IRON MAIDEN; por todas las almas...

El decimosexto álbum de los ingleses, pese a los elogios recibidos, plantea los problemas lógicos de los discos dobles; tantos aciertos como defectos.

La mecánica de fluidos de TAME IMPALA

Kevin Parker, en constante cambio, se disculpa por ello en sus canciones pero firma uno de los discos del año.

Y al séptimo disco, CRADLE OF FILTH resucitaron…

Nueva formación y las canciones más inspiradas que Dani Filth ha escrito en los últimos quince años...

THE DARKNESS se hacen mayores...

Pero consiguen grabar un buen disco, menos histriónico y serio que los anteriores pero igual de inspirado...

Sueñan los drones con guitarras eléctricas

Primer paso en falso de MUSE, con "Drones" nos encontramos ante un disco sin rumbo, coherencia ni buenas canciones.

BLUR contraataca con un regreso por todo lo alto

Doce años después, los ingleses publican "The Magic Whip" y consiguen el aplauso unánime de crítica y público con un disco diferente.

El fiasco de MONTAGE OF HECK

"Todo está en la música", decía KURT COBAIN. ¿Entonces qué necesidad hay de un documental que no aporta nada a ésta?

La catarsis de BJÖRK

La islandesa encuentra la liberación a través de la palabra en su mejor disco en años.

DYLAN por SINATRA, en estado de gracia.

El auténtico placer de cumplir años es no tener ni Dios ni amo; decidir a quién se le da la mano...

Perdidos en el río con BOB...

Uno de los grandes discos del año pasado; con buenas intenciones y lleno de mejores canciones.

ROYAL BLOOD vuelven a España...

Y nosotros rescatamos nuestra crítica de su álbum para ir calentando motores.

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

Han logrado que WEEZER publique uno de sus mejores discos en años, "Everything Will Be Alright In The End".

¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

PINK FLOYD se despiden...

David Gilmour y Nick Mason rinden homenaje a Richard Wright en "The Endless River", un disco bello y tranquilo.

MACHINE HEAD en caída libre...

En apenas veinticuatro horas muchos dijeron que era el mejor disco de metal del año, lamentamos llevarles la contraria; es quizá uno de los peores.

Ocho ciudades, ocho canciones y ninguna que justifique un disco

Foo Fighters vuelven con un disco mediocre que hará las delicias de sus fans más recientes y menos exigentes.

Con máscaras y a lo loco...

Cuando uno piensa en SLIPKNOT, piensa en esa descarga de adrenalina, en ese caos en el que se convierten sus directos...

Cantos de sirena de IN FLAMES en Madrid

Llegaban nuevamente a la capital para presentarnos un magnífico álbum por mucho que algunos se dediquen a dilapidar y a criticar con argumentos carentes de criterio.

MORRISSEY en ESPAÑA: "Todo lo que necesitas soy yo"

Moz estuvo en nuestro país y recuperamos nuestra crónica de su paso por Madrid.

Cuarenta minutos de abstracción

Un disco fascinante, extraño, menor pero extrañamente bonito, diferente y excitante...

Bonamassa contra el mundo

Porque discos así no se escuchan todos los días y, por desgracia, no se graban tan a menudo como debiera...

El Quadrophenia de U2, según The Edge

Podemos seguir echando de menos el pasado más glorioso de U2 y dejar de disfrutar del presente; “You glorify the past when the future dries up” que decían ellos mismos...

BRIAN FALLON, tocado pero no hundido…

Tras diez años de matrimonio ha decidido exorcizar todos los demonios internos de su ruptura en el nuevo disco de su grupo, THE GASLIGHT ANTHEM.

THE NATIONAL en España y nosotros nos refugiamos en su último disco...

Como dice Chuck Palahniuk, "la mejor venganza de todas es la felicidad. No hay nada que vuelva más loca a la gente que ver a alguien teniendo una vida jodidamente maravillosa" y nosotros somos felices con la música de los de Cincinnati.

IN UTERO: un viaje sin retorno

Analizamos en profundidad la grabación del último gran disco de NIRVANA y quizá de los noventa...

MASTODON: La vuelta al sol en ochenta días

Si lo que Mastodon pretende es llevarnos a otra dimensión, el experimento se queda a medio gas y es que sólo en la segunda parte de su disco seremos testigos de ese viaje...

Tenemos carta de Neil Young...

El canadiense graba su último disco en una antigua cabina del 47, una de las experiencias más low-tech que ha tenido, un experimento interesante pero desigual...

El heroico retorno de SABATON

Con su nuevo disco los suecos consiguen posicionarse en un buen puesto dentro de los grandes grupos de Power Metal...

¿Qué haríamos sin la música de STRUMMER?

Nuestro amigo Joe no ha dejado de acompañarnos y, muchos años después de que se haya ido, su voz sigue sonando con la misma fuerza. Repasamos su discos en solitario…

PIXIES en Madrid; benditos los SMITHS...

Black Francis pasaba por nuestro país sin apenas dirigirse a su público y esbozando una sonrisa con trabajo.

¡Hemos visto a BLACK SABBATH en París!

Y te contaremos casi todo lo que Ozzy, Iommi y Butler han hecho en Bercy...

ARCADE FIRE van al Primavera, nosotros al HELLFEST

"Reflektor" es el nuevo disco de los canadienses y la crítica lo ha encumbrado a lo más alto en apenas unas horas.

PEARL JAM: Rayos y centellas

Un disco de Pearl Jam tiene sentido en pleno 2013 porque estamos hablando de ROCK con mayúsculas, de una banda auténtica que sigue estando muy viva...

¡AMÉN, hermanos, WATAIN han vuelto!

Estamos ante el mejor disco de METAL del año y Erik lo celebra invitándonos a una misa negra muy especial con "The Wild Hunt"...

Conociendo a DAVE MUSTAINE...

Tuvimos la gran suerte de poder conocerle con motivo de su visita a España en su gira con Slayer hace dos años y ahora lo recordamos, breve pero intenso.

Crítica: Bullet For My Valentine "Venom"

Hace meses, Matt Tuck aseguraba que "Venom" iba a ser el álbum más heavy y duro del año. Desde el primer momento entendimos que aquel titular salía de su boca exclusivamente con fines promocionales y siempre arropado por la emoción que para cualquier músico significa tener una nueva colección de canciones en el mercado y, en su caso, aún más, tras las feroces críticas que suscitaron anteriores entregas como "Temper, Temper" o "Fever". Por todo ello, pensábamos que aquello no dejaba de ser más que una provocación de los muchas que los músicos utilizan  tan sólo para alcanzar la mayor repercusión posible. En lo que no se equivocaba Matt  fue en referirse a "Venom" como el disco más agresivo de toda su discografía, elevando el mismo -y siempre según sus propias palabras- a la categoría de "monstruo". No me gusta nada etiquetar a los grupos y siempre intento ser lo más objetivo posible dentro de la enorme subjetividad que conlleva el hecho de escribir críticas. Al fin y al cabo, los gustos tienen un gran peso muy difícil de contrarrestar y, en este sentido, sí hay que decir que el nuevo disco de una banda es malo; se dice y punto, por mucho que a veces tenga que escribir sobre "vacas sagradas" de la escena como pueden ser Metallica, Slayer o Iron Maiden. De igual manera, si un álbum es bueno; hay que ser justo y, en este caso, hay que reconocer que "Venom" sí es un gran disco.

La trayectoria de Bullet For My Valentine no puede entenderse, ni mucho menos, como un camino de rosas exento de baches y dificultades. Si con sus dos primeros trabajos, "The Poison" (2005) y "Scream Aim Fire" y gracias a singles tan atractivos como "Tears Don´t Fall", "Cries In Vain" o "Waking The Demon", los galeses lograron alcanzar respetadas críticas, con el consiguiente apoyo de nuevos seguidores; con "Fever" (2010) y, sobre todo, con "Temper Temper" (2013) la burbuja comenzó a pinchar a ritmos agigantados y aquella maravillosa gallina de los huevos de oro que parecía no tener fin en los primeros años de carrera de la banda, inexplicablemente dejó de ejercer su labor ponedora. Por suerte, Bullet For My Valentine han estado a la altura, al menos ésa es la primera conclusión general que podemos extraer tras la escucha de "Venom". Matt y compañía han sabido sobreponerse a las dificultades que, tarde o temprano, a todo músico le acaban por abordar. Han sabido esconder las orejas cuando no les quedaba más remedio que hacerlo y, lo más importante; han aprendido de los errores del pasado. Matt Tuck lo deja muy claro cuando dice que la primera demo que grabaron para "Venom" era muy thrash y sonaba al estilo del "Master Of Puppets" de Metallica y, aunque obviamente, quienes seguimos la carrera de la banda, sabemos que el "old school" no es el sonido que más gracia le hace a Tuck, "Venom" no iba a resultar para nada thrash metal o algo remotamente parecido; sí que nos deja una idea bastante clara de que la banda tenía ganas de revancha y, heridos en su orgullo, con la llegada del nuevo retoño demostrarían a sus fans que "Fever" (2010) y "Temper Temper" (2013) habían sido simplemente tan sólo dos errores del pasado; dos borrones en un currículum que, de no ser por ellos, sería intachable.

"Venom" es un disco infinitamente más enérgico (pienso que ésta es la palabra clave para definir su sonido) que sus dos antecesores e incluso sensiblemente mayor que sus dos primeros trabajos. Bien es cierto que el nivel compositivo de aquellas dos primeras obras no se repite aquí pero no por ello debemos situarlo un peldaño por debajo de aquel momento. Si Matt y los suyos han sido valientes y le han echado un par de pelotas para lavar su imagen, y sobre todo su sonido, nosotros tenemos que seguirles el ritmo y situar, por consiguiente, a "Venom" en el lugar que se merece… Desde el primer grito desesperado de Matt en "No Way Out" ya nos damos cuenta que los galeses le han puesto muchas ganas y mucho coraje a este álbum. Las guitarras suenan jodidamente duras, vertiginosamente fuertes, muy diferentes y diametralmente distintas a sus discos anteriores. La mano tras los mandos del maestro Richardson se nota muchísimo, exprimiendo y obteniendo de la banda un sonido realmente brutal y cristalino. Por duro que sea, hay que reconocer que ningún disco facturado en nuestro país sonará jamás así de bien o contundente; ¡y ojo!, no es algo que dependa únicamente del productor ya que hasta los mismísimos Hamlet contaron con la producción de Colin Richardson para su disco del 2002 por lo que no podemos aferrarnos a la figura del productor o la del equipo para defender lo indefendible... El sonido afilado y cortante de las seis cuerdas de Tuck y Padge continúa con "Army Of Noise" y un solo rapidísimo y acertado que muestra el gran nivel y estado de gracia por el que atraviesan los británicos. Un corte explosivo que carga desde el primer segundo con un ritmo frenético ante el cual es imposible hacer concesiones. La voz de Tuck se torna más agresiva y sangrante en las primeras estrofas y, sobre todo, en los puentes que conducen a los estribillos, siendo justamente éstos lo menos llamativo de una canción realmente buena, muy buena... 

"Worthless" no se queda atrás, en un primer momento no me convenció pero con las escuchas me ha ido ganando. En este caso escuchamos a Matt cantando con un registro menos agresivo y cercano a su pasado más reciente pero, a nivel musical, "Worthless" no tiene nada que ver con nada de BFMV que hayamos escuchado en los últimos siete años. Contiene muchos elementos del metal más moderno que se fusionan a la perfección con el tono agresivo y rompedor que mantiene la banda durante todo el álbum. El que fuera si primer single y videoclip de presentación, "You Want A Battle? (Here's A War)", es el más "accesible" y cercano, cuya principal baza es la de poseer un estribillo pegadizo y dulzón que enganchará a los seguidores de los "temas redondos". En ella podemos escuchar algún que otro elemento propio del metalcore, sobre todo en sus partes corales, donde si cierras los ojos podrías escuchar partes de Bring Me The Horizon o Architects. La fuerzas y las ganas no languidecen en absoluto con "Broken", en el que según Matt tuvo que ver mucho su mujer, la cual le ayudó en su composición o, al menos, le dio la idea. Al parecer, y según cuenta Tuck; la última que habían grabado en los estudios Metropolis, pero no tenía aún letra y estaba un tanto ofuscado y confuso. Intentaba exprimir su celebro, pero de allí no salía nada; así que tras una conversación con su mujer, al parecer, ésta le dio la idea para el contenido lírico de la misma.

"Venom" es la que menos me gusta y pienso que se han equivocado al querer sacar algo parecido a una segunda parte de "Tears Don't Fall" o, más bien, deberíamos decir "tercera" ya que, si tiramos de hemeroteca, nos daremos cuenta de que la segunda parte de su primer éxito ya se incluyó en el malogrado "Temper Temper". "Venom" no es un tema acertado ya que creo que rompe con el buen ritmo que la banda llevaba hasta ese momento pero bueno; raro es no escuchar un disco de los británicos que no contenga alguna balada o medio tiempo. Por suerte, no deja de ser más que un espejismo en este camino hacia el Infierno que prosigue con las poderosas "The Harder The Heart (The Harder It Breaks)" y "Skin", dos composiciones muy ambiciosas que transmiten buen rollo y alegría. Se nota que la banda está compenetrada, logrando convencernos a base de guitarras poderosas y seriedad musical; así de simple, así de sencillo.

El disco finaliza en su versión estándar con "Pariah", el corte más duro y poderoso de "Venom", un trallazo en toda regla que cae como una bofetada que no esperas ni por asomo. Las guitarras del dúo Padge/Tuck lloran de dolor, transmitiendo una vez más rabia y sed de venganza. Un cierre sobresaliente para un disco más que notable que, en su versión extendida, se alarga con cuatro extras entre los que destaca "Raising Hell", canción que dieran a conocer allá por otoño del 2013 y que incluso llegaron a publicar en formato single para que nos fuésemos haciendo a la idea de lo que iba a venir después de "Fever" y "Temper Temper". En dos palabras; ¡gran disco! 

© 2015 Lord Of Metal


Crítica: Five Finger Death Punch "Got Your Six"

Algo comienza a no funcionar en un grupo cuando son más comentadas sus peleas encima de un escenario que su propia música. A nivel comercial, es innegable que Five Finger Death Punch atraviesan un gran momento; en la actualidad están cabalgando la cresta de la ola y, como buenos surfistas (que al menos en sentido figurado, sí que lo son), quieren alargarlo en el tiempo e intentar evitar, por otra parte, la inevitable rotura que dicha ola acabará sufriendo. En este sentido metafórico podemos encontrar uno de los motivos básicos por los que  la banda americana ha editado tres discos en tan sólo dos años; está claro que hay que aprovechar el tirón, hoy estás en el cielo (como es su caso) y mañana mismo puede que te veas en el mismísimo infierno. Así que, en ese sentido 5FDP cumplen a la perfección con su cometido empresarial, hay que generar ganancias y puede gustar o no pero hay que reconocer que en este campo no se lo montan nada mal…

Otra cosa muy distinta es el aire bronco y áspero que transmite la mayoría de sus componentes y que, en determinados momentos, parece que no saben manejar. Ya es de por sí desagradable que dos miembros de una banda se enfaden y se enfrenten, pero que lo hagan encima de un escenario, en un concierto y con miles de fans delante es bochornoso. Y eso fue lo que les sucedió a Five Finger Death Punch en su actuación del pasado 1 de mayo en el marco del festival Beale Street Music de la ciudad de Memphis. Al parecer, todo empezó cuando Ivan Moody (vocalista) realizó un comentario "jocoso" del nuevo libro de Jeremy Spencer (batería) cuando insinuó que no lo había escrito él mismo. Spencer no encajó muy bien los comentarios de su compañero y, ni corto ni perezoso, dejó a sus fans colgados largándose del escenario. Pero, por si eso fuese poco; el resto de compañeros, a excepción de Moody, le siguieron en su desbocada decisión y, como si de perritos falderos se tratase, se marcharon también del escenario, dejando a los asistentes (es decir, a sus fans) con la boca abierta ante el esperpento (por no decir, "circo") que se abría ante sus ojos. Y  es que éste parece ser el talón de Aquiles de 5FDP; la relación entre los miembros de la banda no atraviesa su mejor momento y eso se percibe en las entrevistas, en los vídeos y en los comentarios que ellos mismos han ido dejando ver en los últimos meses durante todo el proceso de promoción de su nuevo álbum, "Got Your Six". Esperemos, por el bien de todos, que las aguas vuelvan pronto a su cauce y que se centren en lo realmente importante tanto para ellos, como para sus fans, y que no es otra cosa que la música.

Sin embargo, a nivel compositivo la banda de Las Vegas atraviesa por un momento dulce; lo avalan tres discos en dos años. No es muy normal que en los tiempos que corren una banda edite tres obras en un intervalo tan corto y reducido, más bien todo lo contrario, pausas enormes entre disco y disco, que en el mejor de los casos tiende a rozar los dos años entre obra y obra… En términos generales "Got Your Six" es un buen álbum, es cierto que no aporta nada nuevo a los dos volúmenes de "The Wrong Side..." pero no por ello es un disco aburrido. Sabemos que el sonido de 5FDP es muy característico, combinando una extraña mezcla de metal alternativo con elementos propios del groove más pesado y tosco de los noventa. El título del álbum y de su primer tema, "Got Your Six", hace referencia a un término militar que se emplea para "Got Your Back", algo así como "cubrir las espaldas". Con esta canción la banda ha querido dirigir su sonido a un nivel más heavy, más duro. En ese sentido el nuevo álbum tiene un gran contraste, ya que no es difícil ver partes más suaves y melódicas frente a otras realmente duras y extremas; así las cosas, el corte homónimo ocuparía un puesto de honor entre éstas últimas, destacando muy positivamente los guturales de un espectacular Moody.

"Jekyll And Hyde", primer single y videoclip, tiene todos los ingredientes para convertirse en un "hit", gracias a su ritmo frenético. A nivel personal, he de confesar que no es de mis favoritas, incluso en las primeras escuchas, cuando la banda la ofreció en su canal de YouTube como adelanto, confieso que no me gustaba nada, pero es cierto que con el tiempo y con las reproducciones, Moody acabó por ganarme con la entrega y el descaro de su desgarradora voz. Adolece de cierta frescura, debido sobre todo a su repetitivo estribillo, pero en cierto modo, y tras la primera impresión, no me puedo quejar. "Wash it All Away" es el tema típico que podemos encontrar en cualquier disco de 5FPD y el que  mejor define su estilo y su casta. Esta vez Moody decide tirar de un rango más melódico y estándar, lo mismo que los rasgados de Hook y Bathory, repletos de  estupendas melodías. Una buena pieza, que no defraudará a ninguno de sus fans.

En "Ain't My Last Dance" combinan de nuevo partes más pesadas y grooves con otras más suaves y lineales. Un aspecto que me ha gustado mucho de "Got Your Six" es que esta vez (algo totalmente acertado) decidieron no echar mano de ilustres invitados ni colaboradores. Al contrario que los dos volúmenes anteriores ("The Wrong Side...") aquí vemos a la banda en estado puro, cien por cien Five Finger Death Punch, sin ningún aditivo, ni ninguna especia que pueda engañar o modificar su esencia. No quiero decir con ello que las colaboraciones de Rob Halford (Judas Priest), María Brink (In This Moment) o Max Cavalera (Sepultura, Soulfly, Cavalera Conspiracy, Killer Be Killed) fueran malas; ni mucho menos, simplemente que el verdadero valor de una banda es el de cada uno de sus miembros oficiales, y no por ningún valor añadido extra que pueda alterar de alguna forma el producto definitivo. "My Nemesis", con un sonido fantástico en las guitarras de Jason Hook y "No Sudden Movement", uno de los cortes más oscuros y dinámicos de "Got Your Six" -muy del estilo de "Ain't My Last Dance"- juegan dos de las bazas más importantes de la nueva obra , resultando dos de los temas más atractivos. Kevin Churko (Ozzy Osbourne, Rob Zombie, Disturbed, Papa Roach, In This Moment...) ha vuelto hacer un trabajo fantástico tras los mandos, consiguiendo nuevamente una producción exquisita y digna de mención. Se nota que la banda y el afamado productor llevan años trabajando juntos, no en vano y con la única excepción del primer álbum, "The Way Of The Fist" (2007), auto-producido por la banda, el resto han sido dirigidos por el maestro Churko, sinónimo de calidad y garantía.

"Question Everything" es otra de mis favoritas, muy pegadiza y con un ritmo muy melódico de principio a fin, que la convierten en un atractivo para el directo. Destacar su parte final, con un Hook que tira de acústica para hacerle un auténtico pasillo del puente hacia el último estribillo de Moody. "Hell to Pay" con uno de los riffs más rabiosos y desenfadados, muy duro y constante en sus primeras estrofas y que deriva en un ritmo dulzón y empalagoso en sus estribillos. No está mal, aunque pienso que es bastante memorable  Mientras que con "Digging My Own Grave" reflejan el típico medio tiempo que no puede faltar en sus discos (esta vez con más aciertos que en ocasiones anteriores), con "Meet My Maker" el lobo Moody se mete en la piel de cordero, lanzando dentelladas a diestro y siniestro, tanto en las convulsas estrofas como en los retorcidos estribillos. Hook se muestra también fantástico en su cometido, con un solo algo escaso en cuanto a duración pero muy logrado y agradecido en cuanto a ejecución. ¡Gran Tema!

Y con respecto a la última pieza, "Boots And Blood", poco que decir a excepción de que no deja de ser de una burda copia de Pantera, la mires por donde la mires y la cojas por donde la cojas. En las primeras estrofas Moody imita de manera alarmante a Phil Anselmo, con un registro muy parecido -por no decir calcado- al que el astro de Nueva Orleans utilizaba en temas como "Good Friends and a Bottle of Pill" o "My Third Skin", mientras que en los estribillos, 5FDP  se lanzan al vacio y sin paracaídas a por el groove y la linealidad de un clásico como "Walk". "Boots And Blood" es sin duda la cruz de un álbum que, en términos generales, se puede decir que consigue ampliamente el aprobado.

© 2015 Lord Of Metal

Crítica: Motörhead "Bad Magic"

No dejar de sorprenderme que ahora que la salud de Lemmy es más frágil que nunca como se refleja en su directo -por mucho que algunos medios afirmen lo contrario- cuando en sus conciertos uno entiende que todo el peso es soportado por Phil y el incombustible Mikkey, Motörhead se descuelguen con su mejor álbum en años; por no decir décadas. ¿La última bala de Lemmy, el canto de cisne del grupo? ¿Acaso ha delegado en sus compañeros durante la grabación y composición o, por lo menos, en el aspecto musical? Nunca lo sabremos pero lo cierto es que cuando pudimos asistir a la rueda de prensa de Mikkey Dee en Nantes, Francia, el pasado mes de junio, el batería sueco decía que "Bad Magic" era un disco sólido y mostraba todo su entusiasmo a pesar de que Lemmy le dejase a él todas las labores promocionales y esto plantease más debates sobre la salud del mítico bajista, pero ahora sabemos que el bueno de Dee no mentía. Y es que, si prestamos atención a su discografía, no habían publicado un disco tan excitante desde, por lo menos, hace once años con "Inferno" (2004) o, más atrás aún, veintidós años y su "Bastards" (1993).  "Motörizer" (2008) era un disco entretenido pero con "The Wörld Is Yours" (2010) bajaron ligeramente la guardia e intentaron recuperar algo de comba con "Aftershock" (2013), no pasaba nada; en directo seguían sonando como un infernal Panzer alimentado con Jack Daniels. Y, sin ser malos trabajos en absoluto y manteniendo la línea continuísta y estética de su discurso, sin embargo, estaban faltos de la chispa de sus mejores momentos,  aunque albergasen algún que otro momento, parecía que Lemmy, Phil y Mikkey habían puesto la directa cocinando una y otra vez el mismo disco pero olvidándose de la sal y la pimienta. De nuevo bajo las órdenes de Cameron Webb (un habitual tras sus controles desde hace más de una década), en "Bad Magic" no corren grandes riesgos que, por otra parte, su público no les perdonaría y se lanzan sin complejos a hacer lo que mejor saben pero llenos de gracia y más inspiración que en anteriores ocasiones. El sonido de "Bad Magic" es aún más crudo y rotundo que en anteriores entregas pero en él se distinguen perfectamente las guitarras de Phil, el crujiente bajo de Lemmy y la contundente pegada de Dee. Pero quizá lo que diferencia al disco frente a sus predecesores es que las canciones son auténticos torpedos de tres y cuatro minutos que pasan a toda velocidad sobre uno desde el primer segundo en el que Lemmy arranca de sus cuerdas vocales ese cazallero "Victory Or Die!" en el que nos hace sentir que estamos en las primeras filas de uno de sus conciertos; pocos discos suenan tan directos como éste.

No inventan la rueda pero el puñetazo que supone "Victory Or Die" te aplasta mientras Lemmy desgrana la letra y Phil frasea estupendos licks tras cada verso como "Thunder & Lightning" que suena como una versión remozada de "Ace Of Spades", ¿algún problema? Ninguno mientras Motörhead sigan así de vivos, prefiero que se copien a sí mismos en sus mejores momentos que en los mediocres. En "Fire Storm Hotel" trabajan un bonito medio tiempo rockero en el que Phil toca uno de sus clásicos solos llenos de sabor tras el eructo de Lemmy y ese "burn!" salido de lo más profundo de su estómago. Cuando aseguraba que "Bad Magic" es lo más parecido a escuchar un concierto del grupo con grandes éxitos que, en realidad, son canciones nuevas, no tenía la menor duda de que el momento de Dee -si es que no ha tenido suficiente a lo largo de las doce canciones- tenía que llegar y es en "Shoot Out All of Your Lights" en dónde cambia de registro completamente y la canción crece respeto al resto con un riff de Phil que es como un latigazo y un solo en dónde el  Wah parece de verdad arder bajo su pie derecho. 

En "The Devil" tenemos nada más y nada menos que a Brian May en el solo central y la verdad es que sorprende la colaboración; May tenía ganas desde hacía tiempo, Phil cogió el teléfono y, ni corto ni perezoso, le llamó. El resultado es una canción traqueteante  -al más puro estilo de Motörhead- con un May que se adapta por completo y firma unos segundos en los que cuesta identificar el característico sonido de su Red Special y sus queridos Vox. "Electricity" nos conecta de lleno a la corriente, sin descanso, y dejándonos con la lengua fuera mientras que en "Evil Eye" recuperaremos el aliento, por lo menos en la introducción; antes de que Dee vuelva a arremeter con toda su furia contra los parches. 

¿Queréis más velocidad? "Teach Them How to Bleed" (no cuesta en absoluto asociar ciertos títulos o versos del disco con la salud de Lemmy o, al menos, hacer el morboso ejercicio) y otra vez a mil revoluciones hasta el medio tiempo -lo más parecido a una balada- que es "Till the End" y sus guitarras acústicas con Lemmy, lógicamente, cambiando el tono para adaptarse a la tesitura ante un estribillo muy, muy emocional en una de esas canciones que uno no suele esperar en el grupo y dotan al disco de más y más esquinas por irónico que parezca en un nuevo álbum de Motörhead. Pero pronto vuelven por su derroteros con "Tell Me Who to Kill" o la marcadísima y diferente "Choking on Your Screams" en la que también se agradece el cambio de registro de Lemmy aunque les salga el tiro por la culata y sea quizá la única prescindible de "Bad Magic". La final "When the Sky Comes Looking for You" tiene más brillo, no sólo en su melodía y los acordes más abiertos o el rugido de sus guitarras sino también en su estribillo y cierra el disco de manera magnífica de no ser porque la verdadera estrella de la segunda cara es la versión de "Sympathy for the Devil" en la que demuestran que sus raíces son el rock y pocos son los afortunados que salen indemnes tras tocar un clásico de los Rolling Stones y convertirlo en suyo por derecho propio a pesar de tomárselo como un divertimento pero es que es inevitable no emocionarse cuando uno escucha a Lemmy cantar la letra o gritar esos: "c'mon, c'mon!" antes de que Phil entregue su alma a Keith Richards.

Según ellos mismos; "Bad Magic" es una enorme patada en los dientes de todo aquel que se atreviera a pensar que nos hemos suavizado. Si es así, será mejor que esa gente se consiga unos buenos tapones para los oídos y se pongan a rezar porque tenemos nuevas canciones aplastantes como "Thunder and Lightning" y especialmente la ruidosa "Teach ‘Em How to Bleed" que les mostrarán lo fuerte que sigue Motörhead; tan escandalosos, persistentes, sin concesiones y jodidamente pesados como siempre" y después de haber escuchado el disco hasta la saciedad no podemos menos que darles la razón y desear que Lemmy se recupere y aguante en este estado creativo durante unos años más.


© 2015 Profesor Linóleo

Crítica: Disturbed "Immortalized"

El pasado viernes, Disturbed se presentaban en directo después de cuatro años desde su última aparición. Actualmente, y con una gira ya confirmada bajo el brazo y que les llevará a recorrer Estados Unidos la próxima primavera (concretamente durante los meses de marzo y abril), puede que para muchos no deje de ser un mero trámite o una anécdota más dentro de las muchas que origina una banda de la talla de Disturbed, pero es que la fecha en cuestión no era fortuita; David Draiman quería que su regreso a los escenarios no pasara inadvertido o, al menos, que tuviera la mayor repercusión posible después el parón sufrido por la banda tras la edición de "Asylum" (2010) y su correspondiente gira. Para ello y para poder plasmar de la manera más eficaz su regreso a los escenarios eligió la ciudad de Chicago (de la que es originaria Disturbed) y quiso hacerlo ese día justamente para que conincidiese con el lanzamiento mundial de su nuevo trabajo, "Immortalized" (2015).

Por suerte, los americanos podrán disfrutar en directo de una banda y de un líder que cuesta ver mucho por nuestro país (y eso llega hasta tal punto que hay redes sociales que nacen con el objetivo de que dicho logro algún día se pueda alcanzar, tal y como sugiere el título del grupo de facebook "Queremos un concierto de Disturbed en España") pero es que en nuestra querida tierra tras la cancelación de David Draiman con Device (su proyecto paralelo), en la gira europea que le traía a nuestro país junto a Avenged Sevenfold y Five Finger Death Punch, por motivos familiares, ya que caprichos del destino, dio la casualidad que coincidía con el nacimiento de su hijo; y sobre todo las cancelaciones con Disturbed del año 2011 en Madrid y Barcelona, durante la presentación de la gira europea de "Asylum (2010), hacen que sigamos esperando como agua de mayo su llegada a nuestros escenarios. Por cierto,  sólo por recalcar las excusas dadas por la banda; si en el caso de Device, su paternidad fue el elemento expuesto para no tocar junto a Avenged Sevefold y Five Finger Death Punch (argumento desde nuestro punto de vista muy pobre; a los hermanos Duplantier de Gojira se les murió la madre un domingo, y el miércoles ya estaban tocando), en el caso de la cancelación de Disturbed la excusa dada entonces fue cuando menos esperpéntica; la promotora anunció (entendemos que siguiendo el escrito de la banda) que el encarecimiento del precio de combustible convertían en inviable los desplazamientos de la banda por tierras europeas, por lo que los fantasmas de la famosa "logística" volvían a aparecer en letra mayúscula como motivo suficiente para cancelar. Cuántos de nosotros cogemos el coche a diario para ir a trabajar, y no exponemos causas logísticas para dejar de hacerlo ante las continuas subidas del precio del combustible. ¡Coño! ¿Tanto cuesta decir la verdad? Pienso que ya está bien de que nos tomen el pelo con excusas idiotas e inexistentes, no pasa nada por decir que el grupo no quiere tocar o que no se han vendido las entradas suficientes. No es la primera vez que ocurren estas cosas, ni será la última, hay que ser claros; nosotros abogamos por decir siempre la verdad, por dura que sea, ya que lo demás carece de sentido...

"Immortalized" llega tras un parón que la banda calificó como "necesario", con un Dan Donegan al borde del colapso en 2011 y con Draiman que parecía disfrutar y divertirse más con proyectos insulsos y paralelos como Device que con la banda madre que le hizo famoso. Es cierto que los descansos son muchas veces necesarios; hay que desconectar y desestresar, dejar que la mente se limpie y se libere, pero no es menos cierto que en determinadas profesiones acaban por pasar una factura enorme. No son pocas las críticas negativas que ha sufrido "Immortalized" en su primera semana de vida y a buen seguro que no habrá muchas positivas en los próximos días. A nivel personal, he de confesar que no me ha disgustado, no me parece un mal disco (obviamente, tampoco brillante) ni muy diferente a lo que fueron "Indestructible" (2008) y "Asylum" (2010). Creo que es un álbum aceptable para una banda que ha estado casi cinco años deshojando la margarita. Ahora claro, si queremos otro "The Sickness" (2000) o "Ten Thousand Fists" (2005), tras cinco años en barbecho, con la pólvora mojada y con las ideas nada claras (y no sólo por la marihuana, como recientemente declaró Draiman) creo sinceramente que somos, cuando menos, ilusos. Si ni "Indestructible" (2008) o "Asylum" (2010) se acercaron por asomo a los grandes trabajos de Disturbed, no iba a hacerlo un álbum que no deja de ser un regreso forzado y, hasta cierto punto, desganado de una banda que tan sólo parece buscar desesperadamente engrosar sus cuentas bancarias.


Kevin Churko es un grandísimo productor, de eso no cabe duda, muy en boga actualmente por trabajar con bandas muy del estilo de Disturbed, tales como puedan ser Five Finger Death Punch o la de Maria Brink, In This Moment, ha hecho un trabajo magnífico en "Immortalized", sacando y exprimiendo un sonido fantástico en todas y cada una de las pistas del sexto álbum de los de Chicago. "Immortalized" es un álbum que esconde trece canciones en su versión estándar y que se alarga hasta los dieciséis en la extendida (cinco años dan para mucho). Tras la demostración de Donegan en "The Eye Of The Storm", una intro de poco más de un minuto, llega el primer corte de choque propiamente dicho. En esta ocasión, y al igual que en sus tres anteriores trabajos, la hacen coincidir con el tema homónimo del álbum. "Immortalized" suena potente, muestra hasta cierto punto frescura en las guitarras y en los riffs de Donegan, pero no porque aporte nada nuevo al sonido Disturbed, sino porque al escuchar algo novedoso después de tanto tiempo, nuestra mente tiende a mostrarse más abierta y benevolente, sueles hacer concesiones que en otros momentos no harías ni por asomo. Siguiendo esa línea llega una de las canciones más dinámicas y que más categorizan el clásico sonido de la banda. El que fuera su primer single y videoclip, "The Vengeful One", no desagrada para nada, no tiene la fuerza ni la entereza de aquellos "Down With The Sickness" o "I´m Alive" de su época más dorada, pero tampoco podemos catalogarla de "penosa" o "desgraciada", tal y como hemos podido leer en alguna que otra crítica, pero sí que podríamos decirlo de "Open Your Eyes"; una de las canciones más insulsas que he oído en mucho tiempo, con un estribillo que se repite hasta la saciedad y con  Draiman que roza el ridículo sonando más cercano al power que al metal alternativo. Un tema que podría hacer las delicias entre los fans de Black Veil Brides, pero que es inaceptable para Disturbed.


"The Light" tiene una cara y una cruz; la primera de ellas viene conducida por un Draiman que demuestra que "cuando quiere, puede". Esta vez nos gana con su modulación, consiguiendo unos registros realmente melódicos y atractivos para el seguidor básico de Disturbed. La cruz viene por el carácter innovador, que aunque hasta cierto punto puede resultar gracioso, se acaba por convertir en una carrera de obstáculos muy difíciles de salvar para una banda que en ciertos momentos de la canción se muestra totalmente desnortada. "What Are You Waiting For" por el contrario nos enseña a una banda más suelta y alegre, la canción se mueve por la zona de confort y seguridad de Donegan y compañía, donde las frases cortas y rápidas de Draiman arman el esqueleto de una de las mejores apuestas de del nuevo retoño.


Con "You´re Mine" quieren hacer algo parecido a "The Light", con un inicio un tanto fantástico y épico, que eclosiona de bruces con el sonido guitarrero y descarado del resto del tema. En esta ocasión las partes corales de Mr. Draiman están mucho más trabajadas, y por consiguiente se marcan como más logradas y aceptables, muy del estilo de "Inside The Fire", aunque un tanto alejadas de las de "Just Stop" o "Striken". Donegan tampoco lo hace mal en el corto solo que se esconde en las postrimerías del mismo; un tema que si bien no mata, mantiene vivo hasta cierto punto el espíritu y el ADN de la banda. Mike Wengren pasa una vez más totalmente inadvertido, aunque hay que reconocer que hace un trabajo aceptable en "Who", creando una de las bases rítmicas más potentes junto a "Never Wrong", uno de mis temas favoritos de "Immortalized". Estamos ante el típico single o hit, donde pasamos en cuestión de segundos del sonido melódico y agudo al gutural y bronco de la voz de Draiman, con un David que se come a Goliat a base de rapear en las frases más rápidas y vertiginosas, lo que hace inevitablemente que nuestra memoria se vaya a sus primeros trabajos. Sin embargo, "Fire It Up" no me llega, se me queda pequeña, no logra llamar mi atención, demasiado aburrida y ello a pesar de ser una de las elegidas por la banda para presentar el nuevo disco antes de su publicación.


"Save Our Last Goodbye" tiene un estribillo realmente bueno y convincente, lo mismo que el tema que cierra el álbum en su versión estándar, "Who Taught You How To Hate", una canción que, aunque está concebida con una estructura muy simple y ramplona, tiene suficiente fuerza y descaro (todo lo contrario que la horrorosa versión que han hecho del clásico de Paul Simon y Art Garfunkel, "The Sound Of Silence"). Si con esta versión querían rememorar aquella fantástica cover que hicieron en "Ten Thousand Fists" del maravilloso "Land Of Confusion" de Genesis, tenemos que decir que se han equivocado. Draiman ha logrado quitarle de un plumazo toda la magia que tiene la original, con una voz que en ciertos momentos recuerda a la de Corey Taylor en los cortes más tranquilos de Slipknot y, sobre todo, de Stone Sour y que convierte este clásico en una especie de villacinco.


El paso del tiempo es maravilloso; cura las heridas, pone las cosas en su sitio pero tiene un pequeño problema y es que te mata. Hansi Küsch ya preguntaba por la acepción del mismo en "Time, What Is Time?", el tema de apertura de su gran clásico, "Somewhere Far Beyond" y ya entonces no llegaba a conclusiones nada claras. Cinco años en la industria de la música es mucho tiempo y algo raro pasa en el seno de un grupo cuando la distancia entre trabajo y trabajo es tan, tan larga. David Draiman y Dan Donegan deberían preguntarse lo mismo que hizo Hansi Kürsch en los primeros noventa,  sincerarse y ver si realmente quieren hacer música bajo el nombre de Disturbed y seguir bajo el diseño de "The Guy"...

© 2015 Lord Of Metal


Crítica: Iron Maiden "The Book Of Souls"

A veces me pregunto a quién están dirigidos los últimos discos de Iron Maiden; si a los seguidores más veteranos (esos para los que el grupo significa algo verdaderamente importante tras años y años de giras y honesta militancia en sus filas) o a esos otros más jóvenes que, sin criterio todavía, aplauden cada movimiento del grupo porque no han vivido otra época mejor y, en el fondo, son Iron Maiden que , tal y como asegura Andy Copping (organizador del Download Festival), dentro de diez años seguramente ya no les tendremos en activo y debemos rendirles pleitesía a pesar de saber que sus días de vino y rosas ya pasaron para convertirse en una fábrica de camisetas que sale de gira cada dos años y vive de los refritos de antiguas glorias. Y hago esa amarga reflexión tras escuchar una docena de veces "The Book Of Souls", el decimosexto álbum de los ingleses, y darme cuenta de que es igual de flojo o más que "The Final Frontier" (2010) con el enorme defecto de tener aún más minutos que aquel y eso ahora que, paradójicamente, gozan de una popularidad y un estatus que nunca nadie -ni siquiera ellos mismos- se habrían imaginado hace treinta años. Justo ahora, cuando sus discos cada vez dejan menos huella en mí, sabiendo lo poco popular que resulta una crítica del último disco de Maiden si admito que éste no está a la altura cuando hordas de críos aseguran lo contrario. Como cuando defiendo que su último gran disco fue "Fear Of The Dark" (1992) y muchos chavales se echan sobre mí pero es que desde aquel la carrera de Maiden ha sido serpeante y desigual como pocas, algo innegable. "The X Factor" (1995) y "Virtual XI" (1998) con Blaze al frente ("el mejor cantante que Maiden ha tenido y tendrá", según el propio Steve Harris para la revista Kerrang! en aquella época) fueron dos grandes descalabros comerciales de los que tardaron en reponerse, aquella fue quizá la época más baja de popularidad del grupo pero también la más valiente tras la deserción de Dickinson y, dejando al margen estúpidos videojuegos, innecesarios partidos de fútbol y recopilatorios, lo cierto es que no fue hasta la vuelta de Bruce (también tras su fracaso comercial en pleno auge del rock alternativo y con el pobre de Bailey, injustamente tratado, haciendo mutis por el foro) que Maiden volvió a flote. Corría el año 2000 (muchos de los que me leen no se habrían destetado seguramente, como para discutirme lo que viví de primera mano, mientras que otros lo recordarán como uno de los grandes momentos de la historia del grupo) y volvieron con un disco dignísimo y notable como "Brave New World" que les situaba de nuevo a la cabeza del panorama metálico, con Bruce en plena forma y una gira auténticamente espectacular, llena de energía y entrega, que hacía presagiar lo mejor y así fue incluso con la siguiente "Give Me Ed... 'Til I'm Dead Tour" del 2003 en la que interpretaban todos sus clásicos para nuestro deleite con "The Wicker Man" y "Brave New World" como únicas paradas obligadas en un repertorio inmortal o curiosidades como "The Clansman" (que siempre me sorprendió que Bruce accediese a interpretar) pero después de aquello el irregular "Dance Of Death" (2003) cuyas canciones pinchaban en directo palideciendo frente a los clásicos hacía temernos lo peor y tan sólo el estupendo "A Matter Of Life And Death" (2006) mantenía el tipo sin llegar, por supuesto, a la altura de "Brave New World" pero todavía quedaba "The Final Frontier" (2010) cuyo supuesto éxito (ya que aseguran que es el álbum con mejores ventas de Maiden en los últimos tiempos), sin embargo, irónicamente se vio reflejado y sin cortapisa que valga en la amputación de una gira que prometía ser mucho más extensa y la operación "in extremis" que supuso sacarse de la manga un forzadísimo "Maiden England World Tour" que se alargó hasta el paroxismo. Pero, ¿por qué tan sólo once meses de gira para un disco tan exitoso como aseguran?

"The Final Frontier" (2010) no era tan horrendo, sí únicamente correcto, pero es que no hay peor diagnóstico de muerte que cuando los álbumes son tan sólo excusas para lanzarse a la carretera y mientras que "Maiden England Tour" duró dos largos años, "The Final Frontier World Tour" únicamente uno (del verano del 2010 al 2011).  ¿A quién se le ocurre hacer una gira homenaje el doble de extensa que la del disco original que la precede, cuál es el motivo? Claro síntoma de que la nostalgia vende mucho mejor que una mediocre novedad por mucho que tu empresa sea Iron Maiden y seas cabeza de un festival. Para los más incrédulos, el caché también varía dependiendo del repertorio y el artista no se embolsa lo mismo durante dos horas perladas de clásicos que presentando canciones que llevan pocos meses en el mercado, que se lo pregunten a Harris y su "exitoso" "The Final Frontier" o, mucho mejor, "British Lion" paseando palmito por bares y salas de pequeña capacidad sin agotar.

Pero a finales del 2013, Dickinson anuncia que están trabajando en canciones nuevas que finalmente grabarían entre septiembre y diciembre del 2014 tras el "Maiden England World Tour", en los estudios Guillaume Tell de París y de nuevo con Kevin Shirley. ¿Es tan sólo una casualidad que volviesen a los estudios de "Brave New World" con el mismo productor de aquel? Lo cierto es que no había nada de fortuito en ello cuando Dickinson respondía en las entrevistas que grabar de nuevo allí les traía buenos recuerdos por aquel magnífico disco y aseguraban que aún se conservaba parte de la magia de aquellas grabaciones. Por desgracia, seguían empeñados en las composiciones de larga duración; me resulta del todo inconcebible que un grupo como Iron Maiden se fuerce, como ya anunciaban en la promoción de "A Matter Of Life And Death" (y desde aquel entonces seguimos en ello), en explotar su vena supuestamente más progresiva tendiendo a los largos desarrollos y en "The Book Of Souls", por supuesto, no es una excepción sino que lo potencian; hablamos de un disco inusualmente largo que bien podría paladearse en dos partes si queremos disfrutarlo y asimilarlo sin que la experiencia se torne en desesperante porque, seamos sinceros; hay que estar en un gran momento creativo (algo que desde ya podemos descartar en el estudio de Iron Maiden) para ser capaces de mantener el nivel, la tensión y, lo más importante, el interés del oyente a lo largo de dos discos de material totalmente nuevo; más de una hora y media con canciones como "If Eternity Should Fall" con más de ocho minutos, "The Great Unkown" (casi siete), "The Red And The Black" (trece y medio), "The Book Of Souls" (más de diez), "Shadows Of The Valley" (siete y medio) y la eterna "Empire Of The Clouds" con dieciocho, en un ejercicio onanista y de escasa autocontención por parte de Bruce como pocos se recuerdan, superando a "Rime Of The Ancient Mariner". Y todo esto si tenemos en cuenta que la media de duración de su mayores éxitos son de cuatro minutos.

Como también es inevitable mencionar en este "The Book Of Souls" y su historia la terrible noticia que supuso el cáncer de Bruce que, gracias a su enorme fuerza y determinación, ha superado con éxito siendo las pistas del álbum grabadas con anterioridad. Lo curioso de ello es que pese a que Bruce suena con fuerza, según su garganta ha ido envejeciendo lógicamente ha perdido potencia pero su interpretación también se ha tornado más exagerada o melodramática y en determinados momentos -como el propio single "Speed Of Light" o "Empire Of The Clouds", como claros ejemplos- suena forzada, como si Dickinson cantase emulando su tono e imitase sus propios tics, ya no hablamos de "Empire Of The Clouds"... Como también es curiosa la polémica portada (cuya estética y nueva encarnación de la mascota más famosa del rock ha dividido a los seguidores del grupo desde su filtración), obra de Mark Wilkinson y en la cual apreciamos a un Eddie transmutado en antiguo maya y mirando con fiereza bajo el logo más clásico del grupo. Curioso que la civilización maya no tenga ningún "libro de almas". 

"If Eternity Should Fall", según Harris compuesta por Bruce para su propio nuevo disco en solitario (como también "Speed Of Light", "Death Or Glory" y "Shadows Of The Valley"), comienza de manera extraña para estallar de manera épica y en un tono mucho más pesado del que nos tienen acostumbrados y unos coros excepcionales pero, curiosamente, no alcanzaremos el clímax hasta bien avanzado el tema y cerca del final cuando requiebran y nos emocionan. El bajo de Harris suena fortísimo y lo agradezco y las guitarras de Murray y Smith, a pesar de la contundencia de la canción, suenan brillantes en cuanto a tono. "Speed Of Light" y su comienzo con Nicko golpeando un cencerro nos hizo a todos torcer el gesto, los primeros segundos suenan muy alejados del metal clásico que suelen practicar Maiden y sí como el hard rock angelino de finales de los ochenta/primeros de los noventa pero pronto coge cuerpo y las guitarras dobladas hacen acto de presencia. Es un buen single que mantiene la continuidad pero con una letra totalmente infantil, es una canción gris; gustará a los seguidores que piden poco al grupo, es un sonido plenamente reconocible pero como composición no es brillante ni tiene gancho. El videoclip homenajea la historia de Maiden con decenas de guiños a sus portadas (tanto singles como álbumes) y videojuegos clásicos como Donkey Kong, Turok, Doom, Megaman o Mortal Kombat entre otros. Es simpático pero, personalmente, habría agradecido algo más de implicación por parte del propio grupo y aunque esté muy vista la interpretación de las canciones en videoclips, me habría gustado la aparición de los músicos en algún que otro momento.

"The Great Unknown" de Harris y Smith y volvemos a un ritmo mucho menos dinámico, más pesado y denso pero sin resultar aburrido, de ella me gusta la melodía y el magnífico trabajo de Smith y, por supuesto, Murray (cuya labor a lo largo del disco es digna de mención mientras sigo buscando sin éxito el rastro de Gers que si hará acto de presencia en la composición al final de la primera parte del álbum) mientras que "The Red And The Black" de Harris, se hace excesivamente larga a pesar de la constante sucesión de riffs y fraseos de éste; catorce minutos en los que podemos salvar la magnífica ejecución de los músicos en una oleada sin sentido de cambios de tercios y puentes. Un acierto es "When the River Runs Deep" (de nuevo por el tándem; Harris/ Smith) cuya melodía es magnífica y sus primeros segundos auténticamente fulgurantes pero su recuerdo lo emborrona la homónima, "The Book Of Souls", un corte pretencioso y cargante de más de diez minutos que cierra la primera cara -o lo que podría ser el primer disco- de manera excesivamente forzada y teatral (algo que se volverá a repetir con la final "Empire Of The Clouds" en la que Bruce toma como inspiración el desastre aéreo del inglés R101 en 1930 y que, aparte de tener el dudoso honor de ser la canción más larga del grupo desde 1984 es también la que más tiempo han tardado en componer y registrar; seis semanas). En ella nos encontramos al propio Dickinson sentado al piano por primera vez en la historia de Maiden y es que no sé si muchos de los que leen esta crítica estarán de acuerdo en que Dickinson debería obviar su vena más teatral, más operística en cuanto a contar historias e ir, en cambio, a la yugular. ¿Alguien recuerda lo que suponía la interpretación en directo de una canción como "Paschendale" en la gira del 2003 con Dickinson envuelto en una capa apareciendo y desapareciendo a lo largo y ancho del escenario convirtiendo el concierto en una insoportable opereta? Pues esa misma sensación es la que uno tiene cuando escucha canciones como "The Book Of Souls" o "Empire Of The Clouds" en las que, por muchos cambios y partes que podamos encontrar, la sensación es de estar abandonando la antesala del aburrimiento para entrar de lleno en plena fase REM. ¿Son necesarios dieciocho minutos? En algunas canciones puede, en ésta no.

"Death Or Glory" de Dickinson y con la ayuda de Smith, por suerte, nos despierta y, aunque la historia que cuenta pertenezca a la Primera Guerra Mundial, es tan dinámica que rompe y rasga el anticlímax alcanzado con la anterior como ocurre con "Shadows Of The Valley" de Gers a la que quizá (cáptese mi ironía) le sobren dos o tres minutos para subir de nota a pesar de que Gers se enmiende respecto a su anterior intentona. Otra tónica de "The Book Of Souls" es el constante contraste entre el cariz de la canciones que, si bien resultan más oscuras que de costumbre, alternan grandes momentos con pasajes mucho más flojos y una cima que tarda en llegar y suele ser en la recta final de éstas como la alternancia entre temas que podrían haber funcionado mucho mejor, "Shadows Of The Valley", y composiciones como la melancólica "Tears Of Clown" (de Harris y supuestamente dedicada a Robin Williams) que, sin poder decir que no estén a la altura, no encuentran su sitio en el tono general del álbum y mucho menos tan cerca del desenlace, un medio tiempo con tintes tristones que no termina de cuajar. Siendo claramente superior la primera parte del disco, no sería justo obviar "The Man Of Sorrows" como último rayo de luz con Murray en auténtico estado de gracia, Smith secundándole y la línea de bajo de Harris haciendo de las suyas mientras escuchamos a Nicko al galope y Bruce sobre ellos en una de las canciones más acertadas del álbum antes de que nos rematen con la mencionada "Empire Of The Clouds" en la que tenemos que darle la razón al vocalista cuando dudaba acerca su inclusión dentro del tono y el ritmo del disco. Quizá Harris no tenía que haberle convencido y haberla descartado, no es que no posea calidad es que, sencilla y llanamente; no pertenece a este disco.

El primer disco doble de Maiden, el más extenso, el más denso, uno de los más esperados y, por consiguiente; carente de contención como también unión y es que, a pesar de que Harris asegure que no es un disco conceptual, el oyente más avispado podrá encontrar que hay un poco del alma de cada álbum de Maiden y quizá en ello resida su leitmotiv pero, a pesar de ello, no hay un nexo común y evidente que lo dote de coherencia. Pena que Dickinson, Harris, Murray, Smith, Gers y McBrain no hayan puesto más cabeza y menos alma; doce canciones de cuatro o cinco minutos y a volar.

© 2015 Jack Ermeister

Crítica: Albert Hammond Jr. "Momentary Masters"

Siempre pensé que el ascenso de The Strokes no era debido a su calidad sino a la falta de grandes nombres y promesas con la que encarábamos el  cambio de siglo y milenio e, irónicamente, el tiempo me ha dado la razón ya que aquello se desinfló en apenas dos discos y su carrera pronto se volvió tan aburrida como insípida; cuesta abajo y sin frenos, con Casablancas aferrándose al horterismo y el grupo zozobrando, sin rumbo fijo, y grabando álbumes cada vez más y más flojos. Podríamos afirmar que fueron las tensiones internas, las adicciones y la presión o, simplemente, ser honestos y admitir que de donde no hay no se puede sacar y The Strokes eran un grupo divertido de sala, nunca deberían haber encabezado un festival o, en sus propias giras, haber dado el salto a recintos con mayor capacidad en donde su propuesta se quedaba demasiado pequeña y tristemente contemplábamos que el grupo no daba más de sí; no podíamos pretender que el chiste que funciona en petit comité valiese delante de cincuenta mil personas en un festival pero, claro, aún así había críticos que creían estar viendo al mejor grupo neoyorquino del siglo y esperaban un nuevo disco que les hiciese vengarse de todos aquellos que mirábamos de soslayo y con desgana la carrera del grupo de Casablancas y Hammond. ¿Qué mató a The Strokes? Su mediocridad, su desgana, su falta de orientación y compromiso a la hora de componer y grabar grandes discos que confirmasen su supuesta leyenda y perdurasen en nuestra memoria.

Treinta y seis minutos, tan sólo diez canciones, pero, a pesar de ello, "Momentary Masters" suena más sólido y con más fuerza que los últimos dos discos de The Strokes. No es que "Born Slippy" (que no guarda relación alguna con el ya clásico de Underworld) sea una maravilla pero, por lo menos, suena más fresca que cualquier canción del famoso grupo o Julian Casablancas en solitario. No hay nada nuevo en ella, las guitarras de Hammond dominan la mezcla y su clásico sonido es reconocible desde el primer golpe de delay, su voz parece haberse encontrado, se le siente con mayor confianza. Albert Hammond Jr. huye de la madurez y rehusa siquiera mentarla en sus entrevistas pero es imposible no admitir que se le percibe más seguro de sí mismo y sus composiciones han crecido. "Power Hungry" con un bajo redondo y trotón al comienzo, nos recordará ligeramente a lo que fueron los Arctic Monkeys cuando se encendían las luces del bar y uno volvía a casa de madrugada, mucho antes siquiera de haberse ido al Rancho De La Luna y haber conocido a Homme. Pero no es el único regusto a Alex Turner porque "Caught by My Shadow" suena exactamente como una de sus canciones y nos hace sonreír como hacía muchos Arctic Monkeys y The Strokes que no disfrutábamos lo que nos lleva a la siguiente pregunta, ¿Qué es lo que se están perdiendo los neoyorquinos dejando que Hammond firme estas canciones en solitario y no bajo el nombre de su famoso grupo? No hay ni una sola canción de "Angles" (2011) o "Comedown Machine" (2013) comparable a cualquiera de las de este "Momentary Masters". Se agradece la suavidad de "Coming to Getcha" que, sin embargo, se despereza en el estribillo de manera soberbia; "It happens in a space no word has entered. Over my shoulder I scream over and over, she say's in dreams you are never 80. A 1000 doors a 1000 different memories" y entendemos la influencia de Carl Sagan que tanto ha citado Hammond.

Pero quizá, el gran número de este disco es "Losing Touch" (sin olvidar la energía de "Caught by My Shadow") en la que nos encontramos a un Albert Hammond Jr. disculpándose y sonando sincero, cantando una canción que suena y se siente como un paso en firme al frente pero en la que, por mucho que nos duela contradecirle; no ha perdido la gracia, es tan sólo que The Strokes han muerto antes de tiempo y él debería seguir componiendo estas canciones, es brillante.

Como curiosidad, la inclusión de "Don't Think Twice" que no deja de ser diferente por su tratamiento y ello se agradece. ¿Una versión de Dylan? Sí y, aunque lo hayamos leído en mil ocasiones, encaja a la perfección dentro de "Momentary Masters". ¿Es la mejor versión que he escuchado de Dylan o de la canción en particular? No, por supuesto que no pero tampoco creo que Hammond pretendiese grabar la versión definitiva y sí darle sentido dentro de su propio álbum. "Razor's Edge" nos devuelve a los Strokes del comienzo, aquellos que sonaban más urgentes y dinámicos que el resto de compañeros de promoción, no deja de ser una canción menor dentro de "Momentary Masters" pero es disfrutable por la urgencia de sus guitarras y cómo se desenvuelven en el desarrollo central, ese puntito de saturación en la voz, el bajo machacón y la pegadiza melodía. Algo parecido ocurre con la magnífica "Touché" que funciona perfectamente gracias a una de las mejores letras de todo el disco; "Died 7 times before we could agree. Now that we're not perfect we have to be good" y es que ese "Ahora que no somos perfectos, tenemos que ser buenos" que suena como un deber resuena a lo largo y ancho de todo el disco, así como la sobriedad de Hammond tras cuatro años de no probar droga alguna cuando su dieta diaria eran varias dosis intravenosas de cocaína, heroína y ketamina una vez cada hora.

"Drunched in Crumbs" nos confirma lo que venimos sintiendo según vamos escuchando el álbum y es que "Momentary Masters", muy al revés de la gran mayoría de discos que se publican en nuestros días, se va acelerando de manera alarmante según se acerca al final, escucharlo es lo más parecido a estar en un concierto; un comienzo tibio que, poco a poco, va tomando fuerza hasta acabar como una fiesta. "Drunched in Crumbs" es vibrante y suena vital con fortísimos guitarrazos y una solista siguiendo la línea vocal de Hammond, como el broche final con la rapidísima "Side Boob" en la que el bombo coge especial protagonismo y coge velocidad hasta hacernos rejuvenecer diez o quince años a todos.

¿Cómo es posible que The Strokes hayan dejado escapar estas canciones? Lo peor de todo es que seguramente, ni a Casablancas, Valensi, Fraiture o Moretti les importe lo más mínimo y estén bostezando desde algún rincón de la gran manzana mientras Albert Hammond Jr. se la come a bocados y publica un disco estupendo que lo trae de nuevo a la vida y entierra un poquito más hondo, si cabe, a sus antiguos compañeros. ¿Quién quiere a The Strokes cuando tenemos a Hammond? 

© 2015 Jim Tonic

Crítica: Gus G "Brand New Revolution"

A veces es complicado encontrar tu sitio, tu estilo; ése elemento diferenciador que te haga destacar respecto al resto y a Gus G, por desgracia y pese a su enorme talento, parece estar resistiéndosele su carrera en solitario con ese disco que marque un antes y un después. Tras su paso por Dream Evil, su propio proyecto con Firewind y el espaldarazo definitivo que supuso entrar a formar parte del universo de Ozzy con "Scream" (2010), el guitarrista griego  quiere darse de nuevo una oportunidad tras "I Am The Fire" (2014), algo totalmente lógico si quiere crecer y no estancarse, si quiere ser algo más que un guitarrista más en la vida del de Birmingham, si quiere dejar atrás a Dream Evil y si tan sólo le interesa resucitar a Firewind de vez en cuando pero "Brand New Revolution", desde luego, no es el camino. Producido por el propio Gus G y mezclado por Mike Fraser en los Hippodrome Studios de Vancouver, lo que nos encontramos es un disco entretenido pero nada más; bebiendo de la fuente de los grandes del metal y el hard, en él podremos encontrar ecos de Mötley Crüe, Savatage, los propios Firewind o, por desgracia, los más recientes Arch Enemy y todo ello rociado de un sonido tan corriente, tan estándar y tan manido que no aporta absolutamente nada ni al panorama, ni a nosotros como seguidores. Supongo que es difícil hacerle una crítica así a alguien como Gus G cuyo talento y buen momento creativo están fuera de toda duda pero resulta más interesante su trabajo con Firewind que cualquiera de las canciones que integran este "Brand New Revolution" que con el paso del tiempo terminará pasando como un disco más y no supone ningún avance frente a "I Am The Fire". 

Un guitarrista fuera de serie acompañado de Jacob Bunton de Adler (algo muy significativo, como apreciaremos en el sonido de éste álbum), Mats Levén, Elize Ryd de Amaranthe o el genial Jeff Scott Soto. Entonces, ¿cual es el problema para que no termine de cuajar? Quizá lo que ocurre en "Brand New Revolution" es que, aparte de no encontrar una dirección clara y un estilo propio que no sea una amalgama de diferentes géneros como son el hard rock, el power o el metal más vulgar secas, las canciones carecen de cohesión en el álbum, restándole carácter a éste pero, si uno lo escucha una y otra vez, la conclusión más evidente es que, pese a haber talento a raudales, lo que fallan son precisamente éstas, simplemente no hay ninguna que se marque a fuego en tu cabeza o, directamente, te la vuele, algo que debería ser obligado en un disco como el que nos ocupa.

"The Quest" es interesante, la única instrumental de todo el disco y me gusta por su velocidad, repleta de trepidantes riffs mientras el doble bombo de Jo Nunez (Firewind) se desata. Lo bueno de "The Quest" es que, pese a su pirotecnia, la melodía es bonita y derrocha suficiente sensibilidad como para ser interpretada en acústico como coda del propio tema, el único inconveniente que se le puede poner a una canción así es su producción y ese horroroso y pasado de moda "fade out" con el que acaba, un músico como Gus G podría haberla rematado de manera auténticamente gloriosa en vez de hacernos partícipes de cómo el volumen se desvanece de manera súbita. Es un acierto comenzar el disco de esta manera pero, como ya veremos, el prometedor arranque de "Brand New Revolution" pronto se disipa como la gaseosa.

Precisamente, "Brand New Revolution" es la siguiente, Jacob Bunton en las voces y la guitarra de Gus G es sobresaliente pero la canción es un horror. Es directa, es contundente pero suena demasiado a hard rock ochentero, su riff principal podría ser parte de cualquier disco de Slash e incluso la melodía de la voz cantada por Weiland, Kennedy o el propio Axl. Es cierto que en el estribillo se arregla el desaguisado y Bunton sube ligeramente el tono y el tema coge algo de cuerpo pero carece de frescura, algo que que es la seña de identidad de todo el álbum. Como ocurre con "Burn", apenas tres minutos en los que hay poco o nada de metal y mucho de hard rock, ¿es un problema? Para nada en absoluto pero suena rancia a pesar de su estupenda guitarra que sí es arrolladora, por tanto; lo que falla es la canción. Bunton repite a las voces y ocurre lo mismo que en la anterior; las estrofas son horribles con su timbre procesado mientras los estribillos resultan mucho más lucidos cuando sube. El solo de Gus G es abrasivo y  ese doble bombo nos hace subir las revoluciones pero el riff es un horror, propio de un disco de Velvet Revolver y con eso está dicho todo...

"We Are One" es levemente superior porque no plantea riesgo alguno, es un medio tiempo que se disfruta mucho más que las anteriores y el riff es más musculoso pero es igualmente olvidable. "What Lies Below" suena mucho más actual gracias a sus arreglos y el stacatto de sus guitarras, además está Elize Ryd a las voces lo que le añade nuevas texturas al disco y el estribillo es infinitamente más pegadizo que las tres anteriores. ¿Habría sonado igual de plana en la garganta de Bunton? Posiblemente pero, aunque la voz de Ryd añada otro color a un disco que parecía haber entrado en punto muerto desde el segundo corte, "What Lies Below" tampoco convence. En el plano personal, me parece una estupidez tildar a una canción así de experimental, en pleno siglo veintiuno, porque incorpore algún arreglo electrónico y la voz se doble con ecos, lo que me demuestra que el mundo del metal -en ocasiones- parece ir muchos años por detrás del de la música popular. "What Lies Below" no es experimental en absoluto, no es industrial y no resulta una novedad por mucho que el riff suene como uno de Dino Cazares. 

"Behind Those Eyes" gustará a todos los seguidores de las baladas a medio camino entre el hard y el power pero no me gusta el tono de Bunton que en otros momentos sí me parecía acertado cuando subía porque aquí se torna irritante y plano de emoción en el estribillo. Lo bueno de la canción es que se agradece el cambio de tercio tras las anteriores. "Gone To Stay" con Jeff Scott suena bien, quizá a Gus G le siente mejor el carácter de una voz más bronca y madura como la de Jeff para saber apartarse del power en su andadura en solitario pero, por desgracia, "Gone To Stay" es una canción menor en la que uno sufre por momentos cuando siente a Jeff forzar su garganta; lo que funciona en las estrofas, a puntito de romper, en el estribillo se queda corto y es aún más evidente con esos coros que parecen querer elevar el tono al que Jeff no llega, otro error.

Pero lo peor todavía no ha llegado y es "One More Try" con ese inicio tan, tan forzado y la voz de Bunton que, seamos honestos, no pega en absoluto en una canción como ésta y es que no cuesta nada en absoluto imaginarse a un cantante tan limitado como Ozzy, sin embargo y como paradoja, llevarla a otro nivel pero, claro, sin el horripilante -y me quedo corto- sonido acuoso de la guitarra. ¿Quién engañó a Gus para que sonase así? Es en momentos así cuando uno entiende la importancia de tener a un productor con criterio -algo difícil de encontrar, por otro lado- que sin censurar; sepa aconsejar y orientar.  El riff de "Come Hell Or High Water" me parece un acierto; suena contundente y bruto, lleno de groove (aunque esos armónicos artificiales tan marcados me recuerden inevitablemente al todopoderoso Wylde, al que precisamente carácter no le falta) pero aquí lo que falla es la voz de Levén; demasiado chillona, demasiado aguda, estupenda para otros estilos pero no aquí, no en esta canción, totalmente fuera de lugar. ¿Suena bien? Sí, claro, son buenos músicos. ¿Es la apropiada? En absoluto. 

"If It Ends Today", de nuevo con Levén a dúo con el propio Gus, suena a puro hard rock pero la estropean esos horrendos coros en el estribillo en los que juegan con las vocales con las que acaban cada palabra de los versos de éste; algo infantil y fácil en el peor sentido de la palabra. "Generation G" con Scott Soto es atractiva aunque la voz de éste suene demasiado baja en la mezcla y, para colmo, la enmascaren con demasiado reverb. Pero, aunque me guste la base rítmica de "Generation G", no puedo ser ajeno a su letra en la que no es difícil sentir vergüenza ajena; "We are freedom, we are united but you killed our dreams and left us divided. Thousands leaving, for new salvation. Those left bleeding, you are the Generation G!" Seamos serios, por favor.

"The Demon Inside" con una guitarra hasta arriba de chorus y Levén de nuevo sonando como Jon Bon Jovi al comienzo, además de su excesiva duración, y plagada de todos los tópicos del metal cuando el resto del grupo entra, es tan predecible y aburrida que nos hace despedirnos de este "Brand New Revolution" decepcionados por lo que podría haber sido y no es, por el cariño que le tenemos a Gus G, un guitarrista con gran talento pero que, por el momento, no ha encontrado el disco que sirva como punto de inflexión a su carrera en solitario y es que el mundo de la música, independientemente del talento de cada uno, está repleto de juguetes rotos. Por suerte, Gus es joven y seguro que ese álbum, que tanto él como nosotros esperamos, llega. "Brand New Revolution" gustará a aquellos que piden poco a los discos y todo les parece bien pero es tan "corriente y moliente" que asusta. 

© 2015 Mickey Knox

Crítica: Teenage Time Killers "Greatest Hits Vol. 1"

Reconozco que no me gustan nada en absoluto este tipo de proyectos y que cuando veo el nombre de Dave Grohl tiendo a cuestionármelo todo pero cuando leí que Teenage Time Killers eran el mejor supergrupo de la historia fue cuando terminé de despejar todas mis dudas y entender que estábamos tan sólo ante un producto. Entiendo que los más jóvenes se deslumbrasen ante la nómina de amiguetes e invitados en este disco y pensasen -inocentes como sólo ellos son- que un grupo con Corey Taylor, Dave Grohl o Randy Blythe -entre otros muchos como Jello Biafra, Nick Oliveri o Reed Mullin- tenía que producir, por necesidad, el disco punk definitivo como se hacían eco todo los titulares de la prensa especializada pero no, no es así y creo que muchos de esos chavales ya se habrán dado cuenta de ello al pinchar este "Greatest Hits Vol. 1" y encontrarse un álbum de veinte canciones en el que la cantidad supera claramente a la calidad y escuchándolo somos testigos del caos más absoluto, de la ausencia de contención, de la sucesión de una canción tras otra -todas prescindibles, todas absurdas, infantiles y, lo peor de todo; sin gancho o inspiración- que le hacen perder a uno el interés según se suceden. El agresivo bajo de "Exploder" y su ritmo frenético, "Hung Out To Dry" con Randy Blythe o "Egobomb" con Corey Taylor quizá sean las más entretenidas pero son igualmente indignas de sus protagonistas y sus carreras principales. Pero vayamos por partes; desmontemos el disco de Teenage Time Killers poco a poco que es más divertido.

Grabado en los 606 Studios de Dave Grohl, "Greatest Hits Vol. 1" no suena mal en absoluto pero sí carente de emoción y excitación. Para ser una grabación punk, resulta excesivamente brillante y relamida y, para ser una producción del supuestamente "mejor supergrupo de todos los tiempos", es aburrida y macarrónica, cazallera y ruidosa pero no pensemos que ninguno de estos adjetivos son aquellos inherentes al punk y su frescura porque resumiéndolo "grosso modo", "Greatest Hits Vol. 1" suena demasiado bien para ser un disco de punk y demasiado mal para ser el debut del supergrupo definitivo en pleno 2015. Para que se hagan una idea aquellos que tengan memoria y estómago suficientes; éste Teenage Time Killers parece la segunda parte de aquel engendro de proyecto titulado Probot (centrado en el metal y no el punk) y con el que Grohl pretendía hacer lo mismo que aquí, parir al supergrupo definitivo con la excusa del homenaje, la diversión, la barbacoa y el compadreo en el estudio. Aquel horror tuvo lugar en el 2004 y fue un estrepitoso fracaso de crítica y público que se tradujo en unas paupérrimas ventas que dieron al traste con su continuación. Los integrantes de aquello eran Dave Grohl, Cronos de Venom, Max Cavalera, Lemmy, Kim Thayil de Soundargden, Tom G Warrior (Celtic Frost, Tryptikon), Wino de Saint Vitus o Snake de Voivod entre otros que perpetraron una auténtica estupidez bajo la batuta de un Grohl que ya empezaba a apuntar maneras del terrible egomaníaco en el que se terminaría convirtiendo con permiso de todos. Doce canciones que pasarán a la historia como lo peor de la producción de todos y cada uno de sus participantes (y recordemos que Warrior tiene en su haber el funesto "Cold Lake", así que imaginémonos cómo quedó Probot). ¿Por qué tendría que funcionar, de nuevo, once años más tarde un proyecto así? Ahora los protagonistas eran otros más actuales con vistas a atrapar a una nueva legión de oyentes -esos que pueblan los festivales- las nuevas generaciones disfrutarían de cómo Blythe o Corey daban la mano al pasado más underground y cantaban canciones alejadas de sus coordenadas habituales, un auténtico supergrupo...

No quiero pecar de auténtico o "trve", tampoco quiero parecer un abuelo pero a todos los que leen esta crítica, que se lo graben a fuego; los únicos supergrupos de la historia son Led Zeppelin y Cream, punto. No hay más, olvidaos de Audioslave o Teenage Time Killers y pequeñeces así. Recordad; Zeppelin y Cream, porque tener presente eso os ayudará a encarar un disco bautizado de manera tan soberbia y prepotente como "Greatest Hits Vol. 1" y en el que, paradójicamente, no hay ni una sola canción que sea capaz de aguantar el envite del tiempo y no hablamos de décadas sino de minutos porque, una vez acaban, el poso que dejan en uno, el recuerdo y las ganas de volver a ellas son nulas.

"Exploder" promete más de lo que ofrece, un bajo agresivo y con actitud, una púa contra la sexta cuerda y el ritmo cafre del punk, coros y a romperse el cuello en poco más de minuto y medio con Reed Mullin pero no, no es suficiente y buscamos algo más, algo que nos enganche. "Crowned By The Light Of The Sun" con Neil Fallon suena exactamente igual a esos millones de canciones stoner que escucharías en un festival a las tres de la tarde cuando la gente duerme y el sol castiga los escenarios, aburrida y previsible en su desarrollo, sin cambio alguno que nos haga disfrutar o saltar con ella. Un momento, ¿ése es Randy Blythe? "Hung Out To Dry" con la participación del entrañable vocalista de Lamb Of God es otra cosa; un ritmo vertiginoso y dos minutos a la yugular pero no nos engañemos, la canción es igual de mala, tan sólo la salva la fortísima, brutal y desgarrada garganta de Blythe, capaz de convertir cualquier medianía en un auténtico torpedo. Lo mismo le ocurrirá a Corey Taylor con la horrorosa "Egobomb" que el líder de Slipknot/ Stone Sour resuelve con su estupenda voz y saca de las sombras de este disco, "Egobomb" sin Corey, como "Hung Out To Dry" sin Blythe, serían una más a olvidar.

"Power Outage" con Clifford Dinsmore es jodido un horror y nuestro querido y simpático Jello Biafra salva el tipo convirtiendo la mediocre "Ode To Sean Hannity" en un recitado punky-arty, desquiciado como sólo él sabe. Son sólo sesenta segundos como aquel que dice; demasiado poco como para que afecte al resultado final del disco pero demasiado tiempo como para perder el tiempo con ella. "Barrio" con Matt Skiba es divertida pero insuficiente, por lo menos es la más cercana al espíritu punk que el disco pretende que "The Dead Hand", con Mullin de nuevo, y "Plank Walk" con Pete Stahl que son tan monótonas que exasperan al más paciente, "Time To Die" tiene algo más de nervio y energía pero le ocurre lo mismo que a "Days Of Degradation" (con Tommy Victor) o a "Clawhoof" y es que, a estas alturas del álbum, hemos perdido todo el interés y, como mucho, volveremos a escuchar "Hung Out To Dry" o "Egobomb" y no porque merezcan la pena sino porque son los únicos restos del naufragio a los que podremos asirnos. 

El fortísimo riff de "Ignorant People" parece anunciar una gran canción pero pronto deviene en otro latigazo punk-underground de finales de los ochenta pero sin la mala leche de éstos y "Bleeding To Death", "Your Empty Soul" o la homónima y chirriante "Teenage Time Killer" con Trenton Rogers directamente harán que desees que el disco acabe cuando uno tiene la sensación de haber perdido un tiempo valioso escuchando la misma canción una y otra vez, con la misma falta de chispa y la misma carencia de criterio. Es muy común confundir cantidad con calidad, de aquí podría haber salido un EP muy divertido y toda una curiosidad para los coleccionistas, pero Grohl ha preferido publicar un LP de veinte canciones que no aporta nada en absoluto. Error garrafal creer que el mayor supergrupo (por número de participantes) puede resultar el mejor grupo de la historia. No dudo que juntarse en el estudio, tomarse unas birras, comer algo y charlar con los colegas sea muy divertido pero son las pretensiones lo que matan a este tipo de aventuras y el omnipresente Grohl debería saberlo mejor que ninguno. Una auténtica estupidez y un fiasco de álbum; perfecto si te hace falta un posavasos o espacio en el disco duro.

© 2015 Conde Draco

Crítica: Ghost "Meliora"

Cuando uno se enfrenta a una banda como Ghost (ya sin las siglas B.C. que adoptaron por problemas legales en Estados Unidos) tiene que aceptar sus propias reglas (algo así como lo que ocurre en el cómic, la literatura o el cine fantástico) para disfrutar de la experiencia, sus canciones y poder entrar en su mundo sin complejos. ¿A qué me refiero? Ver una película de cualquier superhéroe puede resultar un bodrio si no las aceptamos y estamos constántemente en la butaca cuestionándonos si todo lo que ocurre en la pantalla puede ser real desde el punto de vista de la razón ¿De verdad alguien se creyó en algún momento que el Papa Emeritus I era un ser venido del más allá como para menospreciar la música de los suecos? ¿Alguien llegó a pensar que los Nameless Ghouls eran auténticos monjes, sectarios de algún culto arcano o almas torturadas condenadas a tocar la música que Emeritus les dictaba? Seamos serios, por favor. Más tarde llegó la absurda obsesión por conocer sus nombres e identidades auténticas. ¡Porque el Papa Emeritus tenía que ser un cantante de metal, de carne y hueso, claro que sí! Pero, ¿a alguien le importa sus identidades? ¿Somos acaso más felices en Navidad cuando descubrimos que los Reyes Magos son los padres? (personalmente, echo en falta los primeros tiempos de Slipknot, mucho antes de que Corey y el resto despejasen todas las dudas...). Las absurdas críticas a la imagen de Ghost porque cuando se es popular uno se expone a tantos seguidores como detractores y los de Emeritus y los suyos no podían ser más pasionales; aquellos que les rinden culto de manera exagerada y esos otros que odian, menosprecian su música y aseguran que la imagen del grupo es demasiado potente para la música que interpretan. ¿Y Alice Cooper o Arthur Brown, Kiss o King Diamond? El shock rock es así y hay que disfrutarlo tal como es, ¿habría llegado Ghost al éxito del que disfrutan si su música fuese más brutal y repleta de guturales? Estaríamos hablando de otro grupo y otro concepto. ¿Por qué entendemos mejor a un grupo de black metal de nuestros días que asegura vivir en los fiordos noruegos, beber sangre y haber quemado iglesias o la automatización y el suicidio cuando sabemos que, en la mayoría de los casos, no es más que marketing?

Crítica: Joe Satriani "Shockwave Supernova"

Siempre que Satriani publica un nuevo álbum parece que se establezca el clásico debate sobre su relevancia en cuanto a su todavía capacidad para llevar el instrumento a nuevos terrenos; como si Satch tuviese que innovar constantemente y demostrar lo que ya hizo con discos como "Surfing With The Alien" (1987), "Flying In A Bue Dream" (1989) o "The Extremist" (1992) y en esta discusión nos olvidamos de que, aparte de un gran músico provisto con un don y miles de horas de duro trabajo a sus espaldas, nos encontramos ante un compositor excepcional que, si bien nunca volverá revolucionar el mundo de la guitarra como lo hizo, es completamente incapaz de producir un mal disco y dejar de estar de actualidad. "Shockwave Supernova" es claramente superior a "Unstoppable Momentum" (2013)  y está a la altura de "Crystal Planet" (1998) siendo su mejor disco en años y digo esto insistiendo en que Satriani es incapaz de facturar un disco mediocre en ningún sentido. ¿Qué es lo que hace diferente a "Shockwave Supernova" de los anteriores, por qué es quizá su mayor esfuerzo en años o, mucho mejor, por qué éste nos convence aún más que sus últimas aventuras?

Vuelve a los controles John Cuniberti, quien no estaba en la producción desde "Professor Satchafunkilus and the Musterion of Rock" (2008) y produjo los míticos discos de "Surfing with the Alien" (1987) y "Flying in a Blue Dream" (1989). En "Shockwave Supernova", Satch se acompaña de Mike Keneally a los teclados y rítmicas, el monstruo tras los parches de The Aristocrats; Marco Minnemann que compartirá labores con, nada más y nada menos, Vinnie Colaiuta y a los bajos Bryan Beller y Chris Chaney y, por último, para este disco, Satriani decía haber creado una historia y un personaje cuyas canciones sirven como hilo conductor, rescatando piezas que había compuesto hace tiempo y quizá de ahí provenga ese sabor a discos como "Surfing with the Alien" y, en especial, a "Flying in a Blue Dream" (1989).

No es difícil sentir la primera de las canciones; "Shockwave Supernova" como una bienvenida repleta de dinamismo con una ejecución perfecta y grandes dosis de misterio. Suena diferente, actual y vibrante; como una supernova, pero también cinemática; nos cuenta una historia. Lógicamente, los discos de Satriani son instrumentales pero eso no quita para que éste haga hablar a sus Ibanez y seamos testigos de toda una aventura espacial. Ecos de "Flying in a Blue Dream" sonarán en "Lost in a Memory", construída sobre preciosos riffs (como la juguetona y divertida "Crazy Joey", con esencia de "Super Colossal") sonando inmensos y articulando un diálogo mágico con su guitarra.  En "Crazy Joey", no solo Satch está enorme sino Colaiuta en la batería y Chaney con un ritmo lento lleno de groove que, a veces nos sonará ligeramente funk e incluso reggae, mientras Joe se lo pasa en grande y nos sorprende con esos hammer-ons espectaculares. Un poco de toque bluesy en "In My Pocket" con él mismo tocando la armónica y un aderezo funky delicioso, ligero y libre.

"On Peregrine Wings" fue uno de los adelantos y, personalmente, es de esas que no me canso de escuchar con su toque exótico; quizá por el modo dorio o por Minnemann y Beller, quizá por nada y todo pero "On Peregrine Wings" me recuerda, de nuevo a "Flying in a blue dream" y me gusta su in crescendo y cómo Satriani nos hace llegar al clímax de una manera tan natural y sin estridencias, dentro de la propia dinámica de la canción. "Cataclysmic" ahonda de nuevo en ese sentimiento oriental y podría haber formado parte de cualquiera de sus primeros discos, en ella se combinan una atmósfera densa y un pesadísimo riff sobre el que él construye sus solos y nos guía a través de la canción de una manera ágil y, para equilibrar tanta densidad, nos vamos a un blues con aroma progresivo; suave, fácil y disfrutable como es "San Francisco Blue". "Keep on Movin'" se articula en torno a un cristalino teclado y me sorprende encontrarme de nuevo a Colaiuta y Chaney; parece como si Joe les hubiese reservado al material más mestizo, más jazzy/bluesy y con raíces como "Crazy Joey" mientras que para los más exóticos y espaciales hubiese reservado a Minnemann y Beller, "Keep on Movin'" no es tan arriesgada pero es una de las grandes de "Shockwave Supernova, no sólo por su interpretación sino por su sabor.

Pero mi teoría sobre el cariz de los temas se va al traste cuando en "All of My Life" nos encontramos a Minnemann siendo secundado por una percusión latina a cargo de Tony Menjivar en la canción más pasional de todo el álbum. "A Phase I'm Going Through" es una canción menor dentro de "Shockwave Supernova" y su rítmica nos recuerda inevitablemente a "On Peregrine Wings" aunque el discurso de la principal sea totalmente diferente. El sabor a Chickenfoot llega con "Scarborough Stomp" en la que Satriani parece reemplazar el clásico fraseo de Sammy con su propia guitarra y Colaiuta con un compás más cercano al soul que al rock mientras "Butterfly and Zebra" es imposible no caer en la comparación con "Whispering A Prayer" de Steve Vai pero en donde aquel alcanza aquellos orgasmos místicos con su guitarra algo forzados, Satriani la convierte en una canción de cuna; más moderada y menos histriónica que la de Vai, claro.

"If There Is No Heaven" perdemos algo de vuelo con un sonido muy, muy clásico que, una vez más, nos lleva de la mano a sus trabajos de los ochenta mientras que "Stars Race Across the Sky" es uno de los punto álgidos de la segunda mitad con su influjo plenamente jazzy, su ambiente a jam nocturna y sus teclados. "Goodbye Supernova" es un esfuerzo de Satriani por despedir el disco de manera diferente, esmerándose en encontrar nuevas texturas gracias a los arreglos -aunque sean enlatados- y un tempo calmado y profundo, ideal para que pueda explayarse mientras los sintetizadores cargan las emociones.

"Shockwave Supernova" tiene la virtud de que alberga un regusto dulzón a la época más clásica de Satch y podrá gustar a sus fanáticos, a los amantes de los discos instrumentales perpetrados por virtuosos y a ese público más profano -pero que es el más amplio- que disfruta de la buena música sin más complicaciones y aquí podrá hacerlo gracias a unas canciones que entran con facilidad sin necesidad de entender. Un disco en el que quizá el único error es su duración (y es que quince canciones sigue pareciéndome algo excesivo para un simple LP) y en el que estaríamos equivocados si dijésemos que ha vuelto el mejor Satriani porque nunca se ha ido; siempre ha sido y es tan grande como el título de este álbum.

© 2015 Jim Tonic