"The Agony And Ecstasy of Watain" de WATAIN, el sonido de madurez de los suecos...

Una banda que parece no querer dormirse en los laureles, tan trabajado y con tan buen sonido que hace palidecer a otros artistas con más historia a sus espaldas.

"Halo" de AMORPHIS: puro oro finlandés.

Incapaces de defraudar, de grabar algo que baje del notable, conformando una discografía magnífica.

"Requiem" de KOЯN, aún con Fieldy y a lo loco...

El disco más luminoso sigue siendo el más oscuro de la banda.

"Torn Arteries" de CARCASS, quien tuvo, retuvo...

Los ingleses firman la continuación lógica tras "Surgical Steel", con menos frescura pero igualmente notable.

"Senjutsu" de IRON MAIDEN: bostezos progresivos de alto minutaje

Harris y su manía de larguísimas composiciones que lastran la capacidad de la banda para firmar grandes estribillos.

"Fortitude" de GOJIRA y la sombra de "Magma"

Quizá su material más flojo, aún menos inspirado que el anterior y con menos cohesión aún...

"Welcome To Hel" de HJELVIK, KVELERTAK heavymetalizados.

Erlend tenía ideas, aportaba y no solamente era la imagen más representativa de la banda sino también parte del cerebro de esta...

"Endless Twilight of Codependent Love" de SÓLSTAFIR.

Mágico, intenso y descorazonador al que hay que dedicar tiempo, pero cuyo retorno de inversión es superior a todas las lágrimas vertidas...

"ANTI-ICON" de GHOSTEMANE, entre la depresión, el nihilismo y el paso de Caronte.

Chirriante, caótico o inarmónico para muchos, sin embargo, es la mezcla casi perfecta…

Crítica: Autopsy "Morbidity Triumphant"

Si ante la simple mención de títulos como "Severed Survival" (1989), Mental Funeral" (1991) o "Acts of the Unspeakable" (1992), no sientes escalofríos es porque, sencillamente, no amas el death metal y no sabes lo que significan semejantes logros. Autopsy no son una banda seminal junto a Death o Possessed por casualidad, sino que han cimentado su carrera desde hace treinta años a base de brutalísimo death y un amor por lo auténtico, por la música más genuina, imposible de encontrar en otros nombres del género. Todavía recuerdo la ilusión que sentí al verlos en directo y ver a Chris Reifert aporrear su batería mientras se dejaba la garganta, Autopsy no son una banda que se prodigue demasiado y haber sido testigo de una de sus giras es más que suficiente para que revivir aquello que, cuando era adolescente, sentía al escuchar sus discos. Por el camino, las lógicas bajas y Reifert ganando en experiencia y reaños, pero, sin embargo, la carrera de Autopsy, aún ganando adeptos y gozando de pleno reconocimiento, parecía haber concluido con la publicación de "Skull Grinder" (2015). 

Soy consciente de que han sido años muy complicados para la industria y me estoy refiriendo a toda por completo; no a las vituperadas discográficas sino a los músicos, a aquellos cuyos trabajos orbitan alrededor de las giras y todo lo que rodea a la música, 2020 y 2021 fueron años difíciles que parecen remitir según se van sucediendo los anuncios de nuevas giras durante estos meses pero lo que nunca podría haberme llegado a imaginar es que Autopsy estuviesen pergeñando un nuevo álbum, como es este "Morbidity Triumphant" (2022), con la ayuda de Ken Lee y Adam Muñoz, además de Wes Benscoter para capturar una portada que refleja a la perfección lo que nos vamos a encontrar en sus surcos; auténtico death metal norteamericano, repleto de sangre (olvídate del último de Bloodbath), repleto de riffs pantanosos, voces gruesas y guturales, una base rítmica opaca y rica en graves; un constante festín de vísceras que haría las delicias de un auténtico demente. Autopsy parecen no haber envejecido o, si lo han hecho; da gusto escuchar lo que la madurez de semejante leyenda nos aguarda.

"Stab the Brain" da comienzo al banquete; es death pero a toda velocidad cuando Autopsy se encabronan, Coralles escupe riffs mientras Wilkinson hace saltar sus líneas de bajo y Reifert parece vomitar sobre nosotros, a medio camino entre el gutural, el ladrido o un gruñido. ¿Quién dijo que el death metal actual no puede ser igual o más divertido que el de los noventa? "Final Frost" recuerda a Hellhammer, nada es casual, su siniestra cadencia es el contrapunto de "Stab the Brain", hasta que el riff de "The Voracious One" confirma que estamos ante uno de los mejores discos de death, publicado en pleno 2022 pero sonando atemporal desde el primer segundo, alternando doom con pasajes más arenosos y cercanos al desierto que se mezclan con frecuencias subterráneas de metal, el riff es tan grueso y la batería de Reifert tan sencilla pero efectiva que cuesta entender como otras bandas se complican tanto con tan desiguales resultados. 

"Born in Blood" es un hachazo con Reifert más enloquecido que nunca, con un parte doom que enlaza a la perfección con "Flesh Strewn Temple" y su sinuoso arranque; adorable si te gusta el olor a podredumbre por las mañanas, como "Knife Slice, Axe Chop" recupera el encanto por lo grotesco con pinceladas de humor (como debe ser), como "Skin by Skin" ahonda en ese sentimiento doom que tan bien le sienta a la voz de Reifert cuando parece despertarse de la tumba y, entre tierra húmeda, salir a la superficie buscando tu cerebro justo cuando la canción se desboca y Coralles entra en ebullición, como ocurre en "Maggots in the Mirror", antes de cerrar "Slaughterer of Souls" y "Your Eyes Will Turn to Dust", y el clásico esquema por el que Autopsy te rompen el cuello cuando cambian de compas y pisan el acelerador; es lo de siempre, pero hecho con tan buen gusto que es un acierto, es como respirar el auténtico hedor de la muerte pacientemente conservado en añejas botellas que han aguardado a ser abiertas durante los últimos cien años en la bodega de Schuldiner, Becerra o Reifert, auténticos padres de un subgénero como es el death. Magistral de cabo a rabo…

© 2022 Lord Of Metal

Crítica: Slipknot "The End, So Far"

En epílogo de una de mis películas preferidas cierra con la siguiente sentencia sobre el miedo de la gente por reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte y pensar cuántas cosas escapan a nuestro control. Pues bien, no creo que ni los de Iowa, ni sus propios seguidores sean conscientes del complicado pero delicado equilibrio por el cual la banda se mantiene con vida cuando dan toda la sensación de ser un barco sin rumbo; nueve tipos de los cuales, aquellos con más talento parecen no tener ni voz, ni voto. La presencia de Craig Jones, Sid Wilson y Michael Pfaff es completamente anecdótica (por suerte), Mick Thomson y Alessandro Venturella dan toda la sensación de funcionar en piloto automático y su papel en la composición es mínimo, Jay Weinberg aporta ilusión y ganas, es sangre fresca y contagia con su entusiasmo y su talento pero, como Alessandro o Mick, da toda la sensación de que, a excepción de las partes de su instrumento, el peso en la banda es mínimo en el estudio, mientras Shawn Crahan tiene bastante con sobrevivir y superar sus propios fantasmas, además de ocuparse de la parte artística de Slipknot, Corey Taylor resulta cada vez más y más insoportable y el pobre de Jim Root aporta lo que puede e intenta dar lo mejor de sí mismo, quizá el músico con más cabeza de los nueve... 

Pero lo más doloroso no es ser testigos de la confirmación de que Slipknot hace mucho tiempo que se convirtieron en una empresa y su música lleva años carente de alma, sino que son un colectivo sin amor por lo más suyo. Me produce envidia sana ver cómo Dave Grohl homenajea a Taylor Hawkins y cómo Crahan y los suyos son incapaces de darle el espacio que merece en su historia al fundador que fue Joey Jordison. No pedía la publicación de “.7: The Joey Chapter” (2022), ni tampoco una gira como de la que fui testigo, aquel impresionante Memorial World Tour (2011–2013) en el que reinaba el mono de Gray sobre el escenario, pero sí la sensación de que a Slipknot le importan los suyos y cuando escribo esto me refiero a sus compañeros de filas, pero también de sus seguidores. Esos que sabemos que su obra maestra es "Slipknot" (1999) y, en menor medida, "Iowa "(2001) y lo que ha venido después es una lenta pero inexorable degeneración, porque no hay nadie que me pueda negar que "Vol. 3: (The Subliminal Verses)" (2004) posee algunas canciones pero el conjunto fracasa, algo similar a lo que ocurre con "All Hope Is Gone" (2008) y si alguien nos hubiese dicho que a ".5: The Gray Chapter” (2014), lo haría bueno un disco como "We Are Not Your Kind" (2019) y que este haga lo propio, pero al revés, con "The End, So Far" (2022), nos habríamos reído por no llorar. Las canciones de este último no son gran cosa, hay cantidad de relleno, pero parece mejor de lo que es por culpa de "We Are Not Your Kind" (2019) y, con todo, es incapaz de esconder las carencias de Slipknot. 

Con Joe Baresi tras los mandos (aunque Jim Root asegure que no le han sacado todo el jugo que deberían al trabajo del productor), "The End, So Far" es el final de la relación con Roadrunner, ese sello del que Corey Taylor asegura que ya es lo que era, quizá ajeno a que ni él ni los suyos tampoco son aquellos del World Domination Tour y peca de los mismos errores que "Vol. 3: (The Subliminal Verses)" (2004), "All Hope Is Gone" (2008) y ".5: The Gray Chapter” (2014), pero con menos pegada en los supuestos singles y, lógicamente, menos inspiración. “Adderall” (titulada así por el medicamento, por supuesto) no rompe la cintura porque no sea una retorcida introducción o no tenga contundencia, sino porque es, simple y llanamente, sosa; es una canción hecha a la plancha y sin sal. No tengo problema en que Slipknot bajen de revoluciones e inicien con una canción de este pelaje, pero sí que la voz de Corey apeste a Stone Sour (ese lamentable cruce entre NIckleback, Creed y Disturbed aguados, ideales para la FM norteamericana) haciéndonos creer que "The Dying Song (Time to Sing)" o "The Chapeltown Rag" son mejores de lo que son (“el efecto WANYK”, entre nosotros), de la primera me gusta la producción y la sensación de estar arrancando una nave espacial tras la introducción, además del tratamiento en los coros más melódicos pero la composición es una gilipollez auténtica; “Let them sing until you die. Die, die, die, yeah”, mientras que de la segunda tan sólo puedo salvar la introducción de Craig Jones, pero detesto la idea de los puentes sin guturales, además del esquema compositivo de un disco que abusa de las introducciones y cuyas canciones tardan en cuajar. “Yen” no me resulta brutal, ni impactante, como aseguraban algunos medios al otro lado del charco; es un jodido aburrimiento con otra introducción que la hace tardar en despegar (casi un minuto), lo mismo que “Warranty” y, de nuevo, esa introducción, a pesar del magnífico trabajo de Jay y el riff de las guitarras, sonando de fondo la percusión de Shawn o su amigo Pfaff.

Otro minuto más antes de "Medicine for the Dead", quizá la más repetitiva, mientras que de “Acidic” me quedo con la guitarra (2:36) y descarto, otra vez, la introducción y la outro, además la forma de cantar de Corey; su voz es bonita, pero ha perdido fuerza, por no decir que nunca ha sido un vocalista especialmente dotado, como para probar cosas nuevas en una banda de nu metal. “Heirloom” posee algo más de maldad, a la que Craig se suma y Jay, junto a Shawn, logran que la sección rítmica suene más a Slipknot que nunca, pena es su estribillo y la incapacidad de Corey de no convertir en Stone Sour cualquier parte melódica, siendo “H377” la gran sorpresa del último estertor del álbum; repleta de mala leche y contundencia (a pesar de la introducción por Slayer, que nadie se olvide), con Jay golpeando con agresividad, imprimiéndole velocidad y consiguiendo la sensación de caos que tanto nos gustaba de Slipknot en el pasado (magnífico el solo, como casi todos los del disco), mientras que “De Sade” es relleno del malo, como la tediosísima “Finale”, impropia de Slipknot, completamente prescindible.

Los que defienden "The End, So Far" es porque venimos de un horror como "We Are Not Your Kind" (2019), pero es un disco más de una banda que se desangra poco a poco y que no transmite lo mismo de antes. Me encantaría sentir lo mismo que todos esos que comentan en redes sociales y se deshacen en elogios, de verdad que me gustaría habitar su misma dimensión, pero me resulta del todo imposible escuchar "The End, So Far" y sentirme el ser más afortunado del universo. Es un disco tibio y nada más...

© 2022 Skaff

Crítica: King Buffalo "Regenerator"

Tras la resaca de “The Burden of Restlessness” (2021) y “Acheron” (2021), fundamentalmente este último y el viaje que planteaba, no tenía duda alguna de que King Buffalo entrarían al estudio y grabarían un disco como “Regenerator” y esa propuesta por la cual, su música parece sencilla en la primera escucha hasta evolucionar y convertirse en un auténtico camino repleto de grandes desarrollos, capas y ese tipo de momentos en los que uno cree que va a levitar; como ocurre con la pieza que abre este álbum, la propia “Regenerator” o la concluyente, “Firmament”. Llegados a este punto, es inevitable mencionar que disfruté mucho más de “Acheron”, quizá porque en aquel momento, la publicación de “The Burden of Restlessness” (2021) y “Acheron” (2021) me parecieron los lógicos restos del naufragio que para todos supusieron un año como 2020 y aquel segundo álbum, de los publicados en pocos meses, lograba la sensación de transportarnos hacia otro lugar, como si Kyuss se hubiesen fusionado con Tame Impala y los Beatles más psicodélicos y lisérgicos. No se trata pues, de un hecho objetivo como tal, sino de una apreciación plenamente subjetiva, propia de cada oyente y para la que, seguramente, cada uno de los ojos que se posen sobre esta crítica tengan una muy diferente. Así, “Regenerator”, es más directo, con menos tendencia a la ensoñación, claro que hay momentos en los que McVay, Reynolds y Donaldson se enfrascan en un desarrollo que los lleva a ellos y a nosotros muy lejos, pero siempre de una manera contenida y no esperando que sea el oyente el que ponga más de su parte, que ellos mismos, como sí ocurre con otras bandas.

“Regenerator”, la canción, nos lleva al galope al ritmo de Reynolds y pinceladas de McVay, es la repetición la que consigue que les acompañemos, el ritmo vibrante de sus estrofas y la voz, mucho más limpia de McVay, la que obra el milagro, mientras la guitarra y el Wah hacen el resto sobre la línea del bajo e incluso cuando da la sensación de King Buffalo están inmersos en una jam, es tan accesible como para entretener al oyente casual y no únicamente a aquellos que pueden llegar a entender su música o cómo funciona una jam a un nivel más profundo; resumiendo, no hace falta saber para disfrutar lo que el álbum plantea. “Mercury” y su compás, más cercano a un vals, además de la reverberación de McVay, consiguen que la canción sumerja al oyente hasta que entra la guitarra con más agresividad, emergiendo del océano, hasta ser sepultada de nuevo por las olas del bajo de Reynolds y su fraseo, mientras “Hours” y su comienzo, más cercano a la urgencia del garage rock es justamente la píldora que necesitábamos para que “Regenerator” se convierta en un cohete propulsado y sólo en sus últimos dos minutos recordemos que estamos en un disco espacial, característico de King Buffalo.

“Interlude” es un claro homenaje a los Beatles de “Revolver” (1966), lo que no impide que sea disfrutable por romper y rasgar el álbum y prepararnos para “Mammoth” y su constante latido, un cruce entre Kyuss y Floyd, por culpa de la guitarra de McVay, esa misma que entrará de manera gruesa y convertirá la canción en una pesadísima pieza con un riff enorme, del que únicamente nos sacará la guitarra solista, más setentera que nunca. Mientras “Avalon” juega con su atmósfera, como un entretenimiento, hasta el lamento con el que parece comenzar “Firmament”, antes de endurecerse a fuerza de la tormenta eléctrica desatada por la guitarra de McVay y la fuerza de la naturaleza que es la base rítmica, conformada por Reynolds y Donaldson, concluyendo el disco de manera soberbia.

“Regenerator” es un disco para disfrutar y escuchar en todo su esplendor, gracias a una cristalina producción en la que el bajo suena redondo y transparente, mientras la guitarra está repleta de calidez y la batería golpea con contundencia, pero sin saturar, mientras la voz te guía y hace elevarte respecto al resto. King Buffalo es una de esas bandas con las que uno siempre tiene la sensación de que lo mejor está por llegar, pero, mientras tanto, siguen grabando discos de extraordinaria calidad.

© 2022 Conde Draco

Crítica: Bloodbath "Survival Of The Sickest"

Creo que ya lo dije en mi anterior crítica de Bloodbath, aquella a "The Arrow of Satan Is Drawn" (2018), pero que podría resumirse gracias a la Ley del principio universal de proporcionalidad de Systrom y Krieger, por la cual todo aquello publicado en su red social es inversamente proporcional en calidad al número de likes y comentarios generados en esta. Así, es común sentir un clamor generalizado con un álbum como "Grand Morbid Funeral" (2014) e ignorar "Resurrection Through Carnage" (2002), "Nightmares Made Flesh" (2004) o "The Fathomless Mastery" (2008), nada que objetar a semejante esfuerzo, además de la incorporación de Holmes, pero, tal y como también decía en aquella crítica, siento que algo se perdió por el camino tras "The Fathomless Mastery" (2008), y el súper grupo, como tal, dejó de tener gracia. Pero entonces, ¿cuál es el problema de un álbum como “Survival of the Sickest”? Ninguno en particular, sino la suma de todo.

“Survival of the Sickest”, producido por Lawrence Mackrory, resalta la base rítmica formada por Jonas Renkse y Martin "Axe" Axenrot, sonando espectacularmente rico en graves, dando esa sensación pantanosa a podredumbre, tan propia del death metal. Pero, por otra parte, suena demasiado limpio y producido, relamido, como para que el exceso de parches y cuerdas del bajo Renkse obren el milagro. La voz de Holmes es magnífica, el vocalista de Paradise Lost nunca ha tenido problema en mostrar su registro más gutural y olvidarse de la renuncia que sí parece enarbolar con orgullo Mikael Åkerfeldt, pero, a pesar de su oficio, parece sentirse más cómodo en el registro más cercano al doom o al gótico, que al subgénero de Chris Reifert, lo mismo que la propia banda; a veces se siente demasiado impostada o pulcra en sus intenciones; es death metal, por supuesto, pero no ese que la portada de Travis Smith (todo queda en casa) nos pretende mostrar. Para que nos entendamos; escuchas a Obscura y hay un gran nivel instrumental, pero es death metal técnico y no hay duda alguna de lo que es, como ocurre con Hypocrisy, con Cannibal Corpse o Revocation -por poner unos pocos ejemplo-, teniendo la sensación de que su propuesta sí encaja con lo que la banda ofrece; sin embargo, con Bloodbath y “Survival of the Sickest”, sientes que unos músicos tan veteranos todavía siguen buscando la identidad de un proyecto que ya la tenía plenamente definida hasta "The Fathomless Mastery" (2008) y unas canciones que, sin ser malas, están carentes de chispa. ¿Suena bien “Survival of the Sickest”? Por supuesto que sí y el trabajo de los cinco es más que solvente, pero te estoy intentando explicar que hay algo que escapa a la razón y se trata de sentir, algo que Bloodbath no logran desde hace ya tres discos.

Cuando abren con "Zombie Inferno" no tienes duda alguna de lo que buscan tras ese feroz riff y el “ugh!” de Holmes y la presencia salvaje de la batería de Axenrot o la repetición del estribillo, como tampoco de sus intenciones en "Putrefying Corpse", quieren llevarte de viaje a los noventa (Barney Greenway, como invitado, ayuda a ello) e intentan hacerte sentir lo mismo pero funciona durante unos segundos, porque la canción es efectista y poco más, lo mismo que ocurre con "Dead Parade" y el homenaje a Reifert, sólo que lo que hace Autopsy suena tan fresco y natural porque es lo que les sale del alma y no hay nada de forzado en ello. Llegados a este momento, "Malignant Maggot Therapy" funciona mucho mejor porque, aunque el ejercicio de estilo los lleve de nuevo a Florida, el riff y la sensación de estar caminando sobre tus rótulas, abriéndote paso entre tus propias vísceras, está más lograda y las guitarras de Nyström y Åkvik no parecen tan obvias.

"Carved" y "To Die", con la participación de Marc Grewe y Luc Lemay suben el nivel del álbum, quizá por el vibrante trabajo de Åkvik o por lo pegadizo de ambas canciones, como la sensación de estar a punto de descarrilar de "Born Infernal" y su tremendísimo riff, una forma magnífica de darle cuerpo a un disco que no abría, precisamente, con sus mejores bazas, mientras que el medio tiempo que parece ser "Affliction of Extinction" tiempla demasiado los ánimos cuando Bloodbath justo pretenden lo contrario y así lo demuestran "Tales of Melting Flesh" y "Environcide" y un Holmes enorme que parece sentirse mucho más cómodo, en la última fase del álbum, más alejado del registro gutural del death por uno menos profundo, pero más bronco.

“Survival of the Sickest” produce la sensación de ser un álbum en el que han querido virar el timón y darle un giro a su carrera, orientarla a un death metal más básico y cercano al ‘old school’ de los noventa, pero se han olvidado de darle la cohesión necesaria en una ensalada de composiciones de desigual impacto, lo que lleva a disfrutar del disco pero olvidarlo tan pronto como acaba y no tener la necesidad de volver a él, como sí ocurre con "Resurrection Through Carnage" (2002), "Nightmares Made Flesh" (2004) o "The Fathomless Mastery" (2008). Bloodbath, a estas alturas, deberían estar puliendo y repuliendo su propuesta, no buscando y dando bandazos. Así lo siento.

© 2022 Lord Of Metal

Crítica: Gaerea "Mirage"

Si te gusta el black metal o, simplemente, el metal a secas, estoy seguro de que “Limbo” (2020) fue uno de tus discos favoritos de aquel desastroso año. Si ya tiene mérito despuntar en una escena que, por momentos, parece saturada con una ingente oferta, hacerlo en unos meses tan complicados como aquellos, tiene aún más mérito. Los portugueses lograron grabar un disco aún mejor que “Unsettling Whispers” (2018) y situarse como punta de lanza de los nuevos lanzamientos y una referencia ante la que estar atentos en el futuro. Tras diferentes giras, ha llegado el turno de “Mirage” (2022), un álbum al que muchos mirarán con lupa; intentando adivinar si Gaerea han hecho o no los deberes, si han cumplido con lo esperado y son una banda con la que contar, si “Limbo” no fue un espejismo y han grabado un disco notable, sin más.

Pues bien, “Mirage” posee todo aquello que hizo grande al anterior, no muestra una evolución que convierta a la banda en algo que no es y, sin embargo, se nota un cambio; no es cuestión de una madurez forzosamente buscada, sino de un crecimiento que se siente en un producción aún más clara; las canciones poseen la duración justa y necesaria (tan sólo dos, “Memoir” y “Arson”, poseen una extensión que supere los ocho minutos) e incluso en aquellas en las que el exceso de minutaje es superior, se sienten livianas y completamente naturales, no hay grandes pasajes, introducciones o codas de relleno, todo está perfectamente hilvanado. Además, “Mirage” posee la belleza, la contundencia y pesadez, pero también la rapidez; es black, pero hay doom y atmósferas, hay melodías y brillantes desarrollos con los que Gaerea te garantizan la diversión con cada giro, cada cambio, cada canción de los minutos de “Mirage”.

“Memoir”, “Salve” y “Deluge” es una forma contundente de abrir el álbum, una manera de asegurarse su presencia en la escena, de impactar tanto en el disco, como en directo; de los susurros de “Memoir” a la épica de unas guitarras que tardan poco en encabritarse y convertir la canción en un auténtico monstruo con la voz mucho más gruesa, enlazándose con el negrísimo torbellino de “Salve”; imprimiendo más rapidez que nunca a una canción que exuda black metal por los cuatro costados y sin perder un ápice de melodía, Gaerea sonando accesibles sin parecer que hayan cedido a la presión de llegar a más público. “Deluge” suena imponente, antes de caer en la falsa calma de sus estrofas, con uno de los riffs más reconocibles de todo el disco y el magnífico trabajo de una base rítmica que le concede la dosis de pesadez justa, entre la atmósfera del doom y el músculo del sludge, para llegar al acelerón del black más endemoniado.

“Arson”, sin lugar a dudas, es una de las canciones más importantes del disco, su crescendo la justifica y su progresión, a lo largo de los ocho minutos de duración, evidencia la maestría de los lusos, como “Ebb” o la espacial “Mirage” convierten el núcleo compositivo del álbum en una enorme pieza capaz de sostener la mirada a muchas de las vacas sagradas del metal; entre trémolos, gañidos y acelerones llegaremos a “Mantle” y la construcción de una canción que suena a clásico instantáneo con una guitarra fraseando sobre el riff principal, hasta la feroz despedida que es “Laude”, haciéndote sentir que Gaerea han llegado para quedarse, que su música está lejos de las impostadas fórmulas de nuestros días, de la estética más efectista y la ausencia de talento, para presentar a unos músicos que interpretan tan bien como componen, algo difícil de encontrar en nuestros días. Con “Mirage” han firmado uno de los discos del año y lo saben, es la seguridad de confiar en el talento y el trabajo bien hecho, tú también lo sabes ahora.
 
© 2022 Conde Draco

Crónica: Obscura (Madrid) 18.09.2022

SETLIST:
Forsaken/ Solaris/ Emergent Evolution/ The Seventh Aeon/ A Valediction/ Devoured Usurper/ Orbital Elements II/ Universe Momentum/ Akróasis/ Ode To The Sun/ The Anticosmic Overload/ When Stars Collide/ Septuagint/ Incarnated/

Ver a Obscura en directo, a Steffen Kummerer (sin desmerecer al resto de la banda y su increíble talento), se está convirtiendo en toda una obligación de la que estoy seguro que muchos se arrepentirán de no cumplir. Al igual que nos ha ocurrido con nuestro querido Trevor Strnad o Chuck Schuldiner (por mencionar a uno de nuestros caídos más recientes y al santo patrón de una comunidad que todavía sigue llorando su pérdida), Obscura han grabado seis discos a tan altísimo nivel que resulta imposible no elevar a los altares y muchos únicamente llorarán el día que no vuelvan a pisar un escenario. Y es que no quiero resultar un cenizo, ni mucho menos, pero duele ver tantísimo talento y genialidad sobre un escenario y que la banda tenga que actuar en una sala que, a diferencia de lo ocurrido en Barcelona, no colgó el consabido “todo vendido” para una noche en la que una parte de la capital estaba pendiente de lo que ocurría en un campo de fútbol y la otra mitad no podía justificar su ausencia, en el caso de amar la música extrema, como ocurre con el vibrante death metal progresivo que con tan buen gusto facturan los alemanes. “A Valediction” (2021) mira de tú a tú a “Akróasis” (2016) o “Cosmogenesis” (2009) y compite con discos como “Diluvium” (2018), “Omnivium” (2011) o “Retribution” (2006), una producción por la que muchas bandas, con mucha más fama, pagarían con su alma al diablo. ¿Entonces qué es lo que paso? No me queda más explicación que la subida de la vida o la tibia incorporación a la oferta de ocio de un sector de población que todavía mira con recelo las aglomeraciones, desde sus mascarillas como única barrera. Justo lo mismo que he pensado cuando el increíble cartel conformado por Bölzer, Tribulation, Abbath y Watain, han cambiado de local para su concierto en Madrid, por una sala de infinita menor capacidad. Me estoy refiriendo a giras que, dentro de unos años, miraremos con envidia, carteles que nos traen imposibles uniones en la carretera por formaciones míticas que, sin embargo, tras su desembarco, se encuentran actuando para unos pocos agraciados que han hecho el esfuerzo por acercarse a verlos.

Así, sin querer desmerecer tampoco en ningún momento la labor de Persefone (en menor medida, Disillusion), Obscura tomaron el escenario con puntualidad y la introducción acústica de “Forsaken” sonando con las luces apagadas, lo que vino después fue más de una hora de clase magistral de cómo elevar el death metal a una categoría gourmet, sin caer en los manidos tópicos de ambos subgéneros y la temática más espacial. Kummerer y Münzner descerrajaron el intrincado riff de “Forsaken” y Diepold y Thesseling les siguieron con la misma contundencia que tenacidad. Empezábamos a acercarnos al sol de la portada de “Akróasis” con “Solaris” y la banda haciendo subir la temperatura con una de las canciones más cortantes de su último álbum, mientras “Emergen Evolution”y “The Seventh Aeon” nos llevaban a “Diluvium”. Fue Kummerer, como maestro de ceremonias, el que presentó cada canción y nos centró con “A Valediction” y sus barrocos solos o la brutalidad devoradora de mundos que es “Devoured Usurper” con su pesadísimo riff, o la máquina que es “Orbital Elements” que nos dieron buena cuenta del trabajo que han firmado los alemanes y cómo en directo es tan sólido como para incluir casi cualquiera de sus canciones, sin que se resienta el repertorio, como ocurrió con la última pieza de este, “When Stars Collide”. Pero hubo tiempo para mirar al pasado, como ocurrió con “The Anticosmic Overload”, “Septuagint” o “Incarnated” (con la que se despidieron, tras dos bises) y el recordatorio a esa obra maestra que es “Akróasis” con su pieza homónima y “Ode To The Sun” y Kummerer, Münzner, Thesseling y Diepold sonriendo satisfechos, en una noche que ninguno de los que estuvimos podremos olvidar, con la consabida promesa de volver en la próxima gira.

Dudo que ninguno de los presentes se sintiese decepcionado, fuimos por Obscura y recibimos lo que necesitábamos. Para todos aquellos que se lo perdieron o sienten que no se hace el mismo death metal que en los noventa, tan sólo indicarles que goza de la misma salud e incluso una mayor dosis de creatividad y talento que la de entonces, quizá son ellos los que no conservan la misma energía que antaño. Kummerer y compañía son capaces de hacer que te olvides de mirar con melancolía el pasado, cualquier partido o agonizante pandemia y sacarte de casa, llevarte a su galaxia y devolverte sano y salvo tras semejante aventura. Pocas bandas pueden presumir de lo mismo.
 
© 2022 Lord of Metal
Munich pic © 2022 Voll Vincent

Crítica: Behemoth "Opvs Contra Natvram"

Creo no ser el único que durante estos últimos cuatro años no ha echado en falta a Behemoth por la continua sobreexposición de la banda y el célebre Nergal. Piénsalo bien, además de varias giras, entre salas y festivales, Behemoth han publicado “I Loved You at Your Darkest” (2018), los EPS “O Pentagram Ignis” (2019) y “A Forest” (2020), además de la edición especial de “I Loved You at Your Darkest” con el directo de Maida Vale, el streaming de “In Absentia Dei” (2021), “New Man, New Songs, Same Shit, Vol. 2” de Me and That Man, los dos discos publicados (Ulver y Necromantia) a través de Artefacts y, ahora, “Opvs Contra Natvram”, además de las consiguientes reediciones (“Sventevith (Storming Near the Baltic)”) y la auténtica explosión de su tienda y el constante bombardeo de camisetas, pantalones, láminas, mascarillas, baquetas, discos y más discos. Desde el punto de vista comercial, Behemoth son una potente empresa que logra que nadie se olvide de su existencia entre discos y disco, pero desde el punto de vista de un seguidor (como ya mencioné en mi crítica de “In Absentia Dei”) hay una pequeña sensación de agotamiento, la misma que está experimentando su fórmula.

Y es que, actualmente, su carrera podría explicarse de la siguiente forma; el material grabado y publicado antes de “The Satanist” (2014) y después de este. “The Satanist” supuso alcanzar la cima de su popularidad y dar el salto definitivo a mayores audiencias, pero también la encerrona creativa que es "I Loved You at Your Darkest" (2018), su peor disco hasta la fecha. “Opvs Contra Natvram” parece un ejercicio de estilo de Behemoth, como si Nergal se hubiese dado cuenta de la vergüenza ajena que causaban los coros infantiles de “God = Dog” o estupideces como "Bartzabel" y hubiese escuchado a esos seguidores que pedían más oscuridad y una pequeña vuelta al sonido más aguerrido de la banda. 

El problema es que ha cumplido a ratos; “Opvs Contra Natvram” es un magnífico producto, como todo lo que facturan; Nergal está sobresaliente a la guitarra, su voz es la de un león y las letras (sin ser Kapuściński o Lem) parecen bastante más trabajadas que las de "I Loved You at Your Darkest", por no hablar de la labor de ese Twardy polaco que es Inferno, la efectividad de Orion o el silencioso pero más que solvente trabajo de Seth, pero las diez canciones de “Opvs Contra Natvram” (teniendo en cuenta que "Post-God Nirvana" es una introducción que sólo funciona cuando se transforma en un mantra, tras los recitados de Nergal) no impactan y son fácilmente olvidables; todos los recursos empleados, todos los ases bajo la manga, todo el polvo de hada y los trucos de prestidigitación ya los hemos escuchado antes en canciones que son las hermanas mayores de las actuales. “Malaria Vvlgata”, por ejemplo, es una buena composición, dos y minutos y medio más que suficientes para que el trémolo de Behemoth, los constantes ‘fills’ de Inferno y el solo (cercano al hard, todo hay que decirlo) funcionen como el mecanismo de un preciso reloj y de paso a la sinfónica “The Deathless Sun” con sus ominosos coros, mientras que "Ov My Herculean Exile" u "Once upon a Pale Horse" templan demasiado los ánimos y ni siquiera una canción como “Off to War!” y su impresionante comienzo, consiguen elevar el disco cuando te das cuenta de que suena demasiado parecido a lo que lograron con “The Satanist” y "I Loved You at Your Darkest", consiguiendo el equilibrio entre el que se ha convertido en su disco más representativo y su auténtica y oscurísima sima.

Es verdad que aquellos que quieran ver sus bondades, mencionarán "Neo-Spartacvs" y su magnífico bajo, o "Disinheritance" y su frenético riff, breves muestras de que Behemoth son capaces de grabar canciones que justifiquen su presencia en el estudio, como la contundente “Thy Becoming Eternal” que, honestamente, podría sonar tras "Wolves ov Siberia" y no nos extrañaría, ya que parece un descarte de "I Loved You at Your Darkest", como "Versvs Christvs" y la evocación de "O Father O Satan O Sun!", pero sin el desgarro de esta.

Llegados a este punto, sin mencionar la obsesión de Nergal por el cristianismo y la Iglesia Católica en sus letras (nada que objetar, pero anda que no hay motivos actuales igual o más castrantes), el parecido simbólico de la portada de “Opvs Contra Natvram” y la de "God Hates Us All" (2001) de Slayer, el autoplagio y su incapacidad para sorprendernos, no solamente en lo estético sino también en el apartado creativo, puedo asegurar que “Opvs Contra Natvram” muestra, sin esfuerzo, una clara mejoría respecto al nefasto "I Loved You at Your Darkest", pero me cuesta horrores identificar a los autores de “Evangelion” (2009), “The Apostasy” (2007) o “Demigod” (2004) en las canciones de este último álbum y empiezo a pensar que aquellos dioses polacos ya no volverán a sonar igual.

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Crítica: Ozzy Osbourne "Patient Number 9"

Llegados a este punto, evaluar, juzgar o criticar un álbum de Ozzy Osbourne carece de todo sentido; porque lo mejor de su carrera ya lo ha firmado, tanto con Black Sabbath, como en solitario y considero "Ozzmosis" (1995) como su auténtico canto del cisne. Además, he tenido la suerte de ver en directo a Sabbath en varias ocasiones, como a Ozzy, y entiendo perfectamente que cuando se sube a un escenario (a pesar de su damnificado estado de salud) sigue poseyendo toda la magia y encanto de siempre, por lo que su actual carrera discográfica no deja de ser una anécdota a pie de página de un músico inmortal que quiere fenecer sobre los escenarios, tanto como su físico se lo permita. Soy consciente de sus defectos, de sus puntos débiles y cómo conserva la magia con Sabbath, de sus errores con Sharon y los de esta cuando no siempre ha tomado la mejor decisión en su carrera y, con todo, es a ella a la que le debemos que el corazón de Ozzy siga latiendo, por lo que no le guardo rencor alguno. Y, de nuevo, pese a todo esto, nada más que por la cantidad de años y grandes momentos que su música me ha hecho pasar y pasarán, no puedo ser demasiado duro con él. 

"Patient Number 9" (2022), producido por Andrew Watt, adolece de todo lo que el anterior; la sensación poco orgánica de un álbum creado con retales de aquí y de allá, de una banda que no existe como tal por culpa de la cantidad de invitados Nada más y nada menos que el propio Wylde, pero también Jeff Beck, Tony iommi, Eric Clapton, Mike McCready, Josh Homme, Rob Trujillo, Dave Navarro, Duff McKagan, Chad Smith, Chris Chaney o el difunto Taylor Hawkins, lo que no suma sino resta. Espero que se me entienda bien; "Patient Number 9" es mejor que el horrendo “Ordinary Man” (2020) porque, aunque la producción es la misma, la dignidad perdida en el anterior, aquí se conserva intacta. La colaboración con Jeff Beck es magnífica, así como “Parasite” con Zakk Wylde o “No Escape From Now” con el también mítico Iommi. Por el contrario, no siendo desastrosas, la participación de Clapton en “One of Those Days” o “Immortal” con Mike McCready (Pearl Jam), no aportan la misma sangre que las mencionadas.

“A Thousand Shades” tiene encanto británico por los cuatro costados, pero prefiero “Mr Darkness” con Wylde y el medio tiempo de “Nothing Feels Right” (aunque esta, siendo pegadiza, tampoco sume al resultado final), todo lo contrario que “Evil Shuffle” que tampoco es una maravilla, pero evoca a la época dorada del famoso binomio. Sobresaliente es “Degradation Rules” por su sonido, la harmónica y la guitarra verdaderamente ácida de Iommi, sonando, sin quererlo, más auténtica que cualquier banda de doom actual, mientras que las colaboraciones de Hawkins en “Mr Darkness” o “God Only Knows” pasa desapercibidas en un disco cuya base rítmica es, fundamentalmente, Trujillo, Duff y Smith, diez canciones si no contamos con “Darkside Blues”.

Me llama también la atención de la compositora Ali Tamposi, nada que objetar a la autora de canciones para otros como Beyoncé, Demi Lovato, One Direction, Nickelback, Avicci, Sleena Gomez, BTS o Dua Lipa, entre muchos, pero me hace plantearme si Ozzy necesita de su mano, en lugar de la de otros ilustres invitados o el propio Wylde, cuya fertilidad está más que demostrada y el resultado habría sido menos estándar. Lo que sumado al sonido de Watt y el producto final, ratifican mi opinión; Ozzy está vivo y me siento afortunado de ello, de poder verlo en directo y vivir en su mismo mundo, pero esto es tan sólo una excusa para él; no busca más fama o dinero, tan sólo volver a nuestras vidas y eso es más que loable. De sus discos actuales, es mejor no esperar gran cosa, más allá de lo que podamos disfrutarlos y eso siendo muy generosos…

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Crítica: Revocation "Netherheaven"

Y, cuatro años más tarde, todavía hay quienes consideran “The Outer Ones” (2018) como un disco que no está a la altura de lo firmado por Davidson, derritiéndose en elogios con “Netherheaven”. Pongamos las cosas en su sitio; Revocation no han sabido firmar un mal álbum y tan sólo “Great Is Our Sin” (2014) baja el nivel. Para qué lo vamos a negar, Davidson es incapaz de grabar un álbum mediocre y que “Chaos of Forms” 
(2011) o "Deathless" (2014) sean sus mejores discos, no resta un ápice de importancia a lo logrado con “The Outer Ones” (2018) y ahora con “Netherheaven”, bastante superior al anterior que, aún no siendo sobresaliente, podemos considerarlo como uno de los grandes discos de metal del año. David Davidson se acompaña de Brett Bamberger y Ash Pearson para grabar nueve canciones en las que hay death metal a raudales, crujientes y afilados riffs, pero también groove, espacio para el progresivo y solos herederos del mejor hard, todo cabe en “Netherheaven”, si la mezcla es buena, si hay clase en la composición y talento a raudales, como es el que derrochan.

Tras la portada del artista Paolo Girardi (imprescindible en el mundo del metal, búscalo) y la producción del sempiterno Jens Bogren y James Knoerl, “Netherheaven” suena poderoso pero preciso, atemporal; como si se hubiese grabado en los noventa, pero también antes de ayer, con el toque justo old-school pero también el potente ataque actual, sin caer en los errores de producción más comunes (como es el rango dinámico). Lo que quizá también explica el que Davidson se haya ocupado de las guitarras y su producción, de su sonido en el álbum, siento tan perfeccionista como es él. “Diabolical Majesty” es el primer golpe a bocajarro de los nueve que nos esperan, la guitarra cruje mientras Bamberger y Pearson golpean con matemática fiereza, y Davidson solea sobre las líneas más melódicas, al mismo tiempo que su voz. “Lessons in Occult Theft” es espectacular por su groove y la rapidez que le imprimen, mientras "Nihilistic Violence" recuerda a los últimos Slayer por su tono machacón y cómo el riff parece revolverse con toda la violencia del death y el thrash, mientras que si "Strange and Eternal" destaca es por su brillante introducción y cómo, rápidamente, Revocation la hacen girar al thrash más endemoniado. 

“Galleries of Morbid Artistry” suena tan brutal y ponderosa en un inicio que parece convertirse en un clásico instantáneo para, compases más tarde, embrutecerse y recurrir a la calma jazzística de un interludio más propio de Archspire que de ellos. Una vez resuelto el ejercicio de estilo y demostrado que Revocation pueden hacer lo que quieran, “The 9th Chasm” recuerda a “The Outer Ones” cuando parece llevarnos a otros mundos, gracias a sus desarrollos y cómo Davidson evoca a Gilmour, hasta una canción como “Godforsaken” por Schuldiner o “The Intervening Abyss of Untold Aeons” y su capacidad para controlar el caos; de nuevo más progresivos que nunca y Bamberger y Pearson convirtiéndose en una potentísima base rítmica de death metal técnico. 

La sorpresa es "Re-Crucified" que, paradójicamente, logra que Revocation suenen más a The Black Dahlia Murder que nunca y es que, queridos míos, la presencia de Trevor Strnad como vocalista invitado no es únicamente un auténtico regalo, sino una brillante firma para concluir “Netherheaven” con el dueto entre Davidson y Strnad. No hay mejor forma de finalizar un álbum tan enorme como este. De esta manera, cada vez que escuches o leas una crítica negativa sobre Revocation o atisbes la más mínima duda, deberás pinchas una y otra vez “Netherheaven” para que sus potentes riffs abrasen a los infieles o una de las deidades lovecraftianas de “The Outer Ones” devoren sus almas por eones. He dicho…

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