Parecía que Nergal había aprendido a administrar la presencia de Behemoth después de unos años en los que se sucedían eventos y publicaciones, llegando a saturar, pero no. “I, Scvlptor” (2026), editado en físico por Massacre Records y digital por Nuclear Blast, llega menos de un año después de “The Shit Ov God” (2025) y no pretende disimular su naturaleza: ocho canciones que mezcla temas inéditos, restos de estudio, relecturas de la primera época y dos homenajes a Venom y Bathory. Nergal, Orion (bajo, sintetizadores y coros), Inferno (batería, percusión y orquestaciones) y Seth (guitarra y coros) firman un disco de casi treinta y ocho minutos que el propio grupo presenta como puente entre su black metal primigenio y la empresa en que Behemoth se han convertido desde “The Satanist” (2014) y es por esto que la gira pide carne fresca y aquí es donde hay que ubicar este lanzamiento. El título (el escultor que talla una forma que nunca termina) encaja con esa idea de proceso a medias; también delata el carácter del lanzamiento: hay oficio, peso y frases que recuerdan por qué esta banda sigue ocupando un lugar central en el metal pero, a cambio, falta la urgencia.
La canción homónima abre con el gesto más reconocible de Behemoth de la última década: riff entrecortado, melodía de guitarra sobre él, voz de Nergal afilada como un cincel y un despliegue orquestal que no llega a ahogar el pulso. Recuerda a “O Father O Satan O Sun!” o a “Lucifer” sin alcanzar su gravedad. El texto (el hombre que se talla a sí mismo sabiendo que la muerte interrumpirá la obra) funciona mejor que la arquitectura sonora, que avanza con dignidad pero sin sorpresa. “Lord ov the Horizons”, la otra composición reciente, es más interesante pero más irregular. Primero se acerca a un rock oscuro de acordes menores y fraseo oblicuo; después Inferno abre el paso y Seth dispara un solo de trémolo que sí tiene hambre, pero suena a las sobras de la noche anterior. Daniel Bergstrand produce esta pieza (y su mezcla en bruto, que cierra el disco) y se nota otro tono, menos barnizado que el de Jens Bogren en los cortes heredados de las sesiones de 2025. Aun así, la canción tarda en decidir si quiere ser himno o prefiere ser un asalto rápido y por sorpresa, que es donde las regrabaciones concentran el verdadero debate. “Rise of the Blackstorm of Evil”, rescatada de la maqueta “The Return of the Northern Moon” (1993), pertenecía a un Behemoth todavía cercano a Samael, Celtic Frost y Hellhammer: lento, tosco, casi ceremonial. La versión de 2026 aclara las capas, reordena la batería y deja ver riffs que la producción original sepultaba. Gana definición pero, claro, pierde veneno. Lo mismo ocurre con “In Thy Pandemaeternum”, extraída de “Pandemonic Incantations” (1998): Mikołaj Kiciak registra de nuevo la pieza en Sound of Records y Bogren la mezcla con esa pulcritud sueca que el grupo parece no querer abandonar, los riffs salen a la superficie, sí, pero la suciedad de 1998 era parte del significado. “Begotten”, descarte de “The Shit Ov God”, es el corte más vivo del lote: black metal directo, puente memorable, intercambio entre voz y solo, coda sombría. Nergal vuelve a sonar como el verdugo, pero que esta canción no cupiera en el disco anterior dice tanto del criterio de entonces como de la escasez de ideas verdaderamente nuevas ahora. “In League with Satan” (Venom) invita a Shagrath, de Dimmu Borgir, y el dúo funciona como ritual de gira más que como relectura: guitarras de siete cuerdas, estribillo de coro infernal, pesadísima, pero misma simplicidad del original, correcta pero sobra. “The Return of Darkness and Evil” (Bathory), grabada en directo en Atenas el 8 de febrero de 2026 con Sakis Tolis, de Rotting Christ, tiene sudor, público y esa tosquedad que las regrabaciones de estudio se empeñan en borrar. Haldor Grunberg mezcla esa toma en Satanic Audio y, paradójicamente, es uno de los momentos más honestos del disco, porque cerrar con la mezcla en bruto de “Lord ov the Horizons” es un gesto innecesario que también delata la falta de material.
Queda un trabajo útil para quien sigue a Behemoth con devoción de coleccionista e insuficiente para quien espera que Nergal, Orion, Inferno y Seth vuelvan a discutir consigo mismos de verdad. El grupo toca con la seguridad de quien ha interiorizado un idioma; esa seguridad es también su techo. Se nota el trabajo de Bartek Rogalewicz en la imagen, el pulso de Inferno, el bajo de Orion (más presente cuando no lo cubre el oropel), la guitarra de Seth cuando deja de ser adorno. Se nota, sobre todo, que Behemoth ya no se permiten el feísmo, porque cada vez que miran atrás, limpian con más y más producción. Suena digno, pero habría más dignidad todavía en guardar estas piezas para un disco que las necesitara, en lugar de publicarlas porque el calendario y la gira con Dimmu Borgir (bautizada, no por casualidad, In League with Satan) pedía repertorio extra.
© 2026 Lord Of Metal
