Crónica: Knotfest (Clisson, Nantes) 20.06.2018

La jugada del Hellfest, proponiendo una noche previa que no era otra cosa que la asociación con Slipknot por traer su famoso Knotfest por primera vez a Europa, era una oportunidad que el festival galo no podía dejar pasar pero que, a la postre, sentaría mal a muchos de sus seguidores que no entendían por qué debían pagar una noche más, además de su abono de tres días. Es complicado explicarlo porque, en efecto, ni unos ni otros tienen razón, pero lo que sí está claro es que lo único que tenía en común el Knotfest con el Hellfest fue el emplazamiento; los escenarios secundarios fueron cerrados, levantaron una carpa a modo de museo con artículos de memorabilia de Slipknot y habilitaron los dos escenarios principales para que los grupos del cartel se fuesen sucediendo. Los accesos al festival por la tarde fueron un auténtico hormiguero de personas que se instalaban en el camping, miles que accedían al Knotfest (que no agotó hasta bien entrada la noche) y largas colas de acceso a un Hellfest que había colgado el cartel de “todo vendido” desde hacía muchos meses. Una nómina de artistas que comenzaba con Amaranthe pero también los veteranos Sick Of It All o Ministry, Behemoth, Powerwolf, unos Papa Roach venidos a mucho menos, Rob Zombie, Amon Amarth, las estrellas de la noche; Slipknot y el cierre con Sabaton.

Ministry son una banda que amas u odias y, mucho me temo, que hay una pequeña brecha generacional; es más fácil lo primero si viviste los noventa o has mamado su música para entender lo que significa Al Jourgensen y entender que su propuesta, bajo su machacón ritmo y ácidos riffs, es un ataque industrial verdaderamente cafre, con trasfondo político. Quizá, lo que no le haya beneficiado a Jourgensen hayan sido los constantes vaivenes y, por qué no decirlo, “AmeriKKKant” (2018) no es su mejor álbum y aquello que le funcionó como crítica a Bush e hizo hervir la química de lo mejor de los últimos Ministry, no ha encontrado su justa inspiración en Trump. Es por eso que hicieron acto de presencia con la clásica “The Missing”, “Deity” y “Stigmata” de "The Land of Rape and Honey" (1988) y Al Jourgensen, junto a Quirin y Soto, Abrams, D’Amour (por cierto, exbajista de TOOL) y Bechdel, dieron una lección de metal y dance, en la que se mezclaron subgéneros sin complejos y convirtieron la pista del Knotfest/ Hellfest en un auténtico infierno. Cabalgaron a lomos del desenfreno de “Jesus Built My Hotrod” y “Just One Fix” del también legendario “Psalm 69: The Way to Succeed and the Way to Suck Eggs” (1992) y cerraron con “Thieves” de “The Mind Is a Terrible Thing to Taste” (1989), centrándose en su época más gloriosa y olvidándose de sus últimas producciones, un acierto que dice mucho de “AmeriKKKant” y, esperemos, de los posibles futuros pasos de Jourgensen.

Behemoth, por su parte, en mi modesta opinión, parecen estar alargando prácticamente la vida útil de “The Satanist” (2014), demostrando que “I Loved You at Your Darkest” (2018) es tan sólo una excusa para salir a la carretera, aprovecharon “Wolves ov Siberia” a modo de apertura (exactamente igual que en el resto de noches de esta gira), “Sabbath Mater” e incomprensiblemente “Bartzabel” que quizá, sólo quizá, no sea la más apropiada para un set corto en un festival y realmente encendieron los ánimos con “Ora Pro Nobis Lucifer” y “Conquer All”, tras “Ov Fire and the Void” y, obviamente, “Blow Your Trumpets Gabriel”, recuperando únicamente de su pasado más glorioso, menos comercial, “Chant for Eschaton 2000”. No tengo nada en contra de Nergal y mucho menos de Behemoth pero asistir a las últimas dos giras de la banda, demuestra lo mucho que tienen en común y el poco peso de las composiciones de “I Loved You at Your Darkest”. Mientras que entre “Evangelion” (2009) y “The Satanist” (2014) hay una clarísima evolución artística (olvidándonos de los problemas de salud de Nergal y el impacto en su arte) y un cambio, este último álbum parece tan sólo la resaca de “The Satanist” y aporta tan poco a su discografía como a sus directos, esos que -por otro lado- ahora se muestran más abarrotados que nunca y supongo que es la clara justificación de por qué Behemoth han perdido ese toque oscuro, a veces oriental y profano, brutal y salvaje que sí poseen sus discos más antiguos y que, con cada nueva producción, se van endulzando más y más hasta ese brillante pero peligroso equilibrio en “The Satanist” que ha devenido en “I Loved You at Your Darkest” y Nergal viviendo una segunda adolescencia como instagramer.

Tras la introducción de “Lupus Daemonis”, les llegó el turno a los alemanes Powerwolf, presentando “The Sacrament of Sin” (2018) y así fue que comenzaron su concierto con “Fire And Forgive” y desataron su infeccioso power metal con “Incense And Iron”, sonando tan bien como siempre pero bien es cierto que a los de Attila Dorn no les sienta bien actuar a plena luz del día, la noche beneficia a su puesta en escena. Igualmente fueron capaces de levantar un mar de brazos en “Demons Are a Girl's Best Friend”, una petardez -todo hay que decirlo- pero que se pega como un chicle y es capaz de animar cualquier festival, por grande que sea. Recuperaron la épica “Armata Strigoi” y esa solemne pieza, “Werewolves of Armenia”, de “Bible Of The Beast” (2009) para despedirse con “We Drink Your Blood” de “Blood Of The Saints” (2011) y dar paso al karaoke en el que se ha convertido Rob Zombie...

Claro que si Zombie encadena “Meet The Creeper” con “Superbeast” y ese sintetizador surgido de los avernos, y “Living Dead Girl”, de “Hellbilly Deluxe” (1998) todo funciona, por supuesto, pero la sensación de que basta con ver a Rob Zombie una vez en la vida es más que suficiente, se antoja como la decisión más sabia, ante un músico que ha convertido el legado de White Zombie en una eterna fiesta de Halloween de mercadillo, con la mitad de Marilyn Manson en su banda. Piggy D al bajo, John 5 en la guitarra y el entrañable Ginger Fish a la batería. Zombie disfruta en su papel y alterna éxitos indiscutibles como “Dead City Radio and the New Gods of Supertown” con canciones de menor calado (“Get Your Boots On! That's the End of Rock and Roll”) versiones, “Helter Skelter”, y más versiones, “Blitzkrieg Bop”, toma sus descansos para los pertinentes solos en una actuación de tan sólo cuarenta y cinco minutos y, por supuesto, aprovecha para promocionar su próxima película emitiendo su tráiler en los bises, tras un aburridísimo solo de John 5 en el que se sintió que sus recursos como guitarrista son siempre los mismos y Zombie, por lo menos, tuvo el detalle de cerrar con “Dragula”, después de masacrar el legado de White Zombie con versiones de “Thunder Kiss '65” y, claro, “More Human Than Human”. Tras haberle visto en cinco ocasiones, por mucho que sea parte del menú de cualquier festival, es el momento de dejarle descansar en mi memoria, y olvidarme de ver una y otra vez el mismo espectáculo con la sensación de que Zombie actúa con el piloto automático, con el único afán recaudatorio del director que necesita dinero para sus películas y cuya carrera musical parece en punto muerto o una mera excusa.

Todo lo contrario que Amon Amarth. Es verdad que “Berserker” (2019) no es lo que esperaba, pero es caer la cortina y aparecer Johan, y escuchar a Mikkonen y Söderberg atacar el archifamoso riff de “The Pursuit of Vikings” y caer rendido. No se trata de un single, Amon Amarth comenzaron de manera fulgurante su actuación, enlazando con “Deceiver of the Gods” y demostraron que son una banda sólida, con un sonido magnífico y una ejecución brillante, algo que, por otra parte, ya sabíamos bien. El riff de apertura de “Crack the Sky” y la cavernosa voz de Hegg hicieron el resto, “Death in Fire” de “Versus The World” (2002) y “Shield Wall” se enlazaron magníficamente, demostrando que el puente entre pasado y futuro quizá no es tan alargado, que “Berserker” contiene buenos temas a los que la producción no ha beneficiado, “Shield Wall” sacude las primeras filas, mientras “Raven's Flight” es la última de su nuevo álbum en sonar en una noche en la que apostaron a caballo ganador con “Guardians of Asgaard”, la reciente “Raise Your Horns” de “Jomsviking” y, claro, “Twilight of the Thunder God”. Brindaron por Odín, nos desearon un feliz pero seguro festival y vimos disfrutar del trabajo bien hecho a un sonriente Jocke Wallgren del que Amon Amarth pueden sentirse orgullosos.

Pero todavía quedaba el plato fuerte de la noche, Slipknot. ¿Qué decir? Es verdad que a todos nos jode la salida de Chris Fehn, que no esté Jordison, la pérdida de Gray, que las nuevas máscaras -en especial la de Corey- no son las mejores, que “Unsainted” podría estar firmada por Stone Sour pero una vez comenzó a sonar “People = Shit”, la locura se desató. Los de Iowa sonaron brutales, Jim Root está fantástico, Mick Thomson sigue siendo impresionante, mientras que Shawn Crahan, a pesar de estar pasando un mal momento, sigue conservando todo el carisma. “(sic)” y a volar, Jay es un torbellino y el nuevo percusionista (¿hijo de Shawn?) se solapa perfectamente, en brillante base rítmica con Venturella, siendo quizá Corey al que más justito se le siente respecto a su voz; habrá notas a las que no llegue y más tras un esfuerzo como “Get This”, agradeciendo “Unsainted” que, paradójicamente a lo que me esperaba, no sonó mal en absoluto y cuya única desgracia es compartir minutaje con “Disasterpiece”, la pegadiza “Before I Forget” y, cómo no, “The Heretic Anthem” y su ya famosísimo estribillo; “If you're 555, then I'm 666”, coreado por todos allí.

“Psychosocial” sigue siendo un gran single, mientras que “The Devil in I” le da algo de tregua a Corey con un divertido Sid que disfruta bailando por todo el escenario, cuando se libra de las bases. “Prosthetics” nos lleva de regreso a su debut, en un constante viaje al pasado que será la tónica de la noche, para engancharnos de nuevo con “Vermilion”, en la que además de su estribillo pudimos disfrutar de Root y su inclasificable sonido, para rematarnos con “Sulfur” y su nuevo single, “All Out Life”, que en directo suena más cruda que su versión en estudio, ganando enteros. Pero, claro, “Duality”, la cafre “Spit It Out” y la ácida apertura de “Surfacing” son una apuesta demasiado salvaje y conectada a todos nuestros recuerdos, como para que las nuevas canciones les hagan sombra. Slipknot fueron el colofón perfecto a una noche que cerraría con Sabaton pero con la que podríamos dar por finiquitada la experiencia del primer Knotfest europeo de manos de una banda que, a pesar de todo lo ocurrido, sigue siendo una verdadera bomba de relojería cuando se sube al escenario.


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Pics by © 2019 Hellfest/ Slipknot