Monstrosity, esa bestia infravalorada del death metal de Florida, regresa con “Screams From Beneath The Surface” (2026), su séptimo larga duración y el primero en siete años desde el sólido “The Passage of Existence” (2018). Liderados por el eterno Lee Harrison a la batería (fundador incansable y principal compositor), la formación actual incluye al guitarrista Matt Barnes, el regreso triunfal del bajista original Mark van Erp y, en las voces, a Ed Webb (ex Massacre), quien se estrena con una ferocidad que ya genera comparaciones inevitables con los grandes del subgénero. Editado por Metal Blade Records y producido con un equilibrio impecable entre Audiohammer (batería, bajo y mezcla con Jason Suecof) y los míticos Morrisound (voces, guitarras y masterización con Jim Morris), este disco llega en un momento en que el death metal old school parece resistirse a morir, y Monstrosity no solo sobrevive: evoluciona con ambición, sin traicionar su esencia. La crítica lo ha recibido con entusiasmo casi unánime, y con razón: aquí hay una banda que, pese a su historial intermitente, demuestra que la calidad nunca fue el problema, sino la constancia. Con un sonido maduro, contemporáneo y a la vez respetuoso a sus raíces, el álbum expande sus horizontes sin perder la amenaza gutural que siempre definió a estos floridanos.
Y es que abrir con “Banished To The Skies” ya deja claro el tono: un despliegue progresivo y audaz, con riffs atípicos que se entretejen en una estructura dramática, melodías retorcidas y arreglos exuberantes que beben del metal tradicional sin abandonar la ferocidad del death de Florida. El tempo medio domina gran parte del disco, pero nunca cae en la monotonía; al contrario, genera una oscuridad asfixiante que se siente viva, palpitante. “The Colossal Rage” explota con las tripas: Ed Webb demuestra aquí por qué se le considera el vocalista más impactante desde Corpsegrinder, con un growl old school que retumba con autoridad y un espíritu que galvaniza el ataque. “The Atrophied” es un furioso estallido que mezcla blasts con un toque melódico y ráfagas de velocidad que recuerdan lo mejor del death más técnico de los noventa. “Spiral” destila horror del buen grind, mientras “Fortunes Engraved In Blood” funciona como un tanque cáustico que arrasa sin piedad. En “Vapors” y “The Thorns” se percibe esa madurez expandida: grooves pesados, cambios de ritmo que sorprenden sin alardear, y un bajo de Mark van Erp que golpea el frente con presencia física. “Blood Works” mantiene la intensidad, “The Dark Aura” profundiza en atmósferas opresivas, mientras que “Veil Of Disillusion” cierra con violencia, donde las guitarras de Matt Barnes (y el aporte adicional de Justin Walker en algunas partes) brillan en solos casi neoclásicos y riffs que alternan entre la pesadez del doom y el trémolo picking más frenético. Todo fluye con una cohesión que habla de la química real de la banda: la producción deja cada instrumento al frente, sin ahogar nada, y el resultado es un muro sonoro, técnico pero no frío, que equilibra brutalidad con momentos de drama y melodía.
“Screams From Beneath The Surface” (2026) me deja con una sensación reconfortante: la de presenciar a una banda legendaria que, contra todo pronóstico, se supera a sí misma. Monstrosity siempre mereció más focos, pero su irregularidad histórica los condenó a un injusto segundo plano. Ahora, con esta encarnación, no solo recuperan terreno; lo conquistan con autoridad. Mientras bandas jóvenes persiguen tendencias, estos veteranos siguen rompiendo cuellos con nuevas formas de hacer death metal. Es un disco que duele en el pecho —de la emoción cruda, de la rabia contenida— y que demuestra que, en Florida, el death sigue siendo algo muy real.
© 2026 Lord of Metal


