Crítica: Ihsahn "Arktis."

Escribir una crítica y pretender que ésta tenga la lógica de una fórmula matemática es tan absurdo como aquellos que claman por la objetividad de éstas cuando el que la escribe es siempre un ser humano y no una máquina. A veces, en contadas ocasiones, suele haber unanimidad en el juicio y aupamos artistas y álbumes a lo más alto pero, aún así, siempre habrá millones de personas para los que, a pesar de que no nos lo creamos, esas obras no significarán absolutamente nada. Afirmar que “Arktis.” es el mejor álbum de Ihsahn es tan sólo una opinión más y para muchos carecerá de sentido: aquellos para los que “In the Nightside Eclipse” (1994) será por siempre su obra maestra o esos otros que, de su carrera en solitario, elegirán siempre “After” (2010) muy seguido de “angL” (2008) pero lo que es cierto es que Ihsahn, sin que nadie lo esperase, ha creado uno de los mejores discos de metal del año y posiblemente el mejor de toda su carrera desde que Emperor entrasen en hibernación.

Cuando digo que nadie esperaba que Ihsahn se sacase de la manga un as como “Arktis.” es porque, en mayor o medida y tras la limitadísima gira aniversario de “In the Nightside Eclipse” de la que tuve la enorme suerte de ser testigo, todo el mundo está siempre a la espera de la enésima reencarnación de Emperor; esa definitiva que les haga entrar al estudio y presentar su nuevo trabajo con una gira mundial y de la que el propio Ihsahn reniega constantemente. Al fin y al cabo, reuniones más increíbles se han vivido en el mundo de la música, ¿por qué no los noruegos? Además, los últimos trabajos de Ihsahn, “Eremita” (2012) y “Das Seelenbrechen” (2013), a pesar de ser notables no terminaron de convencer a todos aquellos que a ellos se acercaron debido a su experimentación, mestizaje con otros estilos y, en el último, supuesta falta de coherencia y orientación en su segunda mitad. No es que Ihsahn, que desde hace un par de años ha sido abrazado por toda la comunidad más ‘proggy’ y esnob de los aficionados, fuese un músico desahuciado –ni mucho menos- pero nadie, absolutamente nadie, podía esperarse “Arktis.” y, a pesar del adelanto que supuso “Mass Darkness”, muchos eran los que esperaban con recelo el próximo paso del músico porque, ¿cuántos discos han sido precedidos por magníficos singles que luego nos han descubierto un álbum mediocre y carente de chispa?

Ihsahn siempre ha sido un músico abierto, curioso y en constante movimiento pero sí que es cierto que esta curiosidad y poca contención en sus fronteras musicales le han hecho firmar canciones en solitario que parecían escritas desde el trono de un músico al que poco le importaba lo que su público esperase y esa fase, quizá más abstracta, que comenzó con el magnífico “After” (2010) encontró su fondo con “Das Seelenbrechen”, significando este nuevo “Arktis.” un punto de inflexión que debería servirle para abandonar la experimentación y abstracción en sus composiciones.

Grabado en su propio estudio en Notodden (Noruega) y mezclado por el sueco Jens Bogren (Katatonia u Opeth, entre otros), “Arktis.” es quizá su disco más inspirado hasta la fecha, diez canciones en las que el músico busca la ayuda de amigos como Einar Solberg de Leprous (su propio cuñado, hermano de Ihriel, Heidi S.Tveitan, mujer de Ihsahn), Matt Heafy de Trivium, Jorgen Munkeby de Shining, Tobias Ornes Andersen (Shining, ex-Leprous), el escritor noruego Hans Herbjornsrud y el artista gráfico español Ritxi Ostariz que ya trabajó con Ihsahn en el artwork de “Das Seelenbrechen” o “Eremita” y también con los catalanes Obsidian Kingdom.

“Disassembled” abre “Arktis.” con un riff pegadizo (claro heredero en su sonido de un álbum como “angL”), la rasgada voz de Ihsahn y unas guitarras que no son ni las más pesadas u oscuras de toda su discografía pero, sin duda, suenan con fuerza. De regusto progresivo con varias partes bien definidas y estribillo melódico, deja entrever algunos de los ingredientes más notables del álbum como esos pequeños aderezos electrónicos que a la larga sí que le restarán puntos a “Arktis.” y quizá sean su único punto flaco no porque sea tan reaccionario como para que uno de los máximos protagonistas del black metal noruego no pueda incluirlos y yo aceptarlos (habiendo ya estado presentes en anteriores álbumes) sino porque, llana y sencillamente, aquí no aportan nada en absoluto y mientras en discos como “Das Seelenbrechen” servían de espina dorsal de muchas de sus canciones, en “Arktis.” lo que sustentan las canciones no son los sintetizadores sino las guitarras y hay magníficos ejemplos de ello, como “Mass Darkness” con esa introducción tan clásica y ese cambio de ritmo brillantemente orquestado tras las estrofas y que sirven para llevarnos a uno de los estribillos más trepidantes que haya escrito Ihsahn en los últimos veinte años, “Mass Darkness” es tan gloriosa como épica; su videoclip está inspirado en el explorador y premio Nobel de la paz, Fridtjof Nansen, que tripuló una expedición por el Polo Norte y, según Ihsahn, esa sensación de afrontar lo desconocido en un inmenso paraje helado como aquel es la que inunda, con su sentimiento de duda y pérdida de esperanza –además de frustración y curiosidad-, todo “Arktis.” por completo.

Pero si hablamos de una composición con sabor clásico, imposible obviar “My Heart Is Of The North” con ese regusto tan “heavy de la vieja escuela” y ese Hammond propio del prog de los setenta mientras Ihsahn articula un musculoso riff al que, como hace unas líneas explicaba, poco aporta el aderezo industrial con que el noruego pretende darle cuerpo. Esa misma electrónica que inundará por completo “South Winds” y cuando Ihsahn se cuelga la guitarra del hombre entendemos que no había necesidad de ello pero de la que pronto nos olvidamos cuando suena la bonita y apasionada “In The Vaults” por la que merecería la pena todo “Arktis.”

Las magníficas guitarras de “Until I Too Dissolve” y esa sensación de dinamismo, de avanzar sin descanso sobre placas de hielo, es rota por acústicas y unos puentes realmente espectaculares y para aquellos que echen de menos la faceta más black, el helador riff con el que abre “Pressure” y que trae consigo el viento más helado de la gélida Noruega a pesar de que su estribillo se tiña de arreglos sinfónicos enlatados y algunas de las voces más melódicas del álbum. La acústica “Frail” y su reminiscenia prog jugará con la alternancia de estrofas agresivas y robustas en contraposición a estribillos más dulces mientras que “Crooked Red Line”, con la ayuda de Munkeby y su saxo, romperá por la mitad la tónica de la segunda cara, perdiendo –esta vez sí y no como los metales de “Das Seelenbrechen”, curiosamente- toda su oscuridad. Por suerte, “Celestial Violence” tras su introducción, vuelve a rasgar “Arktis.” siendo una de las mejores canciones de éste, cerrándolo de manera magistral. Como despedida, la experimental “Til Tor Ulven” (Sppelsolen) que es tan sólo un pasaje sonoro hablado con la ayuda de Herbjornsrud.

Casi cincuenta minutos con diez canciones (nunca me cansaré de repetirlo; la duración ideal para un álbum sencillo), de las cuales la mitad son auténticamente geniales y la otra mitad notables pero cuyo mayor mérito es esa coherencia tantas veces buscada y que aquí Ihsahn logra. Todavía es pronto para saber si Ihsahn, un artista todavía joven y prolífico, ha firmado su mejor obra en solitario pero lo que está claro es que “Arktis.” es tan magnético e inquietante como inspirado y demuestra que “After” no fue la cima de su carrera; sobresaliente, sin duda. Hay vida en el Polo.


© 2016 Jim Tonic