"Welcome To Hel" de HJELVIK, KVELERTAK heavymetalizados.

Erlend tenía ideas, aportaba y no solamente era la imagen más representativa de la banda sino también parte del cerebro de esta...

"Endless Twilight of Codependent Love" de SÓLSTAFIR.

Mágico, intenso y descorazonador al que hay que dedicar tiempo, pero cuyo retorno de inversión es superior a todas las lágrimas vertidas...

"ANTI-ICON" de GHOSTEMANE, entre la depresión, el nihilismo y el paso de Caronte.

Chirriante, caótico o inarmónico para muchos, sin embargo, es la mezcla casi perfecta…

Crítica: Fractal Generator "Macrocosmos"

Es imposible no perderse algo en la gran marea de discos que se publican y así me ocurrió con "Apotheosynthesis" (2015), cuando lo escuché hace un par de años, al que he tenido que regresar tras escuchar “Macrocosmos”. El gran problema del nicho de Fractal Generator es la gran cantidad de nombres que trabajan un death metal enrevesadamente técnico, a un grandísimo nivel, y la también sobada temática cósmica, espacial y misteriosa. Lo grande de los de Ontario es su increíble ejercicio de  equilibrio para recordar a Portal, por ejemplo, pero también a The Black Dahlia Murder sin caer en el paroxismo técnico de Archspire pero comernos como Ulcerate o Wormed, dándonos la justa medida de death metal técnico con melódico, lo suficientemente elevado como para lograr que levantemos la ceja y acudamos una y otra vez a sus canciones, pero sin perder el atractivo de la melodía y el magnetismo del misterio de unos músicos que, como Imperial Triumphant, ocultan sus identidades, dentro de lo posible; 102119200914 (Justin Rienguette), 040118180514 (Darre Favot) y 040114090512 (Dan Favot) que facturan un death metal técnico, con grind y black, todo sazonado con mucha experimentación. ¿El resultado? Brillante.

 

No es que “Macrocosmos” nos abrume con su ritmo machacón y ese riff, a medio camino entre el metal industrial y el death de toda la vida, es que el juego de voces es una barbaridad y, lo mejor de todo, es sumamente adictiva y pegadiza, como “Aeon” y esa manera de ametrallarnos desde el abismo, hasta que entra la voz y nos recuerda a la brutalidad de Dying Fetus y “Serpentine” nos golpeé con violencia contra las paredes. Si creías que Morbid Angel era agresión, es porque Fractal Generator no te han arrastrado a las profundidades de un agujero negro en el que Azagthoth sonríe, por supuesto, pero los canadienses te la juegan. 

 

“Contagion” es una exhibición de 040114090512 (Dan), en la que no nos dan un respiro hasta su su mitad, justo para volver a rompernos por la mitad. “Chaosphere” comienza de una manera más atmosférica para embrutecerse y llevarnos a un viaje cósmico en el que la guitarra de Justin suena tan robusta que parece que la distorsión y compresión está repleta de grano, mientras Dan no nos da respiro alguno. El riff de apertura de "Shadows of Infinity" parece abrir de nuevo las puertas al sur del cielo con Hanneman sonriendo y he de reconocer que la forma de introducir la electrónica es auténticamente eléctrica porque son tan sólo pinceladas, no hay un abuso del recurso (1:33). Igual que la recta final con el bajo de Darren llevándose todo el protagonismo, en un trabajo en el estudio a cargo de Stefano Morabito (Eyeconoclast), tan sólido como efectista. “Pendulum” o “Primordial” suenan igual de obtusas que “Aeon”, una auténtica borrasca de death metal, recordándonos de nuevo a los de Maryland, y “Ethereal” a Ulcerate, pero concediéndole más espacio al ambiente, sonando menos abigarrada pero más intensa cuando prima la melodía, el riff obsesivo y las voces distorsionadas, haciéndonos creer que estamos siendo devorados por un agujero negro o un semidiós que habite el pliegue de dos realidades, descrito por Bierce o Lovecraft.

 

No puedo menos que rendirme a su magistral ejercicio de inventiva y pirotécnica habilidad, habiendo grabado un álbum enorme desde el primer segundo que lo pinchamos. Nos guste o no, en un mundo en el que habitan auténticos monstruos del mástil, lo verdaderamente difícil es poseer el buen gusto para lograr el maridaje perfecto entre la accesibilidad en un death metal extremadamente técnico y mantenernos lo suficientemente intrigados en su temática y melodía. 


© 2020 Jack Ermeister

Crítica: Yashira "Fail To Be"

Igual que cuando tienes sed, bebes agua. Acudo a la música buscando respuestas o, muchas veces, cambios en mi estado anímico y, otras veces, es la música quien, como por casualidad, me encuentra a mí y actúa como bálsamo o, en los peores momentos, para encabronarme aún más. "Shrine" (2018) hizo que me fijase en ellos y la trágica muerte de su batería, Seth Howard, aquí sustituido por Ryan O'Neal, les puso en boca de todos en la prensa especializada. Pero, ¿qué podríamos esperar de su segundo álbum? ¿Acaso una experiencia vital como la de Bell Witch ante la muerte? Yashira responden con contundencia y un manotazo sobre la mesa, sonando como todas esas bandas de sludge o, mejor dicho, metal a secas, que no buscan maquillar su sonido sino todo lo contrario, “Fail To Be” suena crudo, pero no por la propia contundencia musical de los de Jacksonville o por una producción buscada pero pantagruélica en su rango dinámico hasta deformar la onda sinusoidal hasta parecer un bloque de hormigón, como ocurre con muchos otros artistas. Yashira suenan así, así de bien, así de orgánicos, así de Albini, así de poco hechos y con pocas florituras, porque no van de nada, no hay intención de convencerte de lo que no son. Y, sin embargo, “Fail To Be” aunque roce la emocionalidad más visceral y se sienta el dolor, la rabia y la frustración, también es cerebral cuando, después de muchas escuchas, se siente plenamente intelectualizado y bien compuesto, bien escrito. Claramente dividido, entre el caos de la primera parte y una más pensada, más equilibrada, también más intrincada, no hay un solo segundo abandonado a la casualidad.

 

“The Constant” despega de manera violenta, con tres vocalistas, Barber, Mikos y Anderson, sonando a una mezcla de Neurosis y Converge, con cierto ruidismo en algunas partes y el toque a Full Of Hell, pero unos riffs que no ocultan sus querencias por la melodía del sludge más sudoroso y, por qué no decirlo, de ese caos tan bien administrado, que es “Shards of Heaven”, igual que “The Weight” puede recordar a los Mastodon más virulentos de su primera época y su enlace con “Impasse” hasta “Shades Erased” con Dylan Walker precisamente (de los mencionados, Full Of Hell, nada es por casualidad, amigos míos…) y su ritmo hipnótico, rompiendo el disco por la mitad, abandonando el caos, la síncopa, para resultar en un riff que es verdaderamente obsesivo, de esos que se quedan en tu memoria, para llevarnos lentamente a la segunda mitad de “Fail To Be”, esa que abre con “Amnesia” en la que abandonan temporalmente la tendencia de las primeras canciones del álbum para recordarnos a Isis en la guitarra que abre la canción y acercarse peligrosamente a la pulsión obsesiva, esa que es como una nube de pesado hormigón, y que tanto me recuerda a Cult Of Luna. 

 

No se trata de un espejismo, "Narrowed in Mirrored Light" confirma el cambio de tercio del álbum, sigue existiendo la pesadumbre sobre nuestras cabezas, Yashira lo saben y son conscientes de que no necesitan distorsión para lograrlo, como también nos demuestran que la elección de Ryan O'Neal no ha sido por casualidad. Las aguas se llenan de sangre y el color rojizo lo invade todo, “Intertia Mines” recuerda a “Crack The Skye” (2009) y la final “Kudzu”, sin embargo, satura el canal y nos golpea aún con más vehemencia, las guitarras de Mikos y Anderson son magníficas, mientras que la base rítmica de Barber y O'Neal, sobrecarga aún más el temporal que descargan sobre nosotros. 

 

El elogio monolítico de la belleza de la muerte nunca sonó mejor y, si su primer álbum fue un toque de atención, “Fail To Be” demuestra que hay que prestarles tanta atención como escuchas a un segundo álbum que, aún habiendo siendo publicado en 2020, no ha parado de sonar durante los primeros días de este nuevo año. Por favor, que nadie les quite ojo porque en dos años han crecido hasta convertirse en un auténtico monstruo.


© 2021 Conde Draco

 

Crítica: Transilvania "Of Sleep and Death"

Si hay algo que lamento entre los aficionados del mundo del metal, es el esnobismo y esa manía por justificarlo todo pero, más aún, la incapacidad para discernir lo que tiene calidad, de lo que no. Valga como ejemplo un disco como “Heritage” (2011) de Opeth, todos aceptan que es un disco regular (fundamentalmente por el cambio que supone y la colección de auténticos clásicos de la que los suecos venían), sin embargo, para mí es un gran disco al que recurro habitualmente y entiendo como visagra de la nueva carrera de Opeth, recuerdo su gira, cómo la disfrute y echo de menos algunas de sus canciones en sus directos habituales, sin embargo, para el fan medio del metal, es poco menos que una aberración, mientras esos mismos adoran una grabación, con todos sus pecados, como "De mysteriis dom Sathanas" de 1994 (nada que objetar de uno de mis discos favoritos, auténtica referencia seminal) y, al contrario, muchos otros lo desprecian y consideran que "What the Dead Men Say" (2020) de Trivium es una auténtica obra maestra de metal contemporáneo, que incluso a un chiste como Avatar le ven la gracia o son incapaces de admitir que Deafheaven también saben publicar basura, "Ordinary Corrupt Human Love" (2018). Es la doble cara, el doble rasero de un subgénero (como es el del metal, en cualquiera de sus variantes) que tiene mucho de pasional y en el que es tan fácil aparentar saber, como difícil justificar lo que el corazón manda o ponerle un poco de cabeza. Y todo esto para explicar a los austriacos Transilvania y aceptar que su propuesta bascula entre la copia y el chiste, con momentos muy dignos (todo hay que decirlo) y también disfrutables, pero con los que sorprende -como en muchas otras ocasiones- las pasiones que levantan, frente a la indiferencia que mostramos otros. "The Night of Nights" (2018) no es un mal debut, pero "Of Sleep and Death" (2021) sí me parece un indigno sucesor.

Ecos de los franceses Mütiilation, momentos propios de Tribulation bajo una copia casi calcada de Immortal y una brújula completamente desnortada cuando a su black metal europeo de quinta o sexta generación, se atreven a mezclarlo con heavy rancio y hasta un poquito de folk (sólo en los riffs, ojo, no en su instrumentación). La grabación de Christian Sander y Marco S. es francamente mejorable, no porque suene mal y eso en el black sea una aberración (todo lo contrario, si deseas ser trve), sino porque en "Of Sleep and Death" no parece intencional o por una falta de medios sino de pericia; acepto que la guitarra tenga predominancia en la mezcla, como también el croar de Čachtice, tan parecido al de Abbath, pero no la ausencia del bajo o que la batería de Paole Grando parezca carecer de caja marcando el compás. Otra cosa son los riffs, suenan efectivos y son pegadizos, pero el motivo de esto último es porque son estándar, genéricos en su composición, igual que las canciones. 

Como la introducción de “Opus Morbi”, por suerte, a la fantasmagórica apertura le sucede una más que digna canción en la que hay unos compases suficientemente épicos como para abrir un directo, pero también estar robados a los mencionados Mütiilation e incluso Tribulation. “Hekateion” es sensiblemente mejor en su segunda mitad, la primera parte es un batiburrillo en su ejecución, pero también en su robo a Inmortal y, claro, Abbath en solitario, lo mismo que la propia "Of Sleep and Death" o "Lycanthropic Chant" y ese riff con el que entramos en las estrofas, más propio de una banda de NWOBHM y que termina hecho un sándwich entre fraseos de black, por no hablar de la desastrosa parte coral de “Vault Of Evening” y cómo de raquítica suena la banda. “Heart Harvest” es un puro plagio, igual que la aburridísima “Mortpetten” y esos riffs que parecemos haber escuchado una y mil veces, convirtiéndose en un auténtico tostón enfrentarse a sus casi seis minutos, sin mostrar signos de amodorramiento. Por no hablar de “Underneath Dying Stars”, de la que únicamente merece la pena su introducción, sobrando los casi siete minutos posteriores de bandazos pretendidamente black.

Sin duda, Transilvania se han equivocado, "Of Sleep and Death" no es un mal disco, pero sí mediano, pasable, con algún momento interesante, pero muchos francamente olvidables. Todo ello sin haber mencionado su aspecto y temática vampírica, pareciendo una mala imitación de unos Cradle Of Filth del medievo y un álbum en el que no se sabe muy bien hacia dónde quieren apuntar, dejándonos con la duda de si tras "The Night of Nights" (2018) han bebido sangre emponzoñada con láudano o, por el contrario, fue culpa nuestra por depositar tantas expectativas en ellos.


© 2021 Lord Of Metal

Crítica: Malakhim "Theion"

Siempre resulta complicado escribir sobre una banda o artista que publica su primer álbum porque se nos priva de un pasado sobre el que teorizar y, perdónenme el atrevimiento; en una época en la cual las redes sociales están pobladas de expertos y a todos les gusta opinar, escribir durante sobre discos, cuando no hay pasión, se convierte en una auténtica prueba de fuego. Escribir sobre Metallica, Megadeth, Mayhem o Darkthrone, resulta sencillo para casi cualquiera, más para esa caterva de niños y niñas que armados con Spotify, Wikipedia o RateYourMusic lo tienen todo solucionado, aunque no sientan nada en absoluto y dentro de un tiempo hayan desertado, pero desarrollar criterio propio y aventurarse en una banda novel año tras año, es sólo para atrevidos o kamikazes. Un buen amigo sueco, Fredrik, me recomienda a Malakhim, nombre bajo el que se ocultan únicamente iniciales y Andreas Nilsson (Naglfar), como único miembro conocido dando la cara o, mejor dicho, el ‘corpse paint’. Pero, ¿qué nos encontramos en “Theion”? Pues simple y sencillo black metal, bien compuesto, bien interpretado y bien grabado, bien parido que siempre me ha gustado decir. Malakhim son herederos del black noruego pero también del sueco, sonando cercanos a Naglfar pero recordando muchísimo en el filo de sus guitarras a Watain, sólo que la voz aquí es más cavernosa, como una gruta, no tan rasposa como la de Erik y quizá lo que más llama la atención es la producción; a veces oscuro y con presencia de medios en lugar de los clásicos agudos, además de una reverberación que parece ser orgánica y no maquillada en el estudio, logrando momentos verdaderamente atmosféricos gracias al eco presente en las guitarras, lejos de la necesidad de crear ambiente, resultando natural en lo lúgubre de sus melodías, todo bajo la portada de Mitchell Nolte (autor también de la de "Too Close to the Sun" de Bloodmores o el último EP de Aborted, "La grande mascarade").

 

“There Is a Beacon” parece levantar un muro entre nosotros y ellos, de manera dramática crean una introducción en la que, en lugar de aburrirnos con una instrumental para luego noquearnos en su segunda canción, descubren todas su cartas a base de potentes riffs e intensidad, de intriga en su melodía pero también de mala leche, esa que parecen no tener inconveniente en administrar en grandes dosis, “Merciless Angel of Pestilence", mientras la voz se convierte en protagonista absoluta y parece sermonearnos con su recitado, sin olvidar de que la música saca filo a la canción y un estribillo que es plenamente audible e incluso fácil de recordar. “Slither O Serpent” recuerda a uno de los ya clásicos riffs de Tribulation, sólo que cuando Malakhim entran lo hacen a lo grande con una melodía más pausada y grandilocuente, sólo acelerada con la entrada de la voz, por toda la negrura del black. “Chalice of Ruin” es puro fuego nórdico, la batería no escatima en pegada o rapidez, mientras que la voz sí que se torna más gruesa hasta quizá la mejor del álbum, “His Voiceless Whisper”, tan magnífica e impactante, tan pura en sus orígenes que, aunque Malakhim no inventen la rueda, produce auténtico placer escucharla. 

 

Quizá sea ese uno de los puntos fuertes de los suecos, cuando uno escucha la machacona y nerviosa “Hammer of Satan” sabe que no quieren descubrir ningún territorio ignoto en el metal sino disfrutar y hacernos sentir lo propio, componer buenas canciones, esas que para las que parecen tener la fórmula secreta (“The Splendour of Stillborn Stars”) y hacernos creer que abren las puertas del averno con la propia “Theion”, cerrando un álbum que, a pesar de contener elementos ya escuchados una y otra vez, se siente fresco y excitante.

 

Siempre he dicho que, además de a las bandas, hay que prestarle atención a esas discográficas que, además de distribuir, buscan con mimo y nos traen a algunas de las grandes bandas del underground, pues bien, “Theion” está publicado por Iron Bonehead Productions, siempre al tanto de encontrar nuevos valores emergentes y aunque todavía sea pronto para saber si los suecos proseguirán su carrera y se convertirán en un nombre a tener en cuenta en festivales y futuras giras por salas, “Theion” se convierte en uno de los grandes debuts de este año que, entre nieves, acaba de comenzar. Nada mejor que pegar un sorbo de café hirviendo, escucharlo y ver cómo se derrite lentamente la nieve a través de la ventana.


© 2021 Lord of Metal

 

Crítica: Blood from the Soul "DSM-5"

Lo que más me gusta de Jacob Bannon y, por supuesto, de Converge es que son difíciles de clasificar y es esa característica la que hace su música tan atractiva; es metal, es alternativo, es sludge, es groove, es puto arte. Lo mismo que Bannon transfiere al proyecto de Shane Embury, Blood From The Soul, y este “DSM-5” que llega veintiséis años más tarde, sí has leído bien; "To Spite the Gland That Breeds" se publicó en 1994, un álbum que pasó desapercibido en su momento y que, escuchado décadas más tarde, adolece de una producción plenamente noventera, hundiendo su sonido en una suerte de hardcore, maravillosamente elaborado, obviamente porque en aquel, era Lou Koller (Sick Of It All) quien prestaba su voz, pero lejos de lo que Bannon demuestra aquí, en “DSM-5”, junto a Shane Embury (Napalm Death), Dirk Verbeuren (Megadeth) y Jesper Liveröd (Nasum). Siendo justos, conserva el halo alternativo-industrial del momento en el que nació el proyecto, pero vigorizado por la producción y la desquiciada voz de Bannon, además de un Verbeuren que parece haber hecho buenas migas con Embury y además firmó uno de los grandes trabajos del año pasado junto con Cadaver, una auténtica fiera tras los parches.

 

El músculo de "Fang Tooth Claw" ya nos demuestra por dónde van los tiros de “DSM-5”, el bajo de Jesper junto a la batería de Dirk, nos golpea en las sienes como si fuese un subidón de sangre a la cabeza, lo que ocurre es que ese latido, ese acelerón, nos acompañará doce veces en este álbum, logrando una catarsis que roza el exorcismo emocional; la introducción de "Ascend the Spine" recuerda a "To Spite the Gland That Breeds" sólo que aquí el puente evoca a Converge o The Dillinger Escape Plan, para estallar en sus estribillos. "Calcified Youth" es más melodiosa pero que ello no te engañe, el riff de Embury a la guitarra me parece brillante, como la forma de tocar de Verbeuren (al servicio de la canción), o el cambio de tercio que suponen composiciones como “Debris of Dreams” y “Sharpened Heart”, más afiladas y crudas, pero sin perder el encanto del proyecto. “Dismantle The Titan” es puro sudor, pura rabia en la fibra de unas guitarras herederas de Converge, como la esquizofrenia de "Encephalon Escape" o la bajada de “Subtle Fragment”, canciones que funcionan perfectamente, cuya fórmula no es la receta secreta de la originalidad, pero suenan estupendamente bien en la ejecución de los cuatro músicos, logrando que “DSM-5” suene innovador, a pesar de contener elementos ya conocidos.

 

El bajo de Jesper vuelve a ser el protagonista en "Terminal Truth" o “Sharpened Heart”, canciones que poco necesitan para captar tu atención, quizá la que más se resiente es “Self Deletion” porque su riff, aunque contagioso, suena demasiado a los noventa y tiene predominancia sobre el resto de instrumentos, algo que Blood From The Soul parece haber evitado en las canciones anteriores, cuando sonaban como un conjunto, algo similar ocurre con "Lurch of Loss" o con el final, la propia “DSM-5”, más cercana a Reznor que a Bannon, aunque nada de ello empañe un disco plenamente disfrutable y a un altísimo nivel. Lo único que espero es que no tarden tanto tiempo en volver a publicar y salgan a presentarlo cuando toda esta maldita pandemia acabe, pero mucho me temo que nada de eso depende de los músicos sino de nosotros y nuestra respuesta.


© 2021 Conde Draco

 

Crítica: Cadaver "Edder & Bile"

No es ningún secreto que Cadaver (Neddo, mejor dicho) es uno de los grandes secretos de la fría Noruega, no para el aficionado al metal extremo, sino para el gran público; ese que prefiere posar en Instagram con cervezas y vinilos de colorinchis pero con el que luego hablas en privado y no saben, es todo envoltorio. Ningún problema, Cadaver, además un marasmo de EPs, debutó con "Hallucinating Anxiety" (1990), el sobresaliente "...in Pains" (1992), la brutalidad que es "Necrosis" (2004) y ahora, Neddo, se marca un disco como "Edde And Bile" (2020) junto al simpático Dirk Verbeuren (que lleva prestando sus servicios tras los parches desde 2004), en el que, además de invitados de lujo Jeff Becerra (Possessed) o Kam Lee (Massacre, entre muchos otros), puede presumir de uno de los lanzamientos de este año, al que todos estamos deseando dar puerta, en el que hay tanta despreocupación por quitarle seriedad a todo (desde las letras, hasta su horrenda portada) como un disco de metal repleto de composiciones efectivas, a un grandísimo nivel, con una instrumentación acertada y técnica, con Verbeuren en un estado de forma impresionante y una producción, Adair Daufembach, plenamente efectiva que logra redondear en contundencia al trabajo de Neddo y Dirk, conformando un producto sólido, en el que nunca bajan la guardia, repleto de clichés (es verdad, no lo niego) pero tan acertados, con tan buen gusto, que "Edde And Bile" entra de un tiro y produce auténtico placer cuando es escuchado.

 

La matanza comienza con “Morgue Ritual” y Verbeuren sin respiro, golpeándonos sin piedad, dejándose la piel, la voz rota de Neddo y su guitarra. ¿Qué más puedo pedirle a un disco de metal? Death metal a mil revoluciones, sonando terriblemente bien, tan afilado como para acercarse al cáustico black pero sin perder sus señas de identidad. “Circle of Morbidity” cuenta con el mítico Jeff Becerra, de nuevo es una auténtica agresión sónica, Verbeuren no da muestras de agotamiento, su batería suena precisa y con una pegada increíble, mientras Neddo y Becerra se alternan, mientras que “Feed the Pigs” con Kam Lee, gruñendo como un perro rabioso y, cómo no, Dirk marcando el tempo con fiereza, se convierte en un puñetazo directo a nuestra nuez. Me gusta “Final Fight” por el cambio de compás, por su melodía, su inmediatez y cómo se parece desatar la furia en su puente, como “Deathmachine” o “Reborn”, parecen pisar el acelerador aún más, mientras que en “The Pestilence” se acercan a un death más clásico. Siete canciones entre las que, honestamente, no encuentro un solo signo de debilidad, en las que no nos dan tregua alguna, y sólo hay ganas de grabar un buen disco de metal. "Edde And Bile" cierra el círculo del álbum en su octavo corte, Verbeuren suena tan sobrado que parece una auténtica caja de ritmos mientras que Neddo parece calmarle en las estrofas y cantar con más rabia y desprecio que nunca.

 

Y es que en “Years Of Nothing”, volvemos a la melodía, al blackened death para terminar emputeciéndose pasándose de vueltas, con Neddo ejecutando un disonante solo más propio de Slayer que de Cadaver, y una más pausada, profunda y pesadísima “Let Me Burn” en la que el riff de Neddo parece contener los arrebatos de Dirk y un riff en el que sentimos el espíritu de Hanneman pero, esta vez sí, un solo más melódico y un final crujiente y atmosférico. Un álbum perfecto para acabar el año y olvidarlo o darle muerte a ritmo de buen death metal, puede que estos doce meses no hayan sido los mejores para nadie, incluida la propia industria musical, pero para los aficionados está siendo un auténtico vergel de buena música. "Edde And Bile" se merece entrar, sin ningún tipo de reserva, entre los mejores discos de metal de este 2020.


© 2020 Lord Of Metal

Crítica: Draconian "Under a Godless Veil"

Me suele ocurrir que hay bandas a las que admiro y respeto, pero con las que soy especialmente crítico, quizá porque son esas de las que más espero y con Draconian me ocurre que las expectativas eran muy altas tras "Sovran" (2015). En aquel había melancolía y sensibilidad, claro que sí, pero con profundas descargas de telones metálicos a cargo de inexpugnables muros de guitarras, era gótico, pero también doom. Con “Under A Godless Veil”, lo que me ocurre es que, a pesar de las guturales del diálogo de “Sorrow Of Sophia”, parece que son las fuerzas del bien son las que ganan a las del mal, parece que la voz femenina de Heike gana en presencia a la de Anders. El resultado es bello, no podía ser de otra manera en Draconian, los suecos saben perfectamente lo que hacen y son sinónimo de calidad, pero la victoria de Heike, el exagerado melodrama en arreglos, los lentísimos tempos y la ausencia de guitarras, logran que “Under A Godless Veil” se convierta en un parsimonioso paseo repleto de drama impostado, en el que hay momentos (“The Sacrificial Flame”) en el que uno llega a agradecer el atisbo de metal, la profundidad en las guitarras, pero cansa que Heike sea la melodía y Anders el recitado, cuando no -menos original- el gutural. 

 

Por otra parte, las composiciones de “Under A Godless Veil” no brillan por su originalidad en el amplio sentido de la palabra; a los arreglos de cuerda les siguen guitarras etéreas o con una distorsión tan taimada que cuesta identificarlas en la mezcla final, el mismo esquema y el abuso de la angelical Heike. ¿Suena bien? Por supuesto, Draconian son maestros, pero en “Under A Godless Veil” (bajo la producción de Johan Ericson) se repiten una y otra vez los mismos trucos. “Moon Over Sabaoth” tiene mayor pesadez y cuerpo, se siente más robusta, Heike adorna, pero sin empachar y, claro, sentimos estar escuchando a los Draconian de "Sovran". En la bonita “Burial Fields”, el recitado, sin embargo, pertenece a Daniel Neagoe y sirve como coda de una pieza de tintes cinemáticos de cuatro minutos y medio que parece dividir el disco y enlazar con “The Sethian” en la que disfruto enormemente del trabajo de Jerry Torstensson y cómo acompaña a Seike en las estrofas para desbocarse cuando entra Anders. “Claw Marks on the Throne” es preciosa pero, de nuevo, siento que un poquito más de riesgo no le habría venido mal o, por lo menos la sensación, de peligro de “The Sethian”.

 

La misma que derrochan en el cierre que es “Ascend into Darkness” y sus nueve minutos en los que cabe un poquito de todo lo que he echado de menos en “Under A Godless Veil” y no he tenido en canciones como “Night Visitor” en la cual, por ejemplo, Heike brilla con luz propia gracias a su bonita voz pero, en definitiva, lo que separa a la amargura sensible de Trees of Eternity o los mejores y más góticos Paradise Lost, de una banda como Within Temptation (con todo mi respeto hacia sus fans, inversamente proporcional a su gusto). Una pena, de “Under A Godless Veil” salvo algunas canciones y la constatación de que Draconian son incapaces de firmar un mal álbum, pero no puedo evitar volver a “Sovran”, escuchar una pieza como “The Wretched Tide” y sentir que algo se ha perdido por el camino.


© 2020 Conde Draco 

Crítica: Undergang "Aldrig I Livet"

A todo aquel que me pregunta por Undergang no puedo hablarle más que maravillas. Por supuesto, si lo tuyo no es el death metal más visceral (nunca mejor dicho), gore y desagradable, más aberrante y con olor a putrefacción, lo mejor es que te mantengas lejos de los artefactos que los daneses suelen facturar, pero también es verdad que a poco que ames el death, si has vivido décadas pretéritas y echas de menos los trabajos más brutales de Carcass o los mis adorados Autopsy, Undergang es tu banda. He de reconocer que “Misantropologi” fue uno de mis discos favoritos de 2017 y si fue así es porque la banda es capaz de atrapar el hedor a pútrido en cada uno de los surcos de sus vinilos y, tal y como afirmaba con su anterior álbum, sentir el alma de Reifert. Pues bien, tres años más tarde, Undergang regresan con “Aldrig i Livet” y, queridas almas oscuras, lo que nos encontramos es el mismo sentimiento de ultratumba, de tripas al aire y charcos de sangre pasada de fecha que lograron en “Misantropologi”, "Døden læger alle sår" (2015), "Til døden os skiller" (2012) y, claro, "Indhentet af døden" (2010) porque una de sus grandes virtudes es potenciar aquello en lo que se saben ganadores, sin perder su identidad y tampoco tener la sensación de que estén caminando en círculos. La producción de “Aldrig i Livet” tiene mayor profundidad que en “Misantropologi”, pero no abandona esa zona gris y densa, obtusa y opaca, en la que todo buen disco de death metal gore debe moverse sí o sí. “Aldrig i Livet” es viajar en el tiempo a primeros de los noventa, por supuesto, pero también caer en una fosa tan profunda y húmeda como para que nos sintamos cómodos escuchándolo. ¿Suena raro, verdad? El placer por lo horrendo, por el esperpento, por el terror…


La introducción que es “Præfluidum” ya nos lo advierte con sus gorgoteos vocales, su erupto gutural y la cavernosa profundidad de David Mikkelsen. El enlace con "Spontan bakteriel selvantændelse" es vibrante y natural, su guitarra relincha, pero navegamos entre medios y graves, ninguna estridencia, tan sólo puro y pútrido death metal. Suena “Indtørret lig” y parece crust por su atropello, pero también nos acordamos de Demilich y, claro, de Carcass, se aceleran y nos vomitan encima, sentimos estar patinando en un charco de bilis y sangre, ¿es real? El adelanto que fue “Menneskeæder” confirma que la influencia de Steer es innegable pero también que la aspereza no está reñida con una melodía poco obvia, enterrada bajo capas y capas de distorsión, con un sonido comprimido como una bala en el cráneo. “Ufrivillig donation af vitale organer” es tan truculenta que rompe el encanto punk de la anterior pero en esta recuerdan más a Obituary brutalizados por su sed de glóbulos rojos, me encanta la batería de Pedersen y el bajo de Osborne, tanto como el estrangulamiento de David al comienzo de “Sygelige nydelser (Del III) Emetofili” y cómo la canción parece acelerarse de manera machacona al pulso de una guitarra nerviosa para, segundos después, marcar un ritmo pesadísimo más cercano al doom que al death.

 

“Usømmelig omgang med lig” posee quizá el riff más sencillo pero efectivo de todo el álbum, además de resultar totalmente mortífera; me gusta la voz de David y las guitarras, cómo Osborne le sigue y Pedersen parece castigar los parches, tanto o más que el ambiental comienzo de la propia “Aldrig i Livet” y cómo la banda se despereza tras siglos bajo la tierra, cómo van arrancando hasta llevarnos a su terreno, algo muy parecido a lo que ocurre con la cadencia de ‘Rødt Dødt Kød’ o ese final con "Man binder ikke et dødt menneske" y que nos hunde aún más en esa tumba repleta de gusanos que describía al comienzo de esta crítica en la que, como afirmaba, si amas el death metal más purulento y gore, el más terrorífico, con olor a tierra húmeda, Undergang son lo tuyo. Como aseguraba con “Misantropologi”, también lo hago con “Aldrig i Livet”, estos jodidos daneses han vuelto a grabar uno de los discos del año, menudos últimos meses de lanzamientos…


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Crítica: Hellripper "The Affair of the Poisons"

Si hay un subgénero dentro del metal al que cada año que pasa le preste menos atención es, sin duda, el thrash y quien diga lo contrario miente, por lo menos en parte. Más allá de las vacas sagradas, de los discos clásicos, lo único que encuentro en los últimos años, son un pastiche y discos o, en la mejor de las suertes, canciones que nos recuerdan a una u otra banda, cuyo comienzo es el de este u otro clásico, cuya actitud -repleta de clichés- convierten al género más callejero, rápido y cortante del metal en poco menos que una parodia. Pero, como por casualidad, hace tres años llegó a mis manos “Coagulating Darkness” (2017) y sentí como todas y cada una de las canciones de James McBain me dejaban exhausto según las iba escuchando. ¿Fue toda una carambola de las musas o, por el contrario, James es un tipo tocado por una varita divina? Pues "The Affair of the Poisons" confirma la segunda de estas hipótesis y rompe los prejuicios sobre la edad, la calidad y la autenticidad porque con tan sólo veinticinco años, McBain se mea en la cara de miles de músicos de su quinta y, por supuesto, muchos otros más mayores (también más cansados) publicando el disco que ya quisieran muchos para sí. ¿No sabes nada de Hellripper? Imagínate el rock de unos Motörhead completamente empastillados, el metal punzante de Bathory, el thrash más cortante de la Bay Area y el black de Mayhem en “Deathcrush” y podrás hacerte de lo que McBain factura en “The Affair of the Poisons”.

 

Y es así desde el primer segundo, cuando suena la homónima al álbum y sentimos la pesadez del black más parsimonioso, hasta emputecerse y sacarle filo a las guitarras mientas James se desgañita, sonando por todos aquellos maestros de los ochenta que rompieron en la escena; los riffs suenan inspirados, no hay nada tan innovador como para creer que McBain es un pionero, pero hay actitud de cojones, mala ralea y ráfagas black con thrash y thrash con speed. La trotona “Spectres of the Blood Moon Sabbath” se acerca más que nunca a esa mezcla bastarda entre Motörhead y Iron Maiden, no bromeo cuando digo que es la mezcla perfecta entre los riffs de unos, las melodías de otros y el gañido más desagradable del black, junto a la mala baba heredera del punk en el thrash, es incluso cuando “Vampire's Grave” arranca, de nuevo, por Lemmy, sentimos que nos montamos a lomos de una violentísima moto, sedientos de sangre en mitad de la noche.

 

“Beyond the Convent Walls” y, fundamentalmente, “Savage Blasphemy” son un auténtico torbellino que te recordarán a los Metallica de “Kill 'Em All” (1983), para darnos un respiro con “Hexennacht” pero sin dejar de apretarnos las tuercas, McBain nos descerraja un tiro en plena frente con "Blood Orgy of the She-Devils" y un toque más cercano al hard rock en los ‘licks’ mientras que el riff es puro rock, logrando un thrash and roll que parece perfeccionar en la despedida con la cafre “The Hanging Tree”. Ocho canciones, tan sólo ocho canciones, veintinueve minutos de mala leche, de patadas y cabezados, de electricidad que recorre tu cuerpo, de una mezcla de subgéneros tan acertada que, repito, vuelve a sorprender por su juventud, sus ganas de romper y lo que desprenden sus canciones. Interpretado por el propio McBain, grabado y mezclado por él mismo, con tan sólo la ayuda de Clark Core en las voces de "Beyond The Convent Walls" o las guitarras puntuales de Joseph Quinlan ("Spectres of the Blood Moon Sabbath" y "Vampire’s Grave"), "The Affair of the Poisons" es uno de los discos del año, sin duda, y un serio candidato a convertirse en clásico de culto. No pierdan ustedes de vista a James McBain, nosotros no lo haremos…



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