Crítica: Ellefson-Soto "Unbreakable"

David Ellefson, de sobra conocido por su trayectoria como bajista de Megadeth y su buena mano al bajo y, por desgracia, en los últimos tiempos, su abrupto despido tras empañar su legado musical a causa de su conducta inapropiada y Jeff Scott Soto, vocalista indomable de amplio recorrido con artistas como Yngwie Malmsteen y Journey, presentan su segundo trabajo conjunto bajo el nombre de Ellefson-Soto, titulado “Unbreakable” (2025). Publicado a través de Rat Pak Records, cuenta con la participación de músicos como el guitarrista italiano Andy Martongelli y el batería Paolo Caridi, además de colaboraciones destacadas de Tim “Ripper” Owens y Laura Guldemond. Y, a diferencia de su debut, “Vacation In The Underworld” (2022), este nuevo esfuerzo busca consolidar una identidad propia, alejándose del thrash metal característico de Ellefson para explorar un terreno más melódico y accesible dentro del hard rock y el metal moderno, pero con resultado desigual. La producción, a cargo de Chris Collier, conocido por su trabajo con Korn, ofrece un sonido brillante que resalta las virtudes vocales de Soto y el enfoque rítmico de Ellefson. Sin embargo, aunque el disco muestra algún destello, no logra destacar de manera consistente, quedándose en un terreno intermedio que no siempre satisface las expectativas generadas por el talento involucrado y es ese metal de segunda regional, de garrafón, en el que Ellefson parece navegar cuando está lejos de Mustaine.

“Unbreakable” (2025) consta de once canciones que combinan elementos de hard rock, metal clásico y toques modernos, aunque con resultados muy desiguales. El tema homónimo, “Unbreakable”, abre el álbum con un riff robusto y una interpretación vocal de Jeff Scott Soto que equilibra potencia y emotividad, marcando un tono optimista que resuena con el mensaje de resiliencia del álbum, algo que hay que reconocer que empieza a agotar por la cantidad de artistas que recurren a semejante concepto, pareciendo que están creando un nuevo subgénero y es el metal de autoayuda. “Vengeance”, con la participación de Tim “Ripper” Owens, destaca por su intensidad y un enfoque más agresivo, donde la magnífica voz de Owens aporta un contraste interesante con la de Soto, creando uno de los momentos más memorables del álbum, en donde el talento habla por sí solo. Mientras que “Poison Tears”, con la colaboración de Laura Guldemond de Burning Witches, intenta explorar un terreno más emocional, pero su ejecución se siente algo forzada, sin alcanzar la profundidad esperada. Canciones como “SOAB” y “Shout” mantienen una energía directa y estribillos melódicos, ideales para el público ocasional del hard, pero carecen de la originalidad necesaria para destacar en un género sobresaturado. Como “The Day We Built Rome” y “Snakes and Bastards” caen en clichés en sus letras y musicales, con un enfoque que recuerda a producciones genéricas de rock de FM de primeros de los dos mil, lo que resta impacto al conjunto. “Ghosts” y “It’s Over When I Say It’s Over” muestra un poco de la creatividad de los músicos, pero tampoco logran mantener el interés a lo largo de sus minutos. Al igual que el regalo, “Death on Two Legs”, rindiendo homenaje a Queen, aunque bien ejecutado, no aporta nada nuevo al legado de la banda británica y tampoco suma en este proyecto.

A pesar de los esfuerzos de Ellefson y Soto por ofrecer un trabajo coherente, “Unbreakable” (2025) no termina de consolidarse como un álbum sobresaliente. La química entre los músicos es evidente, y la producción de Collier asegura un sonido profesional que resalta las capacidades técnicas del cuarteto, pero la falta de cohesión entre canciones y la ausencia de una dirección clara limitan su impacto. Ellefson-Soto parece estar en un proceso de búsqueda de identidad y, aunque este segundo disco muestra avances respecto al mediocre “Vacation In The Underworld” (2022), tampoco logra trascender los límites del hard rock más convencional y de marca blanca. En un panorama musical donde la originalidad y la innovación son cada vez más valoradas, “Unbreakable” (2025) se queda en un esfuerzo respetable pero no memorable, un pedito silencioso que invita a no esperar mucho más de Ellefson cuando se aleja del thrash y evidencia la necesidad del esfuerzo que dúo debería realizar para corregir la dirección y mostrar ese innegable talento que parece claro que sólo es capaz de ser potenciado cuando es dirigido por otros.

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