Crítica: U2 "Songs Of Innocence"

A estas alturas de la película está claro que a U2 se les critica por ser grandes. Claro que han cometido errores, son humanos, sus canciones no son las mejores, no son virtuosos con una técnica apabullante, sus últimos discos han errado en el blanco y la sobreexposición de Bono le ha quemado, caricaturizado y demonizado ante las nuevas generaciones que, sin embargo, consumen grupos que copian sistemáticamente los esquemas, vicios y virtudes de los irlandeses pero el gran logro de U2 -y dejadme que os lo desvele- no reside en ser la banda de Rock más grande del planeta sino en no serlo y en hacer que tú te creas que sí, me explicaré. Este año ha sido fértil en lanzamientos discográficos, ha habido grandes decepciones y grandes sorpresas; artistas que tenían mucho que demostrar han pinchado y, por el contrario, pequeños proyectos han resultado ser grandes revelaciones pero ninguno ha suscitado la polémica de “Songs Of Innocence”.  El 9 de Septiembre del 2014, medio billón de personas (has leído bien) estaban con un ojo en Cupertino pero lo que nadie se esperaba es que U2 irrumpiese y regalase -no un vídeo como apuntaban los mentideros cibernéticos- sino su último disco al completo. Muchos pensarán que no hay nada nuevo en esto, que Radiohead o Nine Inch Nails (por citar a los más populares), además de otros cientos de grupos lo han hecho antes pero no es el mismo escenario, no hablamos de las mismas cifras, millones y repercusión. El caso de Radiohead fue la actuación por despecho ante Parlophone y una filtración, por lo que lo adelantaron,  pedían como precio la voluntad al oyente, nada que objetar e igualmente grande pero diferente. El caso de Reznor fue la polémica con la distribución y los derechos con su discográfica por lo que, igual que los de Oxford, pedía al aficionado que valorase el nuevo disco y si lo quería gratis o aportando lo que buenamente pudiese. Para U2 es lo opuesto, está claro que ya no son un grupo sino una empresa o una marca y venderán a espuertas, ofrecer de manera inmediata –vía descarga en la propia librería de tu ordenador a través de iTunes- a alta calidad e incluyendo el libreto original, logrando que no se filtre y anunciando el formato físico y tradicional en varias ediciones tan sólo cuatro días después es realmente para quitarse el sombrero. Si además añadimos a esto el impacto del anuncio de un nuevo producto de Apple el terremoto de marketing es brutal, las redes sociales estallaron, iTunes desbordado y nadie sabía qué hacer, si contemplar el iWatch, ahorrar para el iPhone6 o escuchar el nuevo disco de U2 que se les había bajado de manera automática a la biblioteca de todos sus dispositivos, una deliciosa locura... “Everything you know is wrong” que pensamos lo más noventeros, el concepto del caos de los mejores U2 llevado al extremo.
Pertenezco a la generación del Zoo Tv, después de más de veinte años escuchando a U2 he tenido grandes satisfacciones y grandes decepciones, claro que sí. U2 nunca fueron los mismos tras el PopMart cuando se encontraron estadios desangelados en la segunda leg de su gira norteamericana, no aguantaron el vapuleo de la crítica y, por qué no decirlo, no supieron dar el salto doble mortal tras el electrónico callejón sin salida en el que ellos mismos se metieron, decidieron hacer el famoso “back to basics” en la trilogía encabezada por  “All That You Can’t Leave Behind” (un disco mediocre por más que tenga singles de pegada y, a la postre y con el paso del tiempo luzca de otra forma), el destartalado “How To Dismantle An Atomic Bomb” (con el mazazo que supone “Vertigo”, canción hortera y ridícula donde las haya pero que en directo funciona como catalizador de todo un estadio) y el más homogéneo “No Line On The Horizon”. Después llegó la precipitación, Bono quería publicar “Songs Of Ascent” y cuentan las malas lenguas que, tras las típicas demoras ya clásicas en sus lanzamientos, cuando preparaban la edición aniversario de “Achtung Baby”, pisaron el freno cuando miraron al pasado y se vieron en Berlín grabando quizá su mejor disco. Nada que objetar.

Once canciones grabadas en Londres, Nueva York, Los Ángeles y la sempiterna ciudad de Dublín, con Danger Mouse, Paul Epworth, Ryan Tedder, Declan Gaffney (como ingeniero) y, el ya fijo, Flood tras los mandos. ¿Y cómo suena? La producción de “Songs Of Innocence” suena cristalina pero contundente, llena de matices pero cruda, el bajo nunca ha sonado tan bien, la batería suena con inmaculada precisión, el volumen es atronador y la compresión por primera vez resulta creíble en un disco en el que los graves retumban pero suenan tan magníficos como los medios o agudos sin que llegue a sonar plana o artificial. Es el disco de un grupo formado por guitarra, bajo y batería en el que, a pesar de meter reverberaciones, ecos, delays, overdubs, samplers, voces dobladas, piano y teclados, sigue manteniendo su esencia. Basta escuchar “The Miracle” (Of Joey Ramone) para sentir la frescura del material más personal de U2 en años, nada suena forzado. Las guitarras rasgan la mezcla, el fuzz revienta, el delay nunca sonó tan clásico y limpio y la sección rítmica de U2 (los injustamente denostados Adam Clayton y Larry Mullen Jr) nunca han sonado tan sólidos, escuchar el bajo de Adam al comienzo de “Volcano” es una maravilla. Mención aparte las voces, el trabajo de Bono y The Edge es sobresaliente se mire como se mire, la voz de Bono ya no tiene la potencia de los ochenta pero ahora es más versátil que nunca y se quiebra cuando la canción lo requiere o se apoya sobre el suave colchón melódico de la de The Edge, los juegos a dos voces son de lo mejor del disco, por primera vez en su historia, U2 trabaja las voces como un instrumento más y hasta se permiten el lujo de emular a los Beach Boys de manera perversa y sobria en la sublime introducción de la oscura “California (There Is No End To Love)”, una de las mejores del nuevo disco. Que nadie se extrañe si hay más cojones en una canción como “Sleep Like A Baby Tonight” que en los últimos tres discos del cuarteto.

Soy consciente de que la conexión entre U2 y los Ramones les resulte a muchas personas tan incómoda como la de Morrissey con los New York Dolls pero los irlandeses vienen del punk y si bien la canción que escuchó Joey Ramone antes de morir fue una de U2, estos les pasearon por todo el mundo como teloneros en el mastodóntico ZooTv Tour y les reivindicaron siempre (¿alguien recuerda la camiseta de Larry en el videoclip de “The Fly”?), por tanto no es extraño que Bono cante a Joey y por Joey ya que fue básico en su adolescencia. “Me desperté en el momento en el que ocurrió el milagro; escuché una canción que le dio sentido al mundo entero, recuperé todo lo que había perdido, era el sonido más bonito que jamás había oído/ Tenemos el idioma para comunicarnos, la religión para amarnos y odiarnos y la música para exagerar mi dolor y darle un nombre”. Imaginémonos por un segundo a un irlandés adolescente de clase media/baja que acaba de perder a su madre y vuelca toda su ilusión y frustración en la música y un género como el punk, aún efervescente en los años setenta, y cómo la música le sirve de consuelo y no sólo le saca de su ciudad, sino de su país, vive de ella, conoce a su ídolo –aquel que le ha hecho despertar- entre otros muchos y su grupo termina llenando estadios y vendiendo millones de discos. A veces la música puede dar consuelo pero también cambiar las vidas de todos aquellos que la escuchan, hacer que alguien despierte, recupere la ilusión, se sienta acompañado o encuentre el motor. “The Miracle (of Joey Ramone)” irradia frescura, fuerza y ganas, el grupo suena natural y es un buen tema de Rock con un ritmo abierto que le sienta fantástico, la guitarra entra de manera crujiente con una distorsión a medio camino entre un crunch y un fuzz vibrante que resuena crudo.

En este punto la gran sorpresa es “Every Breaking Wave”, por todos es sabido que U2 piensa mucho el orden de las canciones y organiza sus discos de manera meticulosa, sorprende que no continúen por la brecha de “The Miracle” y entren en un medio tiempo como “Every Breaking Wave”, esa canción retomada una y mil veces, escrita una y otra vez y tocada en directo en un par de ocasiones. La base rítmica de Adam y Larry es sensacional y como hacía años que no se sentía, mucha gente ha comparado injustamente su comienzo con “With Or Without You” pero no tiene nada que ver, la contención de la guitarra de The Edge es rota por una letra preciosa que dice: “Cada ola que rompe en la orilla, nos cuenta que habrá una más, cada jugador sabe que es para perder para lo que estás allí/ el mar sabe que estamos en las rocas y ahogarse no es ningún pecado”. De nuevo U2 parecen tocar el delicado mundo de las relaciones, la impotencia no poder arreglar una situación, de sentir que uno no es tan fuerte y si en “With Or Without You” finalmente alcanzaba la orilla a través de la tormenta, por primera vez -y gracias a la imagen del perdedor o del rompeolas- admite que fracasar no tiene porque ser algo negativo sino la evidencia de que, por lo menos, lo has intentado. Brillante es la imagen del oleaje como un martilleo incesante al que nuestro protagonista esta avocado como genial la guitarra de The Edge y la experiencia de Bono que, ante la falta evidente de un estribillo que estalle, lo resuelve cambiando de tono. Una canción con sabor clásico que navega entre la balada y el medio tiempo.

A mi gusto, “California (There Is No End To Love)” es una de las maravillas del disco por muchos motivos. Olvídemonos de “Sunday Bloody Sunday”, “Pride”, “Where The Streets Have No Name” o “One”, todos esos grandes himnos que a la vez funcionaban como singles y décadas después son capaces de levantar estadios enteros porque el nuevo disco de U2 no tiene ni uno sólo de ellos pero a cambio tiene caramelos como “California”. Arranca de manera subversiva como si los irlandeses más famosos del rock se calzasen unas camisetas hawaianas y cantasen su propia versión de “Barbara Ann” de los Beach Boys (repitiendo como un mantra; Barbara, Santa Barbara, Barbara, Santa Barbara, Barbara, Santa Barbara, Barbara, Santa Barbara, Barbara, Santa Barbara) nada más que por esa introducción, “Songs Of Innocence” merece el apelativo del disco más personal de U2 en años pero lo mejor está por llegar y es que Adam y Larry se acoplan a la perfección. Narrando la primera visita del grupo al estado, “California, entonces caímos en un mar brillante, el peso que hundía tu corazón era el mismo que me hizo estar donde necesito estar, aquí” (California, then we fell into the shining sea, the weight that drags your heart down well that’s what took me where I need to be, which is here) y me gusta no sólo por lo original del planteamiento sino por cómo despega y entra el solo de The Edge, porque es una canción atípica en el repertorio de U2 y porque la introducción, esa introducción, vale su peso en oro. “Song For Someone” comienza de manera acústica, con un acorde que a todos nos recordará a “Yahweh” pero nada más que evidencie al pasado, con una melodía juguetona y repetitiva que sin embargo engancha y en la que parecen narrarse los primeros pasos de un amor juvenil, cuando todavía no hemos sido vapuleados por la vida o la experiencia; “You got a face not spoiled by beauty. I have some scars from where I’ve been. You’ve got eyes that can see right through me, you’re not afraid of anything they’ve seen, I was told that I would feel nothing the first time, I don’t know how these cuts heal but in you I found a rhyme”.

Pero el nuevo disco de U2 no es sólo personal por el envoltorio de las canciones, por la forma en la que son interpretadas o la producción sino por los temas a tratar como en “Iris (Hold Me Close)”, la madre de Bono falleció de un derrame en el funeral de su abuelo cuando este tenía tan sólo catorce años y si de aquel dolor salieron canciones con la urgencia postpunk plasmada en su primer “Boy”, en “Songs Of Innocence” la perspectiva es la de un hombre de cincuenta años, con más camino recorrido que vida le queda, el cual echa la vista atrás y la incertidumbre y el miedo por la pérdida se transforman en la experiencia de aquel que mira atrás y ve cómo ha sobrevivido. “La estrella que nos da luz se ha ido por un momento pero no es una ilusión, el dolor de mi corazón es parte responsable de quien soy, algo en tus ojos me hizo tardar miles de años en llegar aquí, abrázame fuerte y no me dejes ir, abrázame fuerte como si fuese alguien que conoces, la oscuridad nos deja ver quiénes somos, tengo tu vida dentro de mí, Iris” en uno de esos alegatos artísticos a la altura de Lennon y su desgarradora "Mother". La canción, musicalmente hablando, es cien por cien sonido U2, directos al hueso y sin compasión, tenemos a Larry cabalgando sobre el bajo de Adam mientras el delay de The Edge recorre la canción y Bono se lanza sobre el estribillo una y otra vez de manera dramática, las estrofas en un tono mucho mas grave -lo que añade fuerza a la canción y hace que su voz se eleve en los puentes- pero son de nuevo las dobles voces y el falsete de The Edge tras el estribillo lo que la sitúan entre el rock, el funky y el ritmo más bailable pero épico al mismo tiempo, otro diez.

El punto de inflexión del disco es “Volcano” con ese bajo fortísimo de Adam entrando en la canción; ira, rabia, fuerza, así suenan cuando se lanzan sobre los versos;“El mundo gira rápido esta noche, puedes hacerte daño si intentas pararlo que es lo que intentabas hacer, estoy tan contento de que el pasado se haya ido/ antes estabas solo pero ahora eres Rock ‘N’ Roll/ a veces querría soplar un volcán, eres tan sólo una piedra en el suelo de un volcán”, una gran canción con influencia ochentera en sus guitarras y sus ambientes, con un estribillo pegadizo y juguetón en el que a Bono se le siente realmente cómodo. 

Temas recurrentes en un disco de U2 son la religión, el sexo, el amor y, por supuesto, la política y en "Songs Of Innocence" tiene su lugar en "Raised By Wolves" en la que se cuenta la historia de un coche bomba en plena calle de Dublín, “Cualquier otro viernes hubiera estado en esa tienda de discos, pero me fui en bici a la escuela ese día, un compañero de clase y su padre fueron testigos, fue muy duro para él, no creo que lo superara”, las cortantes guitarras de The Edge, los cambios de ritmo, las voces sampleadas y el estallido de la voz de Bono en el estribillo (Raised by wolves, stronger than fear, raised by wolves, we were raised by wolves!) añaden tensión a la canción como la calma antes de cada estrofa o los puentes. Otra de las grandes joyas del disco es "Cedarwood Road"no sólo por los magníficos y evocadores arreglos, los ecos nostálgicos o la interpretación sino por las escenas que narra, Bono creció en el 10 de Cedarwood Road y en la canción cuenta parte de su juventud y adolescencia en la calle; "I was running down the road, the fear was all I knew I was looking for a soul that’s real, then I ran into you and that cherry blossom tree was a gateway to the sun and friendship once it’s wonIt’s won… it’s one", no sólo su infancia con sus amigos Guggi o Gavin sino también sus peleas y juegos; "Sleepwalking down the road not waking from these dreams ‘cause it’s never dead it’s still my head. It was a warzone in my teens" y a estas alturas ya podemos confirmarlo, uno de los discos más personales de U2, desde luego.

Pero hay otro elemento que está muy presente en todos y cada uno de sus discos; la madrugada, el amanecer tras una noche que ha durado demasiadas horas e incluso una vida como ocurre en la arriesgada "Sleep Like a Baby Tonight" en donde U2 se la juegan y salen victoriosos, un sintetizador y una guitarra filtrada mientras Bono se vuelve a calzar un traje de lamé, se deshace el nudo y con los ojos rojos intenta desayunar; "Morning, your toast, your tea and sugar, read about the politician’s lover. Go through the day like knife through butter. Why don’t you. You dress in the colours of forgiveness, your eyes as red as Christmas. Purple robes are folded on the kitchen chair", unas notas de piano y vuelve el falsete de un MacPhisto al que ya echábamos de menos. ¿Qué más le podemos pedir a U2 en pleno 2014? 
Si al principio del disco le rendían sus respetos a Joey Ramone ahora le toca el turno a su amigo Joe Strummer y The Clash y lo cierto es que el experimento vuelve a resultar porque desde los coros iniciales hasta el bajo de Adam imitando al de Simonon la guitarra entrecortada de The Edge como la de Mick Jones en su última época y los efectos burbujeantes a lo "Sandinista!" dan en el clavo para rendir homenaje al concierto de The Clash al que asistieron en 1977: "This is the site, this is the season, this is where you can reach me now, this is the time, this is the number, this is where you can reach me now". Y, para acabar, otra sorpresa porque, por primera vez, U2 no nos arrojan al pozo del todo en la última canción y "The Troubles", a pesar de hablar de la situación política en Irlanda del Norte, sus arreglos llenos de soul y la presencia de Lykke Li, despega y, aunque acaba con intensidad, la magnífica guitarra de The Edge y el suave "crescendo" nos deja con mejor sabor de boca que en otras ocasiones (que nadie me hable de las naderías de "Grace", "Fast Cars" o la pretenciosa "Cedars of Lebanon", que sí me gustan pero echo de menos algo del calado "Love Is Blindness"/ "The Wanderer"/ "Wake Up Deadman" por no irme a los ochenta)

Podemos seguir echando de menos el pasado más glorioso de U2 y dejar de disfrutar del presente; “You glorify the past when the future dries up” que decían ellos mismos a finales de los ochenta cuando ironizaban sobre una de las canciones más famosas de Lennon, pero sería tan injusto para ellos como para nosotros porque "Songs Of Innocence" no es su mejor disco, ni falta que les hace, pero han trabajado, han hecho los deberes, se han arriesgado y han acertado, es un disco digno de madurez que seguramente envejecerá mucho mejor que los tres anteriores, con mejores ideas y más buqué. Ahora sólo nos queda esperar la segunda parte, "Songs Of Experience".


© 2014 Jim Tonic