Me cuesta mucho ser objetivo con Mayhem, no porque sólo vea sus bondades y crea que siguen conservando su esencia o, por el contrario, porque no vea sus defectos o puntos débiles, sino por todo lo que significan para mí a muchos niveles. También es verdad que ese sentimiento no me hace perder el norte del todo, soy consciente que “Daemon” (2019) está a un peldaño por encima de este último álbum de estudio, “Liturgy of Death” (2026) y, sin embargo, en sus surcos hay magia. Los noruegos, haciendo gala de la formación más estable que han tenido nunca: Attila Csihar a la voz e invocaciones, Necrobutcher al bajo, Hellhammer tras los parches, y Ghul y Teloch encargados de las seis cuerdas, han grabado un disco sólido y técnico, como si hubiesen bebido del cáliz de “Grand Declaration of War” (2000), claro está; sin su mensaje sociopolítico y aquellas estructuras y riffs que los acercaban a la frontera del death más técnico, algo imperdonable para la banda seminal del black por antonomasia. Pero también es verdad que mucha de la gente que ahora disfruta de aquel álbum, llevan únicamente unos pocos años en el mundillo y siempre es más fácil ver las publicaciones con perspectiva.
El sonido de “Liturgy of Death” (2026) es sólido y profesional, con blastbeats constantes y guitarras en trémolo que cumplen bien su función, ominosos coros que sirven de colchón a un Attila tan poseído como siempre; un vocalista que sigue siendo el elemento distintivo con sus variaciones vocales extremas, desde gruñidos bajos hasta chillidos y carcajadas demoníacas, lo que evita que todo suene demasiado uniforme, produciendo la sensación de posesión adecuada para escuchar su música; como si, a través de su garganta, trajese a nuestro mundo a mil demonios del averno. En el apartado lírico, “Liturgy of Death” (2026), gira en torno a la muerte como fin inevitable y posible paso a algo superior, una idea que encaja con su legado, pero tratado de forma bastante directa, evidenciando el trabajo de Attila en las letras y el timón de Teloch en las guitarras, evitando el cliché adolescente de su primera época. Es verdad que la mezcla no sorprende tanto como antes, pero el resultado me parece sublime y la labor de Ghul y Teloch encomiable.
“Despair” quizá no sea la mejor pero funciona como single y junto a “Weep for Nothing” conforman un comienzo bruto, como piezas fuertes, con riffs veloces y percusión implacable que golpean sin complicaciones innecesarias; en “Weep for Nothing”, Csihar menciona la idea de un final común para todos los mortales, con las puertas de la muerte abiertas por igual, mientras que en “Ephemeral Eternity” junto a Garm (Ulver) se alejan de su territorio para acercarse a uno más atmosférico, con igual éxito. Y es que en este álbum hay momentos donde se apartan un poco de la ortodoxia del black metal: en “Realm of Endless Misery”, la voz de Csihar queda casi abandona junto al bajo caótico de Necrobutcher y un riff que genera una inquietud real. Algo similar pasa en “The Sentence of Absolution”, donde los blastbeats furiosos dan paso a un Hellhammer más tribal e hipnótico hacia el final, como si cambiaran de dirección a mitad de camino, lo que no sé si es algo buscado o un pequeño devaneo en el estudio. Canciones como “Aeon's End”, “Funeral of Existence” y “Propitious Death” siguen la línea principal del blast y trémolo, sin grandes desvíos, aunque la voz de Csihar siempre aporta color, no hay grandes experimentos como en el citado “Grand Declaration of War” (2000) -que ahora todo el mundo parece adorar pero sufrió las críticas más encarnizadas en su publicación- pero el conjunto suena coherente y ejecutado con la precisión de una banda que hace mucho tiempo que abrazó su vertiente más técnica.
En resumen, “Liturgy of Death” (2026) es un álbum notable que demuestra que Mayhem todavía pueden entregar black metal ritual y pesado después de tanto tiempo y el peso de su propio legado. No innova ni rompe moldes, pero funciona cuando Csihar y la banda se permiten pequeños quiebres extraños que rompen con la monotonía. No alcanza la intensidad cruda de sus inicios ni la audacia de discos intermedios, y el hecho de que un nuevo lanzamiento de Mayhem ya no sea un evento extraordinario dice mucho; todavía me sigue pareciendo una maravillosa locura que en 2026 sigan componiendo y publicando, así que sólo nos queda disfrutarlos en este estupendo estado de forma. Para quienes siguen al grupo desde hace años, ofrece material más que decente que respeta sus raíces sin intentar reinventarlas, lo que también les honra.
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