“In Verses” (2026) llega tras una espera que se ha hecho eterna, casi trece años desde “Asymmetry” (2013), y es que parece que Karnivool han optado por no forzar la máquina, ni intentar recuperar el tiempo perdido con puro exhibicionismo, publicando cuando no toca o no lo sienten. Ian Kenny, Drew Goddard, Mark Hosking, Jon Stockman y Steve Judd regresan con un trabajo que respira madurez, contención y una elegancia que roza lo melancólico. No es el disco que va a redefinir su legado, ni a eclipsar las cumbres de “Sound Awake” (2009) o “Themata” (2005), pero sí es una entrega notable, coherente y emocionalmente honesta que demuestra por qué esta banda de Perth sigue siendo una de las más respetadas en el progresivo. El quinteto australiano ha pulido su fórmula sin traicionarla: riffs pesados pero nunca fáciles, armonías vocales que cortan como una cuchilla, cambios de tiempo que fluyen con naturalidad y una producción cristalina (cortesía de Forrester Savell) que deja respirar cada detalle. Hay un invitado de lujo, Guthrie Govan, en un solo que eleva el listón, como no podía ser de otra forma, y toques sutiles de cuerda que añaden textura sin sobrecargar. El resultado es un álbum de algo más de una hora que pide una escucha atenta, que recompensa la paciencia y que, aunque no alcanza la intensidad demoledora de sus mejores momentos, transmite una vulnerabilidad que emociona de verdad.
“Ghost” es una apertura que se desenvuelve con calma pero va acumulando tensión hasta estallar con un toque mediooriental pesado e intrincado, con capas complejas que invitan a volver una y otra vez. “Drone” mantiene el pulso con un empuje rítmico tormentoso y un estribillo inmediato que funcionan como clímax en medio de un trabajo predominantemente introspectivo. “Aozora” y “Animation” exploran territorios más etéreos, con melodías que se expanden como la niebla y el bajo de Stockman que cimenta la mezcla sin ostentación. “Conversations” es uno de los momentos álgidos: delicadeza en las guitarras, un estribillo que se pega al alma y un crescendo melancólico que desembocan en una catarsis contenida. “Reanimation” crece con paciencia, desde pasajes nostálgicos hasta un clímax donde el solo de Guthrie Govan —afilado, expresivo, casi lacrimógeno— se lleva el protagonismo y justifica por sí solo la espera. La versión remasterizada de “All It Takes” (original de 2021) encaja bien con su toque entrecortado, mientras “Remote Self Control” es pegadiza gracias a sus luminosas melodías, que rompen un poco la atmósfera más sombría. Las baladas “Opal” y, sobre todo, “Salva”, que cierra con adornos de gaita, un toque de pop sofisticado que roza lo cinematográfico, ocupando buena parte del segundo tramo y definiendo el tono predominante: menos furia, más alma. Aunque no todo es perfecto (hay algún pasaje que se estira un pelín y podrían haber jugado a la contención, pero las ideas fluyen con inteligencia y cada canción tiene su razón de ser en el conjunto.
“In Verses” (2026) no pretende ser la obra maestra que algunos esperaban tras su silencio; es, en cambio, un disco que se sostiene por su autenticidad y por la forma en que Karnivool han decidido envejecer: sin postureo, sin concesiones baratas, abrazando la melancolía como fuerza creativa. Pero, con todo, deja un regusto agridulce, porque sé que esta banda es capaz de mucho más. Ian Kenny canta como quien ha vivido de verdad, las guitarras de Goddard y Hosking dialogan con una química que no es posible fingir, y la sección rítmica sigue siendo un reloj suizo con alma en un álbum que no revoluciona nada, pero que sí profundiza en lo que siempre han sido: una banda que entiende que el progresivo no es solo complejidad técnica, sino emoción cruda envuelta en precisión. Notable, sí; sobresaliente, no del todo. Lo escucho y pienso: ojalá la espera haya valido la pena para ellos tanto como para nosotros. Pienso en ella y creo que sí…
© 2026 Jota


