Crítica: Darkthrone “The Fist in the Face of God”


“The Fist in the Face of God” (2026) llega como un directo a la mandíbula de quien aún dude de la trascendencia de Darkthrone en el black metal noruego y, por supuesto, su relevancia mundial. Esta recopilación en vinilo —nueve discos más un DVD— celebra cuarenta años de la banda, aunque Peaceville opta por arrancar desde el punto de inflexión definitivo: “A Blaze in the Northern Sky” (1992), dejando atrás el death metal de “Soulside Journey” (1991), una pena, para sumergirnos en la “unholy trinity” y extenderse hasta “Sardonic Wrath” (2004). Fenriz (Gylve Fenris Nagell) y Nocturno Culto (Ted Arvid Skjellum) son los únicos pilares desde mediados de los noventa, tras la marcha de Zephyrous en 1993 y otros miembros; pero han sido ellos, armados con guitarras crudas, su batería implacable y voces que parecen emerger de grietas heladas, los que han forjado un legado que no necesita conciertos para imponerse. La remasterización fresca respeta el espíritu de ultratumba, ese sonido deliberadamente sucio y primitivo que define su identidad, mientras la lujosa presentación invita a revisitar sin excusas una discografía que, lejos de envejecer, gana ferocidad con el paso del tiempo. Siendo un testimonio de resistencia: contra las modas sinfónicas, contra las controversias que intentaron sepultarlos y el inexorable paso de los años.


El viaje comienza con la revelación de “A Blaze in the Northern Sky” (1992), donde temas como “Kathaarian Life Code” o “The Pagan Winter” establecen el canon del black metal crudo: riffs repetitivos que hipnotizan, batería que alterna entre blast beats furiosos y trancos mortales, y una atmósfera de desolación invernal que no necesita producción pulida para helar la sangre. “Under a Funeral Moon” (1993) profundiza en esa austeridad glacial con cortes como “Natassja in Eternal Sleep” o “Where Cold Winds Blow”, donde el bajo fuzz y los cambios punk aportan una agresividad casi thrash que corta como navaja; convirtiendo la simplicidad en virtud absoluta. “Transilvanian Hunger” (1994) representa el pico de su obsesión: Fenriz toca el mismo patrón rítmico en todas las canciones, un latido de hielo que atraviesa el disco entero, mientras Nocturno Culto entrega alaridos cavernosos que tuvieron que degradarse adrede para encajar en la mugre lo-fi. “To Walk the Infernal Fields” o la propia “Transilvanian Hunger” son ejercicios de minimalismo extremo que resultan abrumadores en su repetición hipnótica. “Panzerfaust” (1995) lleva la crudeza a límites insoportables, con homenajes a Bathory y Celtic Frost en la batería y un sonido tan abismal que parece grabado en una cueva derrumbándose; “The Bokken” o “Warfare” destilan una rabia que quema. Los discos posteriores —“Total Death” (1996), “Ravishing Grimness” (1999), “Plaguewielder” (2001), “Hate Them” (2003) y “Sardonic Wrath” (2004)— muestran una evolución que nunca traiciona las raíces: toques crust-punk, riffs más pesados y directos, letras en noruego que refuerzan la identidad (pero también alimentaron los ataques de nacionalismo), y momentos de belleza gélida entre la tormenta, como en “Rust” o en los pasajes más lentos de “Plaguewielder”. Cada álbum aporta matices sin diluir la esencia: la banda se permite ralentizar hasta el doom mortuorio o acelerar en ráfagas thrash, siempre con esa producción deliberadamente imperfecta que hace que cada nota pese como el plomo.

Escuchar esta caja completa es experimentar un viaje que trasciende el mero coleccionismo; es palpar cómo dos tipos obstinados, encerrados en su estudio, construyeron un universo paralelo al black metal más comercial. Hay algo profundamente conmovedor en su negativa a evolucionar hacia lo accesible: mientras otros se perdían en teclados y orquestaciones, Darkthrone se mantuvo fiel a la suciedad, al frío, a la rabia primordial. Esta recopilación no solo rescata grabaciones legendarias con un sonido renovado que respeta su crudeza; también recuerda que el verdadero black metal no busca aprobación ni perdón. Es la negación de la vida, pero también un recordatorio de que la grandeza a veces reside en la terquedad. Fenriz y Nocturno Culto no han cedido ni un centímetro en cuatro décadas, y esta caja lo demuestra con brutal claridad: su música sigue siendo desafiante, sigue siendo necesaria, sigue helando la médula como el primer día. Si alguna vez dudaste de su lugar en la historia, pincha estos vinilos, baja las luces y déjate helar por su invierno pagano.

© 2026 Lord Of Metal

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