Crítica: Tony Iommi "From The Dark" ★★★★


Cuando el maestro Tony Iommi regresa al estudio bajo su propio nombre, el peso de la historia no es un lastre sino el propio material del que están hechos los riffs. “From The Dark” (2026) llega un año después del concierto de despedida de Black Sabbath en Birmingham, y lo hace sin la urgencia de demostrar nada ni la tentación de reescribir un legado que ya es intocable, no le hace falta y a nosotros tampoco. El disco se apoya en la misma guitarra pesada que Iommi ha tejido durante más de medio siglo, pero la cortina que elige es la de los años con Tony Martin y, sobre todo, la de Heaven & Hell junto a Ronnie James Dio: grandiosidad, melodías oscuras y una pulcritud que no aplasta la amenaza. Jørn Lande, que ya se había ocupado de las tareas vocales en el homenaje a Dio, aporta no solo la voz sino las letras de todas las canciones; Becky Baldwin (Mercyful Fate) sostiene el bajo con la soltura de quien ha aprendido a moverse entre la gravedad y el espacio; Karl Brazil, más conocido por otros circuitos, demuestra desde el primer golpe que entiende exactamente cuánta tensión necesita cada riff. Mike Exeter, colaborador de largo recorrido y coproductor afina el conjunto hasta que cada nota suena contemporánea sin perder el polvo de las criptas sabbathianas. Y el resultado es un disco de ocho canciones que no pretende ser un manifiesto, sino la prueba de que el hombre que inventó el metal sigue encontrando formas de hacerlo sonar como el final del mundo. 

“Over The Violent Sun” abre con el riff descendente que se espera y, a la vez, con una urgencia que no se limita a la nostalgia: Lande entra con una autoridad que no necesita elevar el volumen para imponerse, mientras Baldwin y Brazil marcan un pulso que parece empujar la canción hacia delante sin prisas. “Black Times” baja el tempo y aumenta el dramatismo; las melodías de Lande se deslizan sobre el muro de acordes como heridas que no terminan de cerrarse, y el solo de Iommi emerge de una niebla de acordes pesados con una claridad casi bluesera que no renuncia a la amenaza. “World Alone”, el primer single, funciona como un momento oscuro pero contagioso: el groove es más compacto, el estribillo se clava y el conjunto demuestra que Iommi todavía sabe escribir canciones que se quedan en la cabeza sin perder peso. “Beyond The Dead” se mueve por un territorio más nocturno y funerario; Lande utiliza su registro medio con una teatralidad contenida, y el bajo de Baldwin encuentra huecos para responder en lugar de limitarse a sostener. “Stormwatcher” es pura celebración de la arquitectura de Iommi: riffs que se superponen, cambios de dinámica que no se anuncian y una voz que parece disfrutar de cada escalón. “Death Wake” retuerce el blues hasta convertirlo en algo más siniestro; las secuencias de acordes solo pueden salir de esas manos, y el solo invitado de Brian May añade una capa de dramatismo que no desentona con el resto. Mientras que “Return Of The Arbalist” acelera y golpea con la contundencia de un corte perdido de la época de “Cross Purposes”, pero con una dosis de oscuridad que lo hace propio. El cierre, “Legacy”, se toma su tiempo: languideces, tensiones que no se resuelven de inmediato, campanas lejanas y Lande escalando con una facilidad que parece casual. 

“From The Dark” no produce la sensación de un epílogo ni la de un disco de relleno entre compromisos mayores. Iommi tiene setenta y ocho años, un estudio en casa y la libertad de trabajar cuando quiere y como quiere; y el disco suena a esa libertad convertida en riffs que siguen aplastando cráneos sin necesidad de gestos grandilocuentes. Lande no imita a nadie: ocupa el hueco con una voz que parece haber esperado exactamente este material. Baldwin y Brazil no se limitan a acompañar; aportan una solidez que permite que los riffs respiren en lugar de ahogarse en su propia densidad. Hay momentos en los que uno echa en falta la furia más directa de ciertas épocas, pero esa ausencia no se siente como carencia sino como decisión porque este disco no intenta ser el sucesor de “13” ni de “The Devil You Know”; simplemente ocupa su propio lugar en una discografía que ya no necesita justificaciones. Escucharlo alto es una obligación, no por reverencia sino porque el sonido pide volumen para revelar los matices que se esconden entre los graves. Y, al final, queda la evidencia de que el hombre que puso el primer riff todavía sabe cómo hacer que el metal suene inevitable… 

© 2026 Lord Of Metal

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