Crítica: Moonspell "Far From God"


Moonspell regresan con un disco que destila la esencia misma de su legado gótico, y lo hace sin aspavientos innecesarios ni concesiones a modas pasajeras. Tras casi treinta y cinco años surcando las aguas turbulentas del metal portugués, Fernando Ribeiro y sus compañeros (Ricardo Amorim a las guitarras, Pedro Paixão en los teclados, Aires Pereira al bajo y Hugo Ribeiro a la batería) entregan su decimocuarto larga duración con una madurez que roza lo conmovedor y sin llamar la atención de manera pueril. Producido por el habitual Jaime Gomez Arellano, el disco marca un retorno a las raíces sin caer en la nostalgia: prescinde de las orquestaciones infladas de trabajos recientes para abrazar un enfoque más directo, crudo y atmosférico, evocando el espíritu de discos fundacionales como “Irreligious” pero con la sabiduría que otorgan las cicatrices del tiempo. No es una reinvención radical sino, más bien, una destilación: Moonspell ha traído su oscuridad romántica hasta convertirla en un elixir potente, melancólico y, en ocasiones, sorprendentemente luminoso. Lejos de sonar agotados, los portugueses parecen revitalizados, como si hubiesen encontrado en la simplicidad la clave para volver a emocionar de verdad.


“Cross Your Heart” es una apertura que establece el tono con un groove sedoso envuelto en melodías de teclado que acarician sin invadir. La voz de Ribeiro, con su tono de crooner gótico inconfundible, se eleva en un estribillo sereno y contagioso que transmite una extraña sensación de alivio, como si el oyente estuviese cruzando un umbral hacia un territorio familiar pero renovado. “Far From God” es una canción que combina riffs con pasajes sintéticos etéreos, donde la batería de Hugo Ribeiro impulsa una cadencia casi hipnótica, explorando texturas más minimalistas, permitiendo que el bajo de Pereira destaque con presencia magnífica y las guitarras de Amorim aporten pinceladas quirúrgicas en lugar de muros de distorsión. “Biblical” inyecta un toque juguetón y romántico, con un estribillo infeccioso que roza lo irónico: Ribeiro canta con una dulzura casi inocente sobre promesas eternas, mientras la sección rítmica mantiene una pulsación viva y carnal. “The Great Wolf In The Sky”, con las cuerdas invitadas de Alicia Nuhr, vira la atmósfera en algo más etéreo y grandioso, un interludio que evoca paisajes nocturnos y mitología lupina sin caer en lo pomposo. “Your Promise Of Light” es pura pasión gótica desatada: un tema delicado impulsado por un lick de guitarra sutil, donde los teclados de Paixão crean un manto de intimidad que culmina en un estribillo devastadoramente hermoso, de esos que te dejan con el pecho apretado y una sonrisa triste. “For The Love Of Mortals” mantiene esa veta romántica pero añade capas de urgencia melódica, explorando la fragilidad humana con una honestidad que emociona. El clímax llega con “Our Freedom To Fall” y el cierre épico, “Reconquista”: la primera trae momentos adictivos y el primer despliegue notable de voces ásperas, recordando influencias como Type O Negative en su crudeza emocional; la segunda es un monstruo atmosférico que fusiona belleza orquestal contenida con una agresividad controlada, donde Ribeiro despliega un registro intermedio entre limpio y gutural que suena autoritario y vulnerable al mismo tiempo, fluyendo cada canción con naturalidad, construyendo un arco narrativo coherente que va de la seducción melancólica a la catarsis liberadora, sin rellenos ni artificios.

“Far From God” deja con la satisfacción de aquel quien presencia a unos viejos lobos que, en lugar de aullar a la luna por inercia, han redescubierto por qué lo hacían. Moonspell no solo sobrevive; en este 2026, demuestra que su oscuridad sigue siendo fértil, capaz de generar belleza en medio del vacío espiritual que sugiere el título. No alcanza la perfección intocable de sus obras maestras de los noventa, pero supera con creces la mayoría de lanzamientos modernos del género al priorizar la emoción sobre la técnica exhibicionista. Escucharlo es como reencontrarse con un amante maduro: hay nostalgia, sí, pero también una chispa nueva, un compromiso renovado con lo esencial. Fernando Ribeiro y compañía han firmado un disco honesto, visceral y profundamente humano que merece girar en los altavoces de cualquier devoto del metal gótico. Lejos de Dios, pero muy cerca del corazón. 

© 2026 Lord Of Metal

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