Crítica: Monolord "Neverending"


“Neverending” (2026) es un disco que marca un punto de inflexión en la trayectoria de este trío sueco de doom y stoner metal, tas cinco años de silencio discográfico y con la producción de la legendaria Sylvia Massy, el grupo formado por Thomas Jäger (guitarra y voz principal), Esben Willems (batería) y Mika Häkki (bajo) apuesta por canciones más concisas y directas, sin renunciar del todo a esa densidad hipnótica que los ha definido desde sus inicios en Gotemburgo. El resultado es un álbum que suena más afilado y personal, con letras que tocan temas íntimos como cambios vitales y luchas internas, pero que, siendo sincero, siento que a ratos se queda a medio camino entre la evolución deseada y la comodidad de lo conocido. No es un paso atrás, pero tampoco el salto definitivo que muchos esperábamos de una banda que siempre ha caminado entre el pesado lodazal (siendo un piropo en el subgénero del doom) y las melodías etéreas.

“Iodine” es una canción que evoca épicas del rock setentero como Lynyrd Skynyrd o Led Zeppelin, pero filtradas a través del prisma doom actual. Jäger despliega riffs cromáticos gruesos que se entrelazan con el bajo resonante de Häkki, mientras Willems marca un pulso que da espacio a los silencios cargados de tensión. “You Bastard” es, probablemente, la pieza más lograda, con un groove propulsivo que contrasta con letras crudas sobre el suicidio, un ejercicio de honestidad que emociona por su crudeza, como “Inside a Collider” actúa casi de cierre prematuro, con un descenso doom demoledor que invita a bajar el volumen y sentir la vibración en el pecho, aunque su estructura repetitiva acaba por diluir parte de su fuerza. En “Crystal Bridge” se nota la influencia de la producción de Massy: tonos más limpios y un interludio acústico que permite respirar antes de volver al pantanon de “Oozing Wound”, que es el gran desarrollo del álbum, donde la química entre los tres músicos brilla al máximo; un riff simple que crece con giros melódicos y una batería que golpea como olas lentas pero implacables. “The Masque” trae un toque bluesero oscuro con versos tenebrosos, aunque su estribillo merecería más repeticiones para clavarse mejor en la carne, e “Invisible” mantiene la línea melancólica con capas de atmósfera densa, hasta el cierre con “It’s Neverending” cuenta con la colaboración de Jörgen Sandström (ex Entombed y Grave) en las voces guturales, introduciendo un matiz death-doom que refresca la propuesta. La parte final, más suave y melancólica, redondea el tema con una delicadeza que contrasta con el peso anterior, aunque las secciones más gruesas de Sandström no terminan de encajar del todo con el tono etéreo habitual de Jäger.


Monolord han conseguido un sonido más definido y cálido gracias a Massy, con riffs que siguen siendo de los más sabrosos del género y una producción que realza las frecuencias bajas sin ahogar las melodías. Sin embargo, la búsqueda de inmediatez sacrifica en ocasiones esa inmersión total que hacía de sus discos anteriores verdaderas experiencias catárticas. En “Neverending” (2026) hay momentos brillantes, donde la banda parece encontrar su voz más madura, pero también pasajes donde la fórmula se estira sin llegar a explotar, conformando un trabajo sólido que mantiene el interés y abre las puertas a un futuro esperanzador, pero que no alcanza la excelencia de sus mejores momentos. Ojalá este álbum sea el inicio de algo aún más grande, de ese giro de timón que les haga dar el salto que necesitan y, en el fondo, todos esperábamos…

© 2026 Conde Draco

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