Crítica: A Perfect Circle “Eat The Elephant”

Es el propio Maynard Keenan quien admite que, con medio mundo esperando eternamente ese nuevo álbum de Tool que nunca llega, tras haber publicado "Money Shot" (2015) de Puscifer, era el momento de grabar material nuevo de A Perfect Circle si no quería que sus seguidores le mataran, le cortasen el cuello mientras dormía, en sus propias palabras. Lo que ninguno de nosotros nos podíamos esperar era un álbum como “Eat The Elephant” tras una espera de catorce años desde aquel “Emotive” (2004) que supo a despedida. No es que en este nuevo álbum hayan bajado las revoluciones o Howerdel haya preferido el piano en lugar de la guitarra (que también) sino la clara constatación de la actual desafección de Maynard por cualquier de sus dos proyectos musicales de más peso. Está claro que A Perfect Circle es el retoño de Billy Howerdel y Tool el de Adam Jones, que Maynard disfruta más practicando artes marciales, produciendo su vino en Caduceus Cellars y disfrutando de su vida familiar mientras salpica su tranquilidad con Puscifer como auténtica vía de escape a su creatividad mientras deja que Howerdel, Carey, Jones y Chancellor graben su música (en A Perfect Circle y Tool, respectivamente) y él, una vez ha acabado el proceso de composición, escribe las letras y acude al estudio a grabar las pistas con su voz. A estas alturas, huelga decir que Maynard es poseedor de una de las gargantas más características, singulares y bellas del rock pero que ese proceso de trabajo es el que pasa factura a “Eat The Elephant” y escuchamos en algunas de sus canciones. Según Keenan, atiende los ensayos de ambas bandas a través de Internet, ellos graban la música y él la recibe, la escucha, da su opinión y cuando hay consenso, escribe las letras y acude al estudio a grabar su voz. No pretendo decirle a uno de los artistas que más admiro cómo debe componer, ni mucho menos, pero esta rutina de trabajo dista mucho de lo que entiendo por el apasionamiento propio de estar en una banda, de la ilusión por grabar un nuevo disco. Seré sincero, quería que “Eat The Elephant” me gustase más, quizá por el cariño que le tengo a A Perfect Circle o por el miedo que me da el nuevo trabajo de Tool y una posible desilusión.

Con la ayuda de James Iha, Matt McJunkins y Jeff Friedl (aunque en directo, Iha atenderá su agenda en la reunión con Smashing Pumpkins y será Greg Edwards de Failure el que se cuelgue la guitarra) como simples mercenarios, Howerdel parece haber aprovechado algo del material reunido a lo largo de los años. Como es la inicial “Eat The Elephant”, que escribió junto a Chester Bennington de Linkin Park, una canción que estaba destinada a formar parte de “One More Light” (2017). Quizá porque es levemente más oscura que el disco más poppie de Shinoda y Bennington, “Eat The Elephant” fue retocada y, con la ayuda de Dave Sardy, productor del álbum, finalmente encontró su lugar en el cuarto álbum de la banda. Es verdad que no cuesta en absoluto imaginarse a Chester cantándola y Maynard la borda, llevándola a un terreno más cercano al de Martin Gore de Depeche Mode que al de “Mer De Noms” o “Thirteenth Step”. Un comienzo serpenteante y lleno de calma que, a pesar de lo que podríamos esperarnos, no termina de estallar gracias al contraste de una segunda canción que rompa realmente la tónica.

“Disillusioned” es una gran composición, más cercana a Katatonia que a la identidad de la banda, con Maynard dejando vía libre a sus neuras habituales y recurrentes, en este caso la hiperconectividad del ser humano (aunque Howerdel cite la muerte de Robin Williams como su verdadera inspiración, la canción se titulaba “Dreams” en claro homenaje a la película “Más allá de los sueños” de 1998, parece que Keenan disfruta más llevándola a su propio terreno); “Hemos sido invadidos por nuestro deseo animal, adictos de lo inmediato que nos mantiene obedientes e inconscientes. Alimentando esta mutación, esta desesperación pavloviana. Hemos perdido la ilusión, así que corremos hacia algo que brille tenuemente. Es hora de disminuir la obsesión por el silicio, mira a tu alrededor, encuentra camino en el silencio. Acuéstate con tu espalda en el suelo, desconéctate y reconéctate a la resonancia. Nunca fuiste una isla… “ en una de las mejores letras, junto con “TalkTalk”, de un álbum en el que Maynard, lamentablemente, no se muestra especialmente inspirado en el apartado lírico.

La desolación pinkfloydiana de “The Contrarian” es hipnótica pero hunde el ritmo de un álbum que recuperará el pulso con “The Doomed”, quizá la más dura, la más pesada del conjunto en la que Maynard parece reescribir el sermón de Cristo en la montaña, tanto la canción, como el videoclip son increíblemente brillantes, pena que una nadería como “So Long, and Thanks for All the Fish” haya sido saludada como una de las mejores composiciones de A Perfect Circle, en la que rinden homenaje no sólo a Gene Wilder, Carrie Fisher, Muhammad Ali, David Bowie o Prince sino también a Douglas Adams y su célebre novela "Guía del autoestopista galáctico". Arreglos enlatados y un envoltorio inofensivo, más cercano a Snow Patrol que a A Perfect Circle. Sí, es pegadiza, posee una melodía feliz y Maynard logra alejarse de su tono pero, de nuevo, rompe el álbum por la mitad tras la intensidad de “The Doomed”. Tras una de cal; una de arena.

A mi gusto, la verdadera joya es “TalkTalk”, no sólo por Maynard, la tensión instrumental y el dramatismo sino por su bonita melodía o el desgarro de su estribillo. Si antes aseguraba que James Iha, Matt McJunkins o Jeff Friedl son simples mercenarios es por su escaso aporte en la composición o instrumentación, Howerdel se hace cargo de todas las guitarras y el bajo, excepto en "By and Down the River" y "Feathers", en el que deja la labor a McJunkins, mientras que por la banqueta de la batería han pasado Jeff Friedl, Matt Chamberlain e Isaac Carpenter. Un collage que tan sólo evidencia que A Perfect Circle es cosa de Howerdel, algo que también se siente en una segunda cara con una vieja conocida como "By And Down the River" que ya pudimos escuchar en directo bajo el nombre de “By And Down”. “Delicious” es imaginativa en el puente de sus acústicas, como “DLB” no aporta gran cosa al resultado u “Hourglass” es, directamente, un exceso que deberían haberse ahorrado y estéticamente habría encontrado mejor cabida entre los remixes de Puscifer. Quizá sea “Feathers” aquella que más tiene que ver con el pasado de la banda ante la desconcertante despedida que es "Get the Lead Out"

Un álbum de reunión que sirve para que A Perfect Circle protagonicen el cartel de muchos de los más prestigiosos festivales veraniegos y como aperitivo a lo nuevo de Tool, que posee canciones que valen su peso en oro, pero en el que los grandes momentos son sofocados compartiendo minutaje con otras canciones de naturaleza menor que hacen que el álbum pierda altura en su segunda mitad y acuse cierta falta de cohesión en ese nuevo envoltorio propuesto por Howerdel. Lejos, muy lejos de “Mer De Noms” y “Thirteenth Step”, me alegro de haber vivido aquellas giras.


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