Corrosion of Conformity vuelven a la carga con “Good God/ Baad Man” (2026), un doble álbum de casi setenta minutos que llega ocho años después de “No Cross No Crown” (2018) y tras las pérdidas inevitables que marcan la historia de cualquier banda con cuatro décadas a sus espaldas. Reed Mullin, batería fundador, falleció en 2020; Mike Dean, bajista histórico, dejó el barco en 2024, quedando Pepper Keenan a la voz y guitarra, y Woody Weatherman a la guitarra solista, dos tipos que han convertido la resiliencia en un arte sucio y honesto. Para completar la formación reclutaron a Stanton Moore (batería, ex Galactic y ya presente en “In the Arms of God”) y a Bobby Landgraf (bajo, procedente de Honky y con pedigrí en Down y Pantera como técnico). La producción corre a cargo de Warren Riker, un nombre que aporta calidez orgánica en lugar de la pulcritud digital que asfixia tanto el metal actual. El resultado es un disco doble concebido como dos universos hermanos: “Good God”, más pesado y cabreado; “Baad Man”, más rockero, festivo y suelto, además de parecerme su mejor álbum desde “In the Arms of God” (2005).
La dupla “Good God? / Final Dawn” es un puñetazo crudo construido con sangre, sudor y hueso, la batería de Moore golpea directa al pecho, las guitarras se superponen en capas abrasivas y la voz de Keenan suena más viva y peligrosa que nunca. “You Or Me” mantiene esa energía desbordante, un groove que, a mitad de camino, se desliza hacia un ensueño psicodélico tan natural que parece improvisado en la sala de ensayo. “Gimme Some Moore” es una explosión, con las voces de invitados como Al Jourgensen de Ministry y Monte Pittman, y un estribillo que resume la filosofía del disco: mejor cabreado que jodido. “The Handler” nos lleva directo al Sabbath más maligno, mientras “Bedouin’s Hand” introduce un exotismo de mal viaje que prepara el terreno para “Run For Your Life”, un monstruo de nueve minutos de doom sureño que destila blues y recuerdos lejanos, con un solo relajado de Woody que parece escrito en un porche de Mississippi a las tres de la madrugada. En la cara “Baad Man” el tono se vuelve una celebración, aunque nunca pierde la amenaza. El tema homónimo es funky con coros arenosos y un aire de peligro que invita a beber y a pelear. “Lose Yourself” es un trozo de stoner rock elevado, con la voz de Pepper girando como vientos cruzados, recordando recuerda los mejores momentos de “Wiseblood”. “Mandra Sonos” ofrece un interludio de laúd que conecta con “Asleep On The Killing Floor”, prima lejana de “Immigrant Song” de Zeppelin pero con la energía sucia del hardcore punk y tierra bajo las uñas. “Handcuff County” presume de una actitud bluesera que apesta a ZZ Top, mientras “Swallowing The Anchor” es rootsy con mala leche y riffs resucitados de un pasado empapado en alcohol. “Brickman” baja las revoluciones con guitarras acústicas con regusto de arrepentimiento borracho alrededor de la hoguera y el broche de oro, “Forever Amplified”, es colosal: riffs gigantes, solos desbocados, distorsión aullante y unas afirmaciones humildes que se acumulan como latas de cerveza arrugadas en el rincón del estudio. La invitada Anjelika “Jelly” Joseph (de Galactic) añade unos coros gospel que elevan el tema a himno de despedida dedicado, entre otros, al propio Reed Mullin.
“Good God/ Baad Man” (2026), una declaración de principios. Corrosion of Conformity han vuelto para recordarnos que el rock pesado, cuando se hace con las tripas y sin complejos, sigue siendo una de las formas más honestas de resistencia. “Good God / Baad Man” es el álbum más inmersivo y libre que han parido nunca, conectado directamente a esa actitud que los ha mantenido en pie durante cuarenta y cuatro años. Suena vivo, orgánico, imperfecto en el mejor sentido, suena a banda que todavía disfruta tocando a un volumen criminal, sudando la camiseta y haciendo temblar el suelo.
© 2026 Jota Jiménez


