¡Entrevista a LEGION OF THE DAMNED; el próximo lunes!

Con motivo de su próxima visita a nuestro país, hemos podido entrevistar a Maurice Swinkels, vocalista del potente combo holandés.

La catarsis de BJÖRK

La islandesa encuentra la liberación a través de la palabra en su mejor disco en años.

DYLAN por SINATRA, en estado de gracia.

El auténtico placer de cumplir años es no tener ni Dios ni amo; decidir a quién se le da la mano...

Perdidos en el río con BOB...

Uno de los grandes discos del año pasado; con buenas intenciones y lleno de mejores canciones.

ROYAL BLOOD vuelven a España...

Y nosotros rescatamos nuestra crítica de su álbum para ir calentando motores.

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

Han logrado que WEEZER publique uno de sus mejores discos en años, "Everything Will Be Alright In The End".

¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

PINK FLOYD se despiden...

David Gilmour y Nick Mason rinden homenaje a Richard Wright en "The Endless River", un disco bello y tranquilo.

MACHINE HEAD en caída libre...

En apenas veinticuatro horas muchos dijeron que era el mejor disco de metal del año, lamentamos llevarles la contraria; es quizá uno de los peores.

Ocho ciudades, ocho canciones y ninguna que justifique un disco

Foo Fighters vuelven con un disco mediocre que hará las delicias de sus fans más recientes y menos exigentes.

Con máscaras y a lo loco...

Cuando uno piensa en SLIPKNOT, piensa en esa descarga de adrenalina, en ese caos en el que se convierten sus directos...

Cantos de sirena de IN FLAMES en Madrid

Llegaban nuevamente a la capital para presentarnos un magnífico álbum por mucho que algunos se dediquen a dilapidar y a criticar con argumentos carentes de criterio.

MORRISSEY en ESPAÑA: "Todo lo que necesitas soy yo"

Moz estuvo en nuestro país y recuperamos nuestra crónica de su paso por Madrid.

Cuarenta minutos de abstracción

Un disco fascinante, extraño, menor pero extrañamente bonito, diferente y excitante...

Bonamassa contra el mundo

Porque discos así no se escuchan todos los días y, por desgracia, no se graban tan a menudo como debiera...

El Quadrophenia de U2, según The Edge

Podemos seguir echando de menos el pasado más glorioso de U2 y dejar de disfrutar del presente; “You glorify the past when the future dries up” que decían ellos mismos...

INTERPOL y EL PINTOR, su nuevo disco

Complicado no dejarse llevar por la emoción pero, tras más de dos docenas de escuchas desde su publicación, ya puedes leer nuestra crítica...

BRIAN FALLON, tocado pero no hundido…

Tras diez años de matrimonio ha decidido exorcizar todos los demonios internos de su ruptura en el nuevo disco de su grupo, THE GASLIGHT ANTHEM.

THE NATIONAL en España y nosotros nos refugiamos en su último disco...

Como dice Chuck Palahniuk, "la mejor venganza de todas es la felicidad. No hay nada que vuelva más loca a la gente que ver a alguien teniendo una vida jodidamente maravillosa" y nosotros somos felices con la música de los de Cincinnati.

IN UTERO: un viaje sin retorno

Analizamos en profundidad la grabación del último gran disco de NIRVANA y quizá de los noventa...

MASTODON: La vuelta al sol en ochenta días

Si lo que Mastodon pretende es llevarnos a otra dimensión, el experimento se queda a medio gas y es que sólo en la segunda parte de su disco seremos testigos de ese viaje...

Tenemos carta de Neil Young...

El canadiense graba su último disco en una antigua cabina del 47, una de las experiencias más low-tech que ha tenido, un experimento interesante pero desigual...

El heroico retorno de SABATON

Con su nuevo disco los suecos consiguen posicionarse en un buen puesto dentro de los grandes grupos de Power Metal...

¿Qué haríamos sin la música de STRUMMER?

Nuestro amigo Joe no ha dejado de acompañarnos y, muchos años después de que se haya ido, su voz sigue sonando con la misma fuerza. Repasamos su discos en solitario…

LA ZONA MUERTA

Estrenamos una nueva sección, la más oscura de toda nuestra web...

PIXIES en Madrid; benditos los SMITHS...

Black Francis pasaba por nuestro país sin apenas dirigirse a su público y esbozando una sonrisa con trabajo.

¡Hemos visto a BLACK SABBATH en París!

Y te contaremos casi todo lo que Ozzy, Iommi y Butler han hecho en Bercy...

ARCADE FIRE van al Primavera, nosotros al HELLFEST

"Reflektor" es el nuevo disco de los canadienses y la crítica lo ha encumbrado a lo más alto en apenas unas horas.

PEARL JAM: Rayos y centellas

Un disco de Pearl Jam tiene sentido en pleno 2013 porque estamos hablando de ROCK con mayúsculas, de una banda auténtica que sigue estando muy viva...

¡AMÉN, hermanos, WATAIN han vuelto!

Estamos ante el mejor disco de METAL del año y Erik lo celebra invitándonos a una misa negra muy especial con "The Wild Hunt"...

Conociendo a DAVE MUSTAINE...

Tuvimos la gran suerte de poder conocerle con motivo de su visita a España en su gira con Slayer hace dos años y ahora lo recordamos, breve pero intenso.

Crítica: The Prodigy "The Day Is My Enemy"

The Prodigy se han equivocado porque el día no es su enemigo sino ellos mismos y el paso del tiempo. Con "The Day Is My Enemy" tengo una curiosa mezcla de sentimientos; por un lado, me apetece escucharlo una y otra vez porque, no nos vamos a engañar tampoco, tiene algún que otro momento glorioso pero, por otro lado; si vuelvo a escucharlo una vez más del tirón estoy convencido de que acabaré empotrando mi flamante MacBook Pro contra la pared. No, no os equivoquéis, no me he vuelto loco y tengo claro que el nuevo disco de The Prodigy no vale gran cosa pero también es verdad que a veces, aunque muy contadas, siento algo ligeramente remotamente parecido a emoción cuando uno de los ritmos sincopados de Liam Howlett sacuden el subwoofer y los sintetizadores hacen crujir el cono de mis altavoces. Decía un conocido batería de rock con mayúsculas que el secreto de una buena canción, el secreto de un éxito, el noventa por ciento de las veces estaba en el ritmo, en el groove y no le faltaba razón. En los últimos veinticinco años he asistido a cientos de conciertos pero ninguno, ni los más emocionantes y sensibles, salvajes o extremos, han llegado al último rincón de mi cerebro y la última de mis tripas como uno de electrónica. Recuerdo haber vivido a Underworld, Chemical Brothers, Goldie, Orbital o Howie B en los noventa y recordarlo como una experiencia, lo mismo que sentí cuando vi a The Prodigy presentando "Fat Of The Land", era 1997 y asistir a un concierto suyo era toda una experiencia como hace años sentí lo mismo con deadmau5 cuando ese jodido canadiense mezcló en directo "Some Chords" o "Sofi Needs A Ladder", sin pregrabados. No soy un ningún gurú de la electrónica pero me emociono como cualquiera cuando siento mis vísceras latir al ritmo de la música y entiendo esa llamada primaria y primitiva. ¿Qué quiero decir con todo esto?

Pues que lo que funcionaba en un álbum tan anodino como "Invaders Must Die" (2009) pero le perdonábamos a los de Essex porque sonaba divertido, lúdico y lúbrico a partes iguales, en "The Day Is My Enemy" se escapa entre las dedos. No es que el álbum sea malo, es que directamente no funciona como debería. Si lo que Howlett quería era barrer de un plumazo a  todos los supuestos impostores de la música electrónica y crear su álbum más violento, debo aclarar que no lo ha logrado y es en parte porque las canciones no funcionan. No hay un nexo que las una, el disco carece de sentido y unidad pero lo peor no es eso sino que los cortes de manera independiente tampoco convencen como deberían y a veces uno tiene la sensación de estar escuchando un álbum repleto de ideas sobrantes y remezclas.

La gracia de titular el disco y la canción que lo abre como un homenaje a Cole Porter y su "All Through The Night" es tan sólo una anécdota porque "The Day Is My Enemy" pronto se convierte en un sampler machacón y no contiene ni un átomo de un ápice del ingenio de Porter o de la neurona más perdida en la masa cerebral de Liam. ¿Seis años de lapso para esto? No, no es lo que espero de Howlett, lo siento. No es que viva anclado en los noventa y desee que The Prodigy vuelvan a facturar un disco como "The Fat Of The Land" es que, a estas alturas, me conformaría con un "Always Outnumbered, Never Outgunned" (2004) o incluso el mencionado "Invaders Must Die". Sencillamente, las canciones de este disco no transmiten. "Nasty" no es de lo peor e incluso la parte central y su arranque en el puente pueden llegar a convencer a muchos pero no. Como "Rebel Radio" tiene uno de los mejores comienzos de todo el disco pero pronto se ve silenciada por el ritmo sincopado y la voz de Keith Flint, el estribillo sampleado y una deceleración nos sirven para marchar en otro compás mientras los sintetizadores bajan el tono varias octavas y volvemos a desbocarnos hacia el final pero donde antes alcanzábamos el clímax, en "Rebel Radio" iremos descendiendo poco a poco. Eso sí, los metales enlatados con tintes orientales de los últimos segundos son auténticamente sobresalientes, lo que demuestra que Liam todavía tiene talento y gusto, que no ideas.

La aportación de Sleaford Mods es tan interesante como la Flux Pavillion (nótese mi fina ironía) pero no, no consiguen levantar la canción. El riff de "Ibiza" es quizá uno de los más macarras y cafres de The Prodigy y la verdad es que el sonido correoso y ácido de los ingleses no se ha perdido en "The Day Is My Enemy" e incluso podríamos creer que éste era uno de los objetivos de Howlett; producir esa sensación radioactiva en las cuerdas del disco, expresión con la que se le llena la boca a todos los críticos pero, por mucha "radioactividad" de mentirijilla que destile su electrónica y los chillones colores de la portada, "Ibiza" no funciona; no, no, no...

¿Es el timbre de tu smartphone? ¿Has recibido un WhatsApp? No, es "Destroy", una de las más interesantes del conjunto que nos hará creer en las cualidades terapéuticas de una buena rave como "Wild Frontier" se acelera y nos lleva a un subidón claramente provocado por ese "in crescendo" coral que termina por defenestrarse en "Rok-Weiler", una pena porque podría haber sido un gran tema. Parece que Howlett quiera convencernos a base de subir los beats al máximo hasta casi dejarnos sordos para enmascarar que las canciones no valen gran cosa y así es... Manda narices que "Beyond The Deathray" sea tan sólo una visagra, un interludio entre cara y cara porque es quizá el sinte más interesante de todo el disco, apocalíptica e intensa en sus tres minutos que sirven de introducción a "Rhythm Bomb" con Flux Pavillion; es irónico que se llame así porque, a pesar de su ritmo machacón, ni es una bomba ni destaca por éste. Cuando comienza "Roadblox" entendemos que "The Day Is My Enemy" hace ya varias canciones que ha entrado en claro declive, que ha perdido (más ironía) el ritmo y que lo que presenciamos es el atardecer de ese día de la portada. "Roadblox" intenta acelerar nuestros corazones gracias a los sintetizadores pero no lo logra, por lo menos hay que agradecerle a Liam que haya bajado la pista base en la mezcla. Una textura interesante es la que logra en los primeros segundos de "Get Your Fight On" gracias a esa guitarra, ¿radioactiva? (¡vamos, coño, sonreíd todos esos plumillas que leéis esta crítica para luego conformar la vuestra!). Venga sí; ¡radioactiva! y todos a orgasmar pero nada más, anodina...

La arabesca "Medicine" nos sorprende cuando ya creíamos que el disco estaba comatoso pero casi cuatro minutos en bucle son demasiados para tan sólo diez segundos geniales. Curioso que cuando Liam levante el pie del acelerador y se olvide de copiarse a sí mismo e intentar reverdecer los laureles de The Prodigy se saque de la manga piezas tan interesantes como "Invisible Sun" pero la cabra tira al monte y decide acabar con "Wall Of Death" que se convierte en un mal chiste y una parodia de sus mejores tiempos.

A toda crítica negativa es inevitable que surjan las voces de aquellos para los que el grupo es casi una religión y crea que el que escribe ha cometido herejía y esté blasfemando pero si después de seis años esto es lo mejor que The Prodigy pueden grabar es que han envejecido y lo auténticamente violento sería que hiciesen algo diferente, que no sonase a un pastiche de remezclas, de descartes o ideas desechadas del pasado. A veces lo auténticamente violento es ir contracorriente y un disco malo o mediocre es tan fácil de identificar cuando el sentimiento agridulce de una crítica negativa es inversamente proporcional a la satisfacción que sus seguidores más acérrimos encuentran al pincharlo. 

© 2015 Hal Incandenza

Concierto: Joan Baez (Madrid) 23.03.2015

SETLIST: God Is God (Steve Earle)/ There but for Fortune (Phil Ochs)/ Llego con tres heridas/ Lily of the West/ It's All Over Now, Baby Blue (Bob Dylan)/ La Llorona/ Mi venganza personal (Luis Enrique Mejía Godoy)/ Joe Hill (Earl Robinson)/ A galopar (Paco Ibañez)/ Just the Way You Are/ Diamonds & Rust/ El preso número nueve (Roberto Cantoral)/ Donna Donna/ Jari Ya Hammouda/ Seven Curses (Bob Dylan)/ Love Is Just a Four-Letter Word (Bob Dylan)/ Give me cornbread when I'm hungry (John Fahey)/ Suzanne (Leonard Cohen)/ The House of the Rising Sun (Ashley & Foster)/ Long Black Veil (Lefty Frizzell)/ Gracias a la vida (Violeta Parra)/ No nos moverán/ Imagine (John Lennon)/ Here's to You/

Ninguno de los que acudimos a ver a Joan Baez sobre un escenario una desangelada noche como la que sufrimos los madrileños el pasado lunes lo hacíamos guiados por la nostalgia y, sin embargo, resulta del todo imposible no plegarse a ella a tenor de la media de edad del público congregado. Digo esto porque Joan Baez, a diferencia de muchos de los de su generación, no causa esa lástima del artista damnificado por el tiempo y su propia leyenda y consigue lo inaudito; seguir siendo una artista interesante sobre las tablas -capaz de emocionar y hacer creíble su propuesta-, resultar cercana y, al mismo tiempo; una señora. Es complicado pasar de los setenta, haber escrito episodios imborrables en la historia de la música hace cuatro décadas y ser creíble sin caer en el patetismo cuando hace tres décadas que tu carrera discográfica ha dejado de tener repercusión y se te recuerda siempre por los logros del pasado. Pues bien, Joan Baez lo consigue y de manera sobresaliente porque no sólo protagonizó una bonita noche con tan sólo la ayuda del multiinstrumentista Dirk Powell y su hijo, Gabriel, como percusionista sino que consiguió sonar magnífica y hacernos creer a todos que lo suyo es un pacto con el diablo. Siete años han pasado desde "Day After Tomorrow" (2008), aunque haya publicado "Diamantes" en el 2007 de manera exclusiva y así se venda a la entrada de su concierto (junto a un stand de Amnistía Internacional), pero eso no importa porque publicar o no un nuevo disco tan sólo habría sido una excusa para echarse a la carretera, excusa que viendo lo visto a Baez no le hace falta porque conserva intacta, con las lógicas señales del paso del tiempo, su principal virtud; su voz.

Dos noches consecutivas con todo el papel vendido, que dicen los entendidos, para su paso por Madrid en una gira llamada "An evening with Joan Baez" que sirve únicamente hacernos disfrutar de casi dos horas de buena música. Es verdad que la acústica del teatro siempre favorecerá a conciertos básicos en los que no es necesaria demasiada amplificación o excesivo celo del técnico pero Baez, Powell y Gab consiguieron un sonido cristalino, sencillo pero lleno de matices gracias a la, a veces exótica/ étnica, percusión de su propio hijo y al apoyo de Powell que no dudó en cambiar de instrumento casi en cada canción; diferentes acústicas, un bajo, un open-back banjo, una mandolina e incluso un violín para crear el colchón perfecto para la voz de Baez que, a pesar de ello, comenzó el concierto a solas, tan sólo su acústica, y un teatro completamente a oscuras que la recibió con el mismo cariño que ella mostró desde el primer minuto en el que se esforzó por conectar hablando en castellano (me da igual que su padre, John Baez, sea de Puebla, Méjico. ¿Cuántos artistas tienen raíces u orígenes latinos y, sin embargo, no hace el más mínimo esfuerzo?) y así nos fue presentando canciones como "God Is God" de Steve Earle o "There But For Fortune" de Ochs que sonaron excepcionales en un ambiente tan íntimo. La voz de Baez es verdad que ya no es lo que era pero conserva su timbre de mezzo-soprano y, aunque cuando suba la nota, tenga la garganta a punto de romper ligeramente esto no se convierte en directo más que en otro recurso para darle aún más emoción a un repertorio escogido con buen gusto, a medio camino entre la canción popular, su propio cancionero y las versiones que la hicieron famosa u otras más recientes y menos conocidas. 

Así, fue imposible que el público no se emocionase con "Llego con tres heridas" con todo el teatro cantándola o la presentación de "Lilly Of The West". Los dylanitas allí presentes estallamos de júbilo cuando escuchamos "It's All Over Now, Baby Blue" magníficamente interpretada y, de nuevo, volvió a ganarse a todo el Nuevo Apolo con "La Llorona". Presentó y explicó "Mi venganza personal" de Mejía Godoy y nos llevó a la norteamérica de principios del siglo pasado con "Joe Hill" de Earl Robinson pero la sorpresa fue escuchar en pleno 2015, en Madrid, a un ícono como Joan Baez cantar "a capella" la canción "A galopar" de Paco Ibañez con su hijo Gab convirtiendo el escenario en un estallido de cascos de caballo. Difícil no sentir un poquito de sangre en las venas escuchando algo así ahora que cualquiera puede parecer progresista o incluso revolucionario soltando cuatro obviedades populistas trasnochadas sin llegar a creérselas pero desconociendo ese sentimiento.

Interpretó la bonita "Just the Way You Are" a dúo con Grace Stumberg y volvió a meterse a todo el teatro en el bolsillo con "Diamonds & Rust" que, por cierto, nunca alcanzará la perfección en otra garganta que no sea la suya, igual que "El preso número nueve" de Roberto Cantoral que sirvió de magdalena proustiana a todos los que allí peinaban ya canas. Un pequeño interludio con "Donna Donna" y la oriental "Jari Ya Hammouda" tan sólo acompañada por las palmas del público y de nuevo una parada dylanita para explicarnos la historia de "Seven Curses" tras la que una voz le pidió a grito pelado "Love Is Just a Four-Letter Word" a la que Baez accedió a pesar de no haberla interpretado en muchos, muchos años. La canción de Dylan sigue sonando inconmensurable en su voz, una auténtica joya del 68 que el de Minnesota se olvidó de grabar o quizá regaló, como muchas otras de sus composiciones (contradiciendo su fama de huraño), cuando la relación entre ambos ya estaba en su recta final (imprescindible ver "Don't Look Back" de Pennebacker).

Powell se cuelga el banjo e interpretan la rootsy "Give me cornbread when I'm hungry" de John Fahey en la que incluso Baez se marca un sencillo y simpático baile tras el cual dejaremos el granero para volver al intimísimo de "Suzanne" de Cohen o "The House Of The Rising Sun" con Powell al bajo y el único aderezo de colorear el escenario con luces rojas. "Long Black Veil" (que sonó fantástica) y la obligada "Gracias a la vida" de Violeta Parra, una prescindible "No nos moverán" seguida de "Imagine" de Lennon y el broche final con la bonita "Here's To You" tras la cual Baez se despidió entre sonrisas, ramos de flores y todo el teatro en pie. Lo dicho, una señora y una noche excepcional, a su altura.


© 2015 Jim Tonic

Crítica: Aura Noir "Out To Die"

Dentro del complicado y entramado mundo del black metal hay una banda que siempre ha llamado poderosamente mi atención; y dicho interés viene motivado sobre todo por el hecho de que la banda en cuestión ha sabido diversificar y segmentar el "true norwegian black metal", que la mayoría de sus coetáneos practicaban por entonces, yendo un pasito más allá en su evolución musical y rompiendo lazos con el estancamiento sonoro que la mayoría de los integrantes del género tienden a padecer. Aura Noir, como buenos noruegos y como buenos amantes del metal extremo, llevan el black metal en la sangre, simplemente basta con mirar la procedencia y las bandas en las que participan o han participado sus tres integrantes (Mayhem, Immortal, Gorgoroth, Darkthrone, Ulver, Satyricon, Virus, Ava Inferi...) para darse cuenta que lo suyo siempre ha sido apostar al "negro". Aura Noir han sabido llevar el black metal a una dimensión superior, conjugando su estilo nervioso y apocalíptico con el rápido y desequilibrado que lleva en los genes el thrash metal de la "old school" de los 80. Según Apollyon (multiinstrumentista y frontman) de alguna manera en los 90 ellos fueron pioneros en desvirgar un sonido que nadie asociaba por entonces, en aquella época nadie tocaba tan rápido como ellos, nadie había conjugado con tal grado de efectividad dos géneros tan extremos como son el black metal y el thrash metal. Bandas como Slayer, Sodom o Destruction, tan enormemente importantes en los años 80 para lo que vendría posteriormente en los 90, con el consecuente desarrollo del black metal, se acercan y calan más hondo en el sonido de Aura Noir que las de sus paisanos Mayhem, Immortal o Darkthrone.

El sonido de Aura Noir siempre fue descrito por la mayoría de los medios como black/thrash metal, etiqueta que en su caso cobra mayor peso gracias al título de su primer álbum, "Black Thrash Attack" (1996), uno de mis discos extremos favoritos, y una delicia que todo amante del extremismo sonoro no debería perderse. Muchos son los años que han pasado desde entonces, y mucha la carretera que ha ido haciendo mella en todos y cada uno de sus tres integrantes. Con "Out To Die", su quinto álbum, la banda abandona el sello Syndicate, propiedad de Peaceville y del que Nocturno Culto (vocalista y guitarrista de Darkthrone) era encargado, para fichar por la discográfica noruega Indie Recordings y de esta manera intentar llevar su música un escaloncito más arriba en cuanto a nivel de popularidad se refiere. Si escuchamos "Out To Die" (2012) y lo comparamos con su debut, "Black Thrash Attack" (1996), veremos que no son pocas las diferencias que nos encontramos. Dejando a un margen la evidente calidad sonora que siempre lleva anexa una diferencia temporal de dieciséis años, la fuerza y la rabia de "Black Thrash Attack" son imposibles de superar, y mirad que no me gusta emplear la palabra "imposible", pero es que en este caso así lo siento y así lo percibo. La crudeza, la rapidez, la mala baba y la negrura (que ya se transmitía desde su portada) van a ser muy difíciles de superar por una banda que ha sabido mantenerse en el tiempo, pero que por desgracia (y en su caso no es por una carencia de talento) no ha logrado despuntar.

Desde que se formaran en 1993 en la cresta de la ola del black metal, la banda ha permanecido inalterable en cuanto a su formación, pero hay que destacar que para "Out To Die" rompen diametralmente con el proceso de composición y grabación de sus anteriores trabajos. En esta ocasión Blasphemer (ex-guitarrista de Mayhem) toma un papel más participativo, pasando de dejar de ser una simple "marioneta" de directos, a tomar un papel mucho más relevante en la consecución y en la gestación de la nueva obra. Hasta entonces Apollyon era el que se encargaba de todo, desde las baterías, pasando por el bajo y hasta acabar con las voces. Tantos años trabajando juntos lleva a que siempre haya existido una perfecta comunión entre Apollyon, Blasphemer y Aggressor, aunque el terrible accidente de este último haya llevado al combo nórdico a realizar algún que otro forzoso cambio. Aggressor ya no puede tocar la batería, por lo que para los directos echan mano de Tank, ya que Apollyon se encarga del bajo y de la voz, mientras que Blasphemer hace lo propio con las seis cuerdas de su Ibanez y de su BC Rich.

Todos estos "pequeños" cambios (no olvidemos que la esencia no la pierden) dan como resultado un buen álbum; aún sin tener la magia y el grado supremo de rebelión de "Black Thrash Attack", "Out To Die" es un buen disco y un buen trabajo de metal extremo. Temas tan puristas como "Trenches" (donde las guitarras de Blasphemer discurren a mil por hora en un ambiente caótico muy similar al acaecido en "Sons Of Hades" de su obra culmen) y "Fed To The Flames" pueden hacerte palidecer como consecuencia del influjo y la repercusión extremista que hacen estos magos de los sonidos más oscuros y funestos; por todo esto y mucho más se definen a sí mismos como "ugliest band in the world", algo así como la banda más desagradable del mundo.

Con "Abaddon", a nivel personal la considero la mejor pieza de "Out To Die", recuperan el sonido combativo y voraz de los primeros Sodom, donde las frases cortas y blasfemas, guiadas por los sonidos feroces y trepidantes, ensamblan una canción a la cual no se le puede bajar el calificativo de "soberbia". "The Grin From The Gallows" en cambio es más oscura, bebe más del black metal que del thrash metal y viene testada por un inicio lento y motriz, donde las guitarras de Blasphemer no cobran (por desgracia) tanto protagonismo ni tanta perseverancia como en la anterior "Abaddon". "Withheld", compuesta por Fenriz de Darkthrone, saca a relucir al Apollyon más crudo y visceral, empleando un tono muy parecido al que empleaba Cronos en los primeros trabajos de Venom, allá por los ochenta y pocos.

"Priest's Hellish Friend" tiene el sabor añejo del buen black metal, con un Blasphemer que tira de efectos para dar a su guitarra un seña y una presencia más notable, que la hace destacar por encima del resto de instrumentos. Aunque en esta ocasión la batería es más simétrica, transmite mal rollo y malas vibraciones, lo que hace engrandecer y ganar positivos a un tema que cuesta de primeras, pero que según le vas dando escuchas, vas cayendo en sus redes. Algo parecido sucede con "Deathwish", aunque en esto ocasión tenemos delante una intro muy thrasher, al más puro estilo "Whiplash" de Metallica, donde la voz ronca y abrupta de Apollyon marca la diferencia y la divergencia con la old school de la "década prodigiosa" del thrash metal. El álbum finaliza con su tema homónimo, "Out To Die", sin duda uno de los mejores aportes del nuevo trabajo y que entra en un toma y daca con "Abbadon" por hacerse con el primer puesto de las más veloces y representativas del sonido Aura Noir. "Out To Die", un buen álbum que no defraudará a ningún amante del buen Rock… 

© 2015 Lord Of Metal

Concierto: Mark Lanegan (Madrid) 12.03.2015

SETLIST: When Your Number Isn't Up/ Low/ Dead on You/ No Bells on Sunday/ The Gravedigger's Song/ Harvest Home/ One Way Street/ Gray Goes Black/ Deepest Shade/ Hit the City/ Ode to Sad Disco/ Riot in My House/ Harborview Hospital/ Floor of the Ocean/ Torn Red Heart/ Sleep With Me/ Death Trip to Tulsa/ Methamphetamine Blues/

Hay cierto patetismo en el punto en el que se encuentra la carrera de Lanegan actualmente. No pasa nada, admitámoslo; no haciéndolo no vamos a saber más de música, nuestros amigos con gafas de pasta y barba de tres días no nos van dejar de hablar y nadie nos va a acusar de nada. Mark Lanegan puede que se encuentre en el clímax de su popularidad (si es que eso se le puede aplicar a un músico como él) pero es justo ahora en su momento más bajo. Por un lado, tenemos a un artista que había conseguido despegar de su anterior grupo y haberse convertido en un músico interesante e inclasificable ahora transformado en un espectro sin rumbo. Por el otro lado, tenemos a sus seguidores, esos que seremos incapaces de aceptar que no está en un buen momento porque le hemos literalmente perseguido a través de las calles desde que el de Washington pisase nuestro país por primera vez en el año 98 y esos otros que se han subido al carro hace relativamente poco y para los que Lanegan era lo más hasta que Pitchfork, The Quietus, NME o cualquier otra fuente haya fruncido el ceño ante las bases programadas que recorren sus dos últimos trabajos en solitario pero no puedan evitar perderse uno de sus conciertos para mirar con sobrada suficiencia todo cuanto acontece sobre las tablas y escribir estupideces en sus patéticos blogs. Esto no es tan sencillo como un debate en el que son mejores o más auténticos aquellos que ya estábamos antes frente al postureo que suscita la carrera de Lanegan ahora que, seamos cruelmente honestos, no atraviesa uno de sus mejores momentos. ¿Por qué? Porque es responsabilidad exclusiva de Mark o el paso del tiempo ¿Acaso tiene la culpa Alain Johannes, la dichosa aplicación "Funkbox" con la que Lanegan esbozó muchas de las canciones de "Phantom Radio", su repentino amor por el post-punk o la música ochentera, sus pasados devaneos con The Soulsavers? Para nada, es tan sencillo como contemplarle en directo…. 


Crítica: The Art Of McCartney

No me suelen gustar los discos póstumos de versiones y eso es lo que me parecía "The Art Of Paul McCartney" a pesar de haber escuchado algunas en streaming y, sorprendentemente, haberme gustado. Pero su productor, Ralph Sall, tuvo la brillante idea de reunir a un elenco de artistas, admiradores y amigos de Paul (porque  a los que nos gusta de verdad nos referimos a él como Paul, que conste) mientras éste regrababa "A Love For You" y da la casualidad que una buena amiga mía me lo regalaba hace unos días, lo pincho en mi reproductor y descubro que me gustan mucho las versiones. Bueno, no son versiones en el sentido más estricto de la palabra porque la gran mayoría son idénticas a las originales y el único sello distintivo es el de aquellos que, bien por experiencia o personalidad, le aportan algo nuevo a las canciones. Pero el caso es que me gustan, me gustan mucho y, como le decía a mi amiga, no sé si es por las interpretaciones en sí mismas o porque las canciones, pura y llanamente, son cojonudas, perdón; excepcionales. Y aquí es cuando me entra la vena moralizadora y no puedo contenerme; porque vivimos unos años en los que la cultura no tiene ningún valor -que nadie os engañe, no es por el porcentaje de un impuesto o el poco apoyo de las instituciones, es porque el público ya no le da ningún valor a ésta; o sea tú que lees esta reseña- y ahora "saber" (propiamente dicho) no tiene ningún mérito, a la gente no le interesa "retener" en su memoria, acuden a Wikipedia y sablean, bajan una discografía en un archivo comprimido de un programa "peer to peer" y la digieren a una calidad infame para, acto seguido, pasar página a la carrera de otro artista y escuchar su obra sin profundizar, tan sólo saqueando la abundante y, a veces, mala información que circula por la red. Y digo todo esto ahora que la estúpida de Heather Mills (esa especia de Belén Esteban anglosajona), ex-esposa de Paul, presume de poseer la mayor empresa vegana del mundo  después de llevarse cerca de cincuenta millones de dólares tras su ruptura con Paul (¿con buenos zapatos bien se corre, verdad?) y se despacha alegremente en una entrevista diciendo Paul McCartney ya no interesa a nadie, nadie le conoce, que es tan sólo un hombre normal que escribió unas cuantas buenas canciones…

Es verdad que actualmente es fácil criticar al ex-beatle si no se tiene un mínimo de cultura y sensibilidad. Cuesta reconocer al simpático Paul en el muñeco de cera en el que se ha convertido en el video "FourFiveSeconds" de Rihanna y Kanye West. Es sencillo criticarle porque Paul ya no tiene nada que demostrarle a nadie y, como hablaba con mi amiga, parece tener cierta incontención a la hora de elegir a sus colaboradores, parece que Paul sea incapaz de decir que no aunque su imagen, a veces, se vea dañada por colaboraciones poco acertadas. Y, claro, también es verdad que el público de ahora tiene acceso a una púlpito digital desde el que soltar todo tipo de barbaridades, como si todos los días fuesen domingo en este "speakers' corner" en el que se ha convertido internet y en el que triunfa el que tiene más amigos o seguidores, el mas zafio, vulgar e irrespetuoso. Pero en el caso que nos ocupa hay que ser un auténtico tarugo o descerebrado para no hacer sonar esta recopilación y no tararear, mover los pies, o simplemente apreciar el talento de uno de los mayores compositores de la historia.

El comienzo es espectacular con Billy Joel cantando "Maybe I'm Amazed", en los primeros segundos incluso parece que ha hecho un pacto con el diablo porque su voz parece no haber envejecido pero es tan sólo un espejismo porque pronto se rasga y aporta la emoción que la canción necesita, más floja resulta su aportación en "Live And Let Die" a pesar de haberla interpretado hasta la saciedad. Para mí, la gran sorpresa del primer disco es Dylan cantando "Things We Said Today", musicalmente alejada de las coordenadas musicales en las que Bob está actualmente envuelto y con su cazallera y ajada voz suavizada con un poquito de "reverb" en la mezcla. Lamentablemente, la aportación de Heart se queda en nada, bien llevada y bien interpretada pero "Band On The Run" es un calco de la original y perdemos la oportunidad de escuchar a las hermanas Wilson cantando el clásico como se merece (más adelante, volveremos a encontrarnos con ellas en una, no más acertada, versión de "Letting Go" que mejora la anterior gracias a su tono rockero). "Junior's Farm" suena bien en las manos de Steve Miller y el estribillo nos levanta de la silla a saltos mientras que la decepción es la de Yusuf Islam (Cat Stevens) con "The Long And Winding Road". Que nadie me malinterprete, "Juniors Farm" suena idéntica la original de los Wings, lo que pasa es que le encaja como un guante a Steve Miller mientras que el clásico de los beatles requiere de una responsabilidad aún mayor que Stevens (perdón, Islam) resuelve de manera quejumbrosa y trémula. Ocurre algo parecido con "Hey Jude" en la que Steve Miller sale victorioso bien a pesar de parecer que el tempo no va con él y acelerar toda la canción en general, un pequeño desastre que resulta refrescante.

Harry Connick JR se atreve con "My Love" y la hace suya gracias a su voz, como le ocurre a Brian Wilson con "Wanderlust" que se empeñó acertadamente en cantar desde que le propusieron participar en este proyecto. Como también es ideal la voz de Corinne Bailey Rae en la ensoñadora "Bluebird". Muchos me dirán que la música de este disco es enlatada y los artistas se han limitado a cantar sobre bases ya grabadas cuando no es cierto en la mayor parte de los casos porque, aunque esté involucrada la banda del propio Paul (viejos amigos como Wix, Rusty o Abe), son los artistas y diferentes productores los que le aportan su sello diferenciador o, por lo menos, lo intentan. Y así le pasa a quizá la versión más difícil de todo el disco, "Yesterday". Grabar esta canción no tiene ningún sentido, es completamente innecesario y absurdo a estas alturas pero, claro, la canta Willie Nelson y su toque íntimo, un mínimo acompañamiento, y su voz nasal son suficientes para hacer algo mucho más que digno, genial. Jeff Lynne hace suya "Junk" como sorprendente es escuchar al último Bee Gee, Barry Gibb, cantar "When I'm Sixty Four" con sesenta y ocho años porque, sinceramente, resulta mucho más creíble que si la hubiese cantado Jamie Cullum quien, por cierto, resuelve asombrosamente bien "Every Night". Además, volviendo a Gibb, siempre es un placer escucharle, es sencillamente fabuloso.

Otra sorpresa resulta escuchar a KISS atreverse con "Venus And Mars" en un formato tan básico y alejado del "party all night long" al que nos tienen acostumbrados (y quien escribe no es que desconozca precisamente a Simmons y Stanley) pero pronto nuestro Starchild toma los mandos en "Rock Show" y vuelven a darnos en la mandíbula haciéndola suya con una excelente "slide guitar" que, iluso de mí, creía que sería obra del "impersonator" Thayer. Leo los créditos y pertenece a Dan Petty, normal. Estupendos Gene y Paul, francamente estupendos. La versión de "Let Me Roll It" es de obligada escucha por la garganta de Paul Rodgers que, sin hacer un alarde, suena tan brillante como siempre. Por Rodgers no pasan los años y sigue siendo capaz de transmitir. Pero seguimos con las sorpresas porque "Helter Skelter" corre a cuenta de Roger Daltrey que, subiendo el tono y poniendo la válvula de su garganta a tope y a puntito de romper en cada segundo, hace una excelente aparición. "Helen Wheels" suena inofensiva en Deff Leppard (no como ocurre con Joe Elliott cantando "Hi Hi Hi" que gana algo más) mientras que choca mucho, muchísimo, encontrar a The Cure interpretando "Hello Goodbye" con James McCartney, es curioso escuchar a Robert Smith y su grupo cantando a los Beatles, muy curioso aunque poco creíble.

Chrissie Hynde aprueba con nota el atrevimiento de cantar "Let It Be" gracias a su voz y Zander y Rick Nielsen hacen sonar "Jet" somo si no hubiese pasado el tiempo pero sin grandes aportaciones. Tenía cierta esperanza en que Owl City transformase "Listen To What The Man Said" o lograse llevársela a su terreno pero no, es una pequeña decepción, me sigue pareciendo superior la original, no sé que coño esperaba de alguien como Owl City y su saqueo a las arcas estilísticas de Ben Gibbard . Como Perry Farrell (de Jane's Addiction o Porno For Pyros) se olvida de quién es y canta "Got To Get You Into My Life" sin personalidad alguna, como si fuese un karaoke. Por supuesto, prefiero mil veces la versión de Dion Dimucci en "Drive My Car" o la maravilla que es "Lady Madonna" de la mano de Allen Toussaint que, sin grandes estridencias, suena genial.

De la intervención de Dr. John me esperaba bastante más, se encarga de "Let'Em In" y pensé que haría algo grande con ella, me equivoqué, el tiempo no pasa en balde para todos. A pesar de ralentizarla, me gusta su voz y cómo le sienta. Smokey Robinson borda su aportación en "So Bad" y The Airborne Toxic Event, por fin, se atreven y hacen la primera versión propiamente dicha de todo el disco; maravillosa. Como acertada es "Come And get It" de Toots Hibert o la explosión festiva de Sammy Haggar en "Birthday" que consigue convertir el final del homenaje en una fiesta. Mención especial para B.B. King en su "On The Way" con un estilo y una clase propias de él… ¡Manda huevos que tenga que ser él, con casi noventa años, el que ponga las cosas en su sitio! Maravillosa su guitarra y su voz, maravillosas de verdad.

Y, cómo no, no podíamos dejar pasar a The Coop, nuestro querido Alice Cooper que disfruta y nos hace disfrutar con una versión de la eterna "Eleanor Rigby" en la que, a pesar de no aportar gran cosa, suena bien y nos hace reflexionar sobre la estúpida adopción del sector más metálico del público a la que ha tenido que entregarse un artista tan serio como Vincent Furnier, condenado a interpretar a Cooper cada noche como si de una fiesta de Halloween se tratase siendo, por ende, menospreciado o poco valorado por un sector más mayoritario. No tengo problema con ello pero The Coop se merece mucho más.

En definitiva, un disco entretenido para los amantes de Paul y los Beatles, en el que, como era de esperar, aportan su personalidad a las canciones aquellos músicos con décadas de oficio a sus espaldas y sabor en su interpretación en detrimento de aquellos con menos carácter. Prescindible para el resto pero que pondrá una sonrisa en todos aquellos que pensamos que Paul ha hecho mucho más que componer unas cuantas buenas canciones mientras todos sabemos que Heather tan sólo pasará de puntillas en la historia de un beatle por tomar una muestra de su esperma y robarle la cartera.


© 2015 Jim Tonic

Concierto: Marduk (Madrid) 03.03.2015

SETLIST: Frontschwein/ The Blond Beast/ Slay the Nazarene/ The Levelling Dust/ 502/ Wartheland/ Into Utter Madness/ Cloven Hoof/ Burn My Coffin/ Warschau/ The Appearance of Spirits of Darkness/ Sulphur Souls/ Afrika/

El black metal no es una música apta para todos los públicos ni para todo los perfiles, estamos ante un género al que no se le puede aplicar o fijar el calificativo "extremo" solamente en términos musicales, sino que hay que hacerlo en muchos más sentidos, en un concepto mucho más amplio de la palabra, hasta el punto que estamos ante una vertiente del metal que profesa tantos seguidores como detractores, y tanto unos como otros, lo hacen con una pasión y un extremismo fulgurante. A nivel personal no me queda otro remedio que incluirme en el apartado de los seguidores y defensores, ya que así es como lo siento y como lo vivo desde hace muchos años. También he de confesar que me considero mayor seguidor del black metal de origen sueco que del noruego, y no porque bandas como Mayhem, Darkthrone, Emperor, Taake, Tsjuder o Immortal no entren dentro de mi menú diario (que vaya si lo hacen), sino más bien porque me encuentro más a gusto escuchando la vertiente más melódica que toma su raíz de la vecina Suecia, y donde bandas como Watain, Dark Funeral o Dissection se muestran (o se mostraron, como es el caso de la banda de Nodtveidt) como alumnos aventajados del que fuera el artífice de este maldito género, Quorton (Bathory). Para muchos Bathory es y será la primera banda que hizo black metal "de verdad", el black metal tal y como hoy día lo entendemos y lo percibimos, y que tuvo en  trabajos como "Under The Sign Of The Black Mark" o "Blood Fire Death" dos pilares fundamentales sobre los que erigirse y construirse. Bien es verdad que la pugna con los británicos Venom y los suizos Celtic Frost por ver quién fue primero, perdurará en el tiempo, pero parece que el sueco parte con ligera ventaja.

Dentro del black metal sueco, uno de mis referentes y grupos de cabecera es Marduk. La banda de Morgan me enamoró en la etapa noventera con el polifacético Legion, y en el nuevo milenio sigue haciéndolo con el fantástico Mortuus. Hace tan sólo un mes que la banda editó su nuevo álbum, "Frontschwein" (Century Media) y desde que el pasado mes de Diciembre se confirmara el primer "leg" de su gira europea, ya sabíamos que teníamos que estar allí, que no podíamos faltar a nueva cita con los suecos más blasfemos y menos cristianos. Además, como premio añadido, teníamos la suerte de que la banda contaba con el apoyo de los austriacos Belphegor para este primer tramo del tour, para de este modo crear un cartel lo suficientemente atractivo para cualquier seguidor de metal extremo, ya que en su anterior paso por nuestro país, sus acompañantes (Inmolation) poco o nada tenían de black metal.

Partamos de la premisa que la sala Caracol, lugar donde se realizaba el concierto, no estaba ni mucho menos llena, aunque no reconocía una mala entrada, posiblemente entre mitad y 3/4 de aforo. Esto tiene dos lecturas, una primera que nos lleva a reconocer que el black y el death metal sigue siendo un género muy minoritario, y otra que nos conduce a valorar positivamente el salto que ha experimentado Marduk en los últimos años con Mortuus. No olvidemos que en su anterior paso por Madrid, en la gira de presentación de "Serpent Sermon", la banda tocó en la infecta y minúscula "Ritmo y Compás", un cuchitril de dimensiones muy reducidas donde la calidad del sonido dejaba bastante que desear. Por suerte en Caracol disfrutamos de un sonido bastante aceptable, no es que aquello fuera la panacea, pero obviamente sí que se vio una mejoría bastante acuciada si hacemos una comparativa más pormenorizada. Por suerte para nosotros, a la entrada del recinto tuvimos la suerte de toparnos de bruces con nuestro querido Mortuus, que muy amablemente accedió a charlar y a firmarnos nuestros fetiches, mientras Helmuth y Serpenth estaban sobre las tablas de Caracol degollando al personal con "Godsmack Terror".

Mortuus, Morgan, Devo y su nuevo batería, Fredrik Widigs, salieron al escenario entre quince y veinte minutos más tarde de la hora asignada, es decir, a eso de las diez de la noche. La niebla comenzaba entonces a cubrir el escenario, mientras las luces de la sala iniciaban su apagado. Con Mortuus y Devo de espaldas al foso empiezan a sonar los acordes del primer tema y del corte homónimo de su nuevo trabajo, "Frontschwein", mientras Mortuus hacía su aparición sobre el atril con paso firme y desenfadado. Su inconfundible voz y con su bota sobre la pantalla central mete el primer gutural de la velada para deleite de los congregados, hambrientos de black metal distintivo y añejo "made in Sweden". Como ya apuntamos anteriormente, el sonido pienso que estuvo a la altura de la ocasión, teniendo en cuenta las limitaciones que por otra parte tiene una sala de las dimensiones de Caracol. De seguido y sin respiro empieza a sonar la batería lenta y aburrida de "The Blond Beast", segundo corte de "Frontschwein", que a nivel personal confieso que me transmite bastante poco, ya que los parches de Fredrik son excesivamente simétrico durante sus cuatro minutos de duración. No obstante estamos ante una canción que gusta mucho, ya que consta de un perfil musical bastante diferente del que nos tiene acostumbrados Marduk, y en directo le dieron un toque algo más agresivo de lo que transmite en disco.

El concierto tuvo buenos momentos, aunque quizá sí que echamos en falta algún clásico más, algún tema de "Panzer Division Marduk" (aparte de "502") hubiera ayudado a acrecentar el interés de los seguidores más clásicos de la banda sueca. Es cierto que al ser un álbum tan importante y que tienden a tocar íntegramente en algún que otro concierto especial, cuando se salen dichos eventos, tienden a pasarlo de largo; aunque la verdad un "Panzer Division Marduk" o un "Baptism By Fire" hubieran quedado de lujo y hubiera consumado las expectativas de más de uno. La verdad que fue una verdadera lástima que aquella gira del 2013, donde tocaban íntegramente su clásico de 1999, y en la que estaban acompañados por nada más y nada menos que por sus compatriotas Grave, no recalara en España, ya que más de uno (entre los que obviamente me incluyo) hubiera hecho cola por estar en la primera fila de acción. Por suerte con Grave me desquité el año pasado, cuando tuve la suerte de verles con los Entombed AD de Petrov.

"The Levelling Dust" rescata su olvidado "Rom 5:12" de 2007, donde Mortuus cantaba jodidamente bien en su segundo álbum con Marduk. Fantástica también la puesta en escena y la entrega que puso en liza el vocalista nórdico sobre las tablas de Caracol, metiéndose directamente en el bolsillo a los más puristas y críticos con su papel tras la salida de Legion en 2003, después de la edición de "World Funeral"... "Wartheland", el que fuera primer adelanto emitido por su discográfica, Century Media, para dar a conocer al planeta mundo el nuevo álbum, quedó muy vistosa y alegre, lo mismo que "Into Utter Madness" de su "Wormwood" (2009) o "Cloven Hoof" de otro de sus discos más afamados, "World Funeral" (2007). Posiblemente, este fue el momento más crítico de su actuación, ya que estamos hablando de temas "menores", si tenemos en cuenta que poco tienen de clásicas estas canciones, y que tampoco aprovecharon para meter algún tema más de "Frontschwein", que pienso hubieran quedado genial.

Con "Burn My Coffin" de su segundo trabajo la cosa mejora bastante, el quinto track de su clásico de 1993, "Those Of The Unlight", saca del armario a los Marduk más duros y agresivos, poniendo en alza su black metal más clásico y old school, en uno de los temas más corrosivos y menos melódicos de su discografía. "Warschau" también tuvo muy buena aceptación, no les quedó tan vistoso y original como "Burn My Coffin", pero sí que lució entre las destacadas dentro del "extraño" setlist que llevan en este primer tramo de la gira europea. Con "Sulphur Souls" y "Afrika" (una de mis favoritas de "Frontschwein") mis expectativas se vieron diametralmente mejoradas, ya que los suecos lograron sonar como una auténtica apisonadora, llenando (ahora sí) la sala de black metal blasfemo y retorcido… Marduk han demostrado que vienen con ganas de dar mucha guerra, ¡gloria al "Panzer"!

© 2015 Lord Of Metal

Concierto: Belphegor (Madrid) 03.03.2015

SETLIST: Feast Upon the Dead/ In Blood - Devour This Sanctity/ Gasmask Terror/ Impaled Upon the Tongue of Sathan/ Black Winged Torment/ Belphegor - Hell's Ambassador/ Rex Tremendae Majestatis/ Lucifer Incestus/ Conjuring The Dead/ Bondage Goat Zombie/


Llegaba a Madrid una de las giras más esperadas y prometedoras que todo fan de metal extremo puede soñar en pleno 2015. Dos pesos pesados del black metal, tales como son los suecos Marduk y los austriacos Belphegor, se unían en una interesantísima gira europea, que en esta Web no podíamos dejar pasar por alto, ya que ambas bandas tienen desde hace muchos años el dudoso honor de encontrarse entre nuestras favoritas. La gira se anunciaba el pasado mes de Diciembre, cuando Marduk decidía distribuir por etapas o "legs" su gira de presentación y promoción de su nuevo álbum, "Frontschwein", editado por Century Media el pasado mes de Enero. Para el primer tramo de la gira, Morgan y Mortuus elegían a la banda de Helmuth y Serpenth como principales invitados y como un baluarte seguro para abrir todos y cada uno de sus conciertos. Muchos de nosotros sabemos que muy pocas veces giras de este calibre y de estas características suelen pasar por nuestro país, así que no había disculpas que valieran, por lo que el martes 3 de Marzo a las 20:30h en punto (hora programada para la salida a escena de Belphegor) estábamos dentro de la sala Caracol de Madrid para ver lo que allí se cocía.

Con un ligero retraso, lo cual nos vino como anillo al dedo para hacernos con acopio de algo de marchandise y de algún que otro refrigerio (que siempre vienen bien), Belphegor saltaban al atril de Caracol enfundados con sus pinturas de guerra y a ritmo de la funesta "Feast Upon The Dead". Helmuth situado en el medio, y Serpenth como siempre, a la izquierda del maestro, empezaban a inundar la sala con el característico sonido infecto y diabólico del que hacen arte y referencia este dúo austriaco. "Feast Upon The Dead" hace, como viene siendo habitual desde hace muchos años, las veces de intro del primer e impactante tema propiamente dicho y que no suele demorarse en llegar. En esta ocasión Helmuth decide quedarse en su penúltimo trabajo, "Blood Magick Necromance" (2011), y más concretamente en su tema de apertura. "In Blood-Devour The Sanctify", que abría el que es para mí su mejor álbum, nos daba nuevamente señales notorias de lo que muchas veces defendemos, y es que no en pocas ocasiones se le suele achacar a las salas o las medios de las mismas problemas que en la mayoría de las ocasiones están centrados en los propios grupos y en la actitud que tienen los músicos. Hemos visto muchas veces conciertos en la sala Caracol que podríamos catalogar como esperpénticos, y algunos, que podríamos tildar de bondadosos, tienden a excusarse en los medios de la sala o del equipo empleado; pero es que si esos mismos, que dictan excusas baratas para defender en la mayoría de los casos lo indefendible, hubieran estado aquella noche delante de Belphegor, y hubiesen sido mínimamente críticos, se hubieran dado cuenta que sus cuentos chinos ya no se los cree nadie, y que como en el resto de estamentos de la vida, en la música hay bandas minúsculas y también bandas mayúsculas.

Belphegor salieron desde el principio muy enchufados, con un fin y un objetivo muy claro en su mente, el de agradar y convencer a sus fans. En ese sentido decidieron apostar a caballo ganador, así que siguiendo la estela de su anterior tema, echan toda la carne en el asador con la pieza que abre su última obra hasta la fecha, "Conjuring The Dead" (2014). "Gasmask Terror" suena jodidamente bien en una sala que apenas superaba la media entrada. Luego nos quejamos, y decimos que las bandas no vienen por culpa del IVA o por culpa de la enorme competencia que hay, pero es que si a esto, le añadimos la escasa, y desde nuestro punto de vista "pobre", promoción que hacen las promotoras y medios de nuestro país, tenemos como resultado el que vimos en Caracol el pasado 3 de Marzo, dos grandes bandas de metal extremo con un aforo ridículo. Recordemos que en el mítico "Underworld" londinense ambas bandas colgaron el cartel de sold out tan sólo unos días antes de la visita a nuestro país; como diría Mago de Oz, "el que quiere entender que entienda..."

Con "Impaled Upon the Tongue of Sathan" de su "Blood Magick Necromance" (2011) siguen subiendo decibelios y ganando adeptos, fantástica la voz de Helmuth, tan gutural y ronca que parece sacada del mismísimo Infierno. Serpenth por su parte demostraba en su actuación ser un tipo simpático, connotación que más tarde pudimos rubricar en el concierto de Marduk, cuando con toda amabilidad, y ello a pesar de que tenía una botella de vino en la mano a punto de finiquitar, accedió a firmar con sinuosa paciencia nuestros discos..."De oca a oca y tiro porque me toca", es decir, tras un tema de "Blood Magick Necromance" (2011) vuelven a cargar con otro de "Conjuring The Dead" (2014). Esta vez eligen su quinto corte, "Black Winged Torment", sacando a la palestra la mejor versión del blackened death metal que los austriacos llevan consumiendo y generando desde hace más de dos décadas. Fantástico Helmuth en la parte intermedia, sacando sus registros más melódicos e incitando a los asistentes a venirse arriba al mismo tiempo que castigaba sin miramientos el trémolo de su Jackson. Lo estábamos pasando pirata; así, sí.

Belphegor continúan su guerra y su particular infierno; como quien no quiere la cosa y de sin avisar llega el single de su clásico "Pestapokalypse VI", "Belphegor-Hell's Ambassador", demostrando ser una de las bandas más respetadas dentro del metal extremo, y la verdad es que con esa actitud y con esa "barbarie musical", bien que se lo merecen. "Rex Tremendae Majestatis" y sobre todo su gran clásico, "Lucifer Incestus", son las siguientes en calar hondo y dejar huella, al menos en nosotros; ¿quién coño puede decir que Belphegor no están en su mejor momento o a la altura que se espera de ellos?...¿De verdad alguien espera más?

Era inevitable y cuestión de tiempo que el tema homónimo de su último álbum y primer single del mismo, "Conjuring The Dead", entrara en acción. No obstante es bueno recordad que Nuclear Blast dio a conocer el álbum con "Gasmask Terror" y no con el segundo corte del mismo, y del que posteriormente realizarían un fantástico videoclip. El concierto estaba llegando al final, pero la banda no cede, no baja los brazos con un Serpenth sobrenatural, que dejó a más de uno helado con los continuados headbangings que hacía canción tras canción y que ejercitó en mayor medida con la siempre sobresaliente "Bondage Goat Zombie". Si es que son muy buenos estos cabrones...

Sin duda, un concierto magnífico de una banda que atraviesa por un gran momento de forma (nunca ha dejado de estarlo). Siempre habrá detractores, eso es inevitable, pero ellos se lo pierden… ¡Grandes, Belphegor!

© 2015 Lord Of Metal

Crítica: The Crown "Death Is Not Dead"

Pienso que nadie puede poner en duda que el death metal melódico está atravesando por un gran momento de forma. Con tan sólo unos meses de diferencia hemos podido disfrutar de los últimos trabajos de In Flames, The Haunted, At The Gates y The Crown, cuatro bandas que son un referente mundial y poco menos que una institución en su país de origen, Suecia. Dejando de momento a un margen a nuestros queridos In Flames, en las otras tres bandas podemos encontrar un denominador común, ya que todas ellas están o han estado, y están, muy interrelacionadas entre sí...por ejemplo y como algunos sabrán, el carismático vocalista de At The Gates, Tomas Lindberg, formó en el pasado junto a The Crown. O como otros muchos conocéis, en la actualidad Adrian Erlandsson y Jonas Björler comparten labores en At The Gates y The Haunted. Tanto "Siren Charms" como "Exit Wounds" y "At War With Reality" fueron editados el pasado ejercicio, convirtiéndose por derecho propio en tres de los trabajos favoritos de esta web editados en 2014, recibiendo todos ellos palabras amables y grandes puntuaciones por parte de nuestros redactores; sobre todo "At War With Reality", posiblemente junto a "The Satanist" de Behemoth lo mejor del catorce, y es que 19 años después de "Slaughter Of The Soul" la banda sigue teniendo la misma fuerza y las mismas ganas que entonces, lo cual no deja de ser mínimamente admirable...Y es que lo bueno se ve de lejos, se palpa y se nota, no hace falta ser muy listo ni tener muchos conocimientos musicales para darse cuenta cuándo algo es bueno y grande de verdad. En España muchos seguirán dándose cabezazos contra la pared y no se bajarán de su burro diciendo que las bandas patrias son tan buenas como las foráneas, pero es que si fuéramos mínimamente coherentes y objetivos, todos sabríamos que en términos musicales, de los Pirineos hacia arriba todavía nos llevan muchísima ventaja, y por mucho que joda decirlo, esa distancia no se va a ver recortada en magnitudes significativas en el corto plazo...

The Crown son una de esas bandas que a pesar de no gozar de una popularidad tan, permitidme la expresión, inmediata y abusiva como de la que sí pueden presumir muchos compatriotas suyos, este quinteto sueco lleva intrínseca la virtud de que nunca defrauda. La música de The Crown no es fácil de definir de primeras, vale que muchos en un intento desesperado se arrojarían al vacío definiéndola simple y llanamente como death metal melódico, afianzado en muchos aspectos por el sonido Goteborg del que maman sus raíces, pero es que si indagas y profundizas un poco en el tema, te das cuenta que ese término se queda un tanto escaso y obsoleto en el caso de la banda de Johan Lindstrand. The Crown es death metal melódico, ¡correcto!, pero es que es mucho más que eso; la banda posee muchos ramalazos del death metal "old school", gestado en la otra orilla del Atlántico, además de conservar muchas similitudes con sonidos y métricas más propias de otros géneros afines como pueda ser el thrash metal. The Crown se diferencian de sus paisanos por tener un sonido más crudo y musculoso a la vez que más oscuro y siniestro; no son tan rápidos y veloces como The Haunted o At The Gates, más bien al contrario disfrutan del sonido denso y apocalíptico de bandas como Obituary o incluso los fantásticos Massacre de Terry Butler (Death, y hoy en día bajista en Obituary). Sin duda, estamos ante una banda realmente atractiva, que tiene algo especial y diferente que hace que el oyente se enganche de primeras y se aferre a su música como un clavo ardiendo. Así las cosas, los primeros acordes de "Reign" te harán palidecer por el enorme parecido que disocian con la versión que en su día hizo Marilyn Manson del "Sweet Dreams" de Annie Lennox y Dave Stewart (Eurythmics). Una intro de apenas dos minutos de duración que viene a diseñar una vuelta de calentamiento ante lo verdaderamente serio e importante que llega tras el primer silencio de "Death Is No Dead".

"Headhunter", primer single escogido por el poderoso sello discográfico, Century Media, para hacer un sorprendente videoclip, arranca con un riff combativo y luchador al más puro estilo thrash metal del "Submission For Liberty" de los australianos 4ARM. Estamos ante un corte machacón y castigador que va ganando enteros según el mismo va restando segundos al crono, y que se hace mayor y gradúa en su parte final, gracias al alegre y vistoso solo de Marko Tervonen, donde el astro parece haberse vuelto loco tirando de notas agudas y bendings infinitos. Por su parte "Iblis Bane" roza la hilaridad en algunos de sus puentes dado su base y afección en la obra culmen del maestro Carl Orff, "Carmina Burana", que al más propio estilo "Excalibur" nos mutila con las guitarras más afiladas y agudas que nos encontraremos entre los entresijos de "Death Is Not Dead".

"Eternal" tiene coraje y valor, se nota que tras cinco años en el hiato, The Crown han vuelto con ganas y fuerzas renovadas para encarar la aventura del nuevo disco. Otra vez más, un virtuoso solo vuelve a ser el principal reclamo de una composición que sin ser del todo brillante (todo hay que decirlo) no regala muy buenos momentos, ya que los recuerdos no se hacen esperar en un tema que lleva implícito una gran cantidad de cambios y funciones. La rapidez y el excentricismo de "Struck By Lightning" muestran el lado más salvaje y convulso de The Crown, en una pieza que acaricia y sopla de cerca al estiloso black metal, y que por qué no decirlo, se deja querer y abrazar si de verdad te consideras un buen degustador de la música extrema.

El arsenal pesado sale del almacén con las brillantes "Herd Of Swine" y "Horrid Ways", posiblemente mis dos canciones favoritas de "Death Is Not Dead". Las guitarras en la primera de ellas suenan realmente sensacionales, mostrando un abanico y una partitura de colores realmente persuasiva y enriquecedora. Se nota que The Crown no son una banda nueva ni joven en la materia y se nota que llevan mamando el death metal desde hace veinte años. El lado más thrasher de los suecos vuelve a dejarse ver en las estrofas de "Horrid Ways", mientras que su lado más tierno y melódico inunda unos estribillos pegajosos e hímnicos, ante los cuales es difícil resistirse, ya que muestran el lado más chulesco y atractivo de una banda que al igual que el buen vino, gana y se posiciona con los años.

Con "Ride To Ruin" se desalman y muestran su vertiente más asesina, con un Tervonen que desgarra las cuerdas de su guitarra en un aire funesto y desalentador por conseguir la "perfección sonora", dentro de la "suciedad" que siempre lleva asociado el sonido "The Crown". Con la instrumental "Meduseld" se hace muy difícil no virar la cabeza ciento ochenta grados y trasladarnos a los sonidos más oscuros y funestos de mediados de los noventa, firmados con letra de oro por trabajos tan emblemáticos como "Lunar Strain" o "The Jester Race" de In Flames. Pocos que conozcan la trayectoria de los de Fridén podrán obviar el parecido razonable entre este "Meduseld" y el tema que abría aquel "The Jester Race", que llevaba por título "Moonshield". Si tengo que decir que no me ha gustado para nada el toque folk que le han querido inyectar en su parte final, y que pienso que hubiera quedado infinitamente mejor si no se hubieran empecinado en meter con calzador unos violines que carecen de sentido y de fundamento en un tema que ya era jodidamente grande por sí solo, y que no necesitaba de ningún tipo de aditivo insustancial e infundado.

"Death Is Not Death" vuelve a tirar de honor y pundonor con "Godeater", un último corte donde la banda vuelve a demostrar que en lo suyo son unos auténticos doctores, que piensan con la cabeza y que han decidido no volverse locos con su nuevo álbum, tirando desde un principio a lo que mejor saben hacer. Ya sabéis, a veces lo más simple es lo más efectivo.

© 2015 Lord Of  Metal

Crítica: Lemmy "Lemmy"

Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana conocí a una chica (de esas que llevan camisetas de KISS o AC/DC hechas a mano, de manera artesanal, por Inditex) que llamaba a Lemmy por el sobrenombre de "Dios" o, al menos, así fue cuando le enseñé mi vinilo original del "Overkill" (1979) autografiado por el mismísimo altísimo. Era gracioso escucharla hablar porque, en su analfabetismo musical, era capaz de despreciar a los Beatles, ignorar la dramática muerte de Kurt Cobain veinte años después de que aconteciese, decir que Zakk Wylde era el guitarrista rubio de Black Sabbath o conocer a Bob Dylan de oídas en pos de bandas de tres al cuarto de cualquier subgénero derivado del metal o el rock con un par de discos en el mercado. Parecía sentar cátedra pero una vez rascabas bajo la superficie no había nada; absolutamente nada, estaba vacía. Llevaba una camiseta de Motörhead pero conocía sus discos tanto como los de Hilfiger o Ralph Lauren y recuerdo la cara de incredulidad que me puso cuando le dije que todos, absolutamente todos, los músicos de rock comenzaron sus carreras para conquistar a una chica, ligar un poco o -directamente y sin complicaciones- follar gracias al mágico encanto de saber rasgar una guitarra. Nunca sabré si tal reticencia era debida a su ignorancia y escaso conocimiento o porque sus motivos para acercarse a la música y todo lo que la rodea eran tan sólo un vehículo para paliar sus carencias afectivas, ansias y necesidades personales (algo sin duda más abyecto que echar un polvo). 

Y os cuento todo esto, queridos lectores, porque este libro es un directo a la mandíbula o la boca del estómago (según se prefiera) a toda esa gentuza para la que Lemmy (Angus Young, Gene Simmons o Dimebag, entre otros muchos) no es más que una pose, además de desmontar muchos rumores e historietas relacionados con la historia del grupo y del rock en general. Ian Fraser Kilmister, "Lemmy" desde bien jovencito, se ríe con su voz rota y cigarrillo en mano de todos y cada uno de esos que nunca han escuchado "Bomber" (1979), "Iron Fist" (1982), "Orgasmatron" (1986) o, más adelante, "1916" (1991), "Sacrifice" (1995) e "Inferno" (2004) porque subirse al carro de los actuales Motörhead es fácil, muy fácil, pero seguirles desde sus comienzos y amar su discografía (con todo lo bueno y lo malo que hay en ella) requiere de un sacrificio mucho mayor que el de cantar "Ace Of Spades" (canción de la que admite estar harto) como si se te fuese la vida en ello y creer del protagonista que tan sólo es un santón de la cerveza y la juerga pero también mira con escepticismo a todos esos que se visten como él y se creen más "Lemmy que el propio Lemmy" cuando se miran al espejo. El tono directo, sencillo y personalísimo de Lemmy hace que leas su biografía como si él mismo te la estuviese relatando, en la misma habitación, y la salpica con tantísimas anécdotas que me resulta del todo imposible -habiéndomela leído en pocas horas y sin descanso- escribir una crítica objetiva y absurdamente fría en la que evalúe la vida de un hombre y uno de los músicos más icónicos y personales del rock como si de una fórmula matemática se tratase porque además con este libro te ríes (pero de verdad de la buena) e incluso hay un puntito de vergüenza  cuando te cuenta cómo se acostó con una chica de edad cuestionable, como hacía tríos con el hijo al que abandonó años atrás y su novia ("te sorprenderías de la cantidad de tías que se lo quieren montar con el padre y el hijo") o como tuvo los cojones de rematar la faena con un ligue cuando era demasiado tarde y descubrió que estaba mejor dotado que él mismo. 

"Descubrí el increíble mojabragas que era una guitarra a finales del año escolar" y así sabemos que Lemmy agarró una guitarra hawaiana para comenzar a pasárselo bien con chicas pero no creas que este libro es como todos esos de memorias en los que el protagonista relata sus años mozos y tú estás deseando saltarte las páginas del principio e ir al grano; comenzar a leer es todo un viaje en el que, a ritmo de anfetaminas, speed, mandrax, ácido y cocaína, llegarás a la adolescencia y Lemmy te contará como su padre le abandonó y el marido de su madre le pillaba, día sí y día también, entre las piernas de cualquier chavala de su barrio "porque seguramente le gustaba mirar"

Te hablará con pasión desmedida de los Beatles y situará los acontecimientos en su justa medida cuando te cuenta que los de Liverpool eran más obreros que los propios obreros, más duros en directo que los Stones, currantes de la noche que se dejaban la vida en cada actuación (como cuando relata el puñetazo de Lennon en pleno concierto en The Cavern, cuando uno de los allí presentes le llamó maricón y acabó con la boca ensangrentada y los dientes rotos), que los Rolling Stones eran niños de papá que se fueron a vivir solos para parecer tipos de mundo, su trabajo como "roadie" de Jimi Hendrix o relata su visión del por qué su expulsión de Hawkwind. Este episodio es especialmente revelador para todos aquellos que nos hemos creído siempre la versión de Dave Brock o la exuberante irlandesa Stacia cuando describían el poco compromiso de Lemmy y su constante coqueteo con las drogas. Y es que siempre hay que escuchar las dos versiones; es cierto que nuestro amigo se ponía hasta las cejas y es verdad lo ocurrido en aquel viaje a Toronto en el que la policía le pilló con cocaína (aunque aquí se explique que era speed) pero todos los miembros de Hawkwind no iban mucho menos puestos (en este caso de ácido) y en el relato de Lemmy encontramos cierta parte de razón cuando dice que lo que acabó con el grupo fue la estupidez de tener…. ¡dos baterías! además de que un grupo tan hippie, altruista, sideral y propio de los setenta no veía con buenos ojos el desenfrenado ritmo de alcohol, anfetas y speed cuando lo suyo eran los viajes cósmicos provocados por los alucinógenos. Pero hay algo que diferencia a Lemmy del resto de los mortales y lo emparenta con todos esos artistas que triunfan tras haber caído; su salida de Hawkwind no le hizo darse por vencido y formó Motörhead, bautizados como la última canción que compuso con guitarra acústica y a grito pelado desde el balcón de su hotel.

Descubriremos que intentó limpiar su sangre como Keith Richards pero el médico se lo desaconsejó después de realizarse los análisis porque su organismo no lo resistiría tras años de abuso de speed y alcohol. "Usted ha dejado de tener sangre humana, nunca podrá ser donante; un ser humano normal no la resistiría". Nos reiremos cuando despidió a Megadeth como teloneros o se fue de borrachera con el líder de su club de fans, un jovencito Lars Ulrich, y no le enseñó a beber sino a vomitar. Nos encontraremos con un Ozzy totalmente desconocido en sus páginas, desmontará la mitomanía generada en torno a la muerte de estrellas del rock (en este caso la del mismísimo Randy Rhoads y su posterior encumbramiento) o el desfile de guitarristas hasta dar con el bueno de Phil. Pasaremos de puntillas por un disco como "Another Perfect Day" del 83 (que, sorprendentemente, aguanta estupendamente el paso del tiempo) y confirmaremos el por qué de la marcha forzosa de "Robbo", sus desencuentros con su sello, Bronze, o el por qué del desternillante desmayo en Stafford durante la gira de "Bomber"; "llevaba tres días sin pegar ojo y esa misma tarde me habían hecho tres mamadas. Había una india muy mona y me encerré con ella, la tía no quería salir. ¿Tú que habrías hecho?"

Una biografía que entra de un tiro, directa a la vena y con la que es indispensable escuchar la música de Motörhead a todo trapo; un grupo encumbrado a los altares del heavy metal pero que tan sólo tocan rock 'n' roll tan alto y rápido como son capaces, contada por un hombre hecho a sí mismo y sin pelos en la lengua porque como él mismo dice; "Hawkwind eran excelentes pero sus discos después de mi marcha carecían de brío, sonaban rancios. Cuando me marché de Hawkwind, los cojones se vinieron conmigo". Sencillamente genial, Lemmy y figura hasta la sepultura.

© 2015 Jim Tonic

Concierto: At The Gates (Madrid) 06.03.2015

SETLIST: Death and the Labyrinth/ Slaughter of the Soul/ Cold/ At War With Reality/ Terminal Spirit Disease/ Raped by the Light of Christ/ Eater of Gods/ Under a Serpent Sun/Windows/ City of Mirrors/ Suicide Nation/ Heroes and Tombs/ Nausea/ The Circular Ruins/ World of Lies/ The Burning Darkness/ The Book of Sand (The Abomination)/ Blinded by Fear/ Kingdom Gone/ The Night Eternal/

A nadie se le escapa que las bandas de culto tienen algo especial, algo diferente y diferenciador que les hace distanciarse de los grupos de masas, o digamos, de mayor aceptación entre el público generalista. Algunos pondrán el grito en el cielo por otorgarle tal calificativo a una banda como At The Gates, pero es que nos guste o no, en la música al igual que en la mayoría de facetas de la vida, está todo inventando, y todo se resume en sota, caballo y rey. At The Gates son ni más ni menos que los precursores y "padres" de un sonido que se gestó en los años 90 en Suecia, teniendo en ellos su principal defensor y abanderado, y que aún a día de hoy sigue creando corriente y escuela entre muchas de las bandas que día tras día salen del país nórdico. Pero es que el death metal no deja de ser un género minoritario, por muy melódico que sea o se trate; estamos hablando de una etiqueta relegada al avernos más oscuro y al underground más infecto. A los hechos nos remitimos; hacía la friolera de 7 años que la banda no pasaba por los escenarios españoles, concretamente su última actuación fue en el festival Electric Weekend que se celebró en Getafe en el mes de Mayo de 2008. Muchos recordarán que en aquel festival a los de Tomas Lindberg les tocó cerrar el cartel a una hora intempestiva (cerca de las 2 de la madrugada), en el escenario pequeño (con un sonido lamentable) y tras las descargas de bandas tan importantes y con tanto "hype" como son Machine Head y Metallica. Obviamente todos estos hechos apuntaban en la dirección de que At The Gates estaban siendo tratados como un grupo "residual", en el que tan sólo estarían presentes los que verdaderamente sentían, y sienten, pasión por una banda de death metal. ¿Y en 2015? Pues más de lo mismo, una irregular sala Penélope (el sonido nunca ha sido su fuerte) apenas superaba el medio aforo para ver en acción a Lindberg y los suyos, y eso contando que era Viernes y que la sala está sitiada en un enclave céntrico. Pues nada, así y con esas, el piso superior de la sala cerrado y el bajo, mediado y gracias.

Huelga decir que cuando nos referimos a At The Gates estamos refiriéndonos a unos profesionales como la copa de un pino, que siempre ponen toda la carne en el asador y siempre dan lo mejor de sí. No les hizo falta muchos minutos para meterse a la gente en el bolsill; tras la breve intro que abre su último trabajo, "At War With Reality" (2014), Erlandsson desde la parte trasera del escenario empieza a pisar los aceleradores de sus bombos en los primeros segundos de la letal "Death And The Labyrinth", que con un sonido magnífico (teniendo en cuenta que estábamos en Penélope), muestra desde sus primeros compases el buen estado de forma y las ganas que tienen los At The Gates del 2015. La voz de Tomas Lindberg suena jodidamente bien, tan profunda y rasgada como en el disco, pero añadiéndole el aire bronco y angosto que siempre ofrece este personaje en directo. La locura no tardaría mucho en llegar y contagiarse por toda la sala...el primer riff de Martin Larsson desde la derecha del escenario ya descifraba lo que se nos venía encima; "Slaughter Of The Soul" revienta como una olla presión con toda la sala gritando su mítico arranque, "Go!". Ya os podéis imaginar la que se formó allí, el headbanging de los hermanos Bjorler, acompañados por los movimientos broncos e inconexos de Lindberg, incitaban a una masa que se venía arriba con cada nota y con cada grito.

Siguiendo el orden establecido por su clásico de 1995 ("Slaughter Of The Soul") la siguiente en hacer acto de presencia, dentro del extenso set list que llevan los suecos para esta gira, fue la sobresaliente "Cold". Si en estudio es una maravilla, en directo es fácil de adivinar que no lo es menos; en este caso los verdaderos protagonistas son Larsson y Anders, llevando ambos "la voz" cantante en un tema que está hecho para los paladares más exigentes y exquisitos, para los verdaderos amantes del death melódico. Anders siempre ha afirmado que el solo de "Cold" son palabras mayores, y que aún a día de hoy, el punteo que en la edición de estudio fusiló a la perfección Andy Larocque, hay veces que se le pone cuesta arriba. No obstante aquella noche todo sonó de maravilla, y si en algún momento hubo alguna nota mal metida o fuera de lugar, nadie se dio cuenta..."At War With Reality", en la cual incluyeron de forma enlatada los repiqueteantes martillos de su inicio, es la siguiente en llevar en volandas a un público muy variopinto (pudimos ver camisetas o parches de Dismember, Dark Funeral, Metallica e incluso de muchas bandas y grupos de hardcore y metalcore), que se mostró muy entregado durante toda la actuación de los suecos.

Tras un breve parón para coger aire y darnos las gracias por estar allí, Tomas Lindberg nos presenta "Terminal Spirit Disease". El tema homónimo de su tercer trabajo discográfico saca el perfil más old school y menos melódico de los padres del death metal sueco. En una línea más Dismember, Adrian incendia una sala con un ritmo más propio de una apisonadora que de una batería. Se notaba y se percibía un gran ambiente, éramos pocos, pero con ganas. La gente parecía estar pasándoselo pirata viendo en directo a una de las bandas de su adolescencia (obviamente, al igual que en muchos eventos de estas características, había algunos zagales/las que difícilmente sabrían escribir de primeras el nombre correcto de alguno de los integrantes del quinteto que tenían enfrente suyo)...De su segundo álbum (para mí el más flojo de los cinco) escogen la desesperada "Raped by the Light of Christ", y de la que no puedo decir otra cosa que no sea que en directo sonó a gloria bendita, mostrando a un Lindberg sobresaliente que no dejaba de animar con sus arranques y sus palmas a los allí congregados.

La explosión sónica continua con "Eater Of Gods" de su último trabajo, "At War With Reality", un tema muy duro que encajó de maravilla ante de uno de los grandes momentos de la noche. Si "Slaughter Of The Soul" fue el primer "momentazo" destacable, "Under A Serpent Sun" fue sin duda el segundo. No sé qué coño tiene "Slaughter Of The Soul" (1995), pero es que todos y cada uno de sus temas son grandiosos, es como si fuera un álbum recopilatorio de grandes éxitos. Un servidor disfrutó cuan gorrino en un maizal con una de mis piezas favoritas de la discografía de los suecos. Estamos ante un tema que incita a enloquecer, con el cual resulta imposible no venirse arriba, levantar el puño y desgañitarse emulando a Tomas ante la perfeccionista frase "Under a serpent sun, we shall all live as one". Fantásticos, como no puede ser de otro modo, los dos hachas (Martin y Anders) en las postrimerías del corte, sacando varias de las notas más duras y punteras que se grabaron en su "Slaughter Of The Soul" (1995).

"Windows" de su debut, "The Red In The Sky Is Ours" (1992), acompañada por la preciosa "City Of Mirrors", muestran a una banda totalmente alineada y educada, que no tarda en subir revoluciones con otra de los "grandes"... El arma vuelve a cargarse con "Suicide Nation", donde los proyectiles salen esta vez disparados de la garganta de Lindberg al grito continuo de "control, control..." y "suicide, suicide...". Con "Heroes And Tombs" de su último álbum reducen levemente el pistón, que vuelven a revolucionar con otro par de grandes éxitos...Por un lado "Nausea", que recupera el abono y el estilo old school de los de Goteborg, con un frontman magnífico que vuelve a erigirse como el verdadero alma de At The Gates; y por otro el riff machacón y cansino de "World Of Lies", que es capaz de reducirte a la mínima expresión, con su arranque y choque devastador.

Tras un brevísimo descanso la banda vuelve al escenario para hacer palidecer a sus fans con el "restallón" final. La omnipresente "Blinded By Fear", que por cierto sonó de lujo, y la enorme "Kingdom Gone", uno de los mejores temas grabados por la banda fuera de "Slaughter Of The Soul" (1995), pusieron el broche de oro a todo lo que puede esperar de uno de sus conciertos cualquier buen seguidor de At The Gates… ¡Enormes!

© 2015 Lord Of Metal