Cuatro décadas después de irrumpir desde Belo Horizonte como un vendaval que redefinió por completo el metal sudamericano, Sepultura cierran su carrera discográfica con un EP breve pero cargado de intención. Andreas Kisser a la guitarra, Paulo Jr. al bajo, Derrick Green a la voz y el recién incorporado Greyson Nekrutman a la batería, conforman la formación que entrega este adiós, teñido por la tristeza del final, pero también una formación que no ha estado a la altura de sus años dorados, la pérdida de Casagrande y la lógica negativa de los hermanos Cavalera a subirse al escenario del último concierto de Sepultura, además de aguar la mezcla que los llevó a la gloria, son los síntomas de una carrera descendente. “The Cloud of Unknowing”, editado por Nuclear Blast no intenta ser un resumen complaciente de una carrera legendaria; más bien, se presenta como un gesto orgulloso pero melancólico, consciente de que el telón cae tras una gira de despedida que ya recorre el planeta y que lo único que queda por decir es algún que otro concierto esporádico. Es verdad también que, lejos de sonar exhaustos, los brasileños entregan aquí una muestra condensada de su evolución: thrash visceral, atmósferas progresivas, toques de groove tribal y una progresión emocional que evita la nostalgia, pero también que dieciocho minutos y medio, aunque sin concesiones, suenan a una quema innecesaria de cartuchos.
“All Souls Rising” no concede respiro: riffs afilados que se retuercen en tangentes orquestales inesperadas antes de desatar un asalto death metal que remite, sin imitar, a la furia de “Arise”. Nekrutman, con su formación jazzística y su precisión, impulsa el tema como un motor sobrealimentado, mientras Kisser despliega una catarata de frases que combinan técnica y alma. Green, más visceral, escupe las estrofas con un registro extremo que mezcla gruñidos guturales y alaridos cargados de urgencia. “Beyond the Dream” cambia radicalmente el ritmo: una balada oscura y poderosa que se despliega con guitarras melancólicas y voces limpias de Green, dotadas de un timbre amargo y sincero. El solo de Kisser es uno de esos momentos que justifican la compra del EP: melódico sin caer en la sensiblería, grandioso pero contenido, como un lamento que se niega a acabar. Con todo, “Beyond the Dream” no es Sepultura y demuestra por qué esta banda no ha levantado cabeza, suena bien, claro que sí, pero semejante balada no habría tenido cabida en el catálogo que los hizo famosos. Por suerte, “Sacred Books” regresa al terreno angular y musculoso, con un collage de riffs pesados y adornos inesperados, incluyendo un solo de piano que añade una capa casi cinematográfica de introspección, más groove que thrash o death, tampoco es lo que espero de los brasileños. Mientras que el cierre, “The Place”, de casi seis minutos, es el toque progresivo de los últimos años: un viaje episódico que transita por ambientes etéreos, riffs y una explosión final de agresividad demasiado pulida. Paulo Jr. gana protagonismo en las secciones más contenidas, y el conjunto respira como una pequeña sinfonía, donde cada elemento encuentra algo de espacio, sin estorbar.
Queda claro que este EP no es la obra maestra que algunos fans soñábamos como colofón y demuestra, en apenas veinte minutos, el caos -en el peor de los sentidos- del que son capaces: orbitar entre varios subgéneros sin decantarse por uno, canciones que suenan bien por su talento pero que esquivan la inspiración y desdibujan, aún más, su propio legado. Siguen siendo grandes músicos y Andreas siempre me ha parecido un genio, pero esto no es y nunca fue Sepultura tras la marcha de los Cavalera. Es mejor desaparecer y permanecer en el recuerdo que seguir paseándose por los escenarios llamándose así, Sepultura se retiran y está bien, lo que tenían que decir lo dijeron hace más de veinticinco años. Que el silencio posterior sea tan elocuente como lo fue su estruendo.
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