¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

PINK FLOYD se despiden...

David Gilmour y Nick Mason rinden homenaje a Richard Wright en "The Endless River", un disco bello y tranquilo.

MACHINE HEAD en caída libre...

En apenas veinticuatro horas muchos dijeron que era el mejor disco de metal del año, lamentamos llevarles la contraria; es quizá uno de los peores.

Ocho ciudades, ocho canciones y ninguna que justifique el disco

Foo Fighters vuelven con un disco mediocre que hará las delicias de sus fans más recientes y menos exigentes.

Con máscaras y a lo loco...

Cuando uno piensa en SLIPKNOT, piensa en esa descarga de adrenalina, en ese caos en el que se convierten sus directos...

Cantos de sirena de IN FLAMES en Madrid

Llegaban nuevamente a la capital para presentarnos un magnífico álbum por mucho que algunos se dediquen a dilapidar y a criticar con argumentos carentes de criterio.

MORRISSEY en ESPAÑA: "Todo lo que necesitas soy yo"

Moz estuvo en nuestro país y recuperamos nuestra crónica de su paso por Madrid.

Cuarenta minutos de abstracción

Un disco fascinante, extraño, menor pero extrañamente bonito, diferente y excitante...

Bonamassa contra el mundo

Porque discos así no se escuchan todos los días y, por desgracia, no se graban tan a menudo como debiera...

El Quadrophenia de U2, según The Edge

Podemos seguir echando de menos el pasado más glorioso de U2 y dejar de disfrutar del presente; “You glorify the past when the future dries up” que decían ellos mismos...

INTERPOL y EL PINTOR, su nuevo disco

Complicado no dejarse llevar por la emoción pero, tras más de dos docenas de escuchas desde su publicación, ya puedes leer nuestra crítica...

BRIAN FALLON, tocado pero no hundido…

Tras diez años de matrimonio ha decidido exorcizar todos los demonios internos de su ruptura en el nuevo disco de su grupo, THE GASLIGHT ANTHEM.

THE NATIONAL en España y nosotros nos refugiamos en su último disco...

Como dice Chuck Palahniuk, "la mejor venganza de todas es la felicidad. No hay nada que vuelva más loca a la gente que ver a alguien teniendo una vida jodidamente maravillosa" y nosotros somos felices con la música de los de Cincinnati.

IN UTERO: un viaje sin retorno

Analizamos en profundidad la grabación del último gran disco de NIRVANA y quizá de los noventa...

MASTODON: La vuelta al sol en ochenta días

Si lo que Mastodon pretende es llevarnos a otra dimensión, el experimento se queda a medio gas y es que sólo en la segunda parte de su disco seremos testigos de ese viaje...

Tenemos carta de Neil Young...

El canadiense graba su último disco en una antigua cabina del 47, una de las experiencias más low-tech que ha tenido, un experimento interesante pero desigual...

El heroico retorno de SABATON

Con su nuevo disco los suecos consiguen posicionarse en un buen puesto dentro de los grandes grupos de Power Metal...

¿Qué haríamos sin la música de STRUMMER?

Nuestro amigo Joe no ha dejado de acompañarnos y, muchos años después de que se haya ido, su voz sigue sonando con la misma fuerza. Repasamos su discos en solitario…

LA ZONA MUERTA

Estrenamos una nueva sección, la más oscura de toda nuestra web...

PIXIES en Madrid; benditos los SMITHS...

Black Francis pasaba por nuestro país sin apenas dirigirse a su público y esbozando una sonrisa con trabajo.

¡Hemos visto a BLACK SABBATH en París!

Y te contaremos casi todo lo que Ozzy, Iommi y Butler han hecho en Bercy...

ARCADE FIRE van al Primavera, nosotros al HELLFEST

"Reflektor" es el nuevo disco de los canadienses y la crítica lo ha encumbrado a lo más alto en apenas unas horas.

PEARL JAM: Rayos y centellas

Un disco de Pearl Jam tiene sentido en pleno 2013 porque estamos hablando de ROCK con mayúsculas, de una banda auténtica que sigue estando muy viva...

¡AMÉN, hermanos, WATAIN han vuelto!

Estamos ante el mejor disco de METAL del año y Erik lo celebra invitándonos a una misa negra muy especial con "The Wild Hunt"...

Conociendo a DAVE MUSTAINE...

Tuvimos la gran suerte de poder conocerle con motivo de su visita a España en su gira con Slayer hace dos años y ahora lo recordamos, breve pero intenso.

Crítica: AC/DC "Rock Or Bust"

Si no te gusta “Rock Or Bust” eres un fan de mierda. Pues mire, ni me gusta, ni me disgusta y, mucho me temo, que ni para ellos mismos -un disco de apenas treinta y cinco minutos (el más breve de toda su discografía- significará mucho más que una excusa para salir de gira que es lo que todos deseamos y donde demuestran de verdad su energía. Es cierto que “Rock Or Bust” tenía vocación de grande porque ya sabemos que los australianos se crecen ante la adversidad y, jugando de manera evidente con el título, podrían haber facturado un disco sólido como una roca o incluso haber salido de gira para celebrar su aniversario sin tener la necesidad de haberse embarcado en otro álbum y posteriormente, con más calma, haberlo grabado pero también es verdad que no es su estilo y que, por desgracia y a tenor de los acontecimientos que ahora ya todos conocemos, Malcolm Young padecía ya los primeros síntomas de su enfermedad incluso antes de la grabación del anterior, “Black Ice”, con lo que seguramente los planes de cualquier celebración tras aquella gira se vieron frustrados debido a su salud y por la insostenible idea de celebrar toda una vida en el rock sin uno de los fundadores y es que, por mucho que nos hayamos encariñado con ellos; ni Brian, ni Cliff, ni Phil fundaron AC/DC, sino Angus y Malcolm.

Y digo todo esto porque me habría sido extremadamente fácil desarmar este disco, lamentarme sobre la pérdida de Malcolm, especular con la situación de Phil Rudd (a la espera de presentarse ante la Corte por posesión de drogas y tentativa de homicidio) y hablar del disco de los australianos como el supuesto fracaso de unos tipos que nunca inventaron la rueda y cuestionar su afán de seguir pese a todo para hacer caja con una inevitable gira o, por el contrario, ganarme a todos los adolescentes, veinteañeros y nostálgicos que me leen y decir que el grupo de nuestros desvelos ha vuelto más fuerte que nunca y son AC/DC en estado puro, una marca, una leyenda, pero es que ni una cosa ni la otra…

Crítica: Soundgarden "Echo of Miles: Scattered..."

Todos recordaremos esa escena de "El club de los poetas muertos" en la cual el gran Robbie Williams, en su ya eterno papel de profesor John Keating, exclamaba "Excremento, eso es lo que pienso. No estamos hablando de tuberías, sino de poesía" ante una clase llena de chavales cuando hacía leer a uno de ellos la respuesta del autor J. Evans Prittchard ante la pregunta; "¿Cómo entender la poesía?". Para aquellos que no hayan visto la película o no lo recuerden; "Para entender a fondo la poesía debemos antes familiarizarnos con su métrica, rima y figuras retóricas y luego hacernos dos preguntas: Primera ¿con cuánto talento se ha conseguido el objetivo del poema? Segunda, ¿qué importancia tienen dichos objetivos? Una vez estas dos preguntas estén contestadas… la pregunta número uno mide la perfección del poema, la pregunta número dos mide su importancia… Si se anota la perfección del poema en la línea horizontal de un gráfico y su importancia en la vertical, el área conseguida de esta manera por el poema nos da la medida de su valor. Así, un soneto de Byron podrá obtener una nota alta en la vertical, pero una mediocre en la horizontal… ”

Y os recuerdo todo esto porque con "Echo of Miles: Scattered Tracks Across the Path" tenemos dos opciones; refugiarnos en la nostalgia de nuestros años adolescentes e intentar valorar llenos de entusiasmo el que Soundgarden se descuelguen a estas alturas con un disco de rarezas o recurrir a Prittchard, hablar de tuberías y hablar de números para darnos cuenta de que Soundgarden están actualmente muertos y nos llevan alimentando años con sobras los últimos veinte años, tanto en estudio como en directo. Desde 1996, su "Down On The Upside" (gira en la que, por cierto, estuvimos) y su separación, Cornell y los suyos han publicado "A Sides" en el 97 (que no deja de ser un grandes éxitos), otro más con "Telephantasm" (2010) y la excusa de "Black Rain", el directo "Live on I-5" en el  2011, "Live To Rise" del 2012 para la película de Marvel, un disco como "King Animal" el mismo año, el único con material nuevo y el resto un maremágnum de singles, reediciones y aniversarios totalmente inusual para un grupo como ellos. ¿Debo pensar que tras la errática carrera de Ben, la mediocre y fallida de Cornell tras "Euphoria Morning" (¡del 99!), la de Thayill como locutor de radio y padre o la espantada de Cameron a Pearl Jam para consolidarse como el gran batería que es hay un átomo de integridad en este regreso por mucho que Krist Novoselic diga lo contrario? Hablamos de uno de los grupos de la "escena Seattle" que más recopilatorios, reediciones, singles y aniversarios ha publicado con todos sus miembros aún vivos.

"Echo of Miles: Scattered Tracks Across the Path" pretende dibujar el camino de la historia del grupo a través de sus canciones menos conocidas; rarezas, descartes o temas incluidos en bandas sonoras y otros recopilatorios que tendrá poco éxito por varios motivos: el que ya las conozca no encontrará nada nuevo bajo el sol, el que no las conozca y no haya disfrutado del universo de Soundgarden hasta ahora no verá nacer su devoción o fanatismo en un disco, por ende, irregular, insostenible y opaco en algunos momentos (tanto que es únicamente entendible si lo defendemos con las sempiternas palabras "recopilación" y "rarezas") y, por último pero no menos importante (y seguramente los que compongan el grueso del público de "Echo Of Miles"), lo escuchará ese segmento que conoce a Soundgarden de manera superficial y se permitirá el lujo de reivindicar o criticar su carrera con temas que para nada la representan ni aún en la oscuridad de una "cara b". Sobre los fanáticos del grupo, esos que antiguamente se autodenominaban "caballeros de la mesa cuadrada" no diré nada porque bastante tienen con coleccionar todo lo que firma Cornell en dos décadas de auténtica sequía...

Como seguidor del grupo, pero no por ello carente de sentido crítico porque sé que pueden darnos más, claro que es un placer reencontrarse con aquel disco que todos compramos en los noventa, el "Sub Pop 200" y su "Sub Pop Rock City" que sigue sonando divertida aún hoy y es el perfecto contrapunto para poder comparar el aburrimiento en el que se ha convertido la banda sobre los escenarios en esta década, la cara b que es "Toy Box" (puro Sabbath) o la desquiciada "Heretic" del EP "Loudest Love" nos pintan a unos Soundgarden ácidos, corrosivos, potentes y chirriantes, como a un Cornell que se deja la garganta en "Fresh Deadly Roses". "H.I.V. Baby" suena como un tren  y "Cold Bitch" (del "Superunknown" y su single "Spoonman") nos demuestra que su disco del 94 podría haber dado incluso más de sí (qué poderío el de Cornell...) pero también hay naderías como "Show Me" de otro disco que, por cierto, todos compramos en aquella época; "No Alternative". Todos conocíamos "She's a Politician" y, obviamente, es una canción menor lo que no ocurre con "Birth Ritual" de la película de Crowe "Singles" (en español, "Solteros", inolvidable Matt Dillon en ella) que es una auténtica maravilla. "She Likes Surprises" (hermana menor y bastarda de "Black Hole Sun"), "Blind Dogs" y "Exit Stonehenge" ahondan en el mejor año del grupo como sorprende que "Bleed Together" no fuese incluída en "Down On The Upside" o, mejor aún, hubiesen hecho un disco más contenido y así publicado dos verdaderamente potentes.

De nuevo incluyen "Black Rain" (ahora, pensemos de nuevo; la jugada de "Telephantasm" fue esta canción como promocional), la mediocre "Live To Rise" que se encuentra entre lo peor que haya podido facturar el grupo en su historia (y no exagero, un autoplagio flagrante con el sonido más típico de Soundgarden, las horrorosas estrofas heredadas de la abominable carrera en solitario de Cornell y un estribillo aburrido y predecible) pero, aún hay más, porque igual que "Telephantasm" tenía "Black Rain" como reclamo, "Echo Of Miles" tiene "Storm", un descarte puro y duro, una canción menor por mucho que Jack Endino haya querido insuflarle vida y "Kristi" que únicamente excitará nuestros alvéolos pulmonares con todos los posibles bostezos que seamos capaces de tener en sus cinco minutos y medios de tedio.

La única forma de sostener este disco es con el fanatismo, con la nostalgia de todos aquellos que crecimos con el grupo y seguimos suspirando con sus discos de los noventa pero creo que todos esperábamos más de Soundgarden incluso en un disco de rarezas porque quizá no era su momento y sí el de demostrar que pueden seguir componiendo material que no esté tan muerto y helado como el que muestra la portada de "King Animal".

© 2014 Jack Ermeister

Crítica: Amplifier "Residue"

Que Amplifier se decida a publicar material inédito de su período comprendido entre los años 2001 y 2008 (el que pertenece a los primeros pasos de los de Manchester con su homónimo debut del 2004 e "Insider" del 2006, además de los EPs "Untitled Demo" del 99 y el magnífico "The Astronaut Disnamtles HAL" del 2005) sólo puede entenderse como una bendición a pesar de que ya se hayan agotado las quinientas copias numeradas a mano que se vendían durante sus conciertos y tan sólo sea posible conseguir este "Residue" en la compraventa o como descarga digital. "Canciones que nunca encontraron su lugar", como ellos mismos dicen, pero que podrían haber sido perfectamente aprovechadas en cualquier de sus álbumes, tanto anteriores como posteriores.  ¿Quién no se las imagina, por ejemplo, formando parte de "Mystoria" a pesar de que éste sea del 2014? No sería descabellado incluso encontrar alguna en "The Octopus" (2011), como la propia "Sleepers", pero parece que Sel Balamir no supo encajar estas piezas en ninguno de sus álbumes y Amplifier han preferido descolgarse con un EP de rarezas tras publicar su último álbum hace poco más de dos meses.

Y con las guitarras de Balamir y Durose se abre "Teen Vogue", quizá la mejor del conjunto, mientras Matt calienta los parches y toda la canción se convierte en un estallido, olvídate de grandes desarrollos porque entre las cuatro canciones que componen este "Residue" no suman ni veinte minutos y se agradece su urgencia y su inmediatez a pesar de que todos los elementos de Amplifier están presentes en ellas, en "Teen Vogue" hay ligereza pero por su ritmo y su melodía no por las guitarras y las armonías vocales. Electricidad y capas de atmósferas, la maestría para convertir una tormenta de guitarras en la densidad de lo que podría ser un teclado y en otro grupo, sin duda, lo sería. "Teen Vogue" tiene más de rock psicodélico, como el resto de este "Residue" que de progresivo.

Como las juguetonas guitarras de "Outsider" podrían pertenecer a los ochenta de no ser por sus espaciales arreglos y por las divertidas líneas del bajo de Mahony (obviamente, no he podido ver los créditos del EP pero no creo que "Magnum" haya regrabado las partes de Neil). "Time Travel" continúa la senda de "Outsider" pero con más dramatismo y tensión mientras que "Sleepers"podría haber formado parte de su disco del 2011 y es que, por momentos, suena muy similar a "The Octopus" aunque aquí el bajo no domine de manera tan sombría y sean las guitarras las que jueguen el papel protagonista en la mezcla (teniendo en cuenta que cuando estas canciones fueron compuestas, "The Octopus" como álbum o monstruo de Amplifier ni siquiera existía en la cabeza de Balamir). Es tan sólo un EP de cuatro canciones pero siempre es una alegría para todos los que disfrutamos del grupo, no es indispensable y sólo será de obligada compra y escucha para completistas pero estamos hablando de un grupo en estado de gracia tras la publicación del notable "Mystoria" y que, siendo material muy anterior, se muestra igual de ligero y atractivo que su último álbum.
© 2014 Hal Incandenza

Crítica: Royal Blood "Royal Blood"

Me ha gustado mantener la calma tras el hype de Royal Blood y su estallido veraniego. Podríamos finiquitar esta crítica en dos líneas y escupir a la cara de todos aquellos que han visto en Royal Blood la salvación del rock y se han excitado ante el planteamiento de un grupo que no es tal, sino un dúo formado únicamente por un batería y un bajista como si no hubiesen conocido en su vida algo parecido (combos sin guitarras o con predominancia del bajo) y no existiesen Lightning Bolt o Cause For Effect, Morphine nunca hubiesen paseado por los escenarios su elegante propuesta, Megachurch fuesen una leyenda y Sleep, después Om,  no hubiesen dado ya de sí todo lo que deben (o eso parece) pero entiendo que presentar a Royal Blood como la gran promesa británica del rock puede resultar toda una campaña viral de publicidad de lo más oportunista y más si Dave Grohl te menciona y te quiere como telonero o Matt Helders de los Arctic Monkeys luce una camiseta tuya. El formato de dúo puede seguir resultando algo exótico en el mundo del rock (no tanto en otros géneros y derivados) pero las comparaciones de Royal Blood con los White Stripes no vienen precisamente por ser tan sólo dos integrantes sino porque la voz de Mike Kerr a veces es demasiado parecida en sus inflexiones y esquizoides giros a la de Jack White y, más aún, si le sumamos un poquito de fuzz casual a su garganta. Pero entonces, ¿por qué funciona Royal Blood? No hace mucho tiempo, uno de los mejores baterías del rock -del que no mencionaré su nombre- decía que el mayor secreto de un gran éxito en las listas suele ser un gran ritmo, un gran groove o una sensacional cadencia y no le faltaba razón, es por eso que el dúo de Worthing aprueba con notable su primer disco y si con los alemanes Mantar nos sorprendía su sólida propuesta para ser una pareja formada por guitarra y batería, con Royal Blood lo que nos engancha es su contagioso ritmo aunque a veces, sólo a veces, me resulte insoportable escuchar a Kerr cantando como White, nos guste o no; su tono y estilo suena demasiado parecido a pesar de que la prensa del otro lado del charco le hayan llegado incluso a comprar en las partes más melódicas con Matthew Bellamy.

"Royal Blood", producido por Tom Dalgety (conocido por sus trabajos con Opeth o los emergentes Tigercub o Family Rain) se ha convertido en todo un éxito en todo el mundo pero sobre todo en Reino Unido y ahí es donde algo huele a chamusquina porque por todos   -o por casi todos- es sabido que en Inglaterra son muy dados a aupar a grupos para luego defenestrarlos sin piedad en el segundo o tercer disco, sin darles espacio para crecer. Pero, pese a todo esto; su inexplicable ascenso como salvadores, sus famosos seguidores y los desmesurados elogios de la crítica, Royal Blood han reunido en su primer larga duración una buena cantidad de canciones llenas de energía, a veces rabia y mucho, mucho gancho. "Out Of The Black" golpea con fuerza con constantes envites musculosos en los que parecen un grupo mucho más numeroso de lo que realmente la alianza de Mike Kerr y Ben Thatcher a la batería es. El bajo de Kerr suena vibrante y lleno de groove pero no sólo en las cuerdas más graves sino en las primeras también por lo que uno no echa de menos una guitarra en ningún momento y la batería de Thatcher es tan salvaje en ocasiones que recuerda a la contundencia básica del mejor Grohl.

"Come On Over" y su palm mute en las estrofas, su fragmentada estructura entre calmados versos llenos de tensión y desbocados cambios de ritmo para llegar a los estribillos y los fraseos del bajo son realmente geniales y dinámicos, muy lejos del habitual aburrimiento de las bases rítmicas de muchos grupos que tan sólo sirven como gris campo de batalla para el lucimiento de los seis cuerdas. "Figure It Out" es un single claro, arrollador y pegadizo pero la voz me recuerda demasiado a la de White cuando comienza y consigue arruinarme el clímax, aún así ya querría Meg llevar el ritmo como Thatcher y construir un base tan sólida. "You Can Be So Cruel" profundiza en el "sonido Stripe", lo siento, es así, es una composición floja y mediocre aunque en el disco ya se echaba de menos un medio tiempo la canción fracasa a pesar de tener un estribillo a la altura del resto del álbum. "Blood Hands" continúa la senda de los de Detroit y hace que "Royal Blood", como disco, baje notablemente su nota mientras que "Little Monster" vuelve a recolocar las cosas con su pesadez inicial (que poco a poco se desvanece, todo hay que decirlo) y un estribillo más cerca del post-grunge o cualquier género alternativo que del garage de los Black Keys.

"Loose Change" acierta aunque lo que queremos a estas alturas es otra vez a Thatcher desbocado  y a Kerr sacar algún que otro armónico de su bajo o, por lo menos, un tema con la misma pegada, la canción tiene fuerza y su tempo abierto tiene estilo pero uno tiene la sensación de que el disco, según avanza, va perdiendo fuelle y así es... "Careless" parece cambiar el rumbo igual que la marciana "Ten Tonne Skeleton" intenta que el debut del grupo no se quede aguado o su propuesta parezca finita y lo logra por segundos, es un tema acertado con una voz mucho más limpia y melodiosa que cuando Kerr quiere sonar por los Stripes pero nuestros temores se confirman cuando llega "Better Strangers" y deciden acabar con ella el álbum. Suenan frescos, su ritmo es vital, tienen ideas, suenan poderosos y en directo parece que la jugada les sale redonda a base de energía y fuerza pero hay que estar muy miope y muy necesitado para ver en Royal Blood a la próxima gran respuesta del rock o, por lo menos, con tan sólo este primer disco en el que abundan los buenos momentos pero en el que, según corre su minutaje, se vislumbra que queda aún mucho trabajo por delante.

© 2014 Mr. November

Concierto: Machine Head (Madrid) 15.11.2014

SETLIST: No We Die/ Imperium/ Beatiful Mourning/ Locust/ Bite The Bullet/ Ghosts Will Haunt My Bones/ Ten Ton Hammer/ Darkness Within/ Bulldozer/ Killers & Kings/ Davidian/ Aesthetics Of Hate/ Old/ Halo/ 

Tras las últimas críticas publicadas supongo que a muchos les resultará difícil creerme cuando menciono a Machine Head como una de mis bandas favoritas. Pero es que es la pura verdad, cueste o no creerlo, los americanos son uno de mis grupos fetiches desde que una noche de Domingo del año 1994, en el programa Headbangers Ball de la MTV, que por aquel entonces presentaba para la señal europea Vanessa Warwick, pusieran un pase del videoclip de una canción titulada "Davididan". En aquellos tiempos (1994) en los que internet era poco menos que una utopía para el ciudadano de a pie, los melómanos nos las teníamos que ingeniar de alguna manera para escuchar las novedades musicales que venían de fuera de España (vamos, las interesantes), tanto del otro lado del charco como del resto de Europa. Por suerte en los años 90 la MTV era un hilo muy socorrido y realmente digno del que casi todos nosotros tirábamos con relativa frecuencia antes de que la parrilla del mismo fuera inundada con series estériles y realities infectos. "Davidian" fue uno de los primeros videoclips que realmente me impactaron y despertaron mi curiosidad. Recuerdo fijarme en cada detalle, en cada hecho y en cada acontecimiento que sucedía. Podías ver a Robb Flynn con el pelo trenzado o con melena al viento, dependiendo de las diferentes tomas, mientras vestía una camiseta que dictaba las palabras "SIC" en clara referencia a los bolígrafos "BIC", ya que en la misma se podía adivinar el clásico logo "cabezón" de la revolucionaria marca francesa de bolígrafos.

El mensaje de la camiseta de Adam Duce tenía también mucho sentido, si tenemos en cuenta de quién venía ("Only The Strong Survive"). Adam siempre fue uno de los hombres importantes en Machine Head, pero el bala perdida de Robb nunca quiso verlo así; él, y sólo él quería ser la cabeza visible de una banda que siempre se ha caracterizado por tener demasiados vaivenes y altibajos. Nunca ha sido una banda lo suficientemente estable para convertirse en un verdadero grupo de masas y lo cierto es que en este tema el verdadero culpable es Robb, ya que él tenía a su alcance todos  los ingredientes para convertirse en uno de los grandes, pero el frontman nunca supo utilizar dichos ingredientes correctamente… Espectacular era también el comienzo con el redoble de batería que se marcaba Chris Kontos, mientras que el mega-tatuado Logan Mader presumía de ser uno de los tipos más saltarines y vivaces del mundo del Rock. Con el plantel y la fuerza que se me presentaba ante mis sentidos en aquel videoclip sabía muy bien que era cuestión de horas que me hiciera con una copia del álbum. Aquello era totalmente diferente de todo lo que había escuchado hasta la fecha, tenía algo especial, aquello era muy grande... Así las cosas, al día siguiente me recorrí todas las tiendas que vendían discos en mi ciudad natal hasta que después de unas cuantas horas vagando pude encontrar una copia de "Burn My Eyes" en un centro comercial "Pryca" (hoy en día "Carrefour"). Aquí empezó mi enamoramiento con Robb Flynn y con Machine Head, un enamoramiento que no fue todo lo estable y constante que a uno le gustaría, y que curiosamente iba directamente ligado a la estabilidad de la banda. Pero bueno, así son estas cosas, y como decía el bueno de Bunbury "¿para siempre?...no hay nada parasiempre".

Uno de los mejores conciertos que recuerdo de Machine Head fue el que dieron junto a Slipknot en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid el Viernes 10 de Julio de 2009. En aquel concierto los de Flynn venían acompañando a los de Iowa, que por aquel entonces presentaban su cuarto álbum "All Hope Is Gone" y que día más tardes los llevaría a juntarse en Barcelona dentro del primer Sonisphere español con bandas de la talla de Metallica, Lamb Of God y Down entre otros. En aquel concierto de Madrid los de Robb estuvieron sensacionales en un concierto que duró poco más de media hora, pero joder, ¡qué media hora!… Hay que recordar que Machine Head estaba atravesando entonces el mejor momento de su carrera, el éxito recabado por "The Blackening" (2007) les había dado la oportunidad de darse a conocer a un público mayor y convertirse en uno de los grandes atractivos de los conciertos y festivales europeos. Pero como suele decirse en estos casos, la alegría dura poco en la casa del pobre y "Unto The Locust" y "Bloodstone & Diamonds" emborronaron considerablemente el perfil seguro y ganador que presentaba la banda en los últimos años de la primera década del nuevo milenio. Y no es por ser aguafiestas, pero es que considero que "Bloodstone & Diamonds" es uno de los peores discos de su carrera junto a "Supercharger" y "The Burning Red". Pero no obstante, y aún sabiendo que no están en pleno 2014 al nivel deseado por todos, siguen siendo (por los buenos momentos que me dieron en el pasado) uno de mis grupos favoritos, y al igual que me sucede con otras bandas como Metallica, siempre que se me presenta la oportunidad de verles, allí estaré…

Con paso firme y oscilante Robb aparece en el escenario tras la breve intro que denota la salida de la banda al escenario, al son que marcan los enlatados violines de "Now We Die". No nos engañemos y nos llevemos las manos a la cabeza, digámoslo claro, "Now We Die" es un coñazo, una canción que si la hiciera otra banda pasaría totalmente inadvertida ya que su ritmo simple y angosto carece de la maldad y de la mala hostia que inyectan los grandes temas de Machine Head. No obstante un público muy joven, que en su mayoría ni tan siquiera había nacido cuando se daban los primeros pases de "Davidian" por la MTV, parecía pasárselo en grande con una canción gris y opaca que nunca debería ser elegida para abrir un concierto de Machine Head. Por el contrario sí que hubiera escogido para dar el pistoletazo de salida la fantástica "Imperium", uno de los tracks más efectivos y disuasorios con los que cuenta Robb. El mejor tema de "Through The Ashes Of Empires" fue el que escogió Flynn para abrir aquella media hora de poderoso directo del 10 de Julio de 2009. Evidentemente con "Imperium" la cosa cambia, esto ya son palabras mayores. Ni que decir tiene que con esta magnífica canción se ven mejoradas con creces las primeras percepciones y dudas que nos abordaron tras la escucha de "Now We Die". Por fin los riffs potentes y eléctricos se adueñaban del interior de La Riviera y lograban poner la primera carita sonriente en más de un rostro.

Con "Beautiful Mourning" ponen a bailar a toda la Riviera (recordemos que colgaba el cartel de sold out) y al igual que ocurriera aquel 10 de Julio de 2009 fue la siguiente en acercarnos al Valhalla tras la bendita "Imperium". Robb y Phil una vez más nos aniquilan con los riffs más asesinos y coloridos que se grabaron en "The Blackening" (2007). Con "Locust" vuelven a ponernos en "modo off" y entramos en una especie de fase de invernación que se extenderá con "Bite The Bullet" y con una de las peores de su último álbum, " Ghosts Will Haunt My Bones", una pedrada de más de 7 minutos que se hace insufrible hasta para la banda. Se les nota que ni tan siquiera les gusta a ellos, se les ve con desgana y apagados al verse "forzados" a tocar un tema más tranquilo y relajado para que la voz de Robb no sufra en demasía, ya que el concierto se presentaba largo tras la caída de Devil You Know en la presente gira europea y no encontrar reemplazo para los conciertos españoles. "Ten Ton Hammer" es un gran tema, aunque esa noche sonó un tanto floja y débil, le faltaba fuerza y carecía de la chispa y de la mala baba que normalmente suelen imprimirle Phil y Robb al gran clásico que descorchaba su segundo álbum de estudio, "The More Things Change..." (1997). 

"Darkness Within" es soporífera de principio a fin, y tenemos que tener en cuenta que con el discurso de Flynn se va cerca de los diez minutos. Ya resulta extraño ver a Flynn con una acústica encima de un escenario (no pega nada)… pues a eso añadirle que sin ton ni son nos suelta una parrafada de más de cuatro minutos mientras nos "delieta" con algún que otro acorde de su acústica. El resultado es que para cuando quiera empezar el tema ya estamos hasta las pelotas de sus pijadas y tonterías… Resulta curioso que en el discurso hiciera más de una referencia a lo orgullosos que están de su nuevo álbum "Bloodstone & Diamonds". Con "Burn My Eyes" (1994) y "The Blackening" (2007) no se justificaba de ese modo o al menos nosotros nunca le escuchamos hacerlo, lo que parece un símbolo inequívoco de que no son pocas las críticas que está recibiendo por su último trabajo y que a Mr. Flynn parece ser que no le hacen mucha gracia.

"Bulldozer" sobraba por completo, lleva años haciéndolo y aún no somos capaces de explicarnos como aún a día de hoy la siguen incluyendo en la mayoría de sus repertorios. Por su parte "Killers & Kings" muestra el mejor perfil de "Bloodstone & Diamonds", un tema que ya apareciera como single unos meses antes para el Record Store Day y que tanto en disco como en directo guarda bastante bien las formas y la compostura… A partir de aquí y hasta el final llega el mejor momento de su directo, cuatro de sus grandes clásicos tocados de forma seguida que hacen por sí solos que un concierto de los de Oakland merezca la pena. La frenética "Davidian" tocada antes de tiempo (generalmente suele ser la última del setlist) cae como un "little boy" en plena Riviera, envolviendo toda la sala con su sonido retorcido y omnipresente. "Aesthetics Of Hate" no hace otra cosa que añadir rabia y contundencia a la mejor parte del concierto, que se ve incrementada aún más con el segundo single de "Burn My Eyes" (1994), con una de las mejores de la noche.

La embriagadora "Old" nos transporta a la época de las vacas gordas, a los primeros y buenos años de Machine Head. Jared hace lo que puede, pero por desgracia está muy lejos de la presencia y del perfil asesino de Adam Duce, y eso se nota en el comienzo de un tema como "Old" donde el sonido y el alma del bajo lo es todo para crear y sobre todo recrear el groove monolítico que presentaba "Burn My Eyes" (1994). La noche se cierra con otro de sus grandes clásicos, como muchos de vosotros suponéis "Halo" es la encargada de poner el punto y final a un concierto que pasó por diferentes fases y etapas, siendo la última de ellas la más brillante y especial...

© 2014 Lord Of Metal

Crítica: Pink Floyd "The Endless River"

Que quede bien claro que de los tres capitanes de navío que menciona Nick Mason en su magnifico libro "Inside Out: A Personal History of Pink Floyd" siempre he sido más de Ahab. Las extrañas visiones y quimeras de Syd Barrett siempre me han resultado ajenas y, aunque atractivas, nunca me terminaron de tocar la fibra y de los restos del naufragio y la ascensión del marinero de primera, David Gilmour, a maestro y comandante para llegar a tierra tras el éxito de "The Wall" (1979) y sus descartes en "The Final Cut" (1983) sólo podré decir que admiro al guitarrista y su forma de tocar, que tiene una voz preciosa pero le falta nervio y empuje. Es por eso que siempre he sido más de Waters, ese Ahab violento y agresivo, dictador y aguerrido, cabrón con personalidad que lleno de heridas y frustraciones decide exorcizarlas mediante la música construyendo un muro para protegerse y, una vez superado, derribarlo. A él le debemos los mejores y más virulentos años de Pink Floyd, los más siniestros y oscuros, los más sexuales, políticos, violentos y, por ende, comerciales del grupo. Pero tanto poder ante la pasividad de sus tres compañeros (Gilmour en dique seco creativo, Nick de árbitro y Richard asalariado y navegando con su familia por el Mediterráneo) no le vino bien a Waters que siempre, digan lo que digan, necesita y necesitará la otra cara de la moneda para tener algo de mesura y llegar a la perfección (que se lo digan a cualquiera de los binomios competitivos más famosos de la historia del rock; de Lennon y McCartney o Jagger y Richards) a la que nunca ha llegado ni en su irregular carrera en solitario ni con el fallido "The Final Cut" y así ocurrió lo que tenía que ocurrir; ante el hecho de no concebir su carrera en solitario bajo la sombra de Pink Floyd, decide dar por muerto y hundir al grupo en las profundidades del océano sin saber que el resto de la tripulación -esos tres marineros que hacían lo que su capitán quería en todo momento- quería continuar sus aventuras como trío, algo que sólo trajo problemas legales, amenazas, peleas, juicios y un sinfín de abogados cuando David Gilmour despertó y se dio cuenta de que Pink Floyd eran también Wright, Mason y él mismo por derecho propio, no sólo Waters. 

Por desgracia, y como seguidor de Ahab, para mí Pink Floyd murieron en 1985 con la salida de Waters, claro que "A Momentary Lapse Of Reason" (1987) o "The Division Bell" (1994) tienen grandes momentos y en directo seguían funcionando pero el genio, la actitud, la dureza de Waters gritando en el escenario a los músicos, su nerviosa forma de tocar el bajo y su personalidad en las canciones hacen que me resulte imposible no admitir que los discos de Floyd como trío son blandos y, en ocasiones, faltos de contenido o unidad. Pero que nadie se piense que los de Waters en solitario son mucho mejor, a Ahab le faltaba Gilmour, le faltaba el contrapunto de estar en un grupo y tener que luchar -que imponerse en una democracia- en solitario campaba a sus anchas con una corte de súbditos que le decían a todo que sí y así ocurre con sus álbumes; autocomplacientes con algún que otro destello pero igualmente fallidos (aquí Gilmour le gana la partida, cosas del mar). Por eso, tras veinte años de silencio, me resultó irónico y hasta un poquito hipócrita que Gilmour -para el que pesa tantísimo el nombre de Pink Floyd- decidiese resucitar al grupo con "The Endless River" con la excusa de rendir homenaje a su  compañero, Richard Wright. Éste había sido ninguneado en las sesiones de grabación de "The Wall" y seguramente mucho antes en la intimidad de la banda, siendo despedido para, posteriormente, ser contratado como músico de acompañamiento en la gira. Lo que en un principio podría resultar una humillación terminó del revés para Waters cuando el teclista fue el único en percibir su salario tras las escasas representaciones de "The Wall" en directo y, al no ser socio, no tuvo pérdidas por el carísimo montaje como sí les ocurrió a Waters, Gilmour y Mason. Personalmente siempre he visto a Wright como un genio humilde, alguien que no le da importancia al trabajo que hacía y que, sin embargo, es fácilmente reconocible nada más pinchar un disco en el que él toque. Lo curioso es que años después, cuando ya Pink Floyd eran trío, parece ser que en la sociedad nunca llegó a entrar Wright y así fue de hecho para facilitar los procesos legales entre Waters y el resto de los Floyd. De ahí que me pareciera hipócrita la actitud de Gilmour con "The Endless River" pero me faltaba una pieza del puzzle que entendí mientras paladeaba "The Endless River"...

Pink Floyd son grandes músicos, historia del rock, iconos, mitos para nosotros; el gran público, pero en realidad son personas; sienten, padecen, sufren y sobretodo envejecen y a estas alturas de la película no tengo duda alguna de lo mucho que tuvieron que sufrir Gilmour, Mason y -sí, también- Waters con la pérdida de un compañero con el que han pasado tantísimos años juntos. Es la primera vez que yo recuerde que Waters mantiene la boca cerrada ante el lanzamiento de nuevo material y, aunque posteriormente haya hecho algún comentario porque le supera ver a su propio grupo sin él, nada que ver con lo que habría soltado por la boca hace dos décadas. Para mí la cosa es muy sencilla, "The Endless River" supone una finísima coda y elegante despedida para un grupo como Pink Floyd. Si "The Division Bell" trataba sobre los problemas de comunicación, "The Endless River" (curiosamente, alfabéticamente se ordenan consecutivos), trata sobre las palabras que no se dijeron, los momentos que se compartieron y el largo viaje por el río sin retorno que supone el camino hacia la muerte y por el que los miembros de Pink Floyd y todos nosotros terminaremos haciendo, la portada es obra del artista egipcio Ahmed Emad Eldin y supone la cuarta en la historia del grupo que lógicamente no pertenece a Thorgerson, fallecido en el 2013. El título está tomado de la canción que cerraba "The Division Bell", "High Hopes" (de la cual también se tomó el nombre del álbum del 94; "Our thoughts strayed constantly and without boundary The ringing of the division bell had begun") que dice "The nights of wonder with friends surrounded. The dawn mist glowing. The water flowing. The endless river, forever and ever" que narraba la historia de la banda (con sus buenos y malos momentos) además de unirse con "See Emily Play" cerrando el círculo de manera maravillosa.

Si algo aprendí en la carrera fue a juzgar una obra por su contexto y el problema de las críticas negativas a "The Endless River" es porque lo evalúan como el que pesa fruta en el mercado (por un lado, el problema es de Gilmour/ Mason por compartir con una masa de borregos algo tan íntimo y sensible como el homenaje a su amigo, cáptese e la ironía). Es absurdo evaluar "The Endless River" y compararlo con "The Dark Side Of The Moon" (1973), "Wish You Were Here" (1975), "Animals" (1977) o "The Wall" (1979) ya que incluso podría tener más que ver con "Meddle" (1971) u “Obscured by Clouds” (1972). Pink Floyd ya hizo todo lo que tenía que hacer, demostró todo lo que tenía que demostrar y eso no es malo pero es de idiotas esperar que ahora volviesen a hacer algo remotamente parecido a lo logrado en los setenta y más teniendo en cuenta las aguas en las que se ha hervido este sentido homenaje; material sobrante de las sesiones de "The Division Bell", esa cantidad ingente de metraje del que ya Mason advirtió que podrían sacar otro disco, aquel que llamaban sarcásticamente "The Big Spliff". Pero decir sobrante para muchos equivale a "sobra" o "desecho" y nada más cerca de la realidad si tenemos en cuenta el nada democrático sistema de votaciones para determinar qué temas darían forma definitiva a "The Division Bell" en el que Wright siempre votaba con un diez sus propias canciones y Gilmour y Mason tuvieron que idear otra forma de selección a más de noventa horas de grabación según Manzanera.

Es por eso que Gilmour contactó con el ex-Roxy Music Phil Manzanera para producir el disco que, asustado al principio, se lanzó a seleccionar material tras una selección previa del propio Gilmour, después de veinte horas de grabaciones Manzanera con la ayuda de Youth, Andy Jackson, Damon Iddins como ingeniero, Gilmour y Mason acertó con la unidad para concebir finalmente el disco como cuatro suites y seguir trabajando con el resto de músicos (Ezrin y el yerno de Wright y viejo conocido del grupo al bajo, Guy Pratt, además de Durga McBroom, Sarah Brown y Louis Marshall a los coros) y el proceso de posproducción hasta una semana antes del lanzamiento definitivo. El 5 de julio del 2014, la mujer de Gilmour, Polly Samson, soltaba el bombazo a través de Twitter, además Polly sería la autora de las letras de la única canción no instrumental del disco; "Louder Than Words"Según Gilmour no habrá continuación como Pink Floyd aunque admite que hay muchísimo material inédito de Wright que algún día verá la luz y que "The Endless River" no supone lo mejor ni la totalidad de "The Big Spliff", para Mason el final no está tan claro y parece ser que los tres están de acuerdo en remasterizar discos como "Animals" e incluso publicar material inédito. 

Referirse a "The Endless River" como un disco de relax o compararlo a la colaboración de Gilmour con The Orb, la carrera en solitario del guitarrista o cualquier otra obra de Floyd es inútil. "The Endless River" se abre con una introducción mágica "Things Left Unsaid" basada en el sintetizador de Wright y voces pregrabadas que desembocan en "It's What We Do" tras una transición hecha con un overdub, ecos de "Shine On Your Crazy Diamond" con un Hammond mágico y una guitarra, la de Gilmour, que se despereza como un amanecer envuelta en el sintetizador ya clásico del grupo, simplemente perfecta. Y de nuevo una transición maestra entre "It's That We Do" y "Ebb And Flow" (cuya única pega es lo corta que resulta y lo bien que entra el experimento de Wright con el Farfisa).

La segunda suite quizá sea mi favorita, el comienzo de "Sum" es poderoso, un "in crescendo" delicioso en el que domina de nuevo el sintetizador de Wright pero también el slide de Gilmour mientras Mason parece que va a arrancarse como, en efecto, ocurre en la jazzy "Skins" que recuerda levemente a los ambientes de "Meddle", solo de batería para Mason y enlace con "Unsung"que sirve como visagra de "Anisina" no sin antes hacernos entrar en cierta tensión gracias a los arreglos de cuerda, el sintetizador de nuevo y los acordes del propio Wright. "Anisina" es un medio tiempo, hermano de "Louder Than Words", bello tema instrumental con un saxo bonito que hace volar la canción aunque en la mezcla esté demasiado alto, casi al mismo volumen que la guitarra de Gilmour, los coros le añaden emoción.

La tercera suite se abre con "The Lost Art Of Conversation" y es inevitable pensar lo poco y mal que nos comunicamos como especie y los problemas que esto generó en el seno del grupo. Gilmour no es una persona muy habladora pero odia cuando alguien dice el tópico de que, como músico, se expresa mucho mejor con su guitarra que con sus labios porque lo que realmente frustra a Gilmour, según ha dicho en más de una ocasión, es no encontrar las palabras adecuadas para cada momento y de ahí que desde "The Division Bell", Polly Samson sea quien le ayude con las letras de sus canciones. No deja de ser una introducción a la segunda parte del disco, de corte clásico, como llave para "On Noddle Street", una de mis favoritas por su ambiente nocturno, procedente de las grabaciones en los Olympic, me recuerda muchísimo a "What Do You Want From Me", es más, os desvelaré un secreto; podéis cantar una canción sobre la otra. "Night Light" sigue sonando muchísimo a "Shine On Your Crazy Diamond" y me gusta porque Wright era un excelente creador de texturas para que Gilmour navegase sobre ellas con su guitarra. "Allons-Y (1)" es espléndida, una de las mejores del álbum, podría encajar perfectamente en "The Wall" y suena como "Run Like Hell", sencillamente espectacular. El Hammond de Wright domina "Autumn '68" de una manera excepcional, como si fuese una Fuga de Bach, la guitarra de Gilmour derrocha elegancia y retornamos a "Allons-Y (2)" que simplemente es el "reprise" de la primera parte, en la que David suelta aún más electricidad de sus Fender y se podría entender como un tema partido por "Autumn '68". Mientras que la curiosidad de "Talkin' Hawkin'" se antoja perfecta para cerrar la tercera cara del disco, no es más que una continuación de "Keep Talkin'" pero, sin embargo, no encuentro mejor cierre a la tercera suite; "Speech has allowed the communication of ideas, enabling human beings to work together to build the impossible. Mankind's greatest achievements have come about by talking. Our greatest hopes could become reality in the future, with the technology at our disposal, the possibilities are unbounded. All we need to do is make sure we keep talking…"

La cuarta suite tiene un sonido familiar, la canción se llama "Calling" y resuena apabullante recordando a Vangelis, ¿quién no ha pensado inmediatamente en "Blade Runner" al escucharla? Mientras que "Eyes To Pearls" se construye sobre el riff de Gilmour que podría guardar cierta similitud sonora con "Have A Cigar" tocada por Ry Cooder (deformación propia de fan) a pesar de tener efectos propios de "One Of These Days" de "Meddle". "Surfacing" es puro "sonido Floyd" con esa acústica y el slide sobre ella haciéndose acompañar de los magníficos coros, pero demasiado corta. ¿Por qué, Dave, por qué no has querido que Polly ponga letra a todas estas pequeñas obras maestras y, en vez de piezas, llamarlas canciones por derecho propio? Y el cierre con "Louder Than Words" con una letra emotiva y sentida, quizá la más evidente para cantar pero ni de lejos la mejor del conjunto, aún así el estribillo se pega y se contagia. 

Para acabar, "TBS9" con los teclados de Wright en primerísimo primer plano y una joya "TBS14", ambas canciones parecen borradores, maquetas, esbozos que podrían haberse convertido en grandes canciones con un poco más de trabajo en el Astoria, ese luminoso estudio flotante en el que David disfruta trabajando. Por último, "Nervana" una canción basada en el musculoso riff de Gilmour, la más dura del conjunto, sólida como una roca cuando se unen la batería, el bajo y los teclados y con un solo excepcional. 

Pero no podría despedirme de esta crítica sin antes no apuntar a todas esas webs y revistas de crítica supuestamente especializadas que del error de un conocido periodista musical en su columna han hecho una historia: la anécdota de los buzos bajo el caso del barco Astoria de Gilmour para captar las grabaciones del último disco de los Floyd fue de "A Momentary Lapse Of Reason" del 87 no como ellos dicen, siete años más tarde, de "The Division Bell", no lo digo yo, lo dice Nick Mason en "Inside Out", página 212. Ahora disfrutad de "The Endless River" ubicándolo en su contexto, no todos los días Pink Floyd publica disco y nosotros somos tan afortunados de escucharlo, otros veinte años se antojan demasiado...

© 2014 Jim Tonic

Crítica: Foo Fighters "Sonic Highways"

Disfruto muchísimo cuando alguien me dice que tengo manía a Dave Grohl porque no es así pero entonces sé que mis palabras deben haber tocado en algún punto su fibra de "fan sin criterio alguno" para que me eche en cara semejante tontería tras veinte años siguiendo al grupo. Seguramente yo haya amado más su música que todos esos que ahora ven en él a una estrella del rock sin parangón pero esto no es una competición, nada de eso. Seguramente le deba mucho más a Grohl de lo que yo mismo me creo; cuando yo temblaba en el año 93 con sus baquetazos sobre los parches de Nirvana, todos aquellos que ahora tienen orgasmos con canciones de segunda como "Best of You" o "The Pretender" estaban precisamente en el útero materno o, permítanme la grosería; en el huevo derecho de sus padres. Y es por eso que he amado la música de Grohl que sé que puede dar mucho más de sí,  no puedo decir que todo lo que firma merece la pena y que la frescura con la que nos sorprendió en 1995 con su homónimo debut o su mejor disco hasta la fecha en 1997, "The Colour And The Shape", no volverán. Ver a Grohl y los suyos a mediados de los noventa tocando en el show de Letterman era una irreverencia, ahora siento hastío y nostalgia y no soy una persona que viva en el pasado y que crea que no han hecho nada mínimamente aceptable en los últimos quince años... Quizá el mayor problema de Foo Fighters sea la carrera desbocada y sin sentido en la que se ha embarcado Grohl como salvador interestelar, cósmico y todopoderoso de la llama del rock, quizá me cansa verle convertido en una parodia de sí mismo generando todos y cada uno de los días titulares absurdos, apareciendo hasta en la sopa como el peor Bono, pidiéndole a gritos a Emily Eavis aparecer en esta edición del festival de Glastonbury, tomando por asalto la televisión con su serie para la HBO y repitiendo una y otra vez la misma fórmula de cancioncillas pop, sin sustancia, adornadas con guitarras inofensivas y una actitud la mar de auténtica con su perilla y pelo largo, haciendo que se desgañita y todo desde el "buenrollismo" desenfadado con el que nos pretende vender a un grupo de músicos nada virtuosos, eternos segundones (excepto Smear) entre los que ha habido grandes pérdidas , en ese camino hacia la gloria, como la horrorosa despedida y cruel de William Goldsmith o la, no menos rastrera, de su amigo de los tiempos de Scream, Franz Stahl. A todo esto hay que sumar  la reciente vuelta o "segunda incorporación" de Pat Smear, el afianzamiento de Taylor Hawkins como batería del grupo, un simple músico de sesión que ha pasado por el aro y toca como un clon del propio Grohl (¿nadie se ha dado cuenta que el set de batería y el diámetro de los timbales e incluso la colocación es la misma que lucía Goldsmith en la primera encarnación del grupo e incluso el propio Dave en Nirvana, de verdad alguien puede creerse que es una casualidad o que Grohl sólo puede llevarse bien con músicos que acepten su dictadura musical dentro de un grupo que no es una banda como tal sino la eterna propuesta del que fuese batería de Nirvana?), el introvertido Mendel o el mediocre , como guitarrista, Chris Shiflett y un proyecto absolutamente megalómano como "Sonic Highways" que fracasa por la sencilla razón de que en él no hay canciones que merezcan la pena y sustenten la idea. La serie de HBO seguramente será interesante y disfrutaremos de las entrevistas a algunos músicos como Rickie Nielsen o Buddy Guy pero en lo importante, en lo que Dave Grohl debería haber puesto toda la carne en el asador son las canciones, grandes canciones y "Sonic Highways" carece de ellas. Grohl dijo que iba a tomarse un descanso y aparcar a Foo Fighters durante un tiempo pero no ha sido así y quizá, tras "Wasting Light" (2011) debería haber echado el freno y pensar muy bien su próximo movimiento. 

Las carreteras sónicas son aquellas que atraviesan Norteamérica de cabo a rabo, el supuesto ADN musical del nuevo continente, vendida la idea a HBO tras el éxito de "Sound City", Grohl recorre ocho ciudades; Chicago, Washington, Nashville, Austin, Los Angeles, Nueva Orleans, Seattle y Nueva York y, además de ahondar en la escena local y entrevistar a músicos relevantes (populares y no tan populares), dedicará un episodio a la grabación de una de las canciones del álbum de Foo Fighters. Que nadie me diga que no es una jugada digna del mejor trilero; hasta la canción más mediocre de "Sonic Highways" será destripada en un episodio de una hora en la que se nos narrará la grabación, la participación del músico invitado (desde Rick Nielsen, Zac Brown -recordemos que Grohl produjo su EP-, Joe Walsh o el mismísimo Tony Visconti) y después de ocho horas de metraje algunos, plenamente lobotomizados como Alex DeLarge en "La Naranja Mecánica", le verán la gracia a canciones como "Outside" o "Congregation". Estamos hablando de un "making of" de un disco mediocre y malo a modo de documental como excusa. Creo que ninguno de los grandes discos de la música popular ("Dark Side Of The Moon", "London Calling" o el "Exile on Main St." por citar algún ejemplo)  cuenta con un documental tan extenso sobre la grabación del mismo.

¿Nadie pudo decirle a Grohl que el riff principal de "Something For Nothing" es el de "Holy Diver" de Dio? Ahora dirá que es un homenaje pero lo cierto es que las magníficas guitarras del tema e incluso el logrado slide de Chris se ven empañado por la referencia. "Something For Nothing" es un buen tema, empieza con fuerza, el comienzo es notable; Grohl juega en casa; su voz no es disonante como la de Cobain sino armoniosa y melódica, ideal para canciones como "The Pretender" o la que nos ocupa, poco a poco sube la intensidad y el puente es realmente brillante, Chris lo hace bien y la canción en general tiene calidad, incluso la letra tiene grandes momentos plagados de referencias; "Oh sweet ignition be my fuse, you have no choice you have to choose" aunque no nos creamos ni la mitad en versos como "Bid farewell to yesterday. Say goodbye I'm on my way" cuando echamos la vista atrás y recordamos las tentativas de resucitar a Nirvana para una gira con Novoselic y Pat Smear. Hasta la base funky sobre la que se asienta la mayoría del tema es verdaderamente buena pero ese riff, ese crímen perpetrado a Vivian Campbell hace que la canción no se disfrute como es debido a pesar de la presencia de Nielsen en ese final abrasador, "Something For Nothing" es Chicago y sigo sin entender la presencia de un tipo tan íntegro como Steve Albini aquí. Muchos me tildarán de negativo pero, a partir de aquí, el disco de Foo Fighters se deshace entre la manos; sí, desde la primera canción…

"The Feast and the Famine" es Washington pero no hay ni rastro de ninguno de los grandísimos músicos citados en el episodio y ni siquiera la presencia de los Bad Brains soporta el peso de un tema tan malo. Bad Brains era punk pero también metal e incluso dub, "The Feast and the Famine" es tan sólo una canción repetitiva que ni siquiera al final, en ese fingido "in crescendo", aguanta el envite de un crítico con dos dedos de frente o un fan con sentido crítico. ¿Dónde se ha metido Chris, de verdad hay más de una guitarra? "Congregation" (Nashville) con Zac Brown es pura Onda Media en el peor de los sentidos, no es que sea inofensiva es que no tiene alma, está muerta. Pero si mala nos parece "Congregation" lo perpetrado en "What Did I Do?/God as My Witness" es de juzgado de guardia, irse hasta Austin y mancillar los Austin City Limits Studio con una nadería como ésta entra en conflicto con el supuesto interés en difundir la cultura de tu país, puro relleno que, sin embargo, no produce la primera nausea de empacho hasta la segunda parte, totalmente autocomplaciente y pensada para el rock de estadio de color más pastel, que es "God as My Witness". ¿En serio esto viene de un tipo que tocaba "Scenteless Apprentice"? ¿Qué hace Gary Clark, Jr. aquí? Por cierto, el final es un horror con ese "fade out" o desvanecimiento.

"Outside" (Los Angeles) nos hace recuperar cierta esperanza hasta que aparecen las guitarras en limpio y volvemos a la instracendencia, por lo menos se nota cierta energía positiva y la canción levanta levemente el vuelo, en ella participa nuestro queridísimo Joe Walsh. "In The Clear" (Nueva Orleans) podría haberse salvado de la quema si hubiesen dejado más protagonismo (sí, más aún) a la Preservation Hall Jazz Band. No seamos ingenuos, Dave Grohl seguro que les fichó tras ver su actuación con Arcade Fire en el Coachella del 2014, ¿qué casualidad, verdad? "Subterranean o cómo la música salvó la vida de Grohl tras la muerte de Cobain" podría subtitularse como "el muerto al hoyo y el vivo al bollo", ¿de verdad es necesario seguir ahondando en este asunto y, peor aún, hacerlo desde la perspectiva de aquel que se ha salvado tras la muerte de su mejor amigo gracias a la música? No nos equivoquemos, el mejor amigo de Cobain era Novoselic, no Grohl (al que pretendían echar tras la gira de "In Utero" del grupo), "Subterranean" es aburrida y forzada, es "Seattle" y la presencia de Ben Gibbard es únicamente en los títulos porque en la mezcla su contribución está eclipsada por Grohl. 

"I Am a River" (Nueva York) cuenta con la baza ganadora de tener a Visconti (¿cuando hace veinte años Grohl decía en una entrevista que no quería ser un dinosaurio pensaba que tendría al productor de Bowie en una canción de su grupo? Seguro que no), lo malo de "I Am a River" es la canción, una auténtica estupidez, ¿tengo que sentir algún tipo de sensación con algo así de malo, estoy obligado por mucho que participe Visconti en ella? Foo Fighters suenan en "I Am a River" como Coldplay con guitarras, le duela a quien le duela. En resumidas cuentas, tenemos un disco ("Sonic Highways") soportado con un documental de ocho horas que hace de "making of" para la televisión, del que sólo salvamos "Something For Nothing" hasta el minuto 1:29 en el que entra el riff de "Holy Diver" y una canción como "In The Clear" gracias a la Preservation Hall Jazz Band, el resto es fácilmente olvidable a pesar de que alguno moje su ropa interior cantando "God As My Witness" en un festival. En una entrevista promocional, Taylor Hawkins decía que el último disco de U2 sonaba como una flatulencia sin sentido pero lo que al batería de Foo Fighters se le olvida es que todos tenemos culo y el suyo no suena ni una tercera parte que el de los irlandeses...

© 2014 Jack Ermeister

Crítica: Machine Head "Bloodstone & Diamonds"

Decía Robb Flynn el pasado mes de agosto que el título del nuevo álbum, "Bloodstone & Diamonds", era fiel reflejo del contenido del mismo. Robb quería transmitirnos la idea de que las canciones que formaban el armazón de su octavo disco de estudio era las más fuertes y compactas que habían hecho hasta la fecha. Todos sabemos que la verdad no puede esconderse para siempre, por lo que tampoco tendría mucho sentido crear falsas ilusiones en los fans aunque, obviamente, defendemos su postura con un fin promocional, al fin y al cabo, el negocio musical -al igual que en el resto de negocios- aunque parezca utópico muchas veces las expectativas se convierten en la mejor inversión a corto plazo. Para hacer dicha afirmación Robb se apoyaba en los dos materiales que había elegido la banda para bautizar al nuevo retoño, ya que tanto la piedra de sangre como el diamante son dos de los elementos más duros del planeta Tierra. Como metáfora no está mal, incluso puede ser hasta divertida, no seremos nosotros quienes le quitemos creatividad al bueno de Flynn; pero es que una vez más pensamos que el vocalista ha vuelto a equivocarse y no lo decimos por el título, que no deja de ser una anécdota más, pero es que lo realmente serio y preocupante es que desde "The Blackening" la banda ha perdido el norte dirigiéndose en caída libre a ninguna parte.

Sé que para muchos es difícil comulgar con la idea de que Machine Head no está atravesando un buen momento, pero creo que tampoco es algo por lo que debamos llevarnos las manos a la cabeza. Robb es uno de los tipos que más bandazos ha dado dentro de la música, pienso que a nadie debe coger por sorpresa dicha afirmación. La irregularidad empezó con su segundo álbum (un gran disco pero donde aparecieron los primeros fantasmas) y siete álbumes después vemos que la misma continua intacta. Seguramente no pocos me tildarán de fatalista e incluso apocalíptico con "Bloodstone & Diamonds", dirán que siendo una de mis bandas favoritas (y eso lo digo yo) sólo me gusta "Burn My Eyes" y "The Blackening" (no les puedo quitar razón en el sentido de que son los dos únicos discos que a mi juicio recibirían cinco estrellas), pero es que mi instinto me dice que la banda se ha apartado hace tiempo del buen camino. Muchas veces he dicho que desde mi punto de vista el verdadero problema de Machine Head siempre ha sido Robb Flynn, ahora ya parece evidente, en un grupo del que sólo queda él como miembro fundador. Robb se ha empecinado como un cabestro en echarse a la espalda todo el peso de una banda estrella y, siendo un gran frontman (que lo es), muchas veces no ha sabido anticiparse a los problemas y restricciones que tal título conlleva.

A todos los problemas surgidos desde sus inicios, recordemos el episodio de un Chris Kontos, relegado por Flynn como "última mierda" por estar enfermo y no poder girar por Inglaterra con la banda, hasta los más actuales como una suspensión de una gira americana a tan sólo dos semanas de su comienzo poniendo como excusas la finalización del nuevo álbum. Como ya comentamos en un anterior artículo, hasta el mismísimo Alexi Laiho (recordemos que Children Of Bodom eran una de las tres bandas más que compartían cartel con los americanos) no entendía los motivos ni las razones de tal suspensión. Suponemos que su discográfica Nuclear Blast no querría retrasos en la publicación del álbum y no estaban seguros de si Robb cumpliría… No contento con la hazaña luego cargó contra los fans europeos por una filtración de "Now We Die" que, al parecer, salió del iTunes del Reino Unido -ni que fuera la primera vez que un disco o una canción se filtra- y ya para rematar la faena y ante las críticas que ha recibido el nuevo disco, Robb vuelve a montar en cólera y toma como decisión, un tanto precipitada, que Machine Head no toque en ningún festival durante todo el ciclo que dure la presentación de "Bloodstone & Diamonds". A veces pienso que a pesar de su edad Robb no deja de ser un niñato al que le dan continuas pataletas sin saber muy bien porqué… ¡Joder, qué eres un señor músico, coño...! Alguien de su categoría no debería caer en estos errores de principiante y que podríamos catalogar de infantiles.

No diré que "Bloodstone & Diamonds" es peor que "The Burning Red" o "Supercharger", pero les va a la zaga. Es bastante peor que "Unto The Locust" y mucho más que "Through The Ashes..." Por desgracia, el adelanto de "Now We Die" ya dejaba entrever que el león no sería tan fiero como visionaba Flynn en Agosto. Estamos ante un tema que va ganando presencia y notoriedad con el paso de los segundos pero no la suficiente como para salvar los muebles de la quema. Su comienzo fastuoso y dormilón, causado por unos violines que pintan más bien poco, es para enviar a la papelera de reciclaje de nuestra memoria, en un acto muy parecido a lo que sucedió con el coro de niños del tema de cierre de "Unto The Locust", "Who We Are". "Killers & Kings" no es un tema nuevo, la banda ya lo editó en el Record Store Day en formato single donde la "cara A" recibía dicha composición mientras que en la B residía la versión (más bien versiones) de Ignite, "Our Darkest Days/ Bleeding". Al igual que me ocurrió en el mes de Febrero, "Killers & Kings" me sigue pareciendo muy buen tema, de hecho podría considerarlo el mejor de "Bloodstone & Diamonds" junto a "Night Of Long Knives" y "Game Over". Un tema muy duro y muy directo que lleva la esencia y el ADN de un clásico y un incunable como es "Beautiful Morning".

La cosa empieza a complicarse y a ponerse bastante fea con "Ghosts Will Haunt My Bones" un "engañabobos" en toda regla, ya que la fantástica melodía de sus guitarras en su fase inicial puede conducirnos al error en un tema excesivamente largo que nos muestra al Robb más simple y anodino de su época más nu-metal. Un Robb que en este caso se olvida de los guturales y apuesta por entonar su voz en un rango que no transmite absolutamente nada.  En "Night Of Long Knives" el tándem Flynn/Demmel anda  más suelto y sobre todo afilado, haciendo unos primeros minutos realmente sobresalientes, donde podemos disfrutar del Robb que más nos gusta, ése que ladra y ruge como alma que se lleva el diablo mientras logra enloquecernos. De "Sailt Into The Black" pienso que todos podríamos rajar durante horas. No sé qué coño estaría pensando Robb cuando decidió meter unos cuatro minutos de auténtica mierda en un tema que se va cerca de los nueve. Tampoco mejora mucho en los últimos cuatro, no obstante viendo los primeros cualquier cosa nos parece buena. Sin duda alguna estamos ante una de las peores composiciones de la banda.

Un estilo propio del sonido Black Sabbath marcan los primeros compases de "Eyes Of The Dead", uno de los cortes que mejor representan el espíritu y estilo de Machine Head. Una canción  con un solo rápido y excelso muy del estilo del que configuraron los dos genios (Flynn y Demmel) en "Clenching The Fists Of Dissent". Esta vez Robb muestra estar en estado de gracia jugando partes muy agresivas con otras más chillonas y melódicas en su estribillo que le dan un toque muy vistoso y vigoroso al tema. "Beneath the Silt" es una soberana basura; lo siento, no puedo decirlo de otra manera, un tema totalmente de relleno que no vale absolutamente para nada, con el cual es imposible sentir alguna emoción. Un tema donde Robb se pasa la mitad del mismo susurrando al más puro estilo de "The Burning Red" y "Supercharger" y donde no tardarán en aparecer los fantasmas de la peor época de los de Oakland.

"In Comes the Flood" no sería un mal tema si durase la mitad y la banda no empecinaran en hacer temas tan largos y extensos, pero es que su ritmo denso y angosto unido a su extenso metraje acaban por convertirlo en una bola difícil de digerir. Con "Damage Inside" te podrías quedar a gusto despotricando, pero es que no merece perder ni un segundo con él. Si os lo saltáis mejor que mejor... "Game Over" vuelve a tirar de casta y de raza auspiciado por un sonido de bajo espectacular y con un Dave sobresaliente aporreando sus parches y golpeando el bombo como sólo él sabe hacerlo (para mí el mejor y el más honesto de los cuatro miembros actuales). Las guitarras por su parte también están en un tono óptimo dibujando los riffs más potentes y contundentes del nuevo retoño de los de Robb Flynn. Con "Imaginal Cells" quieren emular en parte a la industrial y poco convencional "Real Eyes, Realize, Real Lies" mientras que "Take Me Through the Fire" se convierte en un modesto final para un disco que no pasará a la historia por ser uno de los mejores de este 2014.

Por desgracia, Machine Head han entrado en un proceso de caída libre que no sabemos hasta dónde puede llegar, de hecho posiblemente ni los mismos interesados lo sepan. Una vez descubiertas las cartas sobre la mesa diremos que "Bloodstone &  Diamonds" tiene cuatro o cinco bazas aceptables, que tampoco brillantes (no nos engañemos), pero que en cualquier caso no les sirven para ganar y menos aún para conseguir el aprobado...

© 2014 Lord Of Metal

Concierto: The National (Madrid) 31.10.2014

SETLIST: Don't Swallow the Cap/ I Should Live in Salt/ Mistaken for Strangers/ Bloodbuzz Ohio/ Sea of Love/ Afraid of Everyone/ Squalor/ Victoria/ I Need My Girl/ This Is the Last Time/ Ada/ Slow Show/ Pink Rabbits/ Conversation 16/ Sorrow/ England/ Graceless/ Fake Empire/ Mr. November/ Terrible Love/ Vanderlyle Crybaby Geeks/

Sabes que algo grande esta a punto de ocurrir cuando ves a la gente corriendo por los pasillos, cuando sientes esa excitación en el ambiente, cuando las hordas de niños que han visto a The Kooks se quedan callados y siguen canciones como "Sea Of Love" o incluso guardan silencio durante la imposible "I Need My Girl" ante ocho mil personas, sabes que algo grande ha tenido que ocurrir cuando ves crecer a un grupo que da el salto y deja de tocar en salas para llenar una plaza de toros y, más tarde, un palacio de deportes (lo que fuera de nuestro país se conoce como "arenas") y devoran una noche con una propuesta no apta para todos los públicos. Lo de los hermanos Dessner, Devendorf y el alto Berninger es digno de estudio y de regocijo para todos aquellos que aman la música. Sus canciones no nacen de la necesidad de éxito, muchas de ellas no son fácilmente radiables y, sin embargo, cubren ese espectro que va desde el indie al pop o el rock, llenan el hueco de los mejores R.E.M. o Tindersticks y miran de frente a Nick Cave y los suyos con historias mucho más cercanas a los proscritos o asesinos en serie del australiano, The National hablan de ti y de mi, de la incapacidad para llevar un relación, de la necesidad de tener a alguien que no conviene al lado, del amor, de los celos, de las infidelidades, de las borracheras, de los remordimientos, de los complejos dilemas existenciales cotidianos; nunca ser normal ha tenido tanto glamour, gracias a ellos.

The National volvían de nuevo presentando el extraordinario "Trouble Will Find Me", ese disco que todo el mundo se apresuró a criticar y ahora todos callan y asienten porque crece dentro de uno, un álbum que se muestra inmenso con cada escucha y contiene grandes canciones con vocación de clásico dentro del repertorio de los de Ohio y se pasaban de nuevo por España cuando hacía menos de un año que habían tenido su gran puesta de largo pero esta vez dentro de un insulso festival apadrinado por Sony y aquí es donde debemos hacer crítica del Mad Live! 2014. Aquello no fue un festival sino un concierto de The National con una purrela de grupos con una propuesta tan diferente y con un orden tan absurdo en el cartel que parece que la posición de cada uno se jugó a los dados. El puesto de merchandising repleto de material de The Orwells, ni rastro de material de The Kooks, Mando Diao o el resto de grupos y tan sólo dos modelos de camisetas de The National. Los grises hicieron lo que pudieron mientras los tweets de las pantallas del evento decían que lo de Belako había sido de órdago, ¿de verdad alguien puede creerse algo? Pero lo de Mando Diao fue un insulto al buen gusto, entiendo que haya chavales que les hayan visto por primera vez y se entretuvieran con el dantesco espectáculo que se organizó en el escenario pero cualquiera que haya seguido de cerca la carrera de los suecos tuvo que alucinar con el mal estilo de su nueva y última reencarnación. Para resumir podemos decir que aparecieron en el escenario vestidos de blanco y armados con guitarras Shecter (nada en contra de esta genial marca de instrumentos, pero alguien que entienda un poco sabrá lo chocante que es ver a los de Börlange con una de éstas al cuello), y una actitud más propia de un grupo de Madchester que de la sobriedad sueca de la que antaño hacían gala para transformar su repertorio en una verbena con tintes de orquesta de hotel de verano, con Björn Dixgard y Gustaf Noren sin camiseta, alargando canciones como "Gloria" o "Dance With Somebody" hasta el último estertor para terminar marcando el ritmo con el culo y saltar por el escenario rapeando en algunas ocasiones o haciendo un dueto extraño y sin sentido en español con Zahara en "Sweet Wet Dreams". ¿De verdad han quedado para esto Mando Diao? ¿Dónde están sus influencias de los sesenta o setenta, su actitud, sus guitarrazos y su apariencia cool y elegante sobre las tablas? La próxima vez que alguien les aleje de la sangría o les quite los discos de los Happy Mondays del camerino, por favor.

Para colmo del dislate y tras Cycle y The Kooks, a los organizadores no se les ocurre otra cosa que, antes de la salida de The National, poner a todo el pabellón a cantar Raphael o Leiva, por suerte la iniciativa fue poco seguida por el respetable, creo que todos aquellos que no nos vimos influidos por el espíritu del vino o la cerveza sentimos de nuevo vergüenza ajena. ¿Tenemos que decir que nos gustó Mando Diao después de haberles visto en dos ocasiones siendo completamente lo opuesto a su versión hortera de aquella noche? ¿Tenemos que decir que el evento en general fue una maravilla y un ejemplo de originalidad y buen gusto con la gente pendiente de las pantallas por si publicaban su tweet y entraban en el sorteo de un smartphone? Fue un espectáculo de tercera, una nochevieja cutre y fuera de fecha en la que no faltaron animadores y animadoras, petardos y petardas. 

Se apagan las luces, resuena el estruendo de una tormenta, "Riders In The Storm" de The Doors es la introducción y no veo una mejor apertura que el piano de Manzarek y la voz de Morrison mientras The National toman el escenario, es en ese momento cuando temo por la pista y creo que todos los críos que han ido a ver a The Kooks no seguirán el concierto de Berninger y los suyos pero me equivoco; The National son recibidos en mitad de un griterío ensordecedor y un mar de aplausos que hacen sentir que juegan en casa y que el concierto, incluso antes de que las dos parejas de hermanos ocupen su posición y se cuelguen sus instrumentos, ya tiene un claro ganador. "Don't Swallow the Cap" arranca acelerada y con la voz de Berninger aún no caliente, suena infinitamente más rápida que en el disco y nos damos cuenta que tras la aparente calma de las canciones del grupo, en el escenario hay tensión y rabia que se traducen en el nervio de Bryce Dessner a la guitarra y Berninger que se arranca gritando algunas de las partes más emotivas de los temas y se olvida su voz de tenor y allí el que no cantó "I'm not alone, I'll never be. Into the bone, I'll never grieve" es porque no quiso.

"I Should Live in Salt" desplegó sus alas sobre el público y nos sumergimos en "Trouble Will Find Me", resuena magnífica cuando Berninger sube el tono "I should leave it alone but you're not right. I should live in salt for leaving you behind". La siguiente en caer como una losa es "Mistaken For Strangers" que añade tensión de manera súbita al concierto pero nada como una rápida y contundente "Bloodbuzz Ohio" para calentar el ambiente y es que vale su peso en oro escuchar en directo a Matt cantar aquello de: "I was carried to Ohio in a swarm of bees. I'll never marry but Ohio don't remember me", el trabajo a las seis cuerdas de los hermanos Dessner es magnífico  como el de los hermanos Devendorf en la base rítmica que gana enteros en directo sonando aún más cruda que en disco. El ambiente sigue caldeándose gracias a la urgencia de "Sea Of Love" coreada por todos los asistentes y, de nuevo (como ocurrió en "Mistaken For Strangers") vuelve a subir la tensión gracias a la sombría y desoladora "Afraid Of Everyone" con una letra que haría temblar a cualquier coloso de la música popular: "With my kid on my shoulders I try not to hurt anybody I like but I don't have the drugs to sort. I don't have the drugs to sort it out. Sort it out…" Vamos a "Boxer" con una rápida "Squalor Victoria" y convierten el pabellón en una iglesia gracias al relativo silencio de los asistentes durante "I Need My Girl" y vuelta de lleno a "Trouble Will Find Me" con la pegadiza "This Is The Last Time". De nuevo a "Boxer" con "Ada" y una coda final soberbia de Sufjan Stevens que les ayuda durante todo el concierto, un invitado de auténtico lujo.

Tras "Slow Show" dedican "Pink Rabbits" a sus hijos, los cuales estaban en casa disfrazados de Halloween y hacía tres años que no coincidían con ellos en una fiesta tan norteamericana como esa. Se percibe cierto cansancio por parte del grupo tras años de interminables giras, discos e incluso un documental pero es que la gira de "Trouble Will Find Me" se ha alargado más de lo que ellos esperaban, son las concesiones del éxito... ¿Qué decir del binomio "Slow How"/ "Pink Rabbits"? Una auténtica maravilla, deliciosas ambas en directo. La gran sorpresa para mí llega con "Conversation 16", una canción que no pensé que escucharía en directo viendo que el grupo no la había tocado en sus últimas noches, es pop en estado puro, magnífica y sorprendente el ver a todo el público canturreando: "I was afraid, I'd eat your brains 'Cause I'm eeeeeevil". El concierto encara la recta final y nos disparan a traición "Sorrow"; densa, espesa, para paladear, sólo para gourmets. Amanece con el piano de "England" y recuperan más cuerpo aún con "Graceless". ¡Por dios, esos versos "Is there a powder to erase this?Is it dissolvable and tasteless? You can't imagine how I hate this" son pura genialidad y todo un placer poder cantarlos en un concierto! "Fake Empire" suena épica y es cantada al unísono por todos -si quedaba algo de garganta y fuerzas, claro- y se arrancan con "Mr. November" que tiene que volver a empezar porque Matt ha roto el micrófono de tanto golpearse la cabeza con él pero es que no parará durante todo el concierto. 

Bebe y tira las botellas al aire, arroja y castiga el soporte del micro y lo arroja contra el suelo, se golpea el pecho y resuena por todo el pabellón los golpes que se da en la cabeza. Pero la locura, la locura máxima llega con "Terrible Love" y esa tormenta de electricidad que sacude a todo el público y, para colmo, Matt se mete entre las primeras filas, por los laterales, sube a los palcos mientras el personal de seguridad hace lo imposible para que la gente le deje avanzar y el cable del micro no se enrrolle. Aplausos, caras de felicidad y una última sorpresa, desenchufan los instrumentos y Matt, sin micrófono y a gritos termina encaramado a la valla de seguridad de las primeras filas mientras arenga con el puño y entona "Vanderlyle Crybaby Geeks" completamente a capella; "Man, it's all been forgiving. Swans are a swimmin', I'll explain everything to the geeks, I'll explain everything to the geeks, to the GEEEEEEEEEEKS…" y el que no se emocionó es porque, simple y llanamente, no tuvo corazón…

© 2014 J.Cano
Fotos de @NananaEva, 
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