"Walk The Sky" de ALTER BRIDGE; cuando innovar no siempre significa progreso.

En riesgo de estancarse si no rescatan a la musas que les abandonaron tras "Fortress"...

SABATON y la Primera Guerra Mundial.

Los suecos regresan con su nuevo álbum, "The Great War", fieles a la cita y su estilo. Sin novedades en el frente...

BARONESS: "Gold And Grey"

Y la importancia de la contención en el minutaje y una producción que hubiese dejado apreciar las canciones tras su criba.

METALLICA en Madrid...

Un concierto con tantas luces como sombras, pésimo sonido y repertorio irregular.

"The Valley" de WHITECHAPEL.

Consigue agarrarte por los huevos pero también encogerte el corazón, todo un logro...

Crítica: Coldplay “Everyday Life”

Esta es la pequeña historia de una banda, también pequeña, como Coldplay, que nunca soñó llenar estadios y aseguraban, en la publicación de “A Rush of Blood to the Head” (2002), que si todo se acababa en ese preciso momento, no pasaría nada, cada uno volvería a sus vidas y todos tan contentos. Con “XY” (2005) aceptaron sus raíces pop, porque Coldplay -les guste a muchos o no- siempre han sido una banda de pop y se lanzaron a la conquista de mayores audiencias, pero fue con “Viva la Vida or Death and All His Friends” (2008) que pusieron a todo el mundo a bailar (incluido a Guardiola) en una lluvia eterna de mariposas de papel que ha durado, desde entonces, once años, a ritmo de plagios velados -eso sí- cuando la banda comenzó a dar señas de desgaste creativo, ese que también está durando once años, por cierto...
 
Pero seamos honestos igualmente, con ellos y aquellos que nos leéis, porque hubo una época -quizá ya parezca lejana- en la que Coldplay eran prometedores adalides de lo que una generación acomodada (los hermanos mayores de esa generación, aún más acomodada, que ahora los desprecia) que entendían que lo que hacían era "buena música", así grabaron el genial “Parachutes” y “A Rush of Blood to the Head”, crecieron con “XY”, alcanzaron la cima de su expresión (no artística pero si estética) con “Viva la Vida or Death and All His Friends” (2008) y fueron devorados por sí mismos, para convertirse quizá en la banda más criticada del panorama actual. “Mylo Xyloto” (2011) contenía algunas buenas canciones en un conjunto mediocre que demostraba que Coldplay comenzaban a hacer aguas y unas colaboraciones, no siempre acertadas, que descolocaban a propios y extraños. Firmaron el íntimo “Ghost Stories” (2014) y su registro en directo y, de nuevo, cometían los mismos pecados del anterior; grandes ideas se traducían en canciones tibias en las que, sin embargo, acertaban en sus dardos emocionales ya que, eso sí que no se les puede negar, Chris Martin siempre ha tratado los clásicos temas universales y escrito canciones con una sencillez sobresaliente en su más pura y bovina simplicidad.
 
Otra cosa muy distinta es cuando Martin se enfrasca en escribir canciones que le vienen grande y cree ser Bob Dylan o el Paul Hewson de hace décadas, como ocurre con el disco que nos ocupa, “Everyday Life” (2019), en el que deja de mirar hacia adentro para alejarse tanto de sí mismo como para querer tratar temas sociales y políticos, en un álbum en el que la cantidad de productores es tan apabullante como el crisol de influencias que Coldplay han querido demostrar albergar, yéndoseles por completo de las manos, facturando un disco doble repleto de canciones cuyas coordenadas no son las de los ingleses y ni siquiera las de su propia personalidad, yendo de las influencias orientales al pop, del góspel al soul mezclado con más pop de octanaje indie; apuntes y bocetos acústicos, a veces minimalistas, que dificultan la escucha de “Everyday Life” cuando Coldplay parecen querer desmarcarse de aquella banda que quería llenar estadios y ser “los próximos U2”, para abrazar la diversidad, el mestizaje y, por supuesto, la ausencia de cualquier dirección y contención pero mucho trasfondo en un mundo tan polarizado que poco o nada tiene que ver con el que les vio nacer, pero tan aterrador en su opinión pública y ortodoxia moral como para interpretar sus nuevas canciones en directo en Amán (Jordania) y hasta la luna de Endor, si hiciese falta, pero no una gira mundial ya que, como Greta Thunberg dicta, no quieren contribuir más a la degradación del planeta; cuando tu campaña es superior a la de tu producto y se habla más de ella que de tus canciones, es que tienes un problema y no quieres verlo o los demás escucharlo.
 
Pero el caso es que “Everyday Life” se ha publicado hace poco, no hace siquiera un mes desde que vio la luz, y ya no se habla de él o no como se debería: los arreglos de cuerda de “Sunrise” son bonitos y son una apropiada introducción para un álbum con semejantes sabores, “Church” puede recordar a Massive Attack en su guitarra pero es, sin duda, un reencuentro con Coldplay. El sonido está tan domesticado como en “Ghost Stories”, algo que parecen solucionar con “Trouble In Town”, creando una densa atmósfera que les sirve de crítica social pero los quiebros de cintura comienzan con el góspel de “BrokEn” (recuerda demasiado al clásico tradicional “Lucille”, pero quizá se deba a lo encorsetado del género), aún así rompe demasiado el ritmo creado en “Trouble In Town” y su tensión, y ya con “Daddy” cualquier oyente entiende que Coldplay parecen estar probando o haber reunido bajo el formato de álbum, todas las canciones compuestas durante un periodo, sin ritmo ni concierto. “Daddy” es razonablemente bonita, pornográficamente sensible en sus artimañas, ligeramente desesperante en su tono y pueril en su letra, como "WOTW / POTP" y sus aires de descarte o la continua sensación de estar escuchando un disco hecho a retazos....
 
Es tanta la sensación que cuando suena "Arabesque”, el single que ya pudimos escuchar como adelanto, uno siente hasta algo remoto a alegría porque contiene estructura y parece seguir cierta línea marcada hasta antes de “BrokEn”, me gustan las acústicas, la sensación de ir en bicicleta que transmite su ritmo, pero no me gusta su letra en francés, ¿qué le vamos a hacer? "When I Need a Friend" es puro relleno y su continuación en su segunda parte, “Guns” es patética, es imposible creerse a Chris Martin cantando algo así, con un estribillo vergonzoso en su ironía, por lo fácil que resulta. En “Orphans” vuelven al curry, al colorinchi y el bajo de Guy Berryman con sonido a ‘world music’, además -por si faltaba algo- estridentes coros infantiles, la danza cortesana renacentista de “Èkó” (que habría funcionado mucho mejor en la voz de Sting), el experimento soul de chirigota que es “Cry Cry Cry” (sumando más y más ingredientes, más y más especias), más descartes (“Old Friends”), tantos que cuando llegas a "بنی آدم" has perdido la paciencia y sabes que cuando escuchas "Champion of the World" o “Everyday Life” (de nuevo por “Ghost Stories”) son Coldplay metiendo la directa al autoplagio, el relleno por el relleno y ni una sola canción que te llegue al corazón, que puedas tararear.
 
Un álbum que habría agradecido enormemente esa citada contención, una pequeña criba, que ordenado o secuenciado de otra manera, y con un mayor trabajo de composición, podría haber sido interesante pero que, indefectiblemente, constata que Coldplay han entrado en punto muerto. Estuve en “Parachutes”, dos veces en la gira de “A Rush of Blood to the Head”, los conocí y me impactó su humildad, también estuve en “XY”, dos veces en “Viva la Vida or Death and All His Friends”, otras dos en “Mylo Xyloto” y disfruté moderadamente “Ghost Stories” porque lo escuché durante una relación que, sin duda alguna, debió afectarme cerebralmente por lo poco que le pedía a una y otra parte, pero me bajé del tren con “A Head Full of Dreams” y, hagan o no gira sostenible, no volveré a subirme con “Everyday Life” y, mucho me temo, tampoco con los que vengan. Mucha suerte a los que se queden hasta la última parada, aunque auguro un “back to basics” en poco tiempo…

© 2019 James Tonic
 

Crítica: Tribulation "Alive & Dead At Södra Teatern”

Que conste por escrito que mi alegría por “Alive And Dead At Södra Teatern” no se debe a que, en menos de diez días, vuelva a ver a la banda sobre un escenario y sea presa del hype, sino por la calidad de un directo grabado en el teatro más antiguo de Estocolmo, el Södra Teatern, en el que Tribulation no sólo suenan estupendos y con una producción magnífica sino que interpretan íntegro su álbum de 2018, “Down Below” para, en una segunda parte, mezclar canciones de “The Formulas of Death” (2013) y “The Children of the Night” (2015). Y es que la banda sueca ha crecido de manera exponencial gracias a su excelente material pero también su constante trabajo en directo, nadie que los haya visto sobre las tablas, podrá duda de su propuesta; de la sabiduría que destilan sus composiciones de puro black and roll en las que se mezclan las guitarras de Hultén y Zaars con ecos de los ochenta, delays y reverberaciones más propios de aquellos nuevos, ya viejos, modernos que enmascaran riffs de hard rock, con la rasposa voz de Johannes Andersson, para contarnos historias de vampiros, goticismo de película y absenta, monstruos románticos y lunas que se desangran sobre el empedrado de cualquier ciudad en la gélida medianoche. Tribulation han alcanzado un público mayoritario porque su propuesta es fácilmente digerible pero su producto es de una calidad apabullante si lo comparamos con muchas bandas contemporáneas, además logran el difícil equilibrio entre un público mainstream y fácil de complacer, con el beneplácito de aquel más underground que entiende que el éxito de la banda no se debe, de ninguna manera, a que el nivel de las composiciones haya caído en picado en búsqueda de un aumento de las ventas, sino que esto último es consecuencia directa del trabajo, habilidad para escribir buenas canciones y el buen gusto de los músicos.

“Alive And Dead At Södra Teatern” es el primer directo de Tribulation y su edición está tan cuidada como su producción, adquiriendo tintes de golosina para paladares gourmet y sirviendo como recopilatorio de lo mejor de su carrera (aunque haya grandes ausentes), además de una muestra de lo que son capaces. Dos partes bien diferenciadas por su repertorio pero que en su escucha funcionan como una sola que, además de venir bellamente presentado, incluye el DVD de la actuación.

Desde su flamante inicio con “The Lament” hasta la intensa "Here Be Dragons", Tribulation demuestran que “Down Below” fue uno de los grandes discos de aquel año y, si echo algo en falta, pero no puedo achacárselo a la propia banda, es ese público al que escucho en pocas ocasiones y tan sólo aplaudiendo, restando algo de la emoción inherente a todo buen directo. Hultén y Zaars se complementan y logran que el sonido de Tribulation coja algo de cuerpo en sus pinceladas de hard, pero sin olvidar los ochenta y ese caramelo que es su single “Nightbound” y el enlace con “Lady Death”, emoción en estado puro hasta la nocturna “Subterranea” o la pieza “Purgatorio”, más propia de Danny Elfman que de una banda de rock y metal, “Down Below” en directo se despereza con "Cries from the Underworld" y remata el cuento con la épica “Lacrimosa” y “The World”, para cerrar definitivamente con “Here Be Dragons” a modo de colofón con Oscar Leander como protagonista. Un magnífico pasar de hoja en su transición hacia "Trollens Brudmarsch", que hará las delicias de los seguidores de Tobias Forge, y el single de más pegada de Tribulation hasta la fecha, que no es otro que “Melancholia” y sus pegadizos riffs.

"The Motherhood of God" y "Rånda" son doce minutos de rock oscuro, de humo y tinieblas, de encanto ocultista, hasta la leve "Ultra Silvam" y un solo de guitarra en el que volvemos a encontrarnos con el público y ese regreso de la banda con la magia, la auténtica magia, hecha canción en las manos de los suecos; "Strange Gateways Beckon" en la que despliegan hábilmente todo su arsenal e imaginería, para despedirse del auditorio con "Strains Of Horror" y su bonita y tierna coda final, dejando de lado -eso sí- su debut “The Horror” (2009) incomprensiblemente fuera del repertorio.

No es habitual que reseñe directos porque, como ocurre con los recopilatorios o las reediciones y remasterizaciones, tan sólo se esconde tras ellos el afán de pasar por caja y pocos son los registros que, de verdad, podríamos tachar de históricos frente al auténtico aluvión de publicaciones que poco o nada aportan a la carrera de los artistas, más que a sus propios bolsillos, pero “Alive And Dead At Södra Teatern” tiene alma y eso es mucho decir en los tiempos que corren…

© 2019 James Tonic

Crítica: Cattle Decapitation “Death Atlas"

Es muy complicado que tras dos discos como "Monolith of Inhumanity" (2012) y "The Anthropocene Extinction" (2015) una banda sea capaz de soportar la presión de publicar su continuación y conseguir satisfacer a todo el mundo; no sólo a su público, sino también a aquellos oyentes casuales que los acaban de descubrir y esperaban este "Death Atlas" (2019) con tantas ganas como para encumbrarlo antes siquiera de haberlo escuchado. Conseguí ver en directo a Cattle Decapitation durante su gira de "The Anthropocene Extinction" y me impresionaron de veras, Travis Ryan nos cogió por el cuello y no nos soltó hasta el final de una actuación en la cual se mezcló el grind con el death a la velocidad de la luz y todo ello destilando tanta pericia técnica como melodía en cada una de sus canciones, pero sin ninguna concesión al azúcar o a lo fácil, a lo obvio. Es por eso que, como miles de personas, esperaba con muchas ganas este “Death Atlas” y, tras un mes de escuchas, pareciéndome un buen disco con algunas grandes canciones, sin embargo, me ha decepcionado respeto a los mencionados "Monolith of Inhumanity" y "The Anthropocene Extinction", quizá su cima creativa desde que tomasen el toro por los cuernos (nunca mejor dicho) en "Karma.Bloody.Karma" (2006). “

En “Death Athlas”, repiten con Dave Otero en la producción (Archspire, Cephalic Carnage, Cobalt o Khemmis, entre muchísimos otros), suena tan brutal como siempre, nadie puede decir lo contrario, pero cuando lo escucho -y esto no es culpa de Otero- siento que la personalidad de Cattle Decapitation ha quedado desdibujada y no estoy escuchando un disco de grind, de death metal técnico, de goregrind, metalcore o brutal death, sino uno de black metal melódico en el que la banda parece más inclinada al blast y a la creación de atmósferas que a la pura y dura agresión; las melodías siguen recordando a las de "The Anthropocene Extinction" pero no hay el sentimiento de aquel, y cuando escucho "The Geocide" tras “Anthropogenic: End Transmission”, sólo entiendo la voz del impresionante Travis Ryan dentro de los parámetros estéticos de Cattle Decapitation. “Be Still Our Bleeding Hearts” o “Vulturous” (esta última se me hace especialmente larga, lo que es malo en un álbum tan deseado) administran la dosis de los de San Diego con cuentagotas, de manera rácana; David McGraw y Pinard están sensacionales, nadie podrá acusar a Elmore o Dimuzio de no estar a la altura, pero sí en otras coordenadas que no son las de la banda.

Será conveniente saltarse "The Great Dying I" y "The Great Dying II", como “Anthropogenic: End Transmission”, tres instrumentales a modo de interludio con voces narradas que no aportan absolutamente nada, para llegar a “One Day Closer to the End of the World” en la que parece que Cattle dan muestras de querer regresar a su terreno para, segundos después, desesperarnos con “Bring Back the Plague” y sentir que hemos viajado a la fría Noruega. ¿Era necesario? Por supuesto que no suena mal, que McGraw es una máquina de auténtica precisión, pero esto no es Cattle, lo siento; es black. Y no quiero pecar de fundamentalista, no pasaría nada si las composiciones estuviesen a la altura o no viniésemos de "The Anthropocene Extinction". Prueba de lo que digo es el puente de “Bring Back the Plague”, en el que la banda nos ofrece lo que pedíamos, hay melodía, pero bien integrada y sin concesión alguna. “Absolute Destitute” o, más en concreto, “Finish Them”, nos vuelven a poner en órbita y con “With All Disrespect” siento que Cattle Decapitation parecen saber de su error y en el último estertor de “Death Atlas” han despertado al Kraken a pesar de “Time's Cruel Curtain” y la manía de incluir cortes instrumentales de relleno, o "The Unerasable Past", logran que uno pierda la paciencia (cuatro instrumentales absurdas en un álbum de catorce, dejándolo en diez canciones) a pesar de contener un monstruo como es la final y homónima al álbum, con sus nueve minutos, en los que, aparte de la genialidad, siento que un poco de contención y recorte en su minutaje la habría hecho subir de nota.

“Death Atlas” es un disco extraño y desnortado, contundente y con momentos de alegría para el paladar más extremo, grandes ideas y buenas canciones se entremezclan con canciones inferiores, relleno y falta de dirección cuando la banda decide apartarse de su camino y probar cosas nuevas, siendo lo mejor de todo el disco la voz de Travis Ryan y su forma de cantar, interpretar y desagarrar nuestro interior, confirmando que es uno de los mejores vocalistas del metal y quizá también uno de los menos conocidos por el gran público. “Death Atlas” es lo que ocurre cuando tocas el cielo con "Monolith of Inhumanity" (2012) y "The Anthropocene Extinction" (2015) y entras al estudio confiando en tu talento, pero sin saber muy bien en qué dirección tirar y sin haber hecho los deberes, con la lógica presión tras cuatro años de giras y piropos de la crítica. Siguen siendo una grandísima banda, una de mis favoritas, y seguiré escuchando el álbum porque me parece bueno, pero esto no me lo esperaba tras los anteriores y es una pena…


© 2019 Blogofenia

Crítica: Blood Incantation "Hidden History of the Human Race"

Tuve la suerte de descubrir “Starspawn” (2016) en su publicación y, más aún, de ver a Blood Incantation en directo, en aquella gira, presentándolo junto a Spectral Voice. ¿Qué decir? Al margen de demos, “Starspawn” fue un debut auténticamente brillante y su directo la confirmación de que la banda de Colorado era un combo tan solvente como para convertir el escenario en un verdadero terremoto cósmico. Por lo tanto, el hype con su segundo álbum era algo completamente lógico, ¿serían capaces de estar a la altura? ¿Son Blood Incantation una banda que pueda pasar a la historia del death? Sin ningún tipo de duda al respecto, la banda ha vuelto a hacerlo. "Hidden History of the Human Race" es un disco magníficamente escrito e interpretado, repitiendo de nuevo con Pete DeBoer tras los controles, “Hidden History of the Human Race” es una brutal continuación de lo exhibido en el anterior; los seres humanos somos, en realidad, alienígenas y esa es la única forma de explicar nuestra historia a través de cuatro canciones que sobrepasan la media hora de escucha y en las que DeBoer les ha vuelto a hacer sonar extremadamente bien con una producción orgánica en la que se sienten todos los instrumentos y no hay lugar para el sonido empastado, propio de la compresión. Una paleta de colores que convierte el caos en el que se desenvuelve el grupo, en un death metal brutal y cósmico, con tintes progresivos, Serie B y un Paul Riedl verdaderamente intratable en las voces.

Con "Slave Species of the Gods" comienza el relato, cinco minutos de death metal técnico, interpretado de manera excelente y con progresiones que aseguran la diversión para los oyentes más exigentes. Si queríamos contundencia tras “Starspawn”, Blood Incantation nos la dan sin medida; las guitarras Riedl y Kolontyrsky se atropellan entre sí, riff tras otro, de manera gruesa o a través de acelerados, pero afilados pasajes que desembocan en un vibrante solo y el propio Riedl parece susurrarnos al oído todos los secretos y aberraciones de la especie humana, mientras Isaac Faulk golpea sin descanso sobre su maltratada batería.

¿Son las pirámides plantas de energía o electricidad? En “The Giza Power Plant” los riffs parecen electrocutarnos mientras Blood Incantation buscan los momentos más puramente death para alternarlos con algo de doom y, por supuesto, algo de esa psicodelia que tan bien les funcionó en “Starspawn”, siete minutos de auténtica gloria deathmetalera que se clavan el alma de uno, incluido un pasaje de regusto oriental que parece conducirnos de la mano al interior de la propia pirámide pero no al estilo de Nile sino para que una corriente eléctrica nos devore en su interior en un viaje a través de planos, mientras somos abducidos, gracias a una canción como "Inner Paths (To Outer Space)" y sus aires de jam, improvisación; sacudidas y acelerones, guitarras hipnóticas y Faulk y su batería traqueteando, como si atravesásemos una lluvia de asteroides hasta la extensa “Awakening from the Dream of Existence to the Multidimensional Nature of Our Reality (Mirror of the Soul)”, no sólo en su título sino también en sus dieciocho minutos de locura y constantes transiciones, veinte maravillosos minutos articulados en varias partes; salvajes, veloces, calmadas, ambientales y melancólicas, propias de la mano de unos genios llamados a ser algo grande, un auténtico broche de oro para un álbum tan extraño y diferente como magnético.

Podría citar algunas de las referencias de Blood Incantation y asegurar que son los sucesores de Morbid Angel o que han llevado el death espacial progresivo y psicodélico un paso más allá, pero mucho me temo que nada de esto servirá para que el lector entienda lo que va a sentir cuando pinche “Hidden History of the Human Race” y descubra a una de sus bandas favoritas. Un segundo álbum magistral que confirma su talento y aumenta las ganas por volver a verlos en directo, una auténtica joya con la que no sólo siento placer escuchando sus canciones sino pensando en todos esos lectores a los que he descubierto semejante banda y lo mucho que sé que me lo van a agradecer porque, por momentos así, escribo en esta web…

© 2019 Lord Of Metal


Crítica: Lindemann "F & M"

¿Cuál es el objetivo de los proyectos paralelos? ¿De las escapadas de muchos artistas de sus respectivas bandas, esas que les han dado la fama, la gloria y, sobre todo, el dinero? Habitualmente, son válvulas de escape, lugares plácidos y agradables en los que explorar todo aquello que en esas bandas no tiene cabida o, por el contrario, meros talleres ocupacionales mientras estas agrupaciones y sus miembros se debaten legalmente o, mucho peor, duermen el sueño de los justos en interminables descansos que terminan deviniendo en muertes comerciales. Entendí “Skills in Pills” (2015) como un divertimento para Till, mientras Rammstein seguían en ese impasse creativo y sus esporádicos conciertos veraniegos, lo entendí, claro que sí, pero no compartí la alegría de muchos de sus seguidores porque me pareció rematadamente malo y si era impropio del propio vocalista, era indigno del genio sueco que considero que es Peter Tägtgren. Si “Skills in Pills” me parecía tan infantil como efectista, tan obvio y tontorrón, orientado para el público menos exigente, lo que me ocurre con “F&M” es que, siendo claramente superior en su intención y huyendo de los tópicos más soeces, es que, al contrario que el anterior, no termino de entenderlo. Me explico para que hasta los seguidores de Rammstein sean capaces de comprenderlo antes de enfadarse conmigo; lo que Lindemann, como dúo, nos presentan en sus canciones es el mismo esquema de Rammstein, pero sin las guitarras de Kruspe y Landers, y sí el sonido enlatado que luce Tägtgren en PAIN, teclados enlatados, sinfónica petarda y guitarras sin la fuerza de los alemanes y tampoco la mala leche de Hypocrisy pero ninguno (ni Till, ni Peter) se desmarca o sale de su zona confort; ni en la producción, composición o estética, Till canta con su clásica voz de barítono y Peter se limita a acompañarlo con una producción artificial, muy propia del encanto decadente de su aventura en PAIN, de hule y tupper.

El mejor ejemplo lo tenemos en "Steh auf" y su comienzo, guitarras desnatadas y los arreglos comiéndoles terreno, llega la estrofa; desaparecen de la mezcla y se queda Till cantando sobre el bajo y la batería. ¿Cuándo vuelven las guitarras? Claro que sí, en el estribillo. Esquema clásico, básico, que aplicarán a casi todas las canciones. ¿Dónde está el subidón? Con todo, "Steh auf" es de lo mejor, directa y pegadiza, "Ich weiß es nicht" sigue el patrón pero no nos hace levantarnos de la misma forma que el estribillo anterior, igual que ocurre con "Allesfresser" o la aburridísima “Blut” en lo que parece la carpeta del ordenador de descartes de Rammstein, canciones sobrantes o con poca pegada y menos gancho porque, no nos equivocamos, las mejores canciones de los alemanes no son las introspectivas y pedorras, sino aquellas que nos levantan con su aire marcial. Todo lo contrario que la acústica “Knebel” o la ridiculez de "Frau und Mann" y la supina idiotez de "Ach so gern" ("Oh So Glad", en inglés) y su toque cabaretero berlinés.

Interesante es la tensión dramática de "Schlaf ein" hasta que uno se percata de que son cinco minutos con nudo pero sin desenlace y Till creyéndose el narrador que no es, de nuevo las sobras de Rammstein, "Gummi" y "Platz eins" (a medio camino entre Flake, PAIN y Clawfinger) y el remate, el chiste definitivo, con "Wer weiß das schon", pudiendo salvar únicamente las iniciales “Steh Auf” (¿ves cómo te dije que era de lo mejor?), "Ich weiß es nicht" y, claro, "Mathematik", olvidándonos de la revisión de "Ach so gern" (que demuestra que ni una, ni otra; la canción no resulta). Y vuelvo a mi pregunta inicial, ¿cuál es el objetivo de este proyecto paralelo? ¿Para qué serle infiel a tu pareja si vas a hacer lo mismo en la cama? Para completistas de Rammstein, el resto podemos olvidarnos de regresar a este álbum si no es para apoyar la copa.


© 2019 Conde Draco


Crónica: Amon Amarth/ Arch Enemy/ Hypocrisy (Madrid) 23.11.2019

SETLIST: Raven's Flight / Runes to My Memory/ Death in Fire/ Deceiver of the Gods/ First Kill/ Fafner's Gold/ Crack the Sky/ The Way of Vikings/ Prediction of Warfare/ Shield Wall/ Guardians of Asgaard / Raise Your Horns/ The Pursuit of Vikings/ Twilight of the Thunder God/

Percibir a los vikingos como soldados de élite valerosos, con principios y honrados de corazón es algo en lo que ha tenido mucho que ver la cultura popular; desde las series de dibujos animados, las películas y los libros de auténtica fantasía, en una historia que el tiempo ha tergiversado para unos asesinos sangrientos que, en realidad, nunca portaron cuernos sobre su cabeza y tampoco fueron tan simpáticos como se nos quiere pintar, sino todo lo contrario. Pero si hay algo muy vikingo es precisamente eso, aprovechar las falsas leyendas para reforzar su imagen y eso los suecos Amon Amarth lo han sabido rentabilizar como nadie ya que lo suyo no es ni será nunca ‘viking metal’ (perdónalos, Quorthon, porque no saben lo que dicen) sino una suerte de death metal melódico en el que abundan los tópicos vikingos pero en el que, de manera inteligente, han sabido mezclar las dosis justas de melodía para enganchar a público de todas las edades y procedencias pero no perder el favor tampoco de los más fieles, Hegg lo sabe mejor que nadie y no duda en aclararlo en todas sus entrevistas. Así, mi duodécimo concierto de Amon Amarth (tercero sólo de esta gira), me traería la alegría de ver a la banda en su imparable ascenso (de las salas de pequeño aforo, a las de mediano y ahora en una plaza de toros como Vistalegre, con todo el público entregado a la causa) y reencontrarme con Hypocrisy, casi nada, amigos míos…

Siempre he dicho que me produce algo de pena cuando bandas que merecen estar más arriba en los carteles, quedan relegadas por una cuestión puramente económica. Es verdad que Hypocrisy no venden tanto como Arch Enemy y que al público de estos poco les importa si los de Peter Tägtgren fueron vitales para definir un subgénero o han firmado obras maestras, pero es escuchar “Fractured Millennium” y ser testigos de un sonido sólido y pulido como pocos, Tägtgren canta de manera rasgada la canción de su álbum del 99 que sirve como introducción hasta “Adjusting the Sun” y rápidamente vamos al galope, puro death metal sueco, a toda velocidad, procedente de un disco como "The Final Chapter" (1997). El medio tiempo de “Fire In The Sky” apacigua los ánimos y nos hace entrar en el ecuador de su brevísima actuación, “Into the Abyss” (2000) me parece un gran álbum, pero es cierto que la canción quizá no sea lo que los seguidores de Arch Enemy o Amon Amarth podrían esperar en la fría noche madrileña. “Eraser” y el bajo de Hedlund recuerda a todos los fans de Obscura que el death de ciencia ficción llegó mucho antes que los alemanes. Deciden encabritarse con “Warpath” y se agradece porque “The Final Chapter” resulta demasiado densa en su unión con el interludio, “The Gathering”, que da paso a “Roswell 47” y es que, en mi opinión, de ser Tägtgren habría escogido un repertorio mucho más salvaje y al grano. Tan sólo espero que Peter no se olvide definitivamente de la banda a favor de otros proyectos, quizá más rentables (Lindemann), indudablemente menos auténticos y de menor calidad. Es una auténtica pena que siempre que acuda a ver a Hypocrisy, tenga la sensación de que pueda ser la última, es muy jodido...
Todo lo contrario que con Arch Enemy que parecen estar en todos los sitios y constantemente girando, como me ha ocurrido con Amon Amarth, he podido ver a los de Michael Amott hasta en tres ocasiones tan sólo en esta última gira; si hago memoria, me encuentro con que les he podido ver sobre las tablas en doce ocasiones, exactamente igual que a Amon Amarth. Arch Enemy saltaron al escenario pletóricos, el sonido fue perfecto, es lo que ocurre cuando tienes a una banda con músicos de su talla; tanto Amott, como D'Angelo o Erlandsson estuvieron fantásticos, por no hablar de uno de mis guitarristas favoritos por su pasado en Nevermore, el señor Jeff Loomis y su impecable manera de atacar las cuerdas pero, aunque el sonido no falló y el espectáculo tampoco, con ese acelerón de “The World Is Yours” tras la introducción de “Set Flame To The Night”, he de reconocer que prefiero a Angela antes que a Alissa, a veces siento que esta devora el alma de la banda y, de no ser por el talento de cada uno de ellos, si por ella fuese estaríamos viendo su propio espectáculo. El single “The World Is Yours” sonó contundente, tanto como “War Eternal” (mi trabajo favorito de Arch Enemy con Alissa), en lo que fue un recital de golpes de efecto (“My Apocalypse” de “Doomsday Machine” en la que también debo admitir que White-Gluz encaja perfectamente, aunque eche de menos a Gossow) y supieron fundir presente (la épica “The Eagle Flies Alone”, con la que la gente se volvió literalmente loca) y pasado (“Ravenous” o “Under Black Flags We March”), hasta “As the Pages Burn”, “Nemesis” o “Enter The Machine”.

Y llegó el momento de Hegg y los suyos. ¿Qué decir de Amon Amarth? Acudir a uno de sus conciertos es ir a tiro hecho, los suecos se han convertido en una apuesta segura, tanto que cuando suena la ya también clásica introducción de Iron Maiden, uno sabe lo que se le viene encima; “Raven's Flight” de “Berserker” y comienza el festival de llamaradas y ‘growls’, Jocke Wallgren golpea la batería sobre un enorme casco vikingo elevadizo y Amon Amarth nos llevan al pasado con “Runes to My Memory” y su relato repleto de emoción y épica, como “Death in Fire” de “Versus the World” en un repertorio monolítico, esculpido en piedra por el mismísimo Odín; su single “Deceiver of the Gods” es coreado por todos y Amon Amarth consiguen lo que buscaban, reinar por todo lo alto en la noche de Madrid, y es que no cuesta en absoluto imaginarse a esta banda ocupando la primera posición de muchos festivales en unos años. 
El escenario es impresionante, flanqueado por enormes estatuas, y la estampa de Mikkonen y Söderberg arrancando “First Kill” o la bonita “Fafner's Gold”, es tan impactante como majestuoso, y he de confesar también, sin que sirva de precedente, que aunque "Berserker" (2019) no me parece su mejor disco, sus canciones resultan en directo con la misma fiabilidad que las anteriores (ejemplo de ellos no es sólo “Crack the Sky” sino también “Shield Wall”), me sorprendió “Prediction Of Warfare” tras “The Way of Vikings” pero no el último tramo con las ya legendarias “Guardians of Asgaard “, “Raise Your Horns” (no se puede concebir un concierto de Amon Amarth sin ella), “The Pursuit of Vikings” y, claro, “Twilight of the Thunder God”, canciones que ya todos conocemos de memoria pero que sonaron y sonarán por primera vez para muchas de aquellas personas que acuden cada noche a ver a Amon Amarth por primera vez, como yo en su día y eso hay que respetarlo, aunque signifique escucharlas en cada gira. Gran concierto de Amon Amarth, en el que no sólo demostraron su oficio y valía sino estar plenamente preparados para tomar por los cuernos los recintos de mayor capacidad y doy fe de que se lo merecen. Se les quiere y lo saben, los muy cabrones…


Texto y discos © 2019 Lord Of Metal/ Blogofenia
YouTube Video by © 2019 Leandro Alonso
AMON AMARTH pics by © 2019 VolcaMedia
ARCH ENEMY pic by © 2019 Arch Enemy



Crítica: Cradle of Filth "Cruelty And The Beast Re-Mistressed"

No suelo detenerme en ellas y mucho menos escribir sobre las reediciones de discos ya clásicos porque, habitualmente, suelen ser artefactos perpetrados por la propia discográfica o artistas en declive que buscan un poco de dinero en su pasado más glorioso y suelen resultar, de alguna manera, bastante decepcionantes pero nada de esto se cumple con una de las obras cumbres del metal extremo de finales de los noventa, “Cruelty And The Beast” de Cradle of Filth, por mucho que les duela a algunos, fundamentalmente a todos esos chavales cuyo recorrido memorístico y cultura, empieza y acaba en Wikipedia. Pero quizá, sólo quizá, “Cruelty And The Beast” ocupe un lugar destacado en mi corazón porque estuve en aquella gira (hace la friolera de veintiún años, tan sólo dos meses después de haber sido publicado, con Dani plenamente confiado en sus canciones) y al recuerdo de la banda sobre el escenario (con bastante mal sonido, todo hay que decirlo) se le suman gran cantidad de emociones teñidas por la nostalgia de una época (tanto musical, como personal) que nunca más volverá y, en cierta manera, esta también bien así.

Pero lo cierto es que el álbum que terminaría de definir a la banda es quizá uno de los muchos casos en los que la visión del artista se ve claramente perjudicada por un decepcionante resultado final ya que el sonido del disco original si ya en su época dejaba mucho que desear es ahora cuando, comparado con esta edición que nos ocupa, se convierte en uno de los ejemplos más sangrantes (nunca mejor dicho) de la importancia de la producción en el producto final que, nos guste o no admitirlo, es un disco cuando llega precintado a nuestras manos. Sin embargo, si tiro de memoria y algo de hemereoteca también, ello no fue óbice para que “Cruelty And The Beast” fuese saludado como la gran obra maestra que ha demostrado ser. El álbum que arrancó las lágrimas de frustración de Sarah Jezebel Deva y acabó con la continuidad de Stuart Anstis, Lecter y, por supuesto, Nicholas Barker, muestra un ambiente opaco y tristón con una sonido de batería indigno de un músico como Barker que, honestamente, tampoco le sentaba tan mal al ambiente lúgubre del castillo de Elizabeth Bathory y sus sangrientas orgías, concediéndole un extra de oscuridad primitiva a unas canciones que, ya desde entonces, se mostrarían como lo mejor que Cradle Of Filth habían escrito y grabado, con permiso de "Dusk... and Her Embrace" (1996), claro…

Escuchando estas canciones resulta inevitable sentir que “Re-Mistressed” es un regalo de la vida para el buen melómano y amante de los sonidos más extremos, que el trabajo arqueológico de restauración de Scott Atkins en los Grindstone Studios ha sido tan notable como para que podamos apreciar canciones como “Cruelty Brought Thee Orchids”, por fin, en su justa medida y, cuando entra la batería de Barker esta ya no suene como una caja de ritmos a causa de la inexplicable compresión original, ganando la canción en calidad y matices, pudiendo apreciar toda la belleza y exuberancia en la voz de Sarah Jezebel Deva o los recitados de Ingrid Pitt a lo largo y ancho de todo el álbum. Canciones repletas de amor por el cine en sus desarrollos más grandilocuentes y el gusto por el terror más romántico de Filth, desde su apertura “Once upon Atrocity” o el vendaval que sigue siendo “Thirteen Autumns and a Widow” cuando sentimos las terroríficas descargas eléctricas de unos Cradle Of Filth que llevaron los arreglos sinfónicos a otro nivel a través de la narración de un álbum conceptual en el que cabe casi de todo y en el que las voces y la historia o el diabólico pero fantasmagórico teclado de Lecter (Les Smith) encontraban su hueco entre las guitarras de Gian y Stuart, “Beneath the Howling Stars”, o nos llevaba de la mano a las torturas orgásmicas de “Venus In Fear” hasta el estridente riff de “Desire in Violent Overture” con Barker sobrepasando la barrera del sonido junto al, por fin audible, bajo de Robin Graves y Filth chillando como una bruja poseída.

Tal era la magia de Cradle Of Filth en “Cruelty And The Beast” que, a pesar de tratarse de un álbum conceptual, la energía no decaía en su segunda cara y tanto “The Twisted Nails of Faith” como la opereta de diez minutos, “Bathory Aria (I: Benighted like Usher / II: A Murder of Ravens in Fugue / III: Eyes That Witnessed Madness)”, se convertía en un suculento manjar que degustar antes del ataque final, “Lustmord and Wargasm (The Lick of Carnivorous Winds)”, aunque en esta edición de “Cruelty And The Beast”, Filth guste de regalarnos una versión de Iron Maiden como postre, "Hallowed Be Thy Name" que, pese a que quizá no sea del agrado de los seguidores de Harris, sí demuestra el talento por el homenaje, aportando la particular visión de la propia banda.

Para los más rápidos con la tarjeta de crédito, este "Re-Mistressed" se presentaba en su edición limitada, cómo no, en vinilo rojo (como le habría gustado a la propia Bathory), notas sobre su grabación y el autógrafo estampado por el mismísimo Dani Filth, orgulloso de la obra parida, aquella que nos llevó también a "Midian" (2000) y escribió definitivamente su nombre en la historia del metal. Mientras termino de escribir esta humilde crítica de la edición que nos ocupa (no del disco original, mucho ojo; no nos confundamos uno y esos mismos otros) se me agolpan los recuerdos de aquel concierto, hace ya más de dos décadas, y "Cruelty Brought Thee Orchids" o “Beneath the Howling Stars” sonando en directo, amistades que el tiempo parece haber devorado y amores que quedaron atrás, todo hilvanado por la música de Cradle Of Filth de fondo, junto a los sueños de adolescencia del que escribe. Sobresaliente en su recuerdo y en esta encarnación, pero imprescindible, completamente imprescindible…

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Crónica: Leprous (Madrid) 15.11.2019

SETLIST: Below/ I Lose Hope/ Foe/ The Flood/ From the Flame/ Observe the Train/ Alleviate/ At the Bottom/ The Cloak/ The Price/ Stuck/ Distant Bells/ The Sky Is Red/

Pese a que muchos todavía siguen sin entender o soportar un álbum como “Pitfalls”, la noche del pasado viernes en Madrid colgaba el cartel de “todo vendido” y la máxima expectación por ver a Leprous presentando sus nuevas canciones, acompañados de invitados de lujos como The Ocean o Port Noir pero, sorpresas te da la vida, que ese obligado binomio que habitualmente forman artista y público; en lugar de elevar la noche a los altares, lastró la magnífica actuación de los noruegos y un Einar Solberg que saltó al escenario, pese a la enfermedad y la fiebre, dispuesto a defender el cancionero, quizá sabedor de lo que se los quiere en España pero más seguramente por pura profesionalidad, esa misma que le hizo alcanzar las notas más altas con aparente facilidad y sin problema (excepto en el estribillo de “The Price”, en el cual bajó el tono, pequeñeces aparte), mientras un público boceras y maleducado como pocos lograba sacar del concierto con su constante murmullo y charla, al otro sector de la sala en canciones tan delicadas como “Observe The Train” o “Distant Bells”, en esa estúpida posición en la cual de la mitad de la sala hacia atrás, hubo varios enfrentamientos y amenazas con salir a la calle y ridículos “eso no me lo dices a la cara que yo también he pagado mi entrada”, que me encontraba intentando disfrutar de un inicio repleto de emoción con “Below”, entre aquellos que fueron a charlar y joder las actuaciones de The Ocean y Leprous, y esos otros -que también es para darlos de comer aparte- acuden a una sala como es la Shôko Madrid, creyendo que asisten a La Scala de Milán y exigen un silencio obsesivo, casi sepulcral, o se molestan por el resplandor de los móviles a su alrededor porque los que estuvimos en el concierto de Leprous en Madrid tenemos que entender a unos y a otros bichos, sonreír e intentar concentrarnos mínimamente en lo que sucede en el escenario.

Yendo a lo formal, Leprous llegaron y convencieron, tampoco era difícil con semejante repertorio y entrega, visto lo visto en el Download de Madrid y anteriores visitas parecía algo evidente, tras “Below” y las primeras filas plenamente entregadas, mostrando a una banda sólida y funcionando como un reloj, llegaba el momento de “I Lose Hope” que sonaba mucho más urgente en directo que en estudio, introduciéndonos poco a poco en el concierto y quizá una de las pocas veces en la que las guitarras de Tor y Robin sonaron más claras, uno de los puntos negativos del concierto, a mi gusto, es que durante toda la noche tuve la sensación de que a Leprous le faltó volumen y más cuerpo en las guitarras, no en las canciones de “Pitfalls” ya que la emoción de “Alleviate” y las inflexiones de Einar no se apoyan precisamente en ellas (como tampoco ocurre en “Distant Bells”), sino en esas canciones en las que son necesarias; el crescendo de “The Flood” o “From The Flame”, por ejemplo, mientras me dio la sensación -en contraste con algunos de sus conciertos anteriores- que tanto Leprous como Einar y su voz, cada vez se encuentran más cómodos en esas canciones minimalistas que componen “Pitfalls”. Con todo, “From The Flame” sonó verdaderamente fantástica, igual que la celebrada “The Price”, quizá porque veníamos de la carga de profundidad que sigue siendo “The Cloak”, quizá porque el estallido del entrecortado riff del single de “The Congregation” llegaba tras "Observe The Train" o "Alleviate", auténticas joyas de su último álbum pero momentos de innegable calma que una parte del público de Madrid parecía no estar dispuesto a escuchar, ni dejar tampoco al resto.

Es por eso que “Stuck” de “Malina” fue tan celebrada en una recta final en la que Leprous decidieron volver a pisar el freno y acudir a su último álbum con “Distant Bells” o una interpretación épica de “The Sky Is Red”, quizá no la mejor canción de “Pitfalls” por la sensación que transmite de probar varias direcciones y acabar diluida en sus trece minutos, quizá porque lo que muchos esperaban era continuar la senda marcada por “The Cloak”, “The Price” o “Stuck” pero que evidencia una única verdad y es que las nuevas canciones funcionan a la perfección en directo, en su unión con las de discos anteriores y más que entrar en el infantil debate sobre cuáles son mejores y defenestrar la belleza de “Pitfalls”, lo cierto es que unas y otras forman un irreal y fantástico repertorio a la altura de muy pocas bandas actuales, pena que el público no estuviese a la altura de ellas y del esfuerzo de Einar, una auténtica pena pero así fue y así se lo he contado…

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Crítica: Angel Witch “Angel Of Light"

“Hola, soy yo, me estaba preguntando si después de todos estos años te gustaría que quedásemos…” Pocas críticas leerás de “Angel Of Light”, de los míticos Angel Witch, que comiencen con estos versos de Adele pero es que, en este reencuentro con los ingleses, hay mucho de ese morbo por el que quedar con una antigua pareja y querer reavivar lo imposible o, simplemente, reafirmarse y contemplar el paso del tiempo y cómo la ha tratado la vida para convencerse a uno mismo o, siendo aún peor persona, alegrarse. Eso mismo que ocurre con bandas como Diamond Head o, más claro aún, el ejemplo que nos ocupa porque pretender escuchar “Angel Of Light” y querer que el tiempo no haya pasado, sintiendo lo mismo que cuando pinchamos su primer álbum, es toda una elucubración carente de sentido; porque ni ellos, ni nosotros, somos los mismos. El tiempo ha pasado para ambas partes y, en efecto, este álbum no es "Angel Witch" (1980) o "Screamin' n' Bleedin'" (1985) pero sí uno lo suficientemente digno, escrito y grabado con tanto cariño para que soporte repetidas escuchas sin que lamentemos que de la banda de Kevin Heybourne tan sólo ya quede él pero, sin embargo, sigan sonando clásicos y atemporales, en lo que ha sido un auténtico espectáculo de vodevil con tantas entradas como salidas en un constante abrir y cerrar de puertas, a veces doloroso, a veces absurdo con un tardío “As Above, So Below” (2012) correctito tras un "Frontal Assault" (1986) que no aguantaba las comparaciones y Angel Witch, en pleno siglo XXI, elevados, por derecho propio, a la categoría de banda de culto.

¿Merece la pena “Angel Of Light”? En mi opinión sí y mucho. No se trata de que Heybourne haya firmado una obra maestra, ni se lo pidamos a él, ni a muchos otros artistas que alguna vez conmovieron nuestro mundo, cada vez que se les ocurra publicar, pero como me ocurrió con “Cruel Magic” de Satan (siendo este claramente superior), “Angel Of Light” es un álbum que entra bien y produce placer al oyente familiarizado con los sonidos más clásicos y en el que quizá, lo único que puedo tener en contra o acusar a Heybourne es de una excesiva querencia por el azúcar, abandonando el clásico sello NWoBHM para que las nuevas canciones entronquen con una suerte de hard rock repetitivo en el que, aunque todo está bien cocinado y guarda parte de la mística de la banda, pero uno siente que podría haber dado mucho más de sí. Mientras que hay piezas, como la inicial “Don’t Turn Your Back”, que son todo un chapuzón al pasado y rememoran una época gloriosa, de mano de las guitarras de Heybourne y Jimmy Martin, hay otras canciones menos memorables y que abusan de esa repetición (tal es el caso de “We Are Damned” que me parece una gran canción pero a la que le sobran dos minutos, al menos, o la trotona “Death of Andromeda” y “Night Is Calling” que intenta despegar en más de una ocasión y termina perdiendo irremediablemente altura, más cercana al doom o al hard rock pesadote de los setenta).

No es una crítica negativa, “Angel Of Light” suena fantástico de la mano de James Atkinson en la producción y, a veces, evoca una época ya pasada con cierta elegancia, además de incluir canciones como “Condemned” o “Window Of Despair” en la que la banda de Heybourne demuestra que poseen un gran arsenal de riffs dispuestos a ser disparados a la mínima de cambio, además de una especial habilidad para la melodía (los versos de “Condemned”), lo que parece todo un homenaje a Sabbath en “I Am Infamy" y que suena todo lo bien que se espera de Angel Witch sin que caiga en la caricatura o el plagio, llevándola a su propio terreno, y un final tan inglés como “Angel Of Light” en la que no sólo rinden homenaje a la banda de Iommi sino a Diamond Head o los Saxon más clásicos e incluso a Maiden en su riff principal, pero a Heybourne no le habría venido nada mal quizá una mayor precisión a la hora de marcar la hoja de ruta de un sonoro regreso como el de Angel Witch y hacer de este “Angel Of Light” algo verdaderamente sobresaliente, más allá de la nostalgia, del acudir prestos a la cita por lo que fueron y lo que nos recuerdan, como esas parejas olvidadas por el tiempo que mencionaba al principio y que, de vez en cuando, vuelven a llamar a nuestra puerta para hacernos víctimas del remordimiento. Con todo, sigue siendo un placer escuchar música con tan buen gusto y brillantemente ejecutada, aunque le haya faltado un puntito para alcanzar la excelencia a la que nos acostumbraron.


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