Ulver cerraba este año pasado con "Neverland" (2025), un disco que marca un cambio de ruta después de varios años en el territorio synthpop más accesible. La banda noruega, conocida por reinventarse constantemente desde sus orígenes en black metal y folk oscuro, pierde en este periodo a Tore Ylvisaker y el álbum parece reflejar ese momento de duelo y transición. Kristoffer Rygg (Garm) y el resto del grupo optan por un enfoque mayoritariamente instrumental, con electrónica ambiental, toques IDM noventeros con aroma progresivo, dejando atrás trabajos como "The Assassination of Julius Caesar" (2017). Hay vocales, algunas de Garm y otras invitadas, pero aparecen como susurros o recitados integrados, no como centro de la composición. El disco incorpora referencias a T.S. Eliot en "The Waste Land", tratando la muerte, el renacimiento y la naturaleza, usando sonidos de animales, agua e instrumentación en algunos fragmentos, no siendo un regreso al ambient puro de EPs antiguos como "Lyckantropen Themes" (2002) o "Silence Teaches You How to Sing" (2001), pero tomando elementos, mezclados con new age suave y collages sonoros. La producción es rica en texturas, con momentos introspectivos, aunque a ratos prioriza la exploración momentánea sobre estructuras más obvias. Para fans de su fase electrónica experimental, encajará bien, trayendo algo de frescura tras la saturación synthpop reciente y el rollito a lo Depeche Mode del extrarradio, sin ser nada revolucionario.
El álbum alterna pasajes con grooves más enérgicos, centrándose en atmósferas y detalles sonoros. Canciones como "Weeping Stone" flotan con teclados melancólicos, aderezos digitales efímeros y arpegios desolados, donde una voz reverberada suena lejana, y los sintetizadores intentan formar ritmo pero sin llegar a consolidarse. "Horses of the Plough" tira por el ambient industrial, con sintetizadores entrecortados y sonidos de caballos, evocando cierto anhelo pastoral sin concretarse del todo. En contraste, "They’re Coming! The Birds!" arranca con un beat rápido y excitante. "Hark! Hark! The Dogs Bark!" destaca por otro groove muy diferente, más pesado, con capas que suben la intensidad, flautas distorsionadas, percusión y una mayor textura. "Pandora’s Box" teje una textura interesante antes de explotar con percusión. Mientras que "People of the Hills" intenta elevarse con arpegios hipnóticos, pero la base rítmica la ancla. El cierre incluye "Welcome to the Jungle" y "Fire in the End", con un beat simple que se llena de teclados, percusión repleta de eco y un piano sutil, ofreciendo un toque emocional. Hay samplers de naturaleza y lo que parece el augurio de una profecía oscura en títulos como "Fear in a Handful of Dust", con agua corriendo y electrónica pulsante pero, siendo interesante, simplemente, se queda ahí.
En resumen, "Neverland" (2025) es un disco aceptable que muestra a Ulver explorando de nuevo su lado ambient electrónico tras el synthpop, con texturas ricas y algún groove sólido que mantiene el interés. Rygg y compañía manejan bien el duelo y la renovación temática, pero el enfoque fragmentario, la sensación de retazos y la prioridad en atmósfera sobre canciones definidas lo convierten en un disco disperso en muchos momentos, perdiendo impulso antes del final. No alcanza la cohesión de sus mejores obras, aunque trae variedad y un sonido específico que evita repetir lo reciente. Para fundamentalistas de la banda valdrá la pena porque genera curiosidad moderada por lo que vendrá, sin ser esencial ni decepcionante del todo, pero, para el resto, carecerá de todo interés...
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