Crítica: Haken "in a fever dream"


Haken han atravesado un periodo de convulsión interna que habría hundido a formaciones menos resueltas. La marcha de Charlie Griffiths y Conner Green dejó un vacío estructural evidente y, sin embargo, el cuarteto restante (Ross Jennings a la voz, Richard Henshall a las guitarras, Raymond Hearne a la batería y Pete Jones a los teclados), reforzado en el estudio por los bajos de Adam Getgood y Bryan Beller, presenta “in a fever dream” (2026) como un EP de cinco piezas que no pretende cerrar heridas sino explorarlas con lucidez quirúrgica. Producido por George Lever, el trabajo suena más limpio y, en ciertos tramos, deliberadamente frío. Se nota la ausencia de la doble guitarra que antaño densificaba cada pasaje, pero esa escasez se convierte en virtud: el espacio ganado permite que las texturas electrónicas y los matices de Jennings respire con una intimidad que Haken no habían cultivado con tanta insistencia. El resultado no es el manifiesto de un renacimiento, sino un cuaderno de bitácora de alguien que acaba de despertar de una pesadilla y todavía no distingue del todo entre el sueño y la vigilia.


La canción que abre el disco posee una melancolía de cuerdas y voz que pronto se quiebra ante un riff de peso y la batería de Hearne (que se mueve entre el trip-hop y la polirritmia más afilada). Jennings introduce, por primera vez en mucho tiempo, un gruñido breve pero cinematográfico que corta la atmósfera como un cuchillo en la penumbra. El estribillo, lejos de ser simple, se eleva con una melancolía casi febril, mientras los teclados de Jones envuelven el conjunto en una niebla electrónica. “delirium” sigue con una actitud más directa, casi de metal alternativo, pero conserva la huella de la banda: el estribillo es de los más memorables que Jennings ha firmado en años y el cierre, con Hearne disparando sobre un riff seco, deja una sensación de urgencia que no se disipa. “eclipsed by you” es la más breve y, paradójicamente, una de las más evocadoras; las voces tratadas, los teclados etéreos y el gradual aumento de intensidad construyen una sensación de gravitación lenta, como si el oyente orbitara alrededor de un cuerpo celeste que se apaga. “bleeding sky” es el punto más discutible: la producción juega con efectos vocales que, a veces, restan claridad al mensaje, y la melodía principal no alcanza la contundencia de las piezas anteriores, aunque el trabajo de batería y la oscuridad lírica compensan en parte la falta de punch. El cierre, “lotus”, es el momento de mayor aliento. Durante siete minutos la canción se despliega desde una base electrónica casi minimalista hasta un clímax de post-metal contenido, con un momento coral que suena a exorcismo colectivo. La resolución final, con esas armonías que parecen responderse a sí mismas, ofrece la única ráfaga de luz del EP: no es optimismo gratuito, sino la aceptación de que el sueño febril, por perturbador que sea, también puede ser el lugar donde uno aprende a florecer de nuevo.

Escuchar “in a fever dream” (2026) es asistir al momento de un grupo que ha decidido mirar de frente la inestabilidad en lugar de disimularla con virtuosismos heredados. No son los Haken de las grandes arquitecturas conceptuales ni el de los guiños humorísticos que antaño humanizaban su complejidad. Es un Haken más seco, más sombrío y, en ciertos instantes, quizá más vulnerable, aunque esta no siempre se traduzca en grandeza (hay tramos que se sienten como ensayos de una propuesta todavía en formación), pero cuando la máquina funciona, como en la pieza inicial o en el cierre, el resultado emociona con una honestidad que no se compra con técnica. Jennings demuestra que su registro sigue siendo uno de los más expresivos del género, Henshall compensa la soledad de la guitarra con frases más deliberadas que efectistas, mientras Hearne y Jones sostienen el edificio sin necesidad de ninguna exhibición. El EP no rivaliza con las cumbres de “The Mountain” o “Affinity”, y tampoco pretende hacerlo. Funciona, más bien, como un puente tenso sobre un abismo: no garantiza que el otro lado sea mejor, pero obliga al oyente a cruzarlo. Y en ese cruce, entre la fiebre y el despertar, Haken demuestran que todavía tienen algo que decir, aunque lo hagan con la voz más baja y más inquieta de su carrera.

© 2026 Jota Jiménez

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