Crítica: Flea "Honora"


A sus sesenta y tres años, Flea ha decidido dejar atrás el frenesí funky de los escenarios con Red Hot Chili Peppers para reencontrarse con la trompeta que lo enamoró de niño, cuando observaba embelesado las jam sessions de bebop en el salón de su padrastro. “Honora” (2026) no es un capricho tardío ni un ejercicio de vanidad rockera; es el disco que llevaba gestando más de tres décadas, un regreso visceral a las raíces jazzísticas que moldearon su oído mucho antes de que el bajo se convirtiera en su firma y para el que se ha estado preparando, escuchando música y aprendiendo a hacer jazz. Producido con mano firme por el saxofonista Josh Johnson, el álbum reúne a una élite de la escena jazz contemporánea de Los Ángeles: el guitarrista Jeff Parker, Anna Butterss al bajo, Deantoni Parks tras los parches y el percusionista Mauro Refosco, con aportes puntuales de Nathaniel Walcott en los teclados, Rickey Washington en flauta alto y, en momentos estelares, Warren Ellis a la flauta y viola, además de Thom Yorke y Nick Cave. Flea toca trompeta (y un flumpet en algún pasaje, un híbrido entre trompeta y fliscorno), bajo eléctrico y, ocasionalmente, voz, mientras Chad Smith y John Frusciante asoman en contribuciones discretas. El resultado es una obra madura, introspectiva y sorprendentemente libre de postureo, donde el caos controlado que siempre definió su bajo se traduce ahora en frases de viento que respiran con vulnerabilidad. Una auténtica sorpresa tras el fiasco de los últimos discos de los Peppers y el buen gusto que derrocha Flea. 

La brevísima “Golden Wingship” sirve como introducción, un suspiro instrumental que funciona como portal: un destello de alas doradas que prepara el oído para lo que viene. “A Plea” despliega de inmediato la química del cuarteto central; el bajo de Butterss rebota como un muelle elástico, Parks teje un groove sinuoso y Parker articula con precisión cada pliegue armónico mientras Flea, a la trompeta, lanza un discurso frenético que mezcla un recitado con ráfagas de metales y patrones que recuerdan el scratch de un plato. La tensión entre lo tonal y lo atonal se resuelve en una especie de funk-jazz líquido que evoca, sin copiar, el espíritu de “Nefertiti” de Miles Davis y Wayne Shorter. “Traffic Lights”, coescrita con Yorke y Johnson, introduce al vocalista de Radiohead en un paisaje de ritmos latinos y afrobeat donde su voz, siempre contenida en una especie de croon espectral, flota sobre Rhodes; aquí el bajo de Flea se mantiene en un segundo plano para dejar que la trompeta dialogue con el piano y los sintetizadores, en un ejercicio de texturas que roza lo inquietante sin caer en la frialdad. La épica “Frailed”, casi once minutos de duración, se erige como el corazón oscuro del disco: un viaje laberíntico construido sobre un groove estático al estilo de “In a Silent Way”, con la flauta inquisitiva de Ellis abriéndose paso entre nieblas y solos intuitivos de Parker y Flea que se entrelazan como viejos conocidos. El neo-bop acelerado de “Morning Cry” trae regusto monkiano y un nudo en donde la trompeta de Flea, acompañada por la guitarra de Parker, explora con entusiasmo infantil los bordes del caos. La segunda mitad se vuelve más reverencial con las versiones: “Maggot Brain” de Funkadelic se transforma en una balada jazz con woodwinds y vibráfono flotantes; Flea deriva de las líneas originales de Eddie Hazel capturando no solo la confusión y la tristeza, sino una nobleza trágica que recuerda los pasajes cinemáticos de Terence Blanchard. “Wichita Lineman” con Nick Cave al frente adquiere gravedad gracias al flumpet cálido de Flea, mientras la lectura instrumental de “Thinkin Bout You” de Frank Ocean, con sección de cuerdas orquestada por Walcott, se vuelve casi celestial en su mesura melódica. “Willow Weep for Me” recibe un tratamiento electro-jazz elegante y el cierre “Free As I Want to Be” estalla en un jazz-funk procesional con coro de diez voces, donde la trompeta distorsionada de Flea rasga el tejido como un eco lejano de “On the Corner”. 


Escuchar “Honora” (2026) es asistir a un acto de liberación artística sincera. Flea no intenta demostrar virtuosismo pirotécnico ni competir con los colosos del jazz actual; simplemente sopla con la honestidad de quien, tras décadas de adrenalina rockera, ha encontrado por fin el espacio para flotar. Hay momentos en los que la voz de Yorke resulta algo plana y la versión de “Thinkin Bout You” se queda a un paso de imprimir un sello personal más profundo, pero esos pequeños titubeos humanos solo refuerzan la autenticidad del proyecto y le dan aún más valor; esto no es un producto, es arte. Flea elige el riesgo de la exploración desnuda, recordándonos que la verdadera madurez musical no reside en la perfección técnica sino en la capacidad de seguir asombrándose y, por qué no, dejarnos la boca abierta también al resto. “Honora” (2026) no reemplaza el legado funk-punk de los Chili Peppers, ni pretende hacerlo; más bien lo enriquece, revelando la otra cara de un músico que siempre fue mucho más que un bajista hiperactivo. Quien espere el frenesí de los Peppers se llevará una sorpresa; quien busque alma y respiración encontrará aquí un álbum que merece ser escuchado durante semanas… 

 © 2026 Jota Jiménez
 pic © 2026 Gus Van Sant

1 Comentarios

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  1. Excelente disco de FLEA, una sorpresa gozosa para gourmets y excelente crítica, bien escrita y con conocimiento, otra maravilla, no he leído ninguna así de “Honora”.

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