Dave Mustaine cierra la carrera discográfica de Megadeth con este álbum homónimo, publicado a través de BLKIIBLK Records, tras más de cuatro décadas de grandes discos y alguno más discreto que otro, pero siempre con la misma atención. La banda, con Mustaine como único miembro constante, incluye ahora a James LoMenzo de regreso al bajo (desde "Endgame" de 2009), tras la mala mano de Ellefson, ese monstruo llamado Dirk Verbeuren a la batería y el debut de Teemu Mäntysaari (Wimtersun) a la guitarra en Megadeth, casi nada. El álbum llega tras "The Sick, The Dying… And The Dead!" (2022) con producción quizá demasiado comprimida, pero limpia, resaltando el sonido orgánico de la batería y riffs de sabor clásico. Mustaine lidia con secuelas de su cáncer de garganta y problemas en las manos, lo que, seguramente, afecte su registro vocal —más hablado y con menos agudos, siempre con las limitaciones de alguien que no tenía pensado tomar semejante rol—, aunque conserva el gruñido característico y la nasal convicción del buen thrash. Nunca ha sido un gran vocalista en un subgénero que tampoco lo necesita y en el que el gallo o la garganta poco templada sólo añade credibilidad a las letras de uno de los sonidos más callejeros y acelerados del metal. Y es que el material mezcla thrash intenso, algunos medios tiempos con más presencia de groove (“Puppet Parade”) y estribillos memorables, con guiños a épocas pasadas sin innovar tampoco demasiado; como si Mustaine hubiese pensado que, si es una despedida, que haya algún que otro chascarrillo a modo de ajuste de cuentas. Como detalle morboso, incluye el regalo de una versión de "Ride the Lightning" de Metallica (1984), que Mustaine coescribió, cerrando un círculo personal que, aunque no sea de mi agrado, entiendo a la perfección. No me gusta porque creo que incluir una versión de Metallica, por mucho que la haya escrito él, sólo ahonda en la caricatura y el meme del resentimiento cuando Mustaine tuvo los huevos de formar su propia banda y llevarla a lo más alto. Algo que, muchos de aquellos chavales que todavía hacen burla de aquella situación, no sé cómo habrían manejado, en el caso de que sus amigos les hubiesen despedido de un cohete como el que eran los de San Francisco y en lo que se han convertido a lo largo de los años. ¿Cuántos hubiesen hecho lo mismo que Mustaine? ¿Cuántos lo hubieran logrado? Creo que si algo está de más es poner en duda el talento o coraje de Mustaine.
El repertorio de “Megadeth” (2025) alterna ataques de thrash y momentos más accesibles, con química evidente pese a la formación renovada. "Tipping Point" abre con thrash frenético, un buen juego de cervicales y energía que evoca clásicos sin copiarlos del todo. "Hey God?!" incluye licks de metal clásico en un hard rock directo, con letras vulnerables acerca de la inseguridad que Mustaine entrega con su habitual pasión. "Let There Be Shred" y "Made to Kill" mantienen el thrash, con riffs pesados y ataques que recuerdan a "Peace Sells… But Who's Buying?" (1986) o "Rust in Peace" (1990), aunque la producción los hace sonar esterilizados, como si no hubiese el mismo flujo gonadal que en aquellos discos. "Puppet Parade" captura el estilo comercialón de los noventa como en los momentos más accesibles de "Countdown to Extinction" (1992) o "Youthanasia" (1994), con estribillo y guitarras pegajosas, pero todo muy controlado. Canciones como "I Don't Care" y "Another Bad Day" siguen la línea del medio tiempo con reservas, mientras que "The Last Note" cierra el disco con un toque emotivo, guitarras acústicas y recitado final que despide con sinceridad: "I came. I ruled. Now, I disappear". "Ride the Lightning" suena más acelerada que la original, suena muy Megadeth y funciona bien, aunque no supera la versión clásica, quizá porque esta ya forma parte del canon y ADN de todos nosotros. Verbeuren y Mäntysaari aportan precisión y filo, pero el conjunto se siente más retrospectivo que fresco, imagino que algo plenamente buscado.
En resumen, "Megadeth" (2025) es un álbum correcto que sirve como cierre más que digno para la banda, thrash sólido, estribillos familiares y una versión que entiendo que significa más para él, que para nosotros. Dave Mustaine lo da todo pese al paso del tiempo, hay canciones potentes que funcionan y momentos emotivos que pegan, pero falta variedad o riesgo para destacar más allá de lo esperado. No es un regreso explosivo, ni tampoco un pico creativo, pero mantiene el estándar de la banda en sus últimos años: sólido, directo y sin grandes fallos. Correcto, pero no para ser el broche de semejante carrera.
© 2026 Jota Jiménez


