METALLICA en Madrid...

Un concierto con tantas luces como sombras, pésimo sonido y repertorio irregular.

"The Valley" de WHITECHAPEL.

Consigue agarrarte por los huevos pero también encogerte el corazón, todo un logro...

El adiós de CHROME DIVISION...

"One Last Ride" de CHROME DIVISION (Shagrath, DIMMU BORGIR), digno canto del cisne de una banda que se despide.

Así es "Hexed" de CHILDREN OF BODOM.

Laiho y los niños del lago BODOM regresan con un álbum diferente, pero dinámico y mágico.

"Songs For The Dead Live": KING DIAMOND sigue siendo el rey.

Así es el nuevo directo del danés, gira de la que fuimos testigos....

"amo" de BRING ME THE HORIZON: el estrógeno es bello...

...o cómo Oli Sykes pierde el norte y trollea a su público.

HIGH ON FIRE, Mastodon en estado crudo.

Con "Electric Messiah" estamos de enhorabuena, han vuelto a firmar otra joya.

GRETA VAN FLEET: The song remains the same

Cuando el hype se traduce en premiar la escasez de originalidad...

"The Sacrament Of Sin", hacen falta más bandas como POWERWOLF

cuyos estribillos resuenen una vez la canción ha concluido...

OBSCURA lo han logrado...

Su nuevo álbum, "Diluvium", es más directo y superior que “Akróasis”

IMMORTAL: Los dioses del norte han vuelto...

Negro, crudo y gélido, el nuevo disco de los noruegos demuestra que hay vida después de ABBATH.

"Viktoria" de MARDUK

No es "Panzer Division Marduk" pero sitúa a Morgan y Mortuus de nuevo en el mapa...

A PERFECT CIRCLE: La larga digestión del elefante…

El aperitivo perfecto para amenizar la espera de lo nuevo de TOOL…

BLACK LABEL SOCIETY en MADRID: la pentatónica es bella...

Testosterona, amplificadores, calaveras y cadenas para presentar en directo "Grimmest Hits"

"Down Below" de TRIBULATION

Suena a vampiros y fantasmas, a goticismo urbano y crímenes y pasiones desatadas bajo un cielo pintado con los colores de un corazón desangrándose...

TAAKE: El rey del invierno

Ha vuelto y, en ausencia de IMMORTAL, Hoest reclama su trono.

"Mirror Reaper" de BELL WITCH o la eterna sensación de ausencia...

Especial, sencillamente especial, y no apto para todos los gustos pero sí para aquellos que buscan una experiencia vital a través de la música…

"Nightbringers" de THE BLACK DAHLIA MURDER; joder si tiene encanto...

Nadie suena como ellos en un álbum que bien podría entenderse como el mejor de su carrera hasta la fecha.

Crítica: The National “I'm Easy To Find"

Hay discos que son como habitaciones, como espaciosos apartamentos de veraneo, en los que uno pasa un tiempo y cura sus heridas, alejado del mundanal ruido, sumergiéndose en otras vidas e historias con las que tomar perspectiva, aprender o morir en ellas. Eso fue lo que significó para mí la carrera de The National entre “Boxer” (2007), “High Violet” (2010) y, en especial, “Trouble Will Find Me” (2013). Tres discos que, sería muy arrogante por mi parte asegurar que forman una mal denominada trilogía, pero con los que conecto a un nivel tan profundo que soy plenamente capaz y consciente de establecer relaciones y configurar toda una simbología entre la vida del hombre moderno y sus preocupaciones, en mi propio día a día. Ello no quiere decir que “Alligator”, (2005), “Sad Songs for Dirty Lovers” (2003) o el propio “The National” (2001) sean malos títulos, todo lo contrario, la carrera de The National ha de concebirse como un todo en el que “son todos los que están y están todos los que son” porque todos, al fin y al cabo, forman parte del mismo mural.

Pero, no soy el único que lo siente, también la propia banda, “Trouble Will Find Me” supuso un pequeño punto de inflexión, quizá porque la gira duró más de lo previsto, quizá porque supuso uno de sus picos creativos más altos y la crítica, los seguidores y ellos mismos lo sabían, quizá porque supieron sortear el precipicio bajo sus pies de un álbum tan enorme como “High Violet”, que muchos críticos especializados titularon ridículamente como “El guardián entre el centeno de la música” en un absurdo ejercicio de crítica que dice más del que escribe que del artista. Pero, indefectiblemente, la comparación con la obra de Salinger no era tan gratuita como parece a primer golpe de vista cuando, de manera tangencial, todos llegamos a sentirnos representados o identificados en los pequeños dramas cotidianos que The National supieron relatar entre “High Violet” y “Trouble Will Find Me”. No hay mayores monstruos o miedos que los que nos rodean en nuestro día a día y creamos nosotros mimos, ellos lo sabían, los señalaron y cantaron a las relaciones de pareja insatisfactorias, las pasionales, las tóxicas, los amores a la luz de la luna pero también los dramas existenciales de cada uno; las fobias, los miedos, las penas que había que ahogar y las arañas que matar, el miedo a los extraños, a que a tus hijos les pase algo, al frío, a que la vida te devore y te escupa, a un público sediento de comprensión, no tan joven como para saberlo todo pero sí tan incipientemente adulto como para empezar a temerle a todo.

Tras aquel álbum, tocaba romperlo todo en pedazos y vaya si lo hicieron en forma de colaboraciones, tanto los hermanos Dessner, los Devendorf y el propio Matt Berninger, algunas con más acierto que otras, como Elvy y, por fin, “Sleep Well Beast” (2017), un disco notable -porque con The National no puede ser de otra manera- pero que muestra la incertidumbre propia de una banda que duda entre el art-rock y la experimentación, entre el rock clásico para adultos y el indie, configurando un repertorio a veces genial, otras veces previsible, unas inspirado, otras autoparódico cuando, como los U2 de los ochenta, The National se toman tan en serio a sí mismos que cualquier acto cotidiano se reviste con el boato de una comunión o, mucho peor, un funeral; para que se entienda, cuando al pop lo dotas de una seriedad y un rictus que etimológicamente no le pertenece y nunca lo hará.

Y en esa senda continúa “I Am Easy to Find” (2019) cuando, en lugar de componer canciones que trasciendan, quieres que tu álbum sea el que lo haga, como una unidad y, en lugar de grabar y devenir en arte, pretendes grabar arte. De la unión con el director Mike Mills (‘Beginners’ o ‘20Th Century Women’) y la mutua admiración entre él y Berninger, surge la idea de un corto con Alicia Vikander como protagonista en el que la propia banda corre presta a aclarar que la relación entre ambos productos es innegable pero no dependiente; “el disco no es la banda sonora del corto, pero este tampoco es el video que representa a las canciones” y es de ahí, de esas arenas movedizas que Berninger compara con dos hermanos que se llevan mal pero entre los que hay una relación: que el disco de The National posee momentos de innegable belleza y grandes aciertos, pero también momentos de pérdida argumental cuando el oyente casual, ajeno a lo que pretende la banda alternando las voces femeninas de colaboradoras como Sharon Van Etten, Mina Tindle, Lisa Hannigan o Kate Stables, pierde como referencia la voz de barítono de Matt Berninger y se encuentra navegando entre canciones con diferentes voces, pelajes y arreglos electrónicos.

Las canciones de “I Am Easy to Find” son como las aguas de un río, comienzas a meterte en ellas, “You Had Your Soul With You”, son tan tibias como familiares, el zigzagueante comienzo evoca a “Sleep Well Beast”, la electrónica permanece contenida en forma de loop, Berninger, Dessner y Devendorf en su sitio, nada parece cambiar hasta la presencia de Gail Ann Dorsey en las voces, pero el experimento funciona porque su voz se mezcla con la de Berninger. Algo parecido a lo ocurrido en el single “Quiet Light” que podían haber grabado en el anterior álbum; siendo vertebrada por el piano y la voz de Berninger en el relato de una pareja que se ama pero cuyos protagonistas habitan galaxias distantes. Nada parece haber cambiado y, más o menos inspiradas, las canciones nos muestran la naturaleza del álbum hasta la quietud de “Roman Holiday” y de nuevo las dobles voces con Berninger como maestro de ceremonias, cubriendo el registro más grave, llevando de la mano al oyente a través de las colaboraciones; esas que, poco a poco, terminarán por fagocitar la identidad del álbum. “Oblivions” posee una bonita melodía y una introducción sencillamente preciosa, el in crescendo entre el pulso y el piano, su intensidad y el drama, sitúan a la canción como una de las pequeñas cimas de “I Am Easy to Find” que, por desgracia, comparte espacio con momentos interesantes (“The Pull Of You” y su narración) y momentos prescindibles como “Hey Rosey” (a pesar de sus arreglos) o, por desgracia, aquella que da título al álbum.

Un interludio como “Her Father In The Pool” que es tan prescindible, estéticamente hablando, como necesario si entendemos que es una visagra a lo que está por venir y es la verdaderamente innecesaria deconstrucción de la imagen The National con la repetitiva “Where Is Her Head” o el lado femenino de la banda, de la historia que quieren contar y que nos lleva a “So Far So Fast” y la coral “Dust Swirls In Strange Light”, capaz de descolocar a cualquiera de sus seguidores. Es por eso que quizá “Hairpin Turns” sea tan agradecida tras una parte central como es la de “I Am Easy to Find”, porque la canción nos recuerda de lo que son capaces The National. Algo similar ocurre con “Ryland”, otra de esas bonitas melodías que son capaces de facturar y bajo la que subyace la paternidad y los hijos, tema tratado de una manera magistral, todo hay que decirlo. “Underwaters” pretende ser una coda, una despedida cálida que, sin embargo, nos regala un último coletazo, la bonita “Light Years” en la que, a pesar de la emoción en la metáfora de los años luz y la distancia insalvable entre dos personas, se torna en contención cuando, muy al contrario de cómo resolvían otras canciones en el pasado (“Slipped” o “Fireproof”, por ejemplo) la canción no termina de hacernos sangrar o llorar.

Primer disco de The National en diecioho años (sí, has leído bien) con el que no termino de conectar a un nivel más profundo, al que me cuesta entrar y del que salgo sin la necesidad de volver a escuchar una u otra canción porque, por primera vez, tengo la sensación de que todos los colores que necesitaban para pintar ese mural que mencionaba al principio, ya los han usado con anterioridad. Una buena amiga mía asegura que “I Am Easy to Find” es “la necesaria feminización de una banda que era inminentemente masculina” y a mí todo eso me suena tan hueco como siempre, cuando además no hay canciones que lo sustenten y un recorte de minutaje le habría sentado maravillosamente bien. Como diría otro buen amigo mío y que esta vez sí lo hago mío; “me encanta Lou Reed pero cuando se pone petardo no lo soporto…”, me está pasando igual con The National, para mi desgracia…


© 2019 Jesús Cano


Crítica: Sunn O))) “Life Metal"

Descubrir es conocer y entender. Si me hubieses preguntado hace diez años por Sunn O))), te habría mirado con sonrisa irónica y colmillo goteante mientras, con toda la acidez del mundo corriendo por mis venas, habría menospreciado tu gusto y me habría reído de ti. Pero si hay algo que haya hecho y disfrutado con fruición a lo largo de la última década, ha sido escuchar más y más música, hasta extremos verdaderamente enfermizos y no me refiero únicamente en disco, desde la comodidad del hogar, sino también en directo que es en donde, en gran parte de las veces, más se aprende. Hace unos años seguía teniendo la espinita clavada de ver a Stephen O'Malley y Greg Anderson sobre las tablas, Sunn O))) no es un grupo que se prodigue demasiado sobre los escenarios españoles así que, en cuanto tuve la oportunidad, no lo dudé ni un segundo en un fin de semana en el que también disfruté de Earth de Dylan Carlson y la puesta de largo de “Kannon” (2015). Me encontraba en un escenario en mitad de la campiña francesa, en plena madrugada, esperando a que O’Malley y Anderson se colgasen sus guitarras tras el privilegio de asistir a su prueba de sonido con un accesible Attila Csihar de Mayhem que llevaba un chaleco con un enorme parche en la espalda de “Screaming For Vengeance” de Judas Priest, quizá mi disco favorito de la banda. Sunn O))) tomaron el escenario, flanqueados por más de una decena de enormes pantallas y cabezales, como si de una construcción funeraria druida se tratase, envueltos en humo y vestidos con su habitual indumentaria, a medio camino entre siniestros monjes y jawas del planeta Tatooine, O’Malley trazó un gran arco con su brazo derecho y atacó las cuerdas de su guitarra con un golpe seco y una nota monocorde que pareció durar los cuarenta y cinco minutos de actuación. Lo que vino a continuación es verdaderamente difícil de explicar y hay que vivirlo en directo, sí o sí; enormes cantidades de humo nos rodearon hasta aislarnos a unos de otros en el público, la sensación de estar a solas viendo un concierto es abrumadora, el volumen de la música era ensordecedor y hacía vibrar tu cuerpo, la oscilación de la misma nota creaba un extraño trance y estado de ánimo, algo a lo que ayudó Attila con su peculiar interpretación en esa lengua ininteligible que sólo el parece conocer. Es por eso que debes desconfiar de todo aquel que te diga que escucha habitualmente a Sunn O))) o, mucho peor, escribe reseñas sin haberlo vivido, porque al proyecto de O’Malley hay que escucharlo en directo para entenderlo, lejos del esnobismo más absurdo de creer que es posible pinchar sus canciones desde “ØØ Void” (2000) a “Monoliths And Dimensions” (2009) o “Soused” (2014) y escucharlas como si fuesen singles de éxito de la Motown.

Es por eso también que me apetecía mucho escuchar “Life Metal” (2019), además de por la producción de Steve Albini (ahora Shellac) ya que, aunque sé que ya es un mercenario y acepta grabar a todo aquel dispuesto a pagar su estudio, el morbo de escuchar un álbum de Sunn O))) grabado por Albini y producido por Greg Anderson, bajo una portada de Samantha Keely Smith que, por la gama de colores, me recuerda muchísimo a “Les Trésors de Satan" de Jean Delville que Morbid Angel utilizaron para su mítico segundo álbum, “Blessed Are The Sick” (1991), era suficiente aval para que le prestase atención a “Life Metal”.

Los relinchos y el trote con el que abren “Between Sleipnir’s Breaths” logran unirse a las guitarras de O'Malley y Anderson, dibujando el mismo paisaje eléctrico clásico de Sunn O))), brochazos de distorsión en notas eternas que parecen solaparse y vibrar, pero esta vez hay más melodía, esto es mucho más que drone, es algo más y la angelical pero también inquietante voz de Hildur Guðnadóttir así lo demuestra, lejos del ahogado canto de Csihar. En “Troubled Air”, la presión atmosférica sigue siendo insostenible, creemos que nos faltará el aire y que estamos ascendiendo hacia el sol hasta que entran los teclados de Nieuwenhuizen y sentimos nuestra piel quemándose, doce minutos de drone espacial. Buscarás lamerte las heridas en “Aurora”, su comienzo es engañoso, más aún esa segunda parte, “Novae”, en la que podrás entrar en trance hasta que Guðnadóttir decide convertir su cello en un didyeridú, frotando el arco de manera violenta y así cerrar más de una hora con cuatro canciones en las que no hay concesión alguna excepto la intención de sumergirte en un oscuro trance del que tan sólo podrás escapar cuando acabe el “Life Metal”. A pesar de tener grandes momentos y mejores ideas, de trabajar mucho mejor las texturas y el atrevimiento de jugar con algo de melodía, el nuevo álbum de Sunn O))) no llega a la altura de mi favorito, “Monoliths And Dimensions” (2009), aún con una canción como “Between Sleipnir’s Breaths”. Eso sí, hazme caso y desconfía de todo aquel que escriba o te hable de ellos e intenta vivirles en directo. Tras esta banda, como ocurre con muchas, hay tanto postureo e incomprensión que abruma encontrarse con uno de esos bloggers tan chachis o chavalitas amantes de Cult Of Luna, charlar y descubrir que es todo mentira y los vinilos no tienen ni una sola pasada de aguja…


© 2019 James Tonic

Crítica: Rammstein “Rammstein"

La primera en la frente; no, no me ha gustado el nuevo álbum de Rammstein o, por lo menos, no como debería, no como debería tras diez años de espera. La segunda, mientras todo el mundo conoce a este álbum como “Rammstein”, la banda y su propia web insisten en que no lleva nombre, que “Untittled” es más apropiado. Vale, lo entiendo, pero sigue sin gustarme y tampoco su portada. Para entenderme, entender a la banda de Berlín y a su público, ese polarizado en dos facciones; una que ha mojado la ropa interior, mientras otra es más escéptica y alega necesitar más escuchas o echar de menos algo de contundencia, quizá haya que insistir en el hecho de que "Liebe ist für alle da" (2009) fue publicado hace diez años, lo que es mucho para una banda y constituye todo un examen de relevancia en el tiempo, tan sólo al alcance de unos pocos, pero ha generado un fenómeno que bien podría explicarse con lo sucedido con una banda como TOOL y es que hay una generación entre los dieciocho y veintiocho que no ha vivido todavía la publicación de un álbum de la banda berlinesa y, por lo tanto, tampoco su correspondiente gira y, aunque Rammstein hayan visitado nuestro país casi una decena de veces desde la publicación de "Liebe ist für alle da", el hambre por nueva música ha crecido arraigado en un público que ya no entiende más giras sin canciones nuevas que la soporten y quieren, se ven obligados a ser parte del hype. Ahora sí lo entendemos todos…

Por otra parte, a Rammstein hay que entenderlos; “Sehnsucht” (1997) los descubrió al gran público de la mano de Lynch y si servidor pudo estar en aquella gira y en la siguiente, “Mutter” (2001), fue por Reznor y aquel single, “The Perfect Drug”, que catapultó la banda sonora de “Lost Highway” (1997) que, si no me equivoco, contenía "Rammstein" y “Heirate Mich". De cualquier forma, “Mutter” fue un gran álbum -el mejor de su discografía, a mi entender- y aquella gira una auténtica locura de la que, me siento orgulloso, puedo dar fe. A partir de ahí, una pequeña debacle, la banda ahonda en sus vicios pero también su talento y, aunque inferior, “Reise Reise” (2004) soportaba el directo y, por qué no, también el paso del tiempo pero no puedo decir lo mismo de las sobras de la noche anterior que fueron “Rosenrot” (2005), su peor título hasta la fecha, algo que solucionaron con el mencionado "Liebe ist für alle da" y, de nuevo, la espiral descendente en sus vicios; Lindemann quizá sea el mejor estereotipo de la última y auténtica estrella de rock, cumpliendo con todos los tópicos pero eso, desgraciadamente, también le ha pasado factura a Rammstein con un hiato de diez años, la desesperación de Kruspe por publicar y salir de gira, lo que se ha traducido en diferentes proyectos al margen de Rammstein y, por supuesto, el proyecto de Lindemann con Peter Tägtgren (Hypocrisy pero también Pain…) y aquel pueril “Skills In Pills” (2015) que, por desgracia, tendrá su continuación con “Hansel Und Gretel” (2019) o, lo que es lo mismo; Rammstein de garrafón.

Diez años son muchos y Rammstein siguen sonando igual pero con matices, este álbum suena actual, vuelve a hacer aparición la dichosa compresión (es hijo de su tiempo), pero también bajan las guitarras y la electrónica tiene más presencia en una colección de canciones en las que los singles son claros (“Deutschland”, “Radio”, “Zeig Dich” y, por supuesto, “Ausländer”) pero se pierde a la quinta, en “Sex”, entre baladas, medios tiempos y recitados de Lindemann y no levantará cabeza hasta “Tattoo” con algo de fuerza, entre medias; canciones templadas o lo que parecen descartes, a medio camino entre el homenaje a sí mismos en un momento en el que hay otras bandas que suenan más a Rammstein que ellos mismos.

Celebré “Deutschland” como el regreso de un viejo amigo, hay ganas y dinero tras un videoclip perlado de referencias, en un videoclip que cumple otra de las máximas de Rammstein; molesta, molesta y molesta, sé incómodo, si te incomoda porque eres alemán, te jodes, si te incomoda porque odias a los alemanes, te jodes igualmente. Esa es también la grandeza de una banda a la que se la critica precisamente por ser grande. Sobresaliente en lo estético, tras el sintetizador de Flake la canción parece que va a estallar pero no lo hace, aún así es “puro Rammstein” y el estribillo, aunque es obvio y fácil, funciona y hará lo propio en directo, una brillante carta de presentación tras una década de ausencia. Mientras que para amar “Radio” has de escucharla muchas veces y, en ese caso, su estribillo se pega gracias al tono de Lindemann. Aún así, el segundo single ya muestra alguna de las debilidades del álbum y es una mayor presencia de la electrónica, comiéndose las guitarras de Kruspe y Landers, en una composición claramente menor hasta una ligeramente más elaborada, “Zeig Dich”, quizá la mas acelerada de todo el álbum, con un estribillo, unas guitarras y un tempo que recuerdan a "Links 2 3 4", tendencia que rompen con unos operísticos coros; un recurso algo forzado para dotarla de épica pero que puedo perdonarles a tenor de lo que nos espera.

El momento hortera que todo disco de Rammstein debe poseer, se traduce en "Ausländer" pero en este álbum se superan a sí mismos y tras la primera escucha de Lindemann cantando algo como; “Ich bin Ausländer (Ausländer). Mi amore, mon chéri. Ausländer (Ausländer). Ciao, ragazza, take a chance on me. Ich bin Ausländer (Ausländer). Mon amour, Я люблю тебя. Ein Ausländer (Ausländer). Come on, baby, c'est, c'est, c'est la vie” (que no es, ni mucho menos, lo peor que le he escuchado), uno descubre una canción petarda pero pegadiza, un cruce imposible entre Modern Talking y Rammstein, entre la verbena y la catetez, entre los clubes que tanto le gustan al propio Lindemann y las guitarras de Kruspe, tan chocante como deliciosa, si uno es capaz de desfibrilar sus propios prejuicios.

Sin embargo, lo peor de “Rammstein”, es la zona gris en la que deciden internarse con “Sex”, Kruspe y Landers interpretando unas guitarras propias de Muse o de los menos imaginativos Depeche Mode, el bajón definitivo en “Puppe” o la evocación a los Nine Inch Nails de “Closer” con esa batería de Christoph (en el que quizá sea el álbum de Ramstein en el que menos presencia y matices tenga su instrumento). Pero prosiguen las baladas y los medios tiempos, así es la acústica “Diamant” o la aburridísima “Weit Weg” que harán perder el interés al más sediento de sus seguidores, hasta hacerle recuperar el pulso en la templadita “Tattoo” en la que, por lo menos, pisan un poco el acelerador, antes de, adivinen ustedes, otro medio tiempo; “Hallomann”, con la que despedir el álbum de manera tan tristona como tediosa.

Correcto, sólo eso, con buenos momentos (“Deutschland” y "Ausländer") pero inferior a "Liebe ist für alle da" y la pérdida de la agresividad, de la contundencia, de la mala leche industrial por la que aseguraban necesitar la potencia de una planta nuclear para sus conciertos. Kruspe quiere que de Rammstein también se hable por la música, no quiere que la banda se convierta en algo parecido a Kiss pero, sin embargo, también le preocupa que las presentaciones en festivales sean a plena luz del día y deja todo el riesgo para Emigrate, mientras permite que las guitarras pasen a un segundo plano y se cuelen composiciones menores en el séptimo álbum de la banda que les ha dado la fama mundial, tras una década de ausencia discográfica. No tengo la menor duda, esto es tan sólo una excusa para salir de gira y para los hijos de sus seguidores, esos que se están destetando ahora mismo, no habrá mucha diferencia entre Kiss y Rammstein, llegará el día en el que esos niños les pidan al Resu que les retiren del cartel por canciones como “Te quiero puta!” y, en efecto, acudan a tus conciertos sólo por la pirotecnia, el espectáculo, no por tus últimas canciones…

© 2019 Blogofenia



Crítica: Enforcer “Zenith"

Siempre que escribo sobre una banda cuya música no logra el complicado equilibrio entre el revival ochentero o la parodia y arrojo agua fría sobre el hype y todos sus seguidores, siempre e inequívocamente están los lectores que saltan sobre mi espalda y defienden con uñas de poliéster y mallas de leopardo la integridad de la banda de sus desvelos. Suele ocurrir también que en su defensa recurren a la hipérbole, a la exageración, cuando no al eufemismo de la ambición, la evolución y la experimentación, como es el caso de los suecos Enforcer. Una formación a la que he tenido el gusto de ver en directo presentando “Death By Fire” (2013) y “From Beyond” (2015) y, no llegando mi entusiasmo al extremo de querer tatuarme su logo en mi brazo, sí que he salido satisfecho de sus conciertos, como también considero “Diamonds” (2010) un buen trabajo, pero bien es cierto (y todos los que hayan escuchado su música no podrán negarlo) que la banda ha cambiado su norte en cada uno de los discos publicados hasta la fecha, lo que no es malo, por supuesto que no. Señores, si el disco que nos ocupa, “Zenith”, no me gusta no es por su estilo o su producción sino porque, principalmente, las canciones no están a la altura de lo que Enforcer pueden escribir, componer y grabar. Además, a ello hay que sumarle que el prefabricado glam hard rock ochentero que han querido facturar en este, hay momentos en los que parece rozar la parodia más absoluta y el hecho de que lo hayan grabado también en español no influye para nada en mi juicio, no lo veo como un detalle a sumar; podrían haberlo grabado en kryptoniano, la lengua de mi planeta, y no sentiría mayor simpatía por unas canciones como “Muere por el diablo”, “Zenith del sol negro”, “Voy a encontrarte” o “Por siempre seguimos en la oscuridad” que producen auténtica vergüenza ajena en la lengua de Cervantes por el mero hecho de que han sido traducidas o adaptadas y uno descubre, con mayor sonrojo aún, la intrascendencia y vacuidad de unos versos adolescentes que no dicen absolutamente nada, cuando en inglés disimulan y las armonías encajan a la perfección con el tipo de música que Enforcer quieren vendernos ahora, pero no en otra lengua.

No recurriré al hecho de la salida de Adam Zaars (Tribulation) como mera excusa porque Enforcer estarían ahora mismo en el mismo punto, con él o sin él. “Zenith” es la evolución lógica de una banda que parece haber perdido la frescura y registra en los discos de sus padres, buscando lo perdido. “Die For The Devil” es puro rock anacrónico de FM, riffs manidos, versos y estribillos tan artificiales como sus coros y actitud fingidamente despreocupada. Tan infantil que “Zenith of the Black Sun” parece un drama de power metal de bajo calibre, con un tempo que te recordará a los mejores momentos de Dio (la sección rítmica de Lindqvist y Wikstrand evoca a “Holy Diver”) y, claro, a unos Hammerfall menos vigorosos. “Searching For You” nos trae un “speed pop” (bonita mezcla entre speed metal y pop con hombreras de hace cuatro décadas, es verdad que no existe; pero sería delicioso).
El momento de mechero en mano llega con “Regrets”, una tremendísima ridiculez de balada que suena tan, tan forzada y falsa como la horrenda “Forever We Worship The Dark” porque si Enforcer pueden presumir de algo en este disco, además de laca, es de unos títulos y letras propias de parvulario, aderezadas con toneladas de infantiloides coros.

 El mejor estribillo de todo el álbum y la mejor progresión entre estrofas, gracias al riff de Nordwall, pertenece a “The End of the Universe”, pena que la batería de Wikstrand tenga tanta reverberación que toda la rimbombancia de la que la quieren dotar transforme la canción en una supina estupidez, como “Sail On” u “One Thousand Years Of Darkness” con Olof Wikstrand emulando a Vince Neil, algo en lo que Enforcer parecen especializarse, como ocurre en “Thunder And Hell”, por Venom y el clímax bochornoso en “Forever We Worsip Dark”, con el mismo riesgo, peligro y oscuridad que una Coca Cola Zero y ese tributo a Manowar en “Ode To Death”.

No, no se trata de ambición, tampoco de sonar en las radios, perder a los pocos seguidores que tengan o abrir para grandes bandas, tampoco es que no tenga el suficiente humor, lo que cada vez tengo es menos paciencia y tiempo, como para perderlo escuchando cosas como “Zenith” de Enforcer o “From hell With Love” de Beast In Black. Sólo apto para aquellos y aquellas que llevan chupas de cuero de mentirijilla e irritantes tangas de poliéster, pero gusto y criterio tan escaso como su propia memoria y cultura musical…


© 2019 Lord Of Metal

Crítica: Possessed “Revelations Of Oblivion"

¿Por qué Jeff Becerra ha decidido publicar “Revelations Of Oblivion”? ¿Qué necesidad hay cuando únicamente él es el miembro original? Cuando Mike Torrao hace tiempo que abandonó toda esperanza de regresar al nombre que le dio la fama… ¿Acaso Becerra busca dinero o fama? ¿Puede ser que quiera reverdecer los laureles de Possessed? ¿Es “Revelations Of Oblivion” una copia de “Seven Churches” (1985) o “Beyond The Gates” (1986)? Si te estás haciendo alguna de estas preguntas o tienes algo de miedo al pinchar o escuchar “Revelations Of Oblivion” es mejor que te olvides de las canciones de Becerra porque el problema no es él sino tú. En mi modesta opinión, Jeff Becerra ha publicado este álbum porque es un artista auténtico, honesto y que, pese a su delicada salud, tiene mucho que decir, siente la llama creativa y, déjame que te ilumine, olvídate del dinero; ningún artista con cincuenta años y una banda que ha publicado tres discos en tres décadas puede creerse que vaya a hacerse rico grabando un disco de death metal en pleno siglo XXI y su público lo sabemos, esas no son nuestras dudas. Pero, inevitablemente, existía el recelo; “Seven Churches” (1985) es el clásico atemporal que junto a “Scream Bloody Gore” (1987) sentó las bases del death metal (por favor, olvidémonos de la estéril discusión sobre cuál fue primero, no tiene sentido alguno) y “Beyond The Gates” (1986), injustamente tratado en su tiempo, ha demostrado ser un álbum increíble. ¿Estarían las canciones de “Revelations Of Oblivion” a la altura de su pasado y legado? La respuesta es sí porque Becerra se desmarca muy hábilmente de la comparación y graba el disco que le apetece, suena a Possessed pero no a los de hace tres décadas, sino a Possessed en 2019; la producción, a cargo del propio Daniel González y el mismísimo Becerra, suena moderna pero tan potente como podríamos esperar en esa mezcla de death y momentos thrash, con una formación que, lógicamente, no es la original que grabó los dos primeros discos pero funciona a la perfección. No menos importante, aunque no en lo musical, no puedo evitar mencionar el trabajo del artista Zbigniew Bielak, famoso por su trabajo con Ghost pero también Behemoth, Decidide, Dimmu Borgir, Enslaved, Gorguts, Immolation, Mayhem o Paradise Lost, entre muchos otros.

Las campanas siempre han sido una gloriosa introducción en el mundo del metal, en “Chant Of Oblivion” resuenan profundas, con eco, mientras que el riff de “No More Room in Hell”, sin ser demasiado original, abre el álbum con rabia. Becerra está esplendido, no parece haber perdido ni un ápice de voz (como ya demostró en el EP “Shadowcult” y diferentes splits, además de en sus directos), en una mezcla gloriosa en la que las guitarras de Daniel González y Claudeous Creamer suenan afiladas y potentes y una auténtica máquina como Emilio Marquez (Engrave, Asesino) continua con su brutal labor en Possessed, un auténtico maestro que derrocha tanta fuerza como estilo. “Dominion” continua de manera fulgurante, especialmente llamativo es el tono de voz de Becerra y el solo de guitarra, aún más demencial que “No More Room in Hell”, elevando la velocidad, esa misma de la que harán gala en “Damned”, recordándome tanto a Testament, o en la cortante “Demon” en la que manejarán con maestría los cambios de ritmo y, tan pronto, juegan con un medio tiempo como se encabritan y pisan el acelerador.

Piezas como “Abandoned” son las que te llevarán sin frenos al infierno, como ocurre con “Shadowcult”, que sirvió como adelanto. Con “Omen” me ocurre algo curioso, soy consciente de que no es la mejor del álbum pero, aún así, me encanta y me gusta su traqueteo, esa sensación de avanzar a toda velocidad perdiendo piezas por el camino, del chirriar de las ruedas, cómo González y Creamer parecen imprimirle más revoluciones a sus guitarras y Becerra parece disfrutar cantando, interpretando. “Ritual” es posiblemente la que conserva mejor la esencia de Possessed, mientras que “The Word”, aún con toda la herencia judaspriestiana, y “Graven” hacen bajar levemente el nivel de “Revelations Of Oblivion”, que se despide con una outro, “Temple Of Samael”. Pequeños puntos negativos, quizá insignificantes, de una obra sólida, repleta de detalles e ideal para los amantes de Possessed pero también todos aquellos que disfruten del metal bien hecho. Jeff Becerra es un superviviente, un luchador y su arte es reflejo de ello, además de su talento. Ojalá esto sea un nuevo comienzo y vean la luz más discos de Possessed, treinta años después sigue sobrecogiendo escuchar su voz…


© 2019 Lord Of Metal


Crítica: Amon Amarth “Berserker"

Siempre he pensado que Amon Amarth son una banda de canciones y no de discos, de himnos que funcionan a las mil maravillas pero que integran conjuntos con demasiado relleno y, a pesar de ello, han sido capaces de publicar grandes títulos como “Once Sent from the Golden Hall” (1998), “Versus the World” (2002), “With Oden on Our Side” (2006) o “Twilight of the Thunder God” (2008) en una discografía en la que “los malos no lo son tanto” y forman un cuerpo sólido, robusto, y efectista en el directo que garantiza el placer de miles de personas en salas y festivales pero también en la comodidad del hogar, los cascos o las cintas de los gimnasios. Pero, a partir de o “Twilight of the Thunder God” (2008), Hegg y los suyos parecen haber hecho suya la máxima de para qué cambiar lo que funciona si al final es su seña de identidad y, bien sabe Odín, que sus seguidores tampoco recibiríamos con los brazos abiertos cualquier innovación de nuestros vikingos favoritos. Así, a partir de aquel, han publicado discos notables como “Surtur Rising” (2011), “Deceiver of the Gods” (2013), “Jomsviking” (2016) en los que pulen aún más su propuesta y tan sólo se preocupan de sonar igual de contundentes y épicos en discos con buenos momentos y, como aseguraba al comienzo de esta crítica, otros menos brillantes que, sin embargo, les perdonamos con gusto. En el caso de “Berserker”, producido por Jay Ruston, tras una portada que huele y sabe a digital y no hace honor a sus mejores cubiertas, nos encontramos con un disco robusto; Amon Amarth suenan igual o más contundentes y eso lo refleja a la perfección, pero el trabajo de Ruston, en su intento por robustecer el producto, lo que ha logrado ha sido crear un monolítico muro de sonido en el que la banda suena bien pero tampoco todo lo que podría y, aunque las clásicas guitarras de Mikkonen y Söderberg están ahí, el bajo de Lundström sigue creando la línea melódica y Hegg nos come vivos, la batería del recién incorporado Jocke Wallgren suena demasiado baja, está pero no con la misma presencia que la de Fredrik Andersson (quien, por cierto, ahora lanza dardos envenenados a Hegg a través de redes sociales y su injusto reparto económico en la banda, la misma historia de siempre…), dando la sensación de un sonido tristón y opaco, demasiado lineal incluso para una banda que desde su primer álbum ha cambiado tan poco y ha hecho de su inmovilismo, su propia seña de identidad, como le ocurre a miles de bandas ahora clásicas, por cierto.

Así, tras un disco tan resultón (con sus luces y sus sombras, claro está) como “Jomsviking” (2016), nos encontramos su contrapunto con “Berserker”, el cual no es un mal álbum y mejora con cada escucha, pero que no logra transmitir la misma excitación que, por ejemplo, “Surtur Rising” (2011) o “Deceiver of the Gods” (2013) y eso lo sentimos desde la primera vez que hacemos sonar "Fafner's Gold”, con una introducción que evoca a “Battery”. Con todo, la canción que abre “Berserker” es una de las mejores de un disco en el que su single, “Crack the Sky”, no tuvo la respuesta esperada y salva el tipo por el sándwich con "Mjölner, Hammer of Thor", otro de los mejores momentos gracias a las guitarras de Mikkonen y Söderberg, cien por cien Amon Amarth, evocando sus mejores momentos con una gran dinámica en su estribillo, como estoy seguro de que "Shield Wall" hará convulsionar las primeras filas de sus conciertos durante este verano (sin ir más lejos, este mismo verano, en tan sólo un mes tendré la oportunidad de verles en dos ocasiones y podré comprobarlo en persona) pero también es verdad que “Berserker”, como tal, entra en punto muerto; con "Valkyria” clavan el tempo pero también logran una composición excesivamente lineal y aburrida y buscan la salvación en el orden de canciones con la anodina "Raven's Flight" o el error de Hegg por empeñarse en cantar melódico, descubriendo por qué los guturales le sientan tan bien y la confirmación definitiva del bajón sufrido con "The Berserker at Stamford Bridge", un aburridísimo medio tiempo que tarda en arrancar, tanto que nos hace perder el interés en la narración, los aires clásicos forzados en "When Once Again We Can Set Our Sails" que no nos llevan ni a nosotros, ni a ellos, a ningún sitio, como el relleno que es "Skoll and Hati".

Un último tramo que, condenando el álbum, sorprendentemente, nos hace dar un respingo con “Wings Of Eagles” e “Into The Dark”, quizá las dos mejores composiciones de todo “Berserker”, incomprensiblemente situadas al final de un largo y monótono viaje, corroborando mi teoría inicial sobre ellos y el genio en la composición de canciones, pero lo poco acertado de los conjuntos. “Wings Of Eagles” es vibrante, mientras que “Into The Dark” está cargada de emoción; ambas poseen la energía, la inspiración y la melodía, todo encaja en ellas y te harán querer darle otra escucha a “Berserker” pero quizá, sólo quizá, no tengas la paciencia para pagar de nuevo el peaje de “Ironside”, "When Once Again We Can Set Our Sails" o "Raven's Flight". Podría finalizar esta crítica asegurando, como dicen muchos, que escuchar un álbum de Amon Amarth es escucharlos todos, pero “Berserker” nos demuestra que esto no siempre se cumple y, no siendo un disco pésimo, nunca se me ocurriría recomendárselo a un chaval que quiera iniciarse en la banda de Hegg, cosas de vikingos. Otra vez será…


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Crónica: Marduk (Madrid) 02.05.2019

SETLIST: Panzer Division Marduk/ Baptism By Fire/ Werwolf/ Of Hell's Fire/ The Levelling Dust/ Cloven Hoof/ Deathmarch/ Throne of Rats/ Burn My Coffin/ Equestrian Bloodlust/ The Blond Beast/ Into Utter Madness/ Wolves/ The Black.../

Pocos serán los que no coincidan conmigo, “Viktoria” (2018) es un trago agridulce. No es un mal disco y disfruto de su producción, tan cruda y negra, pero lo considero el peor de Marduk, junto a “La grande danse macabre” (2001), más si tenemos en cuenta títulos como “Serpent Sermon” (2012), “Rom 5:12” (2007) o “Plague Angel” (2004), sin tener que recurrir a ejercicios arqueológicos mentando “Those of the Unlight” (1993) u “Opus Nocturne” (1994) ya que pocas bandas habrá que puedan soportar el examen del tiempo en una carrera de más de un cuarto de siglo con la misma dignidad que los suecos. Pero, como muchas otras bandas, a pequeños traspiés como “Viktoria” (2018) o el digno “Frontschwein” (2015) les supera el oficio y Marduk, sobre las tablas, tienen pocos rivales, sobre todo en sala. Dos años después de verlos de nuevo en el galo Hellfest, en su edición de 2017, aún presentando su anterior álbum y con las ganas intactas de escuchar "Werwolf" o "Equestrian Bloodlust" en directo y comprobar cómo las defienden, nos dirigimos a la sala Caracol de Madrid y esta vez sí, un variopinto aforo lleno por un sabroso triple cartel de la gira “March Of Dust And Rust”, que no ocultó un sonido solventado a fuerza de volumen. Sensiblemente superior a lo sufrido cuando Marduk aterrizaron en Ritmo y Compás, allá por 2012 junto a Immolation, pero igualmente insuficiente para una banda veterana, Mortuus y Morgan se merecen mucho más…

Abandonar el repertorio de “Frontschwein” ha hecho que se olviden de la homónima, aquella con la que comenzaban aquella gira, pero también grandes canciones como “Afrika” y, sin embargo, sigamos pagando el peaje de escuchar composiciones inferiores como “The Blond Beast” que, para mí sorpresa, fue una de las más seguidas por un público miope que se emociona con semejante single pero también con “Panzer Division Marduk” o la incorporada “The Levelling Dust”, mostrando el mismo mal gusto de siempre, mientras otros tecleaban nerviosamente en sus pantallas táctiles en lugar de mirar al escenario, sigo sin entender por qué mucha gente sigue pagándose la entrada a una edad en la que ya no hay necesidad de estar si no te gusta… 

Toneladas de humo anunciaban la entrada de los suecos y Morgan, con su Urban Camouflage MII al cuello, arrancó de sus cuerdas el riff de la mencionada “Panzer Division Marduk” que sonó como una radial, mientras Fredrik Widigs nos ametrallaba con su batería. La impresionante figura de Mortuus, envuelta en las rojizas luces de la sala y su agrio tono hicieron el resto cuando las sirenas nos sobrevolaron y dejaron caer sobre todos nosotros “Baptism By Fire”. Dos canciones de su álbum “Panzer Division Marduk” (1999) que nos supieron a gloria pero confirmaron las sospechas de “Viktoria” que no se vio representado hasta su single “Werwolf” que, todo hay que decirlo, suena infinitamente mejor en directo que en estudio, sin esos infantiles coros de su estribillo. Y de viaje en el tiempo, veinte años atrás, con “Of Hell's Fire” de “Nightwing” (1998) en lo que fue una noche de continuas regresiones a un pasado glorioso en contraste a un presente más tibio en el estudio cuando únicamente quisieron mirar de nuevo y de soslayo a “Viktoria” con “Equestrian Bloodlust”, casi al final de la noche, de la que me gustan especialmente sus guitarras pero me sigue sonando demasiado parecida a Deströyer 666 y no es lo que busco en la banda de Morgan.

“The Levelling Dust” del segundo álbum de Marduk con Mortuus, “Rom 5:12”, nos demostró por qué el vocalista ha hecho que muchos nos olvidemos definitivamente de Legion, del que precisamente pudimos ser testigos del contraste cuando Mortuus, con mucho más cuerpo, interpretó “Cloven Hoof” de “World Funeral” (2003), justamente una de mis favoritas y que confirmó con “Throne Of Rats” de su debut con Marduk, “Plague Angel”, en lo que parece que fue un tour de forcé en la noche madrileña cuando también rescataron “Burn My Coffin” de “Those Of The Unlight” (1993), recientemente reeditado en vinilo, y pudimos comprobar que no sólo a Legion, Mortuus está también por encima de Joakim Af Gravf en una de las canciones más causticas de su discografía.

Una pena que tras semejante dosis de negrura nos quedaran dos piezas en la recámara con tan poca sustancia como las mencionadas “Equestrian Bloodlust” y “The Blond Beast” y la sorprendente reacción del público cuando han sido parte de la historia del black metal gracias a canciones como “Panzer Division Marduk” pero estallan de júbilo con lo más cercano a un single que Morgan o Mortuus hayan firmado en los últimos años, para desgracia de los más veteranos. Como señalaba más arriba, habría preferido “Afrika” y “Serpent Sermon” a cualquiera de “Viktoria” pero, al fin y al cabo, es su gira y aunque se apoyen poco en el álbum que vienen a presentar, entiendo su inclusión. “Into Utter Madness” de “Wormwood” (2009) y la directa “Wolves”, también de “Those Of The Unlight”, cerraron una noche en la que Marduk nos dieron el tiro de gracia con “The Black…” de la que recordé su magnífica interpretación de su “Live in Germania” de 1997 en la que Legion escupe: “Let Jesus fuck you…” y sonreí mirando al público de la noche, seguramente ajeno a semejante regalo. Veníamos de una semana en la que habíamos disfrutado de los míticos St. Vitus, un magnífico bolo de The Black Dahlia Murder y Marduk, pese a todo, nos había dejado tan satisfechos como siempre. Repetiremos, como siempre, claro que sí, allí nos veremos…


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Crónica: Metallica (Madrid) 03.05.2019

SETLIST: Hardwired/ The Memory Remains  Disposable Heroes/ The God that Failed/ The Unforgiven/ Here Comes Revenge/ Moth Into Flame/ Sad but True/ No Leaf Clover/ St. Anger/ One/ Master of Puppets / For Whom the Bell Tolls/ Creeping Death/ Seek & Destroy/ Lords of Summer/ Nothing Else Matters/ Enter Sandman/

Para entender bien el “fenómeno Metallica” podríamos recurrir a esa España profunda, independientemente de que procedan de San Francisco, que resuelve todo con ese “hay que sentirlo” porque lo cierto es que muchos de los que ayer estuvimos en su concierto por enésima vez, a la salida, seguíamos sin explicarnos por qué acudimos a la cita en romería y, maldita sea, por qué volveremos. Tres músicos con sus respectivos talones de Aquiles; para uno el tempo y la sincronización entre caja y bombo, para otro los consabidos tics aumentados por la edad y, para el otro, un pedal de Wah con el que meternos el gol por la escuadra y modular unos solos más propios del hard que del thrash (desde luego, la lotería le tocó al bueno de Kirk cuando Lars y James le buscaron en Exodus) pero entre los que se obra el milagro cuando todo funciona. Porque de Trujillo, el cercano Rob, no puede haber queja instrumental alguna y tampoco vital cuando recibe la tarea de enfrentarse a un auditorio de setenta mil personas y cantar en un karaoke tan forzado como innecesario, con una congelada sonrisa en los labios. Esta es la idiosincrasia de Metallica y, sin embargo, hay que entenderla igual que los signos políticos o el amor por los colores de un equipo. El ya famoso Worldwired Tour les traía de nuevo a Europa, en una gira de recintos abiertos, y vaya si han cumplido su promesa, no podían haber tocado en un lugar “más abierto” como es el patatal de anoche, porque el espacio de Valdebebas es justamente eso; un descampado peligroso para la integridad de miles de personas que, además de sufrir las irregularidades de un terreno disimulado con césped sintético, deben aguantar estoicamente la mala organización de un ayuntamiento que no entiende o no sabe, que pudo o no quiere, pero que se está jugando la vida de miles de personas en un ratonera de bebida cara en la que, dentro de poco, se celebrará ese festival pedorro llamado Mad Cool, de margaritas, sombreritos de paja y cerveza a precio de oro, con los mismos problemas logísticos pero un público con tan poca exigencia en el apartado musical que apenas notará lo que miles de personas sufrimos ayer; quizá el peor concierto de Metallica en España, hasta la fecha…

Crítica: While She Sleeps “SO WHAT?”

Lo que en la barra de un bar solucionas de manera breve y concisa, se vuelve una tarea quizá demasiado compleja cuando tienes que ordenar tus ideas sobre la hoja en blanco y quieres dejar tan satisfecho a todo el que lo lea, como a ti mismo, en primera instancia. Con While She Sleeps tengo tantos sentimientos encontrados que es complicado escribirlos en unas pocas líneas. Por una parte, la espina dorsal de la promoción de “You Are We” (2017), fue la libertad creativa y el esfuerzo económico que supuso romper el cordón umbilical con Sony y todo ello se narró como si de una gran gesta se tratase, tanto que devoró a las canciones; la importancia de ello estribaba en una banda al borde de la fractura, que miraba con valentía al futuro y nos lo hacía creer al resto con la promesa de una carrera que no dependería nunca más de las grandes multinacionales y, por tanto, se mostraba tan incierta pero, diantres, tan excitante que era imposible no entender aquel álbum (inferior, claro está, a “Brainwashed”, 2015, y “This Is The Six”, 2012) como uno de transición, respaldado por todos sus seguidores. Pero todos comemos y, perdonando la obligada mención, Cobain lo explicó mejor que nadie hace más de veinte años cuando su banda cambió Sub Pop por Geffen e intentaba explicar a esos jóvenes punks que algún día crecerían y tendrían que pagar pesadísimas letras, facturas e hipotecas. En el caso de While She Sleeps, su mutismo es lo más encabronante, mientras que en “You Are We”, aquel salto al vacío lo era todo, de la hábil artimaña contractual por la cual su propio sello, Sleeps Brothers, se ha unido con Spinefarm Records, de la todopoderosa Universal Music Group, todavía no he escuchado declaración alguna y, ni mucho menos, sirve para vender un artefacto tan horrendo como “SO WHAT?”

Por otro lado, hay que ser muy infantil (estamos hablando de un subgénero claramente adolescente como el metalcore al que le sienta muy bien el acné, pero muy mal el paso de los años, tampoco me voy a sorprender de las elucubraciones de una audiencia que piensa que los actuales Architects son la cuadratura del círculo) para creer que el sibilino cambio de sello es lo que ha logrado que la música de While She Sleeps suene tan intrascendente. Muchos pensarán que, en efecto, es así porque tras un disco en una multinacional hay unas cifras que cumplir y un beneficio que generar, pero While She Sleeps van a lograr justamente lo contrario con “SO WHAT?”. Producido por Carl Bown, este nuevo álbum que he tardado tanto en reseñar como en digerir, suena bien (¿para qué mentir? Además, estoy convencido de que los puntos flacos de la producción no lo son tanto, como una petición estética de la banda) porque lo que suena mal es la decisión de incluir pregrabados o arreglos electrónicos de feria, propios de un Skrillex de pueblo, que lograrán sonrojar a todos los que disfrutaron de “This Is The Six” pero son lo suficientemente jóvenes para no haber escuchado nunca a Fall Out Boy o un disco tan injustamente maltratado como "The Path of Totality" (2011) de KORN, ni falta que les hace…

“ANTI-SOCIAL” es un mal single, las guitarras de Sean Long y Mat Welsh suenan todo lo razonablemente bien que deben en un álbum en el que tenemos que aceptar que los ‘breakdowns’ son poquitos, de una calidad ínfima y menos originalidad, pero si no funciona es por lo prefabricado de su sonido, la batería de Savage es un verdadero horror, los efectos de las voces o el bajo de McKenzie en tercer plano. Pero es la propia composición la que lo hace naufragar, las diferentes partes se integran bastante mal y parecen ideadas únicamente para intentar impactar a un oyente que la entenderá como un producto y no como una composición genuina de While She Sleeps. Me gusta la letra de “ANTI-SOCIAL” y de todo el álbum, en general, pero escucharles cantar semejantes proclamas de manual con un sonido tan domesticado y accesible, es similar a lo que siento cuando escucho lo impostado de Ivan Moody en una banda de “ciclos sanos”, como es Five Finger Death Punch, o a Morello hacer lo propio desde la comodidad de su vida, antes y después de tener éxito con Rage Against The Machine, que ya nos conocemos…

Lo peor está por llegar en “SO WHAT?”, “I’VE SEEN IT ALL” y sus coros púberes, más propios de Imagine Dragons o el pop de baratillo de “INSPIRE” son una verdadera bajona, nunca pensé que While She Sleeps acabarían devorados por un sonido tan tristón, desdibujando su personalidad por completo, hasta la homónima “SO WHAT?” en la que Morello les habrá prestado el Whammy en una canción tan ñoñita e inofensiva que, paradójicamente, hace daño a los que alguna vez hemos sentido cariño por Lawrence y lo que parecía una verdadera banda de amigos que superaban las adversidades propias de la vida, sumadas a las de la industria. “THE GUILTY PARTY” es quizá una de las peores que hayan firmado, tan lineal como aburrida, en dura competición con “HAUNT ME” por todo el edulcorante del mundo, como estropean “ELEPHANT” con ese muro de sonido en las voces y la absoluta gilipollada de “SET YOU FREE” con una introducción que causa tanto estupor como vergüenza ajena, que tampoco es posible de ocultar en “GOOD GRIEF”; en lo que parece toda una mutación a ‘boy band’ y un final tan descafeinado como horrendo con “BACK OF MY MIND” y “GATES OF PARADISE”, canciones que resulta imposible analizar con un mínimo de profundidad del que carecen como composiciones porque, como todo “SO WHAT?”, producen la amarga sensación de haber sido escritas y grabadas con la presión propia de meterse en el estudio y capturar embotellada la esencia de While She Sleeps, sin su lógica frescura, en una triste escapada en la que ya a muchos poco nos interesa como saldrán de esta porque tampoco estaremos.


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