"Mirror Reaper" de BELL WITCH o la eterna sensación de ausencia...

Especial, sencillamente especial, y no apto para todos los gustos pero sí para aquellos que buscan una experiencia vital a través de la música…

"Nightbringers" de THE BLACK DAHLIA MURDER; joder si tiene encanto...

Nadie suena como ellos en un álbum que bien podría entenderse como el mejor de su carrera hasta la fecha.

FOO FIGHTERS regresan con "Concrete And Gold"

Qué razón tenía Neil Young en "Hey Hey, My My (Into The Black)", es mejor arder que desvanecerse poco a poco...

Jacksonville en Madrid...

El triunfo de RYAN ADAMS en su paso por nuestro país, con "Prisoner" bajo el brazo. Esos grandes para los que a veces parece que sí hay un reemplazo...

"Hydrograd" de STONE SOUR no es lo que parecía

Le guste o no a Corey Taylor, STONE SOUR siempre será el proyecto paralelo del cantante de SLIPKNOT...

ROGER WATERS ha vuelto, nunca se fue...

Su mejor álbum desde "Amused To Death", atrevido pero también nostálgico...

"Emperor Of Sand" de MASTODON

El cáncer, el paso del tiempo y la redención en la nueva obra maestra de los de Atlanta.

PILLORIAN, de las cenizas de AGALLOCH

John Haughm vuelve a la carga con uno de los mejores discos del año, "Obsidian Arc"

KREATOR, el olor del buen thrash alemán por la mañana...

Su intención era continuar la senda de "Phantom Antichrist" pero han parido un nuevo monstruo aún más feroz...

El emotivo lanzamiento de LAMB OF GOD

"The Duke" es la historia de una estoica lucha contra el cáncer pero también de una amistad...

Fenriz y Nocturno Culto han vuelto con "Arctic Thunder"

Crítica y fans siguen ladrando al paso de DARKTHRONE, luego cabalgan...

Ese genio llamado DEVIN TOWNSEND

Nueva dosis de grandilocuencia, sobreproducción y exceso creativo del canadiense en "Transcendence"...

ALEMANIA no levanta cabeza...

Primero nos decepcionaron DESTRUCTION con "Under Attack" y ahora son SODOM con "Decision Day", por suerte tenemos a KREATOR.

NAILS: "Nunca serás uno de los nuestros"

Si este álbum se hubiese publicado en los ochenta estaríamos hablando de todo un disco de referencia, una obra seminal en la que muchos artistas se mirarían y buscarían para definir su propio sonido.

HARAKIRI FOR THE SKY regresan con "III:Trauma"

Los austríacos parecen firmar el final de un trilogía con su mejor álbum hasta la fecha.

¿Un disco de thrash progresivo, conceptual y ambientado en el espacio?

VEKTOR han firmado uno de los grandes álbumes del año. Tan técnico y apabullante como emocionante y épico que te deja con ganas de más.

La escapada a ninguna parte de RED HOT CHILI PEPPERS...

Aquellos que esperan reencontrarse con los Chili Peppers de siempre se darán de bruces con un disco atípico y con canciones poco inspiradas o indignas de unos músicos que podrían dar mucho más de sí y parecen haber perdido la frescura.

El irregular regreso de DARK FUNERAL

Los suecos aciertan de pleno en el título de su nuevo álbum en el que, en efecto, sólo hay sombras, poca luz y menos oscuridad...

"Magma" de GOJIRA: el disco de la polémica.

Para muchos es una obra maestra, para otros el primer paso en falso de los de Bayona. Los hermanos Duplantier, por primera vez, no cumplen las expectativas.

La decepción de DESTRUCTION...

Tras muchas escuchas, el último álbum de los thrashers alemanes muestra su gran punto débil en la composición.

ROB ZOMBIE repite la misma fórmula...

Resulta complicado evaluar un álbum que ya hemos escuchado un millón de veces a lo largo de los últimos veinte años pero con título diferente, Rob Zombie produce discos como una cadena hamburguesera; sacian al instante pero no alimentan a la larga...

La piscina con forma de luna de RADIOHEAD

Cincuenta y dos minutos y once canciones es lo único que le hace falta a la banda para demostrar que siguen siendo tan geniales como sorprendentes tras cinco años de ausencia...

Así es "Dreamless" de FALLUJAH

Mejorando el sonido en el estudio tras "The Flesh Prevails" pero con una segunda cara regular, electrónica y repleta de altibajos.

AMON AMARTH: nunca des la espalda a un vikingo

"Jomsviking" es el mejor álbum de los suecos desde "Twilight of the Thunder God", Odín vuelve a estar con ellos...

¡Nos largamos de nuevo al HELLFEST!

Nos llena de orgullo y satisfacción; otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo... le meilleur festival du monde!!

Jesse Leach se abre en "Incarnate" de KILLSWITCH ENGAGE

Y publican un álbum sólido y coherente pero la sombra de "Alive Or Just Breathing" es alargada…

"Phenotype" de TEXTURES; ¿tendremos que esperar a escuchar su genotipo?

Los holandeses vuelven con un álbum bajo el brazo para el que deberemos esperar a su segunda parte para saber si han acertado en el blanco...

IGGY y HOMME; la extraña pareja...

"Post Pop Depression" ha sido una de las grandes sorpresas de este año y el mejor desde "American Caesar"

ABBATH es el auténtico rey de Blashyrkh

El noruego demuestra que hay vida después de Immortal y se lo pone difícil a Demonaz con un álbum repleto de fuerza y frío invernal...

CASPIAN; cuando la música puede ser arte.

Los de Massachussets han parido su mejor álbum hasta la fecha; arriesgando sin perder su identidad y conservando toda su emoción.

AHAB queman las barcas...

Los alemanes han grabado un auténtico monstruo con canciones de más de diez minutos capaces de mantener tu atención y tu alma en vilo…

La mecánica de fluidos de TAME IMPALA

Kevin Parker, en constante cambio, se disculpa por ello en sus canciones pero firma uno de los discos del año.

Y al séptimo disco, CRADLE OF FILTH resucitaron…

Nueva formación y las canciones más inspiradas que Dani Filth ha escrito en los últimos quince años...

BLUR contraataca con un regreso por todo lo alto

Doce años después, los ingleses publican "The Magic Whip" y consiguen el aplauso unánime de crítica y público con un disco diferente.

DYLAN por SINATRA, en estado de gracia.

El auténtico placer de cumplir años es no tener ni Dios ni amo; decidir a quién se le da la mano...

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

Han logrado que WEEZER publique uno de sus mejores discos en años, "Everything Will Be Alright In The End".

¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

Cuarenta minutos de abstracción

Un disco fascinante, extraño, menor pero extrañamente bonito, diferente y excitante...

Crítica: Ghost "Ceremony And Devotion"

Les parecerá mentira a todos los detractores de Ghost pero ya han pasado siete años desde su debut y la carrera de la banda sueca no ha hecho más que crecer. Debe ser muy jodido querer defenestrar los logros de un artista que está en su mayor momento de popularidad, pero también de creatividad. Por desgracia, los últimos meses se han visto empañados por la demanda de los Nameless Ghouls que ha dado al traste con el anonimato (como si realmente importara) de los propios músicos y de Tobias Forge; algo que, por otra parte, era un secreto a voces, no era relativamente complicado encontrarse a Forge en el backstage de los festivales en los que actuaba Ghost. Supongo que la aceptación pública de sí mismo como Papa Emeritus no ha sido más que una estrategia para quitarle a sus excompañeros la única herramienta de presión, de extorsión, y ha evidenciado con tristeza que aquellos, como ellos mismos han reconocido, “reclaman lo que es suyo” y es que tocaron con Emeritus pero, por el contrario, no aportaron nada en absoluto; no escribieron, no compusieron, el concepto o la estética pertenece, por completo, al Papa de manos enguantadas como Mikey Mouse, ellos únicamente se limitaron a interpretar lo que se les pedía...

“Ceremony And Devotion” es el documento necesario para evidenciar el buen momento en el que Ghost se encuentran; tras la publicación de uno de los mejores discos de debut de los últimos diez años, “Opus Eponymous” (2010), continuar su buena suerte con “Infestissumam” (2013), supieron rematar con “Meliora” (2015) y una mastodóntica gira en la que servidor ha llegado a verles hasta en tres ocasiones (a cada cual más espectacular y realizada con más mimo, dos veces en Black to the Future Tour y otra en Popestar Tour). Para colmo, al EP “If You Have Ghost” (2013) le han sumado esa auténtica maravilla que es “Popestar” (2016) con la irresistible “Square Hammer” como single. ¿Por qué es necesario “Ceremony And Devotion”? Es el importante testimonio del triunfo de una banda europea en el difícil mercado norteamericano y es que ese salto que Ghost ha logrado con aparente facilidad no lo es y así nos encontramos cientos y cientos de ejemplos de bandas que logran las mieles en su escena (Europa o Norteamérica) y les cuesta horrores dar ese salto mencionado. En muchas ocasiones se debe a la compleja logística y la consiguiente e importante inversión que supone cruzar el charco (en uno o ambos sentidos) pero Ghost, aunque joven, es una banda demasiado grande como para quedarse en casa, necesita aprovechar su actual tirón para ampliar sus fronteras y el lujoso “Ceremony And Devotion” es un magnífico ejemplo de cómo hacerlo sin despeinarse.

Todos los que les hayan visto en directo no se sorprenderán de los gritos histéricos al comienzo de “Square Hammer”, el single lo merece, pero la entrada de Emeritus III flanqueado por los Nameless Ghouls produce emoción e incluso sus mayores enemigos no pueden negarse a un estribillo así. La secundan “From The Pinnacle To The Pit” o ese clásico moderno que es “Con Clavi Con Dio” y ese canto que es capaz de unir a gargantas de cada casa y pelaje: “Sathanas We are one. Out of three… Trinity!”

“Per Aspera Ad Inferi” nos adentra en “Infestissumam” y una de esas canciones que crecen en directo y cuesta horrores sacarse de la cabeza; “Body And Blood”, aquella en la que Emeritus suele dar la comunión. “Devil Church” se funde con las notas inmortales de “Shine On You Crazy Diamond, Parts I–V” de Gilmour de Pink Floyd y sirve como introducción a “Cirice”, en la que uno ha de entender el éxito de Ghost cuando resuena su estribillo; “I can feel the thunder that’s breaking in your heart. I can see through the scars inside you. I can feel the thunder that’s breaking in your heart. I can see through the scars inside you…” y escuchas a Papa Emeritus III reclamar con éxito, una vez más, la voz de sus fieles.

El bonito piano de “Ghuleh” sirve de introducción, como no puede ser de otra forma, a la surfera “Zombie Queen” y de ahí a ese himno que es “Year Zero” o el single más bonito (difícil elección) que han sabido componer hasta la fecha, “He Is”, en la que se palpa, se siente la magia que desprenden en directo, tras el interludio de “Spöksonat”. Para concluir, una recta final de auténtico lujo con la atropellada “Mummy Dust” y ese “Absolution” en el que, de nuevo, todas las voces parecen fundirse en una, la ya clásica “Ritual” por Toto o la comunión absoluta con el público que resulta ser la emocionante (en directo o en estudio, me da igual) “Monstrance Clock” y que suele dejar ese sentimiento de majestuosidad y emoción inherentes a una de las ceremonias de Emeritus en directo.

El paso lógico, el cierre necesario para un tramo de tres álbumes, dos EPs y una gira triunfal en la que Ghost siguen escalando posiciones y convirtiendo a chavales, y no tan chavales, de medio mundo a su religión. Puedes criticarles, pueden no gustarte, pero se lo han trabajado y Emeritus está entrando en la cultura popular de una manera tan efectiva como infecciosa. Claro que sí, “One more time for Papa!”

© 2017 Lord Of Metal

Crónica: Helloween (Madrid) 09.12.2017

SETLIST: Halloween/ Dr. Stein/ I'm Alive/ If I Could Fly/ Are You Metal?/ Rise and Fall/ Waiting for the Thunder/ Perfect Gentleman/ Starlight/ Ride the Sky/ Judas/ Heavy Metal (Is the Law)/ Forever and One (Neverland)/ A Tale That Wasn't Right/ I Can/ Livin' Ain't No Crime/ A Little Time/ Why?/ Sole Survivor/ Power/ How Many Tears/ Eagle Fly Free/ Keeper of the Seven Keys/ Future World/ I Want Out/

Qué difícil escribir la crónica de un concierto que nunca creíste que llegarías a vivir; porque relatar una noche así es muy diferente cuando estás allí presente a cuando, con más frialdad, la ves desde la comodidad del sofá de tu casa, como puede llegar a ser en el caso del próximo DVD de Helloween. Y digo qué difícil porque un concierto no es únicamente la interpretación o el sonido sino también el ambiente, la compañía, los apretujones, la gente cantando alrededor tuya… ¡eso es lo que le da forma! Y con esta reunión de Helloween todos teníamos nuestras reservas, ¿Michael Kiske compartiendo escenario con Markus y Michael de nuevo? ¿Qué clase de broma podría ser algo así? ¿Y qué pasaría con Andi? Sin embargo, parece ser que el auténtico guardián de las siete llaves no es otro que el mismísimo Kai Hansen. Y es que el simpático guitarrista, convenció al testarudo Kiske y volvió a haber conexión entre Weikath y él. ¿Qué es lo que te he hecho para que seas incapaz de perdonarme? -le dijo el delgaducho guitarrista a un Kiske que cedió a una histórica reunión en la que únicamente han faltado Roland Grapow (al que parece ser que ni siquiera le preguntaron) y, por supuesto, el entrañable Ingo que por supuesto que estuvo presente pero a través del recuerdo y esa enorme pantalla en la que se batió en duelo con Daniel Löble durante su solo.

Crítica: Morbid Angel "Kingdoms Disdained"

La última vez que vi a Morbid Angel en directo se podía cortar con un cuchillo la tensión entre Trey y David pero mientras uno se mantenía profesional y en silencio, el bajista y vocalista parecía constantemente a la defensiva y fuera de sus casillas por todo y con todos. La actuación fue tan impactante como uno podría esperar de la banda actuando en plena madrugada, cerrando la segunda jornada de un festival, pero fue el final de aquella formación y del polémico capítulo que sigue siendo “Illud Divinum Insanus” (2011). Y es que soy de los que opinan que, aún con todo el dolor de mi corazón, David Vincent nunca debería haber vuelto a la banda tras “Heretic” (2003). No es que “Illud Divinum Insanus” fuese mal recibido, es que aquello no había por dónde cogerlo. Ahora sabemos que Azagthoth estuvo ausente y que apenas compuso la mitad de un disco que se muestra errático. Es verdad que cualquiera que conozca mínimamente la carrera de Morbid Angel, sabrá que no hay dos títulos iguales (hace poco leía una entrevista a Tucker y este lo explicaba de una manera muy clara; si preguntas a un seguidor de Metallica cuáles son los mejores discos de la banda te dirá que “Ride The Lightning” o “Master Of Puppets” pero si le preguntas al público de Morbid Angel, cada uno te dirá un disco diferente…) pero lo que ocurre con un álbum como “Illud Divinum Insanus” es que el material que lo compone no llega al nivel habitual (“Too Extreme!”, ¿estamos de broma?), la producción (se siente, se nota la mano industrial de Sean Beavan en la mezcla) y ese puntito rupturista se percibe más bien como una traición a los postulados más elementales, logrando la auténtica cuadratura del círculo y que no es otra que el que la mitad de los seguidores del género lo ignore y la otra mitad lo desprecie, convirtiéndose en un álbum abiertamente reconocido como mediocre, por crítica y público. Aquello originó esa malsana tensión que antes relataba, cuando Azagthoth sintió que su proyecto, Morbid Angel, tomaba una dirección errónea y Vicent digería aún peor las críticas, con lo que él y Tim Yeung salieron por la puerta de atrás mientras el vocalista clamaba por el nombre y la autoría de muchas canciones de la época más clásica y gloriosa de los de Tampa. ¿Cuántas veces hemos sido testigos de casos similares en el mundo de la música? ¿Cuántas veces volveremos a verlo?

Con Vincent dedicado al country más outsider y ahora de gira con Yeung, haciendo caja como I Am Morbid (como aquel horror de canción del nefasto “Illud Divinum Insanus”) interpretando las canciones más añejas de Morbid Angel, la madre de Azagthoth lanzando dardos envenenados a aquel que, según ella, sigue aprovechándose del talento de su retoño. No es de extrañar que un tipo tan genial como Trey se sumergiese una vez más en su arte y mirase al frente, reclutando a Scott Fuller, Dan Vadim Von a las guitarras y recuperando a Steve Tucker para alegría de todos nosotros. Veréis, no estoy tan ciego como para no ver que “Heretic” (2003) fue un pequeño paso en falso, pero es que “Formulas Fatal to the Flesh” (1998) y “Gateways To Annihilation” (2000) nos hicieron ver a todos que había vida tras la primera marcha de Vincent, que tras “Domination” (1995) todavía corría sangre por las venas de Morbid Angel.

“Kingdoms Disdained”, seguimos por orden alfabético (nada extraño para cualquier seguidor veterano en una banda cuyo líder, amo y señor, padece de síndrome de Asperger) y, además del regreso de Tucker, la mano de Erik Rutan en la producción; el inmenso morbo por saber si la Morbid Angel continuarían la senda de “Illud Divinum Insanus” (algo lógicamente impensable), retomarían el camino de “Heretic”, lo ignorarían volviendo a “Formulas Fatal to the Flesh” y “Gateways To Annihilation” o, por el contrario, volverían a la esencia más primitiva de la banda. Pero, ¿cuál es esa?

Pues ni una cosa, ni la otra, pero todo a la vez y muy agitado. Perdonad que lo mitifique, pero Trey Azagthoth no es un artista interesado en el dinero (algo que ha quedado más que claro a lo largo de los años) sino uno auténtico y genuino que entiende la música como una valiosa válvula de escape, como verdadero arte con el que expresarse. Así, “Kingdoms Disdained” no sorprenderá a nadie, como tampoco revolucionará la escena, pero supone el reencuentro con el binomio Azagthoth y Tucker, la confirmación de que “Illud Divinum Insanus” está bajo tierra y olvidado y Morbid Angel vuelven a mirar desafiantes a su público, con canciones nuevas que interpretar en directo mientras Vincent y Yeung siguen interpretando una y otra vez, noche tras noche, las canciones de “Altars of Madness” (1989), “Blessed are the Sick” (1991) o “Covenant” (1993), entre muchas otras.

El primer gran alivio llega al escuchar "Piles of Little Arms" y sentir que vuelven a sonar a puro y duro death metal, el riff de Trey es tan adictivo como magnífico el trabajo de Fuller o profunda y rasgada la garganta de Tucker. Como escuchar “D.E.A.D” es ser testigo de la locura que debe ser estar en el interior del cerebro de un auténtico monstruo como Azagthoth con una de las mejores canciones de todo “Kingdoms Disdained” y, aunque la también enorme “Garden Of Disdain” suena demasiado a “Where The Slime Live” y en ella tirarán de groove (aunque quizá no tanto como en “Paradigms Warped”), se lo podemos llegar a perdonar por cortes como “The Righteous Voice” en la que Fuller demuestra calzarse las botas de Sandoval con éxito, convirtiéndose en una ametralladora. Mientras que “Architect and Iconoclast” o la marcial "Declaring New Law (Secret Hell)" quizá sean las que hagan bajar la nota media al álbum, pero en cambio demuestran un magnífico trabajo compositivo, como ocurre con la única canción escrita por Fuller y Tucker, sin Trey, "From the Hand of Kings", una auténtica bestia en la recta final.

"The Pillars Crumbling" es fácilmente uno de los grandes momentos, como “For No Master”, en las que las guitarras parecen directamente centrifugar sus riffs, o ese magnífico broche que es “The Fall Of Idols” (¡pura magia la que emana de las manos de Trey!) para un disco como este, en el que quizá lo único que lastra su escucha son las expectativas depositadas en un artista con mayúsculas que no sólo supo escribir sino también interpretar capítulos imborrables de la historia del death metal. “Kingdoms Disdained” no es una obra maestra pero sí aquel que deberían haber publicado tras “Heretic”; complejo, crudo y robusto, no puedo pedirle más a Azagthoth, por el momento…

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Crítica: Amenra "Mass VI"

Hubo una época en la que creí que la música de Amenra podía conectarme con otra persona, por el camino se me olvidó que quizá no era aquella a la que debería haberme unido y, por suerte, tal y como vino, se esfumó, pero las canciones de Amenra, “Mass V”, se quedaron en mi vida por y para siempre. Como todo, el tiempo pasa y -por suerte- llegan otros ojos, otras manos y otras bocas que te susurran al oído; “no son las canciones, eres tú”. Y te das cuenta de que la gran mayor parte de personas que te rodean en tu vida están de paso, muchas invirtiendo todo el tiempo posible del que disponen en esa eterna búsqueda por encontrar erróneamente la felicidad en otros o, como aquella tan fea, devorando el alma de los demás con su propio vacío y necedad. Mientras otros, gracias a la música o esa otra herida que nunca sanará -quién sabe- entendemos que para entrar en alguien tan sólo te hace falta una nota pero para conocerse a uno mismo hace falta mucho más, que el amor es el dolor, mientras la felicidad está en uno mismo. Así es la música de Amenra, terriblemente introspectiva y quizá es por eso que requiere de tiempo pero tan cierto como que la recompensa es enorme. Como no podría ser de otra forma, titulan a su sexto trabajo como “Mass VI” y aunque muchos creen ver en él el disco más crudo de Amenra, no es así pero sí el más descarnado; si la música de los belgas es habitualmente la estética de la negación y la pasión que derrochan es porque, simple y llanamente, esta emana de sus propias vísceras; en “Mass VI” lo que nos encontramos es el exorcismo de la pena y las pérdidas experimentadas por los músicos, el alarido primitivo de un animal herido que expresa todo su dolor a través de unas canciones que sirven como bálsamo. No llega a la suprema genialidad de “Mass III” o “Mass IIII” pero eso es irrelevante cuando estamos hablando de sentimientos y canciones hechas con el corazón, nada de eso se puede o se debe medir con una regla.

Claro que hay novedades en “Mass VI” pero no son las voces melódicas de Colin en “Children Of The Eye” en ese esquema ya clásico suyo en el que se alterna el tono más esquizoide con el susurro, las hipnóticas guitarras de Mathieu y Lennart son también puramente suyas, puramente Amenra, como esa pesadísima losa en que se convierten Bjorn y Levy. Y, sin embargo, pese a que todo suena familiar, la ejecución de la banda es perfecta, todo suena en su lugar; sucio, denso, oscuro, frío y desolador, como si hubiesen llegado a otro estadio como músicos. La noche se cierne aún más oscura cuando Colin parece musitar la letra; “Come rain, wash us all away. Here come the first wave, nothing will remain…”

Tras el interludio hablado de “Edelkroone”, llega el momento más emocional de todo “Mass VI”, “Plus Pres de Toi (Closer to You)”, basada en el canto religioso “Nearer To God To Thee” (Génesis 28:11-19,​ la historia de la Escalera de Jacob, “Más cerca de ti, Señor”) una tormenta en la que Colin se dejará la garganta y la banda parecerá devorarle hasta ese puente tan melódico que sirve para forzar aún más la emotividad, como si la cuerda necesitase ser soltada antes de ser tensada aún con más fuerza. Uno de los mejores minutos de todo el álbum y nada de lo que asustarse; aun bajando el volumen y subiendo la melancolía, siguen sonando tan oscuros y amenazantes como siempre, tanto que necesitaremos de “Spijt” para salir de ese oscuro agujero en el que nos habían sumergido, dándole la vuelta por completo al sentimiento original de la canción.

Pero si la emoción se apodera de nosotros en “Plus Pres de Toi (Closer to You)”, será en “A Solitary Reign” en la que sentiremos que el auténtico clímax de “Mass VI” ha llegado; de nuevo voces melódicas de Colin pero esta vez casi sin alternancia con el clásico gañido sludge tan propio suyo sino más cerca que nunca de la poesía, de la belleza de un salvaje cruce entre Maynard Keenan, Jacob Bannon o un Scott Kelly llorando sobre las guitarras de Mathieu y Lennart.

Pero que nadie se engañe, porque Amenra son incapaces de perder sus señas de identidad en un álbum que parece compuesto con milimétrica exactitud y que comienza y acaba como debe, “Diaken” es quizá la más pesada y gruesa del conjunto y nos deja claro lo fútil del absurdo pensamiento a modo de consolación cuando uno pierde a un ser querido y cree que únicamente son heridos los que se quedan porque el verdaderamente jodido es el que se ha ido y esa ascensión es la que parecen narrar Amenra en “Mass VI”; lo que uno llora no son las ausencias sino el marchitar del amor, el amor es el único y verdadero tormento...

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Crítica: U2 “Songs Of Experience”

Recuerdo aquellos tiempos en los que descubrir un nuevo álbum de U2 requería tiempo, cuando uno escuchaba aquel tintineo que anunciaba “Zoo Station” y se encontraba con el abrupto rompe y rasga de la guitarra de The Edge, cuando sonaba “Zooropa” y todos nos preguntábamos qué significaba todo aquello o incluso irrumpía “Mofo” por todos los noventa del mundo y no sabíamos si lo que estábamos escuchando era U2 o la última producción de Goldie. Pero hace veinte años de todo aquello y, si bien los irlandeses una vez se caracterizaron por la valentía y el no mirar atrás, los tiempos cambiaron y llegaron “Elevation” y “Vertigo”, buenos tiempos para las ventas; malos tiempos para aquellos que identificábamos a la banda con música de calidad, con poso y no simple y puro pop. Hace ya tiempo que escuchar un disco de U2 no entrama ninguna dificultad, ni tiempo para asimilar lo escuchado, el sonido de “Songs of Innocence” o “Songs of Experience” es el mismo que aquel de “All That You Can’t Leave Behind” (por eso de un back to basics, aunque ahora lo adornen con algún teclado o sampler) excepto por la bendita presencia del rotundo bajo de Adam Clayton. Brian Eno o Lanois se perdieron por el camino y U2 parecen inmersos en la constante búsqueda por seguir resultando relevantes, por seguir teniendo algo que decir pero, ¿cómo explicarle a Bono y The Edge que eso va a ser difícil de lograr cuando adónde están dirigiendo sus miradas es a Bon Iver, War On Drugs, The National, The Killers o unos difuntos Franz Ferdinand?

Cuando en los noventa U2 miraban a su alrededor -sedientos de creatividad- eran unos músicos de treinta y pocos años, hambrientos por crecer, no sólo preocupados por vender entradas o aparecer en las portadas de las revistas (claro que aparecían pero era el resultado de su importancia en el mundo de la música), el asalto era a la posteridad, no al pasado. Sus miras estaban puestas en Bowie pero también en Cave, las guitarras eran las de la música alternativa (Hüsker Dü, Sonic Youth, The Pixies, Stone Roses) y Bono aprendió a ocultar a Paul Hewson envuelto en el cuero del Elvis con más arrojo. Si aquello funcionó fue porque era tan genial que se salía del mapa en unos años en los que se llevaban las camisas de franela y los pantalones rotos. Pero ahora, U2 miran con recelo, ya no hay hambre creativa, su mirada es la del chaval envidioso que quiere copiar las respuestas del examen de su compañero y eso, en una banda como ellos, resulta patético además de producir discos sin demasiada cohesión.

Detecto a un fundamentalista de Bono a la milla y es así porque, he de confesarlo, una vez también fui como ellos. Pero pasa el tiempo, uno crece y allá donde hubo pasión ahora tan sólo quedan el cariño y la añoranza de lo que una vez significaron. Detecto a esos seguidores porque escuchan “Red Flag Day” e inocentemente piensan que son los U2 de “War” cuando tan sólo están replicando la receta de chavales de veinte años o por aquellos que piensan que “The Blackout” es el número equivalente al “Achtung Baby” y creen ver la épica en “Love I Bigger Than Anything In It’s Way” donde tan sólo hay una canción que pierde comba, en un álbum que, a pesar de las promesas, sigue albergando canciones menores como “Lights Of Home” o “Landlady” y ñoñerías como “You’re The Best Thing About Me”.

De las promesas de un nuevo formato de gira, del supuestamente revolucionario soporte para su nuevo álbum, de la polémica pero inteligente jugada de colar su anterior álbum en los terminales de todos los usuarios, el perdón posterior, y una segunda parte a la altura de la primera, nos quedamos a medias. Bono es un vendedor, siempre lo ha sido y disfruta de ese don por el cual siempre nos ha prometido “rock de Venus”, “poderosísimos riffs” o “el mejor álbum de U2 hasta la fecha”, nada nuevo en el mundo de la música pero sorprende en alguien de su peso e importancia y logra que todos aquellos que leemos o escuchamos sus entrevistas, hayamos dejado de prestarle atención. “Songs Of Experience” prometía mucho tras “Songs Of Innocence”, un disco que, si bien no es una obra maestra y tal calificativo tan sólo le empequeñece aún más, contenía algunas canciones con más fondo que el que nos ocupa. Y es que, tras las primeras escuchas y el entusiasmo inicial, “Songs Of Experience” parece una colección de sobrantes, de caras B, de canciones -algunas resultonas, otras menos- que han sobrado de sesiones de grabación anteriores. Un álbum que vio frenada su publicación tras el supuesto cambio político en el panorama internacional, la revelación de la mortalidad que parece haber sufrido Bono y la gira aniversario de “The Joshua Tree”, algo inaudito en una banda de sus características y que, muy a su propio pesar, ha sido completamente nostálgica, como no podía ser de otra forma.

Y así nos encontramos con dos discos que ahondan en la misma cuestión vital, inspirada por William Blake, por la cual en “Songs Of Innocence” U2 hablan del Dublín de su infancia y recurren a amigos comunes y las calles por las que corrieron, la propia Ali Hewson o la madre de Bono, Iris, e incluso la epifanía tras escuchar a Joey Ramone en directo, mientras que en “Songs Of Experience” nos encontramos a unos músicos rondando la sesentena con las mismas dudas de cuando eran jóvenes pero con esa inocencia perdida, inmersos en un mundo excesivo que a ellos mismos parece desbordarles tanto como al resto, con una situación política inestable y la conciencia de la mortalidad (que antes mencionaba) que parece haber experimentado el propio Bono. Nada nuevo bajo el sol, por lo tanto, cuando este se empeña en recordarnos que al final lo único importante es el amor (nada que los Beatles no supieran cuando lo cantaban en “The End” o Woody Allen aseguraba que, al final del camino, todo se reduce a todo el amor que puedes dar y birlar de los demás).

Lo malo de este mensaje en “Songs Of Experience” es que el amor, tema tan recurrido en el panteón del mundo del rock y del pop o los propios U2 a lo largo de toda su carrera, carece de la tensión, de la testosterona habitual en las canciones de los irlandeses. ¿Acaso “Achtung Baby” no parecía cubrir todo el espectro de este en sus canciones? Amor a los padres, a tu pareja, amor no correspondido, el amor no merecido, la ceguera del amor, el sentimiento de culpa, la insatisfacción, el adormecido amor conyugal, el amor al maestro en el huerto…. ¿Acaso U2, como muchas otras bandas, no han hablado ya lo suficiente del amor a lo largo de toda su carrera? Sí, por supuesto, pero la clase de amor referido en “Songs Of Experience” es tratado de una manera más abstracta, no se trata del que somos capaces de proporcionar o recibir, sino de aquel como moneda de cambio vital cuando uno hace balance, cuando uno es lo suficientemente sabio como para recuperar la inocencia en la madurez, que parecía insinuar Blake…

Sorprendente es el inicio con “Love Is All We Have Left”, una composición etérea con Bono en primer plano; “Nothing to stop this being the best day ever, nothing to keep us from where we should be. I wanted the world, but you knew better, and that all we have is immortality”, apoyándose en un colchón propio de Brian Eno, bonita e impactante pero, por desgracia, las huellas son fáciles de rastrear porque Bon Iver ya jugó con la superposición de dobles voces y la suya propia, el famoso vocoder, en el maravilloso “22, A Million” (2016) y sabe llevar al clímax de su belleza en “715 – CRΣΣKS”. Pero la valentía, el intento de hacer algo diferente, acaba en la conservadora “Lights Of Home” en la que prima un sonido acústico bajo una bonita melodía pero poco más, una canción erróneamente situada en segundo lugar y que nos hace entrar en el álbum lentamente, en la que el slide de The Edge ni siquiera llega a ser un aliciente.

Como significativo es el single que la banda eligió, “You’re The Best Thing About Me”, una canción tontita que claro que entra si la escuchamos las veces suficientes y que nos muestra a unos compositores que siguen teniendo la calidad suficiente como para componer grandes puentes pero prefieren el vehículo de una canción convencional como pocas para hablar, por enésima vez, del amor en su forma más simplona. Una pena porque el riff de ese puente que menciono, un pequeño robo sin importancia a los Franz Ferdinand del segundo álbum, no haya tenido mayor protagonismo a lo largo de toda la canción. Del vídeo es mejor ni hablar, me gusta verles, resulta simpático pero forzado, además no hay necesidad de mostrar a unos músicos de su calibre como si de The Killers se tratasen.

Pero si en el videoclip de la anterior producen esa sensación, con “Get Out Of Your Own Way” sonarán exactamente como si los de Brandon Flowers de “Wonderful Wonderful” hubiesen interpretado “Beautiful Day”. Sonrojo produce “American Soul” por esos versos y lo irónico que resultan en la introducción de Kendrick Lamar “Blessed are the filthy rich, for you can only truly own what you give away like your pain…” y ese autoplagio a “Volcano” en el estribillo, o ese verso en el que Bono parece incapaz de resistirse a la tentación de hacer un llamamiento a la unidad o mencionar a los refugiados; “Let it be unity, let it be community. For refugees like you and me, a country to receive us. Will you be our Sanctuary. Refu-Jesus”

Por lo menos, las sorpresas se seguirán sucediendo, lejos de ese acto de regurgitar la propia esencia de la banda, o así suena “Summer Of Love” que se siente especial pero ligeramente desnuda tras el riff inicial de The Edge para evocar la esencia de “Time Of The Season” de The Zombies. La guitarra de “Red Flag Day” suena a Joe Strummer pero de manera más relamida mientras el bajo de Clayton lleva todo el peso y la canción, lejos de evocar el espíritu de “War”, es tan sólo un intento de asimilar todo el influjo indie actual y sonar pretendidamente frescos, pero los coros de The Edge salvan la canción confiriéndole un tinte evocador al hecho de echarse al mar, tirarse con los ojos vendados, ajeno al oleaje…

“The Showman (Little More Better)” sonaría mucho mejor en la garganta de Springsteen, ese Bruce más tontorrón, cuando se pone a juguetear con las primeras filas y sube a los niños de sus fans más enfermizos, sí ese, lo cual no resulta un piropo en absoluto. Tiene un toque beatle pero también intranscendentemente cincuentero. Pero si hay una canción que me haya sorprendido para bien después de haberla escuchado en directo, es “The Little Things That Give You Away” cuya producción minimalista, desnuda, habría encajado a la perfección en “Sleep Well Beast” de The National y gana enteros con la bonita voz de Bono sobre la desaparecida guitarra de The Edge.

Innecesaria es “Landlady”, como empachosa es su letra y desconcertantes esos primeros segundos del que fue el adelanto de “Songs Of Experience”, “The Blackout”, que a todos nos recordaron a “Zoo Station”, y que supuso una pequeña decepción tras el tiempo de espera. Bono canta sobre una base más bailable y un estribillo facilón pero, por suerte, no tanto como “Elevation” o “Vertigo”.

Llena de emoción e intensidad es “Love Is Bigger Than Anything In Its Way” y, aunque realmente no nos lleve a ningún sitio, debería haber sido la que cerrase el álbum, pero hace mucho que U2 decidió rematarlos de manera estéril y es por eso que prefieren “13 (There Is A Light)” en la que Bono parece sabedor del desperanzador camino que lleva todo pero alienta a no rendirse. Lástima que una melodía tan bonita sea empañada por ese “reprise” de “Song For Someone” aunque ese alguien, en esta ocasión, sea él mismo.

Sensaciones encontradas tras tantísimos años escuchándoles y el infinito cariño y respeto que les tengo; hay buenas ideas, grandes momentos, Adam Clayton vuelve a sonar en los últimos discos mientras que The Edge parece haberse diluido tras haber perdido su personalidad intentando copiar los riffs de “tres notas” de otros músicos -infinitamente menos dotados que él- en anteriores discos (totalmente ajeno a que sus riffs ya eran de por sí grandes sin tener que sonar a garaje. Buen ejemplo de ello es “Sunday Bloody Sunday” o “Pride” entre decenas de otros), no me parece la mejor ejecución de Larry (“Lights Of Home”, “Get Out Of Your Own Way” o “You’re The Best Thing About Me”) y, sin embargo, he de reconocer que Bono está enorme tanto a nivel de forma, como interpretación, versatilidad y, aunque no posea la potencia de antes (como en los ochenta) o la amarga y oscura sensualidad de los noventa, se le siente cómodo en unas canciones en las que parece haber trabajado a conciencia.

Si este fuese el último trabajo de U2 por lo menos podríamos decir que lo han dejado con dignidad pero desde hace unos años parece que lo peor siempre está por llegar. Produce cierto desasosiego intuir que aquellos chavales de casi treinta años que parecían tener algunas respuestas, inmersos en una constante búsqueda, siguen sin haber encontrado lo que estaban buscando con casi sesenta años y pretenden sonar como sus propios alumnos.


© 2017 Blogofenia


Crítica: With The Dead "Love From With the Dead"


Me costará olvidar la sensación que With The Dead me causaron en su primera gira, presentando su álbum de debut. Como todo los que allí nos reunimos, las canciones de aquel me habían gustado y quería comprobar cómo lo defendían en directo, además, siendo seguidor de Napalm Death y Cathedral, reencontrarme con Lee Dorrian era un añadido importante. La impresión no pudo ser mejor, un concierto auténticamente mágico, sobrio y muy pesado (todo un piropo si hablamos de cuarenta y cinco minutos de doom). Así que, cuando Dorrian anunció la continuidad del proyecto y la intención de grabar un segundo álbum no pude menos que celebrarlo, With The Dead tampoco tenína otra opción; la crítica se deshizo en elogios y los seguidores lo recibimos con entusiasmo. Pero la duda existía y Dorrian lo sabía, si aquel fue un disco increíblemente contundente, ¿qué podría hacer para superarlo? Aumentar la pesadez en las guitarras y subir el volumen de la angustia y oscuridad, algo tan sencillo como eso. Con la incorporación de Alex Thomas, reemplazando a Mark greening, Tim Bagshaw (Electric Wizard) y Leo Smee, puedo asegurar que "Love From With The Dead" es aún más denso, más oscuro y opresivo que el anterior.


Dorrian se justifica asegurando que no estaba tan desilusionado con la vida desde los tiempos de Cathedral en un momento como el que vivimos en el cual los valores parecen derrumbarse y la perspectiva de futuro es más pesimista que nunca. Y puede ser que este sea el caldo de cultivo perfecto para un álbum como el que nos ocupa pero lo que lo hace realmente grande es que sus canciones, su sonido, rejuvenecen el concepto de doom en unos años en los que estamos viviendo un auténtico resurgimiento del género pero de manera caricaturesca; así, nos encontramos producciones actuales que, en su intento por emular el sonido, suenan como si hubiesen sido grabadas en los setenta e incluso a bandas que se visten de aquella manera. Lo bueno de With The Dead es que su propuesta es auténtica y su estética también pero su sonido es actual, las guitarras de "Love From With The Dead" suenan densísimas pero no opacas, el bajo y la batería son como una losa pero no como si el máster hubiese sido guardado en el sótano más húmedo de la discográfica de turno. Aquí no hay imitaciones, no hay nada falso, lo que suena es lo que sienten los músicos y procediendo de Electric Wizard o Cathedral no es de extrañar que With The Dead suenen tan aterradores.

Grabado en dos sesiones con Jaime Gómez Arellano, hay que creer a Dorrian cuando canta “To love I surrendered. Thus my heart has died” en la inicial “Isolation” y un lamento parece salir de la mismísima tumba cuando Bagshaw abre con su guitarra. Una atmósfera asfixiante pero no menos que “Egyptian Tomb” en la que parece que accedemos a un mausoleo cerrado por siglos, una de las más accesibles con un gran trabajo en las guitarras o ese verdadero mazazo que es “Reincarnation of Yesterday” en la que las cuerdas de Bagshaw parecen literalmente crujir con Thomas marcando un tempo más acelerado. Pero si lo que te gusta es la pesadez, sentir como la banda parece arrastrarse por el suelo como si fuesen un enorme ofidio, “Cocaine Phantoms” es todo lo lenta que un álbum de estas características necesita y seguro que enamorará a aquellos que disfrutan de la calma y la lentitud pero también la sobriedad. Diez minutos más, “Watching the Ward Go By” y bajamos aún más las revoluciones para aumentar la desesperación, unirse con “Anemia” y prepararnos para esa barbaridad de casi veinte minutos que es “CV1”, una manera épica y majestuosa de despedir un segundo álbum y que parece prepararnos para lo que pueda llegar en un posible tercer álbum, siendo lo más parecido a un punto de inflexión.

Puede que aquellos a los que les entusiasme poco el doom o tengan menos paciencia con la duración de las canciones, este “Love From With The Dead” les desespere y no le den la oportunidad que bien merece. Como canta Dorrian, “No love. No joy. No hope. No life...”, imposible reflejar mejor todo el nihilismo del mundo en tan sólo un verso o contenido en los surcos de un vinilo pero así es Dorrian, aquel que todavía ha sido incapaz de defraudarnos y siente de verdad lo que canta, sus quejidos suenen auténticos pero es porque parece enterrado en vida…


© 2017 Jack Ermeister

Crítica: Converge "The Dusk in Us"

La fórmula de Converge debería ser estudiada en las universidades porque, sin ser nada especial, funciona como un tiro. Desde “Petitioning The Empty Sky” (1996) hasta “All We Love We Leave behind” (2012) no han publicado ni un solo álbum mediocre y ahora, con este “The Dusk In Us”, firman dos décadas de metal auténticamente espídico y vibrante. No es que “Jane Doe” (2001) sea uno de mis discos favoritos de la historia es que “You Fail Me” (2004) o “Axe To Fall” (2009) son magníficos logros impropios de una banda de su género por la madurez y evolución que muestran, pero quizá es que ellos son únicos en su género. “The Dusk In Us”, producido por el propio Kurt Ballou, amplía la visión de la banda y les sumerge en nuevos territorios, por un lado su sonido es todo lo afilado, agresivo y crudo que Converge es capaz, a la vez que coquetean con otros géneros, pero también posee estribillos, riffs o estrofas que bien podrían ser de lo más pegadizo de toda su carrera sin bajar, en ningún momento, el nivel de agresión en un álbum que suena igual de dinámico que “All We Love We Leave Behind” (2012) y bien puede entenderse como una continuación de aquel pero que posee una identidad propia y, entre ramalazos metalcore y momentos más sludge, presume de un envoltorio ligeramente math. Caso aparte es el apartado lírico, Jacob Bannon puede no parecer tan enfadado como en anteriores entregas pero vuelve a sorprender el calado de las letras; ya no es que muestre su indignación contras las desigualdades sociales o arremeta contra lo establecido, la crítica sigue siendo aún feroz, como sepa hacer un buen ejericio de introspección y sea capaz de transmitir a través de su peculiar forma de cantar sino que se atreverá a hablar del soviético Vasili Arkhipov en la beligerante "Arkhipov Calm" y su oposición a la guerra nuclear, sin sonar pretencioso, todo un logro para una banda de metalcore pero, claro, es que esto es Converge, esto es otro mundo, amigos míos…

La visceralidad con la que se abre “The Dusk In Us” llega a través de una canción como “A Single Tear” en la que sentimos tanta confusión como amor, en la que evocan la mágica unión de dos personas de una manera casi aterradora por el realismo de sus imágenes (magnífico videoclip, por cierto). Pero, por si alguno de sus seguidores parece haberse despistado, “Eye Of The Quarrell” nos devolverá el gordísimo bajo de Nate Newton llevando todo el peso de la canción mientras Koller parece estar conectado a la corriente y Ballou arremete enloquecido, Converge en estado puro. Pueden bajar la velocidad, “Under Duress”, pero no la intensidad; una pequeña obra maestra de apenas cuatro minutos, un dedo levantado de manera insolente mientras Ballou y Newton parecen afilar las cuerdas de sus instrumentos y el chirriante tañido del acero oxida la canción.

"Arkhipov Calm" es adrenalina con Bannon desgañitándose y los tres músicos sonando más math que nunca, como más calmada es la humilde historia de fantasmas narrada en “I Can Tell You About Pain” en la que el juego de voces ayuda a que resulte creíble. Pero el punto álgido del álbum llega precisamente con “The Dusk In Us”, una aventura de más de siete minutos en la que Converge demuestran su saber hacer, su maestría para que el oyente no pierda el interés a través de diferentes estados de ánimo que, sin embargo, se sienten naturalmente hilvanados por Ballou y rozando el pop en algunos momentos gracias a las voces Es por eso que no es de extrañar que “Wildlife” nos recuerde a “Axe To Fall” pero no tanto por su naturaleza sino por el contraste.

La labor de Koller es de especial importancia, no sólo porque en “Murk & Marrow” es la espina dorsal de la canción sino porque cuesta imaginarse un disco de Converge sin semejante pegada como el distorsionado bajo de Newton en “Trigger” (puede que una de las menos agraciadas a pesar del fraseo de Bannon). Viajarán en el tiempo hasta 1998 y su “When Forever Comes Crashing” en “Broken By Light” o tirarán del manual grindcore en “Cannibals”, la verdadera última canción de “The Dusk In Us” antes de esa otra joya de puente que es la dolorosa "Thousands of Miles Between Us" (¿quién dijo que una banda de metalcore no podía sonar emocionante y épica, a la vez que romántica?) hasta la doomy “Reptilian”, como si fueran unos Black Sabbath vigoréxicos; un broche de oro tan pesado y contundente, tan monolítico, que cuesta creer que sean los Converge que todos conocemos sino fuese por la voz de Bannon.

La última vez que coincidí con ellos en un festival, tuve que elegir entre volver a verles y vivir la experiencia de otro mundo que es ver una actuación de Sunn O))). Con todos mis respetos a Stephen O'Malley, eso es algo que nunca más volverá a suceder, Converge son mucho Converge…

© 2017 Jack Ermeister


Crítica: Electric Wizard “Wizard Bloody Wizard”

Naces, creces, te reproduces y mueres y, en algún momento de tu vida, asistes a un concierto de Electric Wizard, escuchas “Funeralopolis” en directo y te percatas de que ni el mejor polvo podrá igualar jamas al instante en el que escuchas a Jus Oborn cantar; “Funeral planet, dead black asteroid. Mausoleum, this world is a tomb. Human zombies, staring blank faces. No reason to live, dead in the womb” Tu cuerpo flota, te abandonas a la música, los potentes acordes de Liz y Jus hacen que tus tripas se muevan, nada de lo que has hecho antes se iguala a ese preciso momento en el que todo parece secundario y entonces eres capaz de ser uno con el cosmos sin necesidad de droga alguna y también, sí también, eres capaz de perdonar un traspiés como “Wizard Bloody Wizard”. Porque no podemos engañarnos a nosotros mismos, la sensación tras escuchar su nuevo álbum es la de cuestionarse si han merecido la pena los tres años que han pasado desde “Time To Die” (2014) en una discografía sólida como una piedra en la que los grandes momentos son enormes ("Come My Fanatics...", 1997, "Witchcult Today", 2007) y los más flojos son igual de grandes ("Let Us Prey", 2002, "Black Masses", 2010) sin olvidarnos del inmortal “Dopethrone” (2000) uno de esos discos que son más necesarios que la vida misma y cuya fortísima y extraña personalidad tan sólo puede nacer de la genialidad pero también de la desesperación. “Wizard Bloody Wizard” es, por tanto, quizá el título menos agraciado de toda su carrera, con un single, “See You In Hell”, que bien podría ser la composición más flojita del álbum. Tampoco me sonrojaré si admito que me gusta porque me gustará cualquier cosa que escriban Liz y Jus pero si he de ser objetivo, “See You In Hell” es un adelanto más que certero de lo que nos encontraremos en el álbum y es que ofrece lo que promete; canciones repetitivas, sin gancho, sin magia, en un intento por emular lo que una vez grabaron y ahora parecen incapaces de repetir.

Lo peor de todo es que Electric Wizard en directo siguen teniendo magia y mística, su puesta en escena es sencilla; dos Gibson SG y un muro de amplificadores con proyecciones de Anton Szandor LaVey sobre ellos y un poquito de sadomaso son capaces de llevarte a otro plano de la existencia. ¿Por qué no funciona en estudio en esta ocasión? Seguramente sea un problema de composición o inspiración, así lo demuestra “Necromania”, quizá la más pegadiza de todo “Wizard Bloody Wizard” y en la que el álbum parece remontar algo de vuelo, como “Hear The Sirens Scream” en la que Electric Wizard recuperan parte de su esencia y, durante unos segundos, parecen volver a ser ellos. No será la única vez, la lisérgica “Mourning Of The Magicians” así lo atestigua pero “Wizard Bloody Wizard” son tan sólo siete canciones de las cuales podemos y debemos prescindir de “The Reaper”, en la que intentan romper la tónica y la estructura de su propia fórmula a favor de la psicodelia más angustiosa, o ese autoplagio sin fuerza que es “Wicked Caresses”, dejándonos el álbum cuatro, tras el tropiezo de “See You In Hell”. Canciones que funcionarán mucho mejor de noche, con mucho humo saliendo de tus pulmones o seguramente en directo, en donde Electric Wizard parecen de verdad volverse eléctricos.

Una pena que uno de los lanzamientos más esperados de este año sea una pequeña decepción tras una gira veraniega tan prometedora en la que fuimos testigos de la química explosiva de Liz y Jus sobre las tablas, en la que Oborn todavía sigue pareciendo un crooner surgido de las entrañas del mismísimo infierno y uno tiene la aletargante sensación de haber ingerido un hongo alucinogéno y haber viajado en el tiempo a la década de los setenta. Esperemos que, por lo menos, la consiguiente gira les traiga a nuestro país o que no vuelvan a tardar tres años en publicar material nuevo ahora que With The Dead parecen haberse convertido en una apisonadora a tener en cuenta con Lee Dorrian al frente y Tim Bagshaw, Leo Smee y Alex Thomas componiendo asfixiantes melodías de puro doom. Porque mataría por Electric Wizard, “Wizard Bloody Wizard” me ha gustado pero, porque escribo y soy sincero, debo advertirte que este no es su mejor álbum y, a pesar de su llamativa portada, será mejor que vuelvas a escuchar “Dopethrone”, "Come My Fanatics..." o "Witchcult Today" si quieres seguir anteponiendo su música a cualquier otra experiencia terrenal…


© 2017 Conde Draco

Crítica: Bell Witch “Mirror Reaper”

Si tu amigo pierde la vida y da la casualidad de que es el batería de tu banda y sois un dúo, no hay duda alguna de que todo el mundo pondrá los ojos en ti y te cargará con la responsabilidad del proyecto, haciendo pública tu pena, soportando el escrutinio de aquellos que ni siquiera sabían antes de ti. Dylan Desmond encontró en Jesse Shreibman alguien con quien compartir el camino en Bell Witch tras la pérdida de Adrián Guerra en un momento tan complicado en el cual su siguiente paso sería examinado con microscopio. Así, del duelo por el amigo perdido, nace un álbum tan particular y especial como “Mirror Reaper”, (producido por Billy Anderson) que, aunque es la continuación lógica de “Four Phantoms” (2015), gana en profundidad no sólo por la trascendencia de su tono elegíaco sino también por su majestuosidad y tinte épico. No encuentro mejor álbum que sirva como banda sonora a la unión entre los dos mundos, el de los que seguimos aquí y los que han marchado allá, que el publicado por Bell Witch. Un álbum doble de un único single de más de dos horas (sí, has leído bien), dividido en las cuatro caras que componen el grueso vinilo publicado por Profound Lore Records y tituladas como “As”, “Above”, “So” y “Below”, como uno de los principios del Kybalión, el de Correspondencia que rige los tres Grandes Planos de la existencia; el físico, el mental y el espiritual, “como es arriba, es abajo, como es abajo, es arriba…”.

Esto, que puede parecer tan fantasioso o misterioso, es un principio tan sencillo como para que Dylan Desmond y Jesse Shreibman lo utilicen para unir ambos mundos gracias a su música y, a través del espejo pintado por el artista polaco Mariusz Lewandowski (de clara reminiscencia a la obra del genial Zdzisław Beksiński), recuperen al difunto Adrián Guerra. El bajo de Desmond suena más pesado y profundo que nunca, no hay guitarras pero tampoco harán falta porque su Hammond B3, además de añadir el elemento telúrico y espectral, rellena perfectamente los huecos que dejan su bajo o la pegada de Shreibman. Una larguísima canción, como una suite, con varias partes diferenciadas en las que el bajo es el hilo conductor y tan sólo con sus cuerdas logra que, como oyentes, no perdamos el interés; creando tensión, construyendo cimas para luego, abruptamente, echarnos por tierra. Shreibman cimenta las canciones con su profunda voz mientras que Desmond planea sobre ellas con la suya -plenamente melódica- hasta que, en el clímax del álbum, parecen lograr la comunicación -a través de ese espejo que antes mencionaba- con Adrián Guerra en unos versos que llegan a través del tiempo (cuando originalmente fueron grabados para su anterior álbum, “Four Phantoms”) y que aquí recuperan, con un efecto magnífico. Es cierto que el logro es tecnológico pero la magia de “Mirror Reaper” es que Bell Witch consiguen que la sensación de recuperar la voz de Guerra sea mística, toda una experiencia.

En la recta final, Erik Moggride, amigo y colaborador habitual de la banda añade también su voz para darle un toque aún más triste, más melancólico (y, por qué no, también fantasmal) con el que cerrar un álbum como “Mirror Reaper” en el cual sientes una extraña sensación de vacío, quietud, calma pero también desolación. No recuerdo un disco como este, que sepa capturar tan bien la eterna sensación de ausencia; cuando los que se fueron todavía parece tan cercanos como para poder tocar su mano una vez más o ser invocados a través de un espejo. Especial, sencillamente especial, y no apto para todos los gustos pero sí para aquellos que buscan una experiencia vital a través de la música…

© 2017 Jim Tonic