Crítica: “Radiohead. El presente es imposible”


Nórdica Libros publica “Radiohead. El presente es imposible”, con la clara ambición de ofrecer algo más que una mera recopilación de artículos: una antología coral que pretende capturar la esencia esquiva de la banda que mejor ha reflejado las grietas de nuestro tiempo. Coordinada con criterio y editada en tapa dura con casi cuatrocientas jugosas páginas, reuniendo textos exclusivos firmados por Sebas E. Alonso, Abraham Boba, Ángel Carmona, Quim Casas, Juan Manuel Freire, Gustavo Iglesias y el colectivo Music Radar Clan, junto a piezas rescatadas de publicaciones como Rockdelux, Mondo Sonoro, Efe Eme, GQ, Les Inrockuptibles, Melody Maker, New Musical Express o The Wire. El resultado es un volumen denso, heterogéneo y, en ocasiones, contradictorio, que recorre la trayectoria completa de Radiohead desde sus primeros ensayos en Oxford hasta la última gira celebrada, sin pretender cerrar ningún debate sino, más bien, mantenerlo abierto y vivo. 

Un mosaico donde cada autor aporta su lente particular. Hay aproximaciones que bucean en la transformación estilística: del rock alternativo crudo y cuasi grunge tocado de “Pablo Honey” (1993) al colapso electrónico de “Kid A” (2000) y “Amnesiac” (2001), pasando por la delicada disección orquestal de “In Rainbows” (2007) o la paranoia digital de “A Moon Shaped Pool” (2016). Siendo analizado con detalle las contribuciones individuales: la voz frágil y a la vez hiriente de Thom Yorke, las texturas imposibles de Jonny Greenwood (capaz de convertir una guitarra en un sintetizador o un ondes Martenot en arma de destrucción melódica), el pulso rítmico siempre inquieto de Phil Selway y Colin Greenwood, y esa capacidad casi alquímica de Ed O’Brien para hacer que cada sonido parezca inevitable. Algunos textos destacan momentos concretos con gran precisión: el modo en que “Paranoid Android” condensó en seis minutos la ansiedad de toda una generación, o cómo “Burn the Witch” utilizó cuerdas barrocas para denunciar el linchamiento mediático. Otros se detienen en la dimensión política y existencial: la crítica al capitalismo tardío, la angustia climática, la alienación tecnológica. No faltando las entrevistas históricas que muestran a una banda siempre incómoda con su propio éxito, ni las crónicas de giras que revelan el precio físico y emocional de mantener esa libertad creativa intacta. 


Lo más valioso, y también lo más arriesgado, del volumen es su rechazo a la hagiografía. Frente a la tentación de convertir a Radiohead en monumento intocable, los autores se permiten disentir: uno lamenta cierta reiteración atmosférica en los últimos trabajos, otro defiende que esa supuesta frialdad es precisamente su mayor hallazgo emocional. Se discuten las influencias (desde el krautrock hasta el jazz de Coltrane, pasando por el minimalismo de Reich o la electrónica de Aphex Twin) y se cuestiona hasta qué punto la banda ha logrado escapar del mainstream que tanto desprecia. Además, la estructura se permite cruces inesperados: un artículo sobre la portada de “Hail to the Thief” (2003) dialoga con otro sobre la estética visual de Stanley Donwood, mientras que reflexiones sobre la melancolía adolescente de “The Bends” (1995) se entrelazan con análisis de la desesperanza adulta de “The King of Limbs” (2011), acabando con la sensación de haber asistido a una conversación larga y apasionada, no a una lección magistral. 

En definitiva, consigue lo que pocos libros colectivos logran: transmitir la inquietud misma que define a la banda. No resuelve nada porque Radiohead nunca ha pretendido resolver nada; simplemente ha señalado las fisuras, ha puesto música a la imposibilidad de habitar el ahora sin sentir que se desmorona y esta antología, con sus luces y sus inevitables sombras, honra esa actitud al no cerrar el relato, siendo un libro que invita a volver a los discos con oídos renovados, a escuchar “Everything in Its Right Place” y preguntarse si realmente todo está en su sitio, o a sumergirse en “Daydreaming” y aceptar que la deriva puede ser la única forma honesta de avanzar. Un volumen necesario que demuestra que, treinta y tres años después de su debut, Radiohead sigue siendo uno de los pocos fenómenos musicales capaces de convertir la ansiedad contemporánea en belleza perturbadora, sin perder su naturaleza esquiva. Un presente, en efecto, imposible de atrapar, pero igualmente hermoso por ello. 

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