Gus G. lleva más de dos décadas demostrando que es uno de los guitarristas más fiables y prolíficos del metal europeo. El griego, alma de Firewind, regresa con su sexto disco en solitario, un trabajo que llega apenas unos años después del instrumental “Quantum Leap” (2021), en paralelo a la actividad de su banda principal, con quienes entregó "Stand United" (2024). “Steel Burner” se presenta como un híbrido ambicioso: mitad composiciones puramente instrumentales, mitad canciones con vocalistas invitados de renombre y el resultado es un álbum que brilla por la maestría de Gus, pero que sufre las consecuencias de una identidad partida. Producido por él mismo, mezclado y masterizado por el veterano Dennis Ward, el disco cuenta con Gus G. a las guitarras, bajo, teclados y programación de batería, acompañado por Doro Pesch, Matt Barlow, Ronnie Romero y Dino Jelusick en las canciones cantadas. Desde los primeros acordes, queda claro que estamos ante un guitarrista que domina el lenguaje del metal ochentero y lo actualiza sin traicionar sus raíces, ni hay duda de su maestría y genio.
El arranque homónimo con “Steel Burner” anuncia lo que vendrá: riffs afilados, una base rítmica contundente y ese fraseo melódico tan característico de Gus, capaz de pasar del shred más preciso a las melodías con naturalidad. Le sigue “Nothing Can Break Me”, con Doro Pesch al frente; la voz de la reina del metal alemán aporta garra y veteranía, pero el estribillo se queda algo plano y la producción parece contener en exceso la energía que cabría esperar. “Dancing with Death”, protagonizada por Matt Barlow, evoca inevitablemente los tiempos de Iced Earth: el timbre épico del americano encaja bien en los versos, aunque de nuevo el estribillo no termina de despegar con la fuerza necesaria. Los temas instrumentales salvan la cara con creces: “Advent” sorprende gratamente con sus afinaciones bajas y toques casi djent que, lejos de sonar forzados, enriquecen el disco y demuestran que Gus sigue explorando sin miedo. “What If” y “Confession” son una pura exhibición de guitarra, con bends expresivos, escalas neoclásicas y una sensibilidad melódica que recuerda a los grandes de los ochenta sin caer en la caricatura. La segunda cara sube enteros con las aportaciones de Ronnie Romero, “Frenemy” y, sobre todo, “My Premonition”, destilando un AOR potente y pegadizo donde la voz de una bestia como Romero brilla con clase y el acompañamiento instrumental gana en dinámica. “No One Has to Know”, con Dino Jelusick, mantiene el nivel melódico, mientras que “Closure” cierra el círculo instrumental con elegancia y cierta melancolía.
A lo largo de estas diez canciones, las virtudes de Gus G. quedan patentes: su tono de guitarra es cremoso y agresivo a partes iguales, sus solos siempre cantan y su capacidad para tejer riffs memorables sigue intacta. Sin embargo, la programación de batería, aunque competente, carece de la vida y el swing que un batería de carne y hueso habría aportado, y algunos temas vocales sufren de una producción que aplana los coros y resta urgencia al conjunto. Además, ¿Por qué no fantasear con una banda de carne y hueso con Romero y Gus G. al frente? “Steel Burner” (2026) deja la sensación agridulce de un disco con dos almas que no siempre dialogan. Gus G. sigue siendo un monstruo de las seis cuerdas, capaz de emocionar con un solo o un riff como pocos en la escena actual, y los momentos puramente instrumentales son los que realmente elevan la experiencia. Las colaboraciones vocales aportan variedad y caché, pero en demasiados casos se percibe una falta de química total, como si las voces llegaran a un pasaje ya completo en lugar de crecer junto a las guitarras. Es un álbum honesto, sin relleno, que recompensa las escuchas atentas y confirma que su autor no se conforma con repetir fórmulas, aunque no alcance la cohesión de una banda real, como ocurre con Firewind. Un disco irregular pero con destellos de grandeza que, en sus mejores momentos, quema de verdad.
© 2026 Lord Of Metal


