TAAKE: El rey del invierno

Ha vuelto y, en ausencia de IMMORTAL, Hoest reclama su trono.

"Mirror Reaper" de BELL WITCH o la eterna sensación de ausencia...

Especial, sencillamente especial, y no apto para todos los gustos pero sí para aquellos que buscan una experiencia vital a través de la música…

"Nightbringers" de THE BLACK DAHLIA MURDER; joder si tiene encanto...

Nadie suena como ellos en un álbum que bien podría entenderse como el mejor de su carrera hasta la fecha.

FOO FIGHTERS regresan con "Concrete And Gold"

Qué razón tenía Neil Young en "Hey Hey, My My (Into The Black)", es mejor arder que desvanecerse poco a poco...

Jacksonville en Madrid...

El triunfo de RYAN ADAMS en su paso por nuestro país, con "Prisoner" bajo el brazo. Esos grandes para los que a veces parece que sí hay un reemplazo...

"Hydrograd" de STONE SOUR no es lo que parecía

Le guste o no a Corey Taylor, STONE SOUR siempre será el proyecto paralelo del cantante de SLIPKNOT...

ROGER WATERS ha vuelto, nunca se fue...

Su mejor álbum desde "Amused To Death", atrevido pero también nostálgico...

"Emperor Of Sand" de MASTODON

El cáncer, el paso del tiempo y la redención en la nueva obra maestra de los de Atlanta.

PILLORIAN, de las cenizas de AGALLOCH

John Haughm vuelve a la carga con uno de los mejores discos del año, "Obsidian Arc"

KREATOR, el olor del buen thrash alemán por la mañana...

Su intención era continuar la senda de "Phantom Antichrist" pero han parido un nuevo monstruo aún más feroz...

El emotivo lanzamiento de LAMB OF GOD

"The Duke" es la historia de una estoica lucha contra el cáncer pero también de una amistad...

Fenriz y Nocturno Culto han vuelto con "Arctic Thunder"

Crítica y fans siguen ladrando al paso de DARKTHRONE, luego cabalgan...

Ese genio llamado DEVIN TOWNSEND

Nueva dosis de grandilocuencia, sobreproducción y exceso creativo del canadiense en "Transcendence"...

ALEMANIA no levanta cabeza...

Primero nos decepcionaron DESTRUCTION con "Under Attack" y ahora son SODOM con "Decision Day", por suerte tenemos a KREATOR.

NAILS: "Nunca serás uno de los nuestros"

Si este álbum se hubiese publicado en los ochenta estaríamos hablando de todo un disco de referencia, una obra seminal en la que muchos artistas se mirarían y buscarían para definir su propio sonido.

HARAKIRI FOR THE SKY regresan con "III:Trauma"

Los austríacos parecen firmar el final de un trilogía con su mejor álbum hasta la fecha.

¿Un disco de thrash progresivo, conceptual y ambientado en el espacio?

VEKTOR han firmado uno de los grandes álbumes del año. Tan técnico y apabullante como emocionante y épico que te deja con ganas de más.

La escapada a ninguna parte de RED HOT CHILI PEPPERS...

Aquellos que esperan reencontrarse con los Chili Peppers de siempre se darán de bruces con un disco atípico y con canciones poco inspiradas o indignas de unos músicos que podrían dar mucho más de sí y parecen haber perdido la frescura.

El irregular regreso de DARK FUNERAL

Los suecos aciertan de pleno en el título de su nuevo álbum en el que, en efecto, sólo hay sombras, poca luz y menos oscuridad...

"Magma" de GOJIRA: el disco de la polémica.

Para muchos es una obra maestra, para otros el primer paso en falso de los de Bayona. Los hermanos Duplantier, por primera vez, no cumplen las expectativas.

La decepción de DESTRUCTION...

Tras muchas escuchas, el último álbum de los thrashers alemanes muestra su gran punto débil en la composición.

ROB ZOMBIE repite la misma fórmula...

Resulta complicado evaluar un álbum que ya hemos escuchado un millón de veces a lo largo de los últimos veinte años pero con título diferente, Rob Zombie produce discos como una cadena hamburguesera; sacian al instante pero no alimentan a la larga...

La piscina con forma de luna de RADIOHEAD

Cincuenta y dos minutos y once canciones es lo único que le hace falta a la banda para demostrar que siguen siendo tan geniales como sorprendentes tras cinco años de ausencia...

Así es "Dreamless" de FALLUJAH

Mejorando el sonido en el estudio tras "The Flesh Prevails" pero con una segunda cara regular, electrónica y repleta de altibajos.

AMON AMARTH: nunca des la espalda a un vikingo

"Jomsviking" es el mejor álbum de los suecos desde "Twilight of the Thunder God", Odín vuelve a estar con ellos...

¡Nos largamos de nuevo al HELLFEST!

Nos llena de orgullo y satisfacción; otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo... le meilleur festival du monde!!

Jesse Leach se abre en "Incarnate" de KILLSWITCH ENGAGE

Y publican un álbum sólido y coherente pero la sombra de "Alive Or Just Breathing" es alargada…

"Phenotype" de TEXTURES; ¿tendremos que esperar a escuchar su genotipo?

Los holandeses vuelven con un álbum bajo el brazo para el que deberemos esperar a su segunda parte para saber si han acertado en el blanco...

IGGY y HOMME; la extraña pareja...

"Post Pop Depression" ha sido una de las grandes sorpresas de este año y el mejor desde "American Caesar"

ABBATH es el auténtico rey de Blashyrkh

El noruego demuestra que hay vida después de Immortal y se lo pone difícil a Demonaz con un álbum repleto de fuerza y frío invernal...

CASPIAN; cuando la música puede ser arte.

Los de Massachussets han parido su mejor álbum hasta la fecha; arriesgando sin perder su identidad y conservando toda su emoción.

AHAB queman las barcas...

Los alemanes han grabado un auténtico monstruo con canciones de más de diez minutos capaces de mantener tu atención y tu alma en vilo…

La mecánica de fluidos de TAME IMPALA

Kevin Parker, en constante cambio, se disculpa por ello en sus canciones pero firma uno de los discos del año.

Y al séptimo disco, CRADLE OF FILTH resucitaron…

Nueva formación y las canciones más inspiradas que Dani Filth ha escrito en los últimos quince años...

BLUR contraataca con un regreso por todo lo alto

Doce años después, los ingleses publican "The Magic Whip" y consiguen el aplauso unánime de crítica y público con un disco diferente.

DYLAN por SINATRA, en estado de gracia.

El auténtico placer de cumplir años es no tener ni Dios ni amo; decidir a quién se le da la mano...

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

Han logrado que WEEZER publique uno de sus mejores discos en años, "Everything Will Be Alright In The End".

¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

Cuarenta minutos de abstracción

Un disco fascinante, extraño, menor pero extrañamente bonito, diferente y excitante...

Crítica: Avatar "Avatar Country"

Cada vez me cuesta más entender el hype por algunas bandas y eso, en lugar de preocuparme y hacerme creer que me estoy haciendo mayor por segundos (lo que también es verdad), me demuestra claramente la ausencia de criterio de un público desmemoriado que tan sólo es capaz de echar la vista atrás a ritmo de Wikipedia y cuya cultura musical se basa en mentar bandas minoritarias como si se tratase de la tabla de multiplicar, mientras disfraza su opinión de verdades absolutas, convirtiéndolas en axiomas. Sin miedo, Avatar me parecen una banda mediocre y les he dado la oportunidad que se merecen, la razón es sencilla; uno de mis amigos me pasó una copia de “Schlacht” (2007) que me hizo escuchar hasta la saciedad (infinitamente mejor que “Thoughts of No Tomorrow” de 2006) y, a partir de ahí, he tenido que soportar mi existencia con la presencia de una banda que publica discos cada dos años, a cada cual menos inspirado, siendo “Hail The Apocalypse” (2014) quizá el más resultón junto a “Black Waltz” (2012) y, cumpliendo la gran regla de la música, dando el salto de popularidad con “Feathers And Flesh” (2016), justo en el preciso momento en que se notaba la ausencia de creatividad, o este “Avatar Country”, que me parece infinitamente peor, quizá el peor de toda su discografía. Pero la oportunidad definitiva se la di viéndoles en directo en dos ocasiones (no habrá una tercera, lo aseguro), supongo que habrá adolescentes a los que literalmente les derrita encontrarse a cuatro músicos disfrazados de soldados del siglo XVIII con una mezcla de Eric Draven (Brandon Lee) con la sonrisa de El Joker, moviéndose de manera errática sobre el escenario, dando descoyuntados pasos de baile, regalando sonrisas y posando de manera absurda ante los fotógrafos mientras se come algún verso o no llega siquiera a las notas de sus propias canciones, pero a mí el espectáculo me pareció una aberración. Una estética absurda, tomando elementos de aquí y de allá (como cuando el extraterrestre E.T. se mete en un armario y sale con tacones y todos los trapos que encuentra) y una propuesta musical que se cisca en el death metal y convierte la heterogeneidad y el mestizaje musical, la amplitud de miras, en una excusa para disfrazar precisamente todo lo contrario. Para colmo, otro amigo (esta vez de la publicación francesa Rock Hard) me presentó a Johannes Eckerström tras su actuación en la pasada edición del magno Hellfest y, mientras firmaba autógrafos a niños y familias, me relataba lo profesional, lo gran cantante y persona que es en las distancias cortas, como si me estuviese hablando de Robert Plant, mientras John Baizley de Baroness pasaba desapercibido entre la turba de fans histéricas de Avatar.

Por lo tanto, ¿qué esperaba de “¿Avatar Country” tras sus adelantos y leer esas bochornosas entrevistas en las cuales Eckerström se empeña en llevar su absurdísimo papel hasta las últimas consecuencias, jurando y perjurando que Avatar es un país de verdad con una forma de gobierno tan rancia como una monarquía en pleno siglo veintiuno y dedicarle diez de las diez canciones a la imaginaria figura de un rey que no es otro que su propio guitarrista, Jonas "Kungen" Jarlsby, en las fotos promocionales? Pereza o la omnipresente bajona (que diría mi querido Joaquín Reyes) cada vez que afronto un álbum o directo de los suecos, es poco para describir lo que he sentido al pinchar “Avatar Country”, un disco producido por Jay Ruston (Paul Gilbert, Anthrax, Killswitch Engage, Gus G. o Meat Loaf pero también Steel Panther, The Donnas o Stone Sour) en el que la batería de Sandelin parece ser la auténtica protagonista mientras las guitarras de Jarlsby u Öhrström sólo tendrán presencia significante en los riffs y no cuando doblan los solos, mientras la voz de chicle de Eckerström se torna insoportable, en unas canciones cada vez más y más blandas, inofensivas y tontitas.

Que la canción que más me guste sea precisamente la introducción, “Glory To Our Country”, dice mucho de Avatar y de mi propio gusto porque no es más que un supuesto homenaje al himno real sueco, "Kungssången, quizá lo único que merezca la pena de “Avatar Country”, que realmente se abre con “Legend Of The King”, con unos primeros compases muy melódicos y que termina convertida en un pastiche hard. Quizá lo peor llegue con "The King Welcomes You to Avatar Country" en la que ya no disimulan su querencia por el rock setentero y se transforman en lo que no son, una banda de rock de carretera con el mismo octanaje y gradación que un yogur líquido de fresa. Lo más preocupante de ambos cortes son los recursos añadidos; palmas o coros, para incitar o guiar al público en directo, un sucio truco propio de los estudios y gustos más chuscos.

Un riff algo más bruto en "King's Harvest" nos da la bienvenida y es, hasta cierto punto, algo de agradecer pero es tan monótona que agota tras la primera estrofa por lo lineal de su melodía. Si queríamos cambios, todo ello llegará con “The King Wants You”, en la que confunden frescura con intranscendencia y rozamos el emo más bailable y con menos cuerpo de la última década. Un ejemplo más de que “Avatar Country” hace aguas es su camuflada brevedad, diez canciones que no lo son tanto si tenemos en cuenta que “Glory To Our King”, “The King Speaks” o la aborrecible "Silent Songs of the King Pt. 1 – Winter Comes When the King Dreams of Snow" son introducciones; lo que deja al álbum con un total de siete canciones, todo un esfuerzo pírrico para una banda que debería haber dado lo mejor de sí tras la publicación del, sin embargo, regular “Feathers And Flesh” que se supone que les ha encumbrado.

"A Statue of the King" quizá sea la que mejor funciona de todo el conjunto por su toque operístico y sus contrastes pero, no nos engañemos, a pesar de ello, encierra una canción sin demasiado gancho, todo envoltorio, y una melodía francamente irritante. El slide es lo mejor de “King After King”, como la base rítmica, antes de dar carpetazo definitivo con una instrumental que incluye un minuto en blanco como cierre a poco más de tres minutos de bandazos de metal de FM y rock moderado.

Un álbum que pretende ser narrativo, pero sin una línea argumental claramente desarrollada, con una estética extraña y desnortada, pero al mismo tiempo muy predecible que huele tan mohoso como el anticuado contenido encerrado en una cápsula del tiempo procedente de los ochenta. Falto de inspiración, con una interpretación horrenda por parte de Eckerström que muestra una voz melódica sin fuerza cuando se aleja de los guturales. El problema no es que no sea death metal o no les haya cogido ese punto que sus defensores aseguran que hay que pillarles para dignarse a hablar de ellos, el problema es que a este álbum no hay por dónde cogerlo sin que dentro de unos años nadie te saque los colores por ello. Ridículo es decir poco, para aquellos con problemas de acné, pelusilla en el belfo y mucho tiempo libre para perderlo en semejantes bodrios.

© 2018 Conde Draco

Crítica: Blood Incantation “Starspawn”

Soy consciente de que en Internet el ritmo es vertiginoso y la mayor parte de los que escriben suelen reseñar discos con pocas horas de vida tras su filtrado, cuando apenas lo han escuchado por primera vez, a lectores a los que no les interesa qué se publicó ayer y devoran con ansia, pero sin degustar. Pero hay algunos a los que no nos interesan las visitas, las lecturas y sus dichosos ‘clicks’ porque no vivimos de esto y ni siquiera nos lo hemos planteado, que disfrutamos de la música y nos da completamente igual escribir sobre un álbum publicado hace meses, como es el caso de “Starspawn” de Blood Incantation. Como cualquier aficionado al metal, suelo comprar vinilos en tiendas como Hells Headbangers, Van Records o Dark Descent Records -entre muchísimas otras- siendo estos últimos los que publicaron la cuidada pero modesta edición del álbum que nos ocupa. Fueron muchas las semanas de espera hasta que recibí “Starspawn” en vinilo, mucho después de que algunos lo encumbrasen y otros posasen con él en Instagram, como si de una gran pieza de un día de pesca se tratase. Es por eso que, con el mismo arranque de honestidad que siento por las bandas que respeto, acudí al Bandcamp de Blood Incantation y decidí comprar mi copia digital a los de Colorado (exactamente igual que hice con su EP “Interdimensional Extinction” de 2015). Podréis pensar que soy un romántico o un completo imbécil por aquello de pagar por lo que uno puede descargar gratis, pero la respuesta es mucho más sencilla; sigo creyendo justo y necesario comprar, ayudar o recompensar a esas bandas que no pueden vivir de esto y para los que la venta de un solo álbum sigue importando, aquí no se trata de alimentar el ego de ningún artista sino de conseguir que pueda seguir componiendo música, dedicándose a lo que más ama y nos hace felices al resto. Diez euros me siguen pareciendo una auténtica miseria en comparación con la cantidad de horas de trabajo que hay tras un álbum y la satisfacción de seguir escuchando su obra, de saber que van a poder continuar gracias a cientos o miles de personas como yo. Además, no voy a negarlo, soy coleccionista y, como tal, estamos viviendo una auténtica época dorada aquellos que compramos música; hay maravillosas ediciones a precios realmente asequibles.

Pero también está siendo un gran momento para los amantes del death metal (podríamos hacerlo extensible a otros subgéneros) que está viviendo un gran momento de esplendor gracias a Internet y su repercusión, siendo muchos los discos que a lo largo de año pasado nos sorprendieron. Es por eso que cuando la gira de Blood Incantation y Spectral Voice pasó por nuestro país, ni lo dudé y no me equivoqué, fue una gran noche con ambas formaciones compartiendo el escenario de una diminuta sala que, por desgracia, ni siquiera mostró lleno absoluto. La ironía de nuestros días; mientas miles de personas posan con tus discos en sus manos en diferentes ediciones y colores, parecen incapaces de comprarte una entrada.

Grabado íntegramente de manera analógica, “Starspawn”, respira aires de clásico de culto; esa clase de discos atemporales que, independientemente de su éxito, trascienden como influencia para futuras generaciones. Es verdad que la banda liderada por Paul Riedl ahonda en una temática muy manida en el metal en general, pero es esa mezcla claustrofóbica, siniestra, de malignidad galáctica, la que hace única a “Starspawn”, un álbum al que quizá -y poniéndonos muy puntillosos- la única pega que podríamos ponerle es quizá el orden de las canciones porque, por lo demás, la batería de Isaac Faulk es densa y rica en matices, como el bajo de Jeff Barret mientras que las guitarras de Kolontyrsky y Riedl, a pesar del recorte de agudos, suenan excepcionalmente bien; oscuras y siniestras pero con ese puntito de riesgo tan apropiado en la temática espacial. Un camino recorrido nada fácil con tres demos y un split (precisamente con Spectral Voice, algo que no es de extrañar cuando tres de sus miembros pertenecen a Blood Incantation; Paul Riedl, Morris Kolontyrsky y Jeff Barrett), además del magnífico EP “Interdimensional Extinction” hasta llegar a su primer álbum, este “Starspawn” que se ha coronado como uno de los mejores lanzamientos del año pasado.

La desolación de “Vitrification of Blood (Pt.1)” con sus trece minutos puede parecer excesiva para abrir un álbum y habría funcionado infinitamente en la recta final de “Starspawn”, a modo de flamante clímax. Pero hay que reconocer que hay que estar muy seguro de uno mismo para abrir con semejante pieza; la pesadez de las guitarras es tan sólo momentánea y tras esa gruta en la mismísima superficie de un planeta extraño que parece ser la garganta de Riedl, toda la banda parece coger velocidad y encabronarse mientras Faulk les guía con su fuerte pegada tras la batería, justo cuando las guitarras parecen despegar. No es de extrañar que, pese a lo pedestre del riff, de lo animal de su propuesta y lo crudo de su estética, tras Blood Incantation se escondan unos músicos de tal habilidad que hagan que trece minutos pasen en un santiamén gracias a la narración y lo natural de la evolución de la pieza.

En “Chaoplasm” pisarán a fondo con un magnífico trabajo de Riedl y Kolontyrsky a las guitarras, en constante diálogo, como deslumbrante es la hipervelocidad de Faulk en una arrolladora propuesta sideral de death metal a la antigua usanza pero con auténtica mala leche y unos solos equilibrados y pensados con matemática precisión. “Hidden Species (Vitrification of Blood Pt. 2)” encaja a la perfección con su primera parte y cuesta entenderla como una composición plenamente death si atendemos a su riff inicial, plenamente groovy, ese toque pesado en su desarrollo, acercándola a una suerte de death-doom o esos últimos cuatro minutos en los cuales parecemos estar navegando en el interior de la USCSS Nostromo y estar llegando a un volcánico planeta de fuerte hedor a azufre, una ambientación ideal gracias a unos efectos que le dan mucho sabor y, de nuevo, Kolontyrsky rayando la superficie con la violenta agresividad de sus acerados solos.

Otro ejemplo de cómo una canción habría funcionado mucho mejor si sirviese como interludio es “Meticulous Soul Devourment” cuya penúltima posición le resta impacto y deja todo el peso en la profunda y de cierto aire thrash, “Starspawn”, que da nombre al álbum e incluye un puente en el que Faulk y Barret parecen marcar el ritmo de Blood Incantation, sintiéndose más libres que nunca, acercando su compás al de la fusión más pura hasta que la épica del solo de Kolontyrsky y la garganta de Riedl nos vuelvan a situar en este corto (poco más de treinta minutos) pero inusual viaje en el que, sin embargo, la pericia de Blood Incantation y la profundidad de una obra como “Starpawn” es capaz de sumergirnos y que nos preguntemos dónde demonios nos hemos metido durante la última media hora. Si uno de los grandes propósitos del arte es precisamente evadirnos de la realidad, Blood Incantation han logrado la cuadratura del círculo; pocas veces escucharás un álbum tan breve que sea capaz de meterte de lleno en su mundo con tanta facilidad.


© 2018 Lord Of Metal

Crítica: Shining “X - Varg Utan Flock”

Siempre defenderé que, como muchas otras bandas, la cara y la cruz de Shining es Niklas Kvarforth. Un artista auténticamente impredecible, capaz de grabar algunos de los mejores discos de los últimos diez años pero cuya actitud es la que cada vez le aleja más del gran público y, a la vez, es completamente innegable que su forma de sea también la que le ha abierto infinitas puertas, pero seguramente menos de las que se le han cerrado. Tras la publicación de “IX - Everyone, Everything, Everywhere, Ends” (2015), la cancelación de su gira por nuestro país (seguramente por la escasa venta de entradas), alguna que otra ciudad europea, y la publicación del irregular EP, “Fiende” (2017), Niklas parece haberse desquitado de cualquier crítica con “X - Varg utan flock”. No es de extrañar que este álbum tampoco sea el que le sitúe en su lugar, no nos engañemos, ninguno que vaya a publicar lo hará. Un tipo que reparte cuchillas de afeitar entre su público y anima al suicidio, les escupe, vomita y se ríe de ellos, es una apuesta difícil incluso para el circuito underground, no digamos para festivales, en los políticamente correctos tiempos que corren en los que la opinión pública es capaz de dilapidar a Josh Homme por darle una patada a una fotógrafa y obligarle a pedir perdón ante su familia; padres, esposa e hijos. Tras ello, no surgirán aquellos que se nieguen a acudir a un concierto de Queens Of The Stone Age, como para pedirles que asistan a uno de Shining (los suecos, no los pretenciosos noruegos, por favor) y disfruten de Niklas en primera fila.

Lástima que sea así porque Kvarforth siempre corre el peligro de que música no sea tomada en serio, de que su actitud parezca un chiste y sus constantes depresiones y consiguientes momentos de euforia creativa sean tan sólo una mala broma. Pero hay algo irrefutable y es que dentro de poco llegará a las dos décadas de carrera con su proyecto Shining y una discografía que muchas otras bandas, corpse paint y carneros empalados ya querrían para sí (se me ocurren decenas de nombres, de verdad, pero le dejo al lector el placer de nominar su propia lista). De ella podemos destacar los sobresalientes “III - Angst - Självdestruktivitetens Emissarie” (2002) y “IV - The Eerie Cold” (2005), la obra maestra que es “V - Halmstad” (2007) -que Niklas parece haber querido homenajear en este disco- y, desde entonces, cinco álbumes notables como “VI - Klagopsalmer” (2009), “VII - Född förlorare” (2011), “Redefining Darkness” (2012), “8 ½ - Feberdrömmar i vaket tillstånd” (2013) y “IX - Everyone, Everything, Everywhere, Ends” (2015) que dan buena fe de su talento y entrega.

“X - Varg utan flock” no plantea ninguna sorpresa, seis canciones (ocho, si contamos “In The Cold Light Of Morning” y “Cry Little Sister”), una instrumental y cuatro de ellas generosas en su duración. Con Peter Huss a la guitarra, Markus Hammarström al bajo y Jarle "Uruz" Byberg tras los parches. Pero en él hay algunas diferencias frente a sus predecesores y es que a Niklas se le siente infinitamente más cómodo cantando en su idioma natal que en inglés (más creíble también en su interpretación), como Huss ha abandonado la pirotecnia y se ha centrado más en estar al servicio de las canciones que de demostrar su habilidad con las seis cuerdas.

El sencillo riff con el que se abre “Svart ostoppbar eld” es quizá uno de los más adictivos y potentes, primarios, que he escuchado en mucho tiempo. Sin complicaciones y al hueso, el descorche de la canción corre de la garganta del propio Niklas, al más puro estilo de Tom Warrior pero más abierto. Una canción que es una auténtica salvajada y nos trae a los Shining más oscuro, desgarrados y dolientes de los últimos años. No faltará el puente central acústico en el que Niklas parece arrodillarse para ser levantado con un solo de Huss más funcional que en otras ocasiones. Lo que más me gusta de “Svart ostoppbar eld” es que a pesar de poseer un riff que vale su peso en oro, no vuelven a él tras el clímax, para despedir la canción y esa manera de evitar los recursos más fáciles, les honra.
“Gyllene portarnas bro” es una delicia de sonido crepuscular gracias al slide de Huss, tan desoladora que parece marchitar con cada segundo de su escucha. Un sentimiento tan amargo como sólo Niklas es capaz de transmitir con su voz y su música en una canción que se transforma en una bonita balada hasta que su entrecortado alarido nos lleva a un invernal y helador blast beat.

“Jag är din fiende” ya la pudimos escuchar en “Fiende”, de ella me gusta su ritmo atropellado y sus disonantes guitarras, es verdad que marca en cierta manera la dirección de este álbum, incorporando algunos de sus elementos, pero en aquel single o EP era francamante difícil adivinar lo que Niklas nos reservaba en este “X - Varg utan flock”, además la versión de The Coffinshakers, “No Rest for the Wicked”, no era suficiente y la portada directamente horrible. “Jag är din fiende” contiene quizá el solo más elaborado de Huss, guitarras dobladas, y primer plano para el músico mientras la mezcla se empasta ligeramente.

La intensísima “Han som lurar inom” no darán tregua a ningún oyente, por muy avezado y experimentado que este pueda ser (el trabajo de “Uruz” es para elevarlo a los cielos), mientras que la instrumental “Tolvtusenfyrtioett” nos dará un respiro, despidiendo el disco dándonos una pequeña tregua que pronto será rota con la épica de “Mot Aokigahara”, seis minutos de ensoñación y tres de furia salvaje y desbocada que, sin embargo, encajan a la perfección.

Del álbum me sobran las curiosidades que son “In The Cold Light Of Morning” y que me hace agradecer que Niklas se haya decidido por su idioma, como la prescindible y aborrecible “Cry Little Sister” pero entiendo que no forman parte de la naturaleza de “X - Varg utan flock” y son tan sólo apertitivos para aquellos que prefieran rascarse los bolsillos con alguna de sus ediciones especiales. Por lo pronto, al César lo que es del César, Niklas sigue atravesando un gran momento artístico y posee un talento desbordante que sigue sabiendo plasmar a su peculiar manera de entender la música. No sólo no defrauda sino que engancha.

© 2018 James Tonic

Crítica: Watain "Trident Wolf Eclipse"

El mayor agradecimiento a Watain es el de librarnos de esa nueva hornada de black metal blando y llorón; ese que se mezcla con el shoegaze o el post-rock y sus eternos flangers y delays y su enfermiza e impostada sensibilidad, ese que coquetea con la electrónica en sus arreglos, que se enreda con el hard rock o, mucho peor, se tiñe de progresivo en larguísimos desarrollos y absurdos discos conceptuales, sin necesidad alguna. Pero, claro, es que Watain es el proyecto de Erik Danielsson, aquel que tocó el bajo en Dissection, junto con el ya mítico Jon Nödtveidt y eso son palabras mayores, sin duda. Un músico tan interesante como inclasificable, tan apasionado por su música para, como el mismo reconoce, haber escupido a su propia madre en la cara por el black metal. No es que “The Wild Hunt” (2013) fuese un mal álbum, todo lo contrario (de ello da fe nuestra humilde crítica y la crónica de la gira en la que pudimos disfrutarles presentando tal trabajo) pero en su amplitud de miras, en su intento por resultar enorme, pecó al no dar en el blanco y disiparse en un mar de influencias que siempre tendrán cabida en el subgénero pero que desorientaba a sus seguidores. Si su triada “Casus Luciferi” (2003), “Worn To The Dark” (2007) y “Lawless Darkness” (2010) es posiblemente la cima de su carrera, “The Wild Hunt” era tan ambicioso que terminaba por desconcertar, había grandes momentos y una eterna sensación de grandiosidad que, sin embargo, nunca terminaba de cuajar. Cinco años después (y con el suicidio de otro amigo suyo a la espalda, Selim Lemouchi, The Devil's Blood), Danielsson invoca de nuevo a Watain y graba este “Trident Wolf Eclipse” que, tras muchas escuchas (por desgracia, de manera digital, como material promocional), evidencia una subida de tensión, adrenalina y llamas procedentes del estómago del averno respecto a su predecesor, “The Wild Hunt”, pero sigue sin superar en maldad y negrura a “Lawless Darkness”. Pero, ¿estamos seguros que esa es la inquietud de Danielsson o simplemente la de grabar el mejor álbum del que es capaz en este preciso momento?

Si es así, Erik, esta vez sí ha acertado. “Trident Wolf Eclipse” parece no buscar otra cosa que golpearnos en la cabeza, un disco con una producción a la altura (esperemos que el vinilo esté a la altura y suene tremendo, no como “Kingdoms Disdained” de Morbid Angel) en la que parecen haber buscado deliberadamente ese reencuentro con las raíces del black más puro pero subiendo aún más el volumen, llevándolo a otro nivel de agresión. “Trident Wolf Eclipse” suena moderno pero lo suficientemente afilado y abrasivo como para competir con las producciones actuales, sin perder ni un ápice de integridad artística. Buen ejemplo de ello es “Nuclear Alchemy”, lo más parecido a un single que jamás hayan firmado nunca los suecos, en ella las guitarras de Pelle Forsberg suenan como una cuchilla y la batería de Håkan Jonsson parece tener vida propia y tratarse de una centena de caballos salvajes golpeando el suelo con sus cascos, pura rabia que confirmamos en un videoclip lleno de energía, fuego y la suciedad propia del infierno. Además, por qué no decirlo, su estribillo es pegadizo y resuena en tu cabeza una y otra vez, ¿qué hay de malo en ello?


“Sacred Damnation” es la confirmación de que inequívocamente nos encontramos ante uno de los grandes discos de black del nuevo año. El trémolo de Forsberg es sencillamente genial, así como la angustia rota con la que canta Erik. La velocidad baja en “Teufelsreich” pero no su mezquindad, su veneno, convirtiéndose quizá en una de las más mágicas de todo el álbum, recordándonos a esa épica noventera de la primera hornada de bandas que pusieron a Noruega en el mapa. Jonsson se dejará la vida en la machacona “Furor Diabolicus” mientras que los blast beats de “A Throne Below” jalean la más épica de todo “Trident Wolf Eclipse”.

“Ultra (Pandemonic)” es el mejor ejemplo de cómo Danielsson, Watain, han dado un especial mimo al sonido de las guitarras, el solo a toda velocidad de Forsberg toma lo mejor del black y del thrash, mientras que en “Towards the Sanctuary”, su mano se convertirá en una ametralladora. Un último lamento, una última plegaria, un último canto en la impía misa negra de los suecos, “The Fire of Power”, parece una letanía firmada por el propio Nödtveidt y, de nuevo, un estribillo que se clava dentro de uno, cuando Erik brama y enfatiza: “The fire, the fire, the fire of…. pooooower!”, antes de una recta final en la que parecen consagrarse en la larga “Antikrists Mirakel” que no es otra cosa que una despedida con la que llevarte a través del sinuoso camino de la montaña que ilustra su portada hacia el tridente que simboliza a la banda.

Sin complicaciones, sin instrumentos ajenos a la estética, sin grandes desarrollos ni pretensiones, directos a la mandíbula de sus oyentes y al corazón de, nosotros, sus seguidores. Así es Erik Danielsson y así te lo hemos contado, el black metal sigue más vivo que nunca, de las cenizas de Dissection, en el fuego de Watain.

© 2018 Lord Of Metal 



Crítica: Asking Alexandria "Asking Alexandria"

El suplicio que experimento escuchando los discos de Asking Alexandria lo suplo, con creces, escribiendo sobre ellos. Recuerdo con cariño los enojados ataques de aquellos que creyeron ver en “The Black” (2016) uno de los grandes discos de la historia del rock y en Denis Stoff al reemplazo definitivo de Danny Worsnop porque lo cierto es que no nos hemos podido reír más en los últimos meses, esto no es una banda sino un chiste entre chavales. No sólo escuchamos y leímos a Ben Bruce defender aquel álbum y hablar del nuevo fichaje como si hubiesen encontrado al mejor frontman de la historia, sino que tuvimos que aguantar a una horda de adolescentes escribiéndonos airadas misivas defendiendo también “The Black” mientras Worsnop se reciclaba como músico country e incluso fingía acento norteamericano o se disfrazaba de Texas Ranger escupiendo tabaco de mascar de mentirijilla y Bruce, despechado, le lanzaba dardos envenenados con la misma quina que una adolescente herida por el desplante de su mejor amiga. Como todas las relaciones, aquello acabó como tenía que acabar y fue con Stoff haciendo las veces de kleenex (y anunciando en redes sociales un nuevo, fresco y muy excitante proyecto del que nunca se sabrá nada) en un paso fulgurantemente absurdo e innecesario por una banda de metalcore que una vez creyó que podría comerse el mundo y ha acabado convertida en la versión aguerrida de *NSYNC, aquella boy band de Orlando montada por un empresario y que situó en el mapa a Justin Timberlake que, ahora que lo pienso, según el todopoderoso y cargante, Dave Grohl; es uno de los artistas más grandes del pop a nivel galáctico, interplanetario, tanto que le fichó para cantar "Make It Right" en el último álbum de Foo Fighters. Una muestra más de lo difusos que actualmente parecen los límites entre el pop de saldo y el rock inofensivo, cuando el que fuera batería de Nirvana tiene que promocionar su último álbum con golpes de efecto tales como Timberlake o resucitando de entre los muertos a Rick Astley.


Pero, volviendo a Asking Alexandria, desconfío de los discos sin título, aquellos que se llaman como la banda, porque deben ser publicados al comienzo de su carrera, de lo contrario tan sólo ocultan dobles intenciones como aquella de hacernos creer que es el que mejor representa el sonido de la formación, un nuevo punto de partida o una declaración de principios, cuando lo que realmente significan -en el noventa por ciento de los casos- son carencia de ideas o irremediables pérdidas de rumbo, desgana y apatía a partes iguales. En el caso de “Asking Alexandria”, la banda ha decidido cambiar de productor, lo que se agradece porque su relación con Joey Sturgis parecía ya completamente agotada. El problema es que han decidido trabajar con un coleguita y no un profesional serio de esos que se las hacen pasar canutas a los artistas buscando aquello que han perdido o actuando de censores en la sombra cuando las cosas se tuercen (siento tener esta visión de los productores, pero son lo que son). Bruce y Worsnop han acudido a Matt Good de From First To Last o, lo que es lo mismo, recurrir a un dentista desdentado, una meretriz nonagenaria o una clínica de implante capilar y que te trate un tipo con el mismo pelo que Humpty Dumpty (para aquellos que no lo sepan; un personaje infantil que era un huevo sentado sobre un muro y siempre e invariablemente acaba cayendo y rompiendo su cáscara).

La producción de “Asking Alexandria” es tan moderna como el hule o el metacrilato. Saturadísima y con tendencia al acabado sintético, plástico; ausencia de rango, aburridota y gris pero muy molona, con demasiada presencia de arreglos, repleta de ‘hooks’ (que dicen los entendidos) y la batería de Cassells tan procesada que parece un teclado más mientras las guitarras suenan como puro ruido blanco. Lo que más me sorprende es la cantidad de críticas positivas que está recibiendo un álbum de estas características, en el que no sólo somos testigos de la poca integridad de la banda y la banalización del metal o el hard rock sino que es prácticamente imposible que alguien con dos dedos de frente escuche “Alone In A Room” no esboce una leve sonrisa con el colmillo goteante ante los efectos dance, el sonido prefabricado y las voces de Worsnop (que parece haber dejado atrás su etapa de 'outlaw' del Salvaje Oeste) para cantar de nuevo con la ausencia de nervio de un tipo que viene de un entorno tan conservador como Beverley. Ben y Danny, ambos rozan la treintena y la ausencia de gónadas de su música parece tener relación directa con sus eternas voces púberes.

“Into The Fire” y los coros sampleados, la repetición de estructuras, dan forma a una canción tan aburrida que hace divertido al videoclip (a medio cruce entre la estética de “Sin City” y “Death Proof”) en el que Danny es testigo de la muerte de Bruce y el resto de la banda. Ni siquiera el ‘breakdown’ central trae algo de emoción. "Hopelessly Hopeful", a pesar de su tempo atropellado, no puede ocultar su espinazo pop; no está mal como single pero en ella la banda parece haber perdido por completo sus señas de identidad a favor de un sonido totalmente genérico. El horror llega con el fraseo de "Where Did It Go?" (uno de los momentos más bajos del álbum) o el medio tiempo de “Rise Up” en la que las voces son propias de Alvin y Las Ardillas. Un desastre que no arreglarán en "When the Lights Come On" (sampleado de público incluido) y su rollito dubstep o la marcianada que es “Under Denver” y que podría haber sido parte de “One More Light” (2017) de Linkin Park.

Como en los mejores y mayores desaguisados de la música, no nos libramos de la canción de fogata, pero lo cierto es que en un disco de estas características lo último que podríamos esperar es una canción acústica como “Vultures”. Y, claro, siendo así no sorprende la ligeramente agresiva pero edulcorada “Eve” en una recta final con menos inspiración y más acabado plástico que nunca con “I Am One”, “Empire” con el toque hiphopero de Bingx o “Room 138” con todos los teclados de los ochenta clamando venganza en cada uno de los supraproducidos segundos de canción.

Los cambios, la evolución, están sobrevalorados en la sociedad actual; no siempre es positivo cambiar cuando es algo forzado y no siempre se evoluciona cuando se avanza dando palos de ciego. Una cosa hay que agradecerle a Worsnop y Bruce y es la definitiva defunción de Asking Alexandria, una banda a la que futuras generaciones conocerán por haber protagonizado millones de memes y haber vendido miles de camisetas a chavales cuyos ídolos estaban tan perdidos como ellos mismos, pero no por haber publicado un solo álbum que les justifique.


© 2018 Conde Draco

Crítica: Bob Dylan “The Bootleg Series Vol. 13: Trouble No More 1979–1981”

Pocas son las veces que escribo sobre un recopilatorio porque no suelen ser la obra intencionada de un artista y muy cafre tiene que ser el responsable o la discográfica para errar en el blanco, aunque ejemplos de colecciones mal paridas haya a patadas. Pero el caso que nos ocupa, querido lector, es totalmente diferente, y me refiero a las ya míticas “The Bootleg Series” de Dylan, que suelen profundizar en algunos de los momentos más interesantes de su carrera. “Trouble No More” ocupa quizá la época más polémica (si es que esto es posible de determinar en una andadura como la suya); su conversión al cristianismo. Porque aquella no fue una transición tranquila y sosegada, de paz interior y reflexión sino una intensa y febril que se inició con “Slow Train Coming” (1979), ahondó en “Saved” (1980) y perdió fuelle en “Shot Of Love” (1981) tras el que hubo un pequeño parón de dos años. Lo cierto es que aquellos dos últimos discos fueron vapuleados por la crítica que se cebó con la actitud de Dylan y un público que terminó por darle la espalda cuando su ídolo parecía más interesado en sermonearle e interpretar sus nuevas canciones que recuperar su mítico catálogo ante una audiencia que, con incomprensión, abandonaba los recintos y asistía perpleja ante un Dylan que recomendaba asistir a un concierto de Kiss a todos aquellos que buscasen rock, se aventuraba a profetizar la llegada del salvador y se sentía henchido de ilusión en ese orgasmo místico de llamas y Apocalipsis, en definitiva; la hipérbole cristiana llevada a la enésima potencia se apoderaron de un artista que, tan intenso como siempre ha sido, se volcó en la lectura de textos bíblicos y acudía cada mañana a estudiar las sagradas escrituras, así como hacer suyas las ideas de Hal Lindsey y el sionismo más rancio y reaccionario del que Dylan supo alejarse convenientemente a tiempo. 

Pero, ¿por qué sentó tan mal su conversión al cristianismo? Siempre he defendido la extraña teoría por la cual el público medio es incapaz de rebatir los méritos de Svetlana Aleksiévich​ o el mediocre Murakami para el Nobel y, sin embargo, echar por tierra los de Dylan cuando actúa frente al Papa, protagoniza un anuncio de Victoria Secret, gana el premio Nobel o el Óscar de la Academia. Y el porqué es muy sencillo, Dylan es universal y, como tal, todo el mundo cree conocer su obra (¡nos pertenece por derecho propio!, parecen decir) con suficiente profundidad como para sentirse capacitado para sentenciar. Además, que un artista hable de política todavía está bien visto pero, por muy difícil que nos parezca creerlo, la religión -aún a día de hoy- sigue perteneciendo al ámbito privado del ser humano y que un simple y vulgar cantante pretenda adoctrinarte y decirte lo que debes sentir o pensar en cuestiones de fe no es algo tan fácil de digerir, por mucho que sea Bob Dylan. Además, por qué no decirlo, Dylan iba muy por delante de su público y sus conciertos -convenientemente recortados en esta edición- podían resultar un auténtico plomo para todos los que esperaban “Like A Rolling Stone” o “Maggie’s Farm” y se encontraban con un predicador ambulante.

Pero el tiempo sitúa casi todo en su justo contexto y la perspectiva que nos ofrecen los años nos muestran a un Dylan enloquecido entre 1979 y 1982, es cierto, pero también desbordante, alucinante en sus conciertos, apoyado por el auténtico que suponían Tim Drummond, Jim Keltner y Spooner Oldham, además de un coro negro (con Carolyn Dennis, mujer con quien contrajo matrimonio hasta 1992 y tuvo una hija en secreto, alejada de los focos. Aunque no sería su único romance entre las cantantes que le acompañaron en esa gira) que añaden más cuerpo aún a la flamante propuesta de un Dylan que se muestra especialmente expresivo en las interpretaciones que ocupan los ocho discos y el DVD de “Trouble No More – The Bootleg Series Vol. 13 / 1979-1981”. Los conciertos, más allá de las llamas cristianas y los interminables sermones (como antes señalaba, no incluidos), muestran a una banda que arranca con “Slow Train Coming” y el frío traqueteo de un tren sobre los pernos de las vías para convertirse en noches que oscilan entre el soul y el góspel, o acaban en arreglos cercanos al blues más lúbrico; cuesta poco imaginarse a Dylan mirando de manera torva a sus coristas mientras ahuyentaba a los chavales con sus imágenes de zarzas ardiendo y vociferantes profetas.

Auténticas joyas e interpretaciones inmortales como “Precious Angel” en las que sentimos que literalmente ascendemos e incluso la repetitiva “Gotta Serve Somebody” adquiere otra dimensión cuando Dylan se muestra especialmente cínico y despliega toda su ironía porque da igual que seas judío, cristiano, musulmán, protestante, ateo o capitalista que siempre tendrás que servir a algo o alguien, de una forma u otra, ni siquiera la dependencia vital escapaba al ojo crítico de Dylan, porque qué difícil es la vida sin ningún tipo de esclavitud; sin Dios, ni amo.

“When He Returns” o “Solid Rock”, magníficos ejemplos de composiciones que fueron ninguneadas en su momento, el clímax en “When You Gonna Wake Up?”, la declaración de principios “Ain’t Gonna Go To Hell For Anybody”, canciones en las que Dylan es capaz de juguetear con varios estilos sin despeinarse y sazonar su música de funky o reggae (“Dead Man, Dead Man”), ritmos africanos bajo el disfraz de una banda de rock de lujo, la bonita “Caribbean Wind” o la catársis en “The Groom’s Still Waiting at the Altar” que a muchos no les convencía en estudio y encuentra su culmen en directo, de Earl’s Court a Toronto, pasando por Oslo, y al fondo de un archivo como aquel, estupendamente representado con un disco de rarezas y más de media docena de canciones inéditas (“Stand By Faith”, “Thief On The Cross”, “I Will Love Him” porque “Ye Shall Be Changed” ya fue publicada en “The Bootleg Series, Vol. 1-3”), ensayos y descartes que nos muestran que el fervor religioso no cegó por completo a un Dylan tan lúcido como siempre o quizá más que nunca.

Para colmo, un DVD con jugoso contenido extra (“Shot of Love”, “Cover Down, Pray Through” o “Jesus Met the Woman at the Well”, entre otras), además de un documental (dirigido por Jennifer Lebeau) y un libro repleto de fotografías inéditas de la época. Es cierto, “Trouble No More” es una golosina cara (aunque haya versión reducida, para todos los bolsillos) pero vale su peso en oro. Disfrutar de semejante documento requiere de preparación previa, de cierto conocimiento para saber a lo que uno se va a enfrentar, pero constata que a Dylan nunca le ha importado la opinión de los demás, da igual si canta villancicos, a Dios, a un Papa o a Sinatra. Como debe ser...

© 2017 Blogofenia

Crítica: Undergang “Misantropology”

Tras escuchar “Til døden os skiller” (2012) y “Døden Læger Alle Sår” (2015) no resultaba una locura esperar un álbum de la talla de “Misantropology” (2017) en ese lento pero maravilloso resurgir de la escena death metal, a ambos lados del charco, con magníficos álbumes como el de Phrenelith, Blood Incantation o Spectral Voice, entre otros, trayendo este año una de las mejores cosechas del subgénero tras el resurgir de otros, sin duda más cool para el gran público; como el prog, el doom o el caricaturesco black metal. Pero lo que me sorprende de los daneses no es su brutalidad o esa característica suya por la cual cada lanzamiento parece más sucio y pútrido que el anterior (entienda el lector que en el violento y, muchas veces todavía, underground mundo del metal, lo putrefacto, podrido o corrompido, puede resultar el más bello de los piropos) sino que en “Misantropology” ese toque no se pierde a pesar de la interpretación. La producción es sucia y opaca, gorda y low-fi pero, al mismo tiempo, es maravillosa por el dinamismo de las canciones y si la voz de D. Torturdød (David Mikkelsen) es tan grave y monótona, tan de ultratumba, es porque así es como debe de sonar en un álbum en el que ya podemos irnos olvidando de ese sonido procesado del ultra-técnico death metal actual y es que en “Misantropology”, a pesar de la brutalidad, todo suena magnífico; logrando que un álbum en pleno 2017 suene más ‘old school’ que nunca y conserve todo el edor a tierra podrida de un camposanto.

Grabado en los Earhammer Studio y publicado, como no podía ser de otra manera, a través de Dark Descent Records, aunque su versión en vinilo corra a cargo de Me Saco un Ojo Records (atención a los cuidadísimos lanzamientos de ambos sellos porque están publicando verdaderas joyas en preciosas ediciones, asequibles a todos los bolsillos, y capturando toda la esencia que el género se merece) es imposible pinchar el bonito vinilo verde de “Misantropology” y no sentir el espíritu de la banda de Chris Reifert en él. En efecto, no cuesta nada en absoluto sentir que Undergang beben de la misma fuente que Autopsy, la diferencia es allá donde los de Concord, California, tienden en muchos momentos hacia el punk o el hardcore -como tanto le gusta a Reifert o a Coralles- Undergang, sin embargo, aún evocando también toda la esencia punk, les ha quedado un álbum infinitamente más death con momentos tan pesados que podríamos pensar en algo de sabor doom sino fuese porque Mikkelsen, Osborne, Haarløv y Pedersen se empeñan en demostrarnos que no, que lo suyo es el death más violento y grueso.

“Efter obduktionen” o lo que es una declaración de intenciones, pronto cambiará violentamente de ritmo y Undergang se lanzarán al galop mientras Mikkelsen parece despertar de un largo letargo de siglos. La sección rítmica de Osborne y Pedersen es tan contundente como graves los riffs de Haarløv. “Sygelige nydelser (del I) Apotemnofili” es puro Autopsy mientras que en “Klynget op i en galge af egne indvolde” rebajarán algo de velocidad a favor de unas estrofas más profundas, más pausadas. Algo parecido ocurre con esa falsa introducción de “Skåret i småstykker”y que sirve como nexo de unas estrofas con más groove (magnífico el trabajo de Pedersen), algo que repetirán en “Væskende sår”. Lo más parecido a un single podría ser “Lymfatisk drænage” por su adictivo riff, final perfecto de una primera cara que encontrará su contrapunto en la truculenta “En bedemands bekendelser” para desbocarnos por completo en “Sygelige nydelser (del II) Tafefili”, magnífico ejemplo de cómo rompernos el cuello en tan sólo un minuto y medio.

Pero Undergang saben lo que traen entre manos y así se reservan “Tvangsfodret pigtråd”, uno de los mejores momentos de todo “Misantropology” (un disco con canciones sobresalientes) antes de despacharnos con una versión de Disgrace, “The Chasm”.

Un álbum que supera con creces a su obra anterior y se erige como el mejor de la banda hasta la fecha. Marcando, sin duda, un antes y un después, “Misantropology” es tan crudo, gore, descarnado y visceral como ninguno, con unas canciones que no dan tregua y te golpean desde el primer segundo. Sin largas introducciones, sin largas codas, sin pretenciosidades o arreglos innecesarios, tan sólo puro y duro death metal. Una maravilla que te llevará de regreso a los noventa o, si no los viviste, recuperar la fe en todas esas bandas que, a pesar de Internet y lo que te quieran contar, se están comiendo los escenarios de medio mundo a base de carretera, manta, talento y mucha ilusión. Uno de los grandes títulos de este año, sin duda…


© 2017 Lord Of Metal

Crítica: Taake "Kong Vinter"

Cuando uno piensa en Taake, le vienen a la cabeza multitud de imágenes y sensaciones; Hoest, el ya eterno Hoest, y su rasgadísima voz llena de grano, la bandera noruega hondeando, la energía de sus conciertos y el emblemático banjo pero también, por supuesto, obras como “Nattestid Ser Porten Vid” (1999), “Over Bjoergvin graater himmerik” (2002), “Hordalands Doedskvad” (2005) o “Noregs Vaapen” (2011). Una carrera que, no siendo del todo perfecta, hasta hace unos años era uno de los secretos mejor guardados de toda Noruega. Y es que Hoest, a pesar de ser uno de los músicos más icónicos de la escena black metal, sigue siendo casi un absoluto misterio. Ørjan Stedjeberg es uno de esos artistas que en los últimos años ha decidido alejarse del reconocimiento público y rara vez coincide entrevistas, no publica fotos privadas en redes sociales acudiendo al barbero o haciendo yoga, como Nergal, su sobreexposición es mínima y, aunque lógicamente ello impacte en su popularidad y ventas, ayuda a mantener esa magia por la que muchos echamos de menos una época en la cual los artistas parecían inalcanzables, misteriosos e inaccesibles, algo tan necesario para la mitología nórdica de la escena metal. Ørjan no tiene importancia alguna, es Hoest quien debe preocuparnos, es él sobre el que recaía el peso de publicar la continuación de “Stridens Hus” (2014), un álbum notable -como todos los suyos- pero que no llegaba a la altura de su predecesor, “Noregs Vaapen” (2011), si ignoramos el EP, “Kulde” (2014).

“Kong Vinter” no le reportará a Taake/ Hoest nuevos seguidores, es una continuación de “Stridens Hus” en la que la producción, sin embargo, si ha cambiado. En este nuevo álbum, Taake no abandonan la estética propia del black metal pero el bajo está más presente, creando una mayor sensación de cuerpo en las canciones, dándoles un poco más de profundidad sin que ello signifique que las guitarras no suenen tan afiladas como siempre en sus riffs. En un trabajo en el que, a pesar de que al directo sea llevado por Aindiachaí y Gjermund, se adivina la mano de Hoest tras los instrumentos.

“Sverdets Vei” es una descarga eléctrica, ideal para comenzar esa búsqueda a través del bosque nevado de la portada. Es verdad que ni la inicial, ni “Inntrenger”, sorprenderán al seguidor más experimentado; no innovan, su sonido es tan clásico como sus riffs. Pero, por suerte de Odín, todo “Kong Vinter” parece mutar con “Huset i Havet” o “Havet i Huset”. La primera por la frialdad que es capaz de trasmitir, además de la inspiración en las guitarras o el groove en su estribillo, además la voz de Hoest corta como una cuchilla, acercándose al tono de lo que una vez fueron la banda más famosa de Blashyrkh, pero la locura llega con “Havet i Huset”, que logra calmarse tras los primeros compases, hasta convertirse en una composición mucho más melódica.

“Jernhaand” nos recordará a Gorgoroth, aunque los riffs sean puramente de Darkthrone, mientras que “Maanebrent”, aunque menos directa, evidencia un mayor trabajo de composición, con el bajo siendo el hilo conductor sobre el que las guitarras crearán atmósferas ideales para un disco como “Kong Vinter”. Pero la auténtica obra maestra del álbum y por el que toma consideración, por la cual se le podrá recordar, es “Fra Bjoergegrend mot Glemselen”, una auténtica epopeya de diez minutos en los que Hoest se atreve con un desarrollo más cercano que nunca al progresivo que en sus anteriores obras, en el que atravesaremos por diferentes tramos e incluso sentiremos que la canción se convierte en una totalmente diferente (minuto 5, de la mano del bajo, de nuevo inteligentemente utilizado como recurso para articular las dos partes). “Kong Vinter” no puede ser entendido por una o dos composiciones sino por el conjunto pero, desde luego, aquella que lo cierra, “Fra Bjoergegrend mot Glemselen”, es la verdadera pieza fundamental.

Un álbum quizá demasiado breve cuya quizá única pega es el arranque con dos canciones como “Sverdets Vei” e “Inntrenger” que, sin ser mediocres, no terminan de enganchar tanto como despega con “Huset i Havet” o “Havet i Huset” y una segunda mitad claramente superior con un fin de fiesta de diez minutos por los que merece la compra y lo convierte en escucha obligada. En él que se avistan las intenciones de Hoest en ese coqueteo prog con el black metal y que no logra otra cosa que engrandecer su leyenda, como si hiciese falta. En ausencia de Immortal, el autoproclamado Rey del Invierno reclama su trono…


© 2017 Lord Of Metal

Crítica: Noel Gallagher “Who Built the Moon?”

Si pude resultar demasiado cáustico con la crítica de “Chasing Yesterday” (2015) es porque sintetizaba lo peor de la leyenda sobre los segundos discos y eso, en sí mismo, resultaba imperdonable en un compositor como Noel Gallagher; no únicamente por su demostrada e incontestable pericia sino por su experiencia. “Chasing Yesterday” tenía las canciones -algunas infinitamente mejores que el álbum que nos ocupa- pero fracasaba por lo complaciente, por lo poco valiente y la supuesta continuación que era del debut, “Noel Gallagher's High Flying Birds” (2011). Y lo que en aquel se adivinaba como las canciones que habrían formado parte de un posible álbum de Oasis (con maravillas como “Dream On” o “If I Had A Gun”), en “Chasing Yesterday” todo sonaba a descarte en un disco en el que Noel pretendía tocar otros palos sin correr demasiados riesgos y si salvaba el tipo era por su talento y momentos de incontestable belleza, como cuando “Riverman” se despereza. Y, mientras Liam Gallagher fracasa con “As You Were” y ese intento nostálgico de recuperar el tiempo perdido con cuarenta y cinco años, ante un presente que parece escurrírsele entre los dedos de las manos, Noel -mucho más inteligente- ya va por su tercer álbum, en una aventura que muchos creíamos que tendría una obsolescencia programada cuando cada año que pasa la reunión de Oasis parece cada vez más lejana como innecesaria.

Bajo la batuta de David Holmes y con once canciones de su propia autoría (lo cual, obviamente no sorprende en Noel pero sí golea de nuevo a “As You Were”), “Who Built The Moon?”, desde su título, ya supone un nuevo punto de partida en una banda que hasta ahora, aparte de secundar a Noel, no parecía haberse atrevido a hacer honor a su psicodélico nombre. Y no es que en este, su nuevo álbum, huelan a incienso y suenen como la banda de Crispian Mills, Kula Shaker, posean la mística psicodélica de Stone Roses, el olor a especias de Cornershop o la hipnótica pulsión de Primal Scream, pero en él hay una mayor presencia de arreglos, influjo oriental, bases y obsesivas líneas de bajos, reverberaciones y palpitantes estribillos, como demuestra la introducción que es “Fort Knox” y ese mantra repetido hasta la saciedad.

Lejos de la absurda polémica de “Holy Mountain” y “She Bangs” de Ricky Martin, lo que esta nos demuestra es la despreocupación de Noel por la afectación, la resolución de una canción en la que lo que importa no es la letra o siquiera su voz sino el envoltorio y lo que pretende transmitir, a pesar de Martin o de Roxy Music, da lo mismo. Algo similar a lo que ocurre en la funky “Keep On Reaching”, atrevidos intentos de desmarcarse y soltarse, como en la electrónica “It’s a Beautiful World”, aunque sea más comedida y termine eclosionando con más éxito en "She Taught Me How to Fly". 

Smithnianos títulos como “Be Careful What You Wish For”, sin embargo, encierran tantos aciertos como traspiés, o sonidos más cercanos a Marr en "Black & White Sunshine" diluyen el entusiasmo inicial de pinchar un nuevo álbum de Noel y encontrarse con una intrascendente pero festiva “Holy Mountain” y caer en el pozo más oscuro de la tarde de un domingo con "Interlude (Wednesday Part 1)" y no levantar con un título tan propio de John Squire como "If Love Is the Law" o la desatinada balada "The Man Who Built the Moon" que constatan el hecho de un álbum compuesto a vuelapluma entre descansos de la gira anterior y actuaciones esporádicas como telonero de U2 en la mastodóntica gira de aniversario de The Joshua Tree, en la cual tuve la suerte de volver a verle sobre un escenario, en un estadio, que literalmente le fagocitó.

Quizá, aparte de la sensación de camino recorrido, del arrojo por seguir por su cuenta, las verdaderas virtudes de “Who Built The Moon?”, lejos de un cierre tan plomizo como "End Credits (Wednesday Part 2)", puedan seguir encontrándose en la mano del hermano mayor de los Gallagher y no hay mejor ejemplo que esa toma acústica que es “Dead In The Water”, auténtico broche de oro y motivo más que suficiente para seguir teniendo en cuenta a Noel, aún cuando todavía parece no haber grabado su disco en solitario perfecto, lejos de Oasis. Por lo menos, él sigue embarcado en esa búsqueda y no hay reproche alguno para aquel que persiste lejos de su zona de confort.


© 2017 Piero Bambini