado en su faceta de metal industrial, Mortiis decidió organizar una sesión de DJ basada en "Spirit of Rebellion" (2020), nada en contra de sus piezas instrumentales de tono fantástico y épico, pero suponen un escollo para mucha gente que ve al ex Emperor por primera vez en directo y, antes de que Attila y los suyos, tomen el escenario, se esperaban algo muy diferente. Así, comenzando con las luces encendidas (incomprensible lo que ocurre en esa sala siempre que acudo a ver un concierto), Mortiis arrancó con “A Dark Horizon pt.I” y sus diferentes partes, uniéndose un percusionista que, como Ray Cooper, apoyaba en la épica de las canciones. Fue mágico ver a Mortiis, claro que sí, pero se notaba lo que ocurría con este tipo de actuaciones; aplausos cuando la canción aún no ha concluido, el artista avisando de que otra ya ha acabado para recibir los aplausos con retraso y la sensación de incomprensión por parte de un sector del público, mientras el otro respondía exageradamente ante cualquier guiño de Mortiis y el resto arrasaba con la barra. Tuve la sensación de ver algo mágico que, por desgracia, no terminó de cuajar.

Sin embargo, la noche era de Mayhem y cuando se descubrió el set de batería de Hellhammer coronado por el logo de la banda, es inevitable sentir un escalofrío. Tomaron el escenario y sin mediar palabra, “Falsified and Hated” comenzó a sonar, junto con “To Daimonion”, “Malum” (su comienzo me recuerda siempre a una versión renovada de “Freezing Moon”) o “Bad Blood”, canciones en las que Teloch y Ghul son claves con sus guitarras, ya que juegan entre ellas y da toda la sensación de que cuando entra una, sale la otra; repartiéndose las tareas entre los riffs y arpegios, siendo una de las más celebradas “Voces Ab Alta”, no es de extrañar ya que sonó especialmente bien. Attila conserva todo el magnetismo, como Hellhammer la magnífica pegada que le ha convertido en uno de los grandes baterías de la historia del metal, mientras que, en esta ocasión, noté más apagado y estático a Necrobutcher.

Dividido en tres partes, como la gira de “Daemon”, la segunda pertenecía al clásico "De Mysteriis Dom Sathanas" (1994). En particular, creo que es un EP al que le deben mucho, por supuesto, pero está acusando un desgaste; me explico, me gusta escuchar sus canciones en directo, pero tras la gira aniversario, me gustaría más que se integrasen dentro de un cuerpo único del repertorio, no cambiando la iluminación y el vestuario. Por supuesto, “Freezing Moon”, fue la que levantó todos los móviles de la sala, como también fueron inevitables “Pagan Fears”, “Life Eternal” y la bonita “Buried by Time and Dust”. Mientras que, para la tercera parte y final del concierto, el escenario se tiñó de rojo y Attila, más punk que nunca, nos trajo el crudo “Deathcrush”. Sentí escalofríos al escuchar "Silvester Anfang" de Conrad Schnitzler y disfruté muchísimo de esta última parte, no sólo los riffs de “Deathcrush”, “Chainsaw Gutsfuck” y la salvaje “Carnage”, sino de la sensación de unidad de una banda que se olvidó del peso de su leyenda sobre sus espaldas y atacó con fiereza “Pure Fucking Armageddon” mientras Teloch bromeaba con Attila y nos hacían pasar un gran rato.

Recibirán todas las críticas negativas del mundo, mucha gente pensará que están sobrevalorados, otros los compararán con bandas más precisas y técnicas, ajenos a que cuando sobrevivan bajo el tiempo y el polvo, Euronymous sonreirá y preguntará; “¿Y tú qué has hecho últimamente?

© 2022 Blogofenia

Crítica: Undeath "It's Time...To Rise from the Grave"

Puede entenderse como una paradoja pero que una banda de death metal cuyas influencias son un crisol de bandas clásicas, en tan sólo su segundo trabajo, evolucione hasta un punto en el que perfeccionen su propia propuesta a través de otras, es algo más; resulta del todo increíble. Pues eso es lo que he sentido con “It’s Time… Ro Rise From The Grave” (2022), tras un debut como “Lesions Of A Different Kind” (2020) en el cual había un exceso de trabajo en la composición hacía perder frescura a algunas canciones, mientras que otras -infinitamente más ingenuas- resultaban un soplo de aire fresco. Que nadie me malinterprete, “Lesions Of A Different Kind” (2020) fue uno de los discos que más disfrute de un año tan extraño como aquel, parecía como si el mundo se hubiese parado pero la música (a excepción de aquella en directo) avanzase imparable e inexorable, como una tromba de agua, logrando que muchísimas bandas firmasen grandísimos trabajos, mientras todo el mundo permanecía confinado. Así fue el caso de Undeath y un debut que hacía presagiar lo mejor, aquello que han confirmado con “It’s Time… Ro Rise From The Grave” y un sonido old school, pero actualizado, que se agradece; igual de opaco y bruto, grande en medios, pero más ligero que en su primera entrega, la batería de Browning suena igual de profunda, así como las guitarras de Welch y Beam luchan por sobresalir una de otra, alternándose las rítmicas entre pesados riffs y armónicos, o la voz de Alexander Jones suena igual de sombría y desgarrada que en “Lesions Of A Different Kind”.

El comienzo de “Fiend for Corpses” con el bajo de Tommy Wall evidencia la que se nos viene encima cuando Undeath entran a la melé, en una composición en la que se alterna ese sabor al death metal de los noventa con un poquito de groove y Browning castigando el doble bombo, algo que se repetirá y servirá como enlace a “Defiled Again”, hasta que las guitarras entran por distintos canales y nos recuerdan levemente a Obituary, nada malo (todo lo contrario) cuando la homónima “Rise from the Grave” se dispara de manera arenosa, al galope y, además, mostrando ese sentimiento épico del que se beneficia el álbum, como ocurre también con lo más parecido a un single, “Necrobionics”, tan melódica como para que su riff te persiga una y otra vez a lo largo del día, o la pesada “Enhancing the Dead”, canciones bien escritas pero en las que han sabido mantener esa frescura que adolecían muchas de su debut. Tal es el caso de “The Funeral Within” y la sensación de pisar a fondo, de estar escuchando a unos jóvenes Cannibal en ella y “Head Splattered in Seven Ways” cuando se marcan ese ‘downtempo’ tras la introducción y, con todo, recurren a un pegadizo estribillo o “Human Chandelier” y esa forma de jugar con el death más melódico para traspasar la frontera al gótico en su estribillo, Mientras que en “Bone Wrought” prefieren algo más opaco (cercano a Undergang, pero sin tierra podrida de por medio) o despedirse con “Trampled Headstones” y dejarte igual de perplejo por su facilidad para pasar de los riffs más pantanosos a las rápidas estrofas y brillantes y pegadizos estribillos. Magnífico de principio a fin.

Undeath prosiguen su camino, poco a poco, haciendo que una minoría levante la ceja al escucharlos y, dentro de un tiempo, nos sorprendamos con una sólida carrera que ha crecido, por el momento, alejada de las portadas. El que avisa no es traidor, Undeath son una de las mejores bandas de death del momento. Por último, aunque esta crítica fuese escrita mucho antes de la terrible noticia que ha golpeado al death en las últimas veinticuatro horas, no me gustaría cerrarla sin cederle la importancia que se merece a esa enciclopedia viviente del metal que ha sido Trevor Strnad de The Black Dahlia Murder, gracias al cual descubrí “Lesions Of A Different Kind” a través de sus constantes recomendaciones. Ojalá hayas encontrado el descanso que buscabas, descansa en paz.

© 2022 Lord Of Metal

Crónica: Ghost (Madrid) 08.05.2022

SETLIST:
Kaisarion/ Rats/ From the Pinnacle to the Pit/ Mary on a Cross/ Devil Church/ Cirice/ Hunter's Moon/ Faith/ Spillways/ Ritual/ Call Me Little Sunshine/ Helvetesfönster/ Year Zero/ Spöksonat/ He Is/ Miasma/ Mummy Dust/ Kiss the Go-Goat/ Enter Sandman/ Dance Macabre/ Square Hammer/

Aquellos que ahora, misteriosamente, no aguantan a Ghost; esos otros que son tan auténticos como para nunca haberles tomado en serio; aquellos también que acuden a sus directos porque Ghost están de moda (curioso, llevan doce años diciendo lo mismo) y, finalmente, esos para los que Forge es religión y, como ocurría con Kiss, Diamond o Cooper, se visten y maquillan como su ídolo, todos acudieron al ritual que tuvo lugar el pasado domingo en Madrid porque Ghost, te guste o no, siguen siendo relevantes. Si lo piensas, según van pasando los días y la escuchas se suceden, las canciones de “Impera” no desentonan tanto en el cuerpo central de un concierto en el que, honestamente, encuentro canciones más sonrojantes, como “Dance Macabre” o “Rats”, y eché de menos “Twenties” y hasta disfruté con “Spillways” pero, como siempre, me habría gustado escuchar “Con Clavi Con Dio” o “Monstrance Clock”, prueba evidente de que Forge no busca lo fácil y el repertorio de Ghost, con cinco discos de estudio, ya posee las suficientes canciones como para permitirse el lujo de dejar de lado clásicos de la banda a favor de aquellas otras con menos tirón. Con todo, un concierto en el que hubo espacio para los seguidores de última hornada, la vieja guardia y aquellos que disfrutan de “Helvetesfönster” y “Miasma” o el dislate definitivo con Nihil siendo resucitado a golpe de desfibrilador en uno de los momentos más shock rock y brillantes que he podido ver en directo en los últimos años. 

Una noche que comenzó con Twin Temple y su magnífico mestizaje entre el Halloween más petardo, música sesentera y un carisma que contrarrestó una rácana actuación en tiempo, inexplicable que su espectáculo no durase veinte minutos más al menos. A destacar su versión española de “Let's Have a Satanic Orgy” o canciones como "I'm Wicked" o "Satan's A Woman". Imposible quedarse con uno sólo de los momentos de este dúo que, espero, haya llegado a nuestras vidas para quedarse. Sin embargo, con Uncle Acid And The Deadbeats no hubo sorpresas, si la banda de Kevin Starrs es tan fiable con tan sólo cinco discos es porque lo que hacen, lo hacen muy bien. Con "Wasteland" (2018) como último álbum, los de Cambridge fueron el contrapunto de Twin Temple con su rock repleto de grano, rico en graves y evocación setentera; “Mind Crawler”, “13 Candles” o “Melody Lane” cayeron sobre nosotros en una noche especial.

Si algo nos ha enseñado esta pandemia es que no distingue entre unos y otros, es por eso que produjo emoción cuando Emeritus IV abandonó su habitual sarcasmo para recordarnos en un par de ocasiones que estos últimos dos años han sido una mierda. El concierto de Ghost sonó bien (para lo que es Vistalegre) y dejó claro que el sueco ha aprendido de anteriores errores; los Ghouls estuvieron solventes, pero más comedidos y el espectáculo, más magro en relleno que los anteriores, a pesar de las canciones que no encontraron su espacio, comenzó con toda la plaza entregada y “Kaisarion”, evidenciando que esta mejora gracias a las guitarras del directo y que “Imperium”, la introducción, es mágica y emocionante. “Rats” y “From the Pinnacle to the Pit”, para evitar que el ritmo decaiga, mientras “Mary On A Cross” (que me siento incapaz de disfrutar) logró que miles de personas cantasen su estribillo al unísono “Devil Church” sirvió de introducción para uno de sus riffs más famosos, “Cirice”, o la efectista “Hunter’s Moon”. “Faith” nos devolvió a “Prequelle” (2019) mientras que la criticada “Spillways” se convirtió en una de las más coreadas de la noche. 

Inexplicablemente, de su debut rescataron únicamente “Ritual” que enlazó con “Call Me Little Sunshine” en una dupla con muchísimo sabor a los ochenta. “Year Zero” convirtió, en efecto, a todo Vistalegre en un ritual que continuaron con “He Is” y uno de los mejores momentos de la noche con Nihil en “Miasma” y “Mummy Dust” con miles de billetes inundando las primeras filas, antes de continuar la fiesta con “Kiss the Go-Goat”, convirtiendo la plaza en un guateque, como Jefferson Airplane. Otra de las elecciones insospechadas en esta gira es la inclusión de su versión de “Enter Sandman”, en lugar de una propia y la coronación absoluta de “Square Hammer” como majestuoso final, tras “Dance Macabre”.  Ha llovido mucho desde la primera vez que escuché a Ghost y aquella primera gira presentando "Opus Eponymous" (2010), ni el mundo, ni nosotros somos los mismos, quizá tampoco Tobias Forge, pero cuando cae el telón y el último confeti, uno llega a creerse que esto no ha sido un simple concierto, sino que todos hemos formado parte de una ceremonia, que Ghost están llamados a ocupar el puesto de los grandes nombres del rock. Hay que ser muy rancio para renegar de semejante misa cuando, durante hora y media, son capaces de hacer que te olvides de casi todo excepto de aquellos a los que das la mano.

© 2022 Jota Skaff
pics © 2022 Ghost

Crítica: Steve Vai "Inviolate"

Siempre he pensado que hay determinados discos que deben macerar en uno mismo y mezclarse con la vida para hacerlos tuyos. No es posible que haya músicos que graben un álbum cada dos años y uno les dispense el mismo tiempo y mimo que aquel músico que ha pasado seis años creciendo entre gira y gira, y se ha tomado su tiempo para grabar (tampoco aquellos que entran al estudio a regañadientes, que nadie me malinterprete) y con Steve Vai, la sensación que uno siempre tiene es la de viaje vital, la de constante evolución. Da igual si entiendes o no de música, de la guitarra como herramienta de trabajo a través de la que hablar, porque se trata de sentir; si eres capaz de hacerlo o no, no hay cosa más triste que la de aquellos a los que les preguntas por un determinado género, disco o artista y te responden que no entienden porque, que yo sepa, nadie nace entendiendo; es una lucha contra aquello que amas por hacerlo tuyo. Y así he sentido siempre la música de Vai, difícil muchas veces, excesiva en otros, pero siempre he creído que tiene la facultad para hablar directamente a tu alma. Me resulta increíble pensar que alguien pueda escuchar “Passion and Warfare” (1990) y no sentir absolutamente nada o ser testigo de cómo Vai interpreta en directo “Fire Garden” (1996) y argumentar ese no entender. Es cierto que su música, como la de muchos otros artistas, requiere de un pequeño esfuerzo por parte del oyente; composiciones de minutaje superior a la media, exuberantes arreglos, mestizaje de diferentes estilos, guitarras con diferentes sonoridades que recorren, a veces, escalas poco usuales, exploraciones de diferentes armonías, recursos poco utilizados y un gusto exquisito, por no mencionar que su música es fundamentalmente instrumental y eso, nos guste o no, sigue trazando una línea que muchos no están dispuestos a cruzar.

Parece mentira, pero han pasado seis años desde “The Story of Light” (2012) y a mí se me ha hecho largo; es verdad que le he podido ver varias veces en directo, con diferentes formatos, además de pasar una tarde entera con él hablando (más bien, escuchando) sobre guitarras y… ¡abejas! Además, de la publicación del directo y “Modern Primitive” (2016) pero viví tan intensamente “The Story of Light” (2012) que estos seis años sin música nueva por parte de Vai se me han hecho muy largos. Y es que “The Story of Light”, sin ser su mejor álbum, me encantó e hice muy mío, en mi opinión contiene algunas de las mejores canciones de Vai de los últimos años; es verdad que su orientación siempre me ha parecido más cercana al rock y no tanto al progresivo o al mestizaje que tanto le gusta y, quizá por eso, canciones como “Velorum” o “Gravity Storm” entran tan bien pero, ¿quién puede negarme que “Weeping China Doll” no es una maravilla? ¿Qué “Creamsicle Sunset” no bebe de Ray Vaughan en su sonoridad gordita de pastilla del mástil? Me parece un disco enorme, al que recurro muy a menudo.

Así, mis expectativas sobre “Inviolate” eran altísimas y he de reconocer que han sido colmadas; no creo que posea los mismos ganchos que “The Story of Light”, sus canciones no son tan directas; “Teeth Of The Hydra” es buen ejemplo de ello, una maravilla de cinco minutos en la que perderse, con una producción magnífica (me encanta el sonido ambiente de los arreglos), además de una guitarra incisiva como es el nuevo monstruo de tres mástiles que Vai nos presenta y que se aligera en “Zeus In Chains”, pare llenarse de fusión y enloquecerse por momentos, entre armónicos, forzando el puente al máximo. “Little Pretty” podría haber formado parte de “The Story of Light” y se siente en la base rítmica más cercana al funk (como “Apollo In Color”) y sus puentes a medio tiempo, jugando sobre el bajo, mientras que “Candlepower” es puro jazz o “Avalancha” nos devuelve a un Vai más directo; diferentes perspectivas de un mismo músico que cuando se lanza al Groove, sus riffs suenan tan gruesos como aquella maravilla que era “Bad Horsie”, pero contiene la suficiente elegancia para homenajear a Gary Moore en “Greenish Blues” antes de provocar la sensación de locura con "Knappsack" y saber que lo que el álbum necesita es de calma, aunque sea psicodélica, con "Sandman Cloud Mist".

“Inviolate” me parece más valiente y trabajado que “The Story of Light”, suena maravillosamente bien y posee la fuerza, aunque no los ases de aquel o, por lo menos, así lo siento cuando lo escucho. Con todo, sigue siendo un álbum que no baja del notable y en el que se siente verdadero placer cuando te pierdes en sus surcos, ¿qué más se puede pedir? Vai en estado puro.

© 2022 Jota Skaff

Crítica: Watain "The Agony & Ecstasy of Watain"

Puedes amar o no el black metal, menospreciar a Watain o, por el contrario, idolatrarlos, pero cuando suena "Ecstasies in Night Infinite", la sensación de entrar en tromba, de arrasar con todo, de una enorme bola de fuego siendo arrojada contra ti y millones de murciélagos atravesando tu cuerpo, es cuando entiendes por qué Erik una vez juró el black metal por encima de su madre, por qué Nödtveidt supo ver en él a un músico con el que subirse al escenario. Watain no han grabado un disco que baje del notable y los que seguimos a los suecos lo sabemos, es por eso que cuando publican álbum la cita es ineludible, pero déjame que te explique por qué “The Agony And Ecstasy of Watain” es un disco tan valiente; Danielsson podría haber firmado un disco como “Lawless Darkness” (2010) ,“Sworn to the Dark” (2007) o “Casus Lucifer” (2003) pero, en lugar de ello, ha preferido intentar crecer, como ocurría con “The Wild Hunt” (2013) o el monolítico "Trident Wolf Eclipse" (2018), discos en los que Danielsson intenta dotar a su banda de otra dimensión más profunda sin olvidar la agresión y la negrura tan característica. Pues bien, en “The Agony And Ecstasy of Watain” sigo teniendo la sensación de que sigue intentándolo y no quieren recorrer sendas ya transitadas (“Casus Lucifer”) sino que sigue erre que erre en intentar que Watain avancen y, en mi opinión, aunque no sea un giro copernicano, lo logra. 

Tore Gunnar Stjerna (Necromorbus) en la producción, Forsberg a las guitarras y echando una mano a Erik en la composición, mientras Forcas y Álvaro Lillo en la base rítmica, Watain nunca han sonado tan agresivos pero con tanta pegada y la sensación de que los suecos no se quieren conformar con grabar un buen álbum y salir de gira, ellos quieren tocar el cielo invocando a su propio grimario, quieren que con su música viajes y te sumerjas en los infiernos más oscuros y fríos del ser humano; el fuego, los tridentes, los lobos, los gélidos riffs de Dissection, los sermones de Daniel y los cubos y cubos de sangre son tan sólo parte de un ritual que sirve como envoltorio a composiciones bien escritas y mejor interpretadas. Es imposible no escuchar “The Howling” y sentir que se puede sonar más dinámico y épico que en esta canción; posee la audacia del black más clásico pero, al mismo tiempo, suena moderno y afilado, mientras que en “Serimosa” bajan el tempo y logran evocar su vertiente más melódica con una composición en la que demuestran que es posible mostrarse calmado e intrigante, agresivo sin tener que hacer descarrilar la batería de Forcas. 

 

Algo similar a lo que pasa en la explícita “Black Cunt”, Watain no tienen necesidad de arrasar con todo para que sus trémolos suenen fríos y acerados, mientras que “Leper’s Grace” tiene más presencia el bajo de Lillo y el músculo los acerca al death en un mestizaje brillante, en el que domina el groove. La instrumental “Not Sun Nor Man Nor God” divide brillantemente un álbum que, no obstante, guarda algunas de sus mejores sorpresas para el final, por increíble que parezca, bien balanceado de principio a fin; “Before the Cataclysm” es tan puramente Watain que no dudan en regodearse durante sus siete minutos y, entre vaivenes, lograr que pasen volando con una exhibición de toda la banda dando lo mejor de sí, para llevarnos de la mano a la joya que es “We Remain”, en la que colabora Gottfrid Åhman para el solo y nuestra querida Farida Lemouchi con una interpretación auténticamente brillante, su hermano Selim no podría estar más orgulloso de semejante colaboración, con un videoclip repleto de emoción. Para finalizar, “Funeral Winter” y su aroma añejo, a clásico instantáneo y “Septentrion”, de nuevo la constatación de que no necesitan pisar a fondo para demostrar toda su negrura. 

No es el mejor álbum de Watain, pero se le parece y quizá sí sea el disco más sentido y emotivo de la banda, en el que Danielsson y compañía parecen haberse volcado más y puesto más de su sangre. El sonido de la madurez de una banda que parece no querer dormirse en los laureles, tan trabajado y con tan buen sonido que hace palidecer a otros artistas con más historia a sus espaldas. Casi sobresaliente, siempre impresionantes.

© 2022 Lord Of Metal

Crítica: Rammstein "Zeit"

Siempre es agradable recibir el promo de una banda de tanto relumbrón como Rammstein, fundamentalmente, porque no necesitan la opinión de nadie, ni tampoco que su disco suene de una u otra forma. Todos sabemos que Rammstein funcionan y venden por el mero hecho de ser quienes son, no hay necesidad de más promoción que la de poner a la venta su nuevo álbum y lanzarse a la carretera, allá donde mejor demuestran lo efectista de su propuesta, pero se agradece que su compañía se acuerde de humildes blogs y eso les honra. Pero, por otro lado, también resulta inevitable no escribir sobre su último lanzamiento, más cuando entre “Liebe Ist Für Alle Da” (2009) y “Rammstein” (2019) pasaron la friolera de diez años y todos pensábamos que, a pesar de los rumores, el próximo álbum tardaría otra eternidad. Pues bien, nos equivocábamos, con portada de Bryan Adams (has leído bien), “Zeit” ve la luz tan sólo tres años después de “Rammstein” y el lógico parón mundial por la COVID-19, lo que lastró parte de la gira mundial de aquel, pero quizá también les ha hecho pasar más tiempo en casa, rumiando las canciones de un álbum que conserva todas sus señas de identidad y profundiza un poquito más en la emoción. 

Así, una de las cosas que más me gustan de “Zeit” es la sensación de cohesión, mientras que “Rammstein” poseía singles de indudable pegada, pero el resto del disco producía la sensación de estar hecho de recortes, de retales, de restos de aquí y de allá, de poca criba (ahora, algunos quieren reconocerlo, pero cuando se publicó todo eran loas). “Zeit” sí produce la sensación de estar bien escrito, con tiempo y ganas; es verdad que no estamos ante el mejor álbum de Rammstein, que lo que tenían que hacer ya lo han hecho y nada de lo que graben podrá estar a la altura de “Sehensucht” (1997) o “Mutter” (2001) -y aquellas dos giras que me llevé por delante y nadie podrá arrebatarme, viéndoles en una sala tan pequeña como el bar de la esquina- pero los alemanes, repitiendo en los estudios La Fabrique Studios de Saint-Rémy-de-Provence, allá donde grabaron el anterior, suenan de nuevo sólidos en el apartado compositivo y eso es de agradecer.

Por supuesto, “Zeit” también tiene relleno (“Armee der Tristen”) pero también una apuesta como la propia “Zeit”, un single valiente porque lo que el público demanda de la presentación de cualquier nuevo álbum de Rammstein es, a saber, los riffs clásicos de Kruspe y Landers sobre la batería marcial de Schneider y no; “Zeit” son cuatro minutos de dramatismo (bien armados, todo hay que decirlos), en los que Till Lindemann disfruta con su tono de voz y su constante acercamiento a la lírica; brillante unión. "Schwarz" mantiene el nivel gracias a su oscuridad, qué duda cabe que el trabajo de la banda es digno de elogio, en particular la manera en la que Flake arregla las canciones, como también que en “Giftig” se siente un ligero bajón del que un single tan poco efectista como “Zick Zack” es incapaz de sacarnos y rellenos como “OK” tampoco ayudan. Por suerte, "Meine Tränen" se convierte no solo en un bote de salvación sino en una de las mejores canciones de todo “Zeit”, con el mismo convencimiento que “Angst” funciona por toda la tensión que arroja en una segunda mitad en la que composiciones como "Dicke Titten" deberían ser la tendencia a evitar; no porque me escandalice que una banda con semejante carrera siga erre que erre con su tendencia menos seria -aquella que les sirve para provocar a los de siempre, pero convertirse en una caricatura ellos mismos- sobre todo porque desmerece esfuerzos como la balada “Lügen” que, pese a que nunca me he creído a Rammstein en sus baladas (en este caso, medio tiempo), funciona a la perfección y debería ser la despedida del álbum y no “Adieu” pero, llegados a estas alturas, no seré yo el que se queje.

Mejor que “Rammstein”, manteniendo la dignidad y las ganas intactas, realizado con mayor mimo que aquel y demostrando que, por muy sencillo que parezca, gran parte de los problemas de la banda era el poco tiempo que pasaban juntos y el mucho que dedicaban a girar o a proyectos al margen (quizá por un distanciamiento, hastío o ganas de probar cosas nuevas, quién sabe). Cuando Lindemann y los suyos deciden sentarse a trabajar juntos, las cosas funcionan mejor, así de simple. Como decía al comienzo, no es “Mutter” pero nos los trae en buena forma y sirve de magnífica excusa para lanzarse a la carretera con nuevas canciones y aquellas que se quedaron sin presentar en medio mundo. Buenas noticias, en definitiva.

© 2022 Conde Draco

Crítica: Zeal & Ardor "Zeal & Ardor"

Fui extremadamente crítico con Manuel Gagneux. Principalmente, porque cuando a todo el mundo se le abrió la boca con "Stranger Fruit" (2018), venía de "Devil Is Fine" (2016) y, al haberle visto en directo varias veces (en sala y festival), me di cuenta demasiado pronto de que lo que mostraba en aquel álbum no era lo que sonaba en directo, ni mucho menos, que todo era impostado y aquel empeño de sincretismo entre la negación del todo que es el black metal con la música negra norteamericana y su lado más liberador, no me parecía tan original, lo siento. Pero también es cierto que siempre doy la oportunidad y no me niego a escuchar, y gustándome “Wake of A Nation” (2020), esperaba mucho de este, su homónimo y cuarto álbum. Y no me equivocaba, Gagneux ha grabado un disco en el que, conteniendo los elementos característicos, el suizo ha sido lo suficientemente inteligente como para crecer; más allá de recurrir a los recursos grabados en "Stranger Fruit" (2016) o "Devil Is Fine" (2016), ha endurecido el sonido de Zeal And Ardor y añadido capas y capas de guitarras, teclados y un sonido más cercano al industrial, con pequeños elementos electrónicos que alejan al proyecto de Gagneux de la parodia en que, para mi gusto, se había convertido, para crecer y ampliar la paleta de colores de su música; su influencia negra sigue siendo evidente y es más agradable que nunca porque no busca, sino que la encuentra con tan sólo el timbre de su voz.

Otra cosa muy diferente son las canciones, “Zeal And Ardor”, posee menos relumbrón, menos momentos para recordar como sí ocurría en el famoso "Stranger Fruit" y también en “Wake of A Nation”, las canciones no perduran en el recuerdo tras la primera escucha pero, a cambio, nos encontramos canciones que sí han sido trabajadas y escritas con cariño. “Run” me parece una genialidad en su sonido post industrial, más cercano a Reznor que nunca, Gagneux no tiene miedo a dejarse la garganta, a que su banda suene más sofisticada que nunca y abusen del ruidismo, pero también del groove, del músculo, pero la frialdad de la máquina, algo que se siente ya en la misma introducción. “Death To The Holy” posee el fraseo de “Rats” de Vedder, pero también los suficientes detalles como para que crezca en su crescendo y Gagneux añada tensión, siendo uno de los mejores momentos de la primera cara del disco. Y eso es decir mucho con una descarga como “Emersion” o esa maravilla llamada “Erase”, como el ritual en que se convierte “Golden Liar”.

“Bow” es perfecta para abrir su segunda parte y dar paso a “Feed The Machine” y sus alternancias de tensión, a pesar de producir la sensación de bajar la intensidad de un álbum que comienza demasiado fuerte y sólo recupera esa intensidad con “I Caught You” y "Götterdämmerung" (dos de las mejores de todo el álbum, sobre todo esta última), mientras que “J-M-B” (demasiado melódica y fácil) y “A-H-I-L”, a pesar de las texturas, se quedan en anécdota, como “Hold Your Head Low”, quizá la que menos electriza de una recta final en la que se adivinan buenas intenciones y ganas por parte de Gagneux. Tras semejante esfuerzo, sólo puedo darle la enhorabuena y, de nuevo, la oportunidad en directo. Gagneux me ha parecido valiente y repleto de ideas, más allá del hype que todos sufrimos con "Stranger Fruit" y no siendo un dechado de originalidad, demuestra buen gusto y ganas por seguir creciendo. No es perfecto, pero abre tantas posibilidades que asusta, si sigue así; mucho ojito con Gagneux y lo que puede grabar en los próximos años.

© 2022 Lord Of Metal