Hay algo profundamente descorazonador en contemplar cómo Manson, que alguna vez convirtió la provocación en arte mayor, termina reduciendo su propia narrativa a un ejercicio de supervivencia mediática. “One Assassination Under God – Chapter 2” (2026) llega dos años después de su predecesor con la promesa de cerrar el círculo, de completar la historia que Marilyn Manson y Tyler Bates iniciaron en 2024, pero lo que ofrece es más bien el residuo de una conversación ya agotada. El dúo creativo, con Gil Sharone detrás de los parches aportando una base rítmica competente aunque nunca arriesgada, ha optado por un tono más accesible, más limpio, más previsible. Donde el primer capítulo todavía conservaba cierta tensión angular y una urgencia de quien regresa de la oscuridad, este segundo se siente como una colección de ideas que no merecieron entrar en el anterior. Manson ya no asusta, ya no incomoda, ya no transforma la rabia en algo que se clava bajo la piel. Se limita a reciclar gestos, a repetir la postura del mártir incomprendido mientras la música se acomoda a un formato que podría pasar por radio de rock convencional sin que nadie levante una ceja. La producción de Bates, siempre hábil en lo cinematográfico, aquí se vuelve excesivamente pulida, como si el miedo a sonar demasiado agresivo hubiera obligado a suavizar cada arista. El resultado es un disco que no ofende, pero tampoco convence, y eso, en el caso de Manson, resulta casi más grave que el escándalo por mucho que algunos seguidores se entusiasmasen, como si la pérdida de peso nos trajese al Manson de 1995, nada de eso.
La apertura con “Unalive” establece el tono con una línea de guitarra fluida y un estribillo que pretende ser desafiante, pero que se queda en mera declaración de intenciones. La frase sobre esos “ojos que lloran sin llegar a soltar una lágrima” suena a pose calculada, no a herida real, y la voz de Manson, tratada con capas que la rodean en un efecto envolvente demasiado evidente, pierde la capacidad de cortar. “Don’t Answer The Door” es quizá lo más cercano a un momento de verdadera tensión: un ritmo acechante, acordes sencillos pero efectivos y un puente de rock sucio que recuerda, de lejos, ciertos instantes de “Mechanical Animals” (1998) pero como si estos animales hubiesen sido castrados, porque aquí la urgencia se diluye en un estribillo demasiado fácil, demasiado dispuesto a agradar. “Front Toward Enemy” intenta recuperar la agresividad con un golpe más directo, pero el riff no consigue superar la sensación de haberlo oído antes en versiones mejores. “All The Vilest Things” es el ejemplo más claro del problema: producción de rock radiofónico, voz excesivamente procesada y una estructura que promete subir de intensidad para quedarse a mitad de camino, algo que ya se vio en el anterior. El sabor country-punk de “Lucifer’s Teardrop” podría haber sido una desviación interesante, pero se queda en anécdota agradable y olvidable. “The Arsonist” recupera algo de mordacidad en los fraseos de Manson y, por un momento, parece que el disco va a despertar, pero “Exit Wound”, el sencillo que debía anunciar el regreso, gira sobre sí mismo sin encontrar un verdadero gancho. El cierre con “Enantiomorph” es el colmo de la desidia: un ejercicio de rock espacial que se alarga más de seis minutos sin aportar nada nuevo, como si Bates y Manson hubieran decidido rellenar el tiempo restante con texturas atmosféricas que no conducen a ninguna parte. En casi todas las canciones se percibe la misma carencia: la ausencia de riesgo, la falta de aquella capacidad para convertir el malestar en algo físicamente perturbador. Gil Sharone mantiene el pulso con profesionalidad, pero nunca fuerza la máquina; Bates aporta las capas de guitarra, bajo y teclados con su habitual oficio, y sin embargo el conjunto suena lineal, a material de archivo que no superó el filtro del primer capítulo porque, seguramente, así sea.
“One Assassination Under God – Chapter 2” (2026) no es un fracaso estrepitoso, sino algo peor: un disco mediocre que confirma que el personaje ya no tiene nada nuevo que decir y que la música, por sí sola, no basta para sostener el mito. Manson se presenta como alguien que ha convertido las piedras lanzadas en filo, pero lo que se escucha es más bien el sonido de alguien que se ha acomodado a la defensa perpetua, repitiendo el mismo lamento sin encontrar nuevas formas de expresarlo. La colaboración con Tyler Bates, que en “The Pale Emperor” (2015) y en el primer capítulo de esta díada todavía generaba chispas, aquí se siente rutinaria, casi burocrática. No hay magia, no hay peligro, no hay esa sensación de que algo podría romperse en cualquier momento. Solo queda un artista que ya no consigue ni siquiera molestar a quienes alguna vez le prestaron atención, y un disco que se olvida con la misma facilidad con la que se escucha. El personaje de Manson funcionaba cuando, en lugar de temer a los monstruos, él quería convertirse en uno, optar por el papel de víctima tras años de ponerse el mundo por montera es la cosa más mojigata y patética que se podría esperar de un artista como él.
© 2026 Lord Of Metal

No comparto, para nada, la opinión. Que Manson no es el mismo de los 90 es evidente, y me alegro de que sea así. Parece que nos cuesta ver a los artistas madurar. Cualquier intento de ser/sonar a peligroso sería visto como un pastiche. Me parecen dos trabajos dignos, aunque innecesarios en dos partes. Uno solo condensando los temas le haría mejor valorado. Lo que es evidente es que este estilo más cinematográfico no es para los fans que se quedaron en los 90.
ResponderEliminarAlucino con la mayoría de los comentarios. Ahora va a haber que pedir perdón por haber vivido los noventa y la mejor época de un artista. Manson hizo lo mejor en aquellos años, algunos lo vivimos y eso no quiere decir que no valoremos lo que pueda hacer o no ahora, es que lo vivimos y lo comparamos con aquello, como si por ello viviésemos en el pasado o fuésemos unos dinosaurios que no evolucionamos y apreciamos a un “verdadero artista”, cuando lo contrario es justificar contra viento y marea todo lo que haga.
EliminarLa mayoría de los que hablan de madurez, de artista y mierdas por el estilo es porque llegaron tarde, y no pasa nada, me ha ocurrido con miles de artistas, son sombra de lo que fueron y no pude vivir su era dorada pero justificar cualquier mierda de Manson, creerse que está en su mejor época porque ha perdido peso y recuerda aquel Manson de los 90 es de risa. Este disco es menor, como gran parte de lo que ha hecho en los últimos veinte años.
No vale para nada, una perdida de tiempo, malo . Más de lo mismo.
ResponderEliminarPues yo veo un Manson que se recupera como artista, y que vocalmente está muy bien, además creo que está muy cómodo en esta madurez que ha encontrado.
ResponderEliminarPues yo creo que esta parte es tan buena o mas que la anterior, se ve a un Manson ya recuperado vocalmente y además le veo muy cómodo en este sonido mas maduro.
ResponderEliminarRecuperado vocalmente? por favor no me hagas reír...
EliminarConcuerdo con la crítica. Tengo esa sensación de constante de que Manson ha desaprovechado este momento. Hoy tiene la voz que no tuvo durante los últimos 20 años, pero pareciese no sabe en qué utilizarla. Está vacío, como estas canciones. Y es curioso porque incluso en discos como Heaven Upside Down o We Are Chaos encontrabas restos de ese Manson desgarrador, afilado. Pero hoy nada. El capítulo 1 de este álbum estaba "bien" pero esto es un somnífero, canciones sin garra, sin deseo, insisto, vacías.
ResponderEliminarMira que le he dado oportunidades y escuchado, es que no hay por dónde cogerlo, hay momentos en los que parece que es mejor pero madre mía, castaña camuflada de resurgir artístico.
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