Crítica: Poppy "Empty Hands"

Poppy consolida su evolución artística con "Empty Hands" (2026), su séptimo álbum de estudio publicado en Sumerian Records, que llega apenas dos años después del impresionante "Negative Spaces" (2024) y representa un paso natural y liberador para la artista, quien ya no persigue expectativas comerciales ni modas, sino que se entrega por completo a lo que le resulta auténtico y emocionante en este momento. La rabia contenida y la frustración acumulada contra quienes acumulan éxitos sin considerar el daño que dejan atrás dan forma al núcleo emocional del disco, infundiéndole una urgencia palpable que se mantiene incluso en los pasajes más lentos o melódicos. La producción de Jordan Fish, quien regresa como colaborador clave, logra un equilibrio perfecto; todo suena más ajustado, enfocado y potente que nunca, sin opacar la personalidad única de Poppy. El resultado es un trabajo que respira libertad creativa, con una mezcla de industrial, metal alternativo y elementos electrónicos que se sienten orgánicos y cohesionados. A lo largo de sus trece canciones, el álbum fluye con naturalidad, evitando cualquier sensación de fatiga y manteniendo la atención gracias a su intensidad constante y a la capacidad de Poppy para canalizar emociones crudas en composiciones que impactan tanto en lo visceral como en lo melódico. Es Poppy en su forma más honesta y decidida, demostrando que cuando está emocionalmente involucrada y sin filtros, su música alcanza un nivel superior.


El disco abre con "Public Domain", un tema que establece de inmediato el tono con su mezcla de crudeza industrial, voces robóticas y un desarrollo dramático que atrapa desde los primeros segundos, mostrando la audacia característica de Poppy para empezar fuerte. "Bruised Sky" golpea con riffs gruesos y aplastantes que conviven armónicamente con melodías potentes, creando un contraste que resuena con fuerza. "Guardian" se expande hacia territorios más amplios y elevados, con una sensación de grandeza que estira los límites emocionales del álbum, de la misma forma que "Dying To Forget", la agresividad alcanza su punto máximo, con riffs afilados y letras cortantes que transmiten una intensidad implacable. La homónima "Empty Hands" explota en un caos controlado de pura furia, culminando en gritos desatados que transmiten una catarsis total. "Eat The Hate" transforma esa ira en sarcasmo mordaz, combinando ritmos juguetones con líneas punzantes que golpean igual de duro. Mientras que "Time Will Tell", "Unravel", "Blink" y "Ribs" aportan variedad sin perder el sentimiento de unión, alternando momentos de tensión contenida con explosiones que mantienen el flujo dinámico. La producción permite que cada elemento respire, destacando la versatilidad vocal de Poppy, que pasa de lo etéreo a lo visceral con facilidad y convicción.

"Empty Hands" (2026) se revela como una obra brillante y energizante que captura a Poppy en su mejor momento creativo, un álbum que fluye con confianza y entrega emociones crudas sin concesiones. Jordan Fish y la artista logran una sinergia impecable que hace que cada canción suene precisa y poderosa, mientras la rabia y la honestidad dan profundidad a todo el conjunto. Es refrescante ver a alguien con talento priorizar la autenticidad sobre cualquier expectativa, y el resultado es un disco que se disfruta de principio a fin, con momentos que invitan a subir el volumen y dejarse llevar, reforzando su estatus como una de las voces más interesantes y sin miedo del panorama actual, dejando ganas de ver qué dirección tomará después. Un trabajo sólido, impactante y muy recomendable que la eleva con naturalidad y fuerza.

© 2026 Lord Of Metal

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