Crónica: The Smashing Pumpkins (Madrid) 12.12.2018

SETLIST: Siva/ Zero/ Solara/ Knights of Malta/ Eye/ Bullet With Butterfly Wings/ Tiberius / G.L.O.W./ Disarm/ Superchrist/ The Everlasting Gaze/ Ava Adore/ 1979/ Tonight, Tonight/ Cherub Rock/ The Aeroplane Flies High (Turns Left, Looks Right)/ Today/

Los que nos leen habitualmente, sabrán de nuestra pasión por la música de The Smashing Pumpkins, de aquella que una vez - durante muchos años- nos tocó la fibra del corazón y el posterior desengaño a través de proyectos de un día, discos repletos de buenas ideas que acababan desechadas, diversas formaciones, agrios titulares de Billy Corgan, lucha libre, gatos y té. No, la vida no ha sido fácil para el seguidor de Smashing Pumpkins y, como tal, muchos se han ido cayendo por el camino. En lo personal, permítanme el lujo de una pequeña regresión al pasado (una de las muchas que con los Pumpkins podría…) cuando un hierático Billy Corgan aterrizaba en Madrid hace unos años y se paseaba abrigado para el frío invierno de Chicago, en pleno mes de mayo de nuestro país, se negaba a atender a prensa y fans para, posteriormente (tras el tibio concierto en la diminuta Sala Arena, todo hay que decirlo), cuando uno de nosotros le preguntó por qué no había interpretado algún clásico más (como, por ejemplo, “1979”) en lugar de tantos temas de “Oceania” (2012), un agrio Corgan le espetó; “Por gente como tú…”

Es por eso que la reunión de la formación clásica de The Smashing Pumpkins me sonaba tan mal, no porque se truncase con la ausencia de D'arcy Wretzky, sino porque siento que conozco a Corgan demasiado bien tras tantos años escuchando su música y leyendo sus entrevistas, porque sé de sus desplantes (algunos en primerísima persona) a lo largo de sus visitas a nuestro país y sé lo mucho que le repatea vivir estas canciones en directo en detrimento de la interpretación de las más recientes en una gira, la de presentación de “Shiny and Oh So Bright Vol. 1 / LP: No Past. No Future. No Sun.” que no ha cubierto las expectativas económicas previstas y que, lógicamente, tras los últimos años, relega a la banda de las primeras posiciones de los festivales, como Corgan pretendía, y que recalaba en Madrid, dentro de la propuesta de esa enorme verbena llamada Mad Cool que, si este año parece mejor organizada, es porque la entrada ha sido infinitamente menor (de 80.000 a 40.000 almas, ni más, ni menos) de un cartel impresionante a uno más templado, con menos relumbrón, como ha sido el de esta edición y que, sin embargo, nos ha dejado algunas de las mejores actuaciones de este año, como ha ocurrido con Bon Iver y The Cure o el incombustible Iggy Pop, a pesar de la edad.

Nada tiene que ver, el que viese a los Pumpkins varias veces a mediados de los noventa, para que su actuación en el Mad Cool me haya parecido descafeinada para ser la supuesta y cacareada reunión, seguramente a muchos les habrá vuelto locos, cuestión de gustos; por supuesto lo respeto. Tras la introducción de Haendel, “Siva” (una de mis canciones favoritas de “Gish”, 1991) sonaba pero lejos de las abrasivas guitarras de la original, el grueso toque hendrixiano de la Strato de Corgan a golpe de pastilla del mástil, esta noche sonaba domesticado, con un guitarrista genial -como es él- que lanzaba el bending al aire con cierto aire de displicencia o ejecutaba el riff de apertura de “Zero” con desgana, a años luz de lo que viví en aquella gira de “Mellon Collie and the Infinite Sadness” (1995) cuando creí estar a punto de perder la vida en una avalancha (como de hecho ocurrió a una adolescente en Cork, durante aquellos conciertos de auténtica rabia en los que Corgan reivindicaba su figura como compositor y el de la banda con un imposible y genial doble álbum repleto de magia, noches para el recuerdo, sin duda…).

“Solara” es un buen single, pero tiene la desgracia de compartir espacio con canciones que están alojadas en nuestra memoria y la respuesta es más tranquila, igual que ocurre con la bonita “Knights of Malta”, tras ella “Eye” (o aquella vez que Smashing quisieron sonar más a Depeche Mode que los propios Depeche) a la que sigue un single como “Bullet With Butterfly Wings”, que es coreada por miles de almas, aunque Corgan sea incapaz de compartir ese entusiasmo y su interpretación sea tan calmada como para ahorrarse el clásico grito de furia y parezca un suplicio verle culminar la canción. Pero así es él y parece disfrutar mucho más de “Tiberius” (qué canción más bonita…) o lo propio con “G.L.O.W”, para desconcierto del respetable que no despertarán hasta “Disarm” del mítico “Siamese Dream” (1993), que sigue sonando tan enternecedora como siempre a pesar del amargo mensaje de su letra. La segunda mitad del concierto, a excepción del single “Superchrist”, fue un auténtico viaje al pasado con la cruda “The Everlasting Gaze” y esa oda que es “Ava Adore” (que muchos hemos hecho nuestra) y que, curiosamente, Billy (o William, como prefiere que le llamen ahora) parece disfrutar bastante más ya que vuelve a dejar la guitarra e interpreta transmutado en aquel Nosferatu de su video, antes de poner la directa (nunca mejor dicho) con “1979” y escupir “Tonight, Tonight” o despedirse con “Cherub Rock”, la rareza de la que sigue siendo una de sus mejores composiciones (algo complicado de afirmar, con el repertorio que poseen) como es “The Aeroplane Flies High (Turns Left, Looks Right)” y, bueno claro, “Today”…

Altivo, como siempre, serio y enfadado con el mundo, como bien le pintó Kim Gordon en su autobiografía y todo aquel que ha tenido que ver con él, la alargada figura de Corgan bajaba del escenario por la rampa que daba acceso a sus camerinos y parecía haber pasado el peor rato de su vida tras interpretar esas canciones que ya no le pertenecen, sino a su público y todos los que crecimos con su música, mientras parece no aceptar que las de “Shiny and Oh So Bright Vol. 1 / LP: No Past. No Future. No Sun.” no hayan calado como aquellas otras, maldita sea. Mientras Iha y Chamberlain, bajaban satisfechos, y Jeff Schroeder ajeno a todo con su habitual gesto inexpresivo. The Smashing Pumpkins son el perfecto ejemplo de la banda alternativa por antonomasia que, con el paso del tiempo y de manera natural, han cumplido la auténtica y verdadera maldición de todas aquellas bandas de dinosaurios contra las que cargaban en los noventa, por obra y gracia de un genio llamado Corgan que, a pesar de haberle hecho la noche a miles de aficionados, parece soportar un peso y una amargura inversamente proporcional…


© 2019 James Tonic
Foto de Corgan © 2019 Mad Cool