"Torn Arteries" de CARCASS, quien tuvo, retuvo...

Los ingleses firman la continuación lógica tras "Surgical Steel", con menos frescura pero igualmente notable.

"Senjutsu" de IRON MAIDEN: bostezos progresivos de alto minutaje

Harris y su manía de larguísimas composiciones que lastran la capacidad de la banda para firmar grandes estribillos.

"Fortitude" de GOJIRA y la sombra de "Magma"

Quizá su material más flojo, aún menos inspirado que el anterior y con menos cohesión aún...

"Welcome To Hel" de HJELVIK, KVELERTAK heavymetalizados.

Erlend tenía ideas, aportaba y no solamente era la imagen más representativa de la banda sino también parte del cerebro de esta...

"Endless Twilight of Codependent Love" de SÓLSTAFIR.

Mágico, intenso y descorazonador al que hay que dedicar tiempo, pero cuyo retorno de inversión es superior a todas las lágrimas vertidas...

"ANTI-ICON" de GHOSTEMANE, entre la depresión, el nihilismo y el paso de Caronte.

Chirriante, caótico o inarmónico para muchos, sin embargo, es la mezcla casi perfecta…

Crítica: Jerry Cantrell “Brighten"

Huyo como de la peste de aquellas personas para los que todo es bueno buenísimo, de esas que no levantan ningún tipo de reacción a su alrededor, de esas para las que todo da igual y nunca se pronuncian porque en la vida, indefectiblemente, hay bueno y malo, síes y noes, y los grises suelen estar hechos para contentar. Y así, heme aquí, me encuentro ante el nuevo disco de Jerry Cantrell y no sé cómo abordar la exploración anal sin lubricante porque me consta que están aquellos para los que Cantrell es Dios y esos otro para los que, amando a Alice In Chains, creemos que lo mejor del de Washington ya ha sido publicado. Cantrell ha coproducido y grabado “Brighten” junto a Tyler Bates, Paul Fig y Joe Barresi y saben qué, ni con toda la ayuda de los ilustres invitados que pueblan el álbum, es capaz de superar “Boggy Depot” (1998) y los desgraciados “Degradation Trip” (2002). Y aquí es cuando podría elucubrar una intrincada teoría sobre cómo la desgracia hace fértiles a los artistas y la estabilidad es la auténtica peste de la que hay que huir cuando el denominador común de las grandes obras es la miseria, pero siendo un argumento tan socorrido y válido para Cantrell, sigue sin ser la verdad tras “Brighten” y es que, simple y llanamente, las canciones no merecen la pena; no es que esté condenando al rubio guitarrista a componer y cantar una y otra vez las tortuosas melodías que caracterizan a Alice In Chains (por ejemplo, “Atone” es un enorme single, su sonido agreste y sepia es magnífico, la melodía es adictiva y malvada, tanto como la propia “Brighten”, a pesar del sonido claramente norteamericano) es que, cuando escucho a Cantrell, quiero que suene a él y en este álbum hay canciones que sonrojan y aburren, mostrando sus mejores bazas al comienzo para irse diluyendo a medida que avanza. El propio guitarrista asegura que es un viaje desde la oscuridad hasta la luz, bonita forma de endulzarlo.

Lo dicho, me encantan “Atone” y tolero razonablemente bien la propia “Brighten”, pero en "Prism of Doubt" la cosa se empieza a torcer, me gustan las armonías vocales (Cantrell es un genio en las dobles voces) pero es complaciente y predecible. Son esas armonías las que salvan una canción como “Black Hearts And Evil Done”. Mientras que “Siren Song”, producida por Duff McKagan (ya que, según Cantrell, el bajista de Guns aseguraba que la pista de bajo era tan buena que no quería tocar él mismo...) o “Had To Know” funcionan por la soledad que transmiten, esa que parece desaparecer en “Nobody Breaks You” y la aburrida “Dismembered” o la despedida por Elton John, “Goodbye”.

Cantrell es incapaz de grabar algo abominablemente malo, por supuesto, pero “Brighten” no es lo mejor que ha grabado y lo sabe, no suena maduro sino lejos de sus mejores momentos creativos y si debo mencionar la plétora de invitados y músicos para justificarlo, como si se tratase de una receta, es que estoy intentando justificar lo injustificable. La carrera de Alice In Chains ha ido en sentido descendente desde “Black Gives Way To Blue” (2009), quizá sería el momento de centrarse y entender que el descanso ha acabado, que pueden y deben grabar un disco mejor que “Rainier Fog” (2018) que a Cantrell todavía le queda mucho trabajo por delante y este “Brighten” no es más que una curiosidad, un regalito, para todos aquellos que compraremos y escucharemos todo lo que lleve su nombre, aunque seamos incapaz de comulgar con ello y pretender engañar al resto.

© 2021 Conde Draco

Crítica: Khemmis "Deceiver"

¿Sabes esa sensación cuando tienes ganas de un disco que te decepciona, pero, aún así, no puedes evitar no escucharlo y, lo peor aún, defenderlo creyendo que es mejor de lo que es? Pues eso es lo que me ocurre con “Deceiver” de Khemmis, porque cuando comienza a sonar “Avernal Gate” creo estar escuchando uno de los mejores discos del año pero, tras sucesivas escuchas, me doy cuenta de que no es así. “Desolation” fue un giro al metal más tradicional, sin olvidarse de su doom, ese por el que hace unos siete años nos hicieron creer que estábamos viviendo una nueva ola doommy con ellos y bandas como Pallbearer o Crypt a la cabeza, pero no, Khemmis han querido ampliar su paleta de colores y, mientras que no es algo malo por sí mismo, creo que desde “Hunted” (2016) no han vuelto a firmar algo tan redondo como aquel. Con ello no quiero decir que Khemmis sean una mala banda; Ben, Zach y Phil son músicos repletos de talento y una apuesta segura, tras la portada de Sam Turner, “Deceiver” es un disco repleto de emociones, calidad y canciones que me encantan, que me hacen vibrar y seguro que en directo son una apuesta segura, pero también creo que Khemmis funcionan mucho mejor y suenan de verdad sobresalientes es cuando se olvidan de subgéneros como el thrash, el death o el black y algunos de sus tintes en las canciones, para centrarse en el doom, que es donde mejor resultan. 

Así, “Deceiver”, arranca con “Avernal Gate” y una introducción acústica más propia de Opeth que del doom, pero no pasa nada, la canción suena compacta cuando se muscula y melódica cuando juegan con las estrofas y el estribillo, las voces edulcoradas y la contundencia de Zach tras los platos, ¿qué puedo decir en contra? Nada, esto es Khemmis en estado puro y me encanta. “House Of Cadmus” posee el tempo, los de Denver funcionan igual de bien al trote que cuando se convierten en un enorme bloque de granito y sentimos su influencia doom, a pesar de que las voces de Phil y Ben recuerden demasiado a Pallbearer o a Opeth cuando juegan a la filigrana melódica. Tampoco es un problema, el solo repleto de medios, gordito y dulzón, logra que “Deceiver” comience con las dos canciones apropiadas y, como oyente, crea que esta vez van a llegar de nuevo al sobresaliente. Y a ello contribuye otra canción como “Living Pyre”, en la que el doom hace acto de presencia de nuevo y Khemmis nos golpean en la cara; el amplificador repleto de grano y desierto, pero también de la pesadez apropiada para parecer que el trío es un auténtico megalodón. Magnífico.

Lo mismo que “Shroud of Lethe” (a pesar de esos primeros minutos propios de Opeth, de nuevo), siendo una de las grandes bazas de un álbum con tan sólo seis canciones en cuarenta minutos y cuatro de ellas claras ganadoras, mientras que “Obsidian Crow” es una de esas en las que sentimos que la nave naufraga; no sólo es olvidable sino que parece que van a destiempo (soy consciente de ello y le he dado su tiempo, la he escuchado un millar de veces y la sensación es siempre la misma) o “The Astral Road” en la que Khemmis fracasan en la influencia y su duración; casi nueve minutos de heavy metal (sí, aunque suene desfasado, es así) son muchos y, aunque disfruto de algunas de sus partes, la sensación global es de que se han confundido de dirección cuando lo que logran es el bostezo.

“Deceiver” es un buen disco, pero no es redondo y eso quizá sea lo que más me duela de Khemmis porque poseen la calidad necesaria y saben hacerlo muy bien, pero a veces creo que les falla la brújula. ¿Es disfrutable? Muchísimo, pero no la constatación que muchos necesitan para que Khemmis den ese salto tan merecido, cuando poseen las formas y la calidad más que necesaria. 

© 2021 Conde Draco

Crítica: Me And That Man "New Man, New Songs, Same Shit, Vol.2 ..."

Vaya por delante de que si critico negativamente este proyecto de Darski es porque amo su música cuando se viste de Nergal y no cuando hace de King Dude. Como también que el primer disco de este proyecto, “Songs of Love and Death” (2017) me pareció abominable y si "New Man, New Songs, Same Shit, Vol.1" (2020) parecía sensiblemente mejor fue por las colaboraciones y alguna que otra canción que parecía todo un salto cualitativo pero, ya por entonces, auguraba dos posibles vías para Me And That Man (me da igual si con Porter o sin él) y el polaco ha elegido por la fácil; no espaciar la continuación de aquel y tirar por el mismo derrotero pero con canciones inferiores y colaboraciones de relumbrón aunque quizá no tanto como en el primer volumen. Para que el lector me entienda; las canciones de "New Man, New Songs, Same Shit, Vol.2” son peores que en la anterior entrega, suenan mejor, pero el resultado sigue siendo de baja calidad. Da igual que toque Gary Holt o cante Myrkur, que colaboren Hank Von Hell, Devin Townsend, Blythe o Abbath, la sensación es la de una panda de amiguetes a la que Nergal le ha encasquetado canciones que no merecen mucho la pena y ni con toda la producción del mundo se pueden arreglar.

Es cierto que produce toda la pena del mundo escuchar a Von Hell, pocas horas después de habernos enterado de su muerte y es que tras enterarme de la noticia no pude menos que recordar aquella vez que le vi con Turbonegro, presentando “Party Animals” en 2005, y me invade la melancolía de saber que se ha marchado con una carrera en solitario tan breve pero genial y tan joven, ahora que parecía plenamente recuperado. Pero, pese a ello y la colaboración del noruego, “Black Hearse Cadillac” es mala con dolor y sólo levanta el vuelto en su segunda parte. Nergal prosigue su camino por asemejarse a Cave o Dude, por supuesto que sí, y tira de amistades, como es el caso de Tobias Forge (aquí Mary Goore) en “Under The Spell”, sonando más nasal que nunca, cuya música es pegadiza pero no termina de despegar. Algo similar ocurre con “All Hope Has Gone” y la ayuda de Gary Holt y Jeff “Mantas”, además de la aportación de Blaze Bayley (el ex vocalista de Maiden siempre me ha caído bien, pero me parece un vocalista mediocre, lo siento), sólo puedo salvar el solo.

 

“Witches Don't Fall In Love” con Kristoffer Rygg no es la peor del conjunto, pero suena pueril y quizá el error, como con todo el disco, sea mío, porque sabiendo de la pasión de Olve por Lemmy, pensé que “Losing My Blues” tendría su ritmo traqueteante y sería puro rock ‘n’ roll, pero no, Nergal, Abbath, Chris Holmes y Frank The Baptist firman una canción olvidable que se convierte en un medio tiempo con aires de blues-rock de los cincuenta y el croar del antiguo vocalista de Immortal, pero plana en su desarrollo. "Coldest Day In Hell" con Ralf Gyllenhammar y Douglas Blair es quizá la más interesante por su descarnada interpretación, como “Year Of The Snake” con una leyenda como David Vincent que gana enteros a pesar del robo a Nick Cave, mientras que “Blues And Cocaine” roba el riff de “The Jean Genie” de Bowie, camuflando la guitarra de fuzz. 

 

Aunque "New Man, New Songs, Same Shit, Vol.2” puede ir a peor, mucho peor,  “Silver Halide Echoes” con Randy Blythe es interesante, por desmarcarle de su registro habitual, pero la canción es una de las más aburridas del disco, con permiso de “Goodbye” y la clara constatación de que Alissa White-Gluz es mejor que siga cantando con guturales en Arch Enemy, ya que su garganta es bastante escasa cuando canta melódica y recurre a las tretas de cualquier aspirante de programa de talentos cuando pretende colarnos el gol por la escuadra haciéndonos creer que puede acercarse a una tonalidad propia de las prodigiosas gargantas negras que cantan sin esfuerzo, mientras que a la de Quebec se la siente sufrir en los últimos coletazos de un disco en el que la colaboración con Myrkur (ya sabemos, ese subproducto surgido de la mente de Ulver), “Angel Of Light”, hunde aún más la recta final de un disco que no entra ni con sal de frutas y cuyo final con Chris Georgiadis y "Got Your Tongue" es un robo a la clásica “John The Revelator”, pasada por las aguas del sonido más fácil y radiable.

Sé que el Nergal de "Zos Kia Cultus (Here and Beyond)" (2002), "Demigod" (2004) o "Evangelion" (2009) queda ya lejos y, seguramente, el polaco no tenga ninguna intención en volver a ello, pero una cosa es firmar un disco tan discreto como "I Loved You at Your Darkest" (2018) y otra muy diferente es grabar algo como esto. Haciendo célebre el meme; si mi nieto me pregunta quién fue Nergal, le enseñaré “The Satanist” (2014), si me pregunta de qué murió le pincharé "New Man, New Songs, Same Shit, Vol.2” para que no se confunda.


© 2021 Conde Draco

Crítica: Exodus "Persona Non Grata"

Parece que la historia se repite y ya no sé si es problema mío o es que Exodus, los míticos Exodus, son los culpables, pero me ha ocurrido algo parecido a lo sentido en "Blood in Blood Out" (2014). Se suponía que este sería el gran disco de Exodus con Gary Holt ya plenamente liberado de su gloriosa etapa con Slayer, con Souza en la banda ya instalado tras numerosas giras, en forma y rodado, con un Hunting tan impresionante como siempre (más, ahora que el hombre se ha recuperado y ganado la lucha contra el cáncer) pero, en definitiva, ya instalados en la tranquilidad y el rodaje del que no pudieron disfrutar en el anterior y sabiendo que aquel no convenció como debía, además de la mano de Andy Sneap tras los mandos de la nave. Honestamente, sentía que Exodus grabarían un disco redondo, quizá no "Tempo of the Damned" (2004) pero sí uno que nos hiciese recuperar la fe en ellos en el estudio, pero no, de nuevo me equivocaba. "Persona Non Grata" no es un mal álbum en absoluto, es muy difícil que Souza, Holt, Altus, Gibson y Hunting grabasen un disco así, del todo incapaces, pero tampoco sé explicar lo que siento cuando escucho este álbum y me doy cuenta de que se quedará fuera de los mejores discos del año en el mundo del metal.

A pesar del trabajo de Sneap y los riffs de Holt, "Persona Non Grata" se siente flojo, débil en su cuerpo; el sonido es potente y las guitarras crujen a todo volumen (tanto que a veces uno se olvida de Gibson y su bajo), además Hunting suena tan poderoso como siempre, pero la apertura que es "Persona Non Grata" son siete minutos y medio (la manía de todas las bandas por grabar canciones que exceden en duración la propia naturaleza de su ser) y, aunque suena robusta y la voz de Souza más chillona y poseída que nunca, uno siente que este tipo de tareas hercúleas en el thrash, mejor dejárselas a una banda como Voivod, mientras Exodus deberían atacar sin piedad en canciones de tres minutos. Mucho mejor cuando suena “R.E.M.F.” y sentimos que Exodus han vuelto por todo lo grande con Altus y Holt escupiendo riffs y Hunting trotando, aporreando su batería como si no existiese un mañana. Como ocurre con “Slipping Into Madness” y su sabor a "Fabulous Disaster" (1989), sabrosísima y agresiva, pero compartiendo momento con una de las peores canciones del álbum, “Elitist”, tan infantil que es impropia de la leyenda de Exodus. “Prescribing Horror” posee la maldad y uno de los mejores riffs de "Persona Non Grata", además de ese acojonantísimo final con niños llorando, quizá la demostración de que una banda puede hacer thrash adulto sin caer en los tópicos (“Elitist” o “Clickbait”) y bordarlo, a ritmo de los campanazos de Hunting.

Lástima que los adelantos, como la mencionadas “Clickbait” (efectista, pero pobretona y tirando de tópicos) o “The Beatings Will Continue (Until Morale Improves)” no sean lo mejor del álbum a pesar de que esta última posee la garra y las ganas, sintiéndose a Souza especialmente corrosivo. Igual que me parece genial el trabajo melódico en las guitarras en “The Years of Death and Dying”, aunque la canción sea floja y cinco minutos se hagan eternos cuando no los necesita. “Cosa del pantano” es curiosa, es tan sólo una instrumental, pero funciona como introducción para “Lunatic Liar Lord”; veréis, no tengo nada en contra de las canciones extensas, pero estamos hablando de Exodus y esta son ocho minutos a los que no les beneficia nada tanto tiempo, habría sido ideal con cuatro minutos porque los coros de Rick Hunolt funcionan en contraposición con la voz chillona de Souza, pero no, la composición pierde fuelle según avanza. Y lo tengo más que claro cuando suena “The Fires of Division” y sé que esto es lo que busco en un disco de Exodus y esto es lo que funciona y en lo que son mejores; thrash puro y duro, con un toque melódico en las estrofas y un buen estribillo jalonado con la fuerza de las guitarras. Incluso “Antiseed”, la última, no siendo gran cosa, se siente poderosa frente a los esfuerzos de la banda por dejar claro que ellos también son capaces de grabar canciones con grandes desarrollos.

Cuando uno acaba de escuchar el disco, la sensación es siempre la misma; doce canciones en una hora de thrash es demasiado y, con todo, Exodus han grabado un disco aceptable, potente y resultón, quizá no es notable, pero nos sirve para tenerlos en activo y que giren por todo el mundo. Souza, Holt, Altus, Gibson y Hunting son grandes músicos y una auténtica lotería verlos juntos sobre un escenario, echar de menos "Tempo of the Damned" (2004) o incluso "The Atrocity Exhibition: Exhibit A" (2007) no opaca el hecho de que los necesitamos sobre las tablas una y otra vez, ahí donde nunca decepcionan.

© 2021 Lord Of Metal

Crítica: Massacre "Resurgence"

La historia de Massacre es típica dentro del metal, esas bandas que publican un álbum y el boca a boca hicieron el resto por la calidad de sus surcos hasta convertirse en una referencia seminal, pero, sin embargo, tras múltiples cambios de formación se ven incapaces de continuar la leyenda y estar a la altura. En el caso de Massacre, publicaron el enorme “From Beyond” (1991), un fiasco como “Promise” (1996) y un disco bueno, pero no notable, como "Back From Beyond" (2014). Así que hemos tenido que llegar a 2021 para que cuando suene el platillazo de Helgetun sintamos que el viaje iniciado con “From Beyond” sigue su curso, para sentir que todo vuelve a encajar y el vicioso riff de apertura nos recuerde que esto es un disco de puro y duro death metal, en el que las guitarras de Johansson, Petterson y Fairfax dan paso a la cavernosa voz de Kam Lee que ha vuelto a la banda y suena tan monstruoso o más que lo que podíamos imaginar. “Resurgence” es un disco que no busca engañar al oyente, bajo la portada de Wes Benscoter, Massacre han vuelto para sonar como deberían haberlo hecho hace años, para reivindicar su trono por encima del de muchas bandas más jóvenes que han crecido a su sombra y me parece bien. Me parece bien porque lo publicado tras “From Beyond” no hacía justicia a lo que la banda tenía que ofrecer, de lo que eran capaces y, por desgracia, no supieron continuar muy al revés de lo que sí supieron hacer, por ejemplo, Autopsy.

Resulta innegable que hay influencia del panteón de Lovecraft en “Ruins of R'Lyeh” o “Innsmouth Strain” pero también reminiscencias de Chuck Schuldiner, de aquella senda que Massacre supieron abrir hace ahora treinta años. Sonido crujiente y aplastante, guitarras repletas de graves, creando atmósfera, riffs repletos de nervio en la mano derecha y Lee abriendo la gruta de garganta y profiriendo profundos growls capaces de soterrar al actual Chris Barnes. “Whisperer in Darkness” es como una sucesión de latigazos hasta que Helgetun se lanza desbocado a golpear el bombo a toda velocidad, ¿queríais death metal? Massacre lo administran desde la tierra de este, con denominación de origen en Tampa, Florida; la otra cuna del death (lejos de la fría Europa, pero igual de brutal).

Me encanta la introducción de “Book Of Dead” y cómo se convierte en una de las más salvajes de “Resurgence” (con Marc Grewe en las voces), como el toque doom de "Into the Far-Off Void" durante sus primeros compases y la ayuda de Dave Ingram. "Servants of Discord" y “Fate of the Elder Gods” poseen la esencia de la banda y su violento ataque, pero ganando en dinamismo, esta última con Pete Slate, como es el caso de “Spawn of the Succubus” y cómo la guitarra narra la melodía al comienzo para que Kam Lee se desgañite una última vez y Massacre entren a degüello. No es por casualidad, por lo tanto, que nos recuerden lo que fue “From Beyond” con “Return of the Corpse Grinder”, un último golpe sobre la mesa que recupera el encanto y parte de la estructura de la original, pero sonando más violenta que aquella y Kam Lee cantando poseído por sí mismo hace treinta años.

Un álbum salvaje, para los amantes del death metal más sólido y old-school de unos supervivientes que, como en la portada de Repka, parecen haber viajado en el tiempo desde otra dimensión y mantener las ganas y el talento intactos. Un disco de regreso que se convertirá en uno de los mejores discos de metal del año y una grata sorpresa, sin duda.

© 2021 Lord Of Metal

Crítica: Bullet For My Valentine “Knives"

A veces, sólo a veces, cuando leo o escucho a los seguidores de la actual escena referirse al nuevo álbum de una banda como Bullet For My Valentine y conformarse con un poquito de ruido, entorno los ojos hacia el cielo igual (exactamente igual que cuando estoy esperando a que una banda tome el escenario) y el pipa, roadie o técnico se cuelga la guitarra, segundos antes de que se apaguen las luces, y toca un MI (dos deditos sobre el traste dos, cuerdas cuatro y cinco) con un poquito de distorsión y la turba enloquece como si Hendrix o Rhoads hubiesen bajado del cielo porque es el mismo tipo de locura, de conformismo; un poquito de ruido basta para que la masa se excite. Bullet For My Valentine grabaron un buen debut (“The Poison”, 2005) y dos discos aceptables "Scream Aim Fire" (2008) y "Fever" (2010) para decepcionarnos a todos con el mediocre “Temper Temper” (2013) y resurgir de sus cenizas con “Venom” (2015) y todos rendidos a sus pies, creyendo que lo grabado dos años antes fue un mero traspiés. Pero “Gravity” (2018) confirmó lo contrario, que Bullet For My Valentine son una banda interesada en llegar al mainstream más absoluto siendo capaces de edulcorar su sonido al máximo, hasta perder cualquier ápice de integridad o personalidad lograda a lo largo de los años. “Gravity” (a pesar de las críticas que recibimos en la publicación de su crítica) con el tiempo, se ha conformado como el peor álbum de la banda, hasta tal punto que se ha puesto en duda su capacidad, su seriedad y, lo peor de todo, su futuro. Así que la banda ha corrido presta a endurecer su sonido, a sonar más “heavy” que nunca (qué termino y expresión más rancia, por favor, pero no lo digo yo; lo han dicho ellos) y Matt, nuestro querido Matt Tuck, más interesado en cambiar su look con cada disco, con cada ciclo, no ha dudado en cambiar el rímel y la cuchilla por la barba y el pasamontañas. ¿Cuela? No, por supuesto que no.

 

“Knives” es igual de malo que “Gravity” pero Matt y los suyos nos la quieren colar con una producción más agresiva, más cruda y menos trabajada, tirando de compresión a tope pero, bajo la superficie, tras el cambio de look de Tuck, la portada, la producción y el sonido de las canciones, tras los baquetazos de Bowld, hay lo mismo de siempre; canciones pobremente escritas, con letras repletas de tópicos en las que Matt puede presumir de ser predecible y utilizar las mismas palabras y expresiones una y otra vez en composiciones muy pobres, planas y en las que la agresividad se siente tan impostada (“Parasite”) como forzadas también las partes más melódicas y este disco, te lo creas o no, tiene tanto de melódico que es como si hubiesen querido salpimentar las canciones de “Gravity” y hacernos creer que es metal, cuando nada más cerca de la realidad.

 

“Knives” es un buen single, Bowld ataca con rapidez, mientras las voces se alternan y las guitarras de Matt y Paget hacen un buen trabajo, pero “Reverie” es prescindible y hunde el álbum a la tercera composición; no es el tempo, no es que la voz de Matt se sienta tan débil y su forma de cantar sea tan melódica, nasal y con tan poco cuerpo, es que la canción es aburridisíma. Algo que solucionan con el riff de “No Happy Ever After” y ese toque más cercano a Rammstein o la distorsión en la voz, además de esa forma de poner la directa; es en esos momentos en los que Bullet se crecen y cuando meten esos estribillos tan enclenques cuando el resultado final se resiente, cuando Matt canta melódico y parece una mezcla entre Billy Corgan y Gerard Way. Pese a ello, no me gustaría que el lector pensase que tengo ojeriza a la banda, nada más lejos de la verdad, reconozco cuando lo hacen bien; como es el caso de “Can’t Escape The Waves”, quizá la mejor canción tras “Knives” pero soy honesto, no puedo mentir y afirmar que la ridiculez de “Bastards” esté repleta de emoción porque no es verdad y ni siquiera el trabajo coral la salva, como tampoco que “Rainbow Veins” sea una gran canción porque se ha puesto de moda escribir canciones sobre los problemas mentales y Tuck, en lugar de darle la profundidad y dramatismo que requiere, lo estropea con una de las peores letras de todo el álbum, convirtiéndola en un cliché que roza el ridículo, mientras que “Shatter” posee un riff que podría haber firmado Robb Flynn (cuarta o quinta del disco en la que meten coros y malditos “oh, oh, oh), dejando para el final dos canciones infinitamente superiores como “Paralysed” o “Death By A Thousand Cuts”, justo cuando uno ya ha perdido la paciencia tras escuchar el disco una decena de veces y darse cuenta de que Bullet For My Valentine deberían haber apostado por un disco más breve, con composiciones más directas y menos minutaje (una media de cinco minutos es mucha para la banda de Tuck), más trabajo en la composición y letras, además de olvidarse de tanto coro y esas partes más melódicas y flojitas que son capaces de echar por tierra el riff más contundente de la historia de la banda. Una pena, pero Bullet For My Valentine siguen cavando su propia fosa y lo peor de todo es que parece que ni la banda, ni sus seguidores parecen saber qué es lo que merece la pena y qué es lo que no, qué dirección deberían tomar. Un barco sin rumbo y que con cada lanzamiento provoca más y más indiferencia…


© 2021 Lord Of Metal

Crítica: Whitechapel "KIN"

Comienzan a sonar las guitarras acústicas de “I Will Find You” y sé por lo que estoy aquí, por lo que estoy escribiendo sobre Whitechapel y es por su mutación, su increíble esfuerzo por desmarcarse de las férreas barreras del deathcore. Pero tampoco voy a pecar de iluso porque, a estas alturas de la película, en pleno 2021, rara es la banda de cualquier subgénero que acabe en “core” que no haya huido del barco cual rata, alegando madurez, búsqueda de nuevos horizontes o porque ya era hora de quitarse las dilatas de las orejas cuando han dejado de ser una moda y sólo las lucen quienes de verdad las aman. El caso es que si Whitechapel parecen diferentes no es por otro que por el propio Phil Bozeman. Y es que la banda ha ido evolucionando de manera natural a golpe de trauma, de catarsis existencial y emocional de Bozeman; nada que objetar cuando han abandonado el deathcore más genérico (que nadie se me eche encima, era lo que era) para ahondar en un metal maduro y con fondo como es el de “The Valley” (2019), el que para mí es su obra maestra hasta el momento.  

 

Así que, cuando se anunció la publicación de “Kin” (a pesar de su horrenda portada, aunque toda una declaración de principios por alejarse de las clásicas ilustraciones de su discografía y las de cientos de bandas similares), tras escuchar adelantos como “Lost Boy” u “Orphan” (ya, también “A Bloodsoaked Symphony”, pero no) no tuve ninguna duda de que Bozeman volvía a tirar de su panteón de problemas para armar el alma del nuevo disco de Whitechapel, lo que -sintiéndolo mucho por él- me auguraría una hora de sentidísima música con la que alejarnos de la auténtica chorrada abstracta adolescente con tintes dramáticos del común denominador de las letras escritas por bandas de metal actual cuando escapan de los monstruos y la imaginería más clásica.  Más que nada porque soy de los que piensan que, por desgracia, cuando los artistas tienen mierda que sacar es cuando suelen publicar su mejor material y cuando tienen el estómago lleno (literal y figurado) es cuando la calidad de su producción baja a extremos insondables.

 

Con todo, a pesar del comienzo de “I Will Find You” y el cinemático final con “Kin”, el disco de Whitechapel no resulta tan redondo como “The Valley”, quizá porque no se centra en un solo punto de la historia, del drama de Phil sino que picotea aquí y allá y el ethos de las canciones hace que la música responda; la instrumentación es brillante, por supuesto, a la altura de Savage, Householder, Gabe, Wade y el más reciente Rudinger pero no se siente tan sólida o, por lo menos, tan coherente como en el anterior. Lo que no significa que “Kin” sea un mal disco, tan sólo menos redondo.

 

Algo que se siente cuando pasamos de ese inicio al brutal single que es “Lost Boy”; me gusta el cuerpo de la canción, la solidez, la sensación de abigarramiento, de fuerza y robustez, Bozeman suena agresivo y profundo, devorando tu alma y el toque sincopado de la canción junto a la sensación de que la sección rítmica (Householder y  Rudinger) corre atropellada hasta el estribillo me parece sobresaliente, así como la bajada de tempo en “A Bloodsoaked Symphony” y el regusto de que se acercan al death metal y olvidan el deathcore, de que Phil se ha convertido en el auténtico monstruo de las galletas y sólo recuperan algo de velocidad en el doble bombo del estribillo. Ambas canciones, tras la ilusión de “I Will Find You” forman un inicio grueso hasta “Anticure”, en la cual vuelvo a sentir que Whitechapel se desmarcan de todo, no es por la voz melódica sólo sino por el riff principal; por cómo las guitarras adornan y no llevan el peso de la canción, por esa forma de crear texturas y recordarnos a Tool cuando el bajo de Gabe es el que traza la melodía bajo la voz de Phil, mientras “The Ones That Made Us” nos devuelve a los Whitechapel más agresivos, un espejismo entre “Anticure” y la primera parte de “History Is Silent” hasta esa segunda parte en la cual parecen desbocarse, igual que en la alternancia de rabia de “To The Wolves” y el solo de Savage, más cercano al hard que al metal o el single más claro de ese cambio, de más calado y el que mejor representa a “Kin”, “Orphan”, en la cual, aunque no me guste el toque postmetal y el exceso de melodía sí reconozco la influencia de otras bandas y otros artistas en la forma de cantar de Phil, pareciéndome magistral cómo cambian de tercio desde su comienzo, en apenas cinco minutos.

Pena, como no podía ser de otra forma en “Kin”, es la innecesaria “Without You” (un interludio acústico que no aporta nada), “Without Us” o quizá la peor del conjunto, la propia “Kin”, en la que hay buenas ideas y ganas de cerrar de una manera épica, emocional y diferente pero no termina de cuajar en un álbum en el que cuesta entender el equilibrio entre el deathcore, death metal de bajo octanaje, post metal y momentos más dulces que carecen de sentido sin la narración de una historia, como en “The Valley”. Pese a ello, Whitechapel han vuelto a grabar un álbum notable que les hace crecer, aunque produzca la sensación de ser una pura transición. Que desemboque en algo o no, sólo depende de ellos…


© 2021 Conde Draco

Crítica: Archspire "Bleed the Future"

Con Archspire siento ese orgullo de haberles descubierto pronto, de ver cómo, poco a poco, van alcanzando más y más reconocimiento, cómo cada álbum crece y su propuesta se perfila, madura y son capaces de grabar tres discos como "The Lucid Collective" (2014), el ya clásico "Relentless Mutation" (2017) y, ahora, "Bleed the Future" (2021). De salas a festivales, de ser unos completos desconocidos a ganarse al público con su rapidez, su sentido del humor, su accesible melodía (a pesar de lo intrincado de su música) y, por supuesto, su talento. Así, Archspire, han vuelto a dar en el clavo y, sin complicarse demasiado, entender que el público pide que suban la apuesta de "Relentless Mutation" y ver si son capaces de aumentar la velocidad, lo complicado de su maquinaria y, por supuesto, poner a prueba su habilidad técnica. ¿El resultado? Como no podía ser de otra manera, los canadienses no sólo aprueban, sino que lo bordan, "Bleed the Future" es un disco sobresaliente, muy técnico pero irresistible, sin caer en el aburrimiento de la acrobacia porque sí, sino que es "Relentless Mutation" elevado al cubo. 

“Drone Corpse Aviator” es un innegable single para la banda (si es que se puede hablar de una canción promocional en el death metal técnico); Prewett es una auténtica máquina y Smith le acompaña al bajo, mientras que tras las endiabladas rítmicas llegamos a esos paisajes tan jazzy en lo que la guitarra parece hilvanar un lick tras otro, antes de volver a atacar de manera violenta. Sin embargo, es esa misma guitarra la que dibuja la melodía en “Drone Corpse Aviator”, quizá más accesible que en "Relentless Mutation" pero nunca como sinónimo de poca calidad o facilidad en la composición, en ningún momento para agradar o llegar a un público mayor sino porque la composición lo pide. Como esa locura titulada “The Golden Mouth of Ruin” en la que parecen escupir mil notas por segundo mientras Prewett parece retarse a sí mismo. "Abandon the Linear" juega con la polimetría como ninguna otra, no es que el compás de Prewett coincida con el que llevan las guitarras, es que parece un todo en el que habrá un momento que tu cabeza pida entender de qué se trata y sólo será en el puente de la canción, antes de lanzarse a por los armónicos previos al solo. 

“Bleed the Future” es capaz de pintarle la cara a los enormes y mis queridos Meshuggah, está claro que los estilos son diferentes, pero hacía tiempo que no sentía una agresión sonora acompañada de semejante pericia técnica, como si los de Vancouver utilizasen una claqueta para cortar los tempos de sus endiabladas canciones. Tanto que es necesaria “Drain of Incarnation” o, por lo menos, su comienzo para darnos un respiro antes de que ataquen de nuevo y Morelli, Lamb y Smith nos abran en canal. Es por eso que “Acrid Canon”, a pesar de su velocidad, sea tan agradecida y su melodía nos sirva para no perder la poca cordura en la espacial "Reverie on the Onyx" o ese final que es "A.U.M." y la clara sensación de que Archspire están un paso por delante del metal actual, que han sabido llevar el death metal técnico a otro nivel y pocos son capaces de seguirles el paso. Brillante de principio a fin.

Como única pega, a nivel personal, el trabajo de Dave Otero. No dudo que Oliver (magnífico en su registro, espectacular en su capacidad) y los suyos le pidan semejante acabado, pero hay veces que el bloque de sonido es tal que se pierde detalle de cada instrumento cuando aprietan y la prueba de ello no es sólo el propio sonido del disco sino el dibujo de la onda en cualquier reproductor, una auténtica barra inexpugnable de puro y duro death metal. Por otra parte, Archspire repiten con Kantor en la portada, sabedores de que han encontrado la fórmula y vaya si lo han hecho. La madre que los parió…

© 2021 Lord Of Metal

Crítica: Limp Bizkit "STILL SUCKS"

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿El hater o el movimiento anti-hater? Qué me produce más irritación; ¿el hecho de que haya gente que escupe odio, otros con una piel tan fina como para herirse por todo o aquellos que creen estar de vuelta por ironizar contra aquellos que los atacan? Creo que, como Apollinaire, me he cansado un poco de este viejo mundo y, a modo de pirueta involuntaria, he pasado de reírme de Limp Bizkit para hacerlo con ellos. Llorar porque el nu metal no es metal auténtico, porque se mezcla con rap, porque llevan chándal, porque Durst es inaguantable, porque el único que vale es Wes, porque Korn se han convertido en una banda a la que todo el mundo respeta tras años de ninguneo, creer que lo que yo escucho es lo mejor del mundo, por encima del gusto de los demás, y Bizkit es una mierda, me agota. Es verdad que les disfruté desde “Significant Other” (1999) y visto en directo más veces de las que desearía, que he sido testigo de actuaciones auténticamente desastrosas (Madrid, Nantes) y otras para quitarme el sombrero (Suiza, Basilea, 2011), pero creo que gran parte del problema con Bizkit es que ellos disfrutan metiéndote el dedito en el ojo y muchas personas se alteran con la mera mención de su nombre. Y, con todo, no puedo defenderlos sin aceptar sus grandes errores, pero también sus aciertos.

 

“Gold Cobra” (2011) es un mal disco, pero valiente por lo que significó y cómo el grupo capeó el temporal, quizá el peor de su discografía sino fuese por “Results May Vary” (2003) en una época en la que todo el mundo les lamía el culo y vendían millones. Diez años que han pasado volando y una anticipación por un nuevo disco que nadie esperaba y, sin embargo, ha causado un buen hype, ¿por? Mira, muy sencillo, si no te gusta Limp Bizkit no tiene sentido que sigas leyendo, pero si les has disfrutado en algún momento, te lo resumiré fácilmente; escuchar Limp Bizkit sigue siendo terriblemente divertido, aún en pleno 2021, con Durst disfrazado de cincuentón, cantando “Dad Vibes”, riéndose de todo y todos, aunque a veces resulte forzado en su chiste y la obsesión por rendir cuentas a los haters cuando no hay necesidad.

 

“STILL SUCKS”, bajo portada del propio Borland, es un disco que lleva una década gestándose, que arranca de manera hipnótica con "Out Of Style" (sí, la que anteriormente era conocida como "Wasteoid") sonando francamente bien. No es que la guitarra de Borland sea estupenda y el estribillo de Durst sea de lo mejor que han grabado, sino que cuando este grita “DJ Lethal…!” y suenan los escracheos, sabes que el viaje a los primeros de los dos mil está asegurado. Groove, la guitarra cargada de Whammy, Wes abusando del puente y los fraseos de Durst con una buena base de Sam y John Otto. No es que “STILL SUCKS” sea el “White Album” o el “Abbey Road” de los Beatles, no va a cambiar tu vida, pero es lo mejor que han grabado desde "Chocolate Starfish and the Hot Dog Flavored Water..." (2000), algo que se constata con “Dirty Rotten Bizkit” y, de nuevo, otro estribillo que se pega como un chicle y Rivers haciendo que te retumbe el pecho. Dudo mucho que suene en un festival y no la saltes, por mucho menos que esto hay bandas a las que se les ha encumbrado su falta de ideas e inmovilismo porque sí.


“Dad Vibes” es puro Bizkit, el rapeo nasal de Durst, la base, los arreglos y el estribillo con Lethal haciendo de las suyas sobre el fraseo del estribillo y los coros hipnóticos, igual que el slap y el golpeo sobre el bajo de Rivers en “Turn It Ip, Bitch”. En este punto, sólo siento que no hayan incluido “Ready To Go” con Lil Wayne y sí “Don’t Change” de INXS, clásica balada acústica que rompe un poco el encanto de un disco que debería haber saltado directamente a "You Bring Out the Worst in Me". “Love The Hate” denota claramente que las críticas terminan calando en Durst, por mucho que emplee la ironía; no es de recibo que todo el álbum orbite entorno a la crítica, al odio, en definitiva, a naderías porque, como todo buen amante de Wilde sabe; lo importante es que hablen de ti…

Como tampoco termino de entender la inclusión de “Barnacle”, una canción con tintes de rock que suena demasiado rancia, más cercana al rock alternativo de los noventa que otra cosa. Igual que “Empty Hole” y el intento de acercarse a la evocación de Alice In Chains, en una última atacada en la que “STILL SUCKS” se deshace con “Pill Popper” y la horrenda “Good Bye”, mereciendo únicamente la pena “Snacky Poo” con su encanto a lo Fun Lovin’ Criminals (por cierto, qué pena que los de Nueva York nunca más publicasen algo similar a “100% Colombian” de 1998, aquella gira también la viví y fue enorme) y la entrevista final a Borland, evidenciando la estupidez de muchos seguidores y los gustos que sí son aceptables por la masa y la crítica; es mejor denotar buen gusto afirmando que escuchas Godspeed You! Black Emperor (aunque no entiendas una puta mierda de lo que hacen) a reconocer que escuchas a Limp Bizkit. Por lo tanto, “STILL SUCKS”, aún siendo lo mejor publicado por Bizkit en mucho, mucho tiempo y mereciendo algo más que tres estrellas, tampoco llega al notable ya que su primera cara es claramente superior a su segunda y, con todo, sigue siendo acojonantemente divertido escucharlos de nuevo…

 

© 2021 Conde Draco