STEVEN WILSON sonríe en "To The Bone"

Pero no en su portada sino en algunas de sus canciones y es entonces cuando sus seguidores tuercen el gesto...

Jacksonville en Madrid...

El triunfo de RYAN ADAMS en su paso por nuestro país, con "Prisoner" bajo el brazo. Esos grandes para los que a veces parece que sí hay un reemplazo...

"Hydrograd" de STONE SOUR no es lo que parecía

Le guste o no a Corey Taylor, STONE SOUR siempre será el proyecto paralelo del cantante de SLIPKNOT...

ROGER WATERS ha vuelto, nunca se fue...

Su mejor álbum desde "Amused To Death", atrevido pero también nostálgico...

El regreso de KARL WILLETS con MEMORIAM

Un álbum de death sin alardes técnicos pero que trae a nuestra memoria el legado de Bolt Thrower...

"Emperor Of Sand" de MASTODON

El cáncer, el paso del tiempo y la redención en la nueva obra maestra de los de Atlanta.

PILLORIAN, de las cenizas de AGALLOCH

John Haughm vuelve a la carga con uno de los mejores discos del año, "Obsidian Arc"

KREATOR, el olor del buen thrash alemán por la mañana...

Su intención era continuar la senda de "Phantom Antichrist" pero han parido un nuevo monstruo aún más feroz...

TRENT REZNOR y ATTICUS ROSS mantienen las expectativas

Publicando un EP de NINE INCH NAILS bastante tibio pero que ameniza la espera del nuevo álbum...

El emotivo lanzamiento de LAMB OF GOD

"The Duke" es la historia de una estoica lucha contra el cáncer pero también de una amistad...

ESPECIAL NICK CAVE

Un repaso a la discografía principal de NICK CAVE; un viaje turbulento a través del blues, los asesinos en serie, la biblia y los esqueletos de los árboles...

THE DILLINGER ESCAPE PLAN se despiden a lo grande

Anuncian su separación pero firman "Dissociation", quizá su mejor disco hasta la fecha...

Fenriz y Nocturno Culto han vuelto con "Arctic Thunder"

Crítica y fans siguen ladrando al paso de DARKTHRONE, luego cabalgan...

Ese genio llamado DEVIN TOWNSEND

Nueva dosis de grandilocuencia, sobreproducción y exceso creativo del canadiense en "Transcendence"...

ALEMANIA no levanta cabeza...

Primero nos decepcionaron DESTRUCTION con "Under Attack" y ahora son SODOM con "Decision Day", por suerte tenemos a KREATOR.

NAILS: "Nunca serás uno de los nuestros"

Si este álbum se hubiese publicado en los ochenta estaríamos hablando de todo un disco de referencia, una obra seminal en la que muchos artistas se mirarían y buscarían para definir su propio sonido.

HARAKIRI FOR THE SKY regresan con "III:Trauma"

Los austríacos parecen firmar el final de un trilogía con su mejor álbum hasta la fecha.

¿Un disco de thrash progresivo, conceptual y ambientado en el espacio?

VEKTOR han firmado uno de los grandes álbumes del año. Tan técnico y apabullante como emocionante y épico que te deja con ganas de más.

La escapada a ninguna parte de RED HOT CHILI PEPPERS...

Aquellos que esperan reencontrarse con los Chili Peppers de siempre se darán de bruces con un disco atípico y con canciones poco inspiradas o indignas de unos músicos que podrían dar mucho más de sí y parecen haber perdido la frescura.

El irregular regreso de DARK FUNERAL

Los suecos aciertan de pleno en el título de su nuevo álbum en el que, en efecto, sólo hay sombras, poca luz y menos oscuridad...

"Magma" de GOJIRA: el disco de la polémica.

Para muchos es una obra maestra, para otros el primer paso en falso de los de Bayona. Los hermanos Duplantier, por primera vez, no cumplen las expectativas.

La decepción de DESTRUCTION...

Tras muchas escuchas, el último álbum de los thrashers alemanes muestra su gran punto débil en la composición.

ROB ZOMBIE repite la misma fórmula...

Resulta complicado evaluar un álbum que ya hemos escuchado un millón de veces a lo largo de los últimos veinte años pero con título diferente, Rob Zombie produce discos como una cadena hamburguesera; sacian al instante pero no alimentan a la larga...

La piscina con forma de luna de RADIOHEAD

Cincuenta y dos minutos y once canciones es lo único que le hace falta a la banda para demostrar que siguen siendo tan geniales como sorprendentes tras cinco años de ausencia...

Así es "Dreamless" de FALLUJAH

Mejorando el sonido en el estudio tras "The Flesh Prevails" pero con una segunda cara regular, electrónica y repleta de altibajos.

AMON AMARTH: nunca des la espalda a un vikingo

"Jomsviking" es el mejor álbum de los suecos desde "Twilight of the Thunder God", Odín vuelve a estar con ellos...

¡Nos largamos de nuevo al HELLFEST!

Nos llena de orgullo y satisfacción; otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo... le meilleur festival du monde!!

Jesse Leach se abre en "Incarnate" de KILLSWITCH ENGAGE

Y publican un álbum sólido y coherente pero la sombra de "Alive Or Just Breathing" es alargada…

"Phenotype" de TEXTURES; ¿tendremos que esperar a escuchar su genotipo?

Los holandeses vuelven con un álbum bajo el brazo para el que deberemos esperar a su segunda parte para saber si han acertado en el blanco...

IGGY y HOMME; la extraña pareja...

"Post Pop Depression" ha sido una de las grandes sorpresas de este año y el mejor desde "American Caesar"

ABBATH es el auténtico rey de Blashyrkh

El noruego demuestra que hay vida después de Immortal y se lo pone difícil a Demonaz con un álbum repleto de fuerza y frío invernal...

El púrpura de BARONESS es la mezcla perfecta del rojo y el negro...

John Baizley ha conseguido con "Purple", su cuarto álbum, mezclar lo mejor de "Red" y "Blue", regalándonos uno de los grandes discos del año.

Mucho color, poco curry y menos canciones; así es "A Head Full Of Dreams" de COLDPLAY

Un regreso forzadísimo al colorismo más exagerado con alguna influencia étnica, pop de celofán y una escasez de ideas tan abrumadora que asusta.

PERFECTAMUNDO y lo que pudo ser y no fue....

BILLY GIBBONS aparca temporalmente a ZZ TOP y se estrena en solitario con un álbum lleno de ritmos afrocubanos, altibajos y, por desgracia, el dichoso autotune.

CASPIAN; cuando la música puede ser arte.

Los de Massachussets han parido su mejor álbum hasta la fecha; arriesgando sin perder su identidad y conservando toda su emoción.

Las alas de cera de DAVID GILMOUR

El guitarrista de PINK FLOYD vuelve con un disco nuevo bajo el brazo, "Rattle That Lock", exquisito pero falto de unión y con demasiados altibajos.

AHAB queman las barcas...

Los alemanes han grabado un auténtico monstruo con canciones de más de diez minutos capaces de mantener tu atención y tu alma en vilo…

La mecánica de fluidos de TAME IMPALA

Kevin Parker, en constante cambio, se disculpa por ello en sus canciones pero firma uno de los discos del año.

Y al séptimo disco, CRADLE OF FILTH resucitaron…

Nueva formación y las canciones más inspiradas que Dani Filth ha escrito en los últimos quince años...

THE DARKNESS se hacen mayores...

Pero consiguen grabar un buen disco, menos histriónico y serio que los anteriores pero igual de inspirado...

Sueñan los drones con guitarras eléctricas

Primer paso en falso de MUSE, con "Drones" nos encontramos ante un disco sin rumbo, coherencia ni buenas canciones.

BLUR contraataca con un regreso por todo lo alto

Doce años después, los ingleses publican "The Magic Whip" y consiguen el aplauso unánime de crítica y público con un disco diferente.

La catarsis de BJÖRK

La islandesa encuentra la liberación a través de la palabra en su mejor disco en años.

DYLAN por SINATRA, en estado de gracia.

El auténtico placer de cumplir años es no tener ni Dios ni amo; decidir a quién se le da la mano...

ROYAL BLOOD vuelven a España...

Y nosotros rescatamos nuestra crítica de su álbum para ir calentando motores.

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

Han logrado que WEEZER publique uno de sus mejores discos en años, "Everything Will Be Alright In The End".

¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

PINK FLOYD se despiden...

David Gilmour y Nick Mason rinden homenaje a Richard Wright en "The Endless River", un disco bello y tranquilo.

Ocho ciudades, ocho canciones y ninguna que justifique un disco

Foo Fighters vuelven con un disco mediocre que hará las delicias de sus fans más recientes y menos exigentes.

Con máscaras y a lo loco...

Cuando uno piensa en SLIPKNOT, piensa en esa descarga de adrenalina, en ese caos en el que se convierten sus directos...

MORRISSEY en ESPAÑA: "Todo lo que necesitas soy yo"

Moz estuvo en nuestro país y recuperamos nuestra crónica de su paso por Madrid.

Cuarenta minutos de abstracción

Un disco fascinante, extraño, menor pero extrañamente bonito, diferente y excitante...

Bonamassa contra el mundo

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BRIAN FALLON, tocado pero no hundido…

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THE NATIONAL en España y nosotros nos refugiamos en su último disco...

Como dice Chuck Palahniuk, "la mejor venganza de todas es la felicidad. No hay nada que vuelva más loca a la gente que ver a alguien teniendo una vida jodidamente maravillosa" y nosotros somos felices con la música de los de Cincinnati.

IN UTERO: un viaje sin retorno

Analizamos en profundidad la grabación del último gran disco de NIRVANA y quizá de los noventa...

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¡Hemos visto a BLACK SABBATH en París!

Y te contaremos casi todo lo que Ozzy, Iommi y Butler han hecho en Bercy...

ARCADE FIRE van al Primavera, nosotros al HELLFEST

"Reflektor" es el nuevo disco de los canadienses y la crítica lo ha encumbrado a lo más alto en apenas unas horas.

PEARL JAM: Rayos y centellas

Un disco de Pearl Jam tiene sentido en pleno 2013 porque estamos hablando de ROCK con mayúsculas, de una banda auténtica que sigue estando muy viva...

¡AMÉN, hermanos, WATAIN han vuelto!

Estamos ante el mejor disco de METAL del año y Erik lo celebra invitándonos a una misa negra muy especial con "The Wild Hunt"...

Conociendo a DAVE MUSTAINE...

Tuvimos la gran suerte de poder conocerle con motivo de su visita a España en su gira con Slayer hace dos años y ahora lo recordamos, breve pero intenso.

Crítica: Lana Del Rey “Lust For Life”

Ha habido momentos en los que he temido por la salud de Lana Del Rey debido a sus entrevistas, muestras de ánimo o incendiarias declaraciones sobre el significado de la vida y las constantes menciones al suicidio pero “Lust For Life” es el primer álbum en el que Lana sonríe en su portada y parecer sentírsela en paz y cómoda, es todo un alivio verla tan relajada en un álbum que se supone que también nace de manera natural, ese ridículamente calificado como “proceso orgánico” que tanto nos gusta mencionar a los que escribimos sobre música y que, en la mayor parte de las ocasiones, poco o nada significa. Por desgracia, será la única sorpresa agradable de “Lust For Life” en el que parece confirmarse que lo mejor de la obra de Del Rey ha sido precisamente esa maniobra de escape por la cual ha pasado de competir con otras divas y estar en constante entredicho por sus apariciones o dotes para convertirse en el principal reclamo de festivales en los que hordas de indies parecen haberla adoptado como icono, es por tanto que creo que Lana Del Rey ya ha dado lo mejor de sí con discos como “Born To Die” (2012) o “Ultraviolence” (2014) y esa wildeana realidad por la que parece que Lana, en sí misma, se ha convertido en su mejor obra y quizá esta no valga demasiado la pena si la separásemos del personaje.

Según ella misma, “Ultraviolence” y “Honeymoon” la hacían sentir que su carrera no llevaba dirección alguna, una pena porque “Ultraviolence” (con Dan Auerbach de The Black Keys a los mandos) me parece notable y “Honeymoon”, lejos de la perfección buscada, fue un álbum en el que sí mostraba cierta evolución y hacía que uno se preguntase por el siguiente paso. De esa inconformidad nace “Lust For Life” en el que se nos prometía un giro de timón pero manteniendo la misma estética del anterior (que nos lo explique…), un álbum con demasiadas manos a la producción y en el que, además de mostrar una instrumentación de estética errática que parece buscar y no encontrar esa pretendida modernidad de las producciones actuales, nos enseña que el punto débil del álbum son unas letras flojas e infantiles, repetitivas y sin norte, además de un fuerte sentimiento anacrónico en su espíritu; “Lust For Life” es como ver la foto de una comuna hippie acampada en Woodstock y descubrir que uno de ellos porta un smartphone.

“Love” no está mal, es como sumergirse en un álbum del que esperamos mucho o algo diferente y descubrir que las primeras aguas no son tan frías sino más templadas, recordándonos a la obra anterior de Del Rey. Pero, para todos aquellos que se hayan llevado las manos a la cabeza con mi percepción de las letras del disco, basta escuchar “Lust For Life” (con la colaboración de The Weekend y descubrir esos versos; “Take off, take off, Take off all your clothes, Take off, take off, Take off all your clothes, Take off, take off, Take off all of your clothes, They say only the good die young, That just ain't right, 'Cause we're having too much fun. Too much fun tonight, yeah…” en una canción que comienza de manera más atrevida que lo que termina resultando y que pasa de la modernez a la languidez propia de una banda actuando en el club One Eyed Jack de Twin Peaks a las tantas de la madrugada y unos coros que recuerdan al “Revenge” (1986) de Eurythmics o esa parte narrada de Del Rey.

“13 Beaches” es una de las más interesantes como “Cherry” es de las mejores melodías si no fuese por tu patética instrumentación, esa misma que termina por arruinar por completo la canción o su letra. El autoplagio llega con “White Mustang” y Del Rey en primerísimo primer plano, dejando al piano en un discreto lugar cuando la percusión entra de nuevo arruinando por completo el fuerte sentimiento íntimo de la canción.

“Summer Bummer” es correcta como “Groupie Love” (ambas con la colaboración de ASAP Rocky) es una pequeña sorpresa en el ecuador de un álbum demasiado extenso y que hubiese agradecido algo de contención. Pero lo peor, sin duda, llega con “Coachella – Woodstock In My Mind” en la que no sólo pierde fuelle a causa de su acompañamiento sino que se debate entre la evocación de un espíritu que Del Rey no ha llegado remotamente a conocer (por generación y corte social) y la crítica social, esa que también ha hecho fracasar a Arcade Fire en su último álbum, de una generación tan estúpida como absurda que nunca, ni como crítica malsana, debería tener cabida como realidad social en ninguna canción sobre la tierra que no opte al descojone y la frivolidad.

Por suerte, la última composición carente de dirección es "When the World Was at War We Kept Dancing" porque, de manera inusual, “Lust For Life” levanta el vuelto en su recta final. No negaré que "Beautiful People Beautiful Problems" es un auténtico horror -atención a la letra; “But we're just beautiful people. With beautiful problems, yeah. Beautiful problems, God knows we've got them. But we gotta try (lie-la-lie). Every day and night (lie-la-lie)”- pero la salva la participación de la eterna Stevie Nicks y confirma que la melodía es de las mejores de todo el álbum. Como “Tomorrow Never Came” con la participación de Sean Ono Lennon (completamente al servicio de la canción) o esa triada final con la sorprendente “Heroin” sonando más a Kate Bush que nunca, el mejor piano de “Lust For Life” en la emotiva “Change” en la que Lana se permite el lujo de sonar más expresiva que nunca y abandonar la impostada languidez o “Get Free” en la que todo parece funcionar.

Con todo y con ello, “Lust For Life”, nos trae de vuelta lo mejor y lo peor de Lana Del Rey, una artista que sigue resultando igual de atractiva con cada lanzamiento y el morbo de saber si será con el que quede relegada por completo al olvido o grabe una obra maestra a la altura del personaje.


© 2017 Blogofenia

Crítica: Paradise Lost “Medusa”

Quiero creer, porque amo a esta banda, que la publicación de “Medusa” ha sido quizá apresurada para justificarlo cuando en el fondo sé que no ha sido así porque han tenido tiempo pero la escucha me hace pensar que las canciones han sido poco maduradas o les han dado poco tiempo para que realmente crezcan porque tras muchas escuchas soy capaz de apreciar las buenas ideas de unas composiciones que, habiéndoles dado quizá más tiempo, habrían terminado convirtiéndose en auténticos monstruos y la dirección del álbum habría resultado también mucho más interesante. Y puede influir en ello el hecho de que tras “The Plague Within’” le pidiésemos más aún a la banda, aquel fue un disco magnífico, lejos de la perfección pero soberbio y la gira estuvo a la altura mostrándonos a una banda sólida y en forma, con ganas de demostrar que todavía tienen mucho que decir. Como tampoco voy a hacer la consabida comparación con Vallenfyre (como aquellos que se empeñan en mentar a Bloodbath) porque son proyectos diferentes y, aunque la válvula de escape de Mackintosh me parece que responde a lo que esperamos y disfruto de sus discos, me resulta absurdo establecer comparaciones con Paradise Lost; son propuestas diferentes y a la banda liderada por Holmes no le pido lo mismo que a Vallenfyre aunque entiendo esa crudeza o violencia que muchos seguidores parecen reclamar y algunos creen ver en “Medusa”.

Caso aparte es el del ‘artwork’ del álbum, me encantan los diseños de Pol Abran y he comprado habitualmente en su tienda (la ya consabida camiseta de Sabbath y otros diseños igual de impactantes o simpáticos, algunas insignias de Doom y mi Zippo lleva la flamante carcasa de “Church Bvrner”) pero en este caso y a pesar de que creo entender lo que se ha intentado con ese sabor retro, la portada de “Medusa” no termina de gustarme. Es inútil compararla con el trabajo de Zbigniew M. Bielak porque no tiene nada que ver y no persiguen lo mismo pero no me termina de convencer para la portada de un álbum de estas características porque no evoca el espíritu del contenido; si la música recuperase esa esencia setentera del doom sería más que apropiada pero lo que Holmes y MacKintosh han compuesto suena más oscuro y reciente que la ilustración y colores.

En “Medusa” nos encontramos un álbum que funciona a medias; por favor, que nadie me malinterprete, es técnicamente imposible que Paradise Lost grabe un mal disco o que nos decepcione de manera fulminante pero como álbum flaquea. Las guitarras de Mackintosh y Aedy suenan más crudas y descarnadas que en el anterior, contundentes y primitivas en algunos momentos y la voz de Holmes (aunque no en el registro que más me gusta de él, suena todo lo cavernosa y rasgada que esperamos), “Fearless Sky” es un buen ejemplo de ello, doomy, lentísima y farragosa, pesadísima pero floja y cuesta que se fije en la memoria si no es por su segunda parte; esa que tarda más de cuatro minutos en llegar y que, por desgracia, nos devuelve a su primer riff.

Algo similar ocurre con la bruta “Gods Of Ancient” y ese cambio tan sabbathiano de riff, propio de Iommi, pero que no encierra ningún secreto o “From The Gallows” que parece más un boceto que otra cosa, sin una estructura clara, llevándonos al adelanto y claro ganador del álbum, “The Longest Winter” en la que no han faltado críticas por su sabor a Type O Negative lo que demuestra que las nuevas generaciones nunca han escuchado en profundidad a la banda de Steele o la de Holmes, como canción es quizá la más accesible del conjunto pero estamos hablando de un álbum inusualmente breve, tan sólo ocho canciones de las cuales todos esperábamos más.

Otro tema que me llama la atención es el sonido de la batería, es el primer disco con Waltteri Väyrynen tras la marcha de Adrian Erlandsson y, no achacándole toda la culpa a él, no me gusta cómo suena la batería en “Medusa”, me parece que está en demasiado segundo plano; las guitarras se la comen y echo de menos cierta pegada o profundidad.

“Medusa”, la canción, peca precisamente de falta de fuerza, no hay épica o una dinámica que nos atrape, no hay un estribillo que nos haga hervir la sangre o un riff que se apodere de nuestras visceras, es tan sólo el lento arrastrar de una canción que no llega a despegar, como la flojísima “No Passage For The Dead” en la que ni siquiera me termina de gustar el sonido de las guitarras. ¿Qué ha pasado para que una banda que graba “The Plague Within’” grabe una canción así en la que ni siquiera parecen ir al mismo tiempo? Por fortuna, “Blood And Chaos” o “Until The Grave” son dignos finales a un álbum que parecía haber perdido fuelle tras la cuarta canción pero, aún así, son dos flacos intentos de insuflar vida a aquello que hace tiempo que carece de ella, quizá deberían haberse planteado de nuevo todo “Medusa” y haber empezado de nuevo…

Como regalo, “Shrines”, quizá la única que podamos salvar de la quema entre dos canciones menores como “Frozen Illusion” o “Symbolic Virtue” en la que se demuestra que algo sigue fallando, que la batería de Väyrynen no termina de sonar y a las canciones les falta chispa.

Un disco con algunas buenas canciones y la calidad habitual de Paradise Lost pero no a la altura de sus últimas entregas y lo que esperamos de ellos; se me hace corto y con menos cuerpo que el anterior. Habría preferido tener que esperar un poco más y tener un disco más sólido, no me gusta cuando tengo la sensación de que una banda publica discos en automático o sin reflexión y “Medusa” apunta a ello, doliéndome más en Paradise Lost. Por lo menos, nos servirá de excusa para volver a verles sobre el escenario y esta vez acompañados de Pallbearer y Sinistro, no hay bien que por mal no venga.

© 2017 Lord Of Metal

Crítica: Arcade Fire “Everything Now”

Que a crítica y público le haya decepcionado “Everything Now” de Arcade Fire dice mucho de ellos pero más de una banda que desde el principio ya prometía este tipo de sinsabores porque es a lo que aspiraban; me explico lejos de la ironía, no es que su máximo deseo fuese defraudarnos pero tampoco podremos sentirnos engañados por la dirección tomada porque todo apuntaba a esto. No es que considere “Funeral” un mal álbum, todo lo contrario, fui de aquellos que pasó por caja -vía Bowie- y descubrió un grandísimo debut, lo mismo me ocurrió con el a veces desconcertante “Neon Bible” y el genial “Suburbs”, acudí a su gira y he de reconocer que aquello fue grande o así lo sentimos todos los allí presentes, pero no sentí nada en absoluto con “Reflektor” y la banda en que se han terminado convirtiendo tras aquel (es quizá el momento de recordarle al lector que no me gusta deberle nada a los artistas y sí a sus obras; por mucho que sus tres primeros discos tengan calidad no quiere decir que si publican algo que no esté a la altura deba defenderles a capa y espada por toda la eternidad, a eso se le llama fanatismo y con él se termina cayendo en el ridículo. Recurriré a “Funeral” o “Suburbs” pero renegaré de “Everything Now”, no hay problema…)

Pero el cambio en los canadienses es mucho más profundo y actualmente de ellos no me gustan sus ínfulas arty (por las cuales juegan con estrategias ya desgastadas por otros artistas como crear una banda o un disco falso bajo el que ocultarse a modo de jugueteo y estratagema publicitaria; webs, redes sociales o supuestas campañas virales a cada cual más rancia y aburrida. Me refiero, todo esto tiene sentido cuando de verdad llevas el engaño hasta sus últimas consecuencias y logras ese retorno de promoción al descubrirse el simpático pastel pero no cuando todo el mundo sabe desde el principio que eres Arcade Fire jugando a ello y el resto del mundo, lejos de tus seguidores, no sabe siquiera de tu existencia), su pretendida genialidad, su apariencia de colectivo artístico cuando en realidad son tan sólo una dictadura de Win Butler y tampoco me gustan su estética artística, su ya falsa espontaneidad o cómo pretenden camuflar su falta de ideas remozando las geniales de otros. En definitiva, Arcade Fire parecían tenerlo todo y han tardado sólo tres discos en descubrirse y convertirse en la banda indie más mainstream de todas pero nada de esto tendría la mayor importancia más que el gusto subjetivo de cada uno si hubiese canciones que lo soportasen, no es el caso.

Y no es que no lo hayan intentado, la carrera de Arcade Fire -aunque a la postre, poco original- no ha sido precisamente poco valiente. Si en “Funeral” se centraban en el dolor de la pérdida, en el paso del tiempo y “Neon Bible” volvían la vista para mirarse a sí mismos, en “The Suburbs” lograron lo que muchos creían imposible y el gran público finalmente se acercó a su propuesta, la reinvención llegó con “Reflektor”, un álbum necesario y en el que apostaron por el cambio, la posmodernidad se mezclaba con la música; no era la primera banda que jugaba a aquello y el álbum podría haber resultado redondo si las canciones hubiesen acompañado pero, de cierta manera, aquello funcionaba. Sin embargo, en “Everything Now” las musas siguen sin acompañarles y los temas en torno a los que orbitan las canciones del disco son infinitamente menos interesantes o relevantes que en aquel.

El porqué puede resumirse en que la nueva y siempre cambiante sociedad de la tecnología, la crisis de la comunicación interpersonal, el aislamiento, la hiperinformación y esos mitificados millenials (un burro sentado frente a un ordenador no será más listo, tan sólo un burro sentado frente a un ordenador) que hacen interesantes a la absurda generación Y para la que ya no quedaron estereotipos en la literatura tras la X, son tópicos que ya no producen ningún interés en el oyente cuando además la crítica social de la banda es tan flojita que a veces uno duda de su propio carácter, cayendo a menudo en la ambigüedad o directamente en la incomprensión.

Mientras que otras obras de finales de los noventa nos planteaban preguntas que tendríamos que responder con el paso del tiempo y había en ellas una mezcla de frustración, rabia e impotencia dignas de nuestro interés, “Everything Now” (las dos palabras más bonitas de la lengua inglesa, según Arcade Fire, claro) ahonda en cuestiones que aburren al oyente con un mínimo grado de exigencia o a ese otro que se acerca a la obra de Arcade Fire buscando algo diferente y se encuentra un inofensivo jersey de temporada. Con todo y con eso la canción que da título al álbum es quizá de lo mejor, lo más accesible, que encontraremos en él gracias a ese pegadizo piano y el énfasis en el estribillo o “Creature Comfort”, otro buen ejemplo del desaguisado de este disco y es que la canción podría haber funcionado mucho mejor si Win y Régine hubiesen cantado dentro de tono…

Por otra parte, a ese concepto, a esas palabras, hay que sumarle un envoltorio musical aún más rancio; sintetizadores y un sonido tan artificial y vacío que hace un flaco favor a unas canciones ya de por sí poco inspiradas. “Peter Pan” o “Chemistry” con composiciones mediocres en el amplio sentido de la palabra, no por la absurda reinvención reggae del compás o por los efectos y el trabajo de posproducción -incapaz de enmascarar lo que son- sino porque no merecen la pena perse. Como ”Signs Of Life” y la repetición una y otra vez de las mismas palabras, los mismos esquemas, la misma progresión, el mismo compás, alargando de manera innecesaria canciones que no necesitan de ningún segundo de más para llevarnos a ninguna parte o ese fraseo de Butler que él mismo ha defendido que no es rapeo aunque la síncopa de sus palabras evidencien lo contrario. En concreto, “Signs Of Life” o “Peter Pan” (me recuerda a lo peor de Strummer cuando se obsesionaba por el reggae y los efectos, como también “Chemistry”) podrían situarse entre lo peor que los canadienses han firmado y seguramente firmarán.

Como esos “Infinite Content” e “Infinite_Content” de poco más de minuto y medio ambas; bocetos, interludios, fragmentos, píldoras, llamémoslo como queramos para intentar justificar lo absurdo, indignas en todo caso de denominarse canciones y que nos dejan en manos de aquellas como “Electric Blue” con Arcade Fire jugando a ser Daft Punk o “Good God Damn” buscando un rumbo hace tiempo perdido, la supuestamente irónica -pero en el fondo igualmente vacía- “Put Your Money On Me” y de nuevo la copia a otros franceses, en este caso Air. Trece canciones de las cuales se pueden salvar “Everything Now” y quizá “We Don’t Deserve Love”, trece piezas con letras verdaderamente horribles, escritas sin mucho tino y a la Tristan Tzara -ya se sabe- pero sin el encanto de un tipo tan inteligente como Bowie o la precisión quirúrgica de Yorke en su crítica, no hablemos ya de instrospección alguna o análisis posterior.

Es, sin duda, el peor álbum de Arcade Fire hasta la fecha (y esta última puntualización sí que resulta todo lo dramática que pueda sonar por lo mucho que se esperaba y lo poco que parece aguardarnos de seguir por este camino) aunque de él se pueda extraer alguna sonrisa, forzada y de medio lado. Encumbrar a algunos artistas y sacarlos de su liga para querer que compitan con otros sólo genera discos como “Everything Now” y, a menudo, el error no está en el resultado sino en las expectativas…

© 2017 Conde Draco

Crítica: Rex Brown “Smoke On This”


Siempre se ha tendido a menospreciar a Rex Brown como artista, que no como bajista, ya que mientras Phil Anselmo se embarcaba en mil y un proyectos, Vinnie Paul y Dimebag hacían carrera lejos de Pantera, el bueno de Brown parece haber estado siempre relegado a ser mero comparsa y mucho ha ayudado su discreta manera de afrontar su carrera o lo mucho que ha tardado en publicar lejos de sus compañeros, al servicio de otros (Down, Kill Devil Hill), en su nuevo proyecto que, para colmo, es en solitario, bajo su propio nombre y con una foto suya en la portada (lo que en sí mismo no indica nada sobre el contenido pero sí de sus intenciones, sin ocultarse tras otro nombre). Y quizá esa tardanza se deba a un problema de confianza, de salud, comodidad o, simplemente, no había encontrado la necesidad y las canciones pero el caso es que “Smoke On This” finalmente ya es una realidad.


Con un enfoque puramente hard rock (muy lejos del groove que tan buenos resultados les ha dado como banda y en solitario a Phil o a Vinnie con Hellyeah y también del hard más acomodado de Kill Devil Hill), Rex no inventa nada pero tampoco parece interesado en ello (es más, en alguna ocasión el plagio o el homenaje es más que descarado en ese puntito tan postgrunge en el que el autor parece haber querido centrar su primera obra) pero, a pesar de que no haya sorpresa alguna, “Smoke On This” entra bien y a la primera, resulta sólido, y aunque adolezca de cierta pegada o canciones como singles que justifiquen el álbum, la cohesión entre ellas es innegable.

Quizá porque son canciones compuestas con el corazón y sabe que va a ser examinado bajo la atenta mirada de aquellos que le escuchamos en los noventa y también por esos otros que ni tan siquiera se van a tomar la molestia en escucharlas por ser quien es (a veces el éxito y pasar a la posteridad es un arma de doble filo cuando aún sigues vivo), Rex quería evitar a toda costa cualquier comparación con la música de Pantera y es que el bajista, ahora también guitarrista, ha querido alejarse del pesado y agresivo groove tejano que la banda practicaba como estrategia para que este “Smoke On This” cobre vida. Nada en contra, si atendemos a su carrera, sabremos que Brown tiende más hacia el polvoriento hard de tabaco y encanto sureño que al metal.

Golpe de Zippo y “Lone Rider”, un riff grueso y un acompañamiento sencillo pero efectivo, en torno a la guitarra y la arenosa voz de Brown como el medio tiempo de “Crossing Lines” o “Buried Alive” sonando más a Alice In Chains que nunca con esas guitarras acústicas llenas de magia de los noventa. Brown no se complica, hace la música que le sale del corazón, y tampoco esconde ninguna carta, “Train Song” es el enésimo traqueteante riff que un artista asocia con el movimiento de un tren sobre los pernos de la vía, sin sorpresas pero todo muy agradable.

Influjo oriental beatliano en la introducción de “Get Yourself Right”, quizá la más interesante de todo el conjunto y lejos del resto de canciones de puro y llano rock. Mentar a los de Liverpool no es una cita gratuita, “Fault Line” y su slide evidencian la querencia de Brown por el buen pop sino fuese por su garganta macerada con bourbon.

A partir de aquí es cuando el antiguo bajista de Pantera nos sorprende en una segunda cara atípica; “What Comes Around…” en la que las guitarras acústicas se mezclan con la distorsión o la ligeramente funky setentera horripilará a los seguidores de Pantera, tanto o más que la balada “Best Of Me” o la atípica “One Of These Days” en la que Brown se permitirá cantar sin acompañamiento o disfrutar de su banda en un ambiente mucho más distendido que bien parece arrancarse en un final coral al más puro estilo McCartney y en el que únicamente “So Into You” añadirá algo de leña a esta segunda cara.

Rex firma un trabajo a su manera, sin grandes estridencias pero que deja un buen regusto en el oyente y le mantiene al margen y con dignidad respecto a la leyenda en la que se han convertido Pantera con el paso del tiempo y una creciente base de seguidores que aún llevaba pañales cuando Dimebag fallecía sobre el escenario de Columbus. Como Phil o Vinnie, Rex es un superviviente y no hay crítica posible a aquellos que se levantan una y otra vez, más cuando ya lo han logrado con éxito varias veces en el pasado, da igual si solos o acompañados. No todos los discos tienen que pasar a la historia o convertirse en hitos, a veces también sirve como terapia para exorcizar los demonios de la memoria…


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Crítica: Alice Cooper "Paranormal"

Aquellos que se han llevado las manos a la cabeza por este, el nuevo álbum de Alice Cooper, es porque poco o nada saben de Vincent Furnier, y además de sus éxitos seguro que poco o nada han indagado en una discografía, a veces irregular, pero fundamentalmente notable. Y es que Cooper, como ya he señalado en más de una ocasión, hace muchos años que se olvidó de su faceta más experimental como compositor y supo ver dónde estaban los billetes, transmutado en ídolo del hard y cabeza de festivales de metal, nada en contra de ello; adoro a Cooper cualquiera que sea su encarnación pero esta última es tan sólo una cara más de su complejo universo como creador. Por tanto, he recibido “Paranormal” con una sonrisa, no me refiero a él como su mejor álbum porque eso sería hacerlo competir con títulos inmortales como “Love It To Death” (1971), “Killer” (1971), “School’s Out” (1972), “Billion Dollar Babies” (1973), “Welcome To My Nightmare” (1976) o su resurgimiento a finales de los ochenta con “Trash” (1989) pero entre medias de aquel de los setenta y el último mencionado sí que podría ubicar este “Paranormal”, allá donde otros grandísimos títulos como “Alice Cooper Goes To Hell” (1976), la novela negra de “Lace And Whiskey” (1978), la locura de “From The Inside” (1978) y sobre todo aquellos “Flush The Fashion” (1980), y los incomprendidos y criticados “Special Forces” (1982) y “Zooper Catches Skin” (1982) se hayan.

En “Paranormal” no hay arañas, telas, calaveras y pitones, es un disco de rock con invitados de auténtico relumbrón y de nuevo Bob Ezrin en la producción. En lo personal es un álbum que he quemado, lo he escuchado hasta la saciedad desde su filtración y lo he podido disfrutar; tiene sus defectos, por supuesto que sí, pero sé disfrutar de sus virtudes. La presencia de Larry Mullen Jr. de U2 es completamente anecdótica pero hay algo bueno en ella y es justo reconocérselo y es que el irlandés se convierte en un buen acompañamiento para Cooper, abandona además todos sus recursos al frente de U2 (ya se sabe; timbaletas y panderetas se quedan atrás) para abrazar un sonido más crudo, menos adornado y más básico, su forma de tocar nos recordará al rock más clásico con el que Mullen creció, lejos de las mismas sonoridades, tocará en nueve de las diez canciones de “Paranormal”, cediéndole la banqueta al mítico Neal Smith en “Rats” (una canción más directa, más punk y acelerada) y es que, para colmo, “Paranormal” incluye a los miembros originales; Michael Bruce, Dennis Dunaway, Steve Hunter, Tommy Denander, Nick Didkovski, Tommy Henriksen y, claro, Ezrin al teclado. ¿Cómo puede salir mal un álbum así, quién puede quejarse?

Sorprendentemente, para la nómina de invitados, “Paranormal” no se ve como un pastiche de la época gloriosa de Cooper y posee un fuerte sentimiento de unión en su propuesta. La inicial que da título al álbum (con el también legendario Roger Glover de Deep Purple al bajo), es rock sin ambajes con un comienzo épico y la voz de The Coop sonando sin afectación alguna, su garganta ha envejecido magníficamente bien para su edad y podría también afirmar, sin temor a equivocarme, que como artista está atravesando un momento dulce en el que está recogiendo los frutos de décadas de esfuerzo, reconocimiento y una carta blanca para hacer lo que le venga en gana que nunca ha necesitado pero que ahora le permite grabar un título como “Paranormal” y seguir encabezando esos festivales que tanto le gustan a él y a nosotros, por qué no...

La guitarra de Denander en “Dead Flies” colorea la canción con tintes funky hasta el solo en el que vuelve a terrenos más abrasadores y propios del rock. La urgente “Fireball” suena tan bien como podría haber sonado en los setenta y de nuevo volverá a sorprendernos la voz de Cooper como el single “Paranoiac Personality” con ese caluroso y viscoso sonido de bajo de Jimmy Lee Sloas al comienzo de la canción. Sé que a muchos les decepcionó un single así pero Cooper consiguió lo que quería y es sonar, llamar la atención y despertar el interés y vaya si lo ha logrado. No veo nada de malo en “Paranoiac Personality”, es pegadiza y con otro tratamiento podría haber formado parte de cualquiera de los últimos discos de Cooper, ¿qué hay de malo? Los efectos a cargo de Ezrin y Henriksen como su guitarra junto a Denander son una maravilla. ¿De verdad alguno de esos que critican la canción se han parado a desmigajarla y escuchar todo el trabajo que contiene? Me imagino que no…

No pasa nada, “Fallen In Love” tra el influjo de blues de carretera con, nada más y nada menos, que Billy Gibbons de ZZ Top, ¡qué maravilla de fraseos! “Dynamite Road” es puro Ram Jam en su riff y de nuevo a viajar con ella y Cooper relatando mientras sus amigos parecen unirse a la fiesta con su traqueteante ritmo. En “Private Public Breakdown” bajará las revoluciones con un medio tiempo más juguetón mientras que los metales nos traeran a la cabaretera “Holy Water”, quizá lo más cerca que nunca estaremos de reencontrarnos con la formación original de Alice Cooper, ¿qué puedo decir? Suena espectacular.

Una pena es despedir un disco como “Paranormal” con una canción tan desoladora como “The Sound Of A”, más cercana a la tristeza infinita que a veces transmiten las canciones de Floyd (y su mítico disco del 77), algo por lo que Cooper nunca ha ocultado su pasión, pero que hace que recurramos con celeridad a pinchar el comienzo del disco o nos vayamos ansiosos al regalo que trae consigo en forma de directo en Ohio o los extras que son “Genuine American Girl” y la resultona “You And All Of Your Friends”.

Hace poco charlaba con un amigo sobre “Paranormal” y me lloraba amargamente que no sonaba a Alice Cooper, no puedo culparle, no ama la obra de Furnier más allá de “Poison”, “No More Mr. Nice Guy” o “School's Out” y este álbum gustará tanto como el que lo escuche conozca o no a Cooper y ahuyentará a extraños y merodeadores, no pasa nada, es un lujo vivir en el mismo planeta que Cooper…


© 2017 Conde Draco

Crítica: Royal Blood "How Did We Get So Dark?"

Me sentía completamente incapaz de ver su primer álbum como una novedad más allá de lo resultón de sus singles y, mientras que muchos chavales veían las bondades de una banda como Royal Blood, comprobé en directo que aquello pinchaba. ¿Cómo les explico a todos esos críos que aquel primer álbum fue tan sólo un meneíto? Mejor dicho, ¿cómo me van a justificar ellos un disco tan horroroso como “How Did We Get So Dark?” en el que la banda puesta de moda por el agotador Dave Grohl se muestra incapaz de justificar una propuesta que no es más que unos Queens Of The Stone Age de bajo calibre mezclada sin mucha gracia con una caricatura de The White Stripes? Comienzo seriamente a creerme que en el mundo de la música hay una maldición para todos aquellos que osan reírse de Chad Kroeger y Nickelback y es que las musas suelen ser especialemente crueles con los discos de aquellos que pretenden mofarse en las redes de los canadienses más odiados de todos. Pero lo peor de todo no es que este álbum no suponga evolución alguna y ni siquiera contenga una canción remotamente parecida a “Out Of The Black” o “Figured It Out” sino que es tras aquella con la que abren el disco, la homónima “How Did We Get So Dark?”, quizá la más pegadiza y en la que se descubren tan carentes de ideas como ansiosos por llegar a un público aún mayor (el puente y el falsete de Kerr es horrendo y Thatcher no logra que la canción explote), llega la vergüenza, el escarnio de haberse mostrado tan orgullosos y seguros de sí mismos en las entrevistas de la prensa internacional como para, ahora que hay que darlo todo, sean tan jodidamente incapaces de firmar una sola canción que no parezca un plagio y no muestre unas terribles ganas de asaltar las listas o festivales universitarios de otoño.

“Lights Out” será quizá la última en la que encontremos un estribillo que recordemos pero también a un bajista cortito y sin pericia como Mike Kerr que empleará una y otra vez los mismos recursos o un batería sin pegada alguna, sin fuerza y aún más incompetente con las notas, que puede presumir de tanta actitud en directo como falta de ganas en el estudio. No serán pocos los que salten a mi cuello, ¿habrán escuchado “Lights Out” y el momento trotón de Thatcher en el minuto 2:27? No le pido que sea Neil Peart pero sí que aprenda a tocar. Me resulta inconcebible que una canción de apenas cuatro minutos muera a la mitad.
La elección de un single como "I Only Lie When I Love You" dice mucho de este inusualmente corto segundo álbum en el que nada parece funcionar sino es como excusa para seguir con la gira del anterior y sumar alguna canción al directo y es que Kerr fracasa en la composición con unas letras completamente horribles (no pasa nada, en los países hispanohablantes nadie les presta atención y los que lo hacemos somos tachados de esnobs) como parece haber cambiado ligeramente su forma de cantar sintiéndose tan débil y quebradiza su garganta en esos agudos o falsetes con los que pretende jugar en canciones como “She’s Creeping” que su voz de teleñeco hace parecer Glen Benton a Justin Bieber.

Como los intentos de querer emular a la banda de Josh Homme en “Look Like You Know” o la vacuidad más absoluta en canciones como “Where Are You Know?” o “Don’t Tell”, una aburridísima muestra más de que la mágica unión de un bajo y una batería será siempre reducida a base rítmica cuando no hay una guitarra y menos aún pericia en las manos de los músicos. En concreto, “Don’t Tell” podría haber sido cantada por Justin Timberlake con más nervio o ganas.

Vagos intentos de convertir absurdas cancioncillas infantiles como "Hook, Line & Sinker" en rock gracias a un repetitivo riff en el que Kerr tampoco se muestra especialmente imaginativo como su particular forma de frasear hasta resultar irritante. La clara evidencia de una propuesta con las patitas tan cortas como la de Royal Blood y es que cuando escuchamos “Hole In Your Heart” tenemos la pesadísima sensación en el estómago de haberla escuchado una y otra vez cuando Kerr y Thatcher se muestran incapaces de componer una canción que suene diferente o nos haga levantar una ceja.

Pero todavía falta una despedida a la altura de semejante desbarajuste, “Sleep”, en la que no tendremos sensación alguna de haber avanzado, de haber escuchado a un par de chavales con ganas de comerse el mundo y de los que se esperaba tanto en este segundo álbum que no deja de ser la confirmación de que son una banda inofensiva, adolescente, de pulserita de festival, de porrito escondido en el hueco de la mano, acné, un directo y un recopilatorio que es lo que les espera a la corta antes de que caigan en el más absoluto olvido o se separen y terminen envueltos en cualquier otro proyecto. Chad Kroeger ríe desde Canadá pero la gran diferencia es que ahora no lo hace a solas sino junto a medio mundo. Qué complicado debe ser para Thatcher tener que lidiar con la mediocridad y seguir créyendote que eres John Bonham en las entrevistas…


© 2017 Jim Tonic


Crítica: Nine Inch Иails "Add Violence"

Admiro a Reznor por muchos motivos, el principal es por su inquietud por intentar llevar la música allá donde otros músicos no están interesados, e independientemente de los resultados, es innegable que persiste en su búsqueda con mayor o menor fortuna. Dudo mucho que actualmente cualquiera que se acerque a Nine Inch Nails, sin haber conocido su carrera en profundidad, entienda en el punto que actualmente se encuentra Reznor como artista o valore su andadura; es algo similar a contemplar las obras tardías de un pintor, desde “Pretty Hate Machine” hasta a “Add Violence”, como compositor ha sufrido una tremenda evolución (sin dejar de perder sus señas de identidad y obsesiones propias) pero como artista ha sido capaz de abandonar su zona de confort y romper con su sello, distribuir su música completamente gratis (algo que es de vital importancia según las ventas de cada uno), dejar de girar para intentar ofrecer algo excitante en directo o colaborar con otros artistas en otros ámbitos como son en el cine o a nivel empresarial con Apple. Para Reznor lo fácil habría sido repetir una y otra vez la misma fórmula y no convertirse en un kamikaze con proyectos que muchas veces no han tenido la repercusión esperada (How To Destroy Angels) o experimentos que pocos han entendido a excepción de sus fans.

El segundo EP de la supuesta trilogía iniciada con “Not The Actual Events” continúa ese viaje en el que él y Atticus Ross se han embarcado desde hace mucho y que ha convertido a Nine Inch Nails en un dúo en lo que al estudio respecta, al margen de lo que ofrezcan en sus conciertos. Es verdad que poco sorprenderá a los que ya conozcan a Reznor y tampoco impresionará a esos otros que sólo creen en él cuando su propuesta se extrema pero lo que debería interesarnos en "Add Violence” es Reznor como compositor y “Less Than” sea quizá una de sus mejores cartas de presentación en años a pesar de su sabor a “Hesitation Marks”. Referirnos a ella como un single no deja de ser algo arriesgado en el universo de NIN pero es tan sólida como cualquiera de sus mejores anticipos, ligeramente electrónica y con sabor a otro tiempo hasta que coge fuerza. Pero quizá la mejor pieza del EP y por la que será recordado sea “The Lovers” por esa tensión, además de la melodía y su pulsión o por cómo Reznor nos guía con su voz, demostrándonos que no necesita de una banda o un megafóno para arrinconarnos con sus relatos.

Como la oscura "This Isn't the Place" podría haber sido una canción soul con otro tratamiento y aquí, por obra y gracia de Ross y Reznor (esos dos músicos cansados del rock y de la poca excitación que transmiten los discos ahora), se convierte en una oscurísima pieza que sirve de enlace a “Not Anymore” en la que el autor de canciones tan cáusticas como las que ha firmado en el pasado, admite y parece clamar por esa identidad que en su letra asegura no haber perdido y saber perfectamente quién es como si tuviese que justificarse en tan sólo las cinco composiciones que integran este EP y que suponen un auténtico cajón de sastre con todas las influencias asimiladas a lo largo de su vida.

Para cerrar, “The Background World”, una canción polémica por su duración y que la mayoría de oyentes desestiman debido a esos siete minutos de repetición con los que concluye. Siendo una de mis preferidas -junto a “The Lovers”- aprecio los primeros minutos y me gusta cómo ese ritmo obsesivo concluye en la más pura abstracción, entiendo lo que buscan Reznor y Ross o creo entenderlo y es verdad que siete minutos son demasiados pero también que son el final perfecto para un EP en el que además de mostrarnos a un artista que madura a nivel compositivo con cada lanzamiento, también nos enseña su profundo amor por la estética a través de texturas y una paleta de sonidos tan rica como siempre.

Quedamos a la espera del tercer EP, ese que nos mostrará un cuadro muy diferente al que Reznor nos ha tenido acostumbrados y cuya escucha al completo seguro que nos deja tan satisfechos como bocado a bocado. ¿Quién dijo que los artistas se adocenan con el paso del tiempo? El quid de la cuestión está en que su público no lo haga y crezca paralelo a su paso, algo mucho más complicado, sin duda…


© 2017 Jim Tonic


Crítica: Steven Wilson "To The Bone"

Hay momentos en los que uno se distancia de la obra de un artista por motivos ajenos a este y quizá eso sea lo que me ocurrió con Steven Wilson tras su pretenciosa gira con “The Raven That Refused to Sing (And Other Stories)” (2013) y su encumbramiento por parte de unos seguidores que, lo quieran admitir o no, han nacido tarde para el progresivo y necesitan de ídolos, forzando la comparación innecesaria. Así, “Hand. Cannot. Erase.” (2015), aún siendo notable, fue elogiado desde el primer segundo por gente que hablaba de él como si de un moderno “The Dark Side of the Moon” (1973) se tratase al que afortunadamente el tiempo ha puesto en su justo sitio y he de confesar que, aunque fue divertido leer todos aquellos suspiros y recibir encendidas amenazas por cuestionarlo, odio el fanatismo en todos los ámbitos de la vida. Es por eso que quizá entré en barrena con Wilson porque, en mi modesta opinión -y a pesar de su inmenso talento- él, en su persona, resume perfectamente lo mejor y lo peor de la caricatura en la que el prog se ha convertido en nuestros días y con él sus fans; esos tan intensitos.

Pero con un artista como él es fácil sentarse a ver el cádaver de su público a pasar y era cuestión de tiempo que esos que tanto le amaban, de manera inmediata pero también fugaz (como esos romances de verano que suelen terminar en desgracia y despechos adolescentes aún peinando canas), acabasen renegando de su ídolo cuando este se niega a hacer una y otra vez el mismo numerito. Algo así suele ocurrir cuando no se conoce al artista, cuando se consume su discografía vía streaming en vena durante un fin de semana y se cree asimilar años de evolución en tan sólo veinticuatro horas; picoteando de aquí y de allá, de Porcupine Tree a Storm Corrosion, pasado por Blackfield o “Insurgentes” (2009). Así, de la misma forma que renegué de “Hand. Cannot. Erase.” y forzando la comparación con los sobresalientes “Grace for Drowning” (2011) o “The Raven That Refused to Sing (And Other Stories)”, “To The Bone” se ha convertido en una deliciosa sorpresa que -aunque de fresca tiene poco- ha conseguido que vuelva a mirar a Wilson con respeto por su valentía, su no mirar atrás y aún más diversión a sus fans, a los que cada vez respeto menos; esos que antes le comparaban con Robert Fripp y ahora justifican su cambio mentando a Tears For Fears o a ABBA, gente para la que Ulvaeus, Andersson, Fältskog y Lyngstad son tan desconocidos y suenan tan exóticos como para un chaval de la E.S.O. los reyes godos, ver para creer, mi risa se escuchaba hasta en Canterbury. No me dirán que los nuevos proggies no son adorables….

La armónica de Mark Feltham comienza a sonar en “To The Bone” y, más allá de la novedad, o el irrelevante toque oriental en la armonía vocal de Wilson y la guitarra del eslovaco David Kollar mezclado con su toque funky, llama la atención la producción –quizá la ayuda de Paul Stacey, tan alejado de las cordenadas habituales de Wilson- presentando un sonido más complaciente, accesible o, si se me permite, amable. Puede ser que “Nowhere Now” nos engañe un poco con ese comienzo ensoñador y creamos que Wilson es el de siempre pero esas guitarras acústicas llenas de brillo, ese contrapunto en el piano, los arreglos y los coros sobre los que se apoyará durante todo el álbum nos demostrarán que algo ha cambiado, como ese slide...

No fueron pocas las críticas que recibió “Pariah”, con la ayuda de Ninet Tayeb, desde aquellos seguidores que parecen cerrarse como una ostra cuando un artista decide grabar lo que le apetece, esos mismos que han comparado la voz de Wilson con la de Owl City o han criticado hasta la saciedad el videoclip. La única verdad es que “Pariah”, aunque quizá llegue tarde en el tiempo para hacernos creer que es más novedosa de lo que realmente es con su invocación al Trip Hop, es una canción bonita, muy propia de Wilson, completamente emocional. Una pena –o una virtud- que el clímax se rompa con “The Same Asylum As Before” y ese falsete, una composición en la que se atisban buenas ideas pero casi todas naufragan sin llegar a buen puerto y quizá el interludio de las guitarras sea lo único que merezca la pena para salvar realmente de los más de cinco minutos de duración.

“Refuge” es mucho más atrevida y es la mejor representante de ese sonido al que Wilson quería llegar (ya saben, ese reinvidicación por los ochenta y Kate Bush pero también la banda de Roland Orzabal) y es que “Refuge” suena completamente a Peter Gabriel e incluso la evolución de la canción y cómo se construye nos recordará al cuarto álbum del que fuese el alma de Genesis entre el 70 y el 75 (¡por Dios, qué maravilla de discos aquellos!) y su célebre “San Jacinto”. El único problema de “Refuge” es que le ocurre algo similar que a “The Same Asylum As Before” y es que, en lugar de prender, termina desbaratada en sus últimos minutos tras el solo.

De Peter Gabriel a Paul McCartney en “Permanating”, ¿quién le iba a decir a todos los seguidores de Wilson para los que el beatle no es cool que su ídolo iba a terminar firmando una canción como esta? No, nunca será mi canción preferida de su repertorio y no creo que sienta nada parecido a felicidad cuando la interprete en directo si no es por mirar a la masa aferrada a las primeras filas intentando disfrutar de una canción que les es claramante antipática pero “Permating”, más allá de todo eso, es entretenida y valiente. ¿Tanto cuesta entender que Wilson ha grabado lo que le ha venido en gana en “To The Bone”?

Hay lugar para el intimismo, para las sombras tras las luces, con “Blank Tapes” de nuevo con Ninet o un poquito de arrojo y un sonido más cercano al de siempre en “People Who Eat Darkness” o de nuevo sonar como Peter Gabriel mezclado con Portishead con la ayuda de Sophie Hunger y que hace que me pregunte, ¿para cuando un dueto con Beth Gibbons? Pero Wilson, sabedor de lo que su público pide, se guarda un as en la manga; “Detonation”, nueve minutos de prog contenido o ese “Song Of Unborn” que recuerda a “Happy Returns” para que ninguno de esos que ha llorado sangre se crea que ha comprado el “Flowers In The Dirt” en lugar de la nueva magna obra del hijo secreto de Fripp.

Un álbum que –valga el sempiterno tópico- requiere de muchas escuchas pero quizá no por su complejidad o porque su calidad se vea cuestionada sino por el crisol de influencias y lo divertido de intentar adivinarlas o buscar al Wilson de siempre bajo diferentes estéticas. Valiente, desde luego que sí, el inglés sigue teniendo mi respeto después de tantos años…


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Crítica: Decapitated “Anticult”

No puedo decir que este “Anticult” me haya cogido por sorpresa, ni siquiera que no me esperase algo así tras una actuación tan “trotona” como la que me encontré en la última edición del Hellfest en la cual, con todos mis respetos por Decapitated y lo mucho que de verdad adoro a Randy Blythe y su banda de Virginia, me encontré con unos polacos queriendo sonar como Lamb Of God. Y tampoco quiero pecar de esnob o auténtico si afirmo que, a mi gusto, el mejor álbum de Decapitated es precisamente su debut, “Winds Of Creation” (2000), como que poco o nada entiendo una carrera tras la muerte de “Vitek” en el 2007 o el que parece el triste destino de “Covan”, sin desmerecer precisamente a “Sauron” con quien grabaron sus mejores discos. ¿Por qué no entiendo a Decapitated sin “Vitek” a pesar de que “Carnival Is Forever” (2011) me pareció un regreso a la altura y además también pude disfrutarles en directo constatando su buen estado de salud? Pues porque la propuesta de Decapitated ha ido cambiando -progresando que dicen los más comprensivos- para finalmente y en este “Anticult” haberse convertido en una banda de death metal con querencia por el groove metal o, mucho peor, una banda de groove metal con sabor a death. Nadie que lea esta crítica deberá entender o leer entre líneas nada que no haya escrito, “Vogg” (Waclaw Kieltyka) sigue siendo una auténtico monstruo a las seis cuerdas y su habilidad está fuera de toda duda como que los recientes Łysejko y Więcek son una base rítmica tremenda pero algo ha cambiado y es que “Vogg” ha cambiado su forma de tocar y de componer, allá donde antes había un riff nervioso o entrecortado y una pulsión acelerada, ahora nos encontramos con riffs gruesos, guitarras rítmicas dobladas y fraseos que parecen surgidos de los dedos de Mark Morton. Claro que estoy exagerando pero es tan sólo para intentar expresar mi propio desconcierto cuando, por ejemplo, escucho una canción como “Kill The Cult” con “Rasta” dejándose la voz sobre esa guitarra (no es la música lo único que ha cambiado, la voz es aún menos profunda que en el anterior, “Blood Mantra”)

Daniel Bergstrand a los mandos, conocido por su trabajo con In Flames, Soilwork, Behemoth pero también por su labor con Meshuggah. Sin embargo, poco hay de estos suecos en la producción de un álbum que suena potente pero alejado de lo que podríamos esperar de Decapitated y mucho me temo que no es por Bergstrand sino por la propia banda.

Por ejemplo, “Impulse” es una barbaridad de canción con la que abrir el álbum, con un riff potente pero ajeno al sentimiento del death (que nadie me diga lo contrario), suena sucio y contundente (he de reconocer que crece con cada escucha) pero poco o nada tiene que ver con Decapitated; es excitante cuando la canción despega y entra “Rasta” pero si el término Death And Roll ha terminado sonando despectivo para referirnos a la música de los Entombed menos inspirados y alejados de su espíritu, lo de Decapitated podría denominarse como Groove And Death. Lo mismo ocurre con “Deathvaluation”, me encanta pero no les reconozco, me cuesta. ¿Cómo es posible que me convenza pero tenga la sensación de que algo falla? Quizá porque en “Deathvaluation” o cualquiera de las que integran este “Anticult” no reconozco a los Decapitated de "Winds Of Creation" o "Nihility" y tampoco a los de "The Negation" (2004) u "Organic Hallucinosis" (2006), como también echaré de menos la voz de “Sauron”, esa que parecía que iba a devorarnos y surgía de lo más profundo de la tierra. También tengo que reconocer que “Deathvaluation” es una auténtico latigazo y el solo, ejecutado sobre el riff principal, es capaz de levantar a un muerto…

“Kill The Cult” es pura melodía tras un tremebundo trabajo de composición de “Vorg”, pura actitud como “Earth Scar” (con un sabor más cercano a Cavalera que a Decapitated y un sonido de batería que no me encaja nada en absoluto con esta banda, no me refiero a la ejecución sino a la producción) o “Never” y “One-Eyed Nation”, un tremendo esfuerzo por cambiar, por evolucionar, por crecer u olvidarse de lo que una vez fueron, quién sabe…

Por otro lado, hay canciones en las que además de sonar diferentes intentan trascender como son “Anger Line” o esa despedida con la instrumental “Amen” como ya hicieron con “Red Sun”, canciones que demuestran que los nuevos Decapitated suenan infinitamente mejor cuando aceptan lo que son actualmente que cuando pretenden disimularlo.

No es un mal álbum y contiene algunas canciones que son verdaderamente salvajes pero me cuesta entender a una banda como Decapitated sonando así, es como si a DevilDriver les diese por grabar un álbum con la estética de “Nihility”. Si lo que buscas es potencia no saldrás defraudado, si seguiste a la banda a lo largo de todos estos años te costará digerir la nueva forma de atacar la guitarra de “Vogg” y te sentirás tan descolocado como el que escribe esta crítica.


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