Crítica: Arch Enemy “Will To Power”

Si a un chaval de veintipocos le intentas explicar qué es Arch Enemy seguramente su opinión esté polarizada; entre aquellos que no aprecian a la banda en absoluto, quizá por sus últimos trabajos, y esos otros que creen ver en White-Gluz y Amott a un tándem serio y solvente. No se trata de polemizar con el clásico debate de la edad sino que hay veces que tienes que estar y no basta con que te lo cuenten en un momento en el que cada vez se cuestiona menos la información y se manipula tan fácilmente con tal de vender unos pocos discos de más o entradas para los conciertos. Cuesta mucho sacar del error a unos y a otros porque hubo una época en la que todos, absolutamente todos, teníamos un cariño y un respeto especial (algo que no se puede entender a través de Wikipedia) por la banda que estaba facturando discos como “Black Earth” (1996), “Stigmata” (1998), el flamante “Burning Bridges” (1999) -quizá su mejor álbum- que les llevaba de la mano a “Wages Of Sin” (2001). Eran una banda de metal con una mujer al frente tras la salida de Johan Liiva pero qué mujer, Angela Gossow era capaz de cantar y mostrarse más agresiva y cavernosa que cualquier otro cantante de death sobre la tierra, era la clara demostración del poderío y del respeto ganado a pulso en un mundo tan machista como es el de la música en el que Gossow no explotaba su físico -ni falta que le hacía- porque, sencillamente, no había una mujer como ella en el metal. Quizá esa sea mi gran pega a todas las formaciones con una mujer al frente y es que, casi siempre y cuando se busca el éxito comercial, se termina explotando la imagen de ella hasta que esta fagocita por completo la personalidad de la banda que termina convertida prácticamente en una de acompañamiento.

En Arch Enemy no ocurrirá tal cosa porque son el proyecto personal de Michael Amott y, aunque la sensación que producen sus declaraciones y los encontronazos de Alissa con sus antiguos compañeros de The Agonist y su deseo -completamente respetable, por otro lado- de trascender y tener éxito más allá de los lindes de Arch Enemy -como se barrunta con su próxima carrera en solitario y la transformación de White-Gluz en la marca comercial que será Alissa, a secas-, el pelirrojo guitarrista tiene atada en corto a la carismática vocalista y más aún a Jeff. Pero las ansias de Amott y su premeditadamente y comedido desprecio a un auténtico músico y virtuoso como Loomis al que un grupito como Arch Enemy le viene tan pequeño como seguramente grandes las cuentas pendientes a pagar de una banda como Nevermore que, por desgracia, comercialmente nunca ha llegado a despuntar como debería no son lo único que huele a podrido en el seno de la banda sueca. Y es que la sombra de la, antaño simpática, Angela Gossow sobrevuela la banda. En efecto, la vocalista que abandonó la música porque, como aseguraba, ya no sentía nada en absoluto y no podía seguir vinculada a algo que ya no significaba gran cosa en su vida, sin embargo, continúa bien enraizada en el seno de Arch Enemy velando por sus propios intereses y, según Alissa, es la propio Gossow la que la está animando a lanzarse en solitario. Quizá porque Angela ya planea su regreso a la música, quizá porque ella y Amott tienen bien claro que Alissa terminará levantando el vuelo y una reunión siempre trae consigo jugosos ingresos.

De tal situación, más propia de un telefilme de sobremesa, tenemos los actuales lodos; una vocalista de pelo azul que ha refrescado la imagen de la banda, trayendo una nueva legión de seguidores, y ya planeando una carrera en solitario (jaleada por la anterior cantante que ahora también se encarga de los negocios) que deberá compaginar con sus actuales compromisos en caso de tener éxito, un guitarrista y compositor (Michael Amott) que habla de Arch Enemy en las últimas entrevistas concedidas para promocionar este “Will To Power” como un juguete con el que sólo él tiene derecho a jugar mientras reclama una y otra vez su trono y control absoluto y un genio ninguneado y desaprovechado como Jeff Loomis; asalariado tocando naderías mientras paga la hipoteca.

No hace falta tener un don especial para jugar a adivinar el futuro de Arch Enemy como tampoco para escuchar “Will To Power” y dilucidar que es tan mediocre como bonito el papel del caramelo. Otra introducción, “Set Flame To The Night”, tan original como los dos millones de instrumentales épicas con baterías marciales que ya hemos escuchado hasta la extenuación y que nos preparan para la supuesta guerra. De verdad, ¿es necesario? Lo único verdaderamente aprovechable es la guitarra de Loomis. Suerte que “The Race” arranca con verdadera energía, Alissa está enorme (en una de las tres composiciones en la que Amott le ha dejado participar a nivel compositivo) y la guitarra de Loomis (tan pirotécnica como siempre) encuentra un colchón magnífico sobre los riffs de Amott y la ametralladora que son Erlandsson y D’Angelo.

Si exceptuamos el single “The World Is Yours” que es más de lo mismo pero funciona a pesar del refrito de ideas y esas estrofas más thrash con un estribillo que es simplemente pop, quizá la más interesante resulte “Blood In The Water” con Alissa jugando con las voces melódicas y los clásicos guturales pero si es reseñable es por el magnífico trabajo de Jeff Loomis que no dudará en solear durante el estribillo, en escupir un lick tras otro o ese último solo, auténtico protagonista, con regusto neoclásico y que nos hace creer erróneamente, durante esos segundos que dura, que “Will To Power” es algo más.

Supongo que en “The Eagle Flies Alone”, Amott se habrá inspirado en Maiden porque, aunque su riff sea death, el regusto a NWOBHM es claro, incluso esa pizquita de power en su estribillo, en una canción que no termina de cuajar y en la que me gustan las dobles voces de Alissa pero que da claras señas de un álbum que parece morir a la cuarta canción o, como mucho, con “Reason To Believe” y Alissa comenzando de manera más melódica para romper su garganta al hard y terminar volviendo a los mismos derroteros de Arch Enemy que no tienen cabida en una canción así, una balada cuyo defecto es que es un completo cliché de todas las baladas y, a pesar de su intensidad, no aporta tampoco nada en absoluto.

“Murder Scene” es el auténtico comienzo del fin de “Will To Power”, otra de las composiciones de Alissa, como la más pesada “First Day In Hell”, canciones menores, o esa innecesaria instrumental “Saturnine” que rompe la segunda parte del álbum, esa recta final auténticamente horrible y mediocre con “Dreams Of Retribution” y esa megalomaníaca guitarra de Loomis que nos prepara para lo más grande cuando lo que nos encontramos es tan sólo la grasa del filete, el sobrante. Canciones como “My Shadow And I” o “A Fight I Must Win” que no justifican de ninguna manera la actual posición de la banda en los carteles de los festivales y que bien podrían ser un toque de atención para Amott que quizá debería dejar participar en el proceso compositivo a Loomis, limitar a Alissa en su pluma, y hacer piña con dos trabajadores como D’Angelo y Erlandsson.

Un álbum que viene precedido por una campaña promocional inusual en una banda de estatus mediano, un artwork (Alex Reisfar) a la altura de los más grandes y unas expectativas tan altas como pequeñas sus canciones (a pesar de la manita de Jens Bogren). La salida de Loomis y la carrera en solitario de Alissa esperan a la vuelta de la esquina a menos que las cifras no acompañen y se vean obligados a trabajar en aquello que no les gusta. Arch Enemy son un enfermo en estado terminal, comatoso pero vestido de fiesta y a la última, no te dejes engañar.



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