Crítica: Limp Bizkit "Gold Cobra"

No ha tenido que ser fácil para Fred Durst darse cuenta de que su grupo, su carrera, depende por entero de Wes Borland. El guitarrista abandonó el grupo en otoño de 1999 y lo que vino después fue la decadencia absoluta de Limp Bizkit con un Durst borracho de sí mismo, intentando llegar a una audiencia más amplia de la mano del metal más hiphopero ("New Old Songs") y el rock alternativo más baboso y comercial ("Results May Vary"). 

El fichaje del anodino Mike Smith como sustituto de Borland no pudo ser menos acertado y la vuelta del guitarrista marciano se produjo antes de lo esperado (por un lado debido al poco éxito de sus propios proyectos y, por otro, como salvavidas de un grupo tocado de muerte). El EP, "The Unquestionable Truth (Part 1)" no sirvió de mucho, sin publicidad, sin gira y sin promoción alguna, cayó en el olvido y la vuelta de Borland y Ross Robinson a los mandos de la producción no pudieron evitar lo inevitable, Limp Bizkit se separaban sin hacer mucho ruido.

Lo que vino después fue una travesía por el desierto, larga pero necesaria. Todos sabemos que un disco y una gira no habría funcionado, necesitaban un tiempo para descansar y volver a planteárselo todo. Hay demasiada música en el mundo como para echar de menos a Limp Bizkit pero tienen su público, su lugar perfectamente acotado. "Gold Cobra" es un título ridículo (como todos los del grupo) pero es el disco que deberían haber sacado después de aquel "Chocolate Starfish and the Hot Dog Flavored". 

Es oscuro e intenso, con una producción tan contundente como especial que se descubre en canciones como "Bring It Back" o la oscurísima intro "Introbra" para llegar a "Gold Cobra" y la base rítmica más característica de todo el Nu Metal con permiso de Korn, un tema que sería un soplo de aire fresco para grupos como Red Hot Chili Peppers y su salvador Rubin.

El riff de "Shark Attak" sólo podría haber salido de Borland, cuya guitarra es más experimental y ruidosa que nunca. "Get A Life" es la más potente, con un Durst que logra olvidarse de su insoportable fraseo a lo Pato Donald y vuelve a dejarse la garganta en el estribillo. "Shotgun" fue la primera que pude escuchar y me sigue sorprendiendo cada vez que la oigo, es la más reconocible y quizá uno de los singles más claros, Wes vuelve a lucirse mientras Sam Rivers y John Otto vuelven a sonar como nunca. 

"Walking Away" dota al disco de más matices con un desarrollo acústico cautivador sin caer en lo cursi. "Loser" o "Douche Bag" retornan al rock alternativo de finales de los noventa y "90.2.10" es una mezcla sensata entre rap y rock industrial. 

Fred Durst es un bocazas, cae mal, es insoportable y su actitud es cargante pero es inteligente y lo ha vuelto a hacer; Limp Bizkit vuelven a aparecer en el mapa y tiene mérito, mucho.

© 2011 Jesús Cano