Crítica: Craft “White Noise and Black Metal”

Recuerdo unos años (no hace falta irse muy lejos) en los que el black metal seguía siendo un subgénero minoritario; no me refiero a primeros de los noventa, sino hace diez años. El black no gozaba de la popularidad del death o el thrash, seguía siendo una propuesta destinada a unos pocos paladares, por lo menos en nuestro país (aunque el fenómeno lo llevo observando ya tiempo y también ha ocurrido en otros) y así estaba bien; muchos acudíamos a lo que parecía el último reducto ante el mainstream; Vikernes seguía en la cárcel, la leyenda de la Noruega de los noventa conservaba todavía su magia y alimentaba las especulaciones, muchos otros artistas llevaban años sin publicar material (no hablemos de imposibles reuniones y, por aquel entonces impensables, giras de aniversario de lo que seguían siendo clásicos underground) y, cuando acudían a nuestros escenarios, era en pequeñísimas salas que nunca se llenaban, seguía siendo un subgénero claramente marginal.

Puede que el lector crea que estoy exagerando, no es así y la demostración viene de la mano de lo ocurrido en esos últimos años en los que nuestros hermanos pequeños, sobrinos e incluso hijos -en algunos casos, no en el mío- han accedido a redes sociales y han elevado a Vikernes a la categoría de simpático antropólogo y demagogo etnocentrista del folklore nórdico y el autoabastecimiento en una lejana campiña francesa (así, aquel que apuñaló a Euronymous ahora es seguido por cientos de miles de personas que comentan con afectación y seriedad, videos en los cuales nos enseña a cambiar los discos de freno de su jeep o nos aconseja cómo elegir pareja y convertir a la mujer en una auténtica máquina de engendrar, nos advierte sobre lo perjudicial del porno y la masturbación o muestra cómo educa a sus prole, como si de pequeños hobbits se tratase), la quema de iglesias es una camiseta, Ihsahn es un gurú, Mayhem explotan los años de Dead o Euronymous sin complejos y comercializan aquel pasado que una vez quisieron borrar, los míticos Immortal protagonizan divertidos memes como osos panda y Nergal de Behemoth te recomienda ejercicios de Yoga y busca la madurez de manos de Nick Cave o Leonard Cohen pero plagiando a King Dude. Encuentras camisetas con tipografía blackmetalera en Zara, se reeditan discos y la feria de las vanidades que son las redes sociales se convierten en un escaparate con miles de chavalas posando en Instagram mientras sujetan sus vinilos con cara de sufrir mucho, muchísimo, frente a su Iphone X, muestran misteriosos tatuajes, se maquillan con el famoso corpse paint y Myrkur es el producto perfecto entre Kylie Minogue o Talor Swift y Ulver; mientras ellos, con cara de malos, se describen como misántropos pero muestran una agitada y absurda, bobalicona y adolescente interacción con sus miles de amigos y seguidores virtuales. Nunca se han vendido tantas medias de rejilla y platos de vinilo que llegarán al punto de reciclaje más próximo aún con su primera aguja, sin usar.

Y todo esto que contemplo con horror -y seguramente tú, que me lees- también lo han visto los sellos discográficos y esos artistas que tienen que trabajar y haber relegado su verdadera pasión a erráticas carreras que podrían haber acabado en el olvido y, claro, quieren su parte. Bandas minoritarias con dos EPs, tres maquetas y un Bandcamp son citadas como seminales, referencias obligadas y sus trabajos se reeditan por primera vez. No es el claro ejemplo de los blackmetaleros Craft que nos ocupan, pero sí hay que saber entender que una carrera como la suya, con dos discos en trece años, tiene mucho que ver con lo que digo, ¿qué banda puede permitirse el lujo de permanecer siete años sin publicar absolutamente nada y, sin ser conocida, ser recibida como ha ocurrido con los suecos?

Una demo, “Total Eclipse” (1991), ocho años hasta su primer álbum, “Total Soul Rape” (2000), dos discos como “Terror Propaganda” (2002) y “Fuck the Universe” (2005), seis años de espera para “Void” (2011) y siete para este “White Noise and Black Metal” (2018), que Season Of MIst ha anunciado a bombo y platillo, con únicamente John Doe y Joakim Karlsson como miembros fundacionales, seguidos de cerca por Nox y la última incorporación, Phil A. Cirone. Y, por supuesto, cientos de usuarios en redes posando con el vinilo en sus manos y cara de estar padeciendo una suerte de dolencia cósmica incurable y todo el sufrimiento existencial millennial.

Por lo tanto, ¿necesitamos un nuevo disco de black metal en el mundo? ¿necesitamos un nuevo álbum de Craft? Así, con ese ánimo, me calzaba los cascos y me disponía a escuchar “White Noise and Black Metal” y, cosas que a veces ocurren; me sorprendía a mí mismo. Si “Terror Propaganda” tenía los riffs, el último álbum de Craft posee el groove y un mayor enfoque en la composición; las canciones están trabajadas con esmero y se siente el mimo en cada una de ellas. “The Cosmic Sphere Falls” suena fresca y, a su vez, captura la esencia de los Primigenios (Lovecraft también es un meme; riamos, como locos), las guitarras son adictivas y el cambio de ritmo está magníficamente pensado. La voz de Nox parece un cruce entre Abbath, Demonaz y Dagon pero da igual, transmite y encaja a la perfección con la música de Craft y la narración épica de sus canciones.

“Again” tira de ese groove que poseen, su riff es de lo mejor del álbum y su ritmo marca el estribillo, podría haber sido firmada por Marduk, mientras “Undone” nos lleva de la mano al black más crudo, pero no sin antes ceder ante la melodía, el fraseo de Nox nos guiará a través de sus diferentes pasajes en una composición con la que parece imposible aburrirse. Es verdad que “Tragedy of Pointless Games” abusa del contraste entre partes lentas y veloces, pero el resultado está tan logrado y algunos pasajes tan trabajados que entiendo que no cambien de fórmula, ¿para qué? “Darkness Falls” es puro black ‘n’ roll y me encanta, e incluso la instrumental “Crimson” parece encontrar su lugar, más allá de mis prejuicios en este tipo de piezas que suelen ser puro relleno, en la mayoría de los casos.

¿Un último acelerón? Así se siente “YHVH's Shadow”, pero no se trata de un mero ejercicio de velocidad, la canción posee grandes momentos en los que hay espacio para la emoción y algo de atmósfera, de pesadísimo y lúgubre ambiente gélido. Una canción que me hace recuperar la ilusión por un subgénero que, a veces, parece completamente agotado, como me ocurre con la genial y trepidante “White Noise” en la que Craft no están descubriendo nada nuevo, pero suena tremendamente bien. No es una obra maestra, pero “White Noise and Black Metal” (como el último de Necrophobic) engancha y logra que las escuchas que requiere no sean por obligación, convirtiéndolo en uno de mis discos favoritos de black metal de este año. Es el momento de posar con él en la foto, aunque nosotros sí lo hayamos escuchado…


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