Honestamente, tenía muchísimas dudas sobre este trabajo, no me convencieron los adelantos y, tras los últimos cambios, sentía que Dimmu Borgir eran cosa del pasado, pero me equivocaba, han regresado con una de esas obras que recuerdan por qué, en su momento álgido, fueron capaces de convertir el black metal en un espectáculo de proporciones wagnerianas. “Grand Serpent Rising” (2026) llega después de la salida de Galder, un auténtico pilar durante más de dos décadas, y la expectación era lógica: ¿seguirían siendo los mismos monstruos sinfónicos o la ausencia dejaría un vacío irremplazable? La respuesta, afortunadamente, es que el dúo formado por Shagrath y Silenoz ha sabido convertir la pérdida en una oportunidad. El disco no pretende reverdecer los laureles de su fórmula, pero la refina con una madurez y una atención al detalle que eleva el conjunto por encima de entregas recientes como “Eonian”, disco que disfruté en directo y con el que, por fin, pude conocer a la banda en persona.
En este nuevo trabajo, Shagrath se encarga de las voces y teclados principales, Silenoz de las guitarras rítmicas y parte de la composición, mientras que el batería Daray (colaborador habitual en directo y estudio) nos entrega una interpretación orgánica y poderosa que ya se nota desde los primeros compases, al servicio de las canciones. Completan la formación en estudio Kjell ‘Damage’ Karlsen a la guitarra y un elenco de músicos de sesión que enriquecen las capas orquestales. El álbum despega con una atmósfera opresiva y majestuosa que recuerda los mejores momentos de “Death Cult Armageddon”, pero con una producción más nítida y profunda: no quiero decir que sea mejor, sólo que las cosas cambian y, recordándome a ese disco, el sonido es imponente. Las canciones fluyen como un ritual bien orquestado: “The Qryptfarer” abre con baterías resonantes y orquestaciones que envuelven sin ahogar, mientras que “Phantom of the Nemesis” despliega un black melódico de riffs afilados y coros grandilocuentes, que hace destacar aún más a “Repository of Divine Transmutation” gracias a sus arreglos intrincados, donde las guitarras y las teclas dialogan, y el solo central resuena especialmente inspirado.
“Slik Minnes en Alkymist” es, probablemente, uno de los momentos más emotivos del disco, con Shagrath alternando gruñidos ásperos y melódicas que transmiten una melancolía casi romántica, algo poco habitual en el género. La sección central, con sus capas orquestales ascendentes, evoca la grandeza de los primeros discos pero sin caer en la caricatura. “As Seen in the Unseen” ofrece un respiro más atmosférico, con voces limpias etéreas y un trabajo de guitarra acústica sutil que contrasta con la brutalidad posterior. Mientras que “Ascent” es pura épica: un crescendo controlado que culmina en un solo de guitarra vibrante y una batería que golpea con autoridad. El álbum se extiende hasta los sesenta y nueve minutos, lo que en manos menos hábiles podría resultar exhaustivo, pero aquí la variedad de texturas (trémolos furiosos propios del black más negro, pasajes sinfónicos densos, interludios casi cinematográficos) mantiene el interés. Es verdad también que no todo es perfecto: en ocasiones la complejidad de los arreglos exige varias escuchas para desentrañar cada capa, y algún corte intermedio podría haberse beneficiado de una poda más agresiva (“The Exonerated”, que me gusta pero se siente perfecta). Aun así, la cohesión general y la calidad de las interpretaciones superan con creces estos pequeños errores.
Como seguidor de Dimmu, “Grand Serpent Rising” (2026) ha superado con dignidad la prueba más complicada: seguir siendo ellos mismos tras una baja significativa. No es un regreso revolucionario, pero sí uno honesto y ambicioso que honra su legado sin repetirse mecánicamente. Shagrath y Silenoz demuestran que, después de más de treinta años, aún saben cómo conjurar esa mezcla única de oscuridad, teatralidad y belleza melódica que los convirtió en referentes. No cambiará la opinión de quien ya los detesta por su pompa, pero para quienes apreciamos esa grandiosidad controlada, supone un recordatorio emocionante de por qué siguen importando. La serpiente sigue alzándose…
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