Crítica: Kylesa "Exhausting Fire"

La gran paradoja del séptimo álbum del trío, "Exhausting Fire", es que con él parecen haberse encontrado a sí mismos aún siendo el disco en el que menos suenan como Kylesa de inmediato, en sus primeras escuchas. Levemente inferior a "Ultraviolet" (2013), si queremos compararlos como si fuesen  fruta en un supermercado, pero  quizá también porque, aunque inequívocamente sea una continuación de aquel, los pasos dados en éste le alejan irremediablemente y poco a poco de su predecesor. En él no podemos esgrimir el lógico cambio de productor ya que es Philip Cope quien está de nuevo tras los controles pero Cope sí que tiene algo que ver en que este "Exhausting Fire" suene diferente y es que, si en "Ultraviolet" era Laura Pleasants quien se encargaba fundamentalmente de las voces, aquí vuelve Cope a compartir protagonismo con ella, recordándonos de nuevo a esas alternancias tan características de los antiguos Pixies. Es cierto que la capacidad de Cope es limitada si la comparamos con la versatilidad de Pleasants pero también que el registro utilizado es más que suficiente para las composiciones, las cuales tampoco requieren a alguien mucho más dotado, funcionando perfectamente su voz a lo largo de "Exhausting Fire". 

Otro tema muy diferente es la experimentación -en gotas, todo hay que decirlo, pero suficiente como para alterar la tónica general- y el toque crudo y básico de las diez canciones originales (exceptuando, claro, la versión de Sabbath) que, sin embargo, las emparenta más con el rock alternativo que el metal, haciéndoles abandonar de manera inteligente la liga de bandas que orbitan entre el sludge, el groove o el stoner más bronco y así abrirles algunas puertas nuevas de cara a los próximos álbumes. Por lo tanto,  "Exhausting Fire" no huele al álbum definitivo que muchos esperábamos, ni tampoco a ese de oficio al que muchos clamaban con las primeres escuchas y críticas en tinta digital, como si cada movimiento de una banda como Kylesa fuese predecible y, sobre todo, tan característico como si los de Savannah hubiesen sido capaces de haber creado un sonido tan fácil de identificar o perdurar en nuestro recuerdo como para lastrarles, artísticamente hablando. Es por eso que con este álbum la aventura de Kylesa parece pibotar y, lo mejor de todo, situarles en una posición en la cual podemos esperar casi cualquier cosa de ellos en el futuro; lo cual es, sin duda, infinitamente más excitante para ambas partes; los músicos y su público.

"Crusher" es la canción que nos llevará de vuelta al universo de Kylesa bajo una base rítmica heredera del industrial y un farragoso bajo del sludge, con fuerte influencia de "Ultraviolet" y Laura cantando de manera más sensual que a lo que nos tenía acostumbrados últimamente y, aún así, las dobles voces llenas de reverberación y la percusión hacen que entremos en una falsa calma de la que las potentes guitarras rápidamente nos sacarán. En "Inward Debate" jugarán con la psicodelia y ese renqueante riff propio del stoner pero, aún siendo una de las menos arriesgadas e imaginativas del álbum, la percusión y, más en concreto, el juego de voces es notable. El medio tiempo que es "Moving Day" con Cope cantando más sombrío que nunca entronca con el rock alternativo de los 90 o bandas tan dispares como The Cure o Killing Joke.

"Lost And Confused", que sirvió como adelanto, es una magnífica muestra del espíritu de "Exhausting Fire" con un McGinley soberbio, ya que la canción comienza de manera atmosférica y termina asalvajándose gracias a la labor de éste pero, volvemos a lo mismo; tras los pantanosos y arenosos riffs, lo que perdura en la memoria de uno es la magnífica unión de Pleasants y Cope. El metal del desierto en el que se transforma "Shaping The Southern Sky", con ciertos aires boogie, se apacigua pasados los dos minutos pero tan sólo para construir su propio clímax en ese puente lleno de ecos y murmullos que termina por volver a su naturaleza con un buen, corto y efectivo solo; nada de virtuosismo pero sí un golpe sobre la mesa con el que cerrar la canción.

La noisy "Night Drive" y "Blood Moon" por su inmediatez vuelven a resumir en nueve minutos la grandeza de un álbum en el que cabe el rock del desierto más árido, el mencionado noise, shoegaze, sludge, stoner, metal, doom y alternativo, sin olvidar ese toque oriental con el que "Blood Moon" parece despedirse. Pero hay más, mucho más, como la bestialidad en la que se convierte "Growing Roots", en la que nos recordarán a Sonic Youth cuando centrifugaban sus propios desarrollos y seguramente sea el punto álgido del final de sus conciertos, y "Out Of My Mind", una digna, brillante y marciana manera de despedir un álbum con un saturadito y rugoso solo de bajo a manos de Cope antes de rematar la canción con su estribillo. 

Sobre la versión de Sabbath, "Paranoid", poco más que decir porque es tan sólo un regalo, una golosina que, sin embargo, no resume mejor que las diez anteriores el pathos del álbum de Kylesa y cuyo enfoque se agradece pero tampoco mejora ni añade nada de nada a la canción inmortal de los de Birmingham pero sí ha servido para que a los cuatro esnobs de siempre, frente a su escasa imaginación, se les llena la boca y la pluma tildándola de "lisérgica". "Exhausting Fire" es un gran álbum pero, como escribía al comienzo de esta crítica, es tan sólo un paso más en su propia propuesta pero uno importante, eso sí, ya que se vislumbra una búsqueda en su suave cambio de rumbo.


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