Crítica: Bell Witch/Aerial Ruin "Stygian Bough Volume I"

Porque el actual mundo del metal underground es el terreno ideal para que los artistas hagan lo que les venga en gana, he de admitir que he sentido auténtico placer escuchando "Stygian Bough Volume I". No tanto por la bonita y más que justificada unión entre Bell Witch y Erik Moggridge de Aerial Ruin, sino por la complicada maniobra de Dylan Desmond y Jesse Shreibman por desmarcarse del éxito relativo que supuso el impresionante “Mirror Reaper” y no querer repetirse, hasta tal punto que "Stygian Bough Volume I" es lo más diferente que han grabado hasta la fecha, algo digno de aplaudir; no tanto por la pirueta, como por el resultado y el deseo lícito de no querer alargar más el dolor, buscando repetir lo anterior. Pero también placer (¿por qué no admitirlo?) con la calma insana que destila la unión de Moggridge, Desmond y Shreibman y lo acertado de su asociación. Cualquiera que conozca a Panopticon estará familiarizado con Aerial Ruin, por supuesto, pero es la mezcla del fondo folk y la pesadez, rica en graves, de Bell Witch, lo que hacen de este experimento uno sobresaliente y abre una nueva vía para los de Seattle.

 

Diecinueve minutos (sí, has leído bien), es lo que dura “The Bastard Wind” pero te aseguro que pasan a gran velocidad, no por el compás sino por la riqueza de matices, lo orgánico de la unión de sus diferentes partes; el alivio de las acústicas, la pesadez del bajo de Desmond y la caída sobre los parches de Shreibman, los juegos corales y la extraña sensación de calidez de una tarde otoñal en la que todo parece estar pudriéndose de cara al invierno. Asfixiante pero a ratos, y siempre gloriosa en sus veinte minutos. Estructura que repetirán en “Heaven Torn Low I (The Passage)” y quizá el único punto negativo de un trabajo verdaderamente mágico, y es que de las cinco piezas que integran este "Stygian Bough Volume I", tres comienzan con el lamento acústico de Moggridge para desperezarse con la entrada de Bell Witch al completo, tan sólo "Heaven Torn Low II (The Toll)", si no consideramos esta y su primera parte como un todo, y “The Unbodied Air” arrancan con la pesada losa del doom más característico (teniendo en cuenta que esta última, también tiene su primera parte con “Prelude”), habiendo sido deseada algo de variedad en las composiciones resultantes de esta unión y no la deconstrucción de lo que en realidad son tres canciones de una media de veinte minutos y la extracción de “Heaven Torn Low I (The Passage)” y “Prelude”.

 

Por otra parte, es querer sacarle punta a un trabajo de altura; “Heaven Torn Low I (The Passage” es una sueva bruma acústica en su totalidad, Moggridge está soberbio y cuando entran Bell With en su segunda parte, "Heaven Torn Low II (The Toll)", caen de manera brutal, aplastando la delicadeza de Moggridge pero con la misma sensibilidad; igual que cuando uno contempla a un animal siendo devorado por otro, igualmente bello. Como “Prelude” no es más que la primera parte o la introducción de la hipnótica “The Unbodied Air” en la que, quizá por deformación, me recuerdan a los Earth de Dylan Carlson en su cadencia, acercándose Moggridge, Desmond y Shreibman a los terrenos del drone, de no ser por lo grave de sus frecuencias habituales.

 

Como afirmaba, líneas arriba, un trabajo cuya escucha produce placer, tres músicos en estado de gracia, con Randall Dunn tras los mandos, y una bellísima, pero inquietante portada de Adam Burke, no se puede pedir más. Ideal para escuchar en una puesta de sol, mientras admiras el lento descomponer de toda vida…


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