Crítica: U2 "Easter Lily"


Tras “Days of Ash” (2026) y su forzadísima urgencia política con momentos de una retórica populista previsible e insufrible, U2 sorprendían con “Easter Lily EP” (2026) segundo EP de seis canciones y, más aún, porque no es un mero complemento; sino una obra que respira por sí sola, más introspectiva, más humana y, en muchos momentos, más conmovedora que el anterior, demostrando que funcionan mejor cuando respiran y no siguen el paso de lo que marca la actualidad, así fue en el pasado y, aunque no tan glorioso, ocurre lo mismo con este EP. Un puñado de canciones que exploran la fe, la pérdida, las cicatrices del amor y la búsqueda de conexión en un mundo que se deshilacha. Un EP en el que no todo brilla con la misma intensidad, es verdad, pero sí suficiente como para justificar la espera.

“Song for Hal”, es una elegía dedicada al productor Hal Willner, fallecido al inicio de la pandemia. The Edge toma las riendas vocales y demuestra que su voz, aunque menos imponente que la de Bono, siempre ha poseído una fragilidad sincera que encaja como un guante con el tema. Las guitarras se tiñen con ese delay etéreo que siempre ha sido su firma, mientras Mullen Jr. ofrece un toque menos explosivo pero lleno de matices que anclan la pieza. Adam Clayton, discreto pero esencial, mantiene el pulso grave que evita que la composición pierda peso y se convierta en una mera composición acústica más. Es un homenaje bonito, con versos como “I swear where music is made, you’ll be there” que golpean directos al pecho pero, si unimos ambos lanzamientos, vemos que funciona mucho mejor como bisagra que como canción de apertura. “In a Life” es quizá la cumbre del EP, un buen momento compositivo pero una canción mediana que aquí luce de manera inesperada. Resuena épica, pero en tono menor, Bono entra con esa garganta que aún conmueve por su entrega cuando los versos destilan melancolía vital pero no deja de ser una canción en la que no cuesta nada en absoluto imaginarse la voz de Matt Berninger, dándole un toque más intimista, mostrando todo su potencial pero también las costuras de los irlandeses. “Scars” es quizá el acierto rotundo del EP, un medio tiempo sobre el amor que acepta las heridas como parte de la belleza: Mullen Jr. hace retumbar los parches con una fuerza contenida, Clayton aporta profundidad y The Edge pinta con acordes afilados que evocan la nostalgia sin caer en lo empalagoso.


“Resurrection Song” eleva la apuesta espiritual con un pulso tribal (recordándome muchísimo a lo que hacían Doves en la época de “The Last Broadcast” y de eso hacen ya veinticuatro años) con Bono permitiéndose ironizar consigo mismo (“If I sound ridiculous, I’m not done yet”) pero sin la mordacidad de los noventa. “Easter Parade” es el corte más ambicioso, casi seis minutos de progresión que empieza con teclados y bajo para estallar en un pulso que Clayton adorna con guiños por The Stone Roses. Bono canta con devoción, casi litúrgica, pero suena algo forzado cerrando con “Kyrie eleison”. El final, “COEXIST (I Will Bless the Lord at All Times?)”, coescrita con Brian Eno, es el momento más discutible: un relato con autotune como herramienta (como si no lo hubiésemos escuchado ya antes, cuando otros artistas lo usaron como recurso expresivo hace veinte años) y coros procesados que buscan el relato de la convivencia pero resulta fría en exceso. No arruina el EP, pero sí genera una ligera bajada de tensión tras la carga previa. 

En comparación con “Days of Ash”, donde las proclamas políticas sonaban anacrónicas y las melodías más planas, U2 parecen haber encontrado un equilibrio más orgánico: menos sermón, más confesión. Las guitarras de The Edge recuperan esa textura que tanto echábamos de menos, y la sección rítmica, con Mullen Jr. suena viva, comprometida, lejos de la rutina. No es un regreso al rock visceral de los ochenta, la genialidad de primeros de los noventa, ni su mejor obra como habrás leído en redes sociales y críticas escritas con la premura del momento, pero tampoco la pulida asepsia de los últimos trabajos de estudio. Hay riesgo en ese recogimiento y es que, a veces, la honestidad es el arma más afilada.

© 2026 Jota Jiménez
pic © 2026 Anton Corbijn

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