Hay algo casi trágico -y a la vez grotescamente fascinante- en la longevidad de Six Feet Under. Lo que en los noventa nació como una extensión de la mente enferma de Chris Barnes tras su salida de Cannibal Corpse, se ha convertido en una criatura que se niega a morir, aunque lleve décadas descomponiéndose ante los ojos de todos: algo así como el chiste de El sexto sentido cuando todos sabemos que este proyecto está muerto, menos el propio Chris Barnes. “Next to Die” (2026) llega precedido por ese extraño fenómeno, cada nuevo disco ya no despierta expectativas, sino una mezcla de morbo y resignación. Y, contra todo pronóstico, no estamos ante el desastre absoluto que muchos esperaban después del anterior y eso, en sí mismo, ya es un giro inesperado. No es un álbum atroz, pero tampoco logra escapar de la mediocridad; es más bien un cúmulo de buenas ideas saboteadas por sus propias limitaciones. Six Feet Under, con nombres como Jack Owen a la guitarra o Marco Pitruzzella a la batería, parecen debatirse entre el oficio y la inercia, como si no recordaran cómo se hacía esto. Y eso en leyendas de semejante calibre es imperdonable.
Desde los primeros compases, el disco deja ver esa dualidad casi esquizofrénica. “Approach Your Grave” intenta recuperar el horror primigenio del death metal, con una introducción atmosférica que promete tensión, pero que se alarga innecesariamente hasta perder impacto, un problema recurrente en este álbum y esas ideas interesantes que no saben cuándo funcionan y cuándo no. Sin embargo, cuando el grupo decide ceñirse a lo esencial, surgen momentos sorprendentemente eficaces. “Destroyed Remains” o “Next to Die” incorporan solos con cierto gusto y una ejecución más pulida de lo habitual en la banda, mientras que “Mutilated Corpse in the Woods” se apoya en riffs que evocan ese hedor añejo del death metal de Florida, sin caer del todo en la parodia de sí mismos. Incluso hay destellos de groove que invitan a mover la cabeza, algo que no siempre ha sido garantía en su discografía reciente. El problema, como casi siempre, es Barnes. Aunque su desempeño mejora respecto a trabajos infames como “Nightmares of the Decomposed” (2020), su voz sigue siendo un arma de doble filo: cuando se contiene, aporta gravedad; cuando se expone demasiado, evidencia sus limitaciones. Aquí logra momentos más graves y variados, pero también cae en pasajes torpes, desajustados en ritmo y tensión. Es significativo que, por primera vez en años, no sea el eslabón más débil de forma evidente: el resto de la banda también tropieza. Pitruzzella, por ejemplo, introduce patrones de batería extraños, a veces minimalistas hasta cortar el impulso de las canciones, como ocurre en “Unmistakable Smell of Death” o “Mind Hell” . Y luego está “Mister Blood and Guts”, probablemente el mejor ejemplo de la contradicción del disco, musicalmente contundente, incluso pegadiza en su brutalidad, pero arruinada por unas letras que rozan lo caricaturesco. Esa incapacidad para sostener una buena idea hasta el final es, en realidad, el verdadero leitmotiv del álbum.
“Next to Die” (2026) no es un renacimiento ni una redención, pero tampoco el cadáver putrefacto que muchos anticipaban. Es, más bien, una anomalía dentro de la decadencia de Six Feet Under: un disco que demuestra que aún quedan restos de vida bajo la tierra, aunque estos se manifiesten de forma irregular y torpe. Hay suficiente material competente para evitar el desastre, pero también suficientes fallos para hundir el conjunto en la mediocridad . Y eso, paradójicamente, puede ser su mayor problema. Porque un álbum desastroso al menos provoca una reacción visceral; uno simplemente correcto se diluye. En este caso, la sensación final es la de una banda que ha dejado de cavar su propia tumba para limitarse a deambular alrededor de ella. Para cualquier otra formación, un resultado así sería decepcionante, para Six Feet Under, es casi un triunfo. Pero un triunfo amargo, gris, incapaz de borrar años de irrelevancia ni de devolverles el filo que un día tuvieron. Aquí no hay resurrección, sólo un leve movimiento bajo la tierra, como si el cadáver se negara a aceptar su destino… aunque tampoco tenga fuerzas para escapar de él.
© 2026 Lord Of Metal
pic © 2026 Stephanie Cabral


