"Nightbringers" de THE BLACK DAHLIA MURDER; joder si tiene encanto...

Nadie suena como ellos en un álbum que bien podría entenderse como el mejor de su carrera hasta la fecha.

FOO FIGHTERS regresan con "Concrete And Gold"

Qué razón tenía Neil Young en "Hey Hey, My My (Into The Black)", es mejor arder que desvanecerse poco a poco...

STEVEN WILSON sonríe en "To The Bone"

Pero no en su portada sino en algunas de sus canciones y es entonces cuando sus seguidores tuercen el gesto...

Jacksonville en Madrid...

El triunfo de RYAN ADAMS en su paso por nuestro país, con "Prisoner" bajo el brazo. Esos grandes para los que a veces parece que sí hay un reemplazo...

"Hydrograd" de STONE SOUR no es lo que parecía

Le guste o no a Corey Taylor, STONE SOUR siempre será el proyecto paralelo del cantante de SLIPKNOT...

ROGER WATERS ha vuelto, nunca se fue...

Su mejor álbum desde "Amused To Death", atrevido pero también nostálgico...

El regreso de KARL WILLETS con MEMORIAM

Un álbum de death sin alardes técnicos pero que trae a nuestra memoria el legado de Bolt Thrower...

"Emperor Of Sand" de MASTODON

El cáncer, el paso del tiempo y la redención en la nueva obra maestra de los de Atlanta.

PILLORIAN, de las cenizas de AGALLOCH

John Haughm vuelve a la carga con uno de los mejores discos del año, "Obsidian Arc"

KREATOR, el olor del buen thrash alemán por la mañana...

Su intención era continuar la senda de "Phantom Antichrist" pero han parido un nuevo monstruo aún más feroz...

TRENT REZNOR y ATTICUS ROSS mantienen las expectativas

Publicando un EP de NINE INCH NAILS bastante tibio pero que ameniza la espera del nuevo álbum...

El emotivo lanzamiento de LAMB OF GOD

"The Duke" es la historia de una estoica lucha contra el cáncer pero también de una amistad...

ESPECIAL NICK CAVE

Un repaso a la discografía principal de NICK CAVE; un viaje turbulento a través del blues, los asesinos en serie, la biblia y los esqueletos de los árboles...

THE DILLINGER ESCAPE PLAN se despiden a lo grande

Anuncian su separación pero firman "Dissociation", quizá su mejor disco hasta la fecha...

Fenriz y Nocturno Culto han vuelto con "Arctic Thunder"

Crítica y fans siguen ladrando al paso de DARKTHRONE, luego cabalgan...

Ese genio llamado DEVIN TOWNSEND

Nueva dosis de grandilocuencia, sobreproducción y exceso creativo del canadiense en "Transcendence"...

ALEMANIA no levanta cabeza...

Primero nos decepcionaron DESTRUCTION con "Under Attack" y ahora son SODOM con "Decision Day", por suerte tenemos a KREATOR.

NAILS: "Nunca serás uno de los nuestros"

Si este álbum se hubiese publicado en los ochenta estaríamos hablando de todo un disco de referencia, una obra seminal en la que muchos artistas se mirarían y buscarían para definir su propio sonido.

HARAKIRI FOR THE SKY regresan con "III:Trauma"

Los austríacos parecen firmar el final de un trilogía con su mejor álbum hasta la fecha.

¿Un disco de thrash progresivo, conceptual y ambientado en el espacio?

VEKTOR han firmado uno de los grandes álbumes del año. Tan técnico y apabullante como emocionante y épico que te deja con ganas de más.

La escapada a ninguna parte de RED HOT CHILI PEPPERS...

Aquellos que esperan reencontrarse con los Chili Peppers de siempre se darán de bruces con un disco atípico y con canciones poco inspiradas o indignas de unos músicos que podrían dar mucho más de sí y parecen haber perdido la frescura.

El irregular regreso de DARK FUNERAL

Los suecos aciertan de pleno en el título de su nuevo álbum en el que, en efecto, sólo hay sombras, poca luz y menos oscuridad...

"Magma" de GOJIRA: el disco de la polémica.

Para muchos es una obra maestra, para otros el primer paso en falso de los de Bayona. Los hermanos Duplantier, por primera vez, no cumplen las expectativas.

La decepción de DESTRUCTION...

Tras muchas escuchas, el último álbum de los thrashers alemanes muestra su gran punto débil en la composición.

ROB ZOMBIE repite la misma fórmula...

Resulta complicado evaluar un álbum que ya hemos escuchado un millón de veces a lo largo de los últimos veinte años pero con título diferente, Rob Zombie produce discos como una cadena hamburguesera; sacian al instante pero no alimentan a la larga...

La piscina con forma de luna de RADIOHEAD

Cincuenta y dos minutos y once canciones es lo único que le hace falta a la banda para demostrar que siguen siendo tan geniales como sorprendentes tras cinco años de ausencia...

Así es "Dreamless" de FALLUJAH

Mejorando el sonido en el estudio tras "The Flesh Prevails" pero con una segunda cara regular, electrónica y repleta de altibajos.

AMON AMARTH: nunca des la espalda a un vikingo

"Jomsviking" es el mejor álbum de los suecos desde "Twilight of the Thunder God", Odín vuelve a estar con ellos...

¡Nos largamos de nuevo al HELLFEST!

Nos llena de orgullo y satisfacción; otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo... le meilleur festival du monde!!

Jesse Leach se abre en "Incarnate" de KILLSWITCH ENGAGE

Y publican un álbum sólido y coherente pero la sombra de "Alive Or Just Breathing" es alargada…

"Phenotype" de TEXTURES; ¿tendremos que esperar a escuchar su genotipo?

Los holandeses vuelven con un álbum bajo el brazo para el que deberemos esperar a su segunda parte para saber si han acertado en el blanco...

IGGY y HOMME; la extraña pareja...

"Post Pop Depression" ha sido una de las grandes sorpresas de este año y el mejor desde "American Caesar"

ABBATH es el auténtico rey de Blashyrkh

El noruego demuestra que hay vida después de Immortal y se lo pone difícil a Demonaz con un álbum repleto de fuerza y frío invernal...

El púrpura de BARONESS es la mezcla perfecta del rojo y el negro...

John Baizley ha conseguido con "Purple", su cuarto álbum, mezclar lo mejor de "Red" y "Blue", regalándonos uno de los grandes discos del año.

Mucho color, poco curry y menos canciones; así es "A Head Full Of Dreams" de COLDPLAY

Un regreso forzadísimo al colorismo más exagerado con alguna influencia étnica, pop de celofán y una escasez de ideas tan abrumadora que asusta.

PERFECTAMUNDO y lo que pudo ser y no fue....

BILLY GIBBONS aparca temporalmente a ZZ TOP y se estrena en solitario con un álbum lleno de ritmos afrocubanos, altibajos y, por desgracia, el dichoso autotune.

CASPIAN; cuando la música puede ser arte.

Los de Massachussets han parido su mejor álbum hasta la fecha; arriesgando sin perder su identidad y conservando toda su emoción.

Las alas de cera de DAVID GILMOUR

El guitarrista de PINK FLOYD vuelve con un disco nuevo bajo el brazo, "Rattle That Lock", exquisito pero falto de unión y con demasiados altibajos.

AHAB queman las barcas...

Los alemanes han grabado un auténtico monstruo con canciones de más de diez minutos capaces de mantener tu atención y tu alma en vilo…

La mecánica de fluidos de TAME IMPALA

Kevin Parker, en constante cambio, se disculpa por ello en sus canciones pero firma uno de los discos del año.

Y al séptimo disco, CRADLE OF FILTH resucitaron…

Nueva formación y las canciones más inspiradas que Dani Filth ha escrito en los últimos quince años...

THE DARKNESS se hacen mayores...

Pero consiguen grabar un buen disco, menos histriónico y serio que los anteriores pero igual de inspirado...

Sueñan los drones con guitarras eléctricas

Primer paso en falso de MUSE, con "Drones" nos encontramos ante un disco sin rumbo, coherencia ni buenas canciones.

BLUR contraataca con un regreso por todo lo alto

Doce años después, los ingleses publican "The Magic Whip" y consiguen el aplauso unánime de crítica y público con un disco diferente.

La catarsis de BJÖRK

La islandesa encuentra la liberación a través de la palabra en su mejor disco en años.

DYLAN por SINATRA, en estado de gracia.

El auténtico placer de cumplir años es no tener ni Dios ni amo; decidir a quién se le da la mano...

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Y nosotros rescatamos nuestra crítica de su álbum para ir calentando motores.

Cuomo, un acidente en carretera y la meditación Vipassana...

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¡Nos largamos al HELLFEST!

Otro año más, nos vamos a Nantes para cubrir un cartel de auténtico lujo; le meilleur festival du monde!

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David Gilmour y Nick Mason rinden homenaje a Richard Wright en "The Endless River", un disco bello y tranquilo.

Ocho ciudades, ocho canciones y ninguna que justifique un disco

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Moz estuvo en nuestro país y recuperamos nuestra crónica de su paso por Madrid.

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BRIAN FALLON, tocado pero no hundido…

Tras diez años de matrimonio ha decidido exorcizar todos los demonios internos de su ruptura en el nuevo disco de su grupo, THE GASLIGHT ANTHEM.

THE NATIONAL en España y nosotros nos refugiamos en su último disco...

Como dice Chuck Palahniuk, "la mejor venganza de todas es la felicidad. No hay nada que vuelva más loca a la gente que ver a alguien teniendo una vida jodidamente maravillosa" y nosotros somos felices con la música de los de Cincinnati.

IN UTERO: un viaje sin retorno

Analizamos en profundidad la grabación del último gran disco de NIRVANA y quizá de los noventa...

MASTODON: La vuelta al sol en ochenta días

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PIXIES en Madrid; benditos los SMITHS...

Black Francis pasaba por nuestro país sin apenas dirigirse a su público y esbozando una sonrisa con trabajo.

¡Hemos visto a BLACK SABBATH en París!

Y te contaremos casi todo lo que Ozzy, Iommi y Butler han hecho en Bercy...

ARCADE FIRE van al Primavera, nosotros al HELLFEST

"Reflektor" es el nuevo disco de los canadienses y la crítica lo ha encumbrado a lo más alto en apenas unas horas.

PEARL JAM: Rayos y centellas

Un disco de Pearl Jam tiene sentido en pleno 2013 porque estamos hablando de ROCK con mayúsculas, de una banda auténtica que sigue estando muy viva...

¡AMÉN, hermanos, WATAIN han vuelto!

Estamos ante el mejor disco de METAL del año y Erik lo celebra invitándonos a una misa negra muy especial con "The Wild Hunt"...

Conociendo a DAVE MUSTAINE...

Tuvimos la gran suerte de poder conocerle con motivo de su visita a España en su gira con Slayer hace dos años y ahora lo recordamos, breve pero intenso.

Crítica: Electric Wizard “Wizard Bloody Wizard”

Naces, creces, te reproduces y mueres y, en algún momento de tu vida, asistes a un concierto de Electric Wizard, escuchas “Funeralopolis” en directo y te percatas de que ni el mejor polvo podrá igualar jamas al instante en el que escucha a Jus Oborn cantar; “Funeral planet, dead black asteroid. Mausoleum, this world is a tomb. Human zombies, staring blank faces. No reason to live, dead in the womb” Tu cuerpo flota, te abandonas a la música, los potentes acordes de Liz y Jus hacen que tus tripas se muevan, nada de lo que has hecho antes se iguala a ese preciso momento en el que todo parece secundario y entonces eres capaz de ser uno con el cosmos sin necesidad de droga alguna y también, sí también, eres capaz de perdonar un traspiés como “Wizard Bloody Wizard”. Porque no podemos engañarnos a nosotros mismos, la sensación tras escuchar su nuevo álbum es la de cuestionarse si han merecido la pena los tres años que han pasado desde “Time To Die” (2014) en una discografía sólida como una piedra en la que los grandes momentos son enormes ("Come My Fanatics...", 1997, "Witchcult Today", 2007) y los más flojos son igual de grandes ("Let Us Prey", 2002, "Black Masses", 2010) sin olvidarnos del inmortal “Dopethrone” (2000) uno de esos discos que son más grandes que la vida misma y cuya fortísima y extraña personalidad tan sólo puede nacer de la genialidad pero también de la desesperación. “Wizard Bloody Wizard” es, por tanto, quizá el título menos agraciado de toda su carrera, con un single “See You In Hell” que bien podría ser la composición más flojita del álbum. Tampoco me sonrojaré si admito que me gusta porque me gusta cualquier cosa que escriban Liz y Jus pero si he de ser objetivo, “See You In Hell” es un adelanto más que certero de lo que nos encontramos en el álbum y es que ofrece lo que promete; canciones repetitivas, sin gancho, sin magia, en un intento por emular lo que una vez grabaron y ahora parecen incapaces de repetir.

Lo peor de todo es que Electric Wizard en directo siguen teniendo magia y mística, su puesta en escena es sencilla; dos Gibson SG y un muro de amplificadores con proyecciones de Anton Szandor LaVey sobre ellos y un poquito de sadomaso son capaces de llevarte a otro plano de la existencia. ¿Por qué no funciona en estudio en esta ocasión? Seguramente sea un problema de composición o inspiración, así lo demuestra “Necromania”, quizá la más pegadiza de todo “Wizard Bloody Wizard” y en la que el álbum parece remontar algo de vuelo, como “Hear The Sirens Scream” en la que Electric Wizard recuperan parte de su esencia y, durante unos segundos, parecen volver a ser ellos. No será la única vez, la lisérgica “Mourning Of The Magicians” así lo atestigua pero “Wizard Bloody Wizard” son tan sólo siete canciones de las cuales podemos y debemos prescindir de “The Reaper”, en la que intentan romper la tónica y la estructura de su propia fórmula a favor de la psicodelia más angustiosa, o ese autoplagio sin fuerza que es “Wicked Caresses”, dejándonos el álbum cuatro, tras el tropiezo de “See You In Hell”. Canciones que funcionarán mucho mejor de noche, con mucho humo saliendo de tus pulmones o seguramente en directo, en donde Electric Wizard parecen de verdad volverse eléctricos.

Una pena que uno de los lanzamientos más esperados de este año sea una pequeña decepción tras una gira veraniega tan prometedora en la que fuimos testigos de la química explosiva de Liz y Jus sobre las tablas, en la que Oborn todavía sigue pareciendo un crooner surgido de las entrañas del mismísimo infierno y uno tiene la aletargante sensación de haber ingerido un hongo alucinogéno y haber viajado en el tiempo a la década de los setenta. Esperemos que, por lo menos, la consiguiente gira les traiga a nuestro país o que no vuelvan a tardar tres años en publicar material nuevo ahora que With The Dead parecen haberse convertido en una apisonadora a tener en cuenta con Lee Dorrian al frente y Tim Bagshaw, Leo Smee y Alex Thomas componiendo asfixiantes melodías de puro doom. Porque mataría por Electric Wizard, “Wizard Bloody Wizard” me ha gustado pero, porque escribo y soy sincero, debo advertirte que este no es su mejor álbum y, a pesar de su llamativa portada, será mejor que vuelvas a escuchar “Dopethrone”, "Come My Fanatics..." o "Witchcult Today" si quieres seguir anteponiendo su música a cualquier otra experiencia terrenal…

© 2016 Blogofenia

Crítica: Bell Witch “Mirror Reaper”

Si tu amigo pierde la vida y da la casualidad de que es el batería de tu banda y sois un dúo, no hay duda alguna de que todo el mundo pondrá los ojos en ti y te cargará con la responsabilidad del proyecto, haciendo pública tu pena, soportando el escrutinio de aquellos que ni siquiera sabían antes de ti. Dylan Desmond encontró en Jesse Shreibman alguien con quien compartir el camino en Bell Witch tras la pérdida de Adrián Guerra en un momento tan complicado en el cual su siguiente paso sería examinado con microscopio. Así, del duelo por el amigo perdido, nace un álbum tan particular y especial como “Mirror Reaper”, (producido por Billy Anderson) que, aunque es la continuación lógica de “Four Phantoms” (2015), gana en profundidad no sólo por la trascendencia de su tono elegíaco sino también por su majestuosidad y tinte épico. No encuentro mejor álbum que sirva como banda sonora a la unión entre los dos mundos, el de los que seguimos aquí y los que han marchado allá, que el publicado por Bell Witch. Un álbum doble de un único single de más de dos horas (sí, has leído bien), dividido en las cuatro caras que componen el grueso vinilo publicado por Profound Lore Records y tituladas como “As”, “Above”, “So” y “Below”, como uno de los principios del Kybalión, el de Correspondencia que rige los tres Grandes Planos de la existencia; el físico, el mental y el espiritual, “como es arriba, es abajo, como es abajo, es arriba…”.

Esto, que puede parecer tan fantasioso o misterioso, es un principio tan sencillo como para que Dylan Desmond y Jesse Shreibman lo utilicen para unir ambos mundos gracias a su música y, a través del espejo pintado por el artista polaco Mariusz Lewandowski (de clara reminiscencia a la obra del genial Zdzisław Beksiński), recuperen al difunto Adrián Guerra. El bajo de Desmond suena más pesado y profundo que nunca, no hay guitarras pero tampoco harán falta porque su Hammond B3, además de añadir el elemento telúrico y espectral, rellena perfectamente los huecos que dejan su bajo o la pegada de Shreibman. Una larguísima canción, como una suite, con varias partes diferenciadas en las que el bajo es el hilo conductor y tan sólo con sus cuerdas logra que, como oyentes, no perdamos el interés; creando tensión, construyendo cimas para luego, abruptamente, echarnos por tierra. Shreibman cimenta las canciones con su profunda voz mientras que Desmond planea sobre ellas con la suya -plenamente melódica- hasta que, en el clímax del álbum, parecen lograr la comunicación -a través de ese espejo que antes mencionaba- con Adrián Guerra en unos versos que llegan a través del tiempo (cuando originalmente fueron grabados para su anterior álbum, “Four Phantoms”) y que aquí recuperan, con un efecto magnífico. Es cierto que el logro es tecnológico pero la magia de “Mirror Reaper” es que Bell Witch consiguen que la sensación de recuperar la voz de Guerra sea mística, toda una experiencia.

En la recta final, Erik Moggride, amigo y colaborador habitual de la banda añade también su voz para darle un toque aún más triste, más melancólico (y, por qué no, también fantasmal) con el que cerrar un álbum como “Mirror Reaper” en el cual sientes una extraña sensación de vacío, quietud, calma pero también desolación. No recuerdo un disco como este, que sepa capturar tan bien la eterna sensación de ausencia; cuando los que se fueron todavía parece tan cercanos como para poder tocar su mano una vez más o ser invocados a través de un espejo. Especial, sencillamente especial y no apto para todos los gustos pero sí para aquellos que buscan una experiencia vital a través de la música…

© 2017 Jim Tonic

Crítica: Annihilator “For The Demented”

Si nunca te han terminado de convencer Annihilator, “For The Demented” no te hará cambiar de opinión. Y lo cierto es que es una pena porque Jeff Waters es un gran músico que, además de caernos bien a todos los aficionados, es indudable lo trabajador y persistente que es pero, por desgracia, las musas no han querido siempre acompañarle a lo largo de carrera y esto se ha traducido en una desconfianza general hacia cualquier nueva obra del guitarrista que a veces ha echado demasiado azúcar en la receta de su banda. “Alice In Hell” (1989) o “Never, Neverland” (1990) son grandes discos, aciertos que el canadiense siempre ha intentado repetir y, para ser honestos, aunque nunca haya llegado a lograrlo sí que nos ha dejado buenas obras o, al menos, correctas. Así, “Set The World On Fire” (1993) o “King Of The Kill” (1994), sin cambiar las reglas del juego, continuaban la carrera de Annihilator con tino pero, a partir de ahí, los relativos aciertos como “Carnival Diablos” (2001) o “Walking The Fury” (2002) han sido los menos mientras que títulos mediocres como “Remains” (1997), “All For You” (2004) o “Metal” (2007) han hecho que todos miremos con reservas a Annihilator cuando, para colmo, los mejores momentos no lo han sido tanto (“Schizo Deluxe” o “Suicide Society”). Pero, si bien Waters no siempre ha estado acertado, discos como “Annihilator” (2010) o “Feast” (2013) nos habían hecho recuperar la esperanza y por eso este “For The Demented” era esperado por muchos, aquellos que queríamos saber si Waters daría la talla de nuevo.

De entrada, es de justicia reconocer que el nuevo álbum de Annihilator, producido por ellos mismos, suena bien, muy bien. En unos años en los que los productores parecen ser igual o más importantes que los propios músicos y hay producciones para todos los gustos; desde aquellas en las que la compresión es insoportable y arruina el producto, hasta aquellas millonarias o esas otras, por el contrario, completamente Low Fi), encontrarse con un álbum de sonido estándar (en el mejor de los sentidos), bien ejecutado y que no exige mayor atención que disfrutar de las canciones, es todo un placer para los oídos.

Con las incorporaciones de Rich Hinks y Fabio Alessandrini en la base rítmica, dejando a Aaron Homma las seis cuerdas y a Jeff Waters, auténtico mandamás, a cargo de todo; desde las voces, todas las guitarras, el bajo o incluso supervisando a Alessandrini, “For The Demented” es un acierto a medias. Entiendo que Annihilator es el bebé de Jeff y de ahí su mimo pero a menudo este tipo de figuras (como Mustaine) suelen ser más castrantes que beneficiosas. Y no deja de llamarme la atención que piense en el pelirrojo por excelencia del metal cuando pincho este “For The Demented” (segundo trabajo tras la marcha de Dave Paddon) y en cada una de sus canciones hay un claro aroma a Megadeth; desde la inicial “Twisted Lobotomy”, al ejemplo más claro en “The Demon You Know” en la que hasta las partes narradas de Jeff parecen una clara imitación del recitado de Mustaine.

Precisamente, “Twisted Lobotomy” era ya conocida por todos gracias a sus interpretaciones en directo; el esquema clásico de Annihilator en cinco minutos de potentes riffs (tras el inicial con pleno sabor a Maiden) que forman una de las mejores de todo el álbum. Waters, aunque aprueba en la tarea vocal, escupe verso a verso su letra, como si de una canción de Megadeth se tratase, y esto que puede resultar divertido, termina por cansar a lo largo todo el disco. Aquella afirmación del mismísimo Jeff en la que admitía que no escondería su admiración por Exodus, Megadeth o Metallica es más que palpable en la escucha de “For The Demented”. En efecto, no lo esconde pero esa afición dificulta la escucha de lo que parece el hermano pequeño que mira con fascinación a sus mayores.

Lamentablemente, Annihilator son incapaces de mantener el nivel de “Twisted Lobotomy” en “One To kill”, un medio tiempo thrashy poco inspirado y que no tiene sentido que se escriba en pleno 2017, su estribillo es pegadizo pero poco más. Algo parecido ocurre con “For The Demented”, la canción, un buen ejemplo de la sensibilidad pop de Waters, quizá la composición más pegadiza en años pero, de tanto repetir una y otra vez la melodía del estribillo, resulta ligeramente indigesta. Me gusta el trabajo de las guitarras, el puente me parece excepcional con la presencia del sintetizador, pero es una canción que debes escuchar con precaución sino quieres que se te repita toda la tarde, por irritante.

Pero los plagios más flagrantes llegan con “Pieces Of You”, esa canción en la que Waters intenta emular a Metallica y se queda en Nickleback o “The Demon You Know” en la que supongo que le dará parte de los beneficios a Mustaine; que cualquier seguidor la escuche y juzgue por sí mismo, es una canción que podría ser parte de la segunda cara de cualquiera de los discos menos inspirados de Megadeth.

Cuando Waters podría parecer que se da cuenta del desaguisado en el orden de las canciones ya es tarde, “Phantom Asylum” recupera la senda de “For The Demented” allá donde lo dejó en “Twisted Lobotomy” pero más centrado en el groove y menos en los afilados riffs de la primera. Y, por fin, la auténtica joya del disco, "Altering the Altar", que parece un regreso a los mejores Annihilator y el último destello antes de perder completamente el rumbo en la autobiográfica pero absurda “The Way” en la que Waters hace perder a su propia banda todas sus señas de identidad y suenan a punky californiano de mentirijilla. Algo que no arregla en absoluto la instrumental “Dark”, erróneamente situada en novena posición y no como apertura, que precede a la anodina “Not All There” con toque funky/blues en su puente tras el que la imitación a Metallica vuelve a hacer acto de presencia. ¿Qué ha pasado, Jeff?

Puede que se sienta más inspirado que nunca, que crea que es el momento de recoger lo sembrado o quiera su trozo de pastel ahora que muchos de sus compañeros desaparecen o abandonan ya cansados pero para mí, con todo el dolor de mi corazón, las cosas no han cambiado y sigue siendo ese músico inmerso en la búsqueda sin éxito de un nuevo “Never, Neverland”.

© 2017 Lord Of Metal

Crítica: Archspire “Relentless Mutation”

Si bien es verdad que Archspire se asentaron con “The Lucid Collective” (2014), será con una obra tan complicada y enrevesada como “Relentless Mutation”, con la que se situarán definitivamente en primera línea del death metal más técnico. Pero quizá lo que más beneficie al álbum es lo natural de su sonido, a pesar de lo forzado de su planteamiento, de lo difícil de su interpretación, de lo pasadísimos de vueltas que Morelli, Prewett, Lamb, Peters y Smith van en todas las canciones con un ritmo tan exagerado que a veces fuerza la abstracción y parece que estemos escuchando un remix, obra de una máquina. Y, sin embargo, tienen la habilidad y el buen gusto suficiente para que las canciones suenen tan naturales en su desarrollo y con una producción tan cristalina que cualquier oyente mínimamente experimentado será capaz de distinguir cada uno de los instrumentos. Grabado en los Flatline Studios, quizá mi única pega es el sonido del doble bombo y no por la magnífica producción de Dave Otero sino quizá por la endiablada velocidad de Spencer Prewett y es que, por momentos, la sensación de estar escuchando un martillo hidráulico es constante (imagínese el lector, la rapidez en la pegada de Spencer).

Con la incorporación de Jared Smith al bajo, tras la ayuda de Clayton Harder, "Involuntary Doppelganger" es la primera toma de contacto de un álbum en el que desde el primer minuto no escatimarán en velocidad, los riffs de Morelly Lamb se alternan con arpegios a gran rapidez, constante cambios de ritmo y la voz bronca de Oli. Hay que tener mucho valor para saber construir una melodía y que enganche a pesar de un envoltorio tan excesivo; ecos de esos pasajes románticos que tan bien manejan Animals As Leaders cuando Abassi se calma, con un toque de Meshuggah o Gorguts y a ametrallarnos desde el mástil. Está claro cuáles son las influencias de Archspire pero ellos lo llevan a otro nivel, por lo tanto no hay queja alguna. 

Un sintetizador más propio de Muse (“Take a Bow”) abre "Human Murmuration" hasta que Oli Peters entra con su peculiar tono de voz (más cercano a los entrecortados gruñidos de un perro que a una garganta humana, desde luego es de admiración cómo maneja su voz como si de un instrumento se tratase) en una composición menos acelerada pero que utiliza como visagra la pericia de Morelly, Lamb y, el recién incorporado, Smith. Un toque de free jazz para su bajo y uno más neoclásico para las guitarras es lo que convierten a "Human Murmuration" en una canción que, aun recuperando el espíritu de “The Lucid Collective”, suena tan fresca e innovadora como sólo Archspire son capaces.

"Remote Tumour Seeker", otro de los singles de este “Relentless Mutation”, basado en los aterradores experimentos de Aum Shinrikyo, en la que Dean Lamb suena más melódico que nunca mientras Oli juega con sus palabras hasta parecer que hace scat es una de las más accesibles del álbum hasta la calma de la homónima, “Relentless Mutation”, en la que sus primeros son herederos de los mejores Animals As Leaders hasta que el doble bombo de Prewett nos aclara dónde nos encontramos y el resto de la banda entra sin previo aviso. La incursión o, mejor dicho, el regreso al terreno neoclásico llega con “The Mimic Well” en una composición menos sincopada y en la que las guitarras demuestran que saben dibujar bonitas melodías aparte de brutalísimos riffs, una parte central más jazzy, completamante nocturna, y de vuelta al huracán en una recta final llena de dramatismo.

Tras la sintética introducción de "Calamus Will Animate" nos encontramos de bruces con otra de las canciones más agradecidas del disco gracias al trabajo de las guitarras y esos estribillos (¿podemos hablar de ellos, como tal, en un álbum de Archspire?) antes de la descarga final con “A Dark Horizontal” que incluye quizá uno de los pasajes más bellos de entre las siete canciones que forman el tercer trabajo de los de Vancouver.

“Relentless Mutation” requiere de tiempo y paciencia, de esfuerzo por parte del oyente menos familiarizado, pero la recompensa es tan grande como para que, en un disco como el que nos ocupa, uno tenga ganas de volver a escucharlo una y otra vez. Desde luego, Archspire han crecido, su nivel de composición está a la altura de su habilidad como músicos, un nuevo hito en el death metal más técnico, esa complicada liga de artistas olímpicos en la que destacar no es nada fácil.

© 2017 Conde Draco

Crítica: Cannibal Corpse "Red Before Black"

Todavía recuerdo con cariño aquellos años de instituto en los que uno de mis amigos llevaba la camiseta de “Vile” (1996) de Cannibal Corpse (mientras yo llevaba con orgullo aquella de “Burn My Eyes” (1994) de Machine Head, comprada por correo cuando en nuestro país eran todavía casi unos asolutos desconocidos) pero aún más chocante resultaba verle con la de “Tomb Of The Mutilated” (1992) en un momento en el que sus portadas eran todavía las más retorcidas y arrancaban un gesto de desaprobación en tus padres. Algunos de los mejores recuerdos de aquella época los tengo asociados con bandas que marcaron la historia de la música, de una u otra forma y los Corpse siempre han estado donde tenían que estar y aunque nunca hayan llegado a la altura de “The Bleeding” (1994), tampoco -en mayor o menor medida- nos han defraudado. Con “Vile” llegaba George "Corpsegrinder" Fisher y quizá la verdadera estabilidad de la banda, es verdad que “Gore Obsessed” (2002), “The Wretched Spawn” (2004) o “Evisceration Plague” (2009) no son de lo mejor que hayan firmado pero tampoco podemos decir que sean decepcionantes en una carrera en la que el nivel técnico y la integridad han ido de la mano y, por el contrario, tenemos “A Skeletal Domain” (2014) o “Torture” (2012).

Juzgar el último álbum de una banda que lleva veintisiete años grabando y girando por todo el mundo, con un estilo tan marcado -tanto en lo musical, como en lo conceptual-, no deja de ser una labor un tanto inútil porque es verdaderamente difícil que nos dejen un regusto amargo, pero sí que es cierto que en “Red Before Black” (producido por Erik Rutan, Hate Eternal, con quien también trabajaron en “Kill” (2006), “Evisceration Plague” (2009) o “Torture”, tres años más tarde) han intentado avanzar en un terreno, como es el de las letras, en el cual agradecemos esa búsqueda por mucho que una canción de Corpse siga sonando como una canción de Corpse.. Y en el apartado musical, ¿qué podemos decir de un batería y un bajista como Mazurkiewicz o Webster? Auténticas leyendas del death, como Barrett y O’Brien o el brutalísimo y gigante Corpsegrinder...

“Only One Will Die” es el mejor ejemplo de un álbum que juega perfectamente con el equilibrio más clásico con sabor a nuevo, Mazurkiewicz avanza como una locomotora mientras construye una sólida base con Webster sobre la que Barrett y O’Brien escupen el riff principal y Fisher parece engullirnos con su grueso cuello, como una boa. Una forma de abrir un álbum que no deja ninguna duda de la banda que estamos escuchando. Pero quizá es el single, “Red Before Black” (¿no es lo más pegadizo que han firmado en años?), y su trepidante ritmo o su adictivo estribillo los que terminen por cogernos por el gaznate y nos meta de lleno en este viaje. “Red Befoooooooore Black”, canta Fisher con esa voz que sigue sin parece humana, como si el tiempo no hubiese pasado por su garganta.

“Code Of Slashers”, en un tempo más pausado, es una demostración de que Cannibal Corpse pueden seguir sonando igual de oscuros y siniestros levantando el pie del acelerador (por lo menos en la primera parte de la canción) para, más tarde, arrasar con todo e incluir uno de los solos de Pat O’Brien más ácidos de todo el álbum. “Shedding My Human Skin” o “Remaimed” rompen mucho la tónica de “Red Before Black” pero no pasa nada porque el eléctrico y grueso riff de “Firestorm Vengeance” nos parte por la mitad como una corriente de alto voltaje, al igual que la machacona “Heads Shoveled Off” o “Corpus Delicti” nos muestran a unos Cannibal Corpse sin complejos, libres para seguir siendo ellos aunque en la última se permitan el lujo de cambiar de tercio a mitad de la canción, rompe y rasga.

Algo que siempre me ha llamado mucho la atención de aquellos que no saben nada de Corpse pero, sin embargo, creen saberlo todo es el menosprecio a sus cualidades como músicos quizá por lo bruto de sus letras, en una banda que es capaz de ser más técnica que ninguna. Cierto que “Scavenger Consuming Death” es heredera de los últimos trabajos pero, por ejemplo, “In The Midst Of Ruin” suena como una versión revitalizada de ellos mismos que bien vale su peso en oro. Como "Destroyed Without A Trace" y “Hideous Ichor” son dignos finales, densísimos y contundentes como una apisonadora. ¿No es genial cuando una banda suena como se espera de ella pero, al mismo tiempo, parece rejuvenecida? Así es “Red Before Black”…

Una demostración asombrosa de cómo no desmarcarse de su propio camino, ser fieles a sí mismos, renovarse dentro de lo comprensible y seguir sonando igual de aplastantes que siempre. Pocas formaciones mantienen tal nivel de agresión después de casi tres décadas; lo bueno de Cannibal Corpse no es que sean grandes por lo que firmaron en el pasado, es que continúan de manera digna y solvente.

© 2017 Lord Of Metal

Crítica: Black Country Communion “BCCIV”

Poco espero ya de Black Country Communion. No es que Joe Bonamassa no sea un guitarrista magnífico, versátil, técnico y trabajador, como Sherinian no es precisamente manco o Bonham carezca de pegada (a pesar de las eternas comparaciones con su padre) y Hughes no sea Hughes, ese magnífico genio loco de Purple y Trapeze, al que algún día echaremos de menos. Es que Black Country Communion dieron lo mejor de sí mismos con “Black Country Communion” (2010) y “2” (2011) y “Afterglow” (2012) no sólo acusó la malísima relación entre Hughes y Bonamassa en unas canciones que compusieron el uno sin saber del otro, generando un álbum carente de la magia y chispa de los anteriores, sino que resultaba poco creíble. El desencuentro es sencillo de explicar, mientras Hughes quería que Black Country saliesen más de gira y forzó la grabación de aquel álbum, Bonamassa tiene una carrera en solitario que se ha mostrado auténticamente intratable en cuanto a la cantidad de lanzamientos, proyectos, directos y colaboraciones. Así, no es de extrañar el choque de trenes entre Hughes y Bonamassa mientras Sherinian y Bonham asistían, incapaces de mediar entre ambos. Es por eso que entiendo la portada del cuarto álbum de la banda, titulado de manera poco original como “BCCIV”, con el ave fénix resurgiendo de sus cenizas mientras que en “Afterglow” parecía tocada de muerte.

Pero, por desgracia, es el mismo pajarraco y con ello ya está dicho todo. Aunque Hughes y Bonamassa se han vuelto a sentar a escribir y la colaboración parece traducirse en cierta cohesión del álbum, las diferencias entre ambos siguen siendo insalvables. A nivel compositivo, hay canciones en las que la mano de Bonamassa se hace más que evidente, como la pluma de Hughes en esas otras más directas. El sonido pergeñado por los cuatro, con la ayuda del sospechoso habitual (Kevin Shirley), lo que tampoco ayuda, es una mezcla de hard rock con algo de blues que por supuesto que suena estupendo pero no sorprende como sí ocurría en sus dos primeros álbumes. La ansiada búsqueda por mezclar la influencia de Zeppelin con el blues más estándar de Bonamassa surte efecto porque los implicados son grandes músicos pero la mezcla no engancha, no hay riesgo alguno en unas canciones quizá muy trabajadas pero en las que hay poco que escarbar, y tampoco hay esa sensación de estar asistiendo al nacimiento de algo grande como ocurría con Plant, Page, Jones y Bonham en esa mezcla de blues, hard, psicodelia y mística oriental.

De “Collide” lo que más me gusta es el sentimiento de contundencia de la batería de Bonham y el pesadísimo riff de Bonamassa pero resulta sonrojante cuando escuchamos a Hughes imitar a Plant en ese orgasmo místico del puente. “Over My Head” nacida en el sueño de Hughes, que acudió presto a escribirla ante la mirada atónita de su mujer, es la más accesible y el desarrollo es magnífico, quizá el mejor momento de todo el álbum; cuando Bonamassa parece prender su guitarra.

"The Last Song for My Resting Place" es el momento puramente de Joe pero no ese Bonamassa que nos gusta cuando su Les Paul parece querer sonar por Moore o Gallagher, cuando la válvula prende, sino ese que se apoya en composiciones excesivamente narrativas con adornos acústicos tradicionales. Es verdad que Bonamassa ha ganado como intérprete y su voz está mejor que nunca pero la canción no termina de emocionar (algo parecido ocurrirá con la oscura “The Cove”, que termina por aburrir antes de conmover a pesar del tema que trata). Como el atropellado riff de “Sway” recuerda a “Rope” de Foo Fighters a pesar del esfuerzo de Hughes y Bonham por darle otro cuerpo.

“The Crow” o la versión bluesera de “Bulls On Parade” de Rage Against The Machine posee toda la fuerza que echábamos en falta en las anteriores y quizá la más valiente del conjunto es “Wanderlust” en la que parecen querer olvidarse de Zeppelin y Bonamassa cede espacio a Sherinian, una lástima la poca contención (más de ocho minutos) de una canción que podrían haber resuelto en la mitad de tiempo. Entiendo que “Love Remains” posee una naturaleza nostálgica, dedicada por Hughes a sus padres, pero resulta demasiado blanda, mientras que “Awake” es un robo al Clapton de los sesenta o, de nuevo la mano del binomio más complaciente de Bonamassa/ Hughes en la flojita "When the Morning Comes” y de nuevo un excesivo minutaje en un tema que no requiere de tal.

Aprueba por poco respecto al anterior, “Afterglow”, pero demuestra que Black Country Communion y la añeja frescura con la que grabaron sus dos primeros discos no parece haber vuelto ahora que saben que aquella mezcla resultó y fuerzan su búsqueda. La prensa especializada, esa en la que escriben chavales no especializados, se deshará con ellos pero es porque es tan sólo una crítica más, como “BCCIV”, que no es un mal disco pero es tan solo otro disco más…


© 2017 Jim Tonic

Crónica: Hellfest (Clisson, Nantes) 18.06.2017

Tras dos días de emociones, llegaba la última jornada del Hellfest. Si en la pasada edición el plato fuerte de la tercera noche era Black Sabbath, este año no sería algo tan impactante pero tampoco menos apetecible y, de nuevo, alejados de los escenarios principales aunque en esta ocasión a petición del propio artista. Muchos fueron los que criticaron al festival -y a otros muchos de toda Europa- porque el nombre de Emperor figurase por debajo de Linkin Park en el cartel, ese tipo de gente tan auténtica que parece querer imponer su gusto sobre el del resto. Lo ocurrido es mucho más sencillo, lejos de los intereses económicos de cualquier festival y banda, en esta ocasión fueron los mismísimos noruegos los que escucharon a sus propios seguidores ya que, tras verles interpretar hace unos años “In the Nightside Eclipse” por su aniversario en los escenarios de algunos de los más grandes festivales europeos, muchos fueron los que entendieron que la naturaleza de semejante obra no debería ser mancillada en los grandes espacios de los escenarios sino en otros más pequeños para capturar toda la magia de una auténtica banda de black metal interpretando una obra maestra. Así, cuando Emperor anunciaron que girarían celebrando el aniversario de “Anthems To The Welkin’ At Dusk” todos sabíamos que, para bien o para mal, les veríamos en un espacio más reducido. En mi opinión y tras haberles visto en ambas giras, es todo un lujo estar en primera fila -entre Ihsahn y Samoth- disfrutando en directo las canciones de un álbum así, pero considero un error el que una banda de su magnitud escuche a todos esos seguidores tan reaccionarios que hoy piden que cambien de escenario y mañana les criticarán por no hacer lo que parece escrito en piedra, por no aparecer vestidos, maquillados o satisfaciendo unos deseos puramente adolescentes.

Fuese como fuese, tres bandas auténticamente únicas y equidistantes como Emperor, Coroner o los míticos Blue Öyster Cult habrían de reinar en la última jornada del festival, como la oportunidad de ver a The Dillinger Escape Plan en la que se supone que será su gira de despedida.

La primera de nuestras citas era con Ghost Bath; verles de nuevo fue totalmente desesperanzador, no sólo poseen uno de los peores directos en una escena con una competencia tan atroz y con un nivel instrumental tan exigente sino que, a veces, llego incluso a dudar de que realmente sean músicos. Quise darles otra oportunidad tras su último álbum, “Starmourner” y me encontré de nuevo a una banda con un sonido atroz, deslavazado, y a unos músicos incapaces de llevar el mismo tempo. No me sorprende en absoluto porque no era mi primera vez con ellos y he escuchado sus discos pero sí que reciban el apoyo de un gran sello como Nuclear Blast y muchas webs se deshagan en críticas favorables. ¿Es que acaso aquellos que escriben para webs o revistas en papel realmente no entienden sobre la música a la que se están refiriendo? Ghost Bath son un compendio de todo aquello que al seguidor de post black metal podría esperar y quizá por ello es que engañen a muchos al principio pero es escuchar uno de sus directos y entender que no, no funcionan… Dennis Mikula no vocaliza, tampoco afinará, supongo que cree que no es necesario para cantar black pero tampoco va al compás en una banda en la que quizá el único que funcionó fue Jamie Schlittenhart con su bajo, quizá porque tampoco se le escuchaba ya que era tapado por las guitarras de Tim y Donovan. Cayeron canciones (nunca mejor dicho) como “Thrones” o “Ambrosial”, “Seraphic”, “Golden Number” y cerraron con “Luminescence” pero fui incapaz de disfrutar una actuación en la que en todo momento me sentí estafado y, al ver cómo el poco público que había abandonaba la carpa de The Temple, supongo que no fui el único. En efecto, “Moonlover”, debió ser un espejismo…

Muy diferente a lo que ocurrió en un Valley completamente atestado para ver a Ufomammut interpretar canciones de “Ecate” (2015) y “8” (2017) y la verdad es que pese a los agobios sufridos por el calor y la cantidad de gente que acudió, mereció la pena ver a Poia, Urlo y Vita interpretar canciones como “Temple”, “Warsheep” o “Eve pt III” y “Eve pt IV”, un sonido aplastante, denso y poderoso en el cual volvimos a sentir que estábamos en el lugar adecuado y cuando todo acabó con “Stardog” y “God” una sonrisa se dibujaba en nuestras caras pese a la perspectiva de ver a Pentagram en ese mismo escenario interpretando su cancionero con la ausencia del mítico Bobby Liebling, con Griffin asumiendo las tareas vocales. La perspectiva de escuchar esas canciones sin Liebling, por mucho que Victor sea la columna vertebral de la banda y el verdadero apoyo de un Bobby cada vez más perdido (no únicamente con problemas de drogas, adicciones y enfermedades sino de otra índole) que se ha visto forzado a abandonar la gira y Griffin, Turley y Campbell poniéndose el mundo por montera, supongo que cada vez más hartos, para cumplir los compromisos contractuales. Honestamente, Pentagram sonaron bien y, por mucho que me cueste reconocerlo, es obvio que para ello no dependen de Bobby pero es inevitable sentir que falta algo en el escenario; que canciones para que suenen como es debido canciones como “Death Row”, “Sinister”, “Forever My Queen” o la mítica “Sign Of The Wolf”, es necesaria la presencia de ese “loco maravilloso” que es Liebling sobre las tablas. Una pena abandonar el escenario de Valley con una banda tan solvente a nuestras espaldas, dando lo mejor y superando una situación así pero, aunque le pese a muchos, Pentagram es Liebling y Liebling es Pentagram.

De una de nuestras bandas más queridas a Devildriver y su groove con denominación de origen puramente norteamericano. He de reconocer que mis esperanzas nunca estuvieron depositadas en la banda de Dez Fafara (no son lo mío a pesar de haberles visto en directo en más de una ocasión) pero debo ser justo y, aunque nunca escuche a Devildriver en mi día a día, “End Of The Line” fue un comienzo arrollador para arrancar su actuación en el Hellfest. Lejos, muy lejos han quedado los tiempos de Coal Chamber, Fafara parece renegar de aquello, está más centrado que nunca en este proyecto y lo cierto es que sobre el escenario parece vivirlo con toda la intensidad posible a pesar de que “Trust No One” (2016) resultó un poco decepcionante con ese mensaje tan infantil y esa repetición de recursos. Disfruté especialmente de “Grinfucked” o la robusta “Cry for Me Sky (Eulogy of the Scorned)” y me gustó el trabajo de las guitarras de Spreitzer y Tiemann pero, a pesar de que nadie pudo salir decepcionado de su concierto, Devildriver siguen pareciéndome excesivamente anodinos y más aún con el material publicado después de “Winter Kills”. Tras el cierre con “Ruthless” y “Meet The Wretched” tuvimos la oportunidad de conocer en persona a Fafara y su banda, buena gente aunque Dez pareciese completamente agotado, ausente, tras el esfuerzo.


Una de esas bandas que llevo toda la vida deseando ver en directo, Blue Öyster Cult, confirmaba su presencia en el festival galo. ¿Cómo resistirme a ver, por fin, a Buck Dharma y Eric Bloom, sobre un escenario? La desconcertante introducción con la ya clásica melodía de la serie “Juego de Tronos” nos daba la bienvenida a todos y, tras ella, el comienzo puramente hard rock de “The Red & The Black”, con Richie Castellano, Jules Radino y Kasim Sulton, Blue Öyster Cult pisaban a fondo con una acelerada canción de corte clásico a la que siguió “Golden Age Of Leather” o el single “Burning For You”. No puedo describir con palabras lo que sentí al ver a Buck o Bloom interpretar canciones como “Then Came the Last Days of May” o “Tatto Vampire”. Obviamente, el punto álgido fue cuando sonó la mítica “(Don't Fear) The Reaper” con todo el mundo sintiéndose parte de la historia en un concierto en el que nos regalaron dos bises; “Hot Rails to Hell” y, un final muy digno, “Cities on Flame With Rock and Roll”

Si algo ha cambiado para Phil Anselmo tras el triste incidente en el Dimebash y su penosa actitud es que sus detractores han encontrado el motivo perfecto para odiarle aún más, como si eso pudiese ser aún posible. Phil es un artista que siempre ha disfrutado del Hellfest y se ha sentido cercano al festival, tanto con los fans como con la organización. No era complicado encontrarle firmando autógrafos, haciéndose fotos, actuando y colaborando con todo tipo de bandas. Llegando a actuar hasta tres veces en el mismo fin de semana. Pero tras su última polémica, Anselmo parece no querer exponerse, no querer tener más contacto que el justo, resultando poco accesible. La actuación de Scour me resultó contradictoria, por un lado tenía a Phil Anselmo (vuelve a leer su nombre, si creciste con su música en los noventa, ese nombre es sinónimo de Pantera y en aquella década eran muy grandes…) interpretando lo que él entiende que es puro black metal y así se empeña, tanto en las entrevistas como en directo, de dejarlo claro; no hay corpse-paint, no hay fuego o cabezas de cerdo empaladas pero no parará de recordarnos a todos que aquellos que hemos llevado en algún momento una camiseta de Bathory no tenemos ni la más remota idea de lo que es el auténtico, puro y duro metal. Entre constantes reivindicaciones y una actitud ligeramente distante, comedida y extraña, Phil no terminó de romper en la actuación de Scour. Acompañado de John Jarvis, Chase Fraser y Derek Engemann, sonaron temas de su primer álbum (ahora que ha anunciado que parece que va a haber una continuidad, de momento con el EP, “Red”) como “Crooked”, “Piles” o “Bleak”. Fugaces interpretaciones con Anselmo arrojando las letras de cada canción entre las primeras filas (como si aquel gesto fuese un alegato artístico), “Shake”, “Clot”, hasta llegar al inevitable fin de fiesta con “Strength Beyond Strength” de Pantera no sin antes dejar bien claro que Bergen es tejana con una innecesaria versión de “Massacre” de Bathory.

Y llegó el dulce momento de ver de nuevo a Emperor pero esta vez interpretando “Anthems to the Welkin at Dusk” (1997), tres años después de su flamante gira con “In the Nightside Eclipse” (1994), ¿puede ser que los noruegos estén pensando en girar interpretando también “IX Equilibrium” dentro de un par de años y lo mismo con “Prometheus: The Discipline of Fire & Demise” (2001)? No me gustan demasiado este tipo de giras pero nos brindan la oportunidad de ver a bandas imposibles interpretando discos míticos, no seré yo el que se queje de ello.

Tras la viscosidad y parsimonia de “Alsvartr (The Oath)” con su majestuoso cierre, el repertorio se encabritaba con “Ye Entrancemperium”. Pocos son los discos que aguantan ser interpretados en directo sin que el repertorio se resienta, con la ayuda de Einar Solberg a los teclados; Trym, Samoth e Ihsahn sonaron como si el tiempo no hubiese pasado por ellos. Tenía mucha curiosidad por saber cómo sonaría “Thus Spake the Nightspirit” y he de reconocer que superó todas mis expectativas (no es que canciones como “Ensorcelled by Khaos” o, la estéticamente romántica, “The Loss and Curse of Reverence”, auténticas bombas sónicas del género, no sean suficiente pero aquella otra tiene un espíritu muy diferente, quizá más venturoso)

Esos que menosprecian una obra como “Anthems to the Welkin at Dusk” en favor de “In the Nightside Eclipse” creo que no han escuchado lo suficiente las canciones del álbum. Por favor, “With Strength I Burn” es pura emoción como “The Wanderer” es el contrapunto justo, melodramática y pausada para cerrar la actuación de un álbum que nos regalaría algunos bises de canciones ya clásicas como “I Am the Black Wizards” o “Inno a Satana”. Una pena que Ihsahn y Samoth partiesen su relación artística por diferencias musicales porque Emperor nos podría haber seguido regalando grandes discos si hubiesen sabido conjugar la vertiente más valiente y progresivo de uno y el black más acerado del otro.

Pero si hubo una banda en esta edición que tuviese ganas de ver era Coroner. Los creadores de una discografía auténticamente magistral; “R.I.P.” (1987), “Punishment for Decadence” (1988), “Punishment for Decadence” (1988), “No More Color” (1989), “Mental Vortex” (1991) y el polémico y a veces no entendido “Grin” (1993), parecen estar viviendo un momento dulce tras su resurgimiento y la publicación del impecable recopilatorio “Autopsy”. Con Diego Rapcchietti tras los parches, reemplazando a Marky. Ron Broder y Tommy Vetterli se dejaron ver por el festival antes de su actuación. ¿Qué queréis que os diga? Conocer a Tommy Vetterli fue un sueño hecho realidad; no sólo tuvo toda la paciencia del mundo firmando toda mi colección de Coroner sino también la inmensa amabilidad de responder a algunas preguntas y confirmar que ya están muy avanzados en la grabación de su álbum de regreso y, tras su gira por festivales (con parada incluida en España), estaban estudiando la posibilidad de girar por salas en Europa. Ojalá así sea y podamos disfrutar del repertorio de Coroner en un espacio más reducido aunque se evidencia la triste realidad de ese público que parece no llenar los aforos.

Su actuación, ya bien entrada la noche, tuvo una buena afluencia de público y sonó todo lo sólida que podemos esperar de ellos en un escenario sobriamente decorado con su bonito logo y en el que no hacía falta nada más excepto la presencia de los músicos sobre las tablas. “Golden Cashmere Sleeper, Part 1”, “Internal Conflicts” y “Serpent Moves” nos mostraron a un trío que son capaces de sonar como ya quisieran otras bandas con más miembros. Ron y Diego forman un tándem magnífico y dejan a Tommy toda la libertad para poder entrar y salir de las canciones con sus riffs y solos. “Masked Jackal” y sobre todo “Grin (Nails Hurt)” terminaron por sumergirnos en un concierto que supieron despedir con “Die By My Hand” y en el que eché en falta muchas canciones, más quizá de “No More Color” (1989) o “Mental Vortex” (1991) y es que los suizos tienen un repertorio al que cuarenta y cinco minutos se les quedan cortos. Otro sueño cumplido.


Tras ver a Emperor y Coroner, el Hellfest del 2017 parecía despedirse de nosotros no sin antes dos platos fuertes; Slayer y The Dillinger Escape Plan. Cierto es que Araya, King, Holt y Bostaph se prodigan en festivales (en la pasada edición, sin ir más lejos) y también por salas pero, como puede ocurrir con Kreator, me resulta francamente difícil negarme a verles una vez más y así desde hace más de veinte años. El resultado es siempre el mismo y ello no debe entender como algo negativo, todo lo contrario; desde hace mucho tiempo, Slayer han logrado convertirse en una apisonadora en directo y desde la introducción de “Delusions of Saviour” y se cañonazo que es “Repentless”, poco tardaron en llegar clásicos que sí, que es cierto que hemos escuchado ya en mil ocasiones; pero que siguen sonando magníficos en directo. Y no me refiero a canciones menores sino a “War Ensemble”, “Postmortem”, “Dead Skin Mask” y una recta final como “Seasons In The Abyss”, “South Of Heaven”, “Rainning Blood” y “Angel Of Death” recordándonos a Hanneman allá donde quiera que este; al norte o al sur del cielo. Podemos criticar a Slayer pero esa regularidad y fama de ser infalibles que les hizo grandes en el pasado es la misma de la que siguen haciendo gala en todos y cada uno de sus conciertos…

Todo lo bueno se acaba, no solamente la edición de este año del Hellfest sino también la carrera de una banda como The Dillinger Escape Plan tras publicar uno de los grandes discos del año pasado, “Dissociation” (2016). Cancelaron algunas de sus fechas europeas por un accidente de bus y España nunca tuvo la oportunidad de verles por última vez, es por eso que el escenario del Hellfest resultaba ideal. ¿Qué decir? Espídicos, hipervitaminados, caóticos, echaremos de menos a The DIllinger Escape Plan, esa mágica unión entre Weinman y Puciato. Es verdad que el sonido pudo resentirse por el escenario en el que les tocó actuar pero “Panasonic Youth”, “One of Us Is the Killer” o “Farewell, Mona Lisa” sonaron como tenían que sonar, mi favorita fue la intensísima y desgarradora “Symptom of Terminal Illness” por su interpretación en una actuación con amargo sabor a despedida con “Limerent Death” o “43% Burnt”.

Caminábamos hacia el coche, cansados pero contentos, y recordábamos la mítica ciudad de Tim Burton en la que los habitantes cuentan los días que quedan para Halloween. Así nos sentimos cuando aún sonaban algunas bandas a nuestras espaldas y nosotros ya pensábamos en la próxima edición del 2018 y los posibles artistas que tendrían que confirmarse. El Hellfest no es grande, es simplemente enorme…

© 2017 Jim Tonic/ Albert Gràcia

Crítica: Trivium “The Sin And The Sentence”

Reconozco no entender a Trivium; veréis, no es que su música sea tan compleja que supere mi capacidad. Lo que no entiendo es el camino tomado desde hace muchos discos y más tras la publicación de “The Sin and the Sentence”, cuya mayor sorpresa es su súbita publicación. Y es ahora cuando tampoco comprendo las declaraciones de Paolo, cuando aseguraba que el nuevo álbum de la banda sería el más extremo porque no sé lo que puede llegar a entender por extremo pero esta mezcla de metalcore dulzón con predominancia de voces melódicas dista mucho de lo que entiendo por un metal llevado hasta sus últimas consecuencias, en “The Sin and the Sentence” hay un poquito de thrash, groove, death y heavy pero todo en dosis tan pequeñas que hasta el más mortal de los venenos no haría el más mínimo efecto en el oyente. Y no es que no hayan sufrido por el camino, a la pérdida del batería Mat Madiro se le sumó el paso fugaz de un desnortado Paul Wandtke que, incomprensiblemente, según su red social (y las fotos que colgaba, emulando a Cobain), parecía más preocupado con su banda tributo a Nirvana, que de su carrera en Trivium (tras ser despedido, amenazó con comenzar su propio proyecto pero, como su vida antes de conocer a Heafy, su carrera actual parece igual de insustancial y difusa). No hay mal que por bien no venga, porque Trivium escogieron rápidamente su reemplazo; Alex Bent, un chaval que es un auténtico monstruo (pegada, rapidez, buen gusto) y al que hay que atribuirle quizá lo mejor de “The Sin and the Sentence” a nivel musical y por el que merece la pena escuchar el álbum hasta el final.

De un álbum (grabado en los Hybrid Studios de Santa Ana, bajo la batuta de Josh Wilbur) en el que parecen haber querido llevar a la exageración aquellas críticas positivas de “Silence In The Snow” que aseguraban que aquel era su álbum más dinámico y han convertido esa diversidad en un lastre cuando no hay coherencia alguna y, en la misma canción, nos encontramos una ensalada de subgéneros bajo el mismo denominador común; por ejemplo, la inicial “The Sin and the Sentence” es metalcore sin complicaciones, lo que pasa es que es maquillado en el puente y la batería de Bent nos hará creer que es algo muy diferente, como ese último minuto en el que la canción parece desvanecerse traqueteando. Una tema en el que han querido hablar de los ‘haters’, de aquellos que hablan y acusan, que cargan contra otros, pero todo visto a través de la caza de brujas, en fin...

Como “Beyond Oblivion”, que nadie duda que es tan pegadiza o más que la anterior pero en la que hay tal derroche de azúcar que su escucha bien podría matar a un diabético. Otra cosa que me sorprende en “The Sin and the Sentence” es la baja complejidad, la poca pericia o lo pueril de los conceptos de algunas de sus canciones. No es que Heafy haya sido alguna vez el Shakespeare del metal pero Paolo en el apartado lírico debería volver a sentarse en el banquillo. La forzadita comparación de la tecnología y la Inteligencia Artificial con la bomba atómica en “Beyond Oblivion” es para echarse a llorar, como la supuesta desesperación del bajista con Facebook en "Other Worlds". ¿Estamos hablando en serio? Me recuerda mucho a las llantinas de Dez Fafara por lo que lee en las redes sociales. ¿No se ha tratado ya este asunto en demasiadas ocasiones, no resulta tan aburrido como cómica la dramática forma de cantar una canción tan deplorable? ¿Es para tanto, Paolo, por qué no cierras Facebook y nos ahorras una canción tan tontorrona? Musicalmente, nos muestra un Bent valiente, un buen trabajo de Corey y Heafy en esas guitarras dobladas pero un estribillo verdaderamente empachoso.

Algo en lo que Trivium ahondan de manera inexplicable en “The Heart From Your Hate” en la que parecen un infame cruce entre Nickelback o Stone Sour para narrar el sentimiento de aquellos pilotos japoneses que lucharon en la Segunda Guerra Mundial mientras sus familias permanecían presas en campos de refugiados. ¿Cómo es posible que un tema así sea abordado de una manera tan superficial y con un envoltorio musical tan blandito? ¿Dónde está la rabia? ¿Cómo es posible que los haters, la Inteligencia Artificial, Facebook y los pilotos japoneses tengan ese insospechado hilo conductor que Paolo quiere darle a un álbum temáticamente tan absurdo como “The Sin and the Sentence”? ¿Cuál es su nexo?

Para complicar aún más las cosas, Matt ahonda en la traición de un amigo en “Betrayer”, una canción que recuerda en algo, aunque poco, a “Ascendancy” (no será la única, con “Endless Night” ocurre lo mismo y es cuando descubrimos que es una canción por encargo de un amigo de Heafy que le pidió una composición para su negocio, una que sonase como “Dying In Your Arms”), tanto como “The Wretched Inside” a Slipknot, una composición que Matt escribió para otra banda y que con la ayuda de Paolo maquillan para meterla con calzador en “The Sin and the Sentence”. Una segunda cara en la que priman los conflictos internos, las dudas existenciales, un poquito de introspección frente al desaguisado de temas varios en la primera mitad del disco pero que demuestra que esta segunda parte del álbum está hecha de retales de otras composiciones, peticiones del oyente y algún que otro boceto o descarte.

Como “Sever The Hand” y ese cruce entre “The Crusade” y “Ember To Inferno” o de vueltas al conflicto bélico de manos de Paolo, aunque en esta ocasión sea la Primera Guerra Mundial en “Beauty in the Sorrow” en la que parecen una banda de post-grunge, quizá uno de los peores momentos de “The Sin and the Sentence” sino fuese porque la pluma de Paolo y su pretensión hacen acto de presencia en “The Revanchist” en la que uno no tiene muy claro si adopta el punto de vista de ese protagonista que requiere lo que es suyo o es el contrario, en una canción que describe el triste momento actual de Trivium (algo que parece confirmarse en el inicio groovy de “Thrown Into The Fire”). Un final tan poco acertado como lo mucho que prometía este “The Sin and the Sentence” y que para muchos significa su mejor trabajo desde “Shogun” pero es que eso, amiguitos míos, es decir tan poco que parece que lo haya escrito el mismísimo Paolo.


© 2017 Conde Draco

Crítica: Exhumed “Death Revenge”

Desde su portada (cuyo responsable es Orion Landau), con todo el regusto de la serie B y las películas en VHS que muchos alquilábamos cuando niños, la producción de Jarret Pritchard, las canciones, la instrumentación o la historia que en él se narra. Pocos serán los fans del death que salgan decepcionados del nuevo álbum de Exhumed, “Death Revenge”, y todavía habrá alguno que se queje de la falta de gore con semejante bocado gourmet como nos ha ofrecido Matt Harvey. El planteamiento es sencillo y poco original pero quizá la combinación de los elementos o simplemente las musas, convierten a “Death Revenge” en uno de los títulos del año. Imaginémonos la húmeda y negra Edimburgo del siglo XIX, dos tipos como William Burke y William Hare, dos inmigrantes con pocos escrúpulos y menos dinero que vieron el negocio de sus vidas cuando un pensionista de la Armada murió en la cama del hostal y ellos, ni corto ni perezosos, rellenaron el ataúd de tierra para vender su cuerpo a la Universidad de Edimburgo en donde el doctor Robert Knox, sin demasiadas preguntas, les pago siete libras y diez chelines por el cadáver que acabaría diseccionado delante de sus alumnos. Así, Burke y Hare decidieron ganar algo de dinero y comenzaron a asesinar para vender los cuerpos de sus víctimas. Su negocio duró un año (curiosamente hasta un 30 o 31 de octubre, pero de 1828), pues si bien tuvieron el valor para quitar la vida a muchos inocentes, por suerte, no tuvieron la inteligencia suficiente para mantenerlo en secreto. Y, cuando la policía les presionó para condenarles, su amistad no fue lo suficientemente fuerte como para que Hare no negociase y terminase delatando a su amigo, Burke, que murió colgado y diseccionado en público al igual que lo hicieron sus propias víctimas, hasta tal punto que su esqueleto todavía se muestra a los visitantes del museo de la Escuela de Medicina de Edimburgo. El mismo Robert Stevenson se interesó y lo relató en su célebre cuento, “El ladrón de cuerpos”, y Robert Wise dirigió a Bela Lugosi y Boris Karloff en 1948, “La codicia de William Hart” (tras sufrir la censura británica).

Matt Harvey supo ver el potencial de la historia y pactó con Jarret Pritchard que la producción de “Death Revenge” debía de ser más orgánica, más natural, y lo cierto es que si Harvey tenía en mente a Slayer, el álbum (y más en concreto ese homenaje titulado “Night Work”) no solamente sonará a la banda de King y Araya sino también a Terrorizer, Carcass, los Death más primitivos, el buen thrash de los ochenta y hasta un puntito de NWOBHM. ¿Cómo no nos va a gustar un álbum con semejantes ingredientes?

Pero también John Williams o John Carpenter, Matt Harvey es un genio porque la introducción “Introduction: Death Revenge Overture” es completamente cinematográfica y es perfecta para “Defenders Of The Grave” en la que se alternan voces rasgadas con guturales cabalgando sobre un ritmo thrashy antes de convertirse en una apisonadora death; “Stone walls do not a prison make/ Nor six feet of sod a grave/ So pray the lord your soul to take/ You’ll need defenders of the grave/ Hallmarks of this ghoulish age”. Apuestan aún más por la rapidez en “Lifeless” y nos adentran en la historia de Burke y Hare con “Dead End” antes de sonar por Slayer más que los propios Slayer en “Night Work”, y esa revisión de “Raining Blood” completamente brutalizado y lleno de sabor a noche de difuntos. Pero el riff principal no será el único homenaje a los de Huntington Park porque tanto el primer solo de Harvey como el de Michael Burke suenan por Hanneman.

Me encanta el interludio que es “Interlude: Grave-Makers Of Edinburgh” (¡por fin, introducciones con algún sentido, integradas dentro del contexto de la historia!). “The Harrowing” o “Incarnadinde Hands” espantaran los seguidores más ortodoxos de Exhumed por su acercamiento a la melodía, mientras que la divertida dy thrashera “A Funeral Party” evoca el espíritu de “All Guts, No Glory” (2011). Siniestra y claramente cinematográfica es la introducción a “The Anatomy Act Of 1832” (momento en el cual se estableció que la la obtención de cadáveres debía ser a través de vías legales y no de ladrones de cuerpos) que da lugar a la composición más épica y extensa del álbum, un collage que enamorará a todos los seguidores del metal por la cantida de influencias que en ella se adivinan, como ese gran final con “Death Revenge”, puro death y thrash, a toda velocidad para cerrar un álbum magnífico, que demuestra la gran racha creatuva de Harvey, al frente de Exhumed, de Expulsion pero también de Gruesome.

Quizá por la estabilidad de la formación, por la magnífica producción o por sus letras, por la interpretación o por todo ello, “Death Revenge” se convierte en uno de los grandes álbumes de un año que comienza a despedirse. Esperemos que el 2018 nos traiga a Exhumer en directo, en festivales o acompañados en salas, da igual, con tal de poder escuchar en directo alguna de las canciones que narran la tétrica historia de esos dos pobres diablos que quisieron ganarse la vida asesinando. Mientras Hare desapareció y acabó seguramente mendigando hasta acabar muriendo en las calles, William Burke todavía nos sonríe macabramente, a través del tiempo, en Edimburgo. Contemplado por visitantes y algunos estudiantes de Anatomía, mientras su historia resuena en las canciones de Exhumed…


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